Violencia de género en espacios académicos

Debido a los altos índices de violencia de género, el tema se ha puesto en tela de juicio desde diferentes ámbitos, evidenciando la urgencia de tratarlo desde cada uno de ellos. Esta se ve reflejada a través de las denuncias que se han interpuesto en los espacios académicos, lo que ha presionado a profundizar más en las rutas y prevenciones para tratar la violencia de género.

 

El pasado 28 de marzo en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, Juliana Yepes Ayala colgó una cartelera la cual se buscaba conocer el concepto que tiene la comunidad académica respecto al acoso sexual. Sin embargo, la situación condujo a que algunas mujeres denunciaran públicamente y con nombre propio a sus presuntos agresores. “El objetivo era poner el tema en los pasillos de la facultad; se tenía mucho miedo de hablar porque se les puede coartar con la nota, por el señalamiento, entre otras cosas. Y ante la necesidad de aclararlo fue que pegamos el cartel con la pregunta: ¿Para usted qué es acoso? Pero, precisamente, por el silencio ante todas estas situaciones, cuando se colocó el cartel, la 'caja de pandora' se abrió y se empezaron a dar todas estas denuncias públicas”, expresa Yepes, quien también es representante estudiantil integral de Comunicaciones ante el Comité de carrera.

Según el Observatorio de Feminicidios de la Red Feminista Antimilitarista en febrero del 2019, se registraron en Colombia 110 casos que se inscriben en la categoría de violencia de género. El mayor índice es el feminicidio, el cual cuenta con 51 casos que representa el 46%, 20 registros de tentativa de feminicidio (18%), 15 casos de mujeres maltratadas físicamente por la pareja (14%), 5 por desconocidos y una niña víctima de acceso carnal violento.

La tasa de violencia de género que se registra en Colombia alerta a muchas mujeres que deciden pronunciarse sobre el asunto, y toma importancia en el ámbito académico puesto que allí se “replica el orden patriarcal y al hacerlo estamos hablando de esas inequidades, que son finalmente violentas, y de esas brechas que impiden a las mujeres estar en la sociedad en condiciones de igualdad”, argumenta Dora Cecilia Saldarriaga, profesora de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

A partir de la necesidad de analizar la violencia de género en las universidades, el colectivo Desde el 12 realizó una encuesta virtual en la cual se encontró que el 36% de las personas encuestadas admite haber sido víctima de este tipo de violencia y que el 44% afirma haber sido acosada. Frente a estos casos, solo el 2% de las víctimas han denunciado ante las rutas universitarias. El resto de la población encuestada argumenta no haber puesto la denuncia principalmente por el desconocimiento sobre dichas rutas y la desconfianza que genera la institución ante dicha problemática.

Al preguntarle a Juan David Rodas Patiño, Jefe de departamento de la Facultad de Comunicaciones, acerca de las rutas que establece la Universidad de Antioquia en caso de ser víctima de violencia de género respondió presentando un folleto, que “en la Universidad existen las rutas de violencia de género, las cuales son dirigidas principalmente por Bienestar Universitario, sin embargo desde las facultades se manejan de la manera que se cree pertinente, pero no siempre todas estas rutas llegan a ser conocidas por toda la comunidad o realmente funcionan como deberían”.

La encuesta, además, evidencia el descontento de la comunidad académica ante las rutas universitarias, debido a que algunas personas expresan que al interponer la respectiva denuncia se les cuestionó, o los administrativos a los que acudían desconocían el proceso que se debe seguir, por lo que finalmente decidían no apelar a dicha instancia u olvidar el caso; además, un requisito para hacer la denuncia efectiva es presentar pruebas del acontecimiento, que en su mayoría estas personas manifiestan no tener y no estar dispuestas a someterse nuevamente a tal violencia para conseguirlas.

Frente a esto, María Eugenia Osorio Soto, profesora titular de la Facultad de Comunicaciones manifiesta: “Yo creo que la Universidad no tiene una política consolidada ante el tema, me parece que los tropiezos tienen que ver con que la mayor parte de la dirección de la Universidad es masculina y creo que ellos finalmente no sienten la urgencia de tratar estos asuntos, porque todo lo que se ha logrado en la sociedad, respecto a esto, lo han logrado las mujeres luchando”.

El hecho de que la institución no tome cartas en el asunto conlleva a que algunas mujeres tomen vías alternas para denunciar a sus agresores, visibilizando el tema y presionando a las instituciones para crear rutas que ofrezcan soluciones ante la violencia de género, según explica la profesora Dora Saldarriaga.

Dichas denuncias se han realizado de diferentes maneras, pero lo más común es que se realicen a través de las redes sociales. Un ejemplo de ello es el trabajo realizado a través de estos medios por el colectivo feminista Bolívar en Falda, que nació a causa de la situación ocurrida en febrero del 2018, cuando la Universidad Pontificia Bolivariana publicó una guía sobre cómo vestirse para la universidad donde sugería a las mujeres no asistir con falda, shorts, o escotes muy profundos puesto que “no hay nada más incómodo que distraer la atención de tus compañeros de clase y profesores”.

Margarita Restrepo, estudiante de Comunicación social y periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana, y cofundadora de Bolívar en Falda, explica que llevan más de un año exigiendo a su universidad que implemente rutas para tratar los casos de violencia de género; ante la constante negativa, Bolívar en Falda busca visibilizar y denunciar estas situaciones que se dan dentro del entorno universitario.

Según la profesora Dora Saldarriaga, “la importancia de los medios acá es que construyen realidades; las violencias basadas en género no solamente son las directas como golpes, acoso o económica; sino también las violencias estructurales y simbólicas. Por ejemplo, asesinan a una mujer y su titular es “Crimen pasional”. De entrada están justificando su asesinato, además de reducirlo políticamente y catalogarlo como homicidio y no como feminicidio". Por eso, iniciativas como Bolívar en Falda son importantes para visibilizar e incentivar la violencia de género para prevenirla, y porque incentivan la formación y sensibilización sobre el tema.

La mayoría de fuentes coincidieron en la necesidad de conceptualizar, ya que es a través de la descripción que se construyen y conocen las realidades que muchas veces se invisibilizan por el desconocimiento de dichos términos.

Entonces ¿qué es violencia de género?

La violencia es entendida como el uso de la fuerza y el abuso de ella en razón de una relación de poder y subordinación. La docente de la Universidad de Antioquia, Sara Yaneth Fernández, ahonda en el concepto de violencia de género: “Hay un tránsito de violencia contra las mujeres, violencias basadas en género y violencia de género, esto va de la mano con los corpus jurídicos de cada territorio. Género es una categoría muy amplia que incluye a hombres y mujeres, una categoría histórica, relacional. Para yo poder hablar de género necesito hablar de esa dialéctica, hombres y mujeres; necesito hablar de aquella relación de subordinación que históricamente se ha construido sobre el hecho de ser hombre o ser mujer, en un patrón además muy heteronormativo, racializado y occidentalizado, donde justamente se impone una verdad hegemónica, el dominio masculino, androcéntrico y patriarcal sobre el orden de las cosas”.

Fernández también explica que ese orden patriarcal somete por igual a hombres y mujeres, dándole un impulso a esas relaciones de poder y subordinación que son injustificadas y están basadas en la violencia de género, “tiene unas connotaciones que incluso van más allá, condenando, por ejemplo, las secciones no heteronormativas. Es ahí donde se da la fobia, la homofobia y todas las formas de discriminación a lo que no es heteronormativo, racial y occidental. Todo ello llegando a las formas de violencia, de abuso de poder que producen lesiones físicas, psicológicas y económicas sobre una persona por el solo hecho de tener una orientación sexual y/o identidad diferente a la que imponen los estereotipos. Vemos cómo en razón del género, su orientación sexual y su identidad se marca a esa persona, se somete, se excluye, se domina y se aniquila”, explica.

¿Cómo prevenir la violencia de género?

Esta problemática suele ser sutil, subjetiva y perceptual. Fernández anuncia entonces la urgencia de trabajar formativamente, aprender a poner límites, eliminando así la concepción de la mujer como sumisa y obediente, “empoderarnos para poder lograr un cambio”.

Para mejorar las rutas universitarias en cuanto a violencia de género, según la misma docente, las personas que manejan el tema deben tener formación, en el mejor de los casos feminista o sino en cuanto a derecho; que posea todos los elementos; creerle a la persona, no revictimizar; conocer completamente la Ley 1257 del 2008; y no confrontar a la víctima con el agresor. En esta última recomendación, Sara enfatiza en la insistencia de algunos funcionarios para realizar una reconciliación. “¿Yo qué voy a reconciliar con un violador?”.

Ella resalta diversos problemas que poseen las rutas universitarias, “estas tienen que atraer, no expulsar”, no deben ocasionar temor a las víctimas, deben realizar un acompañamiento profesional con enfoque, incluso cuando se sale de las instancias académicas y queda en manos de las rutas de ciudad o de las autoridades correspondientes. La Universidad tiene la responsabilidad de formar a sus funcionarios, porque como servidores públicos tienen justificación para cuestionar y abusar de los demás. Otro problema de la institución es que el hecho se minimiza y se lleva a instancias psicológicas que, si bien son importantes, se quedan allí y no se hace nada más por resolverlo.

Sara apela a que en la Universidad no basta solo con activar la ruta, también es necesario formar en género y feminismo a todas las áreas e implementar una política de género. Para terminar Sara expresa que “la transformación de esta sociedad quiéralo o no, tiene que ser entre hombres y mujeres; tiene que ser pareja, los hombres se tienen que ocupar de sus problemas, que ciertamente los tienen, preocuparse de su papel y responsabilidad al formar parte de este mundo. Hay que considerar los derechos de ambas partes, puesto que podemos exterminar a todos los agresores pero seguiríamos con problemas de violencia, el problema es toda una estructura que hemos naturalizado, por eso debemos mirarnos a nosotros mismos y corregir, es una labor conjunta”.

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