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Renán Vega: un historiador muy rebelde

El campo intelectual de nuestro siglo se ha caracterizado por un giro hacia teorías que desprecian los aportes del marxismo a las ciencias humanas y los movimientos revolucionarios. En lo que Pierre Bordieu llama la “vulgata planetaria” un nuevo lenguaje trata de empoderarse de la historia, la sociología, la ciencia política y la filosofía. El resultado es la proliferación de discursos funcionales al sistema capitalista depredador, que se declaran como verdad absoluta dentro de las instituciones del saber.

En nuestro país fue la apertura económica de Gaviria de mano de los “Chicago boys”, la que puso de moda esta nueva jerga dentro de los estudios sociales: gobernabilidad, coalición de clases, acción comunicativa, organización no gubernamental, tribus urbanas. El sueño revolucionario se cambia por la pesadilla del mercado. Asimismo, durante la “política de seguridad democrática” de Álvaro Uribe Vélez, los intelectuales en masa se plegaron al poder sobre tesis como “en Colombia no hay conflicto” o la necesidad de derrocar el pensamiento crítico, que según “analistas” como Alfredo Rangel o Rubén Darío Acevedo, son la causa verdadera de la emergencia de las guerrillas en Colombia.

Por fortuna, historiadores como Renán Vega Cantor dan muestras de una inquebrantable honestidad ética e intelectual, que se evidencia en cada una de sus investigaciones. Puestas al servicio de la formación de nuevos revolucionarios y actores sociales de nuestro país, son un referente obligado de aquellos que buscan una alternativa humana al sistema explotador que nos ha sido impuesto por cínicas clases gobernantes. A continuación, analizaremos algunas claves para la lectura de su obra.

La historia desde los marginados
Si bien en los años sesenta la llamada “Nueva Historia” clamaba por la revisión del relato nacional en clave del materialismo histórico, bien pronto los representantes de este movimiento fueron cooptados por las instituciones del Estado. El resultado fue la trivialización de las investigaciones que se convirtieron en un continuo elogio a la clase política colombiana y de los industriales que, entre otras cosas, pueden pagar por las publicaciones y tienen gran influencia en los comités de las universidades y centros del saber.

La obra de Renán Vega parte de los presupuestos de una historia que indague sobre los verdaderos constructores del país: los movimientos sociales. Gente Muy rebelde (2002) da cuenta de las luchas, derrotas y victorias de obreros, campesinos, mujeres, indígenas y artesanos, aquellos que precisamente fueron borrados por el relato oficial. De manera crítica y con un gran rigor investigativo logra dar cuenta de la disputa entre clases sociales, la llegada del capitalismo periférico a nuestro país, el avance de ideas libertarias y las formas de organización evidenciadas en huelgas, paros cívicos, creación de prensa alternativa y el fortalecimiento de los sindicatos. Una verdadera labor arqueológica en un país donde las fuentes documentales y de archivo se han perdido irreparablemente, bajo la mirada atenta del poder.

Rescatando las categorías del marxismo
La obra de Renán Vega no teme llamar las cosas por su nombre, sin eufemismos ni verdades a medias. En este sentido rescata las categorías centrales del marxismo que son las únicas capaces de interpretar la actual fase de la explotación capitalista. En su obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar (2007), hace una revisión pormenorizada de fenómenos como la globalización, la sociedad de la información, la sociedad civil y la multitud. De esta manera logra problematizar tales categorías para mostrar que son parte de un antiguo fenómeno que ya Marx leyó en clave de explotación, imperialismo, acumulación del capital, precarización de las condiciones laborales y lucha de clases.

Va más allá de un discurso que avale la idea del fin de la historia, se hace un esfuerzo por analizar los acontecimientos desde sus causas estructurales. El mundo, que vio la caída del socialismo real, está muy lejos de llegar al paraíso del consumo. Por el contrario, la explotación de hombres, mujeres y niños ha alcanzado cotas similares a las de hace dos siglos, aunque se ha cambiado las minas de carbón por grandes maquinas enraizadas en el tercer mundo. Los condenados de la tierra están siendo triturados por el gran monstruo del capitalismo global.

Socialismo en clave ecológica
En obras como Capitalismo y despojo (2013) y Los economistas neoliberales: nuevos criminales de guerra (2005), se explica que la actual crisis ecológica va más allá de los ciclos de extinción natural, y se debe más bien a la incompatibilidad absoluta entre la supervivencia del planeta y el actual modelo económico. El mundo se ha convertido en el botín de grandes corporaciones que se encuentran establecidas en los antiguos centros del capitalismo. Desde allí dirigen la explotación de grandes masas humanas, la guerra por los recursos naturales, el despojo de campesinos y decretan la muerte de millones de inocentes.

La dependencia económica de las grandes potencias por el petróleo y otras tecnologías contaminantes está condenando al planeta a una muerte lenta, que no obstante ya muestra su cara más amarga en la desaparición de miles de especies naturales. Por primera vez en nuestra historia estamos en el umbral de la extinción, y esto se da mientras los magnates de la industria son exaltados como modelos a seguir, cuando en realidad como en el poema de Ozymandias solo nos condenan a unas “colosales ruinas, infinitas y desnudas”.

La historia como herramienta de la revolución
Si bien la enseñanza de la historia fue prácticamente eliminada de los programas educativos en Colombia, uno de los proyectos más ambiciosos de Renán Vega ha sido rescatar su estudio crítico y su articulación a las luchas de los diferentes sectores sociales. Esto en medio de un esfuerzo de las oligarquías por eliminar todo indicio del pasado o reescribir el relato nacional en clave heroica y empresarial. Obras como ¿Fin de la historia o desorden mundial? (1994), Historia, conocimiento y enseñanza (1998), Colombia y el imperialismo contemporáneo (2014), hablan de la importancia de conocer el pasado para poder transformar nuestro presente y soñar con la utopía de un futuro distinto.

La historia se convierte en la consciencia de los pueblos que luchan por su liberación, y si bien esta ha sido escrita por los vencedores, es necesario encontrar el lugar de la revuelta popular y el levantamiento en la construcción del relato verdadero. Así no es el transcurrir del tiempo sino la humanidad y la revolución que se echan a andar buscando su lugar en la memoria.

En suma, se puede afirmar que la obra de Renán Vega ha sido un remar a contracorriente, una búsqueda incesante por la verdad y una reivindicación de aquellos que han sido negados siempre por la historia oficial. Su esfuerzo, lejos de mantenerse en un oscuro gabinete de la Universidad, se ha encaminado a recuperar la memoria de aquellos que lucharon y luchan por la dignidad de nuestro país. En este sentido es lo que Gramsci llama un intelectual orgánico y comprometido.

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Acerca del Autor

Álvaro  Lozano Gutiérrez