El Confederalismo Democrático gestado por mujeres en Kurdistán

En este momento está ocurriendo una revolución basada en la ecología, la autonomía democrática y la liberación de las mujeres. Miles de personas, principalmente kurdas, están haciéndole frente al sistema de muerte que impone el capitalismo patriarcal, sus productos culturales, los Estados-nación y el terrorismo religioso que ocupa actualmente su territorio. En Oriente Medio, entre cuatro países donde milenariamente han habitado un sinnúmero de culturas diferentes, se están organizando pueblos enteros en un nuevo paradigma llamado Confederalismo Democrático. En Kurdistán, un pueblo que no busca tener un Estado propio, se está desarrollando un proceso político y cultural revolucionario para la vida digna, gestado durante cuarenta años de lucha.

Su historia
El pueblo Kurdo es la sociedad sin Estado-nación más grande del mundo y también una de las etnias autóctonas más antiguas en Oriente Medio. Más de 30 millones de personas se reconocen bajo una identidad kurda, una cultura cuyos orígenes se remontan a la edad de Hielo (20.000 años a.C.). Existen registros del pueblo Kurdo que datan de 612 años a.C. En el siglo XIX su autonomía fue oficialmente reconocida por el Imperio Otomano. A pesar de habitar un territorio objeto de invasiones, los kurdos han logrado permanecer y mantener su idioma.

Con la caída del Imperio, luego de la Primera Guerra Mundial, hubo una negociación imperialista para llegar a un acuerdo de paz donde se definieran fronteras nacionales en Oriente Medio. El Tratado de Sévres, que fue firmado en Francia, aunque nunca entró en vigencia, dio comienzo a la construcción de los cuatro Estados en los que hoy se divide el territorio kurdo: Turquía, Siria, Irán e Irak. Pero la guerra en Turquía continuó, y en 1923 –con el Tratado de Lausana– se reconoció el Estado Nacional de Turquía, dividiendo definitivamente al pueblo kurdo. En este último acuerdo se tuvieron en cuenta los intereses de los sectores conservadores y burgueses kurdos, quienes defendieron su religión y su poder económico pero no la autonomía de su pueblo.

Con la creación del Estado turco comenzó un nuevo genocidio del pueblo kurdo. Su lengua y sus prácticas culturales fueron prohibidas, al tiempo que se intensificaban las masacres en su contra, tal como ocurrió con el pueblo armenio, que fue eliminado casi por completo. Además, a partir de 1925 se crearon políticas nacionales genocidas para neutralizar los levantamientos populares. Aunque más de 80.000 personas kurdas fueron asesinadas, entre la década de 1920 y 1970 hubo, al menos, 28 levantamientos.


Sus luchas
Durante la década de 1970, hombres y mujeres kurdas que estudiaban en Ankara, capital de Turquía, se reunieron para estudiar las propuestas marxistas-leninistas y maoístas, y trabajar por la liberación nacional de su pueblo. Inspirados por los levantamientos de 1968 y por las revoluciones en Cuba, Nicaragua y Vietnam, estos grupos decidieron ir a los pueblos y compartir allí sus reflexiones. Gracias a esto muchas personas comenzaron a hacer consciente su identidad kurda y a organizarse en consejos comunales, sindicatos, etc.

El 27 de noviembre de 1978 se fundó el Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK) que se centró en la lucha armada por la liberación nacional. Durante la década de los ochentas, hubo varias guerras nacionalistas entre los Estados ocupantes del territorio, y un golpe de Estado en Turquía que provocó muchas muertes kurdas, pero también implicó el debilitamiento de estos Estados y motivó el fortalecimiento del PKK en las zonas rurales.

Aunque en ese momento no había un análisis profundo sobre la importancia de la liberación de las mujeres, desde el primer programa del partido se hizo explícita la necesidad de luchar por la igualdad. En esa década hubo un gran fortalecimiento de las mujeres organizadas dentro del PKK, quienes en diferentes espacios promovieron, cada vez más, las discusiones sobre su propia liberación. El 1 de noviembre de 1987 se fundó la primera asociación de mujeres Kurdas (YJWK) en Hannover y al mismo tiempo se construyó una asociación de mujeres en Amed, Turquía.

Con la caída del bloque soviético comenzando la década de 1990, muchas organizaciones socialistas en el mundo comenzaron nuevos debates, análisis políticos y búsqueda de alternativas más allá del llamado socialismo real. El PKK, por su parte, entre 1993 y 1999 se centró en buscar una solución política al conflicto, realizando una gran cantidad de ceses unilaterales al fuego. Su propuesta se centró en construir un Kurdistán libre y una federación de pueblos de Oriente Medio.

Al mismo tiempo, las mujeres del movimiento continuaron fortaleciendo su trabajo y sus reflexiones. En 1995 se celebró el Primer Congreso de Mujeres, donde se fundó la Federación de Mujeres Libres de Kurdistán (YAJK). Luego se fundaron organizaciones de mujeres en diferentes ámbitos y lugares, desde partidos políticos hasta un frente guerrillero. Pero el siglo también trajo consigo la continuidad de la represión estatal y la “guerra contra el terrorismo”. En un operativo ilegal abanderado por la OTAN, la alianza militar de Europa, el líder kurdo Abdulah Öcalan fue perseguido y secuestrado, al tiempo que cientos de activistas más fueron encarcelados mientras el Estado turco continuaba masacrando al pueblo. Los ataques, antes que debilitar el movimiento, motivaron una reorganización estructural.

A partir de ahí comenzó el cambio de paradigma más profundo en el que ha avanzado el movimiento kurdo. En el Tercer Congreso de Mujeres, realizado en el 2000, se fundó el Partido de las Mujeres Libres (PJA), y se propuso que todas las estructuras patriarcales debían ser objeto de transformación. Luego de haber librado una lucha de clases durante todo el siglo XX, era necesario hacer un análisis más profundo y complejo: ampliar la lucha, reconocer al patriarcado como base fundamental de la explotación de las personas y combatirlo nacional e internacionalmente.

En 2002 se comenzó a desarrollar de forma más clara la idea de un modelo organizativo fuera de los Estados nacionales, el denominado Confederalismo Democrático, donde se plantea que la cuestión kurda no puede partir de las herramientas dadas por la modernidad capitalista, pues esto solo llevaría a una nueva sociedad basada en las mismas formas de explotación. Esta propuesta, en cambio, se basa en una participación directa de las personas en la organización de sus propias vidas, entendiendo que los Estados están fundados en el poder, mientras que las democracias están fundadas en el consenso colectivo y la participación voluntaria de las personas. La democracia es entendida como la forma administrativa para organizarse y el Confederalismo Democrático es una auto administración que busca una economía de intercambio, no de explotación. En palabras de Öcalan, “el Confederalismo Democrático está abierto a otros grupos y facciones políticas. Es flexible, multi-cultural, anti-monopólico y orientado hacia el consenso. La ecología y el feminismo son pilares centrales”.

Bajo esta propuesta se está forjando actualmente una revolución en más lugares del territorio kurdo. En Siria, por ejemplo, el Estado entregó el control de algunas zonas debido a una guerra civil que se agudizó a partir del 2011 por la presencia de grupos fundamentalistas religiosos. Desde entonces, en el territorio autóctono del pueblo kurdo ubicado al norte de Siria, son las guerrillas kurdas quienes han combatido para para proteger la vida de su pueblo y defender el trabajo de reconocimiento y auto-organización que se venía desarrollando desde años atrás.

Nuestra solidaridad
Las guerrillas kurdas, tanto de hombres como de mujeres, son quienes han hecho frente al Estado Islámico en Kurdistán. Y aunque Estados Unidos haya dado apoyo aéreo –un tema que sigue siendo de enorme controversia entre los movimientos internacionalistas–, es importante reconocer que, en poblaciones como Kobane, Afrin y Rojava, se está gestando una revolución social. Como no hay presencia de ningún Estado, desde hace varios años las personas que viven allí –tanto kurdas como sirias, armenias y de otros lugares del mundo– se están organizando a partir del Confederalismo Democrático, basado en una participación equitativa: 50 hombres y 50 mujeres en todos los espacios de participación y toma de decisiones.

Además, hay un ejercicio permanente de democracia directa, así como espacios de formación, reflexión y desarrollos prácticos de la Jineoloji, ciencia práctica de las mujeres para una vida libre. Hay también espacios de organización de las mujeres y hasta una aldea de mujeres libres llamada Jinwar, donde ellas mismas han construido las viviendas y los mecanismos de participación. Esta construcción práctica de una realidad revolucionaria, anticapitalista y antipatriarcal no solo ha permitido la vida digna de quienes viven allí, sino que es un modelo de inspiración en otras partes del mundo.

Pero sobre este territorio, rico en petróleo y otros minerales, hay enormes intereses económicos y por eso el asedio permanente del Estado turco que en los últimos años ha bombardeado las zonas liberadas, asesinando cientos de civiles que construyen su vida en autonomía. El Estado turco no busca una solución política a la cuestión kurda, solo busca su aniquilación. Por eso hoy sigue siendo necesaria la resistencia y la solidaridad internacional con Kurdistán.

En noviembre del 2018, la diputada del partido kurdo (HDP) en Turquía, Leyla Güven, comenzó una huelga de hambre para exigir la negociación política de la problemática kurda y el fin del aislamiento de Öcalan, líder del movimiento, preso desde 1999. A esta huelga se han sumado más de 300 presos y presas políticas en Turquía y activistas kurdos en diferentes lugares de Europa. El 16 de marzo de 2019 murió el primer huelguista, Zülküf Gezen, encarcelado desde hacía 12 años en la cárcel de Tekirdag. “Pero iremos hasta el final”, han dicho los y las huelguistas.

En este contexto adverso, el movimiento kurdo se sigue fortaleciendo. Poblaciones enteras de hombres y mujeres se están organizando para vivir fuera del capitalismo, en auto gobiernos que buscan transformar las dinámicas patriarcales y desarrollar pensamientos y prácticas ecológicas. Esta lucha nos ofrece muchas herramientas de inspiración y de análisis, por eso atendemos su llamado a la solidaridad internacional, porque durante más de 40 años han venido construyéndose, reflexionando y transformándose desde dentro y hacia fuera. La vida auto-organizada, fuera del Estado-nación, con autonomía de las mujeres, está siendo posible. Construirla allí donde nos encontremos es la fuerza solidaria más grande que podemos darle a este movimiento y a nosotras mismas.

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