Un abrazo sagrado a las montañas del Suroeste Destacado

En el Suroeste de Antioquia, los territorios son sagrados para la vida y las majestuosas montañas son la inspiración para que sus pobladores persigan firmemente ese ideal. De principio a fin, las luchas promueven un sentimiento conjunto hacia la justicia social y dignidad de las comunidades. Allí las amenazas están más vivas que nunca. La AngloGold Ashanti (AGA), una de las multinacionales que más contamina el ecosistema en el mundo, desea convertir los bienes comunes –el medio ambiente– en mercancía de primera mano. Minería de oro, plata, cobre y otros minerales a gran escala.

Cuenta Herman Vergara, líder comunitario del Cinturón Occidental Ambiental (COA), que la multinacional africana solicitó a la Secretaría de Minas del departamento una licencia ambiental para explotar las montañas de Jericó –municipio multicultural y colonial ubicado a 114 km de Medellín– durante aproximadamente 23 años, por lo que dice no confiar en esa supuesta vigencia, “en caso tal de concesionarse el proyecto, los territorios quedarían totalmente explotados, de igual forma si el material continúa, de seguro les renuevan los contratos y la minería no tendría una fecha límite de cierre”.
Hace catorce años llegó a Jericó la AngloGold Ashanti. De inmediato, emprendió la compra de seis títulos mineros con una extensión de 7.594 hectáreas, terrenos pertenecientes en un 80% a Jericó y un 20% a Támesis. El proyecto Quebradona es una de las principales aspiraciones mineras de todo el país y estaría ubicado en la Provincia de Cartama, compuesta entre otros municipios, por la vereda La Soledad y el corregimiento de Palocabildo de Jericó.

Según explicó un geólogo que adelantó estudios en el área de influencia del proyecto, en los que evaluó el grado de contaminación y cómo se encontraba la calidad del agua, hasta el momento la meta es construir siete kilómetros de túneles por debajo de la superficie de la tierra donde se encuentra localizado el depósito con los correspondientes minerales.

Es por eso que la multinacional se niega a desistir de Quebradona, más que todo cuando se estima que el proyecto producirá 3,92 millones de toneladas de cobre, 6,13 millones de onzas de oro y 85 millones de toneladas de plata. Por tal razón, la AGA es un actor no grato para el Suroeste de Antioquia, tanto así que los campesinos de La Soledad y Palocabildo se niegan a dejarla entrar a su territorio, porque ningún oro calma la sed y ninguna draga remplaza las manos para sembrar y cultivar la tierra.

–Les decimos que ni un centímetro de minería de Palocabildo hacia arriba. Nos hemos ido treinta y cuarenta campesinos a bloquear los estudios de la AGA y les decimos, ¡ustedes de aquí no pasan! Por fortuna no han podido avanzar. Si llegarán a entrar no estaríamos preparados para cargar con esa condena de por vida­–, asegura José Raúl Tamayo Escobar, caficultor de la vereda La Soledad

Mandato popular del COA
El Cinturón Occidental Ambiental ha sido la piedra en el zapato para la AngloGold Ashanti. Sus cosmovisiones son para la empresa una sombra oscura, rebelde y un estorbo que no deja avanzar el “desarrollo y progreso” de una región prometida. A partir del año 2011, este movimiento regional como proceso de articulación ha logrado que organizaciones campesinas, indígenas, ambientales, sociales, juveniles y artísticas del Suroeste antioqueño defiendan sus territorios frente a la explotación minera por parte de transnacionales productoras del deterioro ambiental, económico y social.

Ante eso han surgido propuestas alternativas al desarrollo orientadas hacia la participación y la autonomía de las comunidades. El mandato popular COA se define como una apuesta social, cultural y política de autodeterminación territorial y ha sido, durante años, la principal solución a los conflictos socio-ambientales que amenazan al Suroeste antioqueño. Sus pobladores creen en otras formas de estar y habitar en el territorio sin necesidad de desplazarse a los centros urbanos. El mandato popular, en sí mismo, busca resignificar los usos del suelo y el agua, la tradición campesina, las fuentes hídricas, la participación social y la educación popular territorial con el propósito de que el campesinado no abandone lo que tanto ama, cuida y valora: la tierra.

Un sueño llamado Plan de Vida Comunitario
En medio del Suroeste se forma un collar verde agreste, exuberante y rebelde que acoge a Caramanta, un municipio inmarcesible ubicado en el área de confluencia de los ríos San Juan y Cauca. Escondida en las montañas, aparece el rostro genuino y la fuerza femenina de Olga Rocío Ospina, quien encontró en el COA la mano amiga para fortalecer sus circuitos económicos por medio de los planes de vida comunitarios. “En la vereda San José la Guaira comenzamos a construir nuestros propios planes de vida a través de la diversificación de los productos que daban nuestras fincas. Lo que hicimos fue poder tener especies menores y no vivir de un solo cultivo, eso nos permitió mejorar la economía familiar”, cuenta mientras suelta una mirada dulce y una sonrisa de oreja a oreja.

Olga Ospina hace parte activa de la Asociación Agropecuaria de Caramanta (ASAC) desde poco tiempo después de la muerte de su padre, “uno siendo niño empieza a soñar con unos planes de vida permanentes en el tiempo. Sin embargo, mi papá no permitía que uno tuviera un sueño porque a diario decía que eso valía mucha plata. Él se cerraba a lo negativo, pero cuando quedé sin la compañía de mi padre vi la necesidad de abrazar un sueño llamado plan de vida comunitario”.

Reconoce que los abrazos no solo se dan con las manos sino también con la palabra liberadora y el espíritu transformador. No importa si los sueños fueron estropeados, si, a fin de cuentas, se puede convivir con ellos. De esta manera, en gratitud al amor y cariño que diariamente le ofrece la madre tierra en su finca, Olga participó inagotablemente, de principio a fin, bajo el sol y la lluvia, en la Tercera Travesía por el Suroeste: “un abrazo a la montaña”, que tenía como propósito ratificar a la AngloGold Ashanti como actor no grato en Antioquia y posicionar las voces sinceras y protagónicas que, como la suya, dieron un aliento de fuerza por el agua, la vida y la defensa del territorio.

Cuando la conocí en Jardín pensé: Olga –como muchas mujeres– representa la montaña madre que, a futuro, le quiere regalar muchos sueños a sus hijos que todavía viven y faltan por vivir.

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Carlos Mario Palacio

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