Una lucha más refrescante que la cerveza Destacado

Gonzalo Pérez estaba sentado en la mesa principal, mientras niños en el centro de la cancha del coliseo de Támesis, en el marco de la Tercera Travesía por el Suroeste: “un abrazo a la montaña”, sorprendían a Queen y a todos los asistentes con una canción al ritmo de We will rock you, que mostraba el sentimiento que niños de 12 y 13 años tenían por su territorio. Como si hubieran estado esperando ese momento, los niños se coordinaron marcando las dos corcheas y la negra, que asemejaba el ritmo característico de la canción: dos golpes en los muslos, un aplauso. Pronto un coro de voces agudas comenzó a decir “No más minería, fuera Anglo Gold, no queremos Fracking, no queremos oro/ Sí a las montañas, sí al café, sí a la vida, Suroeste libre de minería”. Era en serio, la Tercera Travesía por el Suroeste había comenzado.

Gonzalo escuchó, sonrió y se preparó para asumir su papel de participante en el debate que se iba a realizar con los tres candidatos a la alcaldía de Támesis, cuyo eje de conversación iba a ser el manejo del Plan Municipal de Aguas.

Gonzalo es un campesino de Támesis. Viajó descalzo hasta la escuela de su vereda los dos primeros años escolares, terminó sus estudios en el casco urbano y corrió con la suerte de poder estudiar Licenciatura en Español y Literatura en la Universidad de Antioquia. Actualmente es el Secretario de la Asociación de Acueductos de Támesis, del Acueducto de San Luis y es el presidente de la JAC en su vereda, La Mesa.

Cuando acabó el debate –que fue más un conversatorio dada la homogeneidad de posturas que los candidatos sabían que debían o querían tener frente a los temas de la protección de la naturaleza–, Gonzalo se dirigió a una tienda que había frente al coliseo, ubicado en la parte alta del municipio desde donde se veía el cerro del Cristo Rey, una montaña con una roca gigante que, por sus dos curvas, parece que se está desprendiendo. Él compró una cerveza, nos sentamos en una acera que daba vista a las montañas, como la mayoría de lugares en Támesis, y comenzamos a hablar.

Gonzalo comenzó el camino de formación en gestión comunitaria y políticas públicas del agua, cuando “el alcalde de turno en el 2012, Juan Martín Vásquez, convocó a los acueductos y a la organización Penca de Sábila para que nos capacitara, apoyara, educara, porque no había recursos para el campo. En su programa de gobierno y en su plan de desarrollo iba a construir una política pública de agua y la iba a implementar, entonces comenzamos a trabajar. Y aunque el trabajo no ha sido fácil por lo complicado que es pensar en lo comunitario cuando nos han educado para ser individuos y no sociedad, Támesis hoy cuenta con 24 acueductos comunitarios que tienen desde 30 hasta 300 asociados. Los hemos hecho la gente, porque la ayuda de los gobiernos ha sido casi nula. En el Sistema General de Participaciones hay un dinero para agua potable y saneamiento básico, y los alcaldes dedican esa plata a otras cosas, o si la dedican a los acueductos lo hacen en donde tienen más amistades y así, pero nosotros en la política pública creamos un ente autónomo para tener músculo financiero y poder invertir”.

Los baches en el camino se han convertido en una constante para las personas que como Gonzalo luchan por mantener de una forma u otra la autonomía de los territorios. “Támesis tiene mucha agua y eso puede ser una maldición. En el año 2000 estaba negociando el acueducto y ciertas aguas de Támesis por 30.000 millones de pesos, durante 50 años, y nosotros como siempre hemos tenido un amor tan grande por el agua, el Concejo, a pesar de que no tenía una gran formación política, le negó el acuerdo. En el año 2010 la alcaldesa de turno, Margarita Moncada, quiso entrar al municipio los bonos Carrasquilla y el Concejo lo negó. Y el actual alcalde, quiso entrar al municipio el Plan Departamental de Agua y a pesar de que él tenía mayoría de su parte en el Concejo, las organizaciones Acuatámesis, el CODEATE, el COA y ciudadanos claros en lo que queríamos, logramos convencer al Concejo de lo maligno que era entrar al municipio ese plan, porque por ese camino llegábamos a la privatización más temprano que tarde y renunciábamos al manejo autónomo de los recursos”.

A estos problemas regionales se le suma que la Ley 142 de 1994, la Ley de Servicios Públicos, dice Gonzalo, “quiere es acabarnos, porque como la mayoría de leyes de este país la hacen es los interesados y el Estado solo modula y en algunos casos ni modula. Esta Ley la hicieron las multinacionales y las grandes empresas locales. Por eso siempre nos han mostrado a las empresas públicas, que las hemos construido con esfuerzo, con sacrificio, con sudor, lágrimas e impuestos, como malas y mal administradas, porque los únicos administradores buenos son los privados”.
Esta ley también plantea que las organizaciones sociales y comunitarias sin ánimo de lucro, pueden administrar servicios públicos, pero aún no hay reglamentaciones que lo posibiliten, y por el contrario la normatividad para empresas de servicios públicos cada vez va más en contravía con la realidad de los territorios y más en sintonía con las lógicas de las empresas privadas. Por esta razón, desde hace años, varios líderes encargados de la gestión de aguas en sus territorios se han encontrado en diferentes congresos que buscan que se cree una ley propia para los acueductos comunitarios, acorde a sus lógicas, capacidades y necesidades.

El cuidado de este recurso y la amenaza constante hacia el mismo conviven en el Suroeste. Por un lado, los defensores de este “territorio sagrado para la vida” han hecho frente en la defensa de los bienes comunes como potenciadores de la vida digna. Sin embargo, el uso de los recursos hídricos y su privatización duermen bajo la misma montaña, y esperan poder tener la energía para abastecer los proyectos energéticos que empresas como AngloGold Ashanti quieren instalar en los territorios. Del proyecto Quebradona de Jericó, por ejemplo, espera extraer 1500 toneladas de cobre diarias, lo que significaría un gasto de energía enorme que sería producido por Hidroituango. Cerro Matoso en Córdoba, por ejemplo, consume la energía equivalente a la que necesita Barranquilla. En este sentido, el agua no es un fin, es un medio.

Gonzalo sabe qué significa esto, por esa razón sigue su camino con los procesos de acueductos comunitarios a los que llama “el último reducto de democracia directa” que existe, porque como él dice: “el Estado solo ve tierra y la tierra no es solo tierra”.

Para cuando terminó de hablar ya no quedaba cerveza, pero quedaba todo un camino por recorrer. Para él ese camino refresca más.

Share this article

Acerca del Autor

Manuela Betancur Pérez

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.