En busca de verdad y justicia Destacado

Cayó la noche y La Gabarra se oscureció, no precisamente porque la luna se escondiera tras las nubes, sino porque ellos quitaron la electricidad. Era un sábado, y el pueblo, pese al temor silencioso, continuaba en su cotidianidad. Se rehusaban a creer en los rumores, “que vienen en la vereda 25, que vienen en la 28”, se decía. Pero esa noche, el 21 de agosto de 1999, llegaron los paramilitares. Fue en ese momento que la historia del corregimiento de La Gabarra, municipio de Tibú, cambió para siempre.

“Llegaron varios camionados de paramilitares, se apoderaron del pueblo, duraron media hora, el terror fue mucho”, recuerda el profesor Pedro Josías Buitrago. El cura tocó las campanas para pedir ayuda, pero fue en vano. “La llegada de ellos aquí al pueblo fue como la invasión de los españoles a América”, compara Pedro.

Ese día, más de 35 personas fueron asesinadas en el pueblo, y otras más fueron desaparecidas. Los habitantes de la región cuentan que además, durante los días siguientes, muchas más fueron asesinadas en los campos. Con este hecho los paramilitares anunciaron el inicio del control territorial en el Catatumbo, con la mirada cómplice del Ejército nacional, quien ese 21 de agosto removió los puestos de control antes de la llegada de los paramilitares.

***


Veinte años después, otra visita interrumpió la cotidianidad de La Gabarra. El sábado 17 de agosto entraron al pueblo buses de la empresa Catatumbo, camionetas y motos. Venían de distintos lugares: Medellín, Bucaramanga, Cúcuta, Bogotá, Cesar y de otras partes de la región del Catatumbo. Esta vez no se trató de camiones plagados de armas y maldad, sino de niñas, niños, jóvenes, mujeres, hombres, personas de la tercera edad y miembros de la comunidad Barí que le cumplían una cita a la verdad y a la justicia, y sobre todo, a la resistencia al olvido.

El domingo 18 de agosto de 2019, diferentes organizaciones y colectivos de la región unieron fuerzas para, a través de expresiones artísticas y culturales, conmemorar los 20 años de la masacre y reivindicar la vida y lucha de quienes se fueron y de quienes sobrevivieron.

Cantando al sol como la cigarra
El reloj marcaba las cinco de la mañana cuando a través de un megáfono la guardia campesina anunció que la hora había llegado. Las diferentes delegaciones salieron a las calles acompañadas de la banda del colegio. Entre la melodía de las liras, el retumbar de los redoblantes y el estallido de la pólvora, se dio inicio a la alborada, un recorrido por todo el pueblo.

Desde puertas, ventanas y balcones los habitantes se acercaban a mirar qué era lo que estaba ocurriendo, ¿por qué en un pueblo donde todas las actividades normales comienzan a partir de las siete de la mañana se presentaba tanto escándalo de madrugada? La respuesta era: las víctimas no se olvidan. Las calles que en su momento fueron testigos de la barbarie, este 18 de agosto se vistieron de iniciativas de memoria y resistencia.

Por los que se fueron pero aún están con nosotros
Con la alborada se dio inicio a la mística en el parque principal. De manera simbólica se hizo, junto con familiares y amigos de las víctimas y la comunidad, un homenaje a la memoria de las más de 30 personas asesinadas. Bajo el intenso calor y acompañados de la canción “sobreviviendo” de Víctor Heredia, visitantes del evento declamaron poemas y realizaron puestas en escena. Encarnaron y expusieron las cifras y vivencias de ese 21 de agosto. Posteriormente le dieron la palabra al padre Víctor Hugo, quien estuvo presente el día de los hechos, y finalmente, el acto simbólico culminó con las palabras de tres caciques de la Comunidad Barí.

Los rostros que no se olvidan
En el parque principal, en biombos de cartón, estaban los rostros y los nombres de quienes partieron aquella noche. En estos marcos fotográficos estaban el río y las canoas, las calles y su gente, los bailes, las denuncias y las luchas que han conmemorado tal atrocidad.

Un árbol conservó en sus ramas renglones que recordaban a las víctimas desde sus gustos, pasiones y quehaceres; relataron lo que las fotografías no alcanzaban a contar: los sueños, las familias y los amigos. Eran líderes amantes del fútbol, defensores de la tierra y de la acción comunal. Ismael tenía talento para la carpintería, Juan José para las matemáticas y Nelson amaba las fiestas. En árboles de Palma paraíso, Pera de agua y Crotos, próximos a plantar, se sembraron palabras de amor. “¡Gracias! ¡Le extrañamos! ¡Jamás le olvidaremos! ¡Espero se encuentre bien!”, eran expresiones que se repetían en las cartas que los familiares, amigos y amigas de las víctimas les regalaron. La galería fotográfica fue un espacio de encuentro para contar historias, rememorar escenas… para tenerlos cerca.

Colores y experiencias para la memoria
A una cuadra del coliseo, la juventud se unió para llevar, con botes de pintura, un mensaje que perdurara en el tiempo, y rechazaron así la militarización y el extractivismo. Los murales recordaron los hechos perpetrados hace 20 años, pero también exaltaron a los hombres y mujeres que han alzado los brazos en favor de su comunidad.

Mientras el color se convertía en un acto de memoria, los micrófonos del coliseo le apostaron a la reflexión. Fue el momento del Foro “20 años en Búsqueda de la Verdad y Justicia”. En la conmemoración intervinieron diversos participantes: Luz Elena Galeano Laverde relató su experiencia como víctima de La Escombrera, en la Comuna 13 de Medellín; el profesor Pedro Josías Buitrago recordó las vivencias que padeció su comunidad y su región cuando los paramilitares arremetieron, y el periodista Gearóid Ó Loingsigh hizo una reflexión sobre las causas de las masacres.

Al caer la noche se compartió una velada que reivindicó a las víctimas desde la unión y el regocijo. “¡No callaremos, cantaremos la verdad!”, fue la consigna de la noche. El grupo Pasajeros de Medellín le cantó a la educación, a la utopía y a la esperanza, Bucaramanga alegró con malabares y violines, y el Catatumbo, una vez más, resistió: a través del canto Barí, de las coplas, las letras inéditas de campesinos y campesinas de varios municipios de la región, el rap, la carranga y el teatro de la juventud catatumbera.

Memoria y paz para las víctimas
“Qué bueno que no la olviden”, dijo una madre entristecida, al recordar a su hija desaparecida. Se llenó de orgullo al darse cuenta que ese 18 de agosto las personas que se encontraban en el pueblo habían llegado en honor a las víctimas, y entonces supo que su hija, como las demás personas masacradas, nunca serán olvidadas.

Share this article

Acerca del Autor

Cisca

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.