¡La Guardia tiene aguante carajo!

Llegamos el sábado a Santander de Quilichao. Miradas furtivas cayeron sobre los bolsos, los zapatos, las botas y los rostros. Ojos provenientes de las motos, taxis, buses y chivas que buscaban clientes potenciales entre el grupo que llegó al parque. Llegó la camioneta. Mercado, bolsas y pasajeros hicimos espacio. Atrás dejamos casas y calles para ser recibidos por el polvo, los zancudos, las montañas, y los abrazos de las viejas amistades.

Más tarde se armaron las carpas de todos los colores. Se organizaron los turnos de guardia nocturna y se definieron los voluntarios para esa labor. La tranquilidad y silencio que armoniza el centro Los Tigres, equilibró los ánimos de los y las guardias. El saludo de las autoridades indígenas dio apertura formal al encuentro de la Guardia Campesina en el norte del Cauca.

A las cinco de la mañana, antes de salir el sol, los ejercicios en la cancha de fútbol avisan que la jornada empieza: trote, estiramiento, calentamiento de coyunturas y trabajos de resistencia y agilidad. Luego una hora para bañarse, lavar la ropa, y dar paso al desayuno, preparado por los mismos guardias, y por las manos mágicas y tiernas de doña Yolanda, una indígena de la comunidad. Posteriormente, talleres y reuniones hasta caer la noche, momento en el que cada persona alista el camping, la cobija y la almohada para dormir o trasnochar en la guardia.

El domingo en la tarde, mientras los demás juegan fútbol, le pregunto por la crisis que vive el norte del Cauca a Jhon Jairo Calderon, miembro del equipo nacional del Congreso de los Pueblos, y esto me responde: “Debido a la situación que viven los pueblos indígenas del norte del Cauca, las decisiones de modificar algunos cultivos de uso ilícito, la presencia de grupos armados, y la militarización de las fuerzas de seguridad del Estado, consideramos que era necesario adelantar una jornada para fortalecer organizativa, política e ideológicamente la guardia campesina”.

Los zancudos se hacen notar al llegar la noche. Se reparte la cena para todos y todas, y aprovecho el momento para conversar con David Donado, costeño de agua dulce como dirían algunos del interior. Este campesino nato viene del Cesar, es miembro del Movimiento de Trabajadores, Campesinos y Comunidades de este departamento, y orgulloso integrante de la Guardia Campesina del nororiente del país. Siempre con una sonrisa, David me explica el papel que cumple este cuerpo comunitario en la defensa, protección y cuidado de los Derechos Humanos: “Los gobiernos nos han tenido abandonados, y siempre que nos meten la Fuerza Pública, es represión. Es una obligación organizar la Guardia Campesina, porque es la que defiende y protege a los procesos sociales”. Noto, mientras charlamos, que en su bastón de mando están talladas unas letras. ¿Qué dicen esas letras David? Enseguida levanta el bastón y con la sonrisa más extendida me dice: “Es el nombre del proceso, Flaco”.

A más de uno le sorprende que haya pocas aves en el paisaje. De vez en cuando se ven chulos, una que otra pareja de loros, y las tórtolas con sus nidos en el salón de trabajo. Sin embargo, para estar a la pata del cerro, debería haber más especies volando entre los gualandays. Me llama la atención una guacamaya con los colores de la bandera colombiana que resalta a lo lejos. Me percato de que no se mueve y no se despega de su dueño. Al preguntarle por el pájaro, Jhonatan Sanchez, con su acento costeño, me explica que hace parte de la identidad de la Guardia Campesina, Agrominera y Ecológica del Nordeste antioqueño, al igual que el escudo que contiene montañas, ríos, campesinos y barequeros de ese territorio.

Detallando la tez negra, los brazos fuertes y los ojos rasgados de Jhonatan, recuerdo las tensiones cosechadas entre negros, indígenas y campesinos en algunos territorios. Aprovecho para saber cómo pueden juntarse estos pueblos en un solo territorio. Con el porte de un profesor que explica a un estudiante un tema por primera vez, Jhonatan me va diciendo esto: “Tenemos una mirada, la guardia indígena tiene otra forma de mirar, y también los afros tienen otra forma de mirar. Eso nos conlleva a juntarnos, ver cuál es el camino que nos lleve hacia adelante. En el caso de los indígenas que hay en el resguardo de La Pó, estamos haciendo junto con ellos vigilancia en las noches. A las personas que vemos, les preguntamos si están afiliadas a la Junta de Acción Comunal. Sin violentar a nadie, solo se les exige que se afilien y hagan parte de la JAC. Hago el llamado a que no tengamos miedo, sino a seguir luchando y reclamar nuestros derechos con el bastón en alto”.

Al bastón de chonta no lo dobla el miedo, ni se astilla con los ataques tramposos del Gobierno nacional. Por el contrario, en cada carcajada, abrazo y bastón al cielo, las raíces de la dignidad y lucha se entierran profundamente en los corazones de los pueblos del campo y las ciudades.

*Integrante de la Secretaria de Formación, Comunicación, Investigación y Pensamiento Propio del Coordinador Nacional Agrario

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Wilmar Castillo

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