Ser mujer es difícil, pero es más difícil ser mujer venezolana

Cristina está sentada en las faldas de un edificio del centro de Medellín. Lleva en brazos a su hijo de dos años, tiene el semblante caído, los ojos tristes, la cara llena de pequeñas heridas. Hace unos años luchaba en Venezuela por ser una de las pocas mujeres educadas y cultas de su familia, hoy es indigente.

Así como esta mujer, existen miles de migrantes venezolanas que hoy se encuentran en la mendicidad, son explotadas laboral o sexualmente, sufren acoso callejero y laboral, son violadas, y en el peor de los casos, asesinadas. Este es el drama que sufren en los países a los que migran; sin embargo, la tortura empieza mucho antes: en su país.

Según el informe denominado “Mujeres al Límite”, realizado por organizaciones venezolanas como Avesa, la Asociación Civil Mujeres en Línea, Freya y el Centro de Justicia y Paz, las mujeres son el género con mayor estado de vulnerabilidad en Venezuela. En este informe, publicado en 2017, se mencionan puntos clave como las dificultades para acceder a salud pública, justicia, educación, así como los diversos tipos de violencia que sufren.

“Mujeres al Límite” señala que una mujer tiene menos probabilidades de alimentarse adecuadamente puesto que, en la mayoría de familias, son los varones quienes cubren la canasta familiar y son ellos quienes comen mejor. En cuanto a la salud pública, miles de mujeres padecen complicaciones por no tener acceso a medicinas o implementos de higiene –como unas simples toallas higiénicas–, lo que las expone a contraer infecciones vaginales o urinarias, entre otras enfermedades.

Así mismo, el informe señala que las mujeres son violentadas física, sexual y psicológicamente, en especial por la fuerza militar, ya sea cuando realizan filas para conseguir alimentos, cuando son recluidas por manifestar contra la injusticia o cuando las retienen arbitrariamente y las utilizan para amedrentar a sus familiares. Se mencionan casos de torturas, asesinatos y violaciones a mujeres por parte de la fuerza militar venezolana. No obstante, si ellas desean acceder a la justicia, son ignoradas porque los órganos de justicia no consideran prioritarios dichos delitos.

Por todo esto, las mujeres venezolanas deciden migrar a otros países. Pero dejar Venezuela no es nada fácil, y es doblemente difícil si se trata de una mujer.

Primero, son asediadas sexualmente en la frontera por militares venezolanos y por el personal de migraciones de los países a los que acuden. Luego, pasan días en buses o caminando rumbo a las ciudades que tienen por destino. En algunas ocasiones tienen suerte, logran conseguir empleo en restaurantes o puestos de atención al público, pero son pocos los finales felices.

La mayoría de veces, cuando llegan a las ciudades donde pretenden residir, pasan un verdadero martirio. Y es que la xenofobia, el machismo, el oportunismo, el acoso callejero, la perversión humana, la explotación laboral y sexual, hacen de su migración un infierno.

Este año, un reportaje de CNN visibilizó el negocio de la prostitución de venezolanas en Colombia. El trabajo del periodista Fernando Rincón hacía énfasis en que la mayoría de estas mujeres optaron por someterse a este oficio por necesidad, por la desesperación de enviar dinero a sus familiares, y en especial por la supervivencia de sus hijos.

–Tengo conocidas aquí, hay muchas que se prostituyen por necesidad, para que sus hijos coman–, asegura Cristina

Entrar en el mundo de la prostitución no es nada fácil. Se han registrado casos de mujeres que ingresan voluntariamente a prostíbulos, las mafias que trafican con sexo se aprovechan de su condición, son explotadas sexualmente, y luego salir del negocio es casi imposible. Además, un reportaje del diario El País documentó que existe actualmente una ola de feminicidios de mujeres venezolanas en América Latina, siendo Colombia uno de los países con mayor tasa de asesinatos de mujeres venezolanas.

Aunque las mujeres no opten por la prostitución, también son violentadas: “Me han ofrecido 50 mil pesos por sexo, me han visto necesitada y han querido aprovecharse de mí, pero no he aceptado”, sostiene Cristina. Las venezolanas no solo sufren explotación sexual o reciben propuestas indecentes. Según la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), cuatro millones de venezolanos han abandonado su país. Los países con mayor inmigración venezolana son Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Argentina y Brasil. En dichos países las mujeres venezolanas son cosificadas. Inescrupulosos osan darles un empleo para que ellas vistan prendas diminutas y atraigan más clientela, más ingresos. También los empleadores aprovechan su condición para asediarlas y ofrecerles seguridad laboral a cambio de sexo. Dentro o fuera de Venezuela, son víctimas de violencia de género.

Lo peor es que estas mujeres quieren acceder a educación, luchan por sobrevivir, por salir de la crisis, pero las personas simplemente se olvidan de su aguda condición, de su nombre, de su nacionalidad, y hasta las llaman “venecas”, término que además de vulgar es ofensivo. No lo merecen. Merecen respeto y reconocimiento por luchar contra su desgracia. Merecen que amparen todos sus derechos.

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