¿Leyenda negra o leyenda rosa?

Este año se conmemoran los quinientos años de la llegada de Hernán Cortez a lo que hoy es México, y para ser más exactos, el 12 de octubre se conmemoraron los 527 años de la llegada de Cristóbal Colón a América. Sin embargo, estos hechos despiertan acalorados debates entre historiadores y “políticos” a los dos lados del Atlántico. Buena parte de los historiadores españoles señalan que el “descubrimiento” y la “conquista” no fueron del todo malos para los nativos americanos ya que los colonizadores le permitieron a estas comunidades tener espacios para su reproducción cultural, religiosa y social, además de tierras para su cultivo. Agregan que la corona española trajo la civilización al nuevo mundo: colegios, universidades, religión verdadera y un idioma culto. Al compararse con Inglaterra, España ha enfatizado su carácter más humanista en la conquista, señalando que los británicos arrasaron con las comunidades indígenas de Norteamérica, llevándolas casi a su exterminio. De esta forma, se fue creando la leyenda rosa de la conquista española, caracterizada por la exaltación de la cultura hispánica en el nuevo mundo y que obviaba las formas de violencia que habían desplegado los colonizadores en tierras americanas.

A este lado del Atlántico, la investigación histórica realizada a partir de la década de 1960, se interesó por estudiar el proceso de conquista y colonización de la corona española en América. Aparecen importantes análisis demográficos que demuestran el desplome poblacional de las comunidades indígenas en el siglo XVI. Por ejemplo, se determinó que en el área mesoamericana habitaban unos 11 millones de indígenas antes de la llegada de los españoles, para después de 1650 quedar reducidos a un millón y medio de pobladores nativos. Es decir, en el transcurso de un siglo, el 85% de los indígenas habían perecido en esta zona, la actual Centroamérica.

Para la historiadora Gisela von Wobeser, lo que sucedió en este periodo fue "una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad", significó para los indígenas la destrucción de su mundo y su cultura. En los andes centrales, Ecuador, Perú y Bolivia, el desplome demográfico fue de proporciones mayores. En esta zona, el imperio inca había desarrollado una civilización muy avanzada y el extenso territorio estaba densamente poblado, no solo en la cordillera sino también en la costa. Los investigadores calculaban una población de 8 a 10 millones de indígenas en el siglo XV, para disminuir un siglo después a los 600 mil. Una verdadera tragedia.

Estos datos empezaban a señalar que la conquista española no había tenido nada de rosa, de romántica ni de heroica. Las múltiples enfermedades traídas por los invasores diezmaron sistemáticamente a la población indígena. La viruela, la gripe, la sífilis, el sarampión y la peste fueron armas biológicas decisivas para el dominio de las poblaciones del nuevo mundo que, al no haber tenido contacto con estas enfermedades, sucumbieron ante las oleadas de las epidemias que se presentaron durante el siglo XVI. Sin embargo, aunque los académicos señalan como la principal causa de la catástrofe demográfica la proliferación de enfermedades, no se puede esconder la brutalidad con la que actuaron los colonos españoles en el nuevo mundo. Las extenuantes horas de trabajo en las minas y las haciendas, la violencia ejercida contra las mujeres, el trabajo forzado, los desplazamientos y las masacres también fueron causantes de la disminución acelerada de las poblaciones nativas.

El historiador Hermes Tovar asegura que era práctica común de los colonizadores incendiar caseríos de indígenas que se negaban a entregar el oro y otras pertenencias. A las mujeres se les violaba o torturaba con el destete, arrancando de su lado a sus hijos de brazos para así lograr que las indígenas hablaran y señalaran los sitios donde estaban las guacas. A los hombres indígenas que se rehusaban a entregar el oro, se les atacaba con perros rabiosos que mordían y causaban la muerte por la gravedad de las heridas. Por estos actos de barbarie, se empezó a asociar el término leyenda negra a las acciones de los conquistadores españoles en el nuevo mundo. Lejos de ser un proceso idílico y civilizatorio, la conquista contenía episodios oscuros y macabros que tendrían gran impacto sobre las comunidades indígenas.

Este debate se reavivó en marzo de este año cuando el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey de España en donde le pedía a la corona que emitiera una disculpa por la violencia y los desmanes que cometieron los conquistadores durante el “descubrimiento” y la colonia. La corona y el Gobierno español, como era de esperarse, salieron indignados a responderle al Gobierno mexicano afirmando que era un despropósito esa petición. Líderes del Partido Popular y escritores como Pérez Reverte fueron más allá, tildando a López Obrador como populista, revanchista e ignorante que desconocía y acomodaba la historia de la conquista con el objetivo de enlodar la imagen de España. No son de extrañar estas reacciones. Debemos recordar que durante el franquismo, los manuales escolares exaltaban las virtudes del imperio español en América. Las clases de historia posicionaban al imperio español como centro de la civilización y como pueblo escogido por Dios.

La reacción de México ante las opiniones de la corona y los políticos españoles fue de conciliación, y matizó sus apreciaciones argumentando que también pediría disculpas por actos de violencia ejercida por los indígenas en contra de los españoles durante la conquista. Sin embargo, en algunos países de América Latina se apoyaron las posiciones de España, indicando que la desaparición de comunidades había sido benéfica para el devenir de estas naciones, porque los nativos representaban atraso y un obstáculo para el progreso. De hecho en Colombia, por ejemplo, se ha perseguido a los indígenas y se les ha asesinado durante los 200 años de vida republicana. El mes pasado, en Ecuador, indígenas que se movilizaban en contra del paquetazo de Lenín Moreno fueron duramente reprimidos y algunos de ellos perdieron la vida. La población indígena ha perdido territorio y sus condiciones de vida han empeorado drásticamente. Podemos concluir que la leyenda negra sí es real y que la conquista y sus efectos aún se sienten entre las comunidades indígenas que luchan por sobrevivir y por mantener su cultura presente.
*Historiador de la Universidad Nacional

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