Pies firmes tiene la comunidad

Al sur el río San Juan, al occidente las plantas que proveen el alimento y sanan las dolencias, al este la educación de los niños, niñas y jóvenes, y al norte la titulación colectiva de un territorio de comunidad negra que ha sido la casa de cuatro generaciones en la vereda Villa del Río. Aunque esta rosa de los vientos no indica la complejidad de una comunidad que habita la vereda desde los años 60, cuando Rosendo Rúa y Romelia Iles llegaron desde Barbacoas a Putumayo para construir un mejor futuro para ellos y para María, su primera hija, sí representa las columnas vertebrales de una comunidad que tiene un vínculo con la naturaleza, que se preocupa por el bienestar de las generaciones futuras y por la defensa del territorio que se ha convertido en el espacio para ser sujeto colectivo negro.

María, la pequeña hija de los Rua Iles, es la sabedora que conoce este cuento al derecho y al revés, y es quien relata que se ha construido comunidad en el río San Juan, en el bosque frondoso que lo rodea, y las generaciones seguirán poblando de vida un territorio adentrado en Putumayo, donde no solo habitan comunidades indígenas y campesinas, sino también comunidades negras cuyas historias resistieron y se continúan escribiendo hasta en la espesura de la Amazonía.

Del territorio y otros espacios de lucha
Hay 30 minutos en lancha desde Puerto Caicedo hasta la vereda Villa del Río. Minutos suficientes para sentirse resguardado en la vegetación que posee la entrada a este territorio. A la orilla del río, Nandy, Luis y Sandra están bañándose y jugando con una canoa que ya no sirve como transporte ni para pescar (no con todas las de la ley), pero que se ha convertido en el medio para ir al punto hondo del río y lanzarse en clavado, costado o “como caiga”.

Salen del río empapados en risas y caminan unos 10 minutos por trocha hasta llegar a la escuela primaria de la vereda. Detrás de la escuela, se encuentra el salón principal del Consejo Comunitario Villa del Río: la sede principal de la fiesta de blancos y negros, de las novenas, de la navidad y de las fiestas del agua. Allí mismo, 32 familias que conforman la comunidad realizaron su primera asamblea en la que decidieron constituirse como un consejo comunitario que exigiría la titulación de su territorio, para conservar y fortalecer sus formas de vivir como pueblo negro.

La comunidad de Villa del Río se dedica a la agricultura, la pesca y la caza. María recuerda que “antes había muchos cultivos de maíz, arroz, plátano, copoazú, chontaduro, cacao; criaban marranos y cacería de gurre, venado, cerillo, hasta tigre, pero mucho de esto se ha perdido porque no hay a quien venderle”. Actualmente, la mayor parte de cultivos colectivos son el maíz, la caña y el arroz, y la pesca es otra de sus actividades productivas. Todas ellas deben ser potenciadas para el buen vivir de la comunidad, según Marta Rua, presidenta del Consejo Comunitario.
Además, en las huertas de las casas se siembran frutas, palmas y pancogeres, así lo hacer también José Aníbal Barrientos, el médico tradicional de la comunidad, quien riega la semilla para recoger la planta que sana al paciente de alguna enfermedad. Porque si hay alguien en Villa del Río que sabe la cura para muchos males del cuerpo es José Aníbal. Con voz enérgica, José explica que solo se debe hervir en agua una planta de hierrita de la virgen para el corazón, cocinar el cristal de la sábila para el dolor en las amígdalas, o yerbabuena para el útero, entre otros secretos que esconden las plantas que han sido revelados a él, porque ha construido, igual que su mamá, un puente espiritual con la naturaleza.

“Nos organizamos para defendernos”
Así como el caso del Consejo Comunitario Villa del Río, que presentó en el 2013 su solicitud de titulación sobre 550 hectáreas aproximadamente, hay otras 271 solicitudes de comunidades negras en el país que no han recibido respuesta de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), entidad encargada de otorgar el título colectivo. Por tal razón, en el 2018 nació el proyecto de Titulación Colectiva de Territorios Ancestrales Afrodescendientes en Colombia como un convenio liderado por el Proceso de Comunidades Negras en Colombia (PCN) y la Agencia Nacional de Tierras, asistido por el Observatorio de Territorios Étnicos (OTEC) y con el apoyo financiero del Fondo de Tenencia (TF), con el objetivo es agilizar las acciones para la seguridad jurídica de los territorios de las comunidades negras, tal como lo explica Astolfo Aramburo, coordinador del proyecto.

Villa del Río es uno de los 50 consejos comunitarios que se espera sean titulados en el marco del proyecto, y cada vez está más cerca de que el Estado le reconozca su territorio como ancestral y colectivo. De acuerdo a la Ley 70 de 1993, se debe realizar la visita técnica en la que se verifica la información jurídica, social, histórica, ambiental y topográfica del Consejo Comunitario.

Por esta razón, y con el objetivo de precisar la información descrita en la solicitud, 10 personas del equipo técnico de PCN y OTEC, acompañados por la ANT, recorrieron el territorio del 4 al 10 de octubre del presente año. El equipo técnico del convenio entregará un informe con los requerimientos técnicos que exige la normatividad, el cual relatará la información verificada en la visita y será evaluado por la Comisión técnica de la Ley 70. Tal como avanza el proceso, se espera que en febrero del 2020 la comunidad tenga una respuesta definitiva de su solicitud de titulación.

Desde hace unos años, la comunidad ha luchado por organizarse colectivamente y vivir en armonía con su territorio. En palabras de Noralba Barrientos, agricultora, el Consejo Comunitario ha sido olvidado por el Estado y es tiempo de que sus actividades productivas sean impulsadas y que su historia como pueblo no se muera.
Las comunidades negras tienen derecho a que se les reconozca la autonomía y la seguridad de las tierras que han habitado y cuidado ancestralmente. Para José, María, Noralba, Marta, Nandy, Sandra, Luis y toda la comunidad, el territorio no es el suelo por donde caminan, sino que es la casa donde seguirán construyéndose como pueblo, porque como dice la insignia del proyecto de titulación, el territorio es vida y la vida no se vende, se ama y se defiende.

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