“Tengo una hija por quien ver…”


El feminicidio es la expresión más extrema de la violencia contra la mujer;

se trata del «asesinato de mujeres por hombres motivados por el odio,

el desprecio, el placer o la suposición de propiedad sobre las mujeres»
(Diana Russell, 2008: 27)


Evelin llevaba 45 días trabajando. Cinco meses después de su cumpleaños número 18 consiguió un trabajo, mientras Cristian, a pesar de tener 20 años y no estudiar, argumentaba no poder ayudarle con los gastos de la niña por la falta de posibilidades laborales. La única motivación que tenía Evelin para trabajar era sacar adelante a su hija. “Déjeme en paz, no me llame más, trabajo porque tengo una hija por quien ver”. Esas fueron las palabras que la guarda de seguridad de la empresa le escuchó pronunciar el día en que fue asesinada.

Evelin fue abordada por Cristian después de ser dejada por la ruta de la empresa al lado de su casa, no sabemos cuáles fueron los argumentos con los que él logró que ella accediera a conversar. El único testigo presencial de que estaban juntos fue un menor de edad que pasaba por el lugar y que por cosas del destino la conocía, porque crecieron en el mismo barrio. El testigo declaró que pudo escuchar cuando ella le gritaba que no quería tener nada más con él, momento en que vio cómo Cristian la agarraba del cuello y la metía a la fuerza en un vehículo, mientras el testigo se retiraba del lugar, afirmando lapidariamente que “no hice nada porque en peleas de pareja no se debe meter nadie”.

Evelin Dayana Blanco Prieto era una joven de 18 años de edad, trabajadora de la empresa petrolera estadounidense Nabors, y gracias al salario que devengaba lograba sacar adelante a su hija de 18 meses. Evelin creció en una casa de trabajadoras petroleras, su mamá es la única mujer que en el departamento del Meta ejercía el oficio de Cuñera, una actividad absolutamente masculina en la industria, pues requiere de fuerza y precisión para usar la boca de un taladro petrolero.

Evelin tuvo siempre el ejemplo de su madre, una mujer que se equiparaba sin miedo con los hombres, que sacaba adelante a sus hijos sin tener una figura masculina cerca, una mujer que estuvo incondicionalmente para su hija como madre y como amiga.

Gracias a la magia de las redes sociales, Evelin entabló una relación con un desconocido por Facebook. Cristian Navarro se mostró como un hombre maduro, comprensivo y amoroso. Su relación, a pesar de ser un torbellino de pasiones y dolores, terminó en una maternidad, en una oportunidad para renacer y establecer un hogar lejos de su familia.

La relación sentimental con Cristian fue descrita en el juicio como un verdadero ciclo de violencia: iba y venía de la casa de su madre con su hija en brazos, intentó huir de las agresiones, intentó cubrir con maquillaje los moretones que su cuerpo evidenciaba, intentó mentir a sus amigos y amigas cuando extrañados preguntaban por el comportamiento de su perfil de Facebook, el cual manejó Cristian como una medida más para controlar a quien consideraba que era de su propiedad. Evelin estaba sumida en un mundo de dolor, no podía ser ella, no podía compartir con sus amistades y cada vez estaba más lejos de su familia, motivos que la llevaron a tomar la decisión de dejarlo.

En Colombia, según el Instituto Nacional de Medicina legal, la violencia de pareja reportó 940 feminicidios en 2017; y en los dos primeros meses del 2018 se reportaron 149. Entre el 1 de enero del 2013 y febrero del 2018 se contabilizaron un total de 5375 mujeres asesinadas, de las cuales 163 fueron documentadas en el Departamento del Meta. En cuanto a las causas, la asfixia, método de muerte utilizado contra Evelin, fue el tercer factor de muerte con 468 casos.
Evelin murió el 10 de diciembre del 2017, el concepto del médico forense determinó Muerte Violenta por Comprensión Extrínseca del Cuello: “ella tenía hematomas en el cuello, visibles por lo grandes, estrangulamiento, compresión constante sobre el cuello, la cual debió durar entre tres y cinco minutos”, declaró el Médico Forense en una de las audiencias.


Tan grandes y violentas debieron ser las lesiones del cuello, que permitieron evidenciar el motivo de la muerte a pesar de que el cuerpo no tenía pelo, había perdido parte de su piel y estaba totalmente inflamado debido al alto grado de descomposición en que quedó, pues fue arrojado a una alcantarilla donde permaneció por cinco días. La intención de Cristian estaba clara, no solo quería que muriera como pago por la ofensa de querer dejarlo, un derecho que al parecer es exclusivo de los hombres; además se encargó de que el cuerpo que recibiría su familia estuviera desprovisto de dignidad, fuera irreconocible y tuviera la huella tatuada de lo que una mujer debía pagar por la osadía de retar la autoridad de su excompañero.

Evelin va a cumplir dos años desde que nos dejó. En septiembre de 2019, luego de sentir cómo se laceraba mi alma de mujer feminista cada vez que veía a Cristian reírse en las audiencias, o cada vez que escuchaba a su abogado usar la repugnante frase “ella se lo buscó, para qué lo llamaba”, logramos el fallo condenatorio: Cristian deberá reposar sus ímpetus de macho en una cárcel por los siguientes 39 años.

Ya te puedes ir Evelin, ya hicimos justicia, ya sabemos qué decirle a Luciana cuando crezca y pregunte por qué el victimario, su padre, paga por un daño irreparable. Ningún tipo de violencia es de poca importancia, ninguna situación amerita silencio… un grito, un simple grito hubiera salvado la vida de una joven de 18 años, y le hubiera permitido a una bebé de 18 meses crecer al lado de su madre.

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