El país de las mujeres

Pagué un precio. No me atrevería a proponerlo como un requerimiento imprescindible para que la sociedad reconozca a las mujeres y las mujeres, sobre todo, se reconozcan a si mismas, pero lo que sí sé es que en mi país significó un cambio profundo que valió absolutamente la pena… Somos más ricos, sobre todo, porque hemos eliminado la más antigua forma de explotación: la de nuestras mujeres, y así nadie la aprende desde la infancia. Hay brotes, claro; no somos una sociedad perfecta. La verdad es que reconocernos humanos es saber que siempre habrá nuevas luchas y retos, pero bueno, avanzamos. Un pie delante del otro.
Gioconda Belli, El país de las mujeres

 

A propósito de la pregunta hecha por Periferia: ¿cómo se imagina a Colombia gobernada por mujeres?, recordé la capacidad imaginativa de una de mis escritoras favoritas, la Nicaragüense Gioconda Belli, autora del libro El país de las mujeres. En el materializó un país pequeño llamado Faguas, vigilado por el volcán Mitre, el cual tenía la capacidad de erosionar las vidas de sus habitantes al tiempo que lavaba su realidad con la elección de una mujer a la presidencia nacional.

Faguas era un país común, un país donde la corrupción campeaba, las oportunidades escaseaban y el gobierno enriquecía los bolsillos de la dirigencia política a costa de la pobreza del pueblo: un país como Colombia. En el libro, Gioconda ilustra la diversidad, la complicidad y la total sororidad de un grupo de mujeres que deciden a través de la creación de un partido político distinto llegar al poder. El “Partido de la Izquierda Erótica” (PIE) era una apuesta de mujeres para maternizar el país, lavarlo y limpiarlo hasta dejarlo brillante y sin manchas. Darle un vuelco a la realidad política del país. La propuesta incluía enviar a los hombres a los hogares para asumir las tareas domesticas, esas tareas que siempre despreciaron y calificaron con simplismos.

El Partido de la Izquierda Erótica estableció un subsidio para que los hombres estuvieran en sus casas, mientras nutria de mujeres la fuerza pública. Todo el país se transformó: se ejecutaron proyectos comunitarios que
colectivizaran los cuidados de los hogares, el Estado asumió el pago de la renta social, se disminuyó el presupuesto a las armas y al poder militar, mientras se ampliaban las coberturas educativas, alimenticias y sociales de quienes habían confiado en una apuesta feminista pero incluyente.

Enviar los hombres a sus casas con el fin de lograr transformaciones en el manejo del país, pretendía poner la administración de una nación bajo una mirada femenina. Las cabezas del PIE sabían que, de seguir los hombres en sus cargos, no permitirían a las mujeres desarrollar a profundidad sus habilidades, de seguro se mantendría el interminable debate patriarcal de la experiencia (masculino) sobre la improvisación (femenino).

La resistencia que afrontó el PIE es la misma que afrontamos las mujeres que nos peleamos en el día a día ser tratadas igual que los hombres. Tener posibilidad de definir sobre nuestros cuerpos y aquello que afecta nuestras vidas; ser vistas como actoras validas en una sociedad donde constantemente se juega con nuestras visiones y por supuesto con nuestros objetivos, sin que ello nos cueste la vida tal cual le ocurrió a la protagonista del libro, quien luego de lograr fortalecer la economía, bajar los índices de delincuencia, e incorporar de manera masiva las mujeres en la vida pública del país, fue víctima de un atentado sicarial, orquestado por hombres, cuando hablaba en plaza pública.


Intentando hacer un símil, el atentado padecido por Viviana Sansón, la presidenta de Faguas, es exactamente lo que ocurre cuando una mujer aspira ser tenida en cuenta para direccionar su hogar, su trabajo e incluso el Estado, la respuesta siempre ha sido la agresión. Matan a la mujer que no quiere estar más al lado de un hombre violento y maltratador (tal como sucedió hace poco con las estudiantes de la Universidad Industrial de Santander); matan a la mujer que intenta liderar espacios de gobernabilidad (como hicieron con Karina García, candidata del partido liberal a la alcaldía de Suarez, Cauca); y matan a la mujer lideresa que pelea por los derechos de sus comunidades (como sucedió con Cristina Bautista, gobernadora Indígena del Cauca).

Está claro que ningunear, violentar sexualmente, humillar, y matar, demuestra el temor que sienten los hombres de perder lo que ha sido siempre su zona de confort, esa capacidad de administrarlo todo, incluidas nuestras vidas. Ese miedo tiene sustento. Porque tienen razón caballeros, como en Faguas cambiaremos la realidad, convertiremos a Colombia en un país de afectos, de comprensiones, un país en el que se priorice la educación mientras le restamos importancia al trabajo esclavo, uno donde la solidaridad estará por encima de los egos, el individualismo y las venganzas en las que ustedes nos han tenido sumidas durante toda nuestra historia. Así exactamente me imagino esta nación gobernada por mujeres.

Share this article

Acerca del Autor

Liria Manrique

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.