Editorial 159: Duque renuncie

La elección de Iván Duque como presidente de la república en 2018 nos deja una conclusión demoledora, y en suma vergonzosa: a la sociedad colombiana le tiene sin cuidado las cualidades éticas, humanas, intelectuales y políticas de la persona que vaya a conducir y administrar los destinos de su patria. Honestamente, ¿quién conocía a Iván Duque?

La otra, igual de triste y desoladora, es que la gente sigue esperando que sean los medios de comunicación masivos, y los caudillos de mala reputación, o los grandes señores, empresarios y apellidos ilustres venidos a menos, los que elijan al candidato. Para ser presidenciable, se requieren cualidades poco ortodoxas: ser rico, mentiroso, perverso, hipócrita, cruel, odiar a los pobres, tener doble moral, carecer de ética, amar la plata y a los gringos por encima de todas las cosas, ser vengativo, corrupto, odiar la paz, tener amistades del bajo mundo, nadar bien, rezar, tocar guitarra, hacer veintiuna con los pies y la cabeza, protestar contra las reformas tributarias y la privatización o venta de activos del Estado cuando las promueven los demás, buscar negocios rentables para los hijos, la familia y los amigos, y por supuesto garantizar que los cargos de control del Estado sean ocupados por gente cercana, y ojalá mediocre y cínica.

Iván Duque cumple todos los requisitos. Su ineptitud está fuera de toda discusión. La economía vista como la cualidad de distribuir los bienes escasos de la mejor manera, es una asignatura reprobada. La concentración de la riqueza se incrementó al mismo tiempo que el desempleo y la corrupción. Expertas como la profesora Helena Pérez de la Universidad Tadeo Lozano, y estudios de la propia OCDE, señalan a Colombia como uno de los países más desiguales del mundo y el más desigual de América. Por otro lado, medios oficialistas como Caracol televisión informaron que la revista gringa especializada U.S. News ubica a nuestro país como el más corrupto del mundo. Y el propio contralor, mejor amigo del mejor amigo del mandatario (o sea el fiscal), aseguró que al año en Colombia se roban entre 40 y 50 billones de pesos, especialmente en los sectores de salud y educación, todo en la más completa impunidad. ¿Quién se roba toda esa plata, los atenidos?

La pandemia sacó a relucir la pobrísima capacidad de Duque y su nula experiencia como administrador de crisis. Con más de 120 decretos, el presidente peló el cobre dirigiendo los recursos hacia los banqueros y los empresarios más ricos. Sacó un decreto (el 546) para disminuir el hacinamiento, y hasta el momento han salido muy pocos presos, por el contrario, se han contagiado más de mil solo en la cárcel de Villavicencio. Firmó otro (el 965) de sometimiento para enfrentar el conflicto y promover la paz, el cual fue ofrecido a paramilitares y al ELN, quien por supuesto lo rechazó. Tuvo su propio agro ingreso seguro 2.0 con el programa “Colombia Agro Produce”, cuyos recursos millonarios, manejados por Finagro, pararon en los bolsillos de empresarios como De Carbone que donaron millonarias sumas a la campaña de Duque. También Duque se auto habilitó –con el Decreto 811 del 4 de junio– para vender activos del Estado, Duque quiere vender a Ecopetrol, la gallina de los huevos de oro, bajo la falsa justificación de paliar la crisis de la salud.

Este señor no le atinó a una sola de sus metas, o tal vez les atinó a todas en materia de orden público, derechos humanos y paz. El terrorismo de Estado, la represión, el paramilitarismo y el narcotráfico se desbordó. En sus 20 meses de gobierno, según el reciente informe de Indepaz, el Estado es responsable, por acción u omisión, de 573 asesinatos de líderes y lideresas sociales, y defensores o defensoras de derechos humanos, 82 de ellos en medio del confinamiento, también de los 138 asesinatos de excombatientes firmantes del acuerdo y 20 de sus familiares. Casi todos los departamentos en donde el paramilitarismo había desaparecido fueron militarizados por los grupos neo paramilitares en las narices de miles de soldados.

Los escándalos que involucran a altos funcionarios del gobierno y a las fuerzas militares con la corrupción, compra de votos, narcotráfico, paramilitarismo, ejecuciones extrajudiciales, chuzadas y violencia sexual, tampoco paran. La ñeñe política cada vez cuenta con más pruebas, videos, y llamadas entre el propio Duque y el ñeñe. Nada sucedió por la denuncia de los laboratorios de producción de coca encontrados en la finca del embajador de Uruguay, ni por los hedonistas viajes del fiscal y su amigo el contralor en plena pandemia. Ni por los gastos desmesurados en camionetas, computadores, armas, ni por las investigaciones contra su exministra del interior Nancy Patricia Gutiérrez por paramilitarismo, las de la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez por negocios con el narcotraficante conocido como “El Fantasma” y el ocultamiento de su hermano preso por narcotráfico, ni por el “tape tape” de los falsos positivos, las chuzadas ilegales y las violaciones de niñas por parte de militares activos que llevaron cínicamente a la destitución del militar denunciante del crimen. Ante todos estos graves hechos no hay sanciones, responsables, ni acciones por parte del mandatario que le aprendió muy bien a su mentor el arte de evadir la responsabilidad. Impunidad total e ilegalidad caracterizan a este gobierno. El que la hace, no paga.

El que siga apoyando a Duque lo hace de porfiado, o porque simplemente tiene un alma perversa, o se beneficia de sus políticas. Duque jamás debió ser elegido, ni siquiera ser candidato. Duque renuncie.

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