El sistema de salud en el Caquetá en los tiempos del covid-19*

El sistema de salud colombiano vive en crisis permanente desde la aprobación de la ley 100 de 1993, por medio de la cual se crearon las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) como administradoras de recursos y como intermediarias entre el Estado y las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (hospitales, clínicas, centros de salud y de emergencias, entre otros).

Según la exposición de motivos de la ley 100, ésta se crea para hacer frente a un sistema de salud inequitativo y con problemas de acceso y calidad para la mayoría de la población. Con esta ilusión, aparecen las EPS “como salvadoras”, no obstante, casi tres décadas después, las condiciones perduran y la corrupción y el mal manejo de los recursos se ha profundizado.

A nivel nacional, los trabajadores y las trabajadoras de la salud se han visto obligadas a protestar para exigir el pago de salarios que se retienen por meses, el promedio nacional de la deuda con los trabajadores de la salud es de 4 meses. Por otro lado, los hospitales permanecen sin elementos básicos y los medicamentos han sido suplantados por acetaminofén.

Aunque la tasa de cobertura ha mejorado a nivel nacional, debido a la afiliación de gran parte de la población, departamentos como el Caquetá continúan con una cobertura del 78%, lo que lo ubica como el quinto departamento con mayor índice de barreras de acceso a servicios de salud con 11,27% de los hogares desprotegidos, y noveno departamento en barreras de acceso a salud para cuidado de la primera infancia con el 24,14%.

En suma, las Instituciones prestadoras de salud han sido categorizadas en tres niveles y solo las grandes ciudades cuentan con entidades de tercer nivel en las cuales se prestan la mayoría de especialidades, como si los departamentos más alejados de la capital o con menor población pudieran contraer únicamente enfermedades comunes.

En el departamento del Caquetá solamente hay hospitales de segundo nivel en las cabeceras municipales de Florencia, La Montañita y Morelia, en los demás municipios hay hospitales o puestos de salud de primer nivel, con personal limitado y las especialidades básicas. En lo que respecta al sector rural, la red de salud es casi inexistente y las pocas instituciones presentan problemas de infraestructura, problemas de dotación y mínima o nula presencia de personal.

Sistema de salud y covid-19
Desde la Coordinadora Departamental de Organizaciones Sociales, Ambientales y Campesinas del Caquetá (COORDOSAC), se realizó [en mayo] el foro “Sector salud y territorios en medio de la crisis actual”, en el que participaron Yesid Camacho, expresidente del sindicato de trabajadores de la salud ANTHOC; Yahira Granados, funcionaria de la ESE Sor Teresa de Adelle del municipio de Cartagena del Chairá; María Gonzáles, funcionaria de la ESE sor Teresa de Adelle del municipio de El Doncello; y Carlos Garay, coordinador indígena del tema de salud de ASCAINCA y miembro de la OPIAC.

Los cuatro panelistas fueron enfáticos en señalar que la principal problemática del sistema de salud es la ley 100 de 1993, debido a que su accionar convirtió los hospitales en puestos de salud con miles de problemáticas porque los dineros quedan en la intermediación de las EPS. Además, la ley fomenta la violación de las condiciones laborales y la integridad de los trabajadores y las trabajadoras de la salud.

La ley 100 ha generado barreras geográficas, financieras y administrativas que quebranta el derecho a la salud de la población en general. A ello hay que sumar las malas administraciones que perduran en las entidades prestadoras de salud debido a las redes de corrupción y la politiquería local.

La mayoría de departamentos carecen de camas de Unidad de Cuidados Intensivos suficientes para enfrentar una emergencia. La precariedad del sistema de salud rural motivó a las comunidades a establecer puestos de control y desinfección para evitar la propagación del virus en los territorios.

Adicional a esto, quedó demostrada la dificultad para dar atención a problemas psicológicos que se han agudizado durante la pandemia, en muchos casos, potenciados por el manejo que los medios de comunicación han dado a la situación. También el abandono en el que viven los pueblos indígenas, quienes han denunciado el etnocidio por el que atraviesan. En los últimos días, el coronavirus cegó la vida de Camilo Suárez, diputado del departamento de Amazonas e importante igura para los pueblos indígenas de la Amazonia.
El Gobierno Nacional anunció la inyección de recursos al sistema de salud, acción que no implica que los dineros lleguen a hospitales o puestos de salud, como debería ser. Los recursos llegarán a las EPS, que en el mejor de los casos usarán los dineros para pagar las deudas que tienen con los hospitales desde hace años.

Propuestas
Es necesario cambiar la lógica con la que se viene manejando el sistema de salud en Colombia. Abolir la intermediación y potenciar la salud rural. Esto implica mejorar la conectividad de los territorios y la red de comunicaciones que permita a las comunidades indígenas y campesinas acceder al servicio de salud.

De igual manera es indispensable restituir los derechos que perdieron los y las trabajadoras de la salud con la ley 100. A finales del 2019 se presentó el proyecto de ley 291 con el que se pretende garantizar que el Estado les pague de manera directa. Dotarlos permanente de elementos de bioseguridad, teniendo en cuenta que el covid-19 no es la única enfermedad contagiosa, existen otras como la tuberculosis.

Por otra parte, urge avanzar en la creación del sistema de salud indígena, fortalecer los procesos de trasferencia de conocimientos y reconocer el valor de la salud tradicional y ancestral que pueden curar enfermedades que no cura la medicina occidental.

Medio ambiente y PDET´s
Vale la pena mencionar que los problemas ambientales como la contaminación de las cuencas hídricas, el aire y los alimentos causada por la minería y aspersiones de glifosato, amenazan la salud de los pobladores del Caquetá. La salud empieza por la prevención, por ello son indispensables unas condiciones ambientales óptimas y un fomento de la soberanía alimentaria.

Uno de los pilares de la construcción de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) fue la salud. Las comunidades fueron enfáticas en manifestar que la salud rural debe estar a cargo del Estado y no puede depender de agentes privados nacionales o internacionales. Entre las iniciativas para mejorarla se contempla asegurar la comunicación y la conectividad de los territorios, fortalecer los procesos de veeduría ciudadana y consolidar escuelas interculturales que involucren la medicina ancestral para construir una Salud Rural con enfoque comunitario y amazónico.

*Este artículo fue publicado inicialmente en el medio amigo recsur.com.co

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