Fabián Palacios: enfermero y líder sindical

Fabián Arturo Palacios Pulido, de 48 años, padre de cinco hijos, desde hace diez años auxiliar de enfermería en el CARI (Hospital Mental de Barranquilla) y miembro del comité nacional de reclamos del sindicato de trabajadores de la salud, Anthoc, falleció por coronavirus el martes 2 de junio. Exactamente 40 días después del mitin de protesta que él mismo lideró para exigir medidas y elementos de bioseguridad, con pancartas, tapabocas y distanciamiento social, como toca en estos tiempos de pandemia.

Lo primero que hay que decir es que –vaya a saberse por qué– el virus no tuvo ninguna clemencia con Fabián. Se lo llevó en un santiamén, en diez días; a él, un hombre fuerte, sano, cero fumador, nada bebedor, bien plantado todavía para los 48 años que tenía; algo pasado de kilos, eso sí tal vez su pecado. En todo caso, estadísticamente el covid-19 no se amaña mucho en organismos sanos como el de Fabián, no se esperaban los estragos.

El mitin de protesta lo hicieron el 1 de mayo, y su objetivo, como se dijo, fue denunciar las precarias condiciones laborales y la carencia de elementos necesarios para tener algún margen de seguridad en el trabajo. Que no es cualquier trabajo. Su riesgo de infección es tan alto como el que pueden tener los soldados que marchan en la primera línea de un combate. Y más en una ciudad como Barranquilla, que tiene una de las curvas de contagiados más altas del país. El 22 de julio superaba las 1.000 muertes y más de 26.054 contagiados.

En el mitin del 1 de mayo, Fabián Palacios estuvo muy activo y fogoso, como siempre, al pie de las pancartas y con su tapabocas. Recordó que si bien la atención del CARI se centra en la atención de enfermedades mentales, en esta época todo hospital, de cualquier especialidad, es territorio apache del coronavirus. La posibilidad de contagio es más alta que en cualquier otro lugar porque los cuidados de la salud son de toma y dame, no se hacen por los laditos, ni de lejos, tienen que ser de frente y de cerquita.

Pero el plantón no solo fue por el coronavirus, también se hizo para protestar por el retraso de los pagos de quincenas a los trabajadores vinculados al hospital por prestación de servicios como Fabián. Todos ellos asistieron al mitin para exigir el pago de los salarios atrasados y su vinculación directa a la nómina del hospital.

“Fue como si Fabián hubiera adivinado lo que se venía. Lo prueba es que a las pocas semanas él y siete compañeros se infectaron por un paciente que llegó al hospital con coronavirus. Él fue el único que falleció, los demás están bien y aislados”, señaló Ángel Salas, empleado administrativo del CARI, secretario nacional de Anthoc, amigo personal de Fabián Palacios y compañero de luchas sindicales desde hace cinco lustros. Ambos empezaron en la dirigencia sindical de Anthoc desde muy jóvenes, en 1994.

Técnicamente hablando, podemos afirmar que la causa del contagio y muerte de Fabián, que él mismo –¡vaya ironía!– previó con un mes de anticipación, fue la ausencia de elementos de bioseguridad. No hay que cargarla toda al coronavirus, que al fin de cuentas es un elemento más de la naturaleza, el más simple incluso; feroz y devastador, sí, pero evanescente, con agua, jabón y buenos elementos de bioseguridad se mantiene a raya. Elementos que no han tenido completos, ni tienen aún, los trabajadores del CARI de Barranquilla, denunció Ángel Salas.

Y a eso agréguele la inestabilidad laboral y los malos salarios, que también hacen mella en la mente y el cuerpo del trabajador, bajando sus defensas.

Así las cosas, ésta viene siendo entonces otra crónica de una muerte anunciada, una más en la larga lista de muertes anunciadas en Colombia.

El día señalado en la vida de Fabián Palacios
La maluquera en el cuerpo le empezó a Fabián Placios desde la tarde del jueves 28 de mayo, pero no lo tomó con alarma porque pensó que era efecto del estrés que manejaba esos días, por las dificultades en su trabajo y en su bolsillo. Ya estaba hasta prestando plata.

El viernes 29 no amaneció mejor. Todo lo contrario, no pudo levantarse a hacer lo del diario: salir temprano a tomar el transporte público hasta el hospital. En la mañana la fiebre le aumentó y le empezó una tos pertinaz, de esas que no paran. Entonces no la pensó más y arrancó de una para la clínica Murillo, donde por el protocolo del gobierno local debe dirigirse todo caso de sospecha de covid-19. Lo vieron tan mal, que lo dejaron en observación.

Al día siguiente, sábado 30, su estado empeoró. Lo cogió una tos de tísico y una asfixia apremiante, que ya para el domingo en la mañana obligó a entubarlo a un respirador artificial en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Con su vida pegada a ese respirador, Fabián Palacios estuvo diez días más, sin ninguna mejoría. El lunes 8 de junio fue crítico, su cuadro clínico se complicó, ya era necesario trasladarlo a un hospital de nivel cuatro, de mayor complejidad, que tuvieran los aparatos de respiración artificial que su estado requería. Pero cuando lo intentaron trasladar advirtieron que no había forma de hacerlo, estaba tan mal que no resistiría el traslado.
Horas después entró en paro cardio-respiratorio y el martes por la tarde Fabián falleció.

Adiós entre aplausos
El cadáver de Fabián Palacios fue cremado el miércoles 10 de junio, tal como lo dispone la norma sobre muertes por Covid-19, que en su caso se hizo oficial el lunes, cuando se conoció el resultado de la prueba que le hicieron cuando ingresó a la clínica.

Pero antes de que lo cremaran, sus compañeros de trabajo quisieron hacerle un homenaje póstumo. Pidieron que el coche fúnebre pasara por el frente del CARI Mental para, entre lágrimas, canciones y aplausos, hacerle calle de honor y despedir al compañero que se va.

“Como lo merecía –comentó Ángel Salas–. Porque Fabián fue un hombre bueno, honesto y leal a los amigos. Muy apreciado en el sector de la salud. Por eso hoy es el símbolo del sector en el Atlántico y en el país. Murió exigiendo elementos de bioseguridad y mejores condiciones laborales para los tercerizados, pidiendo que les pagaran lo que les deben”.

La otra arista del problema es Ana Contreras Berrío, la segunda mujer de Fabián, con quien éste vivía desde hacía diez años, los mismos que llevaba de enfermero en el CARI Mental. La mujer quedó con su hijo de ocho años en el aire, con el inmediato futuro completamente envolatado, pues Fabián era el único sustento económico del hogar.

Ana recibirá una ayuda solidaria de parte de Anthoc y del movimiento sindical, anticipó Ángel Salas.

Share this article

Acerca del Autor

Ricardo Aricapa

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.