Editorial 161: Levantarse y Construir Nación

El 22 de septiembre, la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia ordenó al Ministerio de Defensa, en representación del gobierno nacional, que en un plazo máximo de 48 horas pidiera perdón por el exceso de fuerza que las autoridades desplegaron durante las marchas de noviembre de 2019. Además, ordenó al Esmad dejar de usar escopetas calibre 12, cuya munición fue la causante de la muerte del joven Dylan Cruz el 23 de noviembre del año pasado. También, ordenó a las fuerzas militares y de policía publicar la sentencia en sus portales.

El gobierno respondió de manera evasiva, como es su costumbre, y en términos leguleyos, engañosos y confusos, trató de dar preponderancia al salvamento de voto de uno de los magistrados, como si eso sirviera de algo legalmente hablando. Para alargar el enredo, manifestó que pediría la revisión del fallo a la Corte Constitucional, aunque el gobierno no tiene ningún recurso legal para pedir la revisión del fallo, y es su obligación cumplir las órdenes de la Corte, mientras eventual o extraordinariamente ésta revisa el fallo.

Es muy fácil advertir la intencionalidad de Duque de desconocer y atacar la institucionalidad que tanto se esfuerza, supuestamente, en defender. Como era de esperarse, una vez se agotaron las 48 horas, el ministro Holmes Trujillo salió de manera cínica e insensible, con eufemismos y trucos gramaticales, a desconocer y burlar las órdenes de la Corte Suprema. En suma, no pidió perdón, más bien justificó lo ocurrido, y dejó en el ambiente que seguirían usando la fuerza y la letalidad cuando lo crean conveniente.

Si no fuera porque la vida de los liderazgos sociales y los bienes comunes de los territorios están en inminente riesgo por la mano de hierro y el autoritarismo del Centro Democrático, el papel de Duque causaría risa y desconcierto por su ineptitud. Sin embargo, lo que sienten los procesos sociales, la oposición, los líderes y lideresas en los territorios, los excombatientes, y los jóvenes en Colombia, es una mezcla de miedo e indignación, una combinación explosiva que el ilegítimo gobierno seguramente va a enfrentar como lo ha hecho hasta ahora: a sangre y fuego.
La sociedad y el movimiento social deben estar alerta, las intenciones de vieja data del patriarca en decadencia hoy son astutamente alcanzadas por Iván Duque, quien ha logrado el sueño de todo dictador: concentrar el manejo casi absoluto de las tres ramas del poder y de los organismos de control, el Fiscal General, la Procuradora y el Defensor del Pueblo, son funcionarios de bolsillo, alfiles del gobierno. Además, cuenta con el respaldo de unas fuerzas militares poderosas, genocidas, corruptas, y anticomunistas, que aún se mueven bajo la doctrina del enemigo interno y de la seguridad nacional. Y, lamentablemente, cuenta con la alcahuetería de los medios de comunicación corporativos, que son propiedad de sus amigos multimillonarios, y que le ayudan a levantar cortinas de humo cada que los escándalos y las pruebas lo incriminan y lo relacionan con el narcotráfico, el paramilitarismo y la mafia.

Iván Duque quiere concentrar el poder judicial en una “supercorte” que le permita ser juez y parte, sueño que contempla en estos momentos en que su mentor se encuentra en líos con la justicia. Duque aprovecha los fallos de las Cortes que le exigen respeto constitucional al derecho humano a la protesta, para imponer protocolos que permitan atacarla, violentarla y prohibirla.

Ojalá no sigamos viendo, en vivo y en directo, los asesinatos de líderes de la talla y honradez del profesor Campo Elías Galindo, hombre unitario y amigo de todos, torturado y acuchillado en su propia casa en Medellín, al cual rendimos homenaje. O de jóvenes, con los cuales se ha ensañado la violencia estatal, ni de mujeres valientes y con carácter como las que salen a marchar a diario, ni de indígenas valerosos defensores de la madre tierra, ni de negros y negras defensoras del territorio y la cultura.

La Nación, esa que está por construirse colectivamente bajo referentes y valores humanos, solidarios, patrióticos, soberanos, y autónomos, debe levantarse, reivindicar sus derechos humanos para dignificar la vida, transformar el país, construir poder popular y demostrar que si hay otras formas de gobernar y de conducir la patria con humanidad.

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