La crisis económica de la producción de palma de aceite en Colombia es un mito

El 1 de noviembre del año pasado, los directivos de Indupalma reunieron a todos los trabajadores y trabajadoras de la empresa para anunciarles que se someterían a un proceso de liquidación voluntaria motivada por una crisis económica. Pero Sintraproaceites, el sindicato de la empresa, sospecha que con la liquidación pretenden acabar con la Convención Colectiva y con las demandas laborales del sindicato.

El 2020 será recordado en la historia como el año de la crisis generalizada, especialmente en términos de la salud pública y sus impactos en la economía y el mundo del trabajo. También ha sido el telón de fondo perfecto para que varios sectores de la economía, entre los que se destaca la agroindustria de la palma de aceite, lleven a cabo cambios acelerados que no necesariamente son consecuencia de estos tiempos de incertidumbre por la pandemia del COVID-19.

Con Covid – 19, la agroindustria no paró
En el contexto de pandemia, el gobierno colombiano, además de declarar el estado de emergencia económica y social, ha expedido más de 40 decretos con el fin de mitigar el impacto del virus en los casi 50 millones de habitantes del país; no obstante, la agroindustria de la palma de aceite al pertenecer al sector de la agricultura estuvo exenta de restricciones y continuó su proceso habitual en el marco de la cadena de suministro. Bajo este panorama debe reconocerse que no todas las empresas del sector adoptaron inmediatamente medidas de protección para la población trabajadora y de salvaguarda de sus empleos e ingresos, sin embargo, éstas fueron demandas encabezadas por las organizaciones sindicales que exigieron la implementación de medidas sanitarias de bioseguridad en lotes de cosecha hasta llegar a las plantas de producción.
La adopción de estas medidas, a diferencia de otros sectores económicos que han visto paulatinamente la afectación de sus actividades hasta llegar al punto de despidos masivos, reducción de salarios, el cierre de sus establecimientos o, en casos más extremos, la declaración de bancarrota, deja al sector palmicultor en un escenario muy favorable, máxime si se tiene en cuenta la última declaración ad-portas del Congreso de Fedepalma 2020 que hizo Jens Mesa Dishington, presidente del gremio empresarial.

Mesa dijo: “Nuestra producción se mantuvo en niveles similares en los últimos tres años después de tener una subida de nivel importante. Este año, en los primeros siete meses, hemos experimentado un crecimiento en la producción comparado con igual periodo de 2019, más de 8% anual. Estimamos que para cierre de 2020 nosotros debemos estar con una producción de 1,6 millones de toneladas”.

Estas afirmaciones y las cifras de la agroindustria muestran como el sector palmicultor está en un momento favorable, tanto en el mercado interno como el mercado internacional. En 2019, Colombia continuó ocupando el cuarto lugar a nivel mundial en producción con 1,67 millones de toneladas, antecedido solo de los países asiáticos; desde el 2012 el país ha ocupado este lugar por ocho años consecutivos, y el primer puesto en el continente americano.

A nivel nacional el panorama del sector también va en ascenso, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística- DANE, la palma de aceite ocupa el segundo puesto, en el sector agrícola, como el cultivo con mayor número de hectáreas en el país, antecedido del cultivo de café y seguido por el de arroz y el maíz.

En términos de cultivos agroindustriales, de nuevo la palma de aceite ocupa el segundo lugar en términos de distribución y uso de los cultivos activos por el número de áreas de siembra (546.085Ha) y de cultivo (504.117Ha); el primer lugar lo ocupa el café, el tercero la caña de azúcar, el cuarto la caña panelera y el quinto, y último lugar, el cacao.

En medio de la pandemia esta actividad, de tipo plantación y producción, no contó con muchos perjuicios. No obstante, en términos de demanda, la principal afectación estuvo en la baja de consumo de aceites y grasas por parte, especialmente, de la cadena de negocios que tuvieron que cerrar a razón del confinamiento y las medidas tomadas, sin embargo, las exportaciones compensaron esta disminución.

Según el informe de índice de precios de los alimentos de la Organización de la Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura- FAO presentado en agosto de este año, “las cotizaciones internacionales del aceite de palma subieron por segundo mes consecutivo en julio”; así también lo manifestó James Fry, presidente de la firma LMC International en una entrevista para Fedepalma.

Fry dijo: “A pesar del efecto macroeconómico negativo en todo el mundo a raíz de la pandemia del Covid-19, el mayor uso del aceite de palma en los hogares ha ayudado a recuperar su demanda. Lo mismo ha pasado en el biodiésel, en donde la disminución de aceites usados y sebo en las mezclas ha impulsado la demanda por aceites vegetales, como el aceite de soya y palma”.

A esto se suma una de las principales recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que ha sido adoptada por los gobiernos de cada país en los protocolos de bioseguridad en términos de prevención para la transmisión del Covid, como son las medidas de limpieza y desinfección, especialmente, del lavado de las manos; y es en este procedimiento que el aceite de palma tiene una incidencia representativa, porque es una de las materias primas para la fabricación de jabones, desinfectantes y productos de limpieza, tanto para el cuidado personal como para la desinfección de espacios. Datos de la encuesta Nielsen revela que en Colombia el incremento en la adquisición de jabón de tocador y antibacteriales tuvo un aumento del 35%, limpiadores líquidos 31%, limpiavidrios 29% y lava loza en un 28%.

La tendencia del mercado de aceite de palma a nivel nacional y mundial muestra para su agroindustria un escenario favorable, tanto en un contexto inmediato aún con Covid, como en el mediano plazo, en términos de post pandemia.

Entonces, ¿qué es lo que va mal en la palma de aceite?
Dos asuntos han preocupado a las y los trabajadores y gremios sindicales de la palma de aceite en Colombia. El primero de ellos asociado a la coyuntura Covid-19 en términos de las medidas sanitarias para salvaguardar la salud y la vida de quienes están vinculados a la producción de palma; y la segunda, de la cual poco se ha hablado, responde a los movimientos que desde finales de noviembre de 2019 algunas empresas han comenzado a jugar declarándose en liquidación voluntaria argumentando una “crisis del sector”.

Si bien la pandemia generó interrogantes al interior de las empresas en términos de hacerle frente, fueron principalmente las trabajadoras y los trabajadores quienes debieron enfrentarse, sin tener cese de actividades, a continuar con sus oficios aun sin que se tomaran las medidas necesarias de bioseguridad. Según el Boletín No. 6 del Observatorio Laboral en tiempos de Coronavirus publicado en el mes de mayo, el análisis riguroso a 14 empresas del sector para revisar cómo éstas implementaron o no el protocolo sanitario establecido por el gobierno nacional, identificó que la mitad de estas empresas cumplió con la adopción de algunas de las medidas para afrontar la contingencia en términos de prevención y control del contagio; y la otra mitad, no tenía aun ningún protocolo acogido.

Bajo estas circunstancias, la solicitud de las organizaciones sindicales exigía, principalmente, que se suministrara a la población trabajadora los implementos necesarios de protección personal, y aunque se reconoció que los canales de información y comunicación sobre medidas de protección y cuidado eran importantes, la prioridad estaba en la entrega inmediata y continua, de acuerdo a las necesidades, de un kit de protección personal y la adecuación de la infraestructura con medidas de bioseguridad adecuadas.

A su vez, algunas de las empresas, en especial las que se encuentran ubicadas en los departamentos de Magdalena, Santander y Cesar, cumplieron con su deber de garantizar condiciones de trabajo digno y decente al tomar medidas “para salvaguardar los empleos o ingresos de los trabajadores, evitando figuras como la suspensión o terminación de contratos laborales y, optando en cambio por la aplicación de vacaciones adelantadas o licencias remuneradas”. No obstante, el panorama y la adopción de medidas, según lo señala el informe, varía de acuerdo al tamaño de la empresa. En este sentido, se estima que en las pequeñas agroindustrias son más escasos los protocolos o procedimientos adoptados.

El otro hecho coyuntural, y en el mismo nivel de preocupación que el Covid-19, es la reorganización empresarial que podría estar sucediendo en algunas de las empresas del sector o de casos de liquidación voluntaria como el que lleva actualmente Indupalma, una empresa que en 2019 estuvo dentro del ranking de la Revista Dinero de las 20 mejores empresas de palma de aceite calificadas por sus utilidades. ¿Cómo pasa Indupalma de estar durante los últimos 3 años dentro de las 20 empresas más prósperas del sector a declararse en liquidación voluntaria en razón de una “crisis económica”?

Indulpalma: un caso de liquidación voluntaria que atenta contra la libertad de asociación sindical
Indupalma está ubicada en el Municipio de San Alberto, departamento del Cesar. Desde 1961 ha sido un referente para la agroindustria palmera en el país. Su liderazgo en términos productivos y los procesos que las y los trabajadores agremiados han logrado, la ubican como una empresa modelo.

El 30 de octubre de 2019, en reunión extraordinaria, la junta de socios de la empresa tomó la determinación de disolver y liquidar la sociedad, decisión que se argumenta, según un comunicado divulgado en diferentes medios de comunicación locales y nacionales en:

(…) la situación de la compañía, su carga pensional, las dificultades laborales y temas relacionados con el mercado, han llevado a sucesivas y cuantiosas inyecciones de recursos para capital de trabajo. El análisis de las proyecciones de la empresa justificó la determinación de la junta de socios de disolver y liquidar la compañía.

(…) a pesar de que en los últimos tiempos la empresa había logrado alcanzar una sana estabilidad económica, desde principios del año pasado, ha sido objeto de reducción constante en días productivos que ocasionaron un profundo daño económico.

Para el momento de esta decisión, la empresa contaba con 465 trabajadoras y trabajadores, sin embargo, esta cifra puede aumentar. Se estima que hay alrededor de 1.200 personas trabajadoras mediante empresas tercerizadoras. Valga la pena decir que dichas empresas fueron creadas apenas el año pasado debido a un cese de actividades de los trabajadores. El acuerdo entre Induplama y los tercerizados incluyó la creación de dichas empresas.
En la voz de Sintraproaceites, organización sindical de Indupalma y que agrupaba a más del 50% de las y los trabajadores, la decisión de liquidación voluntaria se fundamenta, principalmente y de acuerdo con declaraciones de Raúl Patiño Núñez a la Agencia de Información Laboral de la Escuela Nacional Sindical, en que quiere quitarse la “carga” que representan los trabajadores para la empresa. “Quieren acabar con los beneficios que los trabajadores hemos logrado a través de la historia. Además, quieren acabar con la convención colectiva que es la mejor en el sector palmero y con Sintraproaceites”.

La convención colectiva de trabajo lograda por el sindicato Sintraproaceites en diálogo con Indupalma S.A., se constituía como un referente a seguir para muchos sindicatos del sector, pues reconocía acceso a créditos para los trabajadores, la garantía del derecho a la educación de hijos e hijas de los mismos, y otro cúmulo de acciones en reconocimiento de derechos humanos en el trabajo. De ahí que las afirmaciones de los líderes sindicales tomen fuerza en la idea de que no solo se afectó la vida de un significativo grupo de trabajadores de la región del Magdalena Medio, sino que se atentó contra una convención colectiva de trabajo que representaba años de lucha, persistencia y negociación sindical.

Entonces es necesario hacer cuestionamientos cómo los siguientes: ¿es la liquidación voluntaria una medida frente a una “crisis” del sector o una forma de violencia antisindical? El caso Indupalma es quizá una alerta para las y los trabajadores de la palma en el país, que ven un crecimiento productivo y de cargas laborales reciente que no concuerda con las ideas de crisis al interior de las empresas palmicultoras.


El panorama anteriormente mostrado da cuenta de que la producción de palma en Colombia se encuentra estable. Aún en medio de una pandemia global, no existe una crisis económica ni productiva del sector, y si por algún motivo una empresa usara la justificación del Covid-19 para tomar medidas que afecten al grueso de los trabajadores, lo más posible es que estén mintiendo. Por ello, hacer un rastreo de la producción de palma de aceite en Colombia se convierte en una tarea de rigor para la defensa de las luchas sindicales en curso.

 

La conclusión es sencilla: ¡la crisis económica de la palma de aceite es un mito!

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