Contra la brutalidad policial

Hoy narro esta historia vista por los ojos de Gareth Sella, la más reciente víctima del ESMAD en Bogotá.

Él se va alejando de las aturdidoras como cualquier persona lo haría, recuerda estar huyendo con los demás, tras de sí estaba un bloque de miembros de la policía y el ESMAD, él no los había visto, de pronto se voltea para identificar posibles salidas, entonces le disparan directo al rostro, siente el golpe seco y fuerte en su ojo, un dolor agudo retumba en su cabeza y comienza a correr desesperado, el miedo le inunda, siente que en cualquier momento le pueden atacar de nuevo, tiene media cara dormida y ve con dificultad los rostros de la gente que le mira con angustia.

Gareth Sella es un joven de 24 años fue víctima del ESMAD, un disparo en el rostro lo tiene en riesgo de perder completamente la visión de su ojo izquierdo, antes que a él, a Cristian Rodríguez le dispararon mientras protestaba en diciembre de 2019 y perdió un ojo, a Dilan Cruz lo asesinó un agente del ESMAD, quien disparó con una escopeta calibre 12 directo a su cabeza durante las protestas del 25 de noviembre de 2019 en Bogotá. En los últimos 20 años el ESMAD ha asesinado a 34 personas quienes ejercían su legítimo derecho a la protesta social o que transitaban cerca de una manifestación (Temblores, 2019), la policía por su parte ha perpetrado 289 homicidios desde el año 2017 al 2019 (Temblores, 2021) la mayoría de los casos ocurrieron en la vía pública. Es difícil creer en las versiones que justifican estos hechos como acciones deliberadas de manzanas podridas de las fuerzas armadas, más bien se profundiza el debate sobre cómo la doctrina militar del enemigo interno direcciona las estrategias de ataque de la policía a toda la población.

Gareth es un joven que movido por su sentido de la justicia, decide incorporarse al colectivo de Escudos Azules, con el objetivo de acompañar las movilizaciones para evitar el ataque sobre dimensionado de la fuerza pública en contra de las y los manifestantes. Él junto con otras (os) jóvenes, se vinculan a las movilizaciones con unos escudos de madera, cascos, gafas y una capucha que les sirve para ocultar su identidad, aunque su accionar no es clandestino, ni se conciben a sí mismos como manifestantes activos en la confrontación contra la fuerza pública o violentos, saben que asumir una postura política que cuestione la autoridad es sumamente peligroso para su vida y su libertad.

Horas antes del ataque a Gareth, él junto con otras (os) jóvenes de Escudos Azules, se reunieron en la Universidad Pedagógica atendiendo a la convocatoria de movilización contra la brutalidad policial, se identificaron con el comandante de la policía, gestores de convivencia y defensores de DDHH para demostrar que su función en la movilización era estrictamente defensiva, sin embargo, algo raro se sentía en el ambiente, había mucha presión, muchas ganas de tomarse de nuevo las calles después de las restricciones derivadas de la pandemia.

Durante el recorrido hubo varias señales de infiltración de personas inescrupulosas en la movilización, las cuales no asistían para manifestarse en contra de la brutalidad policial, sino que por el contrario buscaban crear escenarios para la intervención violenta de la policía. A pesar de la reducida cantidad de personas que se movilizaba, los infiltrados marchaban sin compañía, les delataban características físicas propias de miembros de la policía como su corte de pelo e incluso sus zapatos, y que además, se encargaban de incitar a las (os) manifestantes a comenzar una confrontación en lugares de profunda vulnerabilidad, en los que cualquier intervención violenta de la policía sería contundente.

Cabe aclarar que algunas (os) manifestantes sí utilizan formas de expresión que demuestran su inconformidad y que pueden llegar a considerarse agresivas, pero estas llevan un mensaje político; atacan lugares que representan el centro de la acumulación capitalista como los bancos, los grandes negocios transnacionales o nacionales e incluso sedes de las iglesias. Cada vez se hace más evidente la infiltración en las movilizaciones, muestra de ellos han sido los vídeos expuestos por la ciudadanía en redes sociales, en las cuales se ve a civiles en compañía de miembros de la fuerza pública antes o después de una movilización en la que interviene la policía con la intensión de dispersar a las (os) manifestantes y que han dejado como consecuencia multiplicidad de agresiones y una recurrencia alarmante en la vulneración de los derechos humanos.

En los ataques del ESMAD se destaca un desprecio particular por el movimiento estudiantil y el campesinado, siendo estos los grupos sociales más afectados por la violencia homicida (Temblores, 2019). El movimiento estudiantil ha sido blanco de ataques que han dejado nueve estudiantes asesinados, cinco de ellos murieron a causa de un impacto de bala y cuatro como consecuencia de un arma de baja letalidad. Para 2001, año de la fundación del ESMAD, este escuadrón contaba con un total de 350 hombres y más de doce mil millones de pesos, mientras que para 2013, el número de integrantes era de 1843 y su presupuesto anual superaba los once mil setecientos millones, para 2018 el personal con el que contaba el ESMAD era de 3.328 (Temblores, 2019). De acuerdo con información publicada en PARES, en marzo del año pasado, en plena emergencia sanitaria y cuando la gente estaba exigiendo garantías de alimentación en un escenario de prohibición al trabajo informal, el gobierno de Iván Duque decidió invertir 12 mil millones de pesos en la compra de 18 tanquetas para el ESMAD.

Para Gareth los distintos gobiernos han deshumanizado a las personas que hacen parte de la policía, les arrancan la humanidad para que sean capaces de hacer lo que hacen: matar, violar, quemar, disparar a los ojos sin sentir una pizca de remordimiento, sin sentir dolor, sin sentir absolutamente nada, los vuelven robots al servicio del capital. Por eso entiende que ellos no son un enemigo directo, ya que no responden a una conducta humana, ni a estímulos de sensibilidad, sino que defienden un establecimiento que los utiliza para seguir postergando un sistema injusto y desigual. Por eso para gran parte del movimiento social, el objetivo es confrontar a quienes han hecho de la policía una institución deshumanizada.

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