Sembrando semillas de existencia

Somos un nosotros en colectivo, con historias, memorias y acervos comunes los cuales potenciamos con cada paso en la experiencia


Cuando inicio la escritura de estas líneas, pienso en un artículo que refiera mi proceso en el Programa de Educación e Investigación para el Desarrollo Social Alternativo –PEIDSA–, y de hecho por allí inicio; pero luego de llevar unos cuantos párrafos me percato de algo que está aconteciendo: no estoy escribiendo un texto formal, pues mis pensamientos transitan por los recónditos lugares del recuerdo, allí a modo de carrusel desfilan diferentes momentos cargados de emotividad, pasan también rostros e imágenes unas muy nítidas y otras envueltas ya en la nebulosa del olvido, entonces con nostalgia evoco aquellas palabras del poeta que cité, en algunos de esos antaños escritos para PEIDSA y que quedaron flotando en las páginas de alguna reflexión perdida: “El olvido está lleno de memoria”. Suspiro y me dejo llevar al mundo de las pasiones.

Este ejercicio de reconocimiento por el que ahora me movilizo, implica algo más que un acontecimiento de rememoración; significa un acto intencionado, una voluntad explícita que me impulsa a valorar viejos pactos con la existencia. Por tal razón hacerme presente en estas palabras para compartir aquellos escenarios, en donde han transcurrido algunos retazos de mi vida, es una experiencia que me transversaliza: estoy en tiempo presente caminando hacia el pasado y mis pasos no van hacia atrás, avanzo en los recuerdos que me habitan, me adentro en ellos y los desempolvo: ¡hacía rato que no venía por aquí!...

Trato de clarificarme y me instalo en el lugar de la reflexión, expiro y permito que la experiencia me guíe en esta narración: llegan las palabras, las grafico a manera de ronda infantil… llegó la i, llegó la i y la Indignación siempre estuvo allí, llegó la e, llegó la e y la Esperanza nunca se fue, llegó la u, llegó la u y sobre la Utopía ¿qué puedes decir tú?... No solo fueron palabras compuestas para un diccionario conceptual, fueron acciones cristalizadas con la C de complicidad, compañerismo, conspiración, y con la A de afectos y afectaciones. Por ello no fue casualidad que en los relatos individuales construidos para la sistematización de nuestra experiencia, presentada en el libro Caminando la experiencia –publicado en el 2019, con la editorial Periferia– trajéramos palabras como estas: PEIDSA nace como un sueño compartido, PEIDSA nace de una construcción colectiva, PEIDSA como escenario para pensarnos, para hacer.

Vivimos la experiencia colectiva e individualmente, como colectivo nos fortalecimos en el calor de los encuentros formales e informales, con cada intención llevada a la práctica en los procesos formativos que acompañamos. Cada uno de nosotros y nosotras aportó la mejor semilla para la siembra y trabajó con dedicación en su cuidado, por ello de lo sembrado en comunidad siempre hubo cosecha para alimentar el ser y saber particular.

Pese a los años transcurridos, aún en mi mochila guardo parte de las viandas que nutren y fortalecen mi ser en este temporal caminar en solitario, también con esmero cuido las semillas que logré conservar y que guardadas en su anaquel momentáneo, maduran esperando el tiempo propicio para una nueva siembra de la cual no estoy muy seguro de querer participar; sin embargo ahí están a disposición no para la venta sino para compartir, para trocar.

El cuidado y la selección de la semilla es una vieja costumbre aprehendida de mis ancestros campesinos… cuando era niño don Emiliano me regaló unas semillas de frijol y me dijo: ¡no son para comer!, las sembré y coseché, hasta que tuve una cantidad suficiente para unos cuantos surcos…son aprendizajes que trascienden el momento y quedan sembrados para toda la vida, allí nace el saber, pero de esa vivencia me quedan las palabras del viejo ¡no son para comer! Ello cultivo mi paciencia, el cuidado y la dedicación: con cada siembra veía la multiplicación del fruto, esa es la experiencia.

De la vida en PEIDSA, me quedaron las semillas del saber y las de la experiencia. En la primera se entrecruzan los aprendizajes decantados del proceso formativo y las reflexiones que de allí se suscitaron. El saber aquí no estuvo centrado tanto en el acervo teórico –sin desconocer los aportes de autores, enfoques y perspectivas–, como sí en las producciones logradas que me permitieron, importantes construcciones epistémicas desde las cuales se podía leer la realidad que circundaba la propuesta educativa. Esta construcción de saber a partir del intercambio fue posible gracias a la confianza, hermandad y complicidad que siempre nos acompañó en colectivo, sin estas condiciones no hubiese logrado retroalimentar las apuestas y perspectivas que en momentos de crisis emergieron de entre una mar de incertidumbres, permitiéndonos sobreaguar tiempos difíciles.

Este caminar por la vivencia y valoración de los aprendizajes en PEIDSA, me permite visualizar los aportes que el proceso de sistematización de nuestra experiencia dejó en mis lecturas, respecto a los alcances y perspectivas de los proyectos que se enuncian desde la educación popular; seguramente estas renovadas lecturas son parte de mi cosecha, la cual comparto con los colectivos que ahora acompaño, ya no desde una sistemática vivencia, pero si desde el deseo de coadyuvar en sus procesos.

De las semillas de la experiencia quiero compartir aquellas que afectaron mi existencia, son semillas del cuidado y la dedicación cotidiana, representadas en aquellas vivencias junto a mis compañeras y compañeros de vida en colectivo. En este nivel, ahora reflexiono que si algo marcó mi experiencia en PEIDSA, fue el mundo de los afectos del cual poco se habla en los trabajos que refieren a las experiencias en educación popular. Para nosotros fueron tan importantes estos estados, en el momento de sistematizar la experiencia, emergió con mucha fuerza, hasta constituirse en una categoría transversal. En la cotidianidad del proyecto fueron los afectos los que nos permitieron pese a las diferencias y aparentes contradicciones, no generar rupturas irreconciliables.

Ahora caminando nuevamente la experiencia, me adentro en esos episodios individuales y colectivos, donde las memorias allí presentes, me enseñan sobre la importancia de haber entendido, los diferentes estados pasionales de quienes hicimos parte de esta propuesta educativa; la reflexión en presente abre una nueva perspectiva para la indagación, pues la lectura de las pasiones no son asuntos que se resuelvan en el conocimiento, las pasiones son parte del fuero del individuo y su lectura solo puede hacerse en el acompañamiento de la experiencia en clave de existencia.

Aproximándome un poco a la argumentación traigo un texto que escribí por aquellos tiempos, al calor de los debates internos en el proyecto: “(…) el mundo de los afectos [léase hoy pasiones] constituye un universo particular desde donde logramos acercamientos subjetivos que permiten hilar y tejer desde el sentir, aquella manta que nos cobija permitiendo el calor fraterno (…) no es suficiente con una clara proyección política y fortaleza conceptual en los enfoques, perspectivas y horizontes, cuando se carece de la disposición para afrontar los contratiempos (…)”. Descubro que la lectura de las pasiones en los sujetos de los proyectos de educación popular, permite acercarnos a las profundidades de sus subjetividades, las pasiones son enraizamientos que vienen desde dentro y trascienden los estados emocionales. Las pasiones son tan radicales como las ideologías.

En PEIDSA recojo también los aprendizajes y las construcciones que me dejaron procesos anteriores en proyectos educativos de corte popular, producto de las reflexiones que me aporta el paso por la educación formal. Estos saberes se manifiestan en la pérdida del miedo a inventar, aquí la máxima del maestro Simón Rodríguez “inventamos o erramos” fue realidad, por ello en las búsquedas permanentes de referentes epistémicos, educativos y pedagógicos que dialogaran con los principios éticos y políticos de la educación popular, nos permitimos establecer conexiones con las pedagogías críticas norteamericanas y apropiaciones puntuales del pensamiento educativo Freiriano y desde allí apostar a la construcción de principios curriculares desde dónde soportar un plan de estudios. En la última fase del programa, acompañamos estas construcciones con aportes de las didácticas críticas.

Al perder el miedo, la experiencia vivida se manifestó y las búsquedas me permitieron nuevos horizontes para explorar, desafortunadamente en la última fase con las didácticas críticas no logré elementos de análisis, pues entramos al declive de la propuesta. Sin embargo reflexionando, pienso que aunque no son contradictorias, hoy no tendría en cuenta las construcciones de las pedagogías críticas del norte y tampoco incursionaría con las didácticas críticas en un proyecto de educación popular, en su lugar exploraría con Simón Rodríguez la apuesta política emancipadora y con Freire la propuesta pedagógica y didáctica. Dar curso a entrecruzar apuestas epistémicas–educativas en proyectos educativos populares, conforme a Rodríguez en el sentido de inventar: es una incitación a la emancipación; la lucha por la libertad inicia con los procesos de descolonización del pensamiento.

Quienes nos reconocemos en el ejercicio de la educación popular comunitaria, hacemos parte de una historia en insumisión, de ello hablan nuestras prácticas. Constituimos una ramificación de los proyectos de resistencia y emancipación, no somos los salvadores, no somos los iluminados, pero sí somos de alguna manera quienes desde nuestro saber y experiencia mantenemos viva la utopía y la esperanza. No somos un yo individual, somos sujetos en colectivo, de ahí la fuerza que tienen estos procesos.

En PEIDSA el asumirnos en colectivo, sin desconocer las individualidades, nos permitió caminar juntos durante dieciséis años, por ello cuando ya no pudimos ser más proyecto común, cuando la misma experiencia nos marcó el final del camino, sin nostalgias cerramos esta página de nuestra historia, dejamos los registros de nuestros pasos y cada quien tomó su sendero. Sin embrago el tiempo compartido fue suficiente para salvar los afectos, para no desconocernos cuando en algún lugar de ese caminar, nuestros pasos se entrecrucen temporalmente y poder ser por momentos compañeros de viaje. Una noche del mes de mayo la despedida se hizo realidad y yo me alejé para continuar por los lugares que había decidido visitar.

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Amadeo Clavijo Ramírez

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