Maneras revolucionarias de honrar a Freire

Por los movimientos y organizaciones sociales y populares de la patria grande, se viene gestando la idea conmemorativa del natalicio de quién, para muchos, es uno de los provocadores de la pedagogía critica en el siglo XX, por haber iniciado un trayecto formativo y organizativo de educación liberadora que se contrapone al sistema de opresión y alienación que se ha desarrollado institucionalmente, utilizando de la peor manera la practica social de la educación.

Honrar a Freire implica leer y releer sus obras con agudeza, para entender que no se trata de citarlo, ni recitarlo, ni postearlo en redes como si hiciera parte del mercaderismo de Coelho, ni ponerlo como portada y llenar nuestros textos académicos de epígrafes con sus profundas palabras. Para honrar a Freire basta con considerar algún aspecto de su sencillo ideario en nuestra praxis vital, que siempre será política: escuchar, reconocer, concientizar, problematizar y transformar con justicia social. Con simpleza, Freire describía lo político como la necesidad de asumir la responsabilidad tanto de nuestras acciones, como de nuestras omisiones.

Honrar al maestro, significa comprender que la lectura de su obra va más allá del uso bibliográfico o académico. Se comprende mejor a Freire leyendo como están codificadas las relaciones sociales que nos atraviesan: la lectura del mundo vital trasciende el escenario textual. El lector Freireano siente la necesidad de construir una subjetividad crítica y anclarla a una otredad latinoamericana por hacer, desde las posibilidades de superación de las condiciones que están en el contexto, tratando de desterrar de sí, la alteridad del opresor que se ha enquistado dentro de su mentalidad y lo hace vivir a las maneras del colonizador.

Es en el acercamiento a la lectura del mundo de la vida, donde se encuentran los sujetos sociales concretos de la otredad latinoamericana; es en los refugios, en las fables, en las comunas populares, donde el texto de Freire espera tener significado, donde la gente aún tiene esperanza, en medio de la lucha cotidiana por la sobrevivencia, al buscar “ganarse el día” recorriendo la frialdad del cemento urbano, esperando por fin la noche para dormir tranquilos en el suburbio, sin que llegue la bota del custodio del capital que quiere tumbarles el rancho. Lugares donde la gente además duerme menos, pues el tiempo completo lo dedica a la subsistencia y la avanzada del capital del colono patriarca, no da espera. Por unos “vitales pesos” les preexiste la sobreexplotación de su cuerpo y el despojo del tiempo para el pequeño nicho familiar y cultural comunitario.

Freire demostraba además que en las comunidades oprimidas del campo, la pedagogía, no es un discurso armado en la mesa o la plataforma del desarrollismo utilitarista del burgués. En la vereda y el pequeño poblado la gente siente la necesidad de escucharse y reconocerse, es un sencillo tratado de praxis política y de ética humanista; escuchar, reconocer y respetar al otro en su humanidad, asuntos que la población campesina, indígena y afro, aprendieron en relación con la pacha mama y de su arraigo por el terruño construido en comunidad, esencia con la que se podría desvanecer la mentalidad burguesa desde adentro. Esa es la pedagogía que han construido las comunidades oprimidas en colectividad.

El lector Freiriano, es humanista y sabe que aún hay esperanza en las comunidades que hoy están bajo opresión, además que la realidad obrera y campesina ha logrado confrontar la pedagogía del desarrollismo y su tratado de violencia estructural que desplaza, desaparece y elimina cualquier rasgo de cultura que no se civilice y catequice en occidente. Fue justamente eso lo que sistematizó Freire. Su obra estuvo marcada por pensar y movilizarse ante la propia opresión como latinoamericano, propiciando vivir críticamente proponiendo prácticas y formas de relación no opresivas.

Honrar a Freire implica ingeniar el abordaje para sacar el pensamiento crítico del aula, buscando establecer un vínculo dialógico con la comunidad y el contexto, para que retorne al aula llenando de razones la acción común, devolviendo la reflexión a las comunidades obreras y campesinas en los territorios, para que la comunidad las revise y se asuma en ellas, como la IAP en Fals Borda o las escuelas obreras de Mariátegui.


Reconociendo las diversas maneras en las que ha operado la situación de dependencia económica y cultural en América Latina; además de la trayectoria de recordados movimientos insurreccionales que han asumido la lucha por la independencia y la soberanía territorial. Honrar a Freire es seguir su ejemplo de alfabetizar a la población obrera y campesina para que propicien su propia reforma agraria en sus territorios como los Sin Tierra en Brasil. Sin perder de vista eso de “revolución en permanencia” en la idea de Marx, que nos recuerda Eugene Gogol o las “revoluciones inconclusas” en el concepto de Fals Borda. Siempre una idea de cambio y superación como un quehacer constante, una revolución permanente, diría Freire.

El pedagogo brasilero ha influenciado la formación, la organización y la movilización popular, desde hace cinco décadas con su pensamiento y su acción, enfatizada en la construcción de sujetos políticos críticos que incidan y consoliden movimientos populares alternativos, que mejoren las posibilidades de vida en dignidad para la población en condición de opresión. Durante los últimos 50 años en Latinoamérica se han mantenido variadas iniciativas de liberación, fruto de la praxis revolucionaria y el protagonismo comunitario acumulado como referente de dignidad de los pueblos. Memoria histórica que, a nuestros días, ha sido contextualizada, resignificada y vehiculizada en los procesos de base a partir de los enfoques de la educación en perspectiva de lo popular.

A demás de reconocer esa perspectiva de comprensión de la coyuntura del texto social y cultural en el que vivimos, muchos encontramos en el legado Freiriano una potente estrategia metodológica de trabajo por la recuperación de los tejidos y de las relaciones sociales en emergencia de transformación. Como homenaje a Freire, sería especial seguir leyendo la realidad latinoamericana desde las pedagogías que elaboran algunas comunidades oprimidas en Latinoamérica para darse otro orden de vida en soberanía y dignidad.

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Edison Villa Holguín

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