Los empobrecidos somos capaces de cambiarle el color al horizonte

¿Qué tienen en común una Guerra de Liberación Nacional (GLN), una Revuelta Popular (RP) y un Paro Nacional (PN)? La transformación de la cultura popular del pueblo protagonista de estos acontecimientos, desde la subjetividad hasta el trabajo humano y el cambio del modelo de sociedad. Junto a Frantz Fanon con “Los condenados de la tierra”, Enrique Dussel con “Cultura Latinoamericana y Filosofía de la Liberación” y Orlando Fals Borda con la “Subversión en Colombia. El cambio social en la historia”, conoceremos algunos puntos en común, en aras de aportar a las reflexiones del papel que está teniendo nuevamente los sectores populares en Colombia y en Nuestra América.

 

Fanon explica que la cultura nacional es: “El conjunto de esfuerzos hechos por un pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acción a través de la cual el pueblo se ha constituido y mantenido”. Así mismo Dussel explica que la cultura está conformada por tres determinaciones universales: el trabajo, las creaciones simbólicas y materiales; destacando el carácter permanente de la cultura porque es sinónimo de producción de vida y esta nunca se detiene. Con estos aportes iniciales se comprende que las acciones de las personas en las luchas populares se suman a la amplia y profunda categoría de cultura humana, pues se ven comprometidos la subjetividad, las inter-subjetividades y corporalidades de donde nacen y expresan las acciones y las creaciones simbólicas/materiales.

El pueblo argelino cuando impulsó la GLN contra el modelo colonial francés, no solo usó las armas contra este sino que a la par desarrollaban otras acciones colectivas como asambleas, distribución de labores, construcción de organización social, creación del proyecto de nación que reemplazaría al colonial, filtración y consolidación de la cultura popular-histórica, que había sido contaminada por la cultura burguesa francesa además de iniciar el control territorial a nivel local para germinar la hegemonía popular en el marco de la GLN.

El empoderamiento del sujeto popular como sepulturero del régimen colonial y cosechador del nuevo orden social significa que surge otra mentalidad, otra visión del mundo, otro tipo de relacionamiento con el otro y con la naturaleza, sustentado en las creaciones simbólicas/materiales y acciones colectivas históricas rescatadas del pasado colonial que ya no muestra a un pueblo esclavo sino a un pueblo creador que quiere tener una sociedad a imagen y semejanza de sus intereses y valores.

Al respecto la cultura popular tiene su contrario, la cultura burguesa que crea, mantiene e imponen los ricos del mundo, ambas interactúan, chocan y combinan dentro de la cultura nacional. A pesar de la condición de no-reconocimiento impuesto a lo largo de los distintos modelos de sociedad modernos (esclavista, feudal, capitalista) que el pueblo ha sufrido, este recrea su cultura con marcados elementos identificables capaces de permanecer viva en la conflictiva e injusta historia humana y sale a flote con todo su potencial cuando ayuda a construir las bases de un orden social popular o revolucionario según la experiencia argelina o nicaragüense, que es de donde teoriza Enrique Dussel en el artículo mencionado.

Además de la hegemonía cultural de los ricos, el orden social también tiene síntomas de putrefacción cuando la institucionalidad, la normatividad, la técnica y el conocimiento se manejan y desarrollan para sí, desconociendo las necesidades, intereses y valores de la clase popular inmerso en ese orden social. La putrefacción empieza a notarse cuando la violencia es el sostén de ese orden social, porque acalla las exigencias de los actores excluidos de esa institucionalidad, normatividad y técnica-conocimiento, que no ven esa estructura una fuente de dignidad ni tranquilidad cotidiana y mucho menos observan un futuro. Al identificar esas tensiones-contradicciones por parte de algunos sectores de la clase popular, se pone en tela de juicio el orden social vigente al punto de cuestionar su existencia con ideas de cambio.

A esto Fals Borda lo llama “subversión”, recordando que la categoría no es negativa ni pecaminosa sino por el contrario un momento histórico determinado por el movimiento natural de una sociedad que cumple un ciclo y debe empezar otro. Que la historia escrita por occidente, también recuerda el autor, haya macartizado el acto de subvertir y lo enseñe como algo negativo o incluso inmoral, expone claramente a quienes no les conviene que cambie el estado de cosas. En esa medida, la GLN de Argelia, Nicaragua o Cuba es subversión, como lo es el Caracazo de 1989 en Venezuela o los recientes estallidos sociales en Chile y Colombia.

Ejemplos de transformaciones en la Cultura popular

En la novela “La Consagración de la Primavera” de Alejo Carpentier, el personaje de Vera encarna la transformación de una mujer que nació y se crío con la gente de bien de Rusia y Europa hasta su traslado a la Cuba prerrevolucionaria, donde será testigo de los acontecimientos que el Movimiento 26 de Julio y el pueblo cubano protagonizará hasta la invasión de Playa Girón, momento donde termina la obra.

En esta reflexión de Vera se da cuenta del cambio:

“Pienso en el misterioso determinismo que rige la prodigiosa urdimbre de destinos distintos, convergentes, paralelos o encontrados, que llevados por un inapelable mecanismo de posibilidades, acaban por incidir en razón de acontecimientos totalmente ajenos a la voluntad de cada cual. Yo, burguesa y nieta de burgueses, había huido empeñosamente de todo lo que fuera una revolución, para acabar viviendo en el seno de una revolución. […] Enrique, burgués y nieto de burgueses, había huido de su mundo burgués, en busca de algo distinto que, a la postre, era la Revolución que volvía a unirnos ahora. Los dos girábamos ya en el ámbito de una Revolución, cuyas ideas fundamentales coincidían con las de la grande y única Revolución de la época. Ocurre hoy lo que nunca creí posible: que yo hallase mi propia estabilidad dentro de lo que se enunciaba en español, francés, en inglés, con una palabra de diez letras […]. Tengo la impresión de que la hora presente se me ensancha, se me aclara, ofreciéndome un Tiempo nuevo en cuyo transcurso futuro llegaré acaso a ser -¡por fin! - la que nunca fui.”

Hay un antecedente importante en el trabajo de profesora de ballet que empieza Vera en la isla, y a partir de ahí sufrirá nuevos conflictos internos debido a los conflictos que su nueva idea genera en el contexto colonial cubano:

[…] Ahora no veía yo ese desenlace como un rito sacrificial sino como el ascendente rito vernal, propiciador de fecundidad, que debió de ser en sus albores. Las tribus de las Eras-sin-Crónicas, en que el ser humano asumió la terea fundamental de sobrevivir y perpetuarse, no eran lo bastante numerosas como para permitirse el lujo de inmolar a una hermosa doncella, de vientre destinado a la proliferación de un linaje. Por lo tanto, el holocausto pedido por Roerich debía transformarse –a mi modo de ver– en un enorme pas de deux que fuese llevando a una danza agónica hacia una Danza de la Vida –recordándose que la dicotomía Muerte-Vida, ilustrada por la más altas literaturas de todos los tiempos, seguía inseparable de la magnificación amorosa, fuese en poseía, fuese en consejas, fuese en símbolos: Amor-Muerte, Danza del Amor y de la Muerte, Muerte por amor de Isolda; […] la música de Stravinsky estaba muy lejos de ajustarse, desde luego, a los cánones sonoros, convencionales, de lo amoroso. […] Todo, así, se hacía más lógico, más natural, más universal; no habría que pensar ya en los trajes de la Rusia pagana. La sencillez de las mallas y de unos pocos atributos vestimentarios bastaría para representar un misterio sin fronteras, sin ubicación precisa –luego sin razas determinadas, detalle importante…- cuyos personajes serían, en suma, Hombres, Mujeres, Adolescentes, el Anciano Sabio-Augur-Sacerdote, y los dos protagonistas centrales.”

El otro ejemplo es el del pueblo venezolano y uno de sus símbolos populares de lucha social, Pedro Pérez Martínez conocido como Maisanta, de quien el cantante Cristóbal Jiménez compuso la canción que el presidente Hugo Chávez interpretó en la graduación de la Misión Vuelvan Caras en noviembre del 2006, este es uno de los fragmentos que representa el arrojo y determinación del pueblo llanero por objetivos comunes:

“Llanero alzao canto silencio en canto el guerrillero va delante cantando, rumbo de asombros los 40 caballos cabalga al frente Pedro Pérez Delgado, unos lo llaman maisanta y otros el americano, no hay quien le pique adelante no hay quien le aguante la carga, no hay guerrillero en los llanos que le eche la concha al agua Catire con dientes de oro y con espuelas de plata, vuelo de cola y de soda, vuelo de tierra y de agua, escapulario cosido con una virgen pintada pelo e guama con gordita frenillos en las alpargatas, y al hombro una manta azul con la vuelta colorada, y ahora, y ahora les contaré porqué lo llaman maisanta (…) cuando pelea Pedro Pérez Delgado en el momento de probar la pelea y antes de que salga de la funda el machete, arma los aires con su grito de guerra y así en la carga va gritando el guerrillero maisanta, virgen del socorro de valencia madre santa dice la gente, pero maisanta y las maneras de los hombres los hombres deben respetarla, ya Pedro Pérez Delgado no tiene madre ni patria, ni un retrato de la madre, ni un retrato de la patria, lo surcan madres con sed, lo cruza una patria postrada pero tiene el corazón como tapiz de sabana y junta madre con virgen y junta virgen con patria, y cuando va la pelea pone las tres en el ancla.”

En los casos recientes de los estallidos sociales chileno y colombiano, la Primera Línea (PL), los cuerpos médicos, las ollas comunitarias y redes de comunicación popular también hacen parte de la cultura popular condensada en medio de estos acontecimientos, al lograr interiorizar la solidaridad y el altruismo entre los/as manifestantes, que iniciaron estos colectivos para sostener y defender la protesta social que se prolongó en el tiempo e impactó al mundo, observando como resultado un sujeto popular más crítico y en búsqueda de las alternativas para subvertir el orden social que lo empujó a las calles.

Consideraciones finales

Las transformaciones culturales en medio de la GLN o estallidos sociales de alcance radical se traducen también en la liberación del pueblo hacía un sujeto popular histórico capaz de regir autocríticamente su futuro, o en palabras de Dussel:

“El proyecto de liberación cultural es, simultáneamente, de liberación popular, nacional, es decir, de identidad del "nosotros" comunitario del pueblo histórico, que pasa desde Amerindia, la época colonial, la época neocolonial capitalista para, atravesando diversos modos de producción (y también de producción cultural), adentrarse en la nueva edad de la formación social concreta, histórica. Sin este proyecto, que asume con continuidad (y al mismo tiempo con ruptura internas: de allí el concepto de analogía) lo propio y lo humano en general (lo mundial), el pasado desde el futuro en el presente, habría imitación de lo extraño y, por ello, alienación cultural.”

Entre el pueblo nacen también los y las intelectuales orgánicos y orgánicas que crean para y desde sus raíces populares, están también quienes nacieron en cuna de oro, pero ponen al servicio de la gente su inteligencia, para estos Fanon tiene su dedicación:

“El hombre colonizado que escribe para su pueblo, cuando utiliza el pasado debe hacerlo con la intención de abrir el futuro, de invitar a la acción, de fundar la esperanza. Pero para asegurar la esperanza, hay que participar de la acción, comprometerse en cuerpo y alma en la lucha nacional”.

Debido a las relaciones históricas de exclusión y empobrecimiento, la cultura popular ha hecho explicito su oposición al imperialismo (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia, China), a la oligarquía nacional y mundial (gremio industrial, minero, terratenientes, banqueros, narcotraficantes) y por ahí derecho la oposición férrea al modelo capitalista que estos actores recrean e imponen. Esto con el ánimo de construir una sociedad radicalmente distinta a esa.

 

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