La verdadera solidaridad

Hace 25 años un grupo de once trabajadores de una cadena de supermercados en Irlanda hicieron historia. El 19 de julio de 1984, la cajera Mary Manning del supermercado Dunnes Stores, en pleno centro de Dublin tomó una decisión que marcaría su vida y la de 10 trabajadores más.

El sindicato IDATU, que agrupaba a los trabajadores de los sectores de administración privada, comercio y bares, aprobó una moción en su congreso anual de oponerse al régimen racista de Sud África y sumarse al boicot internacional de dicho país. El boicot lo había reivindicado, desde tiempo atrás, el Congreso Nacional Africano, cuyo máximo dirigente, Nelson Mandela, se encontraba en la cárcel de la Isla Robben.

Esa mañana una mujer se acercó a la caja de Mary Manning. Entre los productos que llevaba en el cesto había naranjas de la marca Outspan, la entonces infame marca racista de Sud África. Mary Manning informó al cliente que en solidaridad con la lucha del pueblo de Sud África y en cumplimiento de lo aprobado en el congreso sindical, ella no podía procesar el producto. Enseguida la despidieron y diez trabajadores más se declararon en huelga. Poco sabían que su huelga duraría tres años.

Los huelguistas de Dunnes, como se conocían, recibieron el apoyo de su sindicato, pero la burocracia sindical en Irlanda no hizo nada efectivo para respaldar a IDATU y sus afiliados. Durante tres años los huelguistas de Dunnes fueron abandonados. Sin embargo, la huelga tenía mucho apoyo entre el pueblo irlandés. Rápidamente, ciudadanos comunes y corrientes bajaban al supermercado para ayudar en el piquete. Por las mañanas, cuando se hacían las entregas de productos, grupos de simpatizantes intentaban bloquear el acceso de los camiones. La actitud de la burocracia era de esperar. En Gran Bretaña varios sindicatos se opusieron al boicot alegando la pérdida de puestos de trabajo, aun en el caso de empresas que exportaban equipos a las fuerzas de seguridad, equipos que se usaban para reprimir y matar a los negros.

Años más tarde los trabajadores de Coca Cola en Colombia, a través del sindicato Sinaltrainal, harían una llamada al boicot. La actitud de la burocracia sindical fuera de Colombia era muy parecida a la que tomaron con los huelguistas irlandeses. Dijeron que Coca Cola era inocente, que el boicot no tenía apoyo entre los sindicatos colombianos y, como en tiempos de antes, el boicot afectaría el empleo en la empresa. La ONG de los sindicatos Irlandeses y Británicos, Justice For Colombia (Justicia por Colombia) se movilizó para contraatacar el boicot. Utilizaron los mismos argumentos que la empresa, hasta la última coma. Alegaron que estaban protegiendo las fuentes de empleo en Coca Cola y el boicot y la demanda judicial que se presentó en los EE.UU. era un atentado con los intereses de los trabajadores. Cuando Coca Cola, en medio de una reestructuración, cerró a varias de sus plantas, despidiendo a los trabajadores, los sindicatos les agradecieron las nuevas inversiones en plantas de alta tecnología, donde para el colmo no había sindicatos.

Los huelguistas de Dunnes recibieron mucho apoyo de sindicatos de base en todo el mundo y su huelga coincidía temporalmente con la huelga general de los mineros británicos, quienes se encontraban en una pelea contra el gobierno de Margaret Thatcher. Era común ver mineros británicos haciendo colectas en la calle en apoyo a su huelga. Los mismos mineros a veces hacían presencia en el piquete del supermercado. Eran muestras de la solidaridad de clase y de lucha. Ellos entendían que luchaban contra un enemigo común.

El apoyo a la huelga era tal que muchas cadenas de supermercados entraron en contacto con el sindicato para informarles que tenían la intención de no vender más productos sud áfricanos, una vez agotadas las existencias. Dicho de otra manera, el boicot se hizo efectivo al poco rato. La Asamblea General de la ONU invitó al huelgista Karen Gearon a hablar ante la plenaria de dicho organismo. Fue la primera vez que un sindicalista pudo hacerlo. El resultado de esa huelga fue que el boicot se hizo efectivo y el debate frente al régimen racista se elevó a un debate público entre la población del país. Las lecciones para Colombia son claras.

Aquí, la solidaridad se entiende muchas veces como limosna, como proyectito de alguna ONG, como Justice For Colombia. No se entiende como solidaridad política, como lucha común contra un enemigo común. Cuando Justice For Colombia montó una campaña contra Sinaltrainal no dejó en ningún momento de seguir financiando proyectos sindicales en este país. Pero, ¿eso es solidaridad? ¿Se puede decir que una ONG sindical que hace campaña a favor de una multinacional es solidaria? Me temo que no.

Los trabajadores irlandeses en Dunnes Stores mostraron el verdadero significado de la palabra solidaridad. Cuando se declararon en huelga no pedían un aumento de sueldo, ni mejores condiciones de trabajo. Solo pidieron el derecho de no ser cómplice con el régimen racista. Permanecieron tres años en huelga por algo que no les beneficiaba a ellos directamente. Eso sí es solidaridad.

A la luz de esa huelga histórica, ¿qué significa solidaridad con Colombia? La respuesta no es fácil, pues ya no existen las mismas condiciones de lucha ni allá, ni acá. Irlanda y demás países han cambiado, precisamente por las derrotas sufridas por su clase obrera, derrotas facilitadas en casi todos los casos por la burocracia sindical, cuando no instigadas por ella. Por ejemplo, Irlanda ya es un país racista. En un referendo popular se quitó el derecho a los hijos de inmigrantes nacidos en el país de recibir la nacionalidad. Sus leyes de inmigración son de las más restrictivas de Europa.

El horizonte es algo deprimente en ese sentido y quizás por eso es más difícil argumentar contra la supuesta 'solidaridad' de la burocracia sindical. Empero, es por eso más necesario que nunca una solidaridad de clase, una solidaridad entre los que luchan. Hace 25 años, desafiando una poderosa cadena (como decir Éxito u Olimpica en Colombia) y la burocracia sindical, once trabajadores demostraron que si la pelea es peleando, la solidaridad con esa pelea es también peleando. Eso contrasta con la solidaridad de torcidos como Justice For Colombia, quienes se atrevieron a decir que estarían dispuestos a financiar a Sinaltrainal pero no se podía usar la plata para criticar a Coca Cola.

El éxito e impacto de la huelga contra el apartheid se debía a que el movimiento contra el régimen de Sud África era grande. Como movimiento exigía el fin del régimen. No entraba en diálogo con él ni hacia lobby ni hablaba con los gobiernos etc, tal como hacen las ONG hoy en día frente a Colombia. Pero apoyaba la lucha de los negros sin titubeos. No entraba en debates inútiles sobre la moralidad de la insurgencia sino siempre planteaba la inmoralidad del régimen. Era una pelea política contra un régimen, no una pelea para interlocutar con él. En Colombia es necesario construir algo parecido. Demorará tiempo y no será fácil y se perderán los proyectos de las ONG, pero al largo plazo la búsqueda de la solidaridad de los que luchan en Europa y los EE.UU. será de gran ayuda. Para construir un mundo nuevo la única solidaridad que cuenta es la de clase. Al fin, los gobiernos europeos solo actúan por presión de su propia población y no por voluntad propia.

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Gearoid O Loingsigh

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