La vida y la muerte se disputan mi Catatumbo

La vida en el Catatumbo no es fácil. Una tierra cultivada de coca a lo largo y ancho de la región produce, principalmente entre nosotros los jóvenes, muchos problemas. Sin embargo, les hacemos frente y aunque nos toca buscar el sustento raspando coca, sacamos tiempo para nuestra tierra y nuestra gente. Nos organizamos para conocer nuestras riquezas, denunciar su explotación y pensar en salidas a la realidad actual que nos permitan enfrentar lo que hay y lo que viene. Nos comprometimos con Periferia y con el proyecto de comunicación popular a escribir sobre todo esto que se vive y se muere en nuestra región.

 

Mi geografía y mi gente

Catatumbo quiere decir casa del trueno(Raíz etimológica). Esta región está ubicada al nororiente del país, en el departamento de Norte de Santander. El Catatumbo Alto se funde con Venezuela en una selva inmensa, llena de riquezas naturales, de fauna y flora y oro, carbón, esmeraldas y, al parecer, de muchas otras riquezas que sólo conocen las transnacionales que merodean por esta zona. El Medio y Bajo Catatumbo cuenta con terrenos de todas las clases, los secos y rojizos que aparentemente no permitirían a la tierra parir ningún producto y los verdes y húmedos que lo dan todo. De allí han derivado por décadas su sustento los humildes campesinos de los municipios de La Playa, El Carmen, San Calixto, Teorema, Hacarí, El Tarra, Ocaña, Ábrego y Convención. El río Catatumbo, que baña esta región y que seguramente le dio su nombre, nace en el municipio de Ábrego y desemboca en el lago de Maracaibo en Venezuela.

A pesar de que hoy casi todo el Catatumbo está sembrado de coca y la mayor parte de la población joven y vieja se dedica a raspar y vender la hoja, muchos campesinos, o casi todos, aun mantienen la siembra de productos agrícolas, por lo menos para su sustento familiar. Ocaña, por ejemplo, es famosa por la gran producción de cebolla roja o cebollin, que es de exportación, y también de cocota; se da muy buena yuca, papa, maíz, plátano, fríjol, café, cacao, entre otros productos. Antes los campesinos se dedicaban sólo a la agricultura y con ello, según cuentan, vivían muy bien.

En tierras de la vereda Vegas de Oriente, municipio de Teorema, vive don Fernando Durán, él fundó su finca hace unos cuarenta años, allí sostuvo su familia con labores del campo, cultivando productos como cacao, fríjol, yuca, plátano, maíz; así sacó adelante a sus hijos. Dice que antes se podía vivir con la venta de estos productos. “Cuando yo no tenía para el mercado, cortaba una carga de plátano, bajaba de la vereda a la carretera principal y la vendía, compraba el mercado, las cosas que necesitaba para la finca y me quedaba para otras cosas. El trasporte era más barato. Todos por acá vivíamos así”. Como lo cuenta don Fernando, muchas familias de esta región vivieron del trabajo agrícola.

Mis pesadillas
Uno nunca sabe cuándo exactamente, ni cómo, pero en la zona se desató una guerra de los paramilitares y la fuerza pública contra las guerrillas. Al parecer, a unos les interesa el control de la zona para la siembra de coca y a otros para la explotación de los recursos naturales. Aunque esto último aún no empieza, ya se sospecha que las transnacionales ubicaron en la región una mina de carbón más grande que la del cerrejón y también mucho oro y esmeraldas y otros minerales de interés para ellos, y seguramente por eso ayudaron a desatar la guerra. No se debe olvidar que esta es una zona de frontera y el contrabando de gasolina y otros productos químicos también juegan un papel importante para sumar o agravar los problemas.

Las masacres y los tiroteos, la judicialización de los líderes campesinos y comunitarios, las muertes selectivas de campesinos, el desplazamiento por parte de grupos paramilitares, guerrilleros y por efecto de operativos militares efectuados por la fuerza pública, tal y como lo han denunciado diferentes ONG´S de derechos humanos y organizaciones sociales, se convirtieron en el pan de cada día. El Estado, antes ausente, ahora hace presencia armada.

La gente se desplazó entre el mismo departamento, pero también llegaron de todo el país campesinos y gente de la ciudad, y especialmente se ubicaron en las zonas rurales a sembrar y raspar coca. La gran mayoría de municipios fueron inundados por cultivos de coca, sustituyendo los cultivos tradicionales. Para los que persisten en la siembra de algunos productos que desde el gobierno han impulsado, la realidad del transporte y la comercialización los atropella. Es que no hay posibilidad de sacar sus productos al mercado y si lo logran les toca padecer el impacto nefasto de los bajos precios de los productos impuestos a nivel regional por los comerciantes y a nivel nacional por los gremios, por ejemplo para productos como el café y el cacao.

El Estado sólo tiene una “solución” y es la fumigación con glifosato, con la cual se han causado grandes daños ambientales en la fauna y la flora de la región, una de las más biodiversas del país. Según las comunidades del Catatumbo organizadas en Asociaciones de Juntas de Acción Comunal, las fumigaciones han contaminado suelos y ríos, han dañado cultivos de pancoger, proyectos productivos de cacao, y microcuencas que surten acueductos comunitarios.

El señor Fernando Durán cuenta que en este sector del Catatumbo las primeras aspersiones se realizaron en el año 2005, en las veredas Río Santo y San José de las Vegas, del municipio de Teorama, al cual se suman hoy los municipios de El Tarra, Tibú, Hacarí y San Calixto.

Uno de los efectos más perjudiciales para la población ha sido el desabastecimiento de productos alimenticios, lo que ha traído como consecuencia el desplazamiento forzado de comunidades como El 20 de Julio, ubicada en el municipio de El Tarra, que ha sido fumigada 14 veces hasta volver sus suelos totalmente improductivos.

Como si fuera poco, la región vive una fuerte militarización que ha provocado un ambiente de incertidumbre entre los catatumberos, pues consideran que con los militares los Paras se mantienen en la región y sus diversos comandantes hoy se disputan el control del negocio de la base de coca.

Estos son solo unos de los tantos problemas que viven a diario familias campesinas del Catatumbo. Sin embargo, como el señor Fernando Durán y su familia, siguen allí, viviendo, luchando por construir un futuro mejor, futuro que se lucha y se construye con tenacidad para esta y las próximas generaciones. Ahí estamos los y las jóvenes también.
Modificado por última vez el 16/06/2012

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