“Hay que venderles hasta las medias a los clientes”

María Mercedes Becerra Espitia fue una joven estudiante esperanzada en culminar sus estudios e ingresar formalmente al mundo laboral, ese que pensaba era justo; recordaba siempre una frase que en el colegio le decían mucho los profesores: “el trabajo dignifica al ser humano”; pero en el momento de llegar al almacén 9:00 am, nunca había sospechado que el trabajo no es ese simple ejercicio de vender y que cada 15 días le paguen su sueldo. Ese día que salió a las 7:00 pm aprendió una verdad que muchos conocían desde sus propios sufrimientos y que nunca se la enseñaron en el Sena durante las clases de “emprendimiento”.

 

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María como requerimiento para graduarse y obtener su título en  tecnología en dirección de ventas en el Sena debía tener un tiempo de práctica; el día llegó cuando le entregaron una lista con diferentes empresas para escoger y cumplir con ese requerimiento, se decidió por una y envió su hoja de vida a la empresa Todo Comercio de Confecciones S.A-- intermediario de marcas, empresa dedicada a la compra de mercancía con marcas reconocidas como Americanino, Chevignon, Diesel, No Project y su puesta en venta en los propios almacenes. Esta empresa le aceptó como practicante durante ese tiempo, y luego de un proceso de selección habitual que consistía en entrevista, prueba sicotécnica y prueba de conocimiento le realizaron un contrato a termino definido que se ha ido renovando cada año, con un cargo de asesoramiento comercial. Es decir, la persona que nos vende en los almacenes de ropa, esas niñas delicadas y muy amables para atendernos al instante, de manera que sentimos cierta inclinación a las prendas que exhiben en las coloridas y limpias vitrinas, ignorando las peripecias que les toca hacer día a día para mantener su trabajo.

Algunas políticas de la empresa
Dentro de las políticas que maneja la empresa, ella como asesora tiene que lograr con sus diferentes estrategias, las famosas "compras complementarias", que consisten: en obligar al cliente a que lleve más de una prenda; si compra los tenis hay que venderle las medias como sea, o si es un pantalón, la camisa,  y si se puede, hacer que se lleve la pinta completa. “Esta última es lo que más le gusta a la empresa”- dice María. Según estas “compras complementarias” es que cada mes se les mide por parte de la administración del almacén su eficiencia; esto genera que los porcentajes aumenten y así mejore la comisión mensual.

Además de estas compras, a cada almacén le exigen unas “metas” que son manejadas mensualmente y se dividen semanal y por días; hay meses que por diferentes circunstancias comerciales varían, como son meses de madres, padres, del amor y la amistad o diciembre, que es la temporada más alta del año. –de los 25 locales que tiene la empresa, en el del centro de Medellín las metas que les exigen los administradores son entre 50 hasta 70 millones al mes en temporada baja. “Durante la época decembrina, teníamos que vender como mínimo 85  millones y en el local de un centro comercial reconocido eran  mínimo 150 millones. Esto nos genera angustia y preocupaciones. Para mí la época de diciembre no es tan alegre, el trabajo se intensifica y las presiones aumentan, aunque nos dirán que nos dan buenas comisiones, eso no es equitativo al desgaste físico. Es en esos momentos que el almacén está lleno y que le corremos al cliente por una prenda, por la otra, que tenemos que convencerlo como sea que se lleve otras más. Y mientras este decide hay que estar con otro en el mismo ejercicio, y piensa uno que la meta no va alcanzar a lograrse; es cuando uno reflexiona que la plata no lo es todo en la vida”- dice María.

Políticas que ejercen presión
La pregunta que se haría uno es ¿qué sucede si el local no alcanza a vender lo estipulado para el mes?  “Lo primero que se hace es que no se nos pagan los porcentajes por la figura de comisiones, y si pasa muy seguido se hacen reuniones para llamados de atención verbal y van a la hoja de vida – y esta sólo es una de las presiones que generan hacia las asesoras-. Además, nos toca quedarnos hasta la hora que el cliente quiera, que se demore en decidir qué va comprar, mientras se mide la ropa o lo que necesite y ese tiempo no se nos paga, incluso tenemos que atender de 5 a 6 clientes al tiempo cuando llegan en el mismo momento, sabiendo de antemano los administradores que el personal es insuficiente para algunos días como las quincenas y fin de mes”.

Según cuenta María, también las amenazan con hablar con la jefe de gestión humana para que las cambien de local y las ubiquen en aquellos que son más difíciles y lejanos del lugar donde uno vive; las piden otra vez en un periodo de prueba, se exacerba la constante denigración por no alcanzar las metas y la falta de respeto hacia ellas por parte de la administración. “Hay ciertas preferencias por empleadas, excesos de confianza y atribuciones mal tomadas; nos juzgan sin saber razones, el director de talento humano y servicio al cliente pone talleres inútiles y repetitivos sobre atención al cliente, nos insinúan constantemente 'debes hablar así, debes actuar así, debes aparentar ante un cliente'. Si hay pérdida de mercancía nos descuentan el 35% de las comisiones sin ninguna investigación y sin esclarecer los verdaderos responsables, a todos los asesores nos descuentan por igual”.

La empresa, según sus compromisos, está obligada cada mitad y fin de año a darles a sus empleados una dotación de prendas de vestir, pero en lugar de esos les dan $50.000 que ni siquiera los entrega en efectivo, sino en bonos exclusivos para comprar en los propios almacenes. Y si los $50.000 no alcanzan para una dotación completa, tienen los empleados entonces que endeudarse. “Lo peor es que cada vez que nos dan esos bonos nos recomiendan siempre que abonemos al crédito”.

Otro problema con la empresa es lo que tiene que ver con las incapacidades. Cuando son médicas siempre las verifican y, sin embargo, se las descuentan del sueldo. “Por ejemplo, si yo me enfermo y me incapacitan sólo 2 días,  eso causa que me atrase en el presupuesto de ventas,  por lo tanto me llega menos sueldo y como quedo baja en el presupuesto me llegan menos comisiones. Eso significa que uno pierde por ambos lados, por el sueldo y por el bajo porcentaje no te llega comisión, o sea, que se jode uno a fin de mes. Hay días que me ha tocado ir enferma para no atrasarme en el presupuesto; son los días más difíciles, pues mientras uno está atendiendo varios clientes bien enfermo tiende a equivocarse mucho y los clientes se enojan, llegando a ponerle quejas al administrador del almacén”. La situación entonces se vuelve desesperante, como nos la cuenta María, nada que ver con la dignidad del trabajo de la que le hablaba su profesor.

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Arturo Buitrago

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