Doña Blanca, la que estorba en Junín. El embellecimiento de una calle se convirtió en la pesadilla para una pobre voceadora

La carrera Junín, o mejor, el paseo peatonal de Junín, es una calle céntrica de la ciudad de Medellín, construida antes de los años 30, ubicada en la carrera 49 entre las calles avenida de 1º de Mayo (52) y la calle Caracas (54). Es bastante concurrida, pues la conforman centros comerciales, cafés, restaurantes, ventas callejeras... además, sobre la 1º de Mayo está el edificio Coltejer, ese que suelen utilizarlo como el símbolo de Medellín. Y hace poco culminó su proceso de renovación urbanística.

Tuvo un costo de 2200 millones de pesos, asumidos por la alcaldía de Medellín. Hubo un retraso de 4 meses en la entrega de las obras por parte del contratista, que le significó una sanción de 97 millones de pesos. Los trabajos los asumió la misma alcaldía para terminarlo, con un sobrecosto de 800 millones de pesos, y terminó los trabajos en marzo de este año.

La transformación en la infraestructura física se valió de la renovación de los kioskos de ventas de flores –más reducidos que los anteriores-, del cambio de las redes del alumbrado público y telecomunicaciones y la sustitución de los acueductos y alcantarillados. “Los comerciantes se sienten a gusto con el renovado espacio... pero el tiempo en que demoró la obra significó para varios comerciantes pérdidas no recuperables”, expresó en su momento un comerciante de este sector.

Ahora el pasaje Junín goza de un detalle que te roba la atención cuando pasas por allí: la exposición de una galería fotográfica a lo largo de esta calle, de punta a punta. La curiosidad se despierta inevitablemente, se viaja de nuevo a la memoria.

La galería está compuesta por fotografías de antaño y actuales de lugares íconos de la ciudad, como quien dice “el ayer de la ciudad comparado con lo que es hoy”. Por ejemplo, se ve la fotografía de la carrera Bolívar en el año 1961, poco concurrida, más tranquila, sin el actual viaducto del Metro de la estación Parque Berrío, ni la cogestión de buses que hacen competencia de bocinas hoy en día. Allí también se ve el hotel Nutibara, con 64 años de funcionamiento y uno de los más conocidos de la ciudad.

El anterior alcalde de la ciudad, Alonso Salazar, en su rendición de cuentas en agosto de 2011 ante el consejo de Medellín, presentó las obras de infraestructura de Junín y otras tantas “como un proceso de transformación en infraestructura física, en la prestación de servicios públicos y en el desarrollo económico, social y cultural, que busca fortalecer el sentido de pertenencia hacia una ciudad que cada vez se internacionaliza”.

Con la transformación de Junín tal vez quedó más bonita, más amplia, pero no es de aprovechamiento ni disfrute de cualquiera. Junín quedó como vitrina, para que sea más atractiva, pero a los pobres rebuscadores los/as van sacando de a poquito.

Es el caso de doña Blanca Rosa Isaza, una humilde señora que por cerca de 48 años ha trabajado en el mismo lugar, en la esquina de Junín con Caracas, desde los 18 años de edad. Y no ha hecho otra cosa que vender periódicos, -entre ellos, Periferia- de domingo a domingo, “chupando sol y agua”, como dice ella. En el año sólo descansa los viernes santos, los 25 de diciembre y los 1º de enero, días en que no circulan los periódicos masivos.

Pero desde el 6 de marzo de 2012, un funcionario de la secretaría de Espacio Público, con placas Nº 005, le indicó a ella que no podía trabajar más allí, y desde ese momento el funcionario la ha estado amenazando con levantarle el puesto, su única fuente de trabajo y sustento.

Al tradicional y reconocido restaurante Versalles, también ubicado en Junín, la alcaldía de Medellín le confirió la Medalla al Mérito Cultural, Porfirio Barba Jacob, categoría oro, en su aniversario 50, en agosto del año pasado. A doña Blanca ni siquiera se le han acercado desde la alcaldía o de los periódicos masivos  para preguntarle si ha logrado resolver sus necesidades básicas.

Y es que doña Blanca no la ha tenido nada fácil en la vida. Recién casada se vino del municipio de Sonsón, Antioquia, a trabajar con su esposo Alfonso de Jesús Cárdenas, quien mientras estuvo en vida la violentó y la humilló, obligándola a separarse de él luego de 18 años de matrimonio, según su relato. No obstante, y a pesar de un accidente de Alfonso que lo dejó sin una pierna cuando se disponía a sacar el puesto en el año 1975, siguieron trabajando juntos hasta la muerte de este señor, vendiendo ella los periódicos y él lotería. “Era tan cansón que él me cobraba 10 mil pesos semanal es y los domingos 20mil pesos, porque, según él, el puesto era suyo… decidí aguantármelo para que me dejara trabajar”, recuerda doña Blanca.

Ella ha entregado toda su vida a la venta de periódicos y no se ha movido de este lugar (“jamás he tenido un problema con la comunidad consumidora y los vecinos”), tal y como reza en el derecho de petición radicado el 22 de marzo de este año al actual alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, que entre otras cosas, le solicita permiso para seguir trabajando. Ella no tiene acceso a una pensión, no tiene casa propia y paga arriendo, y sus ingresos están destinados en el sustento de sus hijos y de varios nietos, según lo cuenta ella misma. Además, no sabe qué va hacer cuando no le dé más para trabajar, a pesar de verse todavía entera y rozagante.

Por ahora, el alcalde Gaviria no le ha respondido y continúan las amenazas de desalojo por parte de funcionarios de Espacio Público. Doña Blanca tiene miedo, tristeza, zozobra. Arley, uno de sus hijos, la acompaña de vez en cuando por si llegan a levantarle el puesto, dispuesto a defenderla, expresando con rabia “que la ley se la echan al más pobre, al más llevado”.

 

Modificado por última vez el 16/06/2012

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Andrés "El Germen"  Markez
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