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La vergonzosa situación del país, que puso por instantes en la picota pública al Fiscal general Néstor Humberto Martínez, y a un entramado de corrupción que involucra al gobierno de Duque, a su partido, a los políticos de casi todas las demás corrientes de la clase política que gobierna, a Juan Manuel Santos, al grupo empresarial más poderoso de Colombia y a su dueño Luis Carlos Sarmiento Angulo, lejos de conmocionar e indignar a la sociedad, se convirtió en el escenario soñado para los opinadores de los grandes medios masivos de comunicación y sus dueños. El chisme, la farándula y las fake news son el campo de batalla donde mejor se mueven y con el que más venden. Un banquete para los directores de medios y periodistas leales al régimen, expertos en desviar la atención hacia otros asuntos banales mientras la clase política y empresarial corrupta huye por detrás de las cortinas de humo que estos fabrican, y así evitan enfrentar a una opinión pública que de todas maneras no tiene el nivel de formación y la cultura política para enjuiciarlos.

Por delicada que sea la situación para el país, las poderosas empresas mediáticas logran posicionar lo superficial, dejando lo serio e importante en el oscuro fondo. Esa es una estrategia que les da grandes resultados. Del mayor escándalo de corrupción de todos los tiempos, la clase que conduce el establecimiento y el establecimiento mismo van saliendo limpios, mientras uno de los promotores del debate, Gustavo Petro, se revuelca en el lodazal que aquellos dejaron. El video de Petro contando dinero, sin contexto y argumentos, ahora se comenta de boca en boca mientras se desvanecen las verdaderas y trágicas causas que llevaron al Congreso de la República y a todo el país a convocar un debate de control político contra el Fiscal General de la Nación. La indignación de todo un pueblo se aplazó.

Lo que sigue es el desarrollo de otra estrategia de medios que aplica a la perfección en épocas navideñas: el bombardeo de propaganda y publicidad que incita al consumo, y de toda clase de información banal o irrelevante que se repetirá sin descanso. Cada cual escogerá la noticia que más le parezca, o la que más haya posicionado los medios. Será una navidad como las demás en donde el grueso de la niñez colombiana se consolará pintando las calles de colores rojo y verde, vistiendo un árbol traído del monte o comprado en los mercados populares, y esperando a un niño Dios que llegará con excusas.

Pero los medios no son por sí mismos los que opinan, ni se mueven solos, detrás de ellos se encuentran sus dueños, personas de carne y hueso con tanto poder económico y político que les permite no solo manejar las finanzas del país, y llenar las arcas de sus bancos hasta con el último centavo de la sociedad, sino invertir los recursos ajenos en sus jugosos negocios privados, o llevárselo a los paraísos fiscales donde burlan al fisco nacional. Los banqueros, como se demostró hasta la saciedad en estas últimas semanas, no se consuelan con los billones de pesos que año tras año les produce su negocio especulativo, sino que desde un tiempo para acá construyen carreteras, puentes, edificios y se ganan los contratos más jugosos a punta de coimas, extorsiones, sobornos y asesinatos, como ocurrió en medio de los escándalos de Odebrecht, Reficar, los puentes Chirajara y La Pala, entre otros que hoy ya ni suenan porque la estridente música decembrina y la pólvora son más fuertes, casi tan grandes como la sordera y la ceguera de gran parte de la sociedad.

No obstante, diciembre también nos trajo esperanza. Hace rato que estas fechas no llegaban en medio de un proceso ascendente de movilización, con las más grandes movilizaciones de las últimas décadas, protagonizadas por quienes tienen la obligación y la virtud de pensar en el presente y el futuro al mismo tiempo, la juventud y el estudiantado, aquel que cada tanto revive ese sujeto transformador que toda sociedad necesita.

Y no solo el estudiantado y la juventud en general reaccionó, lo hicieron las centrales obreras, y el magisterio, los camioneros, los indígenas, las mujeres y los campesinos, y junto a los congresistas alternativos se articularon en escenarios de actuación política conjunta; también el movimiento por la paz y los derechos humanos construyeron importantes coordinaciones para actuar en caliente en medio de las protestas, por la defensa y la protección de los líderes y lideresas que se manifestaron a lo largo y ancho del país.

Una fuerza transformadora crece, una masa crítica toma forma y se estructura; hay que darle tiempo, hay que protegerla, tratarla con cariño y, en especial, conducirla colectivamente hacia la madurez política que le permita seguir sumando y construyendo agenda de país, rutas de movilización y cambios. El descanso productivo es necesario, retomar fuerzas es fundamental. La lucha no ha terminado, y los retos que nos depara el 2019 están a la vuelta de la esquina. Felices y combativas fiestas.

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

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