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La vida, y sobre todo cuando viajas para desarrollar actividades deportivas, te brinda oportunidades únicas no solo para conocer lugares y  majestuosas culturas, sino también para toparse con grandes y maravillosas historias humanas. La de Wilman Jesús Lucarelli Azocar es una de ellas, porque además de ser verdaderamente humana, está marcada por perseverancia y superación, y es un salto hacia la esperanza, aquella que desde el día a día Wilman proyecta.

Wilman Jesús era una persona activa pues laboralmente ejercía como especialista en sistemas y operador logístico para eventos sociales, al mismo tiempo un consagrado atleta en pruebas de velocidad (100 y 200 metros planos) tanto en categoría élite como en máster (45-49 años), y tenía una vida en familia al lado de su esposa y sus dos hijos. Pero el 21 de julio de 2014 a Wilman le cambió la vida. Mientras realizaba algunas diligencias junto a su esposa Sonia Torres en inmediaciones a la Avenida San Martín en Caracas, Venezuela, al percatarse él que su esposa es atracada a mano armada por los hampones, forcejea con ellos para impedir el atraco e inmediatamente recibe un impacto de bala en la espalda.

Wilman llega en estado de gravedad al Hospital Militar Jesús Arvelo y allí el diagnóstico en principio no es alentador. El impacto de bala que recibió rozó una de sus vértebras ocasionando la pérdida de movilidad en sus extremidades inferiores y por consiguiente el uso de por vida de la silla de ruedas. Así, Wilman abandona tanto su vida laboral como su carrera deportiva convencional forzado por esta circunstancia de la vida, pero a quienes nunca abandonó y tampoco lo abandonaron fueron sus amigos y familiares, que lo rodearon desde ese momento para ayudarlo en su recuperación. Entonces, luego de dos meses hospitalizado y dado de alta, Wilman se traslada al Hospital Público Pérez Carreño, empezando su proceso de rehabilitación. Allí no se quedó a la espera de lástima y compasión sino todo lo contrario, fue a partir de la realización gradual de ejercicios tanto en piscina como de extremidades superiores a través de las pesas y balones terapéuticos, mas lecturas en tiempos libres cuando no habían visitas, como  empezó a crecer y a convencerse que su vida empezaba a florecer de otra manera.

 Wilman decidió firmemente continuar su proceso deportivo sin importar que ya estuviese en una silla de ruedas. Lo reconoce así  el pasado 26 de noviembre de 2016 en la pista de atletismo del Estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela U.C.V, momentos previos a la tercera edición del Gran Premio Sprinter Atlético en su honor: “De viajar por el mundo representando a Venezuela como atleta en los campeonatos mundiales, suramericanos, panamericanos, olímpicos, máster, pasé a viajar por las pistas en una silla de ruedas. El cambio de vida fue muy grande”. También manifiesta: “Lo importante es creer en Dios, familia y amigos, y que siempre puedes ir por mas”.  

Y dentro de este proceso de viva esperanza SuperWilman no tuvo tiempo para deprimirse, ni para la pena, ni para preguntarse por qué le había sucedido esto. No solo se preparó físicamente, sino también mental y académicamente para al día de hoy dirigir los equipos juveniles y mayores de fútbol e igualmente a un grupo de atletas tanto convencionales como paralímpicos. También lidera una escuela de deporte adaptado para niños y jóvenes con restricciones físicas y cursa estudios de Fisioterapia en el Colegio Universitario de Rehabilitación “May  Hamiltón”  en  Caracas, con el propósito de ayudar y aportar, a partir de su experiencia y vivencia a muchas personas con su misma condición. Además permanece en la práctica deportiva con el atletismo, la natación y el levantamiento de potencia a nivel del ciclo deportivo paralímpico. Esa su carta de presentación ante la sociedad hoy por hoy y es su “para qué estoy acá”. Y así lo reitera Wilman en el artículo “La discapacidad solo existe cuando te entregas a ella” para el diario “El Universal de Caracas” en el mes de junio de 2016: “Mi intención es hacerle ver a las personas con discapacidad que la vida continúa, solo que por medio de otra perspectiva”.

SuperWilman Lucarelli, y atendiendo a su filosofía de vida, tiene dos grandes llamados por hacer y una grandiosa reflexión. El primer llamado apunta a: “la participación sin ningún tipo de restricción tanto para las actividades deportivas como para la vida social, apuntando a la integración, la solidaridad y el crecimiento colectivo”.  El segundo llamado es  “un grito de aliento a todas aquellas personas que crean que no pueden, siempre hay una alternativa para seguir adelante”. 

Wilman hace énfasis en la participación como la apuesta única y fundamental para que la sociedad viva y perviva con relaciones más de interdependencia que de dependencia, y como forma de que la vida humana se dignifique en todas las situaciones y momentos, pues estos siempre serán trascendentes. En cuanto a la alternativa de seguir adelante, considera que siempre existen espacios con soluciones, que aunque no sean las más grandes, brindan un camino para empezar de nuevo, desde cero o en algún punto determinado de su propia carrera y existencia.  

 

La madrugada del 12 de enero sorprendió a los habitantes de Nueva Jerusalén con la intervención de más de 700 efectivos de la Policía Nacional, Carabineros, Ejército y ESMAD, quienes acompañados por funcionarios de la Alcaldía de Bello y de Medellín,  buscaban desalojar y demoler 175 predios en donde viven entre  600 y 1.000 personas. 

“Desde las 5 de la mañana llegó el ESMAD, agrediendo a la gente porque se rehusó a salir, no porque no quisieran sino porque el municipio y el gobierno no ofrecen ninguna garantía, sólo ofrecen 3 meses de arriendo, según ellos  prorrogable, pero como ya hemos conocido otras personas que han salido y  no les han pagado el arriendo, no hemos querido salir por eso”, precisó Gloria Alzate*, quien llegó desplazada a este barrio desde Chigorodó y recientemente fue notificada de su desalojo; en su hogar viven 7 personas, quienes ahora tendrán que vivir con apenas 300.000 pesos que le ofrecen las entidades municipales. La situación de Gloria es la de cientos de familias que no saben aún como sortear un canon de arriendo tan bajo, los gastos económicos y adaptación que implica el cambio de hogar, del colegio de sus hijos y transportes.

Nueva Jerusalén está ubicado  entre  los  barrios  París,  La  Maruchenga, predios  del  Hospital  Mental  de  Antioquia y  algunas  fincas particulares; es jurisdicción territorial del municipio de Bello en el Predio denominado como El Cortado, sin embargo éste fue comprado en 1997 por la liquidada Corporación de Vivienda y Desarrollo Social –Corvide–, adscrita al Municipio de Medellín, con  el  fin  de  destinarlo a  vivienda  de  interés  social. Desde entonces este predio ha sido ocupado por familias provenientes de regiones marcadas por el conflicto social y armado. Un censo realizado en 2009 determinó que en ese lugar residían 1.118 personas en 261 grupos familiares; para el 2013 la Defensoría del Pueblo señaló que podría ascender a 2.000 el número de viviendas levantadas en este lugar, y a la fecha no hay una cifra sobre el número de personas que actualmente viven allí. La extensión de este asentamiento es de 60 hectáreas y es uno de los más grandes en la periferia de Medellín.

Según este informe de la Defensoría del Pueblo, el actual desalojo se da debido a un “fallo del Juzgado 26 Administrativo Oral de Medellín, del 14 de enero de 2013, que dispone que las personas que están a 30 metros del retiro de la Quebrada La Loca, en terrenos de  riesgo,  por  encima  de  la  cota  máxima  de  prestación  de  servicios  públicos  y  las  ubicadas  en  el polígono minero sean desalojadas”. Igualmente, el fallo indica que estas personas desalojadas deben tener alternativas de vivienda temporal y definitiva por parte de la  Administración  Municipal  de  Bello, y ordena al Municipio de Medellín titular los predios de las restantes familias que pueden quedarse en el asentamiento. Pese a esto, el manejo y comunicación de soluciones por parte de las administraciones causa desconfianza en las personas  notificadas de desalojo.

La incertidumbre ronda las expectativas de los pobladores que exigen tener una solución definitiva y formalizada de vivienda, mientras continúan las demoliciones de cada uno de los 175 hogares señalados de estar en lugar de riesgo. “Hoy me dijeron que si no salía de la casa me sacaban amarrada pa' fuera, y a los niños también, y nos tumbaban la vivienda, entonces yo empaqué todas mis cosas, ahí me dejaron esperando y nunca llegaron. A mí me parece que eso es un desplazamiento forzado”, expresa Rosa Vargas, otra de las afectadas que aún no sabe dónde dormirá mañana una vez se quede sin su casa, una pequeña construcción de madera y lata, de tres salones y un patio en cemento desde donde se divisa el Barrio Paris. Esta casa la construyó con ayuda de una fundación que intervino en el sector, y fue el lugar donde vivió con sus 7 hijos después de desplazarse desde el Chocó.

Después de los primeros días de desalojo, en los que hubo enfrentamientos entre la fuerza pública y la comunidad, donde resultaron heridas 42 personas, los habitantes de Nueva Jerusalén aún exigen a las autoridades claridades frente a su futuro. Algunas personas huyeron asustadas por las explosiones, detenciones y gases lacrimógenos que trajo consigo de manera indiscriminada el ESMAD, otras recorren las ruinas de las primeras casas demolidas buscando salvar algunos de sus enseres, o desarman sus hogares para armarlos en otro lugar o vender a bajos costos los materiales con los que estaban construidos. Otras, simplemente, se resisten a abandonarlos.

 

 

 

Yo voto con el Partido Verde Estadounidense, así que 2016 no fue la primera elección donde voté por una mujer. Tengo el privilegio de votar Verde por vengo de un estado liberal, donde no tengo que temer que mi voto pueda ser un voto que contribuya a que el Partido Republicano gane los votos necesarios para tomar los delegados del consejo electoral que representan mi estado, los cuales son 10 de los 435 delegados. En total, el consejo electoral tiene 538 delegados, de los cuales 435 son elegidos según la población de cada estado; por ejemplo un estado como Montana con baja población tiene un delegado, mientras un estado como Texas con alta población tiene 38 delegados; y el presidente es elegido por los delegados en el consejo electoral, y estos por ley no están obligados a votar como el voto popular de su estado. El resto de votos de delegados, 103 están divididos entre 100 Senadores, dos por estado, y tres que representan a la población que reside en Washington D.C., que es una ciudad que no se hace parte de ningún estado por ser el distrito capital federal.

Creo firmemente que votar por un partido diferente a los dos dominantes, Republicano y Demócrata, es necesario para la democracia del país, aunque sea indirecta, pero admito que no es una cuestión que he tenido que pensar mucho por mi condición privilegiada de haber nacido en uno de los estados más progresistas de la nación.

Para quienes reducen su discurso diciendo que los dos partidos son lo mismo, están equivocados. Aunque desde afuera puede parecer que las administraciones liberales y conservadoras de los EEUU son iguales, la verdad es que sí hay diferencias. Es cierto que el sistema bipartidista se protege, y hay similitudes entre los dos partidos, pero hay grandes diferencias entre tener una administración Demócrata Progresista versus una administración Republicana Conservadora. Las diferencias son muy sentidas dentro del país, y tienen que ver con derechos humanos, medio ambiente, salud, educación y  libertades civiles. Hablando de Trump, el sujeto está contra la libertad de la prensa, es aislacionista en un mundo globalizado, no ‘cree’ en el cambio climático, nunca ha tenido una oficina pública, de hecho  nunca ha tenido que responder a nadie sino a sí mismo, y planea elegir  jueces conservadores para la corte suprema que afectará esta generación y la próxima venidera en todo sentido jurídico, desde leyes de financiamiento de campañas electorales hasta libertades civiles. Sin duda una administración Demócrata hubiera sido mejor para el país.

El Partido Demócrata

Una amiga, militante del partido Demócrata escribió: “Nosotros hicimos esto a nosotros mismos. Por no instalar un sistema de educación accesible para todos, creamos un grupo masivo de votantes que no han pasado por la universidad. Fallamos en no tomar posturas fuertes por justicia racial y por ello no animamos a las minorías para que militaran dentro del partido Demócrata. Fallamos en asegurar el empleo para trabajadores desempleados por la globalización y automatización de las industrias y así, dejamos que un grupo previamente Demócrata se convirtiera en una masa enojada, miedosa y traicionada por el partido. La retórica no basta”.

Estoy de acuerdo con muchos de sus sentimientos. 16 de los últimos 24 años han sido manejados por administraciones Demócratas, pero no han apoyado a su base, e incluso han contribuido a deteriorar a los sindicatos obreros y la asistencia social, y simultáneamente han apoyado el modelo neoliberal y globalizado. Esto lo han hecho durante una fase donde hemos visto la muerte del periodismo de investigación y el reemplazo de ensayos largos y editoriales de análisis en Twitter y realitys tv, donde cualquier persona dice cualquier cosa y termina siendo ‘la verdad’, sin tener que pasar por ninguna revisión contrastada con cifras u otros argumentos. O sea, lo retórico se vuelve en verdad política. Es un mundo peligrosísimo para la democracia.

Históricamente, electores en los EEUU sin una educación universitaria tienden a votar Republicano. Los Demócratas saben esto tanto como los Republicanos, pero los Demócratas no han reformado el sistema educativo en cuanto a la  privatización de la Universidad, ni han bajado costos para que las universidades públicas sean accesibles, cuando al mismo tiempo que los empleos que son bien pagados en las industrias actuales de los EEUU, requieren de un diploma universitario. Además, esa base tradicional de obreros ya no tiene el poder que tenía para presionar a través del sindicato por sus derechos laborales. Estos están, como dice mi amiga, cansados de la retórica. Por ejemplo, es verdad que el salario mínimo tiene que subir, pero estos desempleados quieren trabajo con salario digno, no reemplazar sus trabajos por industria exportada, o estar robotizados por un trabajo de servicios, de servidumbre, con un salario mínimo.

Se puede sumar a esa frustración económica otro gran error del discurso Demócrata. En esta elección: los que votan por Trump son “racistas y homofóbicos”, pero esto no es verdad. Trump es racista y homofóbico, pero no es lo mismo decir que toda la gente que consideró votar por el partido Republicano lo es.  Esta acusación alejó a muchos estadounidenses blancos, más que todo en áreas rurales, que están sufriendo por su condición de clase y el partido subestimó las necesidades materiales de estos.  Mientras en otras épocas activistas han sido más efectivos en juntar esas necesidades cruzando raza y clase, en este ciclo electoral Trump llegó con la promesa que esa gente han querido escuchar: un empleo digno con buen pago, o sea, una promesa tradicional del partido Demócrata.

Él no va a cumplir con esta promesa, pero este no es el punto. El punto es que dijo lo que la gente necesitaba escuchar, mientras los Demócratas estaban señalándoles de ser racistas y homofóbicos por pensar en votar por Trump. Para ser clara: los Demócratas tienen dentro de su plataforma un plan para la economía de la clase media, que es mejor para la clase media que las mentiras de Trump, pero la campaña de Clinton eligió no enfocarse en ello. Es una lucha de clases, en gran medida. El partido Demócrata demonizó la clase trabajadora blanca por ser racista y no se enfocó en la dimensión de la economía, donde el partido Republicano (o el loco demente Trump) les prometió trabajo digno con buen salario. Tal vez es necesario reconocer que es menos racismo y más necesidad económica lo que causó que la clase obrera blanca abandonara el partido Demócrata en esa elección. Acordamos, al final, que esta misma gente eligió a Obama dos veces en los últimos ocho años.

 

Trump y el Partido Republicano

Trump llegó a ganar la presidencia sin el respaldo de “su” partido, y su habilidad de resolver las diferencias entre su campaña rebelde y las élites de su partido va a determinar cuánto tiempo se queda en el puesto. Trump, quien nunca ha tenido que recibir órdenes de nadie, va a tener que reconciliarse con el partido porque su éxito depende de esto. Ya ha empezado a bajarse  de las promesas de su campaña con las cuales el partido no estuvo de acuerdo: ya no va a construir un muro entre los EEUU y México, va a trabajar con cabilderos, y no va a revocar el ObamaCare. El partido Republicano, después de esas elecciones, tiene control del Senado y la Casa de Representantes, que quiere decir que le puede hacer mucho daño al país si Trump se pone en fila a marchar con ellos. Trump no es un conservador tradicional del partido, ha denunciado los tratados de libre comercio y quiere gastar en infraestructura desde el gobierno federal, dos cosas con las cuales el partido Republicano está en contra, y nadie ha mencionado cómo se va a resolver hasta la fecha

Me atrevo a decir que la mayoría de la gente que votó por Trump no son racistas, misóginos, homofóbicos o locos, como él ha probado ser. Aun así, algunos sí lo son: desde que ganó Trump, el KKK volvió a marchar en público, y han subido crímenes de odio contra minorías étnicas, negros, latinos, inmigrantes y homosexuales. Organizaciones de derechos humanos están temiendo, y con razón, por lo que pueda deparar al pueblo Estadounidense si el gobierno nacional no controla esa situación lo más pronto posible.

Sexismo en los EEUU

Los números finales, tanto como los números de abstención, no han sido publicados hasta la fecha, pero algo claro es que los hombres blancos prefieren a Trump, o si no a él como sujeto, por lo menos al partido Republicano. Este dato no sorprende a nadie. Los que tienen el poder no lo van a entregar gratis, y los hombres blancos en los EEUU siempre han tenido el poder, y sigue en ello. La diferencia de preferencia por género en esta elección sí fue sorprendente, la más grande desde los años 50: según los primeros números, las mujeres prefirieron a Clinton por 12 puntos, y los hombres a Trump por 12 puntos, poniendo 24 puntos de porcentaje entre género en preferencia.

El país es más sexista que racista. Cuando Obama fue elegido a la presidencia de los EEUU, hubo un cambio simbólico en términos del  racismo en este país. Lo mismo hubiera podido ser Hillary para las mujeres y el sexismo, un cambio simbólico para empezar otro trato hacia las mujeres, y hablar de sexismo desde la perspectiva de una mujer. Lamentablemente el país no está listo para tener una presidenta, o sea, ni simbólicamente está listo para cambiar el discurso sexista y poner en marcha otra relación entre géneros.

Me duele decirlo, pero Bernie Sanders le hubiese ganado a Trump. No porque la gente sea más izquierdista, ojalá, sino porque debatiendo con Bernie, Trump no hubiera podido reducir su debate a insinuaciones sexistas. Entre dos hombres blancos, no hubiera podido jugar el rol de maltratador, ya que siendo macho blanco versus macho blanco hablando de política, Trump no hubiera ganado a ninguno.

Mi amiga militante del partido Demócrata lo resumió así: “Otra vez, un hombre blanco que habla más duro, grita, es más agresivo, quien nunca expresa desconfianza de sí mismo ni hace auto-reflexión, va a tener un ascenso, en vez de una mujer profundamente cualificada y experimentada”, y sigue, aún más grave, en las implicaciones para las mujeres en la sociedad:  “Puedo tener la seguridad que cuando soy víctima de acoso callejero es algo tácitamente y sistemáticamente condonado por otros, incluyendo la oficina más alta de la nación. Puedo tener la seguridad que la gente en mi gremio me va a ver como una ayudante en vez de lideresa, y que voy a tener que amablemente explicar mi experiencia para ganar un trabajo y después con toda certeza ser pagada con menor salario. Puedo tener la seguridad que los líderes en los lugares del trabajo, incluyendo las ONGs, se van a enfocar ‘en la misión’, en vez del trabajo de deconstruir sistemas de racismo, sexismo, clasismo y sus propios sesgos”.

Y otra amiga mía, Jackie, reflexiona cómo tantos padres y educadores expresaron el día después de las elecciones, a nivel personal, no saber cómo responder a sus hijos y alumnos: “Es más que el haber perdido mi partido político, y más que la derrota de ideales progresistas. Es un insulto personal, es un golpe a traición. Esto no es porque la gente esté cansada con el “establecimiento”, es porque no importa lo que una mujer hace, aprenda, diga o logra, porque siempre va a ser una mujer. Fue muy duro mirar a los ojos a mis hijas esta mañana, para saber que su luz interna, su curiosidad y su entusiasmo para la vida siempre van a confrontarse con hostilidad. Hostilidad contra su audacia de pensar que son valiosas simplemente por ser. El mensaje es claro: chicas, pueden ser todo lo que quieran, menos… suficientes”.

Poniendo mi política al lado, es necesario reconocer que las mujeres están de luto en los EEUU, más que todo las generaciones de mujeres progresistas desde mi abuela y desde mi mamá, que tomaron tanto orgullo en poder votar por una mujer, y por tener una esperanza tan grande de vivir para ver la primera presidenta de la nación. Sinceramente, espero que vivan para verla, aunque no sea Hillary Rodham Clinton.

Voto Popular versus Consejo Electoral

Trump no ganó el voto popular en los EEUU, algo muy importante para entender. La mayoría de los votantes en los EEUU no quieren a Trump, sino a Clinton. Hasta que voten los delegados del consejo electoral en diciembre, Trump no ha ganado la presidencia. Sin duda las movilizaciones de estos días en los EEUU están tratando de afectar las votaciones de los delegados, los cuales tienen el poder y derecho legal de votar por Clinton.

Demócratas han ganado el voto popular en 6 de las ultimas 7 elecciones presidenciales, pero los constituyentes de los EEUU están divididos y muy polarizados en su política. Encuestas recientes han mostrado que cada partido teme de la política del otro, o sea, tenemos miedo de nosotros mismos, y estamos votando casi 50-50 al nivel nacional.

Ninguna elección puede ser reducida solo a género o a raza, pero los números de quienes votaron en esa elección son impresionantes. Los blancos en los EEUU siguen siendo la raza que más sale a votar, y al final son ellos los responsables de elegir a Donald Trump. Mientras más información demográfica sea conocida, más atención se le va a prestar a la diferencia entre educación, edad, clase económica, y todas las cosas que dividen la raza en subagrupaciones, pero mirando las cifras es claro que los blancos lo eligieron, y más precisamente, los hombres blancos:

  • Hombres blancos representaron 34% de los votos y votaron 31% Clinton, 63% Trump, 6% otro
  • Mujeres blancas representaron 37% de los votos y votaron 43% votaron Clinton, 53% Trump, 4% otro
  • Hombres negros representaron 5% de los votos y votaron 80% Clinton, 13% Trump y 7% otro
  • Mujeres negras representaron 7% de los votos y votaron 94 % Clinton, 4% Trump y 2 % otro
  • Latinos representaron 5% de los votos y votaron 63% Clinton, 33% Trump y 5% otro
  • Latinas representaron 6% de los votos y votaron 68% Clinton, 26% Trump y 6% otro

La lucha y la esperanza

Al nivel nacional, el sistema bipartidista está siendo reevaluado por la población después de este ciclo de elecciones presidenciales. Ningún partido tenía la base y su liderazgo unido atrás de un candidato (en el partido Demócrata la base estuvo atrás de Sanders mientras el partido escogió a Clinton, y en el partido Republicano la base estuvo atrás de Trump mientras el partido tiraba para cualquiera que no fuera él). Más gente votó con otros partidos que en elecciones anteriores y estadounidenses están prestando más atención a la política. Todo esto es necesario para hacer cambios al sistema.

La gente blanca tiene la responsabilidad de parar el resurgir de grupos de supremacía blanca que están de fiesta por haber ganado Trump y ya se están organizando para esto. La lucha se ha vuelto muy real e intensa nacionalmente durante unos días contados desde el 8 de noviembre. La respuesta no ha demorado por parte de los constituyentes y movilizaciones masivas están pidiendo la intervención del consejo electoral y la solidaridad entre poblaciones para luchar contra la próxima administración en cabeza de Trump. Es seguro que la lucha de Trump no va a ser simplemente burocrática, también va a tener que luchar para que sus propios constituyentes no se movilicen para destituirlo. Dentro de su propio partido tienen mucho que resolver, y los senadores más izquierdistas como Elizabeth Warren y Bernie Sanders ya están comentando cada uno de sus movimientos, mientras nombra su equipo de transición.

El gobierno de EEUU es más que todo manejado al nivel local. Los estados tienen mucho poder de autonomía. Sería irresponsable, entonces, ignorar que en las elecciones del 8 de noviembre votamos para nuestros representantes al nivel de estado.  Mientras Trump ganó por el consejo electoral, al nivel estatal el voto popular tuvo noticias más inspiradoras. California eligió su primera procuradora, Kamala Harris. Catherine Cortez Masto ganó un puesto por los Demócratas en el senado desde el estado conservador de Nevada, y es la primera latina para servir en el Senado de los EEUU. La gobernadora electa de Oregon es lesbiana, la primera en la nación que fue abiertamente lesbiana durante su campaña. Tammy Duckworth es una Demócrata veterana de la guerra en Iraq quien perdió sus dos piernas en combate y le ganó al titular Republicano para poner su estado de Illinois en manos del partido Demócrata. De gran orgullo personal para mi estado de Minnesota, elegimos la primera somalí-estadounidense, Illhan Omar, a representarnos como legisladora. Omar vino a los EEUU a los 15 años, es una lideresa para su comunidad, y feminista interseccional quien ha dedicado su vida a los derechos de las mujeres y la participación cívica. Esto sin mencionar las ganancias al nivel de condados, municipios, distritos y barrios, donde la política se pone en marcha, los elegidos y sus bases se mueven y se organizan, y el discurso de plataforma se vuele irrelevante frente a la práctica y la lucha de construir el país que queremos, como dice la constitución:  por y para el pueblo.

 

 

La concepción americana del bien común es un libro escrito por Jaime Celis Arroyave, que analiza el hilo conductor de la historia de nuestro continente, desde sus verdaderos orígenes, los indígenas, hasta nuestros días; hilo conductor que se refiere a la lucha entre la concepción del bien común, desarrollada por los pueblos originarios, durante miles de años (el mayor aporte de América a la humanidad), y la concepción de la codicia particular, impuesta violenta y engañosamente por los invasores eurocristianos, a partir del siglo XVI. Por tanto, un balance de la rebeldía que hemos construido los pueblos americanos durante cinco siglos de resistencia a los diferentes imperialismos, que ha devenido en una corriente de avanzada, fundamento de nuestra inaplazable liberación.

En la presentación, el autor dice:

“América, a lo largo de su milenaria historia, que parte de los pueblos indígenas, ha construido su propia experiencia, su propia cultura y, esta, a pesar de la enorme influencia externa, a partir del siglo XVI, principalmente europea, sigue siendo americana, es decir, única; pero, a la vez, forma parte del bagaje cultural del mundo, con el que se interrelaciona dialécticamente y al que le ha aportado importantes elementos. Sin embargo, sigue teniendo, como los demás países y continentes, su propia identidad, la cual debe ser entendida para poder impulsar los cambios más acertados.

Precisar la singularidad de América, sin subjetivos regionalismos, es, además de recuperar y darle significado a sus valiosos aportes a la cultural mundial, encontrar el camino acertado para su transformación al servicio del bien común”.

Y en otros apartes dice:

“Con la concepción indígena del bien común se inició tanto la historia de América como la de su proceso revolucionario que nos llevará a una sociedad integral, plena, equitativa soberana y en paz, para el buen vivir”.

“El pueblo americano tiene su propio y original discurso, expresado por millones de bocas y de ejemplos a lo largo del continente y de su historia; este discurso cuenta con una matriz: el bien común, la cual tiene presencia, gracias a nuestros pueblos indígenas, desde el principio de los tiempos”.

El libro puede conseguirse en la sede del periódico Periferia, en algunas de las principales librerías de Medellín, o llamando a su autor, al teléfono 3146020150.  

    

 

La Fogata Editorial y Lanzas y Letras presentan una nueva edición, corregida y actualizada, de la obra escrita por Carlos Medina Gallego que recrea la mística de resistencia y las vivencias cotidianas del movimiento estudiantil en sus épocas de mayor radicalidad. Presentamos las palabras de las editoriales y del propio autor que prologan esta nueva edición.

 

En Medellín, pedidos: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Desde todo el país, compras online: http://www.lafogataeditorial.com/libros/al-calor-del-tropel

 

Por qué esta reedición, por qué ahora

 

En las presentaciones públicas de nuestros libros le damos especial importancia al debate, las opiniones y las sugerencias de los participantes. “Sería bueno reeditar Al calor del tropel, un libro de referencia para el movimiento estudiantil”, dijeron, en una ocasión. Tomamos nota de la sugerencia. Consultamos a jóvenes —y no tan jóvenes, ya que la primera edición del libro es de 1992—, hablamos con estudiantes que hoy se organizan en las distintas facultades del país. El veredicto fue unánime: sería muy bueno reeditar el libro. Para eso están nuestras editoriales: para recoger las inquietudes, necesidades y demandas del movimiento social. El paso siguiente, entonces, fue llevarle la idea al autor.

Carlos nos recibió en su casa, aceptó la propuesta sin dudar. Sellamos el acuerdo sin papeles, sin firmas: bastó la fraternidad y la confianza.

Sin adentrarnos en debates que exceden a este modesto espacio introductorio de una obra que marcó épocas, sí podemos decir cuál ha sido nuestra motivación política —como editores, como militantes de iniciativas culturales, pero militantes al fin— al apostar a la reedición de este texto.

Quienes hacemos La Fogata Editorial, quienes sostenemos Lanzas y Letras, creemos que la memoria histórica tiene peso propio, más allá de las coyunturas. Entendemos esta reedición como un aporte a mantener viva la mística de lucha, el sentido de compro- miso, la vocación de entrega militante que expresa la obra original. La realidad actual sigue tan signada por injusticias estructurales, por padecimientos y cercenamientos a las libertades, como lo es- taba en la época de radicalización juvenil que refleja esta historia.

Hoy como ayer las expectativas de cambio social siguen estando en la juventud, en particular en aquella que resiste la marginalidad, el estigma social y el racismo; la misma que en décadas pasadas pobló las universidades públicas y vivió los padecimientos de los barrios populares, siguiendo el ejemplo de Camilo Torres. Una juventud que, al igual que los y las jóvenes de Al calor del tropel, desborda la universidad, se compromete con el estudio, con la militancia, y mantiene viva la lucha por cambios estructurales. Junto a esa juventud, seguimos creyendo que el fondo de la propuesta y la práctica política estudiantil iniciada el siglo pasado es cuestión del presente.

 

La Fogata Editorial Lanzas y Letras

Noviembre de 2016

 

Prólogo a la tercera edición

Carlos Medina Gallego

El camino recorrido por el activismo estudiantil en las dos últimas décadas está cargado de sueños y esperanzas, de escuelas cotidianas de formación que se confrontan con las viejas y ancladas prácticas de movilización, que se reinventan y se colorean de los entusiasmos con que siempre está vestida la legítima protesta juvenil.

Una nueva generación de liderazgos se coloca al frente de la lucha por una educación pública al servicio de las necesidades del país, que esté financiada con suficiencia y oportunamente por el Estado, que sea gratuita y con la oferta de bienestar necesario para garantizar que los ambientes y atmósferas universitarias proporcionen el aire suficiente y sano para que los futuros conductores de la nación se formen al más alto nivel y con las mayores oportunidades. Esta nueva generación tiene un orden de motivaciones distintas a las que nos movieron a nosotros en la década que va de finales de los 60 a comienzos de los 70, en un universo global que los coloca frente a nuevos retos personales y colectivos.

 

Pese a esto, en su corazón habita el pálpito de la rebeldía, un humanismo que se niega a desaparecer en el abismo del pragmatismo económico, y residuos del altruismo que llevó a miles de jóvenes de otras generaciones a asumir grandes sacrificios en el convencimiento de estar haciendo lo correcto. Esta nueva generación debe hacer la lectura correcta de su tiempo, encontrar la razón de ser de su forma de existir en lo colectivo, abrigar pequeñas y grandes luchas reivindicativas con la mayor objetividad posible y en el marco de logros alcanzables. Debe moverse con mayor inteligencia que la nuestra, porque son mayores los retos, más grandes los obstáculos, y no por ello insignificante el mundo de las oportunidades. Deben, como comunidad, hablar una sola lengua, la de la unidad, y salirse de la torre de babel de las ideologías, sin abandonarlas como fundamento pero haciendo especial énfasis en lo político, que es lo que realmente transforma; hay que dejar hablar a la práctica que une y callar a la palabra que distancia.

 

Estamos entrando a un momento histórico complejo, cargado de grandes incertidumbres y expectativas donde, inevitablemente, los jóvenes de hoy van a tener que jugar un papel determinante en la construcción de una sociedad más digna, libre y democrática. Estamos tratando de cerrar un largo ciclo de violencia que se niega a morir y que sigue consumiendo la vida de los más humildes en la voracidad acumulativa de poder de los más poderosos. El camino de construcción de paz no es nada fácil, porque no desaparece de un día para otro la discordia que alimentó décadas de odio y de venganza. Pero los jóvenes universitarios de hoy tienen que tomar en serio su papel, sacar suficiente distancia del pasado, y proyectarse cargados de amor por la vida en una ruta de reinvención del país de sus padres y abuelos. Tienen que poner fin a esa costumbre despreciable que establece que los hijos de los pobres vayan a los campos de batalla para que los hijos de los poderosos vayan a las zonas francas y a las zonas rosas.

 A esta altura de mi existencia no soy nadie para recomendar nada, pero si pudiera reiniciar mi vida, sin arrepentirme de nada de lo hecho —que fue lo que le correspondió a los jóvenes de mi tiempo, cuyo espíritu se ve reflejado en este libro—, comenzaría por prestar mayor atención a mi formación profesional y humanística, compensar de mejor manera los sacrificios de mi familia, estar más cerca de las necesidades de la gente que de las de mi organización política, y construir conjuntamente con los otros una ruta de realizaciones pequeñas de las que pudiera dar razón al cabo del tiempo. Acompañaría más a los liderazgos naturales que a los liderazgos impuestos y me formularía como propósito hacer de mi país un territorio en el que cada uno de sus habitantes tuviese garantizado los derechos fundamentales.

Este país necesita de muchos y bellos profesionales para que lo habiten del lado de la gente y los territorios; estoy convencido que un buen ingeniero, un buen médico, un agrónomo, cualquier profesional ejerciendo humana y justamente su oficio, cargado de amor por los seres humanos y por su patria es, por ese solo hecho, un auténtico revolucionario.

Si hoy pudiera comenzar de nuevo, mi programa político se- ría sencillo y contundente: lucharía para que en mi país la vida se respetara a cabalidad y tuviera una connotación sagrada; para que nadie, ni institución alguna, se considerara con derecho a poner fin a la vida de un ser humano. Trabajaría del lado de los ambientalistas en la defensa de los patrimonios comunes de la humanidad: el agua, los páramos, los bosques, las selvas, el aire, la iluminación solar, la biodiversidad, el planeta como recurso de vida; por la utilización adecuada y racional de los recursos y por una cultura sustentable de las relaciones del ser humano con la naturaleza.

Buscaría por todos los medios que se garantizara a plenitud el derecho a la alimentación y la seguridad y la sustentabilidad alimentaria de la nación; que en todos nuestros hogares la gente tuviese derecho a sus siete comidas diarias y que los niños y niñas, además, lleven repletos de frutas y dulces sus bolsillos cuando corran tras las mariposas y los sueños. Trabajaría para que todas las familias tuvieran una casa lo suficientemente amplia donde dar cabida a la solidaridad y a la sonrisa de las mujeres y de los trabajadores, una casa que tuviera más espacio y luz que cosas innecesarias y asfixiantes. Una casa que, además, estuviese construida desde nuestras tradiciones pluriétnicas y multiculturales.

 No economizaría el menor esfuerzo por conseguir para todos una educación de calidad desde el vientre hasta la muerte, en la vida y para la vida, cargada de las pertinencias y necesidades del país y repleta de oportunidades para todas las condiciones socia- les; una educación capaz de orientar los talentos y condiciones de cada uno, en la que los programas tengan en consideración las capacidades y limitaciones de cada ser humano, potencien las primeras y vayan llenando con paciencia el reloj de las segundas.

Volvería a marchar sin la menor duda por el hospital de La Hortúa y por el derecho a una salud de calidad, preventiva y curativa, a cargo del Estado. Por el derecho al trabajo digno, bien remunerado, de calidad, que tenga todas las garantías y seguridades laborales y prestacionales, la mayor estabilidad. Un trabajo que les permita a todos los ciudadanos y ciudadanas del país reproducir sus condiciones de existencia y las de sus familias, con calidad, sin angustias ni incertidumbres.

 Acompañaría las luchas de las mujeres y de las comunidades LGTBI por sus derechos; saldría a marchar en tacones si fuese necesario, sin el menor escrúpulo ni la menor vergüenza. Levantaría en alto la bandera de la no violencia contra la mujer y la no exclusión por ninguna causa. Me sumaría a la lucha de los defensores de los derechos humanos, a las de las comunidades afrodescendientes e indígenas y la de los sectores populares; volvería a marchar cuantas veces fuese necesario para demandar derechos y trabajaría para hacerlos efectivos.

Luchar por el derecho a la vida digna, la alimentación, la vivienda, la educación, la salud, el trabajo, la cultura, el ocio y la re- creación, sería —o seguiría siendo— mi nuevo programa de lucha política.

Hoy pienso que los jóvenes estudiantes tienen una mayor responsabilidad política, y que deben participar decidida y organizadamente en los escenarios de la lucha política democrática por los cargos de elección popular en todos los espacios posibles. Deben hacer a un lado los impedimentos ideológicos, políticos y morales para cumplir con la obligación ética y moral de servir con integridad y honradez a su sector social y a su país.

La publicación de esta nueva edición de Al calor del tropel, que ha acompañado la lucha estudiantil en las últimas décadas, debe servir para orientar la lucha de los jóvenes en un deslinde con su pasado y en la construcción de un nuevo horizonte de realizaciones, que debe comenzar con la recuperación juiciosa del espíritu que inspiró el surgimiento y la lucha de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil —MANE— y su programa mínimo. Esa es la historia de hoy.

 

"Vamos por una Paz Completa” puntualizó el Presidente, Juan Manuel Santos,  en su alocución de este lunes después del anuncio de la instalación de la fase pública de negociación entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional -ELN-, realizado desde la Casa Amarilla en la ciudad de Caracas, Venezuela.

Tres años duraron los diálogos exploratorios entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla del ELN, ya el pasado 30 de marzo ambas partes habían anunciado el acuerdo de diálogo para la paz de Colombia, reconociendo que “la paz es un bien supremo de toda democracia, y con el objetivo de ponerle fin al conflicto armado, erradicar la violencia de la política; ubicando en el centro del tratamiento a la situación de las víctimas; y avanzar hacia la reconciliación nacional mediante la activa participación de la sociedad en la construcción de la paz estable y duradera”. La agenda de este proceso consta de 6 puntos: 1. Participación de la Sociedad en la Construcción de la Paz, 2. Democracia para la Paz, 3. Transformaciones para la Paz, 4. Víctimas, 5. Fin del Conflicto Armado y 6. Implementación.

 Con la participación de cuatro delegados del Gobierno Nacional y cinco del Ejército de Liberación Nacional -ELN-, ambas delegaciones comunicaron que  instalarán el próximo 27 de Octubre en la ciudad de Quito, Ecuador, la  fase pública de negociación. Estos diálogos iniciarán con el punto de “Participación de la Sociedad en la Construcción de la Paz”, donde se plantea que será: primero,  en función de iniciativas y propuestas, que hagan viable la paz, en el curso y contexto de este proceso, segundo, sobre los temas de la agenda y tercero, un ejercicio dinámico y activo, incluyente y pluralista, que permita construir una visión común de paz que propicie las transformaciones para la nación y las regiones.

De igual manera se acordó iniciar con el proceso de liberación de personas retenidas por esta guerrilla  antes del 27 de octubre (2 casos), el comandante Pablo Beltrán Jefe Negociador de esta guerrilla manifestó la voluntad que se tiene para demostrar un ambiente favorable a la paz. Ambas partes se comprometieron a partir de la fecha a realizar otras acciones y dinámicas humanitarias en favor del anhelo del pueblo colombiano. Ambas delegaciones agradecieron a los países garantes Venezuela, Ecuador, Cuba, Chile y Noruega por el apoyo en este proceso tan importante para el pueblo colombiano.

Por su parte, el Presidente Juan Manuel Santos en su alocución se dirigió a las y los colombianos, expresando que: “hoy tenemos una gran oportunidad para lograr una paz no sólo estable y duradera, sino más amplia y más profunda“, calificó el inicio de las conversaciones como una buena noticia y reconoció como fundamental para el proceso la liberación de las personas retenidas por esta guerrilla. El Presidente finalizó su intervención planteando que ahora con la nueva mesa se fortalece el anhelo de paz y ésta será una paz completa y después de leer una carta entregada por una niña de Bojayá el día de ayer en su visita, Santos llamó,  por los niños y niñas y el futuro de Colombia, a construir la paz.

El pasado viernes 7 de octubre la lluvia no impidió que cerca de 30 mil antioqueños salieran a movilizarse en defensa de la solución política del conflicto armado y a los acuerdos firmados entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.  Miles de estudiantes universitarios, víctimas, organizaciones sociales y familias se dieron cita en el Parque de las luces para salir a marchar hasta el Teatro Pablo Tobón Uribe bajo la consigna: "La paz nos pertenece: acordemos ya".

 

Ya lejos de las cámaras, de las prebendas, del posible Premio Nobel y del reconocimiento mundial, el presidente colombiano Juan Manuel Santos se revuelve en su laberinto: cómo matar la esperanza de paz firmando un acuerdo de paz. Hoy Colombia ha vuelto a experimentar el mismo miedo con el que ha aprendido a sobrevivir en el último medio siglo

El sobrevuelo de los cazabombardeos israelíes  Kfir cuando se firmaba el acuerdo de paz en Cartagena de Indias, fue un mensaje a García, el aviso de un plan en marcha contra los diálogos. Rodrigo “Timochenko” Londoño, líder de la guerrilla, se preocupó con el intimidante vuelo rasante. Sabía que tras un sobrevuelo, llegaba la destrucción. Y esta vez, el mensaje era la destrucción de la paz tan arduamente negociada y negada.

Lo cierto es que las negociaciones se llevaron a puerta cerrada y a espaldas de la gente, sin  participación popular y sin un debate colectivo que permitiera convertir al pueblo en cómplice, en militante del proceso de paz, en lugar de tratarlo como un extraño que debía aprobar lo que lo que se había pactado desde lejos y en reuniones cerradas.

¿Un montaje?

Hay quienes tienen dudas sobre las causas del plebiscito, y el montaje del gran operativo electoral a sabiendas de antemano que cualquier resultado no tendría efectos jurídicos ni legales sobre lo acordado, y afirman que se trató de una concertación entre dos sectores de la derecha colombiana que compartieron durante años los presupuestos del Plan Colombia, los miles de millones de dólares estadounidenses y la inteligencia, asesoramiento y entrenamiento israelí.

Son sectores que necesitan volver a reunir sus intereses militares, financieros y políticos comunes, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, que durante años jugaron a ser enemigos, intentanto dejar a la ciudadanía una sola opción: uno o el otro.

Aunque ello significara un plantón al acompañamiento internacional, una bufonada de la clase política dirigente, el terror mediático y  la poca seriedad de un gobierno que abre la posibilidad de revisar el Acuerdo para incluir las pretensiones del poder fáctico, el de los grandes empresarios y terratenientes para quienes la guerra ha sido un negocio que no quieren perder.

¿Se trata de permitirle al uribismo un reencauche político y electoral para que se incluyan en el Acuerdo beneficios jurídicos a militares y paramilitares condenados por masacres y genocidios cuando Uribe era –primero- gobernador de Antioquia y luego presidente del país, con Santos en el Ministerio de Defensa?, se preguntan.

Ya el jesuita Francisco de Roux, una voz sensata dentro del catolicismo colombiano, señaló que el plebiscito sobre la paz se estaba convirtiendo en una suerte de debate pre electoral, donde entraban más en juego las opciones políticas de dos viejos rivales, el presidente Santos y el ex presidente Uribe, que las posibilidades de la propia paz. ¿Maquiavélico?

Para el escritor Héctor Abad  Faciolince, las preocupaciones de Uribe no son los puntos sobre la tierra (Desarrollo Agrario Integral); de desmovilización y zonas de concentración (Fin del Conflicto); sobre la sustitución de cultivos (Drogas Ilícitas); y menos aún el plebiscito (Verificación y Refrendación), sino los puntos segundo (participación política) y quinto, que contiene es la Jurisdicción Especial para la Paz y el Sistema integral de Verdad, Justicia y Reparación, al que se pueden acoger los militares condenados por crímenes conexos al conflicto y, a partir de ahí, cabe la posibilidad de que se llame a juicio también a los civiles implicados por los militares. “Este es el quid del asunto, ahí están los verdaderos motivos del No”.

 

La historia, el miedo ¿vuelven a repetirse?

 El sentimiento es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia, explica la escritora Laura Restrepo, quien fue negociadora de la paz con el Movimiento M-19 en los años ´80. “Los colombianos sabemos por experiencia que un proceso de paz abortado, con la consiguiente situación ambigua entre legalidad y clandestinidad, pone en alto riesgo la vida de quienes han participado en las negociaciones con nombre propio y a cara descubierta”.

La historia reciente de Colombia muestra que en medio de un proceso de paz  ocurrió la matanza de dos mil militantes de la Unión Patriótica, organización legal afín a las FARC, y recuerda el asesinato de la mayoría de los comandantes del M-19 durante el proceso de desarme e ingreso a la política legal.

El mecanismo y la pregunta

A la hora de explicar un resultado que tomó a muchos por sorpresa, las miradas apuntan al mecanismo con que se llevó a cabo la consulta: el plebiscito, una herramienta de participación directa cuestionada por ciudadanos y expertos: ya pasó recientemente con el Brexit en Reino Unido.

Las declaraciones del líder de las FARC, Timochenko, de que iban a reflexionar e intentar que el proceso siga adelante, sugieren que tal vez no había necesidad de darse tanta prisa. ¿Para qué convocar la consulta entonces? Quizá hubiera sido mejor que la propuesta partiera de la ciudadanía, tras un proceso de debates. Entonces se hubiera tenido  que reunir firmas para un referendo, pero se debiera dejar la iniciativa en manos de la ciudadanía.

Hay un componente de manipulación y  eso es evidente también en la manera en que está formulada la pregunta. La pregunta no fue “¿Aprueba usted los acuerdos de paz?”, sino “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Lo lógico es que pregunta fuera “Sí” o “No” a los acuerdos de paz, todo eso de la paz estable y duradera sobraba.

Jürg Steiner, profesor emérito de la Universidad de Berna, en Suiza, y experto en política deliberativa, señala que hubiera sido buena idea plantear otras subpreguntas: ¿Sostiene que no hay que acordar de ninguna manera con las FARC? ¿O apoya la apertura de nuevas formas de negociación?

También se debe analizar cuál es el rol de un presidente convocando a una consulta de este tipo. Yanina Welp, directora para América Latina del Centro de Investigación sobre Democracia Directa de la Universidad de Zúrich, señala que en un proceso como el de Colombia es importante que haya deliberación pública pero que la consulta no debiera ser vinculante salvo que la ciudadanía lo pidiera, y en Colombia eso no estaba en la agenda sino que fue Juan Manuel Santos quien lo puso. Y aquí hay lugar para suspicacias.

Manipular el miedo

Lo que sí queda claro, es que volvió a ganar el que sembró más miedo. Con bases infundadas y conclusiones erróneas, por puro miedo, los colombianos rechazaron la paz acordada entre el gobierno y los comandantes de las Farc.

La ultraderecha ganó el plebiscito y ha hecho oposición con la misma estrategia con que gobernó Álvaro Uribe: infundiendo miedo a punta de mentiras y de medias verdades, de señalamientos y de campañas de odio, a sabiendas de que la confrontación le da más réditos que la cooperación.

Vladdo, periodista y caricaturista colombiano, recuerda que en las últimas cuatro elecciones presidenciales las campañas han gravitado siempre alrededor del miedo a las FARC y de cómo librarse de ese temor. Ese fue el factor determinante en la elección de Andrés Pastrana, quien se propuso como derrotero devolverle la tranquilidad al país mediante un acuerdo de paz con esa guerrilla. Luego, como reacción al fracaso de Pastrana, el país eligió a Uribe, quien durante su campaña prometió combatirlas, aunque decretó que el conflicto no existía.

Y con esa bandera antiguerrillera y un grito permanente de guerra se hizo reelegir, de una manera poco ortodoxa, pero con el miedo como banda sonora y la seguridad como promesa. “La culebra sigue viva”, solía decir.

Con su política de la seguridad democrática, Uribe se consagró como el mayor manipulador de los miedos y para preservar su legado ungió a Juan Manuel Santos como su heredero. Sin embargo, cuando optó por hacer la paz con las FARC, Uribe se transformó en su más fiero opositor. Nunca en la historia moderna de Colombia un expresidente había sido tan tóxico para un sucesor como lo ha sido Uribe con Santos; sobre todo en su oposición al proceso de paz, señala Vladdo.

Uribe también habló insistentemente del temor por la impunidad que conllevaba el proceso de paz de Santos, pero nunca dijo una sílaba de la negociación que en su mandato llevó a cabo con los grupos paramilitares, estrechamente ligados al negocio de la droga y que cometieron incontables masacres y asesinatos de políticos, periodistas y líderes sindicales, entre otros; crímenes casi todos que siguen impunes, sin resolverse.

Con el único fin de meter miedo, los que impulsaban el ‘No’ urdieron toda clase de falacias, como el temor al castrochavismo, como decirles a personas humildes de la tercera edad que si ganaba el Sí les iban a quitar sus pensiones para subsidiar a los desmovilizados de las Farc, como hablar de expropiaciones masivas y de cancelación de subsidios que nunca estuvieron contemplados en los acuerdos.

Y Alejandro Ordóñez, el ex procurador y precandidato presidencial del uribismo, célebre por haber quemado las obras completas de Piaget, Montesquieu y novelas de García Márquez y Victor Hugo en un parque de Bucaramanga, comparó al Sí con la llegada del diablo.

Es más, hasta el día de la votación, los partidarios del ‘No’, suponiendo que iban a perder, trataron de deslegitimar el plebiscito y de poner en entredicho el papel de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

La comunicación

Los errores de comunicación de la campaña por el Si fueron notorios: en vez de una estrategia proactiva el gobierno montó una campaña reactiva para minimizar el impacto de las teorías conspirativas de los defensores del No, y en lugar de lanzar una campaña unívoca, los partidarios de la paz optaron por enviar mensajes dispersos, dirigidos más al raciocinio que a las percepciones y sentimientos.

Pese a las declaraciones del Papa Francisco, quien hasta último momento instó a los colombianos a “blindar los acuerdos en el plebiscito”, la Iglesia Católica tampoco ayudó, pues, con pocas excepciones, los más altos jerarcas optaron por declararse “neutrales”.

Quienes determinaron el resultado del plebiscito fueron los que ven la guerra por televisión, los habitantes de los mayores centros urbanos –excepto Bogotá–, mientras aquellos que han sufrido en carne propia los horrores de más de 60 años de violencia dieron un ejemplo de reconciliación al votar abrumadoramente por el ‘Sí’. Esos que no votaron basados en el miedo inventado por Uribe, sino que han sobrevivido al pánico real del conflicto, fueron los mayores derrotados este día triste y lamentable.

Para el catedrático chileno Pedro Santander, una lección quedó clara: los motines oligárquicos se hacen con los medios y buena parte de sus desenlaces depende de cómo se opere con y a través de ellos.

El gerente financiero de la campaña del No

Durante 30 días Juan Carlos Vélez, excandidato a la alcaldía de Medellín y gerente de la campaña por el No en el plebiscito colombiano por la paz, tomó un avión 35 veces no solo para coordinar una estrategia basada en la indignación sino para lograr que los empresarios lo apoyaran financieramente, convenciendo a los sectores poderosos para que enviaron un mensaje fuerte y claro, que no se dejarán quitar nada, absolutamente nada.

Le fue bien: recaudó 1.300 millones de pesos (unos 45 millones de dólares) de 30 personas naturales y 30 empresas, entre ellas la Organización Ardila Lülle, Grupo  Bolívar, Grupo Uribe,  Colombiana de Comercio (dueños de Alkosto), Corbeta y Codiscos, aunque reconoce –en entrevista con Leonardo Jurado- que esa diferencia tan abismal entre el sí y el no que arrojaban  las encuestas, le generaba problemas para conseguir dinero.

Vélez habló de los detalles de la campaña, de los puntos que se deben renegociar y de la revancha del Centro Democrático luego de salir perdedores en tres jornadas electorales anteriores: presidencia, alcaldías y Congreso. “No nos imaginamos que ganaríamos. El país ha caído en un error que le ha quitado credibilidad a la política y es creer en encuestas”, dijo.

De hecho, la manipulación de esas mismas encuestas le hizo mucho daño a un gobierno que sin un plan B,  se llenó de optimismo y de triunfalismos.  Y la campaña del No se basó en el poder viral de las redes sociales, con golpes bajos como la transmisión de una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba quebrado.

Los estrategas de imagen -de Panamá y Brasil- recomendaron que obviara explicitar los acuerdos y se  centrara el mensaje en la indignación. La estrategia era la tergiversación y la manipulación de los sentidos. En emisoras de estratos medios y altos la campaña por el No se basó en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos se enfocamos en subsidios. En la Costa el mensaje terrorista era que de ganar el Si, Colombia se iba a convertir en Venezuela.

Como dice Laura Restrepo, hoy el sentimiento general de los colombianos es de miedo, también, ante la posibilidad de que la situación que ha quedado abierta, tan expuesta e inestable, desate renovadas escaladas de violencia. Pero también de rabia, y por eso miles y miles de colombianos siguen movilizados para que los acuerdos sean para la paz.

*Sociólogo venezolano, investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, y analista asociado del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) – Artículo publicado originalmente en http://estrategia.la

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