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El 68 fue un año que marcó la emergencia de grandes luchas revolucionarias: los jóvenes de París decidieron sacar las estructuras a la calle y declararse en rebeldía ante un gobierno anquilosado en la guerra fría. Vietnam enfrentó a sus enemigos imperialistas al igual que incontables naciones africanas que se reconocieron como “los condenados de la tierra” y gritaban por su libertad. Mandela, Fidel, el Che, Lumumba, Mosaddeq, Martin Luther King y Macolm X, dieron su voz a aquellos que siempre habían sido negados por la historia.

Entre tanto, en las selvas de Centro América, en los grandes “Certaos” de Brasil y en los pueblos mineros de Chile y el Perú, nació una nueva manera de leer en evangelio, de reconocer al Dios de los pobres: habría nacido la Teología de la Liberación.

Los comienzos
Con el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica se puso al día con el mundo moderno, amén de su patente culpa, por acción u omisión, en los males que aquejaron al mundo en las guerras de la primera parte del siglo XX. La Iglesia feudal, escolástica y poderosa, sencillamente no estuvo a la altura de las circunstancias históricas, y peor aún, demostró que estaba muy lejos del compromiso concreto que la fe exigía.

Esta reflexión llegó de manera diversa a América Latina. Si bien la filosofía de las luces guio la reflexión europea hacia una nueva fe madura, atenta a los retos de la mayoría de edad de la humanidad, en nuestro continente fueron las diferencias sociales las que marcaron el rumbo de la nueva forma de comprender el misterio de Dios. Lo que la escolástica tardía denominó la inmanencia, llegó en la Teología de la Liberación a identificarse con el mundo social, este explicado desde las categorías del marxismo. América Latina se vio como un continente en gran atraso económico y cultural, con grandes males como el hambre, el desempleo y la violación sistemática de los derechos humanos. Solo la filosofía de Marx en sus diferentes versiones podía dar cuenta y solución a estas situaciones, denominadas en el documento de Medellín como de “injusticia institucionalizada”.

Teología Acto Segundo
En nuestro continente, gran parte del trabajo intelectual se realizó en las universidades, que en su mayoría se cerraron endogámicamente sin dar cuenta de la realidad que las rodeaba y a la que debían responder con las armas de la inteligencia. El filósofo y el teólogo eran pues intelectuales encerrados en torres de marfil que al fin de cuentas servían al poder desde sus abstracciones, pues eran ciencias divorciadas del mundo. Los años sesenta fueron en América Latina una década de efervescencia de diferentes grupos y reflexiones de militancia política. Entre estos estaban, de manera especial, las Comunidades Eclesiales de Base (Cebs), que como células de organización plantearon verdaderos cambios sociales en los diferentes escenarios donde actuaban. Se puede resumir como un espacio de fe, de reflexión política y de praxis concreta para la liberación.

Esto cambió el lugar del teólogo y el intelectual; la reflexión se convirtió en acto segundo, en cuanto viene después del actuar liberador de la comunidad y el pueblo. La primacía no estuvo en la “ortodoxia”, sino en la “ortopraxis”, en el compromiso encaminado a la trasformación concreta de las realidades injustas. En este sentido, la comunidad no era objeto de la reflexión, o de una lastimera caridad de parte de la Iglesia institucional, sino sujeto mismo que genera saberes y procesos emancipatorios.

La fe encarnada en la historia
La fe se sintetizó como militancia, como identificación con la utopía del Reino de Dios, que no es más que el Reinado de la justicia del Dios liberador sobre la historia, la concretización de las más altas realizaciones humanas con la transformación de la sociedad, a partir de la socialización de la propiedad y la eliminación del pecado, entendido este como la negación del otro, y el egoísmo basado en la acumulación y la propiedad.

Por esto, la fe se comprometió con las luchas del pueblo, y no de manera abstracta. Fe es compromiso, encarnación en el sufrimiento de las grandes mayorías oprimidas. Los movimientos emancipatorios en lugares como Brasil, Nicaragua y El Salvador vieron cómo los cristianos comprometidos estaban en primera fila para encarar las luchas por la tierra, la defensa de los derechos humanos, la democratización, y la lucha contra las dictaduras.

Si consideramos todo el proceso de la Teología de la Liberación, nos encontramos con una diversidad de enfoques, de métodos y de contenidos. Esto se debe a la libertad en la creación, y a que cada teólogo le imprimió su propio talante, desde sus posibilidades y limitaciones, a la iluminación de ese complejo camino histórico que es la liberación del pueblo detrás del plan de Dios. Pero detrás de esa diversidad hay una unidad fundamental que es lo que permite hablar de una Teología de la Liberación. Esa unidad se ha conseguido en la medida en que la Teología de la Liberación se ha construido desde y para el pueblo oprimido, como lugar originario de la reflexión teológica. Esta teología ha estado más interesada en la liberación real que en la belleza formal de sus reflexiones sobre sí misma. Lo que unifica en el fondo a la Teología de la Liberación es la decidida voluntad de ponerse al servicio de la realidad para transformarla, y no meramente explicarla, y menos aún para perpetuarse a sí misma como teología.

Este nuevo modo de hacer teología lo vemos como un modo de superación de las teologías que se han entregado a nuestro continente, y que han sido importadas histórica y geográficamente. También a nivel de teología es una superación de esta, pues el teólogo es capaz, desde su subjetividad, de liberarse de las ataduras teóricas e ideológicas que se le ha impuesto, siendo capaz de explicar la realidad sin a priori, viendo el continente y sus situaciones como son y no como el aparato ideológico dominante quisiera explicarlo para su justificación.

En la Teología de la Liberación, el pueblo explotado toma la palabra para interpretar su realidad y poderla transformar. Hoy, cincuenta años después de la conferencia de Medellín, que reconoce como necesaria la reflexión sobre los pobres de nuestro continente para su emancipación definitiva, será de nuevo en las Comunidades de Base, en los más humildes, en los líderes que dan su vida por el pueblo, donde se mantenga viva la llama de la Teología de la Liberación.

Los relatos que escuchamos en nuestras casas, la construcción de historias de vecino a vecino y los dilemas del habitar en un entorno hostil, degradado por las modificaciones urbanas, problemas de droga y de relaciones entre habitantes, hacen que se viva otro tipo dinámicas, otras vidas. Un segundo barrio nace, uno de ficción, donde aparecen relatos nuevos, acordes a esa dinámica: un entorno que se transforma fieramente. Madres jóvenes, niñas y niños… todos en un movimiento que pende de su entorno, del barrio.

De allí las miradas, los cariños, las manifestaciones de afecto, todo aquello que se creía destruido, quería volver a nacer por medio de los niños y niñas, y sus vagabundeos en el barrio destruido, porque como nos decía Karen, de apenas siete años de edad, “el barrio no lo cambiaron, lo destruyeron”. Ella juega en las ruinas, en los techos de las antiguas casas, ahora convertidas en lotes enmarañados por malezas, buenezas y olvido. En estas ruinas nacemos cargados de esperanza y cariño.

Allí estábamos nosotros, un grupo de amigos, con algunas cámaras y equipos de luces. También algunos agricultores, periodistas, gente de la comunidad. Hablábamos sobre cómo dar a conocer nuestro barrio, toda esta transformación aún en curso que ha creado hasta hoy un ambiente de incertidumbre y crisis especulativa. Así que después de realizar varios procesos pedagógicos (charlas y acompañamientos con niños y jóvenes del barrio y sus familias) decidimos dar un paso hacia adelante y crear un espacio comunitario, popular, que actuase como generador de intercambios sociales, culturales y académicos en la comuna San José, en sus barrios y, por qué no, en Manizales.

En nuestro inicio el objetivo era mostrarles a los padres de los chicos y chicas asistentes a las clases lo que se estaba realizando. Analizar cómo estaban viendo y sintiendo su barrio aquellos habitantes. Tomamos entonces la decisión de crear una muestra de video y fotografía. Convocamos a la comunidad y realizamos dos días de muestras y proyecciones, y una productora amiga de la ciudad, 057 Films, nos ayudó con unos talleres de realización en cine.

Esta muestra fue llamada Qué hay pa' la cabeza –por aquella frase de barrio entre juveniles de esquina–. En este caso lo que teníamos para la cabeza era cine, fotografía, video, huerta y clown. Nuevos horizontes venían en curso. Muy tímidamente en la primera edición pudimos dar a conocer esas imágenes que los mismos habitantes de la comuna estaban realizando: documentos audiovisuales de las cuadras, el movimiento generacional de las cafeterías, las diversidades de las tiendas y detalles antropológicos y gastronómicos como las múltiples arepas con mantequilla y hogao, y sus comensales de la ciudad. A su vez proyectamos diferentes contenidos de otros barrios y veredas que nos enviaban, animados para mostrar su modo de verse… sus cotidianidades.

Un año después, en la segunda edición, nos adentramos más en la problemática de los barrios que componen la comuna. Convocamos a diferentes colectividades que hacen parte de este tejido de amistad entre calles, como las juntas de acción local y los ediles de áreas. Ellos nos guiaron para esta segunda muestra en la que incluimos material audiovisual, fotográfico, crónicas, documentales y videos aficionados sobre el barrio, su historia y las primeras luchas que algunos líderes habían tenido que dar contra la primera administración municipal que propuso el megaproyecto de renovación urbana, también conocido como macrodesastre de la comuna San José en Manizales, en el año 2008.

Memoria colectiva
La proyección en pantallas de sus antiguos espacios de diversión, las casas de familiares que ya no estaban, videos y fotos de desalojos, expropiaciones y demoliciones, causaron una serie de sentimientos asombrosos en los habitantes del San José que, si bien habían sufrido ese despojo años atrás, no lo habían visto en imágenes y sonidos, en testimonios de muchas de sus familias, sus vecinos. Para nosotros era algo grandioso. Estábamos haciendo recrear el antiguo barrio, su tradición, sus dificultades, y sobre todo estábamos volviendo a recordar en comunidad.

Con el tiempo, este proceso que nació por la labor de los niños y niñas del San José, motivados por el colectivo de cine y comunidad Sábalo Pro y la Fundación Comunativa Huertas Urbanas, sigue creciendo. Apoyados por las diferentes personas y colectividades que convergen en la Universidad de la Tierra Manizales (Unitierra) cada vez más habitantes se van sumando: comerciantes, asalariados, amas de casa, estudiantes… este festival nos ha juntado para trabajar unidos desde diferentes territorios.

Ahora más que nunca queremos fortalecer el sentido comunal del barrio, crear nuevos lazos de vecindad, amistades reales y comprensivas que salgan de realizaciones empíricas, de improvisaciones, paisajes sonoros, talleres pedagógicos… todo es posible para la comunidad de San José, que ha visto cómo hace real la creación de espacios como instrumentos de recuperación histórica, fortalecimiento de la identidad, promoción cultural, denuncia, educación y democratización de los medios de información y comunicación.

El cine comunitario se ha convertido en el relato más cercano que tienen algunas comunidades marginadas o en conflicto –de cualquier tipo– para narrar su vida. Y es que no se necesitan grandes producciones para reconocer, para recrear las historias que están en la esquina: en el préstamo de una olla, en la conversación con la señora de las arepas o con el zapatero… hay allí una solidaridad mutua, un sentido de pertenencia colectivo que se convierte en documento histórico, en el hecho social. Cuando se está detrás de las cámaras creando, proponiendo diálogos nuevos, es cuando se hace realidad el consenso y cobra sentido la unidad.

Lo que antes era una muestra de obras barriales, se convirtió en un Festival para que la comunidad de San José pueda reunirse, y aun sabiendo que estamos creciendo y que el objetivo es que las generaciones del barrio puedan seguir realizando su festival de cine comunitario, creemos que con estas sinergias podremos mostrar claramente cómo resultan contraproducentes, retardatarias y fallidas estas “renovaciones urbanas”, sin ningún tipo de proyección social, humana y ambiental.

Hoy, para su tercera versión que se realizará el 24 y 25 de noviembre, lo llamamos Qué hay pa la cabeza: Festival de cine comunitario y Talleres al barrio. En esta versión tendremos muy presente a la Comunidad que Resiste, que sigue haciéndolo tras nueve años de modificación silenciosa. Se trata de un barrio nuevo que surge marcando un camino, un dialogar nuevo como sendero, y una comunicación nueva entre gentes de la urbe. Allí aparece la alegría constante entre la desesperanza y el abandono. Este nuevo barrio fusiona el estar en comunidad real, que necesita escucharse y hacerse escuchar, con la realidad cruda que se enfrenta la cara. Allí donde nace ese Barrio de ficción, en la cruda distopía creada por ellos, los habitantes pretenden buscar una voz de empoderamiento en comunidad, para que a través de esos nuevos diálogos se pueda crear barrio más unido. Uno que crearemos desde la otra comunicación. 

Rosmery Agudelo vive reproduciendo lo que aprendió de su padre, Juan Agudelo, de 80 años. Madrugar antes de que salga el sol, cumplir con la rutina hasta que se esconda la tarde, profanar las oraciones de la virgen, levantarse tomando agua panela, criarse con regaños incluidos, y darle la bienvenida a la noche para retomar, de nuevo, a las 4:30 a.m.

Para ella, trabajar lo representa todo. Y el descanso es el resultado de un esfuerzo ganado. “El cuerpo me acostumbró desde niña a trabajar a diario”, comenta Rosmery. Por eso, en su casa está prohibido refunfuñar. “¡Si usted se queja no sirve!” Aprendió que el silencio es indispensable para equivocarse menos.

En San Francisco, Antioquia, las normas del campo se deben practicar con rectitud y sin mediocridad. Lo más importante para esta mujer, con aproximadamente 40 años de edad y dos hijos, son los domingos de feria campesina. Mientras hablamos, no para de señalarme que pocas veces ha dejado de participar en la feria, y que cuando lo hace es por fuerza mayor. Desde el 2011 participa con otras madres de familia en este mercado campesino. “Pasé de vender la yuca, el plátano, el limón, el frijol, a transformar esos mismos productos en una bandeja paisa que me dejará mayores ganancias”. La bandeja paisa viene acompañada de una tazada de limonada hecha en la mañana de cada domingo de feria.

- ¿A cómo vende el plato de bandeja paisa? -. Se retrae por unos segundos: “El frijol con el que hago la bandeja paisa se llama Lima y lo cosecho en la finca de mi esposo”, me cuenta mientras golpea con las manos un cortaúñas. “¿Ha probado la tinta del frijol? Trato que el plato quede tintudo para darle al arroz un toque distinto”. ¡Ahora sí –concluye–: vale 6000 pesos la bandeja!”.

El cacao de la Maravilla
“Nuestra devoción se cumple antes de acostarnos, y a las cuatro de la mañana me voy para donde tengo los santos y rezo. A las siete escucho la misa por la radio. Reflexiono. A los tres dulces nombres ­–Jesús, María y José–, les entrego las labores del día. Ellos son mi guía, mi compañía a donde quiera que vaya. Jesús, José y María. Que nos libren de todo mal y peligro”. Esa es la devoción diaria. Así comienza el amanecer de Margarita Daza en la vereda La Maravilla, bajo la protección de sus oraciones. Vive con el temor de que le estanquen el agua cristalina que riega a San Francisco, rincón de cascadas y promotor del turismo ecológico.

A Margarita la despierta la costumbre. Si a las cuatro de la mañana la alarma no ha sonado ella le sale adelante. El cantar de los gallos nunca falla, desde la una de la mañana están dando lidia, descansan de las dos hasta las tres de la mañana, y a las cuatro retoman su canto hasta las seis.
– ¿Cuál es el producto típico de la vereda?
–Ha escuchado el cacao de La Maravilla.
–No señora.
– Mira, sin cacao la feria no es lo mismo. Si no fuera por el cacao no hubiéramos dado el primer paso para potenciar la seguridad alimentaria. Es transformado por quienes conformamos la Asociación de Familias Guardabosques (Asofagua). La persistencia a la hora de fabricar este típico producto nos enorgullece y es un ejemplo claro de los procesos organizativos liderados por la Asociación Campesina de Antioquia –ACA–­.  

Aquí el cacao manda la parada, porque hay motivación y ganas de salir adelante. Sin embargo, todo lo bueno lleva un proceso minucioso y lleno de paciencia. Son seis pasos que requieren varias horas de trabajo. Al final, el producto estará en el mercado y la pasta de chocolate se remojará en la batidora con agua o en leche caliente. Cuando el palo de cacao ha cumplido dos años después de la siembra, empiezan a germinar los primeros granos, que son seleccionados según su grado de madurez. Tuestan el grano en un sartén y lo pelan. Quitan la cáscara del cacao hasta quedar en almendra. Muelen la almendra en la máquina de la ACA y sacan el licor del cacao caldudo como si fuera tinta de chocolate. Ese caldo se echa en el diseño del molde y finalmente lo ponen en el refrigerador durante varias horas para empacar el cacao y comercializarlo en el mercado.

Pueden preguntar por el toldo de Margarita y Socorro. Seguramente la buena atención ayuda a que los vendedores y los compradores se sientan identificados con la fiesta del trueque. Mientras tanto, Margarita improvisa una oficina para la recolección del dinero ganado con el sudor de la frente.

Las Soñadoras del Pajui
Entre mujeres se entienden. Tienen un sueño en común. Llevan reunidas diez años. En el 2008 les llamó la atención trabajar en grupo las huertas campesinas. Cuando dialogan, la palabra les ofrece cambio. Cada una tiene el derecho a ofrecer nuevas ideas. Se reúnen los jueves antes del domingo de mercado campesino. Hablan pausado, seguras de que la lucha nunca acaba. Sus tareas son varias, y tienen prohibido utilizar cualquier conjugación en negativo, piensan que si lo hacen comienzan los problemas. Caminan hacia el mismo lado, sincronizadas. De ahí parte el principio fundamental de las Mujeres Soñadoras del Pajui: buscar un fin colectivo que potencie las capacidades individuales. Para las Soñadoras la unión es el valor central del grupo. Nancy, la presidenta, guía este proyecto integrado por 10 mujeres.

¿Qué le podría faltar a la feria campesina? Ya está la bandeja paisa, el chocolate y la mazamorra. Pero… ¿Y el sancocho? Estas mujeres se encargan de preparar el mejor sancocho de San Francisco. Cuesta solo 7000 pesos. Trae arroz, ensalada, papa, plátano, limón... El domingo, a las seis de la mañana, se encuentran para preparar el delicioso plato. Y cuando cae la tarde reparten los beneficios colectivos de la venta, que serán destinados –­aseguran- a los regalos de navidad de sus hijos.

Cuando a Nancy la ponen a hablar de la feria dice, entre risas: “Con la feria campesina me voy a pensionar. Yo nunca he dejado de participar”.

*Artículo original publicado en la edición nº 4 del periódico del Movete.

Las selfies son una de las derivaciones de las innovaciones microelectrónicas presentadas como una notable expresión de libertad individual. Una de sus aristas perversas, y del capitalismo en general, es el incremento de muertes por las fotografías extremas. Una investigación realizada en los Estados Unidos registra 259 muertes en el mundo, ocasionadas por tomarse selfies en el período transcurrido entre 2011 y 2017. Esta cifra, que debe ser considerada como conservadora, indica la magnitud de lo que está ocurriendo con la utilización de esta “nueva tecnología” de la muerte. Vale la pena preguntarse qué está detrás de esta epidemia de suicidios, y qué relación tienen con el capitalismo.

La tecnología y la imposición del individualismo compulsivo
El capitalismo representa la imposición del individualismo compulsivo, entendido como la creencia ilusoria de que en la sociedad solo existen los seres individuales, como lo proclamó Margaret Thatcher, una de las vedettes (artistas de espectáculo) del capitalismo realmente existente. De eso se deriva la suposición de que el individuo es el centro del mundo, y nada puede oponerse a sus designios de maximización de ganancias, acumulación, superación y ruptura de cualquier límite.

El individualismo egoísta, posesivo y hedonista es una característica central de la ideología capitalista. Solo existe el “yo” y no el “nosotros”, lo cual quiere decir que mi existencia individual es más importante que cualquier grupo o colectivo humano, y de eso se deriva que a diario se deba (de) mostrar que el “yo” (el individuo) es el centro del universo. No importan los lazos sociales, ni vínculos de solidaridad, fraternidad o ayuda mutua. Eso es cosa del pasado, porque ahora solo vale y existe lo que haga un individuo, el que necesita mostrar a cada rato su presencia, porque de lo contrario se considera frustrado o incompleto.

Para hacerse notar, el “yo” cuenta con dispositivos técnicos que se encargan de potenciar y difundir su presencia en el mundo, y el más poderoso de esos dispositivos técnicos es el celular, por la difusión de imágenes visuales que muestran de manera instantánea y directa todo cuanto hace una persona, hasta sus actos más privados, que ahora son puestos a la vista pública sin pudor alguno. Con la utilización de las nuevas tecnologías se pierde la idea de dignidad, de auto-estima, de respeto, y se proclama que lo privado ya no existe, que cualquier acto de nuestra vida debe darse a conocer a los cuatro vientos, por medio de las fotos que un individuo se tome de sí mismo y difunda a través de las redes. Lo que antes se consideraba de la esfera privada, y hasta de la intimidad de las personas (como su vida sexual), hoy debe compartirse con la pretensión de demostrar que se es importante.  

Por eso, se ha impuesto una especie de voyerismo universal, en que se muestra y se exhibe lo que esté referenciado con el “yo” y una forma expedita de lograrlo es a través de las selfies, que apenas son tomadas se envían para que circulen por las redes y lleguen a los ojos de los amigos, conocidos o admiradores. El “me gusta” es el premio que se le atribuye a quien envía la última foto de cuanta estupidez se le ocurre registrar. Quien tenga una mayor cantidad de “me gusta” y de seguidores en las redes es considerado una estrella. El problema es que esa sensación es efímera y requiere de estarse activando minuto a minuto, lo cual genera frustración, que debe ser superada con nuevas fotos, que aumentan la frustración en una forma patológica, creando un círculo vicioso que no tiene fin.

Las selfies mortales
Como las fotos normales ya no son atractivas y se tornan monótonas, es necesario experimentar con algo inesperado y sorprendente, para evidenciar la centralidad del “yo”. En consecuencia, se debe acudir a experiencias extremas. Aquí es donde las selfies adquieren un rol principal como indicadores de ese individualismo hedonista que caracteriza al capitalismo, y se basa en un principio implícito: para el individuo, como para el capitalismo, no existen límites, todo puede ser sorteado, sin importar los riesgos y peligros que se enfrenten, pero no con el deseo de una realización personal como tal y mucho menos en beneficio colectivo, sino porque eso es compensado con el consumo mercantilista del estrés y de las emociones fuertes, un gran nicho de mercado en el capitalismo de nuestro tiempo.

Al final, el premio es lo que cuenta: que una selfie arriesgada le dé créditos al individuo que osó desafiar hasta la muerte. Ese premio se expresa cuantitativamente en el crecimiento del número de seguidores en Facebook, Instagram, o cualquier red parecida, quienes, como robots amaestrados, solo atinan a escribir “me gusta”. Pero esa acción arriesgada no es placentera sino obsesiva, y requiere nuevos retos extremos, para demostrarse a sí mismo que es importante. Este comportamiento compulsivo aumenta la insatisfacción, porque ya no hay límite que satisfaga el deseo de mostrarse como alguien destacado, como una luminaria del espectáculo.   

Este es un claro ejemplo de la pulsión de la muerte, que no se define solo por el deseo de morir, sino algo peor, según las palabras del escritor inglés Mark Fisher: “encontrarse entre las garras de una compulsión tan poderosa que uno se vuelve indiferente a la misma muerte”. Lo más trágico es la banalidad del contenido de esa pulsión, porque estamos hablando de personas que enfrentan la muerte, sin entender que esa posibilidad existe, por el deseo de figurar como los más arriesgados o intrépidos, como sucede cuando se toma una selfie con una mano en la boca de un cocodrilo, al que otros sujetan, o en el piso 50 de un rascacielos, o cuando se lanzan en un tren en marcha…

Esa intrepidez es la clara demostración de que el capitalismo ha generado la idea de que no existen límites a lo que quieran hacer los sujetos aislados, porque todo puede ser posible con tal de alcanzar la fama y el reconocimiento. Y este comportamiento que origina un espíritu irresponsablemente suicida, es el mismo que caracteriza al capitalismo como un todo, puesto que se basa en la idea de que para la acumulación y el crecimiento económico no existen límites.

Con esa lógica suicida se está destruyendo el planeta, se está alterando el clima y se está poniendo en riesgo la existencia de la humanidad, porque lo que sí es seguro es que vamos directamente hacia el abismo, hacia la muerte como especie, de la misma manera que le sucede al individuo que piensa que puede burlarse de la naturaleza y de las leyes físicas, cuando se toma una selfie junto a un tiburón, al borde de un precipicio, junto a un volcán en erupción, subido en el techo de un tren o con una pistola apuntando a su propia cabeza.

En síntesis, el capitalismo y las tecnologías microelectrónicas que refuerzan el individualismo extremo, que enfatiza la centralidad exclusiva del “yo”, pretenden hacernos olvidar nuestro carácter efímero y perecedero, generando un espíritu de grandeza individual, de vanidad y egolatría, que cree posible evadir la muerte, porque nos ha convertido en sonámbulos tecnológicos, al suponer que en el mundo solamente existe mi “yo” y mis selfies. Esta es la religión del “yo” que prometió el capitalismo, que se ha impuesto a nivel planetario y que cree posible sortear la muerte, aunque se muera en el intento.

Desde el municipio de San Lorenzo, Nariño, llegaron delegados y delegadas a la Asamblea Legislativa Popular y de los Pueblos para poner un granito de arena junto al resto de pueblo que también participó. En un ratico del evento conversé con uno de los delegados de ese municipio, Antonio Alvarado, quien pertenece al Comité de Integración del Macizo Colombiano –CIMA–. Lo cogí en turno de guardia, en uno de los bloques de salones del colegio donde sesionaba la Asamblea.

Lo abordé para que me hablara de la Consulta Popular Legítima programada para el 25 de noviembre, una iniciativa impulsada por las comunidades de San Lorenzo a punta de autogestión y convicción de defender el territorio. La iniciativa hace parte de la construcción del reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, ya que en esa lucha se identifica una debilidad: la desarticulación territorial entre los municipios, que se da mientras los problemas estructurales del país continúan. Bajo este análisis, llegaron a la conclusión de que el territorio es el techo que garantiza la protección de la vida, y que también impulsa la conquista de los derechos.  

Para Antonio, un tema de articulación en el norte de Nariño y el sur del Cauca es el problema minero-energético y del agua, por lo que surgió la necesidad de formar un lenguaje común e integrador. Y para materializar ese lenguaje, decidieron acudir a una herramienta constitucional: la consulta popular. Parten del aprendizaje que dejó la consulta contra el Tratado de Libre Comercio, hecha en los municipios de Toribío, Jambaló, Caldono, Silvia, Inzá y Belalcázar, ubicados al norte y oriente caucano. Esta fue realizada en el 2005, y arrojó un resultado de 3000 votos, lo que evidencia la fuerza que tiene la gente para votar en contra de las políticas que los afectan. “No nos consultaron para hacer las leyes, vamos a desobedecerlas democráticamente acudiendo al constituyente primario”, expresa Antonio.    

Cuenta, además, que el Ministerio de Hacienda dijo que no hay plata para la consulta, y que en la Alcaldía tampoco. “La haremos nosotros mismos. Estamos en minga consiguiendo los recursos, para ir construyendo elementos que creen poder en la gente. Y esta pregunta me puso a pensar… si Hacienda dice sí, la hacemos. ¿Y si dice no? ¿No la hacemos? ¿Dónde está la autoridad?”.

El tema de los recursos está siendo solucionado, como lo dijo Antonio, a través de la minga. ¿Pero de cara al Estado, cómo se posicionarán los resultados de la consulta? Al respecto, nuestro amigo de Nariño hizo énfasis en que la consulta popular legítima potencia la articulación de la comunidad, e incide políticamente entre las personas bajo el tema del agua por ser un bien común que no distingue colores políticos. Todos necesitamos del agua, sea cual sea su forma de ver el mundo. Además, la voluntad de los votantes en la consulta se traducirá en propuestas políticas para la Alcaldía y el Consejo municipal el próximo año.

Con respecto al reconocimiento gubernamental de este proceso, los habitantes de San Lorenzo argumentan que son los constituyentes primarios y ese carácter está por encima de la posición de un ingeniero, doctor, ministro, o la Corte Constitucional. Dicen que no dependen de lo que ellos digan. La idea es ir de una manera legítima y enseñarle al departamento de Nariño, al sur-occidente y al mundo con este tipo de mecanismos populares.   

Hay que recordar que la Ley de Presupuesto General de la Nación, propuesta en octubre, contempla que las administraciones locales, como alcaldías, departamentos, o distritos, deben contar con los recursos para realizar las consultas populares, lo cual tiene una clara intención de asfixiar por el lado económico este mecanismo de participación ciudadana. Por eso la consulta popular legítima también será una acción de protesta contra el gobierno de Duque. Sin embargo, explica Antonio, si el presidente hubiera sido Petro la consulta legítima se haría. Dice que un presidente necesita de la acción de las comunidades para legitimarse: “Hay que hacer las cosas así haya un alcalde o presidente amigo, para que afine. Ese individuo no podrá cambiar el sistema, solo las comunidades podrán hacerlo”.

En este proceso han surgido cuestionamientos de parte de otros actores sociales por el hecho de que esta consulta popular legítima no está “dentro de la Constitución”, a lo que Antonio responde que “la Constitución hace parte de un sistema y si nosotros no paramos el sistema, el sistema sigue siendo el mismo. Los que tenemos que transformar el sistema somos nosotros. Si no, ellos van a seguir haciendo leyes y nosotros calladitos. Hay que enseñarles así; hacen una ley, tenga papá, nosotros no la aceptamos. Hacia allá queremos avanzar”.

Cuenta Antonio que hay gente al interior del movimiento nacional ambiental que está de acuerdo con la parte legal-constitucionalista, y que no acepta el carácter legítimo de la consulta en San Lorenzo. Sin embargo, la postura de sus impulsores es que el amarrar estas acciones comunitarias con la Constitución limita la construcción del verdadero poder local legítimo. Las consultas legítimas empoderan más los procesos.

El otro trabajo que adelantan las comunidades de San Lorenzo es tener el acompañamiento internacional, incluyendo a medios de comunicación alternativos y no alternativos que acompañen el proceso, con el ánimo de blindarlo, y de difundir esta experiencia en otras partes. Mientras se va logrando este acompañamiento, Antonio Alvarado nos invita a participar este 25 de noviembre en la Consulta Popular Legítima de San Lorenzo, Nariño, y a votar “NO” contra la mega-minería.

*Secretaría de Formación y Comunicación. Coordinador Nacional Agrario.

Al tiempo que el país se enfrenta más que nunca al drama sobre la producción de energía y extracción de recursos naturales, se moviliza en las ciudades, pueblos y veredas una masa de conciencia colectiva que hoy dice no al extractivismo salvaje ocasionado por las ansias de dinero y poder que caracterizan al sistema capitalista neoliberal, ampliamente apoyado por gobiernos y agentes internacionales.

A raíz de fenómenos como el fracking y la catástrofe de Hidroituango, la movilización se intensificó, y para responder a esta dinámica es que se celebró en Barrancabermeja, Santander, entre el 8 y el 12 de octubre, el segundo encuentro nacional del Movimiento Ríos Vivos. Fabio Muñoz, integrante del movimiento en el norte de Antioquia, habla un poco acerca de este encuentro: “El tema principal que nos trae acá tiene que ver con la transición minero-energética de nuestro país y nuestros territorios. La idea es mirar cómo le vamos a hacer para que no sigan los abusos y el saqueo de nuestras riquezas naturales”, y aclara que el primer día fue de ajustes, de acomodación logística y reafirmación de los principios del movimiento.

“Trabajamos con base en las tesis que se han creado en construcciones colectivas del movimiento. Es partir de los aportes de todas las personas y asociaciones que estamos vinculados al Movimiento Ríos Vivos”, destaca Muñoz, quien resalta además que entre las principales expectativas que se tuvieron fue la integración exitosa de regiones, de culturas, y de toda la riqueza que tiene el país. “A partir de eso, el segundo día en la noche hicimos una feria gastronómica, probamos muchas de las cosas sabrosas de nuestro país compartidas por las organizaciones, y tuvimos también el encuentro con las semillas, que es importantísimo porque muchos estamos en esa transición energética y la primera transición que tenemos que vivir es comernos nuestros propios alimentos con las semillas nativas”.


Un tejido de resistencias
El encuentro de Ríos Vivos contó con el acompañamiento de delegaciones de más de diez departamentos del país y de varios países del mundo. Cuba, Brasil, Alemania y Chile, hicieron parte de esta lista. Las situaciones particulares de las personas y organizaciones nacionales e internacionales que participaron hacen que se teja una red de resistencia que, apoyada por el arte y la simbología, va arando un nuevo rumbo para esta tierra sagrada.  

Mientras Elver Calderón escucha la poesía que una negra de Córdoba le canta a su territorio, cuenta un poco su historia. Elver es de la Asociación de afectados por la hidroeléctrica El Quimbo en Zuluaga, Huila. “Nosotros fuimos unos desplazados más de la multinacional que hizo este proyecto. Nos quitaron el trabajadero, la pesca, la minería artesanal y todos los derechos que teníamos sobre el río Magdalena. Ni siquiera podemos ir al paseo de olla porque privatizaron el río”.

Elver relata que se opusieron desde que empezaron las construcciones del megaproyecto. En el 2011 hicieron una movilización que hizo parar la construcción por cerca de 15 días y la multinacional, con ayuda del Gobierno, les echó el ESMAD. “Hubo varios heridos, entre ellos un niño de siete años que perdió un ojo”. Han hecho varias manifestaciones y tomas de tierra, reclamando lo que les pertenece.

“Reclamamos tierra para poder trabajar y nos volvieron a echar el ESMAD. En este momento hemos estado hablando con EMGESA para que vuelvan a realizar el censo de la población afectada y reconozcan sus derechos. No queremos más represas en el Huila, porque la energía no es para nosotros, la energía se la llevan para otros países. Lo nuestro vale más que una basada de petróleo o un kilovatio de energía”, atina Calderón.

Así, esta resistencia en Huila se conecta con la de La Patagonia en Chile. Pamela Díaz, cofundadora del movimiento Patagonia sin represas que lleva 12 años de lucha, relata que su trabajo consiste en impedir que los dos ríos más importantes de la región sean represados: “El Baquer y el Pascua, con tres y dos proyectos de represas respectivamente”.

“La lucha se convirtió sin querer en un hito a nivel chileno y logró frenar el que sería uno de los tendidos eléctricos más grandes del mundo. Nos empezamos a autoeducar; la campaña empezó muy incipiente, pero tomó un nivel de importancia enorme por lo que significa La Patagonia, al ser una de las reservas más grandes de agua dulce del planeta”, anota la chilena destacando que les ayudó mucho haber actuado frente a un proyecto que no se había consumado.

Por su parte, Carlos Rivera llegó desde El Salvador y es integrante del Movimiento Latinoamericano contra las Represas. Quisiera que todos los países se pudieran unir “para ser un solo frente de lucha contra las represas que tanto daño han hecho a la humanidad”. Carlos también es integrante del Frente Nacional Agrario de su país, y comenta que “hay una constante problemática con la privatización del agua que se expande por todo el mundo. Los capitalistas la ven con fines de lucro, no como bien común. A la lucha en nuestro país se han unido organizaciones como universidades y religiones, esperamos que la lucha no pare”. A Rivera le llama atención el afán de lucha alrededor de la energía en Colombia. “Acá veo que luchan mucho, se están dando pasos y se ve el avance en la defensa de la vida”, concluye.

Repensar el modelo energético
Álvaro Restrepo Gaviria, integrante de la Red de Acción Frente al Extractivismo (RAFE), presente en Medellín, cuenta a modo de reflexión que los seres humanos somos energía y necesitamos de ella, pero la forma en la que se genera y se distribuye es inequitativa, injusta y violenta. “Alrededor de 40 millones de personas en todo el mundo han sido desplazadas por proyectos de generación de energía hidroeléctrica, nuestro caso más reciente es el de Hidroituango. En Colombia tenemos un potencial importante en la generación de energía solar, esos son caminos que debemos empezar a explorar más”.

Varios paneles y conversatorios con expertos y con comunidades, una audiencia pública a la que asistieron varios congresistas de la oposición y una movilización por las calles de Barrancabermeja, fueron otras de las acciones realizadas en el encuentro. “De aquí salimos con unas bases y unos planes para cada una de las organizaciones”, afirma Fabio Muñoz de Ríos Vivos y añade que “como movimiento es placentero saber que recibimos varias delegaciones del país interesadas en conocer sobre el tema y aquí también están como veedores y acompañantes de este proceso que es importantísimo, porque no es hacer solos sino articulados”.

Álvaro, de la RAFE, concluye que “esencialmente la vida y la energía son una, todos somos parte de ese tejido, entonces cuando se rompe un nudo, todo se desarticula. Grandes ecosistemas se ven afectados por ese modelo capitalista. La idea no es chocar y crear más caos, sino fluir por otros rumbos y buscar mejores alternativas.”

Por Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia - Redher

Este fue el grito de protesta que resonó en el auditorio de Pelaya - Cesar, cuando se instaló el Segundo Encuentro-Movilización contra la criminalización de la pobreza, el movimiento social y la situación carcelaria, realizado el 19 y 20 de octubre de 2018. Al evento se convocó a personas de base que cotidianamente enfrentan las agresiones de la fuerza pública y la militarización de sus territorios. Muchos de ellos han vivido la judicialización arbitraria de la Fiscalía y la imposición de medidas intramurales. En un instante, espontáneo, pudimos dimensionar el impacto de dicha judicialización. La mitad de los asistentes levantó la mano cuando se preguntó por quiénes han estado en una cárcel, ya sea como preso o visitante. Y muchas más alzaron la mano cuando se preguntó quién había sido víctima de despojo en su territorio.

Los asistentes provenían del campo de Colombia, territorio asediado por los grupos armados que no solo intimidan a las comunidades, sino que además limitan y persiguen la movilización social. Precisamente por esta razón las organizaciones convocantes se le midieron al reto de realizar el evento en este territorio. “Es uno de los municipios más golpeados por el paramilitarismo y por las estrategias más brutales del Estado para reprimir y destruir el movimiento popular”, explicó Gloria Silva, una de las organizadoras del encuentro, perteneciente al Equipo Jurídico Pueblos (EJP).

Por ello, aparte de compartir experiencias de defensa de los derechos de los pueblos y construir recomendaciones para hacer frente a la criminalización del movimiento social, uno de los objetivos fue mantener viva la memoria de las masacres paramilitares que tuvieron lugar en pueblos cercanos. Los dirigentes sociales de la zona, presentes en el encuentro, son sobrevivientes de una matanza sistemática. De hecho, aún hay paramilitares en los alrededores de Pelaya y la Serranía de Perijá. Luego del evento supimos que por amenazas algunas comunidades de la parte alta de las montañas no pudieron participar en el Encuentro.

A esto se suma la represión del Estado contra el movimiento popular, que busca desarticular y destruir la identidad del pueblo en resistencia. “En los últimos cuatro años hemos encontrado que más de 40 personas han sido detenidas en esta región. Decidimos hacer el evento este año en Pelaya, porque es un territorio donde se estigmatiza, persigue y judicializa al movimiento social que está en defensa del territorio en contraparte de los intereses de terratenientes y multinacionales”, dijo Rommel Durán, integrante de EJP.

De hecho, no faltaron los ataques del Estado contra el evento. Unas semanas antes la policía presionó al dueño del auditorio para que no se hiciera el encuentro en sus instalaciones. Por ello, su realización es una demostración de que la voluntad política sí puede contrarrestar las intimidaciones de la fuerza pública.

Ahora bien, a pesar de estos retos, hemos demostrado que se puede construir poder popular a través de un intercambio de saberes. Partimos de la experiencia de algunos líderes sociales de la región que fueron judicializados y privados de la libertad, como le pasó a José Ángel Lindarte, campesino y padre de familia, de 53 años de edad, que era el tesorero de la Junta de Acción Comunal de la vereda Singararé de Pelaya. A José lo capturaron el 24 de diciembre de 2016 cuando bajó desde su finca al casco urbano. Fue trasladado al Centro Penitenciario de Valledupar, uno de los peores centros de tortura del país. Su madre, de casi 80 años, sufría cada vez que lo iba a visitar.  

Sin prueba alguna, la Fiscalía le sindicó de formar parte de la guerrilla del ELN. Lo señaló de extorsionar a los ganaderos del pueblo y de suministrar comida al grupo. “Absurdo. A veces ni yo mismo tengo suficiente comida para mi familia y me toca salir de la casa con el estómago vacío”, comenta.

Después de 22 meses en el infierno de la cárcel, salió por vencimiento de términos, pero con un juicio pendiente. El caso de José Ángel es uno de tantos montajes judiciales en los que las garantías resultan vulneradas, los procedimientos son lentos, y no se respeta el principio de presunción de inocencia. Gracias al apoyo de su familia, la comunidad y el Movimiento de Trabajadores y Campesinos del Cesar (MTCC), regresó fortalecido a su vereda. Ante el público del evento dejó claro su mensaje: “La captura de los líderes y las lideresas sociales no quiere condenar a la persona, sino callarnos la boca y acabar con el movimiento social.”

Las intervenciones sirvieron para pensar mecanismos para que la comunidad se defienda de las capturas y detenciones arbitrarias. Los resultados fueron presentados con pequeñas obras de teatro, una forma lúdica que facilitó la participación de cada integrante de los grupos (y un ejemplo de educación popular). Luego hubo diferentes actos culturales como parte de la resistencia y la identidad cultural del pueblo. “Que el amor, la música, el baile, el teatro, la poesía, y el circo, nos sigan brindando herramientas para resistir e incidir en todos los territorios”, comentó Mariana Galvis, de la Universidad Industrial de Santander.

Pero más allá de la prevención y reacción a las detenciones arbitrarias, los movimientos presentes se comprometieron con un plan de trabajo conjunto para seguir con la formación de derechos humanos en sus respectivas comunidades y atenuar la crítica situación humanitaria de los presos políticos, cuya voz escuchamos a través de audios en el auditorio.

Al final del encuentro Gloria Silva concluyó: “La organización y movilización de las comunidades son una alternativa que tienen los movimientos populares para revertir los efectos de la política criminal del Estado”. Una muestra de movilización se dio con el bloqueo de los participantes a la Ruta del Sol, columna vertebral del transporte entre la costa y el interior del país. Que le sigan muchas movilizaciones más para que en un futuro cercano los presos políticos estén de nuevo entre nosotros.  en los territorios”.

A Hermes José Burgos le arrebataron la libertad por algo que no hizo. El domingo 30 de septiembre, a eso de las 2:30 de la tarde, lo capturaron en el municipio de Arauquita porque la Fiscalía General de la Nación lo acusa de concierto para delinquir y rebelión.

Hermes hace parte de la Asociación Nacional Campesina José Antonio Galán Zorro (Asonalca). Lideró proyectos productivos, organizativos y políticos en el departamento de Arauca y en el Centro Oriente de Colombia. Y defendió los intereses del campesinado en las mesas de interlocución con el Gobierno nacional.  Esos son, para el Estado, sus verdaderos delitos.


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No hay cifra exacta de cuántos líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido capturados por delitos que nunca cometieron. En los primeros meses del año fueron judicializados 12 integrantes de asociaciones campesinas, mineras y pesqueras del Sur de Bolívar. En el Suroccidente, región que comprende los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca, llegaron a registrarse 20 líderes judicializados, entre los que se encontraban alcaldes, concejales y personeros. De zonas como la Costa Caribe o los santanderes no hay registro, pero existe la certeza de que hay casos de montajes judiciales.

Defensores de derechos humanos plantean que el sistema culpa a las personas y desconoce la presunción de inocencia. Tanto la Fiscalía como la fuerza pública, instituciones encargadas de investigar mas no de condenar, hacen un juzgamiento a priori. La persecución judicial en el Centro Oriente y en Colombia es una estrategia tan vieja como la democracia. Liderazgos como los de Hermes Burgos son una piedra en el zapato para el Estado y las empresas que negocian los territorios como si fueran una mercancía.

En Casanare, Meta y Arauca, zona de trabajo de Hermes, la ley Zidres perpetúa el histórico problema de concentración de la tierra en estos departamentos. El Estado, legalizando lo ilegal, permite que conglomerados económicos se apropien de vastas extensiones de tierra que le pertenecen a medianos y pequeños productores, y además les entrega terrenos baldíos para la producción agroindustrial de celulosa, etanol, o para la producción de cárnicos como es el caso de Fazenda.
 
Las comunidades en sus diferentes formas organizativas le han hecho resistencia a este modelo de país, y han construido un plan de vida propio que privilegia la dignidad, la solidaridad, la equidad y el buen vivir. Intereses que van en contravía de la concentración de la riqueza y de la explotación de los recursos naturales por parte de la industria petrolera. Son dos interpretaciones del mismo territorio que se oponen. Mientras Hermes intentaba imponer la suya a través del trabajo comunitario, el Estado y el sector privado trata de salvaguardar la suya rompiendo el tejido social con los falsos positivos judiciales.

“El blanco objetivo ya no son las FARC. Entonces [el Estado] tiene que cambiar de enemigo, y ha identificado al movimiento social como su enemigo interno (…) [Hermes] está siendo señalado de pertenecer a las guerrillas. Ese es un discurso viejo que siempre han utilizado para encartar cualquier persona, sobre todo a los líderes sociales”, aseguró uno de los defensores entrevistados para este artículo.



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Arauquita, finales de los 90.
Hermes José Burgos termina sus estudios secundarios en el bachillerato agrario de Arauca. Estudia, trabaja su finca, y al mismo tiempo lidera los comités de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) en las veredas Las Gaviotas y San Isidro. Ese liderazgo lo catapulta a la Inspección de Panamá de Arauca que tiene a su cargo 24 veredas. En el 2000, estalla un carrobomba puesto por las FARC en la ye de Pueblo Nuevo, jurisdicción de Arauquita. Diez soldados muertos, varios civiles heridos, entre ellos Hermes, es el saldo que deja la explosión.

El ecosistema hostil no logra amedrentarlo. Años después, Hermes abandona la ANUC y se integra a Asonalca. Vende su finca en Arauquita, y se asienta en Fortul. Participa activamente en el trabajo comunitario y en las asambleas de Asonalca. Poco a poco la suya comienza a ser una voz relevante en la región. Por ello, más tarde, le encargan responsabilidades en la conducción regional y departamental de la asociación campesina.

2007. Año bisagra para Arauca.
Los campesinos deciden erradicar voluntariamente las 2.116 hectáreas de coca que hay en el departamento. Tanto la coca como la marihuana, explican quienes están a la cabeza de la iniciativa, son una amenaza para la vocación agrícola de la zona. Si bien resulta más fácil producir coca, porque para cultivar plátano o yuca es necesario ciencia, tecnología e infraestructura, los campesinos son los que menos se benefician de la cadena productiva del narcotráfico.

(“Nosotros teníamos un plan de vida, y decíamos que la coca no era posible; porque la coca era utilizada como un sofisma del Estado para perseguirnos, para estigmatizarnos, entonces el campesino sufría mucho”, recuerda Carlos Núñez, compañero de Hermes en el bachillerato agrario y en los diferentes procesos organizativos; testigo del exitoso proceso de erradicación gracias al cual Arauca pasó de tener 2.116 hectáreas de coca en el 2007, a tener nueve en el año 2016).

Los gremios productivos, las cooperativas agrícolas y, sobre todo, la pedagogía política, logran que la coca pase de ser una rentable e ilegal opción de vida a ser una amenaza para la tranquilidad de las comunidades. Y, por supuesto, la contribución de Hermes es fundamental en ese cambio de paradigma.

No contento con esto, años más tarde, se empeña en dinamizar la actividad comunitaria y política de Asonalca en el Casanare. Allí encuentra un departamento dependiente de la economía petrolera con graves problemas de vivienda, salud, educación e infraestructura.

Junto a Miriam Aguilar –que también fue su compañera en el bachillerato agrario y también fue capturada en Yopal el mismo día que capturaron a Hermes– entablan relación con las lideresas de los asentamientos urbanos La Bendición y Mi Nueva Esperanza de Yopal. El 19 de febrero de 2015, representantes de Asonalca, líderes y lideresas de diferentes barrios construyen un pliego compuesto por cuatro puntos: el rechazo a los intentos de desalojo efectuados por la fuerza pública, la exigencia de proyectos de reubicación, el seguimiento de las violaciones a los derechos humanos, y el aumento de la cobertura y calidad de los servicios públicos.

A eso: a exigir condiciones de vida digna para los campesinos de Arauca y los habitantes de Yopal se dedicaron Hermes y Miriam hasta el día que los capturaron.

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En la mitología griega Hermes es el dios de los viajeros, del ingenio, de la astucia, de la prudencia, era el único dios que tenía permitido entrar al inframundo porque les ayudaba a los difuntos a encontrar su camino al más allá. Por su elocuencia, se le atribuía una habilidad especial para hacer uso de la palabra, por ello hacía las veces de mensajero de los demás dioses.

En el Centro Oriente colombiano, Hermes también era la voz de muchas voces. Fue formador de formadores. La palabra fue la única arma que utilizó en su lucha: “Siempre trabajaba al lado de la olla. En las mingas y movilizaciones nos contaba las luchas que había dado. Él cuenta con orgullo cómo en ese momento [año 2003] lograron que la cartera de educación nacional fuera al departamento y reconociera la deuda que tenían con el Arauca. En ese momento se sentía en las veredas la crisis de la canasta educativa (…) Don Hermes era una persona que enseñaba con el ejemplo. No era de tanta carreta. Era más de cumplir los acuerdos. De ser muy cumplido con su palabra”, dice Carlos Roa, joven integrante de Asonalca que conoció a Hermes Burgos mientras trabajaba con las comunidades de Yopal.

Hermes, el griego, era el dios de las ganancias y las riquezas. Era el responsable de fertilizar la tierra. Personificaba el intercambio: de bienes, de información, de palabras. Por su pericia para el canje también se le conoce como el dios del comercio. Hermes, el araucano integrante de la Federación de Cacaoteros, demostró que si a lo político se le agregan practicas productivas, puede germinar algo rentable que dignifique la vida campesina: “Hermes es un líder campesino integral. Porque una cosa es ser líder, y otra cosa es ser líder y tener finca. Él tiene finca y tiene la experiencia de los aciertos y los desaciertos en la producción. Una cosa es la teoría y otra la práctica –dice Carlos Núñez–.  Eso ha sido Hermes, un campesino con tesón, muy aferrado al trabajo campesino, y con mucha experiencia en el tema agrario”.

Hay hombres que se convierten en dioses. Y hay dictaduras disfrazadas de democracias.

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