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Fútbol traqueto

Ha terminado otra versión de la Copa América de Fútbol, y la participación colombiana ha estado acompañada de una mancha vergonzosa, la amenaza de muerte a un futbolista por haber errado un cobro desde el punto penal. Este tipo de violencia en el fútbol se ha convertido en moneda corriente en los últimos treinta años, si tomamos como punto de referencia lo acaecido el 15 de noviembre de 1989, cuando fue asesinado, luego de un encuentro futbolero en la ciudad de Medellín, el árbitro Álvaro Ortega por orden directa del narcotraficante Pablo Escobar, que lo consideraba responsable de la pérdida de un partido del Independiente Medellín.

Desde ese suceso el fútbol en Colombia, como nuestra sociedad, empezó a ser dominado por la lógica traqueta, que hoy lo cubre de la cabeza a los pies. Entre los hechos más vergonzosos se encuentra el asesinato del futbolista Andrés Escobar, que fue ultimado por sicarios en Medellín, en pleno mundial de 1994, cuando había regresado luego de la eliminación de la selección, certamen en el cual Escobar había cometido el “terrible crimen” de hacer un autogol, en un juego que Colombia perdió frente a Estados Unidos por un marcador de 2-1. Esa fue la sentencia de muerte del defensa del Atlético Nacional, quien alguna vez dijo: “A mí me gusta el fútbol, porque a diferencia de los toros en el futbol no matan a nadie”. En 1996 fue asesinado por otros sicarios el exfutbolista Felipe Pérez, campeón con el Atlético Nacional en 1989, quien se había desempeñado como sicario de Pablo Escobar. El listado de futbolistas asesinados es un interminable rosario, entre los cuales pueden nombrarse a Omar Cañas (1993) y Albeiro Usuriaga (2004).

Los asesinatos de un árbitro y de numerosos futbolistas son solo la punta del iceberg, lo más ruidoso del fútbol colombiano, pero el problema es más agudo, en la medida en que la lógica traqueta lo ha invadido completamente, a diferencia de lo que sucede en el resto de países. El fútbol se hizo traqueto desde el momento en que los clubes profesionales fueron comprados y manejados por capos de la mafia, hasta el punto que prácticamente ninguno de esos equipos estuvo al margen de la influencia de narcotraficantes y paramilitares desde mediados de la década de 1980, una influencia que se mantiene a distintos niveles. Esta nueva dirigencia le apostaba a ser ganadora, sin importar lo que hubiera que hacerse para lograrlo, incluyendo matar árbitros y futbolistas. Ganar a como dé lugar, sin importar los medios, podría pensarse que no es exclusivo del fútbol que se practica en Colombia, puesto que en otros países del mundo se ha llevado a cabo. Pero en Colombia el asunto ha adquirido unos ribetes criminales que no tienen parangón con ningún otro lugar, aquí la vida es lo que está en juego, en medio de macabros rituales de violencia.

Dirigentes, dueños de los clubes (a menudo políticos con vínculos directos con narcos y paramilitares), futbolistas, periodistas deportivos, y los propios aficionados han hecho suya esa lógica traqueta, lo cual puede constatarse en los campeonatos internacionales en los cuales participa la Selección colombiana de Fútbol. Ya se ha establecido como una condición que donde juega esa selección algo fuera de lo deportivo tiene que suceder, siempre queda una estela de muerte y violencia (física y simbólica), que nos debería avergonzar ante el mundo. No por azar, las celebraciones de cada victoria en nuestro país, vienen acompañadas de muchos muertos; así sucedió el 23 y 24 de septiembre de 1993, luego del triunfo 5-0 contra Argentina, cuando en la ciudad de Bogotá hubo 120 muertos (en promedio 24 fallecidos por cada gol); en el Mundial de 2014, en cada partido ganado por la Selección hubo un promedio de nueve muertos y decenas de heridos; en el Mundial de 2018, al mismo tiempo que se jugaba el partido entre Colombia e Inglaterra, fueron asesinados en sus casas varios líderes y lideresas sociales.

Un deporte de multitudes que debería convocar a la confraternidad pero se ha convertido en un peligroso espectáculo. Ha dejado de ser un juego, un deporte y un espectáculo. Y aquellos que son considerados responsables de que no se logre un triunfo, en el mejor de los casos se les amenaza, como sucedió con el defensa Carlos Sánchez en 2018, luego de haber cometido una falta penal que significó su expulsión en el partido contra Japón. En esa ocasión, la aleve amenaza, para más señas, vino acompañada con una foto del asesinado Andrés Escobar.

No hay espacio para los perdedores, tenemos que ganar a toda costa, y como en el caso de la sociedad, eso es alimentado por esos sicarios con micrófono que son los locutores y comentaristas de fútbol, que fanatizados con la camiseta de la Selección, presentan un encuentro de fútbol como un duelo a muerte, en donde no hay espacio para reconocer a los contrincantes y en aras de que ganen sus patrocinadores –por ejemplo los productores de cerveza, como Águila–, encumbran artificialmente a la Selección y a sus futbolistas, con lo cual preparan el terreno para que una derrota sea vista como algo injusto, en razón de lo cual hay que buscar culpables de tales pérdidas.

Eso mismo ha vuelto a suceder por estos días, con la amenaza a William Tesillo, sentenciado por haber errado un cobro de penal contra Chile, que a la postre significó la eliminación de la Selección colombiana. En las redes antisociales, ese refugio anónimo de los cobardes le enviaron al jugador y a su familia muestras de cariño de alto nivel, como la que circuló en Instagram: “Perro Hpta espero le pase como Andrés Escobar perro Hpta”. Pero como el carácter traqueto de nuestro fútbol afecta a toda la sociedad, otra muestra es la del ejemplar comportamiento de los aficionados colombianos en los estadios del mundo donde juega la Selección y donde queda una huella imborrable de vergüenza y vulgaridad. En Rusia, aficionados portando la camiseta amarilla hicieron circular por las redes el insulto machista y misógino a una japonesa, a la que supuestamente enseñaban a hablar castellano, con el estribillo, “soy bien perra, más puta”. En Brasil, mientras jugaba la Selección, aficionados colombianos se peleaban e insultaban entre ellos, como muestra de querer solucionar cualquier problema a la colombiana.

Que el carácter traqueto de la cultura colombiana haya colonizado el fútbol desmiente la afirmación del escritor catalán Manuel Vásquez Montalbán, quien alguna vez dijo que “el fútbol me interesa porque es una religión benévola que ha hecho muy poco daño". En el caso de Colombia alrededor del fútbol, y por el fútbol, sí que se hace daño, tanto dentro como fuera del país. Ese es el precio que se paga por haberlo convertido en una actividad que forma parte de nuestra cultura traqueta, tan violenta y corta de miras, y por ello se amenaza de muerte a un futbolista que ha errado un penal, dado que para los traquetos hay que ganar siempre porque como en el pensamiento positivo, no se acepta ni la derrota ni el fracaso.

Se le quita la cáscara a la semilla original, queda otra capa de cáscara que se quita con un golpecito de martillo –semilla por semilla-, luego se lava y se hierve, se tuesta –sea en leña o en fogón–. Se saca en varias presentaciones: caramelizado, con pimienta, o con sal marina. El Sacha Inchi es una semilla ancestral oriunda del Perú y de la selva amazónica, tiene características nutricionales, preventivas, y curativas. Fue cultivado por la civilización Inka y fue uno de los principales alimentos de esta tribu –también se le conoce como el maní de los Inkas–. En algunas tumbas Arhuacas se encontraron cerámicas sobre la semilla. El Sacha Inchi aguarda memorias ancestrales que dos personas se han propuesto rescatar.

Desde hace cinco años Juan Carlos y Valentina, desde el municipio de Alejandría, en el Oriente de Antioquia, se propusieron estudiar el maní de los Inkas. El agotamiento que les generó el sistema capitalista –de consumo inconsciente como ellos le llaman–, les permitió encontrar otras formas de existencia. Alrededor del proyecto Sacha Inka hay toda una visión del mundo.

Sacha Inka es una propuesta enmarcada en la concepción de las economías alternativas que busca recuperar el sentido ancestral de este alimento, construir otros modos de consumo, y liberar la semilla. Llegó a Alejandría hace aproximadamente cinco años, la granja Mano de Sol recibió la semilla y desde ese momento no han parado de descubrirla. Los portadores de esta propuesta han caminado diferentes lugares del Oriente antioqueño y del departamento regalando semillas y haciendo la pedagogía respectiva. El propósito es compartirla también en otros lugares del país. Este alimento se produce desde lo artesanal, los campesinos de este territorio han recibido la semilla de forma gratuita. En torno a este proyecto hay todo un espectro de intereses simbólicos contra-capitalistas que se configuran en la lógica de la soberanía alimentaria, los sujetos que se ven implicados en este proyecto comparten una visión anti-sistema del mundo. Su forma de resistir es cultivando.

Según Valentina, el Sacha Inchi tiene tantas potencialidades nutricionales como curativas, “este producto posee omega 3 en un 48%, omega 6 y 9. El omega 3 es fundamental para el cerebro y el corazón. Ayuda a la conexión cerebral, evita muchas enfermedades, por ejemplo la trombosis, el derrame cerebral, ayuda también a eliminar la grasa mala de las arterias. Por lo tanto, ayuda a controlar triglicéridos, colesterol, presión arterial, evita infarto de miocardio. Además de ello tiene mucha proteína, ayuda mucho a los niños con déficit nutricional”. Sin embargo, los colombianos aún no se han apropiado de esta semilla, concluye.

Una de las grandes motivaciones de este proyecto, es promover no solo el consumo del alimento sino la producción agroecológica del mismo. Desde Sacha Inka ven con ojos de preocupación el consumo extranjerizado, “es increíble que el 80% de la producción mundial se la consuman los japoneses, y el otro 20% Europa y Canadá, la idea con esta semillita es rescatar lo que nuestros ancestros nos dejaron. Cuando empecé a investigar desde Alejandría sobre esta semilla vi que gran parte de la producción estaba siendo consumida por los extranjeros. Entonces desde hace tres o cuatro años yo me di a esa tarea, me dije: es increíble, es absurdo que tengamos nuestra propia medicina y que tengamos que hacer uso de otras cosas en vez de usar nuestro propio alimento, nuestra herencia”, asegura Juan Carlos.

Sacha Inka se visiona como un proyecto independiente que no pretende alinearse a ningún aparato comercial. Con la cooperativa Sacha Colombia tienen experiencias bastante complejas que les impide asumir, desde la buena fe, la labor que desde allí se desarrolla. Según Juan Carlos: “Sacha Colombia llegó al municipio pero de una forma muy autoritaria, similar a la cooperativa de caficultores –que podemos ver que al día de hoy tiene al campesino prácticamente quebrado–. Esta cooperativa llegó entregando y repartiendo semillas que tenían un costo de 230.000 pesos un kilo, y digamos que usted empezaba con ellos y ya quedaba usted inscrito en la cooperativa y tenía que regalarles 25 kilos, los primeros 25 kilos de la producción. A raíz de eso muchas personas vieron que, lastimosamente, estas cooperativas más que un beneficio se estaban era lucrando con el esfuerzo de ellos. Más de una persona se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y empezamos a unirnos unos cuantos campesinos con el fin de generar el comercio más justo. Ahorita somos seis o siete personitas con sus respectivas familias, el pensado es que más personas se van a ir uniendo. El Sacha Inchi ya se está vendiendo a un precio más justo y se está retribuyendo mejor su economía, desde allí se viene creciendo con el proyecto de Sacha Inka, nos hemos venido mostrando en la región, en Antioquia, en otras partes del país, y hasta en otros países. Desde Alejandría han salido productos hacia Suiza, Alemania, Estados Unidos”.

La experiencia de Valentina y Juan Carlos con el producto les ha llevado a generar relaciones con campesinos a lo largo y ancho de la región, “el buen vivir”, sin duda, es la categoría que comparten estas personas y que les permite articular visiones estratégicas sobre la ruralidad. Sanar el campo y liberar la madre tierra a partir del uso consciente de las semillas, además de constituir dinámicas comerciales de corte horizontal –comunitario– es uno de los tantos propósitos que aguarda este proyecto. No ha sido fácil encontrar un mecanismo –que no sea la cooperativa– que permita la confluencia entre campesinos productores de Sacha; y no es por falta de interés, pues la cooperativa Sacha Colombia ha vulnerado a campesinos y campesinas del Oriente antioqueño, desde Alejandría, pasando por San Carlos y llegando hasta San Francisco.

“Le cuento pues que esta misma situación la está viviendo San Francisco y San Carlos. Esta semana me llamaron porque ellos ya están cansados y no quieren trabajar más con la cooperativa. Entonces me estaban invitando a trabajar con ellos, a que yo fuera el comercializador de ellos, que si yo era capaz de sacarles las semillas que tienen, porque tienen un represamiento de varias toneladas de semillas y ellos no quieren vendérselas a la cooperativa. Sergio –me dice Juan Carlos–, usted cree que es posible que esos campesinos un día le compraron a la cooperativa la semilla, les vendieron a 230.000 pesos el kilo y enseguida ellos [los campesinos] sacaron los kilitos de la producción y fueron a vendérselos y se los estaban retribuyendo a 5.000 pesos, es muy injusto. A ellos los invitaron a Medellín a una exposición y les tocó ver cómo sus propias semillas eran vendidas por esa cooperativa a un precio de 80.000 pesos, esto inmediatamente generó rabia y desesperanza en los campesinos. A partir de ese suceso ellos decidieron trabajar fuera de la cooperativa y crear pequeños núcleos de sociedad donde van a trabajar ellos mismos, a darle transformación a su producto, a no depender de estas cooperativas, y este es el llamado, esto es lo que tenemos que hacer. Tratar, desde nuestros propios medios, unirnos, y entre todos favorecernos con este “cultivito”. Entonces ahí vamos en este proceso. No hay una ayuda gubernamental. Los campesinos trabajan con el corazón, no están esperando que nadie les dé nada para poder hacerlo”.

Se dice que la gente tiene derecho al dolor, a indignarse, a renunciar –así sea simbólicamente– a este mandato capitalista, a crear nuevas esperanzas donde poder habitar y reconfortarse. Hay múltiples formas de hacerle frente a las injusticias, de resistir, de proyectar la indignación. Pero la gente –todas las gentes del mundo– no tiene derecho a perder la esperanza, a claudicar, a no querer ver –voluntariamente– los problemas de la humanidad. Sacha Inka es más que un proyecto comercial. Es visión, es resistencia, es otra forma de clasificar la vida. Organizar la rabia, el dolor, y la indignación –creativamente– es un imperativo para el movimiento social. Valentina y Juan Carlos están dispuestos a seguirnos enseñando, a mostrarnos el camino que demarcaron los ancestros. Pues su proyecto, al estar construido con amor, es inacabado.

Seguirán resistiendo, es decir, compartiendo semillas por aquí y por allá.

*Sergio es Comunicador Comunitario del Movimiento Social por la Vida y la Defensa del Territorio. Su artículo fue publicado originalmente en la Segunda Edición de la Revista Movete.

El arte de recibir bebés es tan noble como exigente. Las parteras, tan tradicionales en nuestras comunidades, han visto nacer a más de medio pueblo. En El Paraíso, corregimiento de Simití, municipio ubicado en el Sur de Bolívar, vive Berta Oliva Quintero, quien ha visto nacer bebés en Tolima, Antioquia, Valle del Cauca y el Sur de Bolívar. Berta Oliva, oriunda de Armenia, capital del Quindío, cuenta que desde muy niña le gustaban los partos, la maternidad, y por eso en la escuela decidió aprender ese oficio. Allí le enseñaron a aplicar inyecciones, a poner suero, a usar el termómetro, entre otras cosas.

Con la tranquilidad de una abuela, sentada frente a la mesa, dándole la espalda al lavadero, va contando su experiencia como partera:

“Cuando viene de pie el bebé, se saca con los dedos índices ubicados en los lados de la cara, [hay que] acomodarlo de manera que el mentón se baje para que pueda ajustarse por la cavidad vaginal, mientras que se sube el puente que está sobre la cavidad para mejorar el paso del bebe. Si sale ahogao, se voltea boca abajo rápido, se sopla por el culito y se le chupa por la boca, se le saca baba, sangre, agua fea y esto se repite hasta que respire. Así se previene que sufra de asfixia porque le queda agua de la fuente. Cuando viene atravesado saca una manito por la vagina, se le mete y [toca] voltearlo rápido, porque si se pasa de nacer corre el riesgo de morir”.

–Doña Berta, cuénteme sobre un caso que nunca se le olvide.

“Mi marido Parmenio me prohibió que asistiera a una señora porque su esposo le había matado una marrana de cría dándole yuca envenenada por dañarle la yuquera. En ese entonces, tuve un libro [que] enseña cómo recibir un bebé. Se lo presté a una sobrina y se animó a asistir a la señora, pero el problema fue que se enfermó en pleno parto. Era primeriza. La niña se les vino de pie, uno aprendiendo y un caso de esos, eso es duro.

No tuvieron más salvación que venir a buscarme. Pero mi marido insistía en que no fuera. Entonces le dije que era mi deber asistir a la señora y su bebé. Llegué allá, [y] ahí mismo me puse los guantes, y saqué la niña porque sé cómo se saca. Pero ya estaba muerta. Nació con la lengüita afuera, los ojitos brotaos y moradita. Pero menos mal la saqué, porque querían sacar a la mamá con la bebé adentro en una hamaca por este camino de siete horas hasta el hospital. Eso hubiera sido un fracaso. Me alegro porque la señora quedó bien.

Volvió a quedar embarazada esta señora al poco tiempo. En ese momento llegó por aquí un señor de Antioquia diciendo que sabía asistir a embarazadas. Gracias a Dios, dije yo. Pero primero él le dijo a la señora que fuera donde mi para que yo la sobara y recibiera al bebé en buenas condiciones. Cuando llegó el día, yo estaba enferma de sinusitis, mi esposo me tenía un trapo amarrado en la cabeza con hojas de cacao. Se volvió a enfermar la embarazada y el señor no fue capaz. Mandó a decirle a mi esposo que le prestara los obreros de la finca para sacar a la señora enferma, pero no se podía porque ese día terminaban el trabajo. Me senté en la cama, Parmenio me apretó el trapo y me fui. Del puesto de salud se ve una finca, allá vivía la señora. No sentí nada, se me quitó de sorpresa el dolor. El señor de Antioquia estaba sentado en el caño, y me dijo que no me metiera con la señora porque se iba a morir. ¿Por qué?, le pregunté. Porque ese niño ha nacido dos veces y ella no hace fuerza pa que salga, me dijo. Voy a mirar a ver, le respondí.

De carrera me puse los guantes, esa señora [estaba] que se reventaba. Lo que se asomaba era la fuente. Búsqueme la cuchilla para romper el cordón umbilical, le dije al esposo. Le rompí la fuente y salió pa fuera, era una niña. Nació normal, un poquito pasadita, [pero] la [hice volver] en sí.

Otro de los casos que tanto recuerdo fueron dos mellizos. La primera nació a las dos de la tarde. La otra se queda, se queda y yo hágale a ver, y a las cuatro de la tarde vino a nacer la otra. No entiendo ese proceso. En ese año, asistí cinco casos de puros mellizos, incluyendo una hija mía a quien mató una culebra.

He tenido partos de pie. A una hija mía se le vino el bebe de nalgas. Ahí toca meter la mano y estirar los pies. No me da problema, porque ya sé el proceso [para] sacarlos de allá. Aquí han venido muchas que llegan de pie y los he volteado. Hay una soba que hay que hacer: aquí en la cintura, toca sobarles duro para moverlos, los voltea, suben los pies y se vuelve a sobar para que se acomoden.

Yo me sobo, me doy cuenta cómo está el pelao. Cuando está en proceso de nacer, sé cómo hacer para no tener dificultades. Los tengo arrodillada. Para uno solo es más fácil así. He asistido señoras que les cuesta acostadas, las arrodillo y nacen. Todos mis hijos los tuve así. Con Reinel tuve problema porque la suegra quería asistirme y yo no quería. Yo detenía el parto, entonces le dije a mi esposo que le pidiera matar una gallina pa' hacerme un caldo y coger fuerzas. Cuando ella estaba echándole maíz pa' coger la gallina ahí nació el pelao. Me tocó soplarlo porque nació ahogadito”.


En este rato conversando y tomando tinto endulzado con panela, doña Berta comparte con alegría su conocimiento como si el suyo fuera un arte menor. Esta abuela se da el lujo de conocer el corregimiento como la palma de su mano, no solo por ser una de las primeras pobladoras, sino por ser la partera oficial que recibió al resto de la comunidad que empezó a crecer a partir de 1970. En materia de salud, doña Berta es la ciencia viva del campesinado colombiano. Al igual que ella, son miles las campesinas que protegen y cuidan la vida, su comunidad y el territorio.

Un fantasma vuelve a recorrer Europa –si es que alguna vez dejó de hacerlo–. Los lamentos de buena parte de la sociedad civil, consciente de la deriva autoritaria que en el pasado reciente originaron los movimientos de extrema derecha en Europa, son cada día más reales. Afloran paulatinamente los recelos que una parte de la ciudadanía europea, que no se considera xenófoba, ni racista, ni clasista, ni especialmente machista, tiene precisamente sobre aquellos venidos de otros países, personas de diferentes etnias, juzgadas en razón de su estatus y despreciados especialmente si se trata de mujeres o población LGTBI. Llámenle recelos, llámenle miedos, llámenle odio, el caso es que estos prejuicios son incontrolados y se focalizan sobre grupos de población con los que inevitablemente se comparte la cotidianidad y a los que es más fácil deshumanizar y señalar de moros, sudacas, negratas, guarras, feminazis, maricas o travelos.

Y mientras parte de la sociedad civil agita las banderas del odio de la extrema derecha, otro pedazo del pastel sociológico, en este caso de la derecha, trata de normalizar la situación, mientras una izquierda en declive queda atónita, frustrada o cansada, y otra izquierda en continua reinvención trata de hacerle frente antes de que sea demasiado tarde.

La derecha es hoy el fantasma que recorre Europa. Vimos cómo el Frente Nacional francés se envalentonaba y conseguía llegar a una segunda vuelta en las elecciones presidenciales, desplazando a los gobiernos de conciencia obrera de muchas ciudades galas. Observamos con preocupación cómo el UKIP británico (Partido de la Independencia del Reino Unido) conseguía hacerse hueco entre las masas trabajadoras del país y tomaba protagonismo en el Brexit. Quedamos horrorizados cuando Viktor Orban tomó el poder en Hungría con un gobierno filofascista de relato abiertamente racista, cuando la derecha austriaca decidió normalizar a los ultras dándoles cabida en su Gobierno nacional y cuando el agua y el aceite decidieron dejar de ser oxímoron en Italia, al unirse el Movimiento Cinco Estrellas con la derecha ultra del actual ministro del Interior, Matteo Salvini.

Una ola que no ha dejado atrás a los civilizados países del centro y norte de Europa, que también han visto surgir movimientos ultras como Alternativa por Alemania, justamente en el país que ha tratado durante más de 70 años de desligarse formalmente del discurso del odio. También España, con la incursión de Vox y el recibimiento de los partidos de derecha con los brazos abiertos, parece al borde del abismo ultra.

¿Qué une a todos estos movimientos de extrema derecha? ¿Cuál es el corpus que liga a este fantasma que no deja de recorrer Europa? Los discursos ultra no son nuevos, ni tampoco sus formas, con las banderas izadas del nacionalismo de Estado, o el apoyo en determinadas jerarquías religiosas. El mayor cambio experimentado entre la Europa del primer tercio del siglo XX, con un fascismo galopante, y la Europa de este primer tramo de siglo XXI, amenazada de nuevo, es precisamente la creación de una estructura supranacional que debía haber servido como punta de lanza del hermanamiento entre pueblos, pero que no ha generado sino disputas, agravios y la consolidación de los Estados-nación que surgieron con la Edad Moderna. Sin duda, la Unión Europea no puede ser la única diana sobre la que disparemos la culpabilidad del ascenso de la ultraderecha en el viejo continente, pero cierto es que no ha sido la Europa de los Pueblos capaz de aglutinar, motivar la confraternidad y evitar los nuevos fascismos o parafascismos.

Desde su constitución la Unión Europea ha vivido atrapada por el economicismo, el acero y el carbón. Los lobbies y cruces de intereses empresariales de las transnacionales han llevado a los dirigentes europeos a despreciar por completo cualquier atisbo de humanidad. Alguien, quizás, tache de hiperbólico esto último. Pero ¿cómo se explican los 2262 migrantes muertos el pasado año en el mar Mediterráneo? Los desheredados se echan al mar con lo que llevan puesto, huyendo de la guerra en sus países, del hambre, del terrorismo, impregnados por la desesperación de quien solo es capaz de ver muerte y miseria a su alrededor. Y la respuesta de Europa en tierra firme es alzar vallas, construir muros, instalar alambres de púas, y negar la asistencia a los náufragos de las maltrechas pateras y barcazas que se lanzan al agua después de soportar kilómetros y kilómetros de dura travesía que incluye chantajes o violaciones inhumanas.

Y de pronto, el Aquarius
Con un ejecutivo comunitario europeo paralizado y unos gobiernos nacionales impávidos ante este escenario, las ciudades de Europa parece que han tomado el relevo de la conciencia social. En el verano de 2018, mientras los gobiernos de Italia y Malta se negaban a auxiliar al Aquarius, un barco de rescate con alrededor de 106 refugiados a bordo, a la deriva, sin alimentos, ni agua, una ciudad de menos de un millón de habitantes alzó su pequeña voz. En el extremo este de la península ibérica, Valencia dijo que quería asistir a esos refugiados, y que prestaba su puerto para que el Aquarius atracase antes de que sus ocupantes murieran de hambre, sed y desesperación. No era algo nuevo: meses antes, decenas de municipios de toda Europa se habían unido para declararse Ciudad Refugio, y mostrar con orgullo pancartas y emblemas con un Welcome Refugees (Bienvenidos refugiados) que instaban a despertar muchas consciencias ciudadanas.

El municipalismo ha tomado el relevo. Las ciudades en Europa se han erigido como canalizadoras de un malestar social que no se deja atemorizar ante el auge de la extrema derecha, ni su banalización por parte de las derechas tradicionales, liberales y conservadoras. Es muy probable que aquel viejo fantasma nunca abandonara del todo Europa, pero hoy el municipalismo político y social es el que le hace frente.

En este momento está ocurriendo una revolución basada en la ecología, la autonomía democrática y la liberación de las mujeres. Miles de personas, principalmente kurdas, están haciéndole frente al sistema de muerte que impone el capitalismo patriarcal, sus productos culturales, los Estados-nación y el terrorismo religioso que ocupa actualmente su territorio. En Oriente Medio, entre cuatro países donde milenariamente han habitado un sinnúmero de culturas diferentes, se están organizando pueblos enteros en un nuevo paradigma llamado Confederalismo Democrático. En Kurdistán, un pueblo que no busca tener un Estado propio, se está desarrollando un proceso político y cultural revolucionario para la vida digna, gestado durante cuarenta años de lucha.

Su historia
El pueblo Kurdo es la sociedad sin Estado-nación más grande del mundo y también una de las etnias autóctonas más antiguas en Oriente Medio. Más de 30 millones de personas se reconocen bajo una identidad kurda, una cultura cuyos orígenes se remontan a la edad de Hielo (20.000 años a.C.). Existen registros del pueblo Kurdo que datan de 612 años a.C. En el siglo XIX su autonomía fue oficialmente reconocida por el Imperio Otomano. A pesar de habitar un territorio objeto de invasiones, los kurdos han logrado permanecer y mantener su idioma.

Con la caída del Imperio, luego de la Primera Guerra Mundial, hubo una negociación imperialista para llegar a un acuerdo de paz donde se definieran fronteras nacionales en Oriente Medio. El Tratado de Sévres, que fue firmado en Francia, aunque nunca entró en vigencia, dio comienzo a la construcción de los cuatro Estados en los que hoy se divide el territorio kurdo: Turquía, Siria, Irán e Irak. Pero la guerra en Turquía continuó, y en 1923 –con el Tratado de Lausana– se reconoció el Estado Nacional de Turquía, dividiendo definitivamente al pueblo kurdo. En este último acuerdo se tuvieron en cuenta los intereses de los sectores conservadores y burgueses kurdos, quienes defendieron su religión y su poder económico pero no la autonomía de su pueblo.

Con la creación del Estado turco comenzó un nuevo genocidio del pueblo kurdo. Su lengua y sus prácticas culturales fueron prohibidas, al tiempo que se intensificaban las masacres en su contra, tal como ocurrió con el pueblo armenio, que fue eliminado casi por completo. Además, a partir de 1925 se crearon políticas nacionales genocidas para neutralizar los levantamientos populares. Aunque más de 80.000 personas kurdas fueron asesinadas, entre la década de 1920 y 1970 hubo, al menos, 28 levantamientos.


Sus luchas
Durante la década de 1970, hombres y mujeres kurdas que estudiaban en Ankara, capital de Turquía, se reunieron para estudiar las propuestas marxistas-leninistas y maoístas, y trabajar por la liberación nacional de su pueblo. Inspirados por los levantamientos de 1968 y por las revoluciones en Cuba, Nicaragua y Vietnam, estos grupos decidieron ir a los pueblos y compartir allí sus reflexiones. Gracias a esto muchas personas comenzaron a hacer consciente su identidad kurda y a organizarse en consejos comunales, sindicatos, etc.

El 27 de noviembre de 1978 se fundó el Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK) que se centró en la lucha armada por la liberación nacional. Durante la década de los ochentas, hubo varias guerras nacionalistas entre los Estados ocupantes del territorio, y un golpe de Estado en Turquía que provocó muchas muertes kurdas, pero también implicó el debilitamiento de estos Estados y motivó el fortalecimiento del PKK en las zonas rurales.

Aunque en ese momento no había un análisis profundo sobre la importancia de la liberación de las mujeres, desde el primer programa del partido se hizo explícita la necesidad de luchar por la igualdad. En esa década hubo un gran fortalecimiento de las mujeres organizadas dentro del PKK, quienes en diferentes espacios promovieron, cada vez más, las discusiones sobre su propia liberación. El 1 de noviembre de 1987 se fundó la primera asociación de mujeres Kurdas (YJWK) en Hannover y al mismo tiempo se construyó una asociación de mujeres en Amed, Turquía.

Con la caída del bloque soviético comenzando la década de 1990, muchas organizaciones socialistas en el mundo comenzaron nuevos debates, análisis políticos y búsqueda de alternativas más allá del llamado socialismo real. El PKK, por su parte, entre 1993 y 1999 se centró en buscar una solución política al conflicto, realizando una gran cantidad de ceses unilaterales al fuego. Su propuesta se centró en construir un Kurdistán libre y una federación de pueblos de Oriente Medio.

Al mismo tiempo, las mujeres del movimiento continuaron fortaleciendo su trabajo y sus reflexiones. En 1995 se celebró el Primer Congreso de Mujeres, donde se fundó la Federación de Mujeres Libres de Kurdistán (YAJK). Luego se fundaron organizaciones de mujeres en diferentes ámbitos y lugares, desde partidos políticos hasta un frente guerrillero. Pero el siglo también trajo consigo la continuidad de la represión estatal y la “guerra contra el terrorismo”. En un operativo ilegal abanderado por la OTAN, la alianza militar de Europa, el líder kurdo Abdulah Öcalan fue perseguido y secuestrado, al tiempo que cientos de activistas más fueron encarcelados mientras el Estado turco continuaba masacrando al pueblo. Los ataques, antes que debilitar el movimiento, motivaron una reorganización estructural.

A partir de ahí comenzó el cambio de paradigma más profundo en el que ha avanzado el movimiento kurdo. En el Tercer Congreso de Mujeres, realizado en el 2000, se fundó el Partido de las Mujeres Libres (PJA), y se propuso que todas las estructuras patriarcales debían ser objeto de transformación. Luego de haber librado una lucha de clases durante todo el siglo XX, era necesario hacer un análisis más profundo y complejo: ampliar la lucha, reconocer al patriarcado como base fundamental de la explotación de las personas y combatirlo nacional e internacionalmente.

En 2002 se comenzó a desarrollar de forma más clara la idea de un modelo organizativo fuera de los Estados nacionales, el denominado Confederalismo Democrático, donde se plantea que la cuestión kurda no puede partir de las herramientas dadas por la modernidad capitalista, pues esto solo llevaría a una nueva sociedad basada en las mismas formas de explotación. Esta propuesta, en cambio, se basa en una participación directa de las personas en la organización de sus propias vidas, entendiendo que los Estados están fundados en el poder, mientras que las democracias están fundadas en el consenso colectivo y la participación voluntaria de las personas. La democracia es entendida como la forma administrativa para organizarse y el Confederalismo Democrático es una auto administración que busca una economía de intercambio, no de explotación. En palabras de Öcalan, “el Confederalismo Democrático está abierto a otros grupos y facciones políticas. Es flexible, multi-cultural, anti-monopólico y orientado hacia el consenso. La ecología y el feminismo son pilares centrales”.

Bajo esta propuesta se está forjando actualmente una revolución en más lugares del territorio kurdo. En Siria, por ejemplo, el Estado entregó el control de algunas zonas debido a una guerra civil que se agudizó a partir del 2011 por la presencia de grupos fundamentalistas religiosos. Desde entonces, en el territorio autóctono del pueblo kurdo ubicado al norte de Siria, son las guerrillas kurdas quienes han combatido para para proteger la vida de su pueblo y defender el trabajo de reconocimiento y auto-organización que se venía desarrollando desde años atrás.

Nuestra solidaridad
Las guerrillas kurdas, tanto de hombres como de mujeres, son quienes han hecho frente al Estado Islámico en Kurdistán. Y aunque Estados Unidos haya dado apoyo aéreo –un tema que sigue siendo de enorme controversia entre los movimientos internacionalistas–, es importante reconocer que, en poblaciones como Kobane, Afrin y Rojava, se está gestando una revolución social. Como no hay presencia de ningún Estado, desde hace varios años las personas que viven allí –tanto kurdas como sirias, armenias y de otros lugares del mundo– se están organizando a partir del Confederalismo Democrático, basado en una participación equitativa: 50 hombres y 50 mujeres en todos los espacios de participación y toma de decisiones.

Además, hay un ejercicio permanente de democracia directa, así como espacios de formación, reflexión y desarrollos prácticos de la Jineoloji, ciencia práctica de las mujeres para una vida libre. Hay también espacios de organización de las mujeres y hasta una aldea de mujeres libres llamada Jinwar, donde ellas mismas han construido las viviendas y los mecanismos de participación. Esta construcción práctica de una realidad revolucionaria, anticapitalista y antipatriarcal no solo ha permitido la vida digna de quienes viven allí, sino que es un modelo de inspiración en otras partes del mundo.

Pero sobre este territorio, rico en petróleo y otros minerales, hay enormes intereses económicos y por eso el asedio permanente del Estado turco que en los últimos años ha bombardeado las zonas liberadas, asesinando cientos de civiles que construyen su vida en autonomía. El Estado turco no busca una solución política a la cuestión kurda, solo busca su aniquilación. Por eso hoy sigue siendo necesaria la resistencia y la solidaridad internacional con Kurdistán.

En noviembre del 2018, la diputada del partido kurdo (HDP) en Turquía, Leyla Güven, comenzó una huelga de hambre para exigir la negociación política de la problemática kurda y el fin del aislamiento de Öcalan, líder del movimiento, preso desde 1999. A esta huelga se han sumado más de 300 presos y presas políticas en Turquía y activistas kurdos en diferentes lugares de Europa. El 16 de marzo de 2019 murió el primer huelguista, Zülküf Gezen, encarcelado desde hacía 12 años en la cárcel de Tekirdag. “Pero iremos hasta el final”, han dicho los y las huelguistas.

En este contexto adverso, el movimiento kurdo se sigue fortaleciendo. Poblaciones enteras de hombres y mujeres se están organizando para vivir fuera del capitalismo, en auto gobiernos que buscan transformar las dinámicas patriarcales y desarrollar pensamientos y prácticas ecológicas. Esta lucha nos ofrece muchas herramientas de inspiración y de análisis, por eso atendemos su llamado a la solidaridad internacional, porque durante más de 40 años han venido construyéndose, reflexionando y transformándose desde dentro y hacia fuera. La vida auto-organizada, fuera del Estado-nación, con autonomía de las mujeres, está siendo posible. Construirla allí donde nos encontremos es la fuerza solidaria más grande que podemos darle a este movimiento y a nosotras mismas.

“Ni corrupto, ni ladrón”. Ese fue el lema de campaña que llevó a un comediante a la presidencia de Guatemala en 2015. Jimmy Morales, hizo de la lucha anticorrupción su bandera hasta que en el 2017 la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), dirigida por el colombiano Iván Velásquez, determinó que su hijo y su hermano estaban involucrados en casos de corrupción. Una vez salieron a la luz las investigaciones, Morales la emprendió contra la Comisión, reprimió las manifestaciones ciudadanas que la apoyaban, y el 4 de septiembre de 2018 prohibió la entrada de Iván Velásquez al país.

Los corruptos invirtieron en propaganda para desprestigiar a la CICIG, pero en las elecciones del 16 de junio de este año los guatemaltecos enviaron un mensaje: el partido del presidente saliente pasó de 32 a 8 senadores, el movimiento político ciudadano surgido de las protestas obtuvo 8 senadores, y por primera vez hubo una candidata indígena que obtuvo más de 400.000 votos. Son estas, según Velásquez, “las bases incipientes de un sueño y una misión personal”.

Velásquez, un paisa nacido en 1955, es experto en irritar al poder. En los 90's emprendió desde la Procuraduría y la Fiscalía una lucha frontal contra el crimen y el narcotráfico que reinaban en Medellín. En la primera década del 2000, siendo magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, sus investigaciones mostraron los nexos entre el sector político y el paramilitarismo, por lo que fueron condenados alrededor de 50 congresistas. Iván Velásquez fue víctima de montajes y seguimientos ilegales por parte del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Periferia Prensa Alternativa conversó con Velásquez en el décimo piso del Gran Hotel, en pleno centro de la ciudad de Medellín.

Periferia, ¿El panorama actual de Medellín es muy diferente al que le tocó enfrentar como Procurador?
Iván Velásquez: En el 91 había una presencia fuerte de bandas, de milicias, pero sobre todo el problema del narcotráfico. Pablo Escobar recién fugado de la cárcel en julio del 92 y toda esa oleada de violencia. Uno de los hechos que siempre impactaba por aquella época era que el Ejército hacia redadas en la Comuna nororiental y cerraba barrios completos, lo que impedía que los estudiantes fueran a sus colegios, o que los trabajadores fueran a sus empleos. Había un reclamo de la comunidad hacia la Procuraduría para tratar que esos encierros terminaran. No he visto que situaciones de esas hayan pasado luego. Tal vez por toda la fuerza ciudadana, pero también por el Ejército asumir un comportamiento diferente con la comunidad. Esa es una gran diferencia.

P. ¿Esa fuerza ciudadana de Medellín es comparable con lo visto en Guatemala?
I.V. La situación de Guatemala es muy particular. Ha sufrido una dura represión por mucho tiempo. Las dictaduras militares generaron en la gente un gran temor a expresarse. En 1996 los acuerdos de paz se firmaron con un optimismo muy similar al que hubo en 1991 con la constituyente porque parecía que estuviéramos volviendo a crear el mundo. Llegué a Guatemala en octubre del 2013. Había muchas publicaciones periodísticas y rumores sobre la corrupción en el país. Circulaban carros repletos de maletas con quetzales o dólares. Para mí era increíble que en la Casa Presidencial o en la Vicepresidencia se recibieran millones en efectivo. Empezamos con las investigaciones y se generó una indignación ciudadana. En abril del 2015 presentamos una investigación que vinculaba al secretario privado de la Vicepresidenta, y cinco días después organizaron la primera de 22 manifestaciones consecutivas en la Plaza de la Constitución en Ciudad de Guatemala, convocadas a través de redes sociales de manera espontánea. El 8 de mayo se produjo la renuncia de la Vicepresidenta. Eso generó mayor entusiasmo y empezaron a reclamar reformas del Estado. Despertaba otra vez el optimismo, porque se podía recuperar el Estado, ya que no era solo el poder ejecutivo, también el Congreso y la Corte Suprema de Justicia.

P.¿Qué sentía cuando las investigaciones daban resultado y los implicados eran condenados?
I.V. Siempre que hay un logro en las investigaciones, hay satisfacción. Algunas investigaciones producían también tristeza, y así lo expresaba. Por ejemplo, investigaciones en las que resultaban comprometidos funcionarios de la Rama Judicial. Genera tristeza porque uno mantiene la esperanza de que los funcionarios judiciales deben ser personas comprometidas con la justicia, transparentes, honestos. El fenómeno es muy extendido en todos los sectores, en todas las ramas del poder público. Para enfrentar la impunidad del poder el primer paso debe ser enfocarnos en el sistema de justicia. Hacer investigaciones profundas de los funcionarios judiciales que tienen cuestionamientos por prácticas corruptas o con una seguidilla de decisiones prevaricadoras.

P. ¿Por qué en Brasil, Perú y Guatemala fue posible condenar a personas vinculadas con casos de corrupción y en Colombia no?
I.V. El problema principal es el de la independencia del poder judicial, de la Fiscalía especialmente. Hay una corrupción judicial que quedó evidenciada con el cartel de la toga, con Gustavo Moreno. Hay una intención de que las investigaciones no avancen o no se profundicen. La falta de independencia es uno de los puntos principales para una acción efectiva de la justicia.

En Brasil, Perú, y Guatemala, la gente apoyó masivamente esas investigaciones y también asumió la defensa de los fiscales. Hay una pregunta en Colombia con lo de la parapolítica: ¿Por qué no se produjo ningún movimiento ciudadano para reclamar que se profundizara más en un problema que no se reducía solo a las relaciones del 50% o 70% de los congresistas como lo decían los paramilitares, sino que estaba mucho más extendido en la sociedad? ¿Por qué cuando se están revelando esos vínculos entre congresistas y paramilitares no se aprovecha la oportunidad para la desparamilitarización? No solo de organizaciones, sino también de esa conciencia paramilitar que se ha extendido tanto entre nosotros y que tuvo una aceptación en algunas comunidades. En las elecciones siguientes fueron elegidos los padres, los hijos, las esposas o los esposos de congresistas que están privados de la libertad o involucrados en investigaciones.

P. ¿Le parece que el colombiano tiene una tendencia hacia la corrupción?
I.V. No creo que haya esto de la corrupción por naturaleza. Hay una gran dificultad en la formación de una cultura de legalidad, la aceptación de las reglas de convivencia en todos los sentidos, inclusive en respetar los dineros públicos. No hay desde el poder referentes éticos hacia la ciudadanía. De allí el efecto nocivo de que si todos los grandes lo hacen y no les pasa nada, pues esa se va convirtiendo en una conducta admisible. Otro factor es la impunidad. Para una cultura de legalidad se requiere que haya una cultura de consecuencias. Esto de que el que la hace la paga, que públicamente expresa el presidente Duque, no es una realidad. En muchas ocasiones cuando se actúa frente a personajes con mucho poder que salen indemnes en las investigaciones penales, o aun saliendo afectados, no hay ningún rechazo ciudadano a su comportamiento. Un tercer elemento es la falta de voluntad para asumir la investigación penal y sus consecuencias, independientemente de quiénes sean las personas contra las que se dirigen.

P. Quienes se enriquecen con dineros públicos muchas veces gastan dinero en yates, casas en Miami, lujos, cosas que el capitalismo nos propone todo el tiempo. ¿Hay una relación entre el capitalismo y la corrupción?
I.V. Detrás de la corrupción hay un gran afán consumista, la obtención de riqueza por la vía más fácil. Pero igualmente vemos que grandes corruptos son grandes ricos. En Guatemala el Presidente anterior o la Vicepresidenta realizaron actos tan grandes de corrupción, que ese dinero no lo van a gastar ni sus nietos. 30 millones de dólares, por ejemplo, por la concesión de una terminal de contenedores, concesión dada a la misma empresa española que es propietaria de la terminal de Buenaventura. Es tal la mezquindad que la Vicepresidenta conformó un conglomerado de 30, 35 empresas, casi todas de cartón, tal vez una o dos funcionaban. Empresas legalmente constituidas para lavar el dinero que ingresaba en efectivo para pagarle a los representantes legales de esas empresas. Ni siquiera producto de la propia corrupción hacían gastos, sino que generaban otras fuentes corruptas de ingresos para pagar los gastos de funcionamiento de su red criminal de lavado.

P. ¿Tal vez usan la corrupción para blindarse en el poder?
I.V. Es otra arista del tema. Cuando se logra tener un control tal de las instituciones del Estado, todo esto no solo se obtiene para el enriquecimiento personal sino para el sostenimiento del poder. Por ejemplo, se encontró que había una empresa de telefonía celular que necesitaba instalar antenas en cualquier lugar del país sin que le pusieran problemas. Negoció con la Vicepresidenta una ley que prácticamente le daba capacidad de expropiación de terrenos, fueran públicos o privados las administraciones no podían frenarla. La empresa lo consiguió gracias a un soborno constante a la Vicepresidenta, encargada de distribuir los recursos entre los congresistas que finalmente aprobaron la ley. Los recursos que se obtienen también se distribuyen en el sostenimiento de otros que están vinculados con corrupción. Se genera un entramado de redes de tal naturaleza, que tienen la posibilidad de perpetuarse en el poder. Con una circunstancia adicional: el tema de financiamiento electoral, una de las mayores fuentes de corrupción. Este financiamiento que se hace de manera anónima o asumiendo pagos de gastos que el partido político requiere. Cuando sacamos un caso a mediados del 2016 que llamamos cooptación del Estado, aparecían grandes constructores de Guatemala vinculados al pago de sobornos por vías indirectas de aportes a campañas políticas. Creo que es uno de los puntos que debería merecer la mayor reflexión en América Latina.

P. ¿Cuál es el papel del sistema financiero y de la banca? Es por ahí que circula ese dinero.
I.V. Indudablemente hay una participación importante del sistema financiero. Tuvimos un caso que denominamos lavado y política. A través de lo que se conoce como el pitufeo, una organización criminal enviaba cantidades de dinero que son consignadas como si fueran remesas obtenidas desde el exterior, pero con una frecuencia y una cantidad de tal naturaleza que el banco tenía que enterarse. Llegamos solo hasta el nivel medio, no pudimos escalar hasta directivos del banco porque no había elementos. En el control del flujo de dinero, del lavado, tienen un papel muy importante la banca y el sector financiero.

P. ¿Cómo serían nuestros países si no hubiera corrupción?
I.V. Si se vence la impunidad del poder se puede recuperar el Estado que en la concepción clásica se conoce como protector de intereses generales y no defensor de intereses particulares, que es como desafortunadamente lo vemos cuando se tramitan leyes tributarias en el Congreso, los sectores que tienen un control del Estado resultan excluidos o se les rebajan los impuestos. Lo que tendríamos que generar en América Latina es un movimiento que esté en perspectivas de construcción de democracia. La primera piedra que se debe colocar es la de un sistema de justicia independiente, transparente, capaz, que pueda enfrentar esa gran corrupción de nuestros países.

Ahora hay una discusión fuerte en Guatemala porque sin que nadie supiera, el Presidente, en un viaje que hizo a Argentina, compró dos aviones argentinos por 30 millones de dólares. También se acaba de informar que compró un buque colombiano por 90 millones de quetzales, más de diez millones de dólares. Con los 30 millones de dólares de los dos aviones, dicen que se hubiera podido comprar 1080 ambulancias en un país en el que el sistema de salud es muy deficiente. Un país en el que el 80% de los niños indígenas menores de cinco años padece desnutrición crónica, una desnutrición que viene desde el vientre materno. ¿Cómo lograr que el poder asuma las reformas para generar un sistema de justicia independiente, sólido, frente al que se pueda decir que nadie está por encima de la ley? Es el reto que tenemos en América Latina.

P. ¿Alguna vez el poder intentó hacerlo parte de esa enfermedad?
I.V. Nunca se me ofreció dinero ni fui objeto de un intento de soborno. A mediados del 2016 encontramos a grandes empresarios involucrados en financiamiento electoral ilícito. Los empresarios me invitaron a una reunión para tratar de persuadirme, que ya estaba bien, que ya habían aprendido la lección, que si seguía iba generar un caos en el país porque todo el mundo se sentía perseguido. Era una reunión como de 30 empresarios muy importantes que se han catalogado como los dueños del país. Alguno de los empresarios me dijo: “Si va empezar con capturas, aquí estoy yo, y lo mismo puede hacer con cualquiera de nosotros porque todos hicimos eso. ¿Va ponerle cercas a Guatemala para que todos quedemos presos? ¿Hasta dónde piensa llegar? Esto tiene que parar”. Yo le dije: “Yo pienso llegar hasta donde la prueba permita llegar”. “No se puede contra todos”, me dijo. “Entonces cómo hacemos para seleccionar. Yo digo a usted no lo voy a tocar, pero a usted sí. No será que al que le estoy diciendo que sí también se va quejar. Lo que hemos planteado con la Fiscal General es que nadie está por encima de la ley, y procedemos de acuerdo con las pruebas que vamos obteniendo”. Estoy convencido de eso y lo volvería a decir. Eso generó que dos meses después asumieran grandes campañas de lobby en Estados Unidos. Salí de Guatemala desde septiembre del 2018, aun perteneciendo a la CICIG, pero sin la posibilidad de estar dentro del país.

P. Usted fue invitado al 29º Festival Internacional de Poesía de Medellín. ¿Existe alguna relación entre la poesía y la corrupción?
I.V. No digamos entre la poesía y la corrupción. Más bien entre la poesía y la transparencia, porque la poesía es transparente, la poesía es sentimiento, es relación con el mundo, es vida. En ese mismo sentido van los procesos de construcción de democracia, de igualdad ante la ley, todo ese proceso de construcción de una institucionalidad que permita tener unas condiciones de existencia admisibles. La poesía es paz. Desde ámbitos diferentes, estamos apuntando todos hacia la verdadera democracia, hacia un Estado social y democrático de derecho.

Antes de llegar a La Escombrera hay una placa en honor a los desaparecidos durante y después de la Operación Orión; al frente queda la capilla. Cuando estás allí puedes sentir el silencio, pero si te quedas un rato más esa montaña se va poblando de ruiditos: el movimiento de las hojas de los árboles se acompasa con el sonido del viento pegándote fuerte en los oídos, algunos pájaros vuelan sobre ti y cantan entre ellos, el rezago sonoro de una quebrada, el murmullo de un caserío que escuchas más cercano cuando caminas hacia La Escombrera. Todo el tiempo un ruido que parece tragarse todos los demás te martilla la cabeza: el de las volquetas que van y vienen, descargan y regresan con más escombros.

Luego, un 17 de julio de 2019, estás en una audiencia pública de la JEP en el Palacio de Justicia, en la Alpujarra. Entonces Juan Diego Mejía se para frente al atril con la foto de Herney Mejía Gómez, un joven de ojos verdes, colgando en su pecho, y les dice a todos que él hace parte de Mujeres Caminando por la Verdad. "Al principio pensábamos que se trataba de casos aislados, que eran solo nuestros familiares y no sabíamos cómo nombrarlo. No sabíamos qué había pasado con nuestro familiar, decíamos que a mi hermano se lo habían llevado; más adelante nos dimos cuenta que no era solo uno, sino muchos, el miedo nos invadió, generalmente no denunciábamos. Y por años hemos visto cómo cada día con volquetas de escombros siguen enterrando a nuestros familiares".
Esas últimas palabras de Juan Diego están en una escena que describió el docente investigador de la Universidad de Antioquia y coordinador del Observatorio de Seguridad Humana, Pablo Emilio Angarita: "Recuerdo que hicimos un acto simbólico muy especial conmemorativo. Estábamos en una misa, fue en la capilla, y en los silencios que a veces había ahí se oía pasar las volquetas, eso era un dolor porque cada volqueta de esas era como sepultando la verdad. Eso parecía una metáfora de cine, pero era real: nosotros hablando de los desaparecidos y el ruido de las volquetas pasando".

Juan Diego estaba ahí, haciendo su ruidito, diciendo el motivo de tanto silencio, porque es ahí donde la incertidumbre se desarrolla, donde la cabeza se puebla de vocecitas que interrogan: ¿Habrá preguntado por qué? ¿Qué le hicieron? ¿Se defendió? ¿Cuál fue su pensamiento en ese momento? ¿Por qué? Juan Diego estaba ahí porque otros detrás también hicieron ruiditos:

Cada víctima lucha contra la impunidad apoyándose en las experiencias de resistencia de la Comuna 13. Los partidos de fútbol nocturnos que se realizaban como respuesta al encierro de la comunidad a causa de los toques de queda impuestos por los grupos armados, y la gente que se unió para reclamar su derecho a habitar la noche. Las constantes marchas convocadas en el 2002 contra las seis operaciones militares que hubo en el territorio. La niña de 12 años con una sábana atada a un palo, seguida por una multitud con trapos, cobijas y toallas, en la denominada marcha de los pañuelos blancos, pidiendo que no dispararan a los civiles durante la Operación Mariscal el 21 de mayo de 2002. Dos días después, la marcha silenciosa, rechazando la muerte de John Wilmar Ayala de 16 años, quien murió intentando auxiliar a un hombre herido en la calle durante la misma Operación. El Manifiesto por la vida y la dignidad humana dado a conocer el 13 de julio de 2002 en una marcha con el mismo nombre, y el Festival Hip Hop Revolución Sin Muertos (acciones registradas en el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “La huella invisible de la guerra: desplazamiento forzado en la comuna 13”).

El 30 de agosto de 2018, Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, nueve familiares de personas dadas por desaparecidas y el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), presentaron una solicitud de medida cautelar sobre 16 lugares en el territorio nacional donde se presume yacen cuerpos de personas desaparecidas, ante la sección de Ausencia de Verdad y de Responsabilidad de Hechos y Conductas de la Justicia Especial para la Paz (JEP), entre los que se encuentran La Escombrera y La Arenera, ubicadas en la Comuna 13 de Medellín. Lo que se buscaba era el cierre inmediato de estos lugares.

Fue así como este 17 y 18 de julio la JEP hizo su primera audiencia pública en Medellín, en la que entidades como la Gobernación de Antioquia, la Alcaldía de Medellín, el Grupo interno de trabajo de búsqueda, identificación y entrega de personas dadas por desaparecidas (Grube) de la Fiscalía General de la Nación, y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), hablaron ante los magistrados de la JEP y las víctimas de la Comuna 13, frente a la sistemática desaparición de personas.

Los antropólogos y topógrafos de la Fiscalía le mostraron a una foto satelital de La Escombrera, tomada en el 2001, al exparamilitar Juan Carlos Villada, alias Móvil 8. Él indicó los puntos con mayor posibilidad de hallazgo, pero cuando lo llevaron al lugar en el año 2014 ya no pudo identificar los lugares que antes marcó debido a las modificaciones constantes que sufrió el terreno.

Una de las preguntas que tenían las Mujeres Caminando por la Verdad fue por qué se suspendieron las excavaciones en La Escombrera, que iniciaron el 5 de agosto de 2015 y se dieron por terminadas el 14 de diciembre de ese mismo año. Ese “por qué” lo entregó Jhon Freddy Ramírez, antropólogo forense del Grupo de identificación humana del CTI de Medellín, encargado de coordinar el proceso técnico del llamado Polígono 1 de La Escombrera: "La utilización de maquinaria pesada era fundamental, dado que era un material bastante pesado: escombros, postes, basura. El 14 de diciembre a las cuatro de la tarde alcanzamos suelo natural, y los hallazgos para restos humanos fueron negativos. El agua que bajaba de la montaña y entraba al lugar de excavación y las lluvias no permitían trabajar. ¿Cuál era la solución? Un techo, un techo bastante caro, a lo que me decían: ¿y si se coloca ese techo hay garantías de que se encuentren cuerpos? Yo no pensé que me estuvieran haciendo esa pregunta, pero sí me la estaban haciendo. Yo dije: no, no hay garantías de encontrar, es garantía de hacer un buen proceso. En esas condiciones dimos por terminada la labor, ese 14 de diciembre".

Fue una de las pocas respuestas que se obtuvieron. Las preguntas de los magistrados y las víctimas eran poco satisfactorias. “No nos corresponde manejar esa información”, “vamos a consultar y traemos la respuesta mañana”.

Fue después de una respuesta de ese tipo que el magistrado Gustavo Adolfo Salazar preguntó:

–La Fiscalía ha señalado que la mayor parte de las desapariciones se da entre 2001 y 2003, a la fecha se presenta un número de víctimas de 114.

–Aproximadamente–, responden de inmediato los representantes de la Fiscalía.

–Yo me pregunto qué es necesario y qué ha sucedido para que no se haya consolidado una cifra de las víctimas de desaparición forzada en la Comuna 13.
Hay un silencio largo.

–Pregunta tan complicada... Para el año 2002 yo no hacía parte de quienes documentaban estos hechos. No todos los que tenían víctimas desaparecidas denunciaban. Cuando llega Justicia y Paz se presentan las denuncias, pero ya ha pasado muchísimo tiempo, esto dificulta no el proceso de documentación sino el de investigación, ya los victimarios no están, algunos han muerto. Pueden ser algunas de las razones por las que las cifras aún no están completamente realizadas.

La audiencia no arrojó un resultado inmediato, las víctimas deberán esperar que las instituciones reúnan la información que no le propiciaron a la JEP durante esos dos días, para que esta última pueda tomar una decisión respecto a las medidas cautelares.

Luz Elena Galeano, integrante de Mujeres Caminando por la Verdad, ofreció su opinión sobre esta audiencia: "Para mí es un proceso reparador el solo hecho de escuchar las voces de las víctimas, nosotros siempre nos hemos basado en exigir desde el año 2002 con el tema de las denuncias, los plantones, las movilizaciones sociales, las vigilias, haber tenido ese logro tan importante de las excavaciones en el año 2015. Pero también por nuestra lucha y resistencia. Son 17 años de impunidad, exigiendo verdad, justicia y garantías de no repetición, y sobre todo la búsqueda de nuestros familiares desaparecidos".

“Nosotros, los sobrevivientes,
¿a quiénes debemos la sobrevida?
¿quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿sobre qué muerto estoy yo vivo,
sus huesos quedando en los míos,
los ojos que le arrancaron, viendo
por la mirada de mi cara,
y la mano que no es su mano,
que no es ya tampoco la mía,
escribiendo palabras rotas
donde él no está, en la sobrevida?”

El Otro, Roberto Fernández Retamar.

 

Un grupo de parceros con cámaras y RAP de Medellín y pueblos aledaños, fuimos invitados al Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Carrizal, ubicado en la zona rural del municipio de Remedios, al nordeste de Antioquia, para hacer parte del tercer campamento Siembra tu árbol por la paz:

Aterrizamos a las 11:30 de la mañana. Juanjo, aún pálido por el mareo sufrido hacía unos instantes, nos apuraba a tomar el equipaje e instalar los instrumentos en la camioneta de la ONU. Allí, en el corazón de la Serranía de San Lucas, las miradas afables y los saludos protocolares no delataban su impostura como en la ciudad: podría pensarse que la serenidad se acompañaba con un aire de reconocimiento respecto a la situación propia; los retazos de lugares que parecen más bien una escisión de la realidad, la selva.

Días serenos. Sí, algunos de los muchachos concentrados en sus exploraciones personales regresaban luego al cuarto, destellando vapor en la mirada. “¡Hay una camada de gallinazos, rey!” o “hace demasiado frío cuando llueve en la mañana”, conversábamos. En su mayoría nombres nuevos, y aunque distantes al principio, bastó una noche de tertulia y rimas con potentes armonías para entender el reflejo recíproco que construíamos entre esa humilde morada con techo de zinc.

El lente atento de Jaco, la profunda pesadez letárgica de Diefer, las chicas instaladas en el primer cuarto y un largo etcétera, tomaron paulatinamente su lugar en ese orden apenas alcanzado, aunque con el paso de las horas diera la impresión de que siempre estuvo ahí, de que siempre había sido así y de que no tenía por qué ser de otra manera. Nos encontrábamos presos de una agradable sumisión. ¿Podría a todo eso llamársele romance? ¿Comedia quizá? Lo cierto es que la barrera de la intimidad se desdibujada por largos ratos, para recordarnos a su vez que la piel es la frontera de los semejantes: artificio.

Límites finalmente, imaginarios que llaman, porque aquí el mercado de los significados son un monopolio. Dones, señoras, perros que no ladran y plátanos del tamaño de un antebrazo nos aparecían como ajenos, bifurcaciones distantes de un nicho ameno a quienes (todos nosotros) la montaña aún nos hace eco. Era inevitable sentir un pesimismo circundante en esos paisanos negados al porvenir antes prometido en discursos aprendidos de repetidos. Ahora los alias fungen de diferente modo en tanto la camaradería y el concubinato juegan a la civilidad, elevándose a nuestras interpretaciones, naturalmente ajenas si se quiere, pero concatenadas.

Podíamos ser pintorescos, de seguro que así se presentaban hasta las sombras bajo 34 grados. Formábamos un caleidoscopio generacional curioso, entre periodistas, intelectuales, académicos de diversa índole, artistas con la humilde intención de presentar su trabajo, dejar alguna semilla y traerse algunas cuantas; no pudimos evitar acompañar el ejercicio creativo con las imágenes que la experiencia imprimía sesudamente en nuestros espíritus.

Aquel otro: ese tan difícil de ver en un espejo, en un intento de nación donde hay tantos países y resultamos tan distintos en cuestión de kilómetros. El morbo que nos produce la guerra a aquellos que nos sentimos alejados de ella, cuando todos fuimos víctimas, pero no de la misma manera. El otro: el de las manos sucias, el que nos pintaron como extraño, muchas veces como enemigo, ese otro también canta y baila, ríe y llora, también fue un niño inocente. La tierra: esa otra, la mutilada, la acabada, la resignada, el motivo de la disputa. Antes de todo, la Serranía de San Lucas fue el hogar de oso de anteojos y el camino del jaguar. Si nuestra forma de vivir y pensar depende del lugar que habitamos, ¿cómo es eso cuando se está en constante movilización? ¿Cuando ya no hay tierra y fue vendida a otro? Siempre a otro, y el dinero, nunca será un hogar.

Ahora, desde la comodidad de un escritorio (mesa de trabajo con cenicero aledaño) presentamos una suerte de segregación del ego, meditativa y conectada insistentemente a una representación general. Es imposible asegurar si querrá desprenderse pronto, pero, en la medida que aquellas impresiones nos acompañen, viajarán a nuestra vera múltiples mundos, con suerte en alguno de ellos se podrá desarrollar una verdadera revolución, necesariamente estética, si no ¿qué caso tendrían los encuentros al ocaso?

 

 

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