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Cuento: Álvaro Lozano Gutiérrez –Colectivo Alebrijes–

Son las seis de la mañana. Gabriel siente ese hormigueo en la pierna derecha que le recuerda que su cuerpo lleva tres años sin producir insulina. Es el momento de inyectarse, después comenzará una jornada de más de siete horas sentado frente al computador.  Está solo. El año anterior las continuas peleas se reducían a la necesidad de conseguir un empleo, de volver a compartir su amor por la literatura y, sobre todo, de ganarse la vida después de haber sido despedido del colegio donde trabajó casi una década.

  • Profesor, usted sabe que no es personal, la gente está mejor preparada y cobra la mitad de lo que usted nos vale, la prioridad está en no tener que cerrar, muchos estudiantes se han retirado por falta de pago... Usted sabe, este país siempre ha estado en crisis.

Y al final lo más temido. Una carta con su nombre mal escrito y cuatro pesos para sobrevivir los meses que venían.

Tiempo, la desesperación está hecha de tiempo. Marisol dejó de mirarlo con amor abriendo paso a la lástima y, junto con eso, a los mil consejos de cómo pasar dignamente una hoja de vida. Después todo se redujo a una pantalla, que le hacía las mismas preguntas de rutina, una luz que iluminaba su rostro cada vez más pálido y la respuesta que a fuerza de repetirse se convirtió en un lugar común:

  • Su currículo es excelente y su experiencia impresionante, pero la verdad es que por la crisis estamos buscando otra cosa. De todas maneras, puede ser que lo estemos llamando.

Esa misma luz se convirtió es un escape a los reproches. Entre la consternación y la obligación de decirle a su hija que las cosas estarían mejor. Esa luz que mostraba a cientos pidiendo ayudas al gobierno para no morirse de hambre, y minutos después a las estrellas de televisión contando cómo hacían para no morirse de tedio en medio de sus casas de lujo. 

Después, recurrir a los pocos ahorros. Hacer cuentas para que lo mínimo se hiciera cada vez más barato. Tragarse las ganas de llamar a los amigos y encerrarse a buscar en medio de los anuncios que escaseaban, a pesar de que aparentemente nadie conseguía un trabajo.  A veces se sentía como un espectro que sólo vivía para comer, conectarse a una pantalla azul e inyectarse una ampolleta de insulina para no caer en estado de coma.

Así el tiempo entre el primer reproche y el adiós se hizo más corto. Ese silencio incómodo en la cena que al rato le llevó a aceptar que podía comer solo en su cuarto. Los dolores de cabeza, las ganas de matarse. Imaginar que salía sin las llaves en el bolsillo, saber que no iba a regresar.

Ensayó varias veces las frases y el tono de la despedida. En algún escenario Marisol lo abrazaba y seguía a su lado, mientras que en otro arrastraba a la niña lo más lejos posible para no hundirse junto con él. Las paredes parecían devorarlo junto con los muebles  y  lo traían de nuevo al mundo, convertido en una masa gris: como en sombras que están a orillas de un río o afuera de las tiendas, sombras que nadie mira, mientras extienden la mano buscando caridad.

Son las siete de la mañana, espera solo frente a la pantalla. Hace unos meses las voces le recordaban diversos mundos. Por un momento tiene la esperanza de que alguien se conecte, que alguien lo salude o le hable. Pero ni un susurro. Recuerda el camión alejarse con los muebles, el jardín lleno de libros en rebaja, la vergüenza de cuando vendió sus primeras piezas de ropa.

Llora mientras sale. Las llaves se han quedado adentro y sólo él sabe por qué.

 

Esta carta te la escribimos para celebrar los 100 años de tu natalicio; porque simplemente no es un acontecimiento que podamos pasar por alto. Es normal que nuestros seres queridos celebren nuestros cumpleaños, es una muestra de aprecio, pero que te celebremos a ti, los años que no alcanzaste a cumplir, es una gran muestra del legado que dejaste en este mundo que a ratos parece destinado a la desesperanza total.

Las huellas que caminaste en nuestra América son imborrables, ni los estragos de las peores crueldades que esta humanidad ha cometido y ha soportado, han podido borrar tus grandes enseñanzas, abriste el camino para poder soñar un mundo nuevo donde la educación cumple un papel fundamental: el de estar a disposición de la clase popular para que asuma su rol histórico en las transformaciones trascendentales para una sociedad más justa y feliz.

Nos enseñaste y, dotaste de sentido los conceptos que el capital ha usado a su favor en muchas ocasiones. La autonomía, el amor, la autoridad, la disciplina, la crítica y la lucha, se convirtieron en palabras que hemos podido concebir diferente desde que tú les diste vida en tus escritos y sobretodo, en tu práctica. Toda y todo aquel que decide por la enseñanza tiene el profundo deseo de incidir, de aportar, de ser ejemplo y tú te convertiste en uno de los mayores referentes de los y las educadoras populares, y dime tu ¿si eso no es motivo suficiente para celebrar, hoy, hace 20, 30 o 57 años, aun cuando por lo mismo te sometieron al exilio? tus palabras siempre han sido motivación y reflexión sobre nuestro que hacer y día a día nos esforzamos por estar a la altura de tu coherencia.

Me gustaría decirte que el progreso en derechos humanos, justicia e igualdad va a la par del progreso en los mecanismos de despojo, que nos estamos preparando en educación para el postconflicto, en educación para la paz, la dignidad y el amor eficaz, sabes que este es un modelo que prepara para la guerra, para el odio y el egoísmo, aun así, habemos unos pocos, no tan pocos como creemos, que buscamos hacer honor a todo lo que aprendimos de ti.

El Proyecto de Educación Popular Estanislao Zuleta –PEPEZ–, seguro se te hace conocido el nombre de otro gran educador popular al que inspiraste, es uno de los procesos que intenta continuar con tus pasos; nos esforzamos por brindar oportunidades para el acceso a la educación pública superior que cada vez tiene las puertas más angostas, ingresar a la Universidad Pública parece ser una utopía en este sistema distópico, desigual y voraz. En PEPEZ creemos profundamente en la Educación Popular, pertenecemos al Congreso de los Pueblos y a la hermosa región de Los 2 Ríos, hace 9 años nos organizamos para preparar a quienes desean ingresar a la Universidad Pública, lo hacemos sin dejar de insistir y luchar por el derecho, en todo el sentido de la palabra: al acceso a la educación superior, digna, universal y gratuita, donde un examen no sea el autor material de cohibir los sueños de los que nos quiere despojar el autor intelectual del circo capitalista.

Hemos logrado tener incidencia en algunos barrios de la hermosa capital de la montaña, la misma que en ocasiones ha insistido en desaparecerlos, Belén, Bello Oriente, Acevedo, Moravia, El Salvador y Aranjuez han sido nuestra casa y la de todos y todas las que han conjurado cariños al lado nuestro, mientras estudiamos los números y las letras, gracias a nuestra experiencia reconocemos la educación popular: como una manera de concebir el mundo, no es una caja de herramientas, no es una lista de metodologías activas, no es la oposición a la educación formal, es incluso algo que no podemos definir y que solamente existe en la medida que se practica.


En PEPEZ soñamos con ser los y las maestras que este país necesita, que se apeguen más a la construcción de otras formas de relacionarnos que a contenidos aprobados por quienes nunca han pisado un aula, anhelamos una enseñanza feminista, que nos permita a las mujeres buscar las transformaciones para habitar un mundo seguro donde no nos falten más, que enseñe el cuidado del medio ambiente con una oposición clara al extractivismo, una enseñanza digna y rebelde que pueda formar a sujetos y sujetas para afrontar los retos de una sociedad donde dominan algunos que no valoran la vida y es urgente cambiar. Una enseñanza que no tenga que derrumbar los sueños de una educación superior de las personas más humildes y al contrario los prepare siempre para esforzarse y lograrlo, estamos dispuestos a seguir luchando con y por todos nuestros medios porque no queremos ver con frustración que no hicimos lo necesario por mantener nuestra Universidad Pública.

En PEPEZ nos esforzamos día a día en la construcción de la educación popular, la misma sobre la cual nos enseñaste tanto, la misma a la que nos apegamos en este mundo que a ratos parece destinado a la desesperanza total, seguros y seguras que la esperanza está en la escuela, en su forma más amplia posible y por lo mismo reafirmamos que: LA EDUCACIÓN SERÁ EMANCIPADORA O NO SERÁ.

A tu salud Freire, por estos 100 años y todos los que siguen en los que te recordaremos.

Por los movimientos y organizaciones sociales y populares de la patria grande, se viene gestando la idea conmemorativa del natalicio de quién, para muchos, es uno de los provocadores de la pedagogía critica en el siglo XX, por haber iniciado un trayecto formativo y organizativo de educación liberadora que se contrapone al sistema de opresión y alienación que se ha desarrollado institucionalmente, utilizando de la peor manera la practica social de la educación.

Honrar a Freire implica leer y releer sus obras con agudeza, para entender que no se trata de citarlo, ni recitarlo, ni postearlo en redes como si hiciera parte del mercaderismo de Coelho, ni ponerlo como portada y llenar nuestros textos académicos de epígrafes con sus profundas palabras. Para honrar a Freire basta con considerar algún aspecto de su sencillo ideario en nuestra praxis vital, que siempre será política: escuchar, reconocer, concientizar, problematizar y transformar con justicia social. Con simpleza, Freire describía lo político como la necesidad de asumir la responsabilidad tanto de nuestras acciones, como de nuestras omisiones.

Honrar al maestro, significa comprender que la lectura de su obra va más allá del uso bibliográfico o académico. Se comprende mejor a Freire leyendo como están codificadas las relaciones sociales que nos atraviesan: la lectura del mundo vital trasciende el escenario textual. El lector Freireano siente la necesidad de construir una subjetividad crítica y anclarla a una otredad latinoamericana por hacer, desde las posibilidades de superación de las condiciones que están en el contexto, tratando de desterrar de sí, la alteridad del opresor que se ha enquistado dentro de su mentalidad y lo hace vivir a las maneras del colonizador.

Es en el acercamiento a la lectura del mundo de la vida, donde se encuentran los sujetos sociales concretos de la otredad latinoamericana; es en los refugios, en las fables, en las comunas populares, donde el texto de Freire espera tener significado, donde la gente aún tiene esperanza, en medio de la lucha cotidiana por la sobrevivencia, al buscar “ganarse el día” recorriendo la frialdad del cemento urbano, esperando por fin la noche para dormir tranquilos en el suburbio, sin que llegue la bota del custodio del capital que quiere tumbarles el rancho. Lugares donde la gente además duerme menos, pues el tiempo completo lo dedica a la subsistencia y la avanzada del capital del colono patriarca, no da espera. Por unos “vitales pesos” les preexiste la sobreexplotación de su cuerpo y el despojo del tiempo para el pequeño nicho familiar y cultural comunitario.

Freire demostraba además que en las comunidades oprimidas del campo, la pedagogía, no es un discurso armado en la mesa o la plataforma del desarrollismo utilitarista del burgués. En la vereda y el pequeño poblado la gente siente la necesidad de escucharse y reconocerse, es un sencillo tratado de praxis política y de ética humanista; escuchar, reconocer y respetar al otro en su humanidad, asuntos que la población campesina, indígena y afro, aprendieron en relación con la pacha mama y de su arraigo por el terruño construido en comunidad, esencia con la que se podría desvanecer la mentalidad burguesa desde adentro. Esa es la pedagogía que han construido las comunidades oprimidas en colectividad.

El lector Freiriano, es humanista y sabe que aún hay esperanza en las comunidades que hoy están bajo opresión, además que la realidad obrera y campesina ha logrado confrontar la pedagogía del desarrollismo y su tratado de violencia estructural que desplaza, desaparece y elimina cualquier rasgo de cultura que no se civilice y catequice en occidente. Fue justamente eso lo que sistematizó Freire. Su obra estuvo marcada por pensar y movilizarse ante la propia opresión como latinoamericano, propiciando vivir críticamente proponiendo prácticas y formas de relación no opresivas.

Honrar a Freire implica ingeniar el abordaje para sacar el pensamiento crítico del aula, buscando establecer un vínculo dialógico con la comunidad y el contexto, para que retorne al aula llenando de razones la acción común, devolviendo la reflexión a las comunidades obreras y campesinas en los territorios, para que la comunidad las revise y se asuma en ellas, como la IAP en Fals Borda o las escuelas obreras de Mariátegui.


Reconociendo las diversas maneras en las que ha operado la situación de dependencia económica y cultural en América Latina; además de la trayectoria de recordados movimientos insurreccionales que han asumido la lucha por la independencia y la soberanía territorial. Honrar a Freire es seguir su ejemplo de alfabetizar a la población obrera y campesina para que propicien su propia reforma agraria en sus territorios como los Sin Tierra en Brasil. Sin perder de vista eso de “revolución en permanencia” en la idea de Marx, que nos recuerda Eugene Gogol o las “revoluciones inconclusas” en el concepto de Fals Borda. Siempre una idea de cambio y superación como un quehacer constante, una revolución permanente, diría Freire.

El pedagogo brasilero ha influenciado la formación, la organización y la movilización popular, desde hace cinco décadas con su pensamiento y su acción, enfatizada en la construcción de sujetos políticos críticos que incidan y consoliden movimientos populares alternativos, que mejoren las posibilidades de vida en dignidad para la población en condición de opresión. Durante los últimos 50 años en Latinoamérica se han mantenido variadas iniciativas de liberación, fruto de la praxis revolucionaria y el protagonismo comunitario acumulado como referente de dignidad de los pueblos. Memoria histórica que, a nuestros días, ha sido contextualizada, resignificada y vehiculizada en los procesos de base a partir de los enfoques de la educación en perspectiva de lo popular.

A demás de reconocer esa perspectiva de comprensión de la coyuntura del texto social y cultural en el que vivimos, muchos encontramos en el legado Freiriano una potente estrategia metodológica de trabajo por la recuperación de los tejidos y de las relaciones sociales en emergencia de transformación. Como homenaje a Freire, sería especial seguir leyendo la realidad latinoamericana desde las pedagogías que elaboran algunas comunidades oprimidas en Latinoamérica para darse otro orden de vida en soberanía y dignidad.

Una de las comunas de Medellín más asediadas por la violencia ha sido la Comuna 13, cuyo territorio ha presentado un panorama de precarias condiciones económicas y el constante abandono del Estado; esto arrastró consigo intereses de varios grupos armados como guerrilla, milicias y paramilitares que aprovecharon estas falencias y se asentaron estratégicamente en el territorio, ofreciendo a los pobladores, especialmente a jóvenes y niños, participar en redes delincuenciales que prometían ingresos económicos y ascenso social. El gobierno nacional decidió enfrentar esta problemática ejecutando varias operaciones militares; una de las más fuertes fue la Operación Orión, la cual desencadenó acciones bélicas que marcaron a toda la comunidad y se llevó a cabo entre el 16 y el 17 de octubre de 2002, por miembros de las fuerzas militares, la policía nacional y la fuerza aérea, con el fin de abatir a las milicias urbanas y a las guerrillas que se habían radicado en este sector.

A raíz de estas heridas y huellas que ha dejado la operación militar en sus habitantes, los niños y jóvenes con ayuda de muchas organizaciones sociales, han buscado superar las barreras de la violencia y resistir frente a las adversidades que han heredado de Orión y la estigmatización a la que se ven expuestos, por el solo hecho de habitar en un territorio con diversas problemáticas de orden público, y que actualmente, es llamativa ante los ojos de los turistas como un escenario de exhibición, en la que se está construyendo una historia mercantilista, subyugada a intereses particulares y peor aún, erróneos.

Es importante recalcar que la Comuna no es “el ojo de Orión”, ni “las escalas eléctricas” y mucho menos el “graffitour”, por el contrario la comuna 13 es un escenario de educación popular y de resistencia en la que han participado diferentes actores, para resignificar los lugares como espacios para la memoria, las pedagogías críticas y escenarios artísticos, que le apuestan a la paz y al arte como otras formas de re-existir y resistir frente a los determinismos históricos.

Esta estigmatización ha impulsado a muchos líderes comunitarios, maestros, organizaciones sociales, entre otros, a reflexionar sobre el papel que cumple el Estado, la dimensión política de la escuela y, dentro de ella, el compromiso político de todos los ciudadanos. En la actualidad varias organizaciones han implementado proyectos que se enfocan en la construcción de paz, promoviendo rutas de incidencia política que implican la participación en actividades culturales, educativas, artísticas como recreativas, generando procesos que pretenden superar la injusticia, la discriminación social y territorial, para contribuir a la transformación pacífica de los conflictos, desde la planeación y la gestión democrática de los habitantes de la comuna. Un gran ejemplo son organizaciones como Agroarte, Pradearte, Teatro Sepia, Corporación Artística y Cultural Recreando; además de colectivos liderados por jóvenes tales como: Descontrol, Jóvenes Dejando Huellas y Colectivo Cultural San Pedro, que han transformado y sembrado caminos de esperanza dando aliento a la comunidad, además de reflexionar en torno a una educación encaminada a la libertad, tal como Freire propone: una educación que desnaturalice la barbarie para que las voces resuenen desde cualquier lugar, frente a las injusticias y la desigualdad social que imponen los sistemas opresores.

En cuanto al papel de las escuelas, la Institución Educativa Eduardo Santos ha sido un proceso de transformación, al reflexionar en torno a la educación como un espacio de diálogo con la comunidad, donde sus maestros posibilitan y convocan a repensar posturas y paradigmas. Es allí donde nació el Museo Escolar de la Memoria, como una apuesta pedagógica para repensar su función en la comuna y cambiar la mirada del ojo de Orión. En la comuna muchos maestros, especialmente los de esta institución han liderado importantes espacios de formación no escolares y han participado de procesos comunitarios y artísticos, ya que un liderazgo se forma en diferentes instancias que se salen de la institucionalidad; la educación debe velar por la formación de sujetos reflexivos, críticos y transformadores de sus propias realidades; tal como lo plantea Freire: “Nuestro papel no es hablar al pueblo sobre nuestra visión del mundo, e intentar imponerla a él, sino dialogar con él sobre su visión y la nuestra”. Y en este sentido, el lenguaje es vital para una real comprensión entre la palabra y lo que se entiende, y por lo tanto, los maestros deben propiciar relaciones dialógicas mediante expresiones conciliadoras, capaces de mediar entre las partes, con palabras de amor. Son lenguajes justos para comprometer el proceso de educación con otros escenarios que implican la transformación de una sociedad y que no se limitan a los muros de la escuela.

Se hace fundamental las palabras de nuestro querido maestro Paulo Freire en su texto la Pedagogía del Oprimido, en donde enfatiza en la educación como dimensión política, pues es allí en la que se adquiere una conciencia social para enfrentar a los dominantes, llámese Estado, grupos armados u otros; por ello los procesos de enseñanza-aprendizaje deben tener acciones encaminadas al pensamiento crítico que propendan a la transformación. De ahí que el pedagogo proponga una educación problematizadora, centrada en actos permanentes, que permitan a los educandos interpretar la realidad; un sujeto que suscite una resistencia activa, más no violenta. Las praxis deben ir enfocadas a la creación consciente, a la reflexión y la tolerancia, asumiendo posturas que interpelan la homogenización que promueven los estados y los sistemas educativos.

Somos un nosotros en colectivo, con historias, memorias y acervos comunes los cuales potenciamos con cada paso en la experiencia


Cuando inicio la escritura de estas líneas, pienso en un artículo que refiera mi proceso en el Programa de Educación e Investigación para el Desarrollo Social Alternativo –PEIDSA–, y de hecho por allí inicio; pero luego de llevar unos cuantos párrafos me percato de algo que está aconteciendo: no estoy escribiendo un texto formal, pues mis pensamientos transitan por los recónditos lugares del recuerdo, allí a modo de carrusel desfilan diferentes momentos cargados de emotividad, pasan también rostros e imágenes unas muy nítidas y otras envueltas ya en la nebulosa del olvido, entonces con nostalgia evoco aquellas palabras del poeta que cité, en algunos de esos antaños escritos para PEIDSA y que quedaron flotando en las páginas de alguna reflexión perdida: “El olvido está lleno de memoria”. Suspiro y me dejo llevar al mundo de las pasiones.

Este ejercicio de reconocimiento por el que ahora me movilizo, implica algo más que un acontecimiento de rememoración; significa un acto intencionado, una voluntad explícita que me impulsa a valorar viejos pactos con la existencia. Por tal razón hacerme presente en estas palabras para compartir aquellos escenarios, en donde han transcurrido algunos retazos de mi vida, es una experiencia que me transversaliza: estoy en tiempo presente caminando hacia el pasado y mis pasos no van hacia atrás, avanzo en los recuerdos que me habitan, me adentro en ellos y los desempolvo: ¡hacía rato que no venía por aquí!...

Trato de clarificarme y me instalo en el lugar de la reflexión, expiro y permito que la experiencia me guíe en esta narración: llegan las palabras, las grafico a manera de ronda infantil… llegó la i, llegó la i y la Indignación siempre estuvo allí, llegó la e, llegó la e y la Esperanza nunca se fue, llegó la u, llegó la u y sobre la Utopía ¿qué puedes decir tú?... No solo fueron palabras compuestas para un diccionario conceptual, fueron acciones cristalizadas con la C de complicidad, compañerismo, conspiración, y con la A de afectos y afectaciones. Por ello no fue casualidad que en los relatos individuales construidos para la sistematización de nuestra experiencia, presentada en el libro Caminando la experiencia –publicado en el 2019, con la editorial Periferia– trajéramos palabras como estas: PEIDSA nace como un sueño compartido, PEIDSA nace de una construcción colectiva, PEIDSA como escenario para pensarnos, para hacer.

Vivimos la experiencia colectiva e individualmente, como colectivo nos fortalecimos en el calor de los encuentros formales e informales, con cada intención llevada a la práctica en los procesos formativos que acompañamos. Cada uno de nosotros y nosotras aportó la mejor semilla para la siembra y trabajó con dedicación en su cuidado, por ello de lo sembrado en comunidad siempre hubo cosecha para alimentar el ser y saber particular.

Pese a los años transcurridos, aún en mi mochila guardo parte de las viandas que nutren y fortalecen mi ser en este temporal caminar en solitario, también con esmero cuido las semillas que logré conservar y que guardadas en su anaquel momentáneo, maduran esperando el tiempo propicio para una nueva siembra de la cual no estoy muy seguro de querer participar; sin embargo ahí están a disposición no para la venta sino para compartir, para trocar.

El cuidado y la selección de la semilla es una vieja costumbre aprehendida de mis ancestros campesinos… cuando era niño don Emiliano me regaló unas semillas de frijol y me dijo: ¡no son para comer!, las sembré y coseché, hasta que tuve una cantidad suficiente para unos cuantos surcos…son aprendizajes que trascienden el momento y quedan sembrados para toda la vida, allí nace el saber, pero de esa vivencia me quedan las palabras del viejo ¡no son para comer! Ello cultivo mi paciencia, el cuidado y la dedicación: con cada siembra veía la multiplicación del fruto, esa es la experiencia.

De la vida en PEIDSA, me quedaron las semillas del saber y las de la experiencia. En la primera se entrecruzan los aprendizajes decantados del proceso formativo y las reflexiones que de allí se suscitaron. El saber aquí no estuvo centrado tanto en el acervo teórico –sin desconocer los aportes de autores, enfoques y perspectivas–, como sí en las producciones logradas que me permitieron, importantes construcciones epistémicas desde las cuales se podía leer la realidad que circundaba la propuesta educativa. Esta construcción de saber a partir del intercambio fue posible gracias a la confianza, hermandad y complicidad que siempre nos acompañó en colectivo, sin estas condiciones no hubiese logrado retroalimentar las apuestas y perspectivas que en momentos de crisis emergieron de entre una mar de incertidumbres, permitiéndonos sobreaguar tiempos difíciles.

Este caminar por la vivencia y valoración de los aprendizajes en PEIDSA, me permite visualizar los aportes que el proceso de sistematización de nuestra experiencia dejó en mis lecturas, respecto a los alcances y perspectivas de los proyectos que se enuncian desde la educación popular; seguramente estas renovadas lecturas son parte de mi cosecha, la cual comparto con los colectivos que ahora acompaño, ya no desde una sistemática vivencia, pero si desde el deseo de coadyuvar en sus procesos.

De las semillas de la experiencia quiero compartir aquellas que afectaron mi existencia, son semillas del cuidado y la dedicación cotidiana, representadas en aquellas vivencias junto a mis compañeras y compañeros de vida en colectivo. En este nivel, ahora reflexiono que si algo marcó mi experiencia en PEIDSA, fue el mundo de los afectos del cual poco se habla en los trabajos que refieren a las experiencias en educación popular. Para nosotros fueron tan importantes estos estados, en el momento de sistematizar la experiencia, emergió con mucha fuerza, hasta constituirse en una categoría transversal. En la cotidianidad del proyecto fueron los afectos los que nos permitieron pese a las diferencias y aparentes contradicciones, no generar rupturas irreconciliables.

Ahora caminando nuevamente la experiencia, me adentro en esos episodios individuales y colectivos, donde las memorias allí presentes, me enseñan sobre la importancia de haber entendido, los diferentes estados pasionales de quienes hicimos parte de esta propuesta educativa; la reflexión en presente abre una nueva perspectiva para la indagación, pues la lectura de las pasiones no son asuntos que se resuelvan en el conocimiento, las pasiones son parte del fuero del individuo y su lectura solo puede hacerse en el acompañamiento de la experiencia en clave de existencia.

Aproximándome un poco a la argumentación traigo un texto que escribí por aquellos tiempos, al calor de los debates internos en el proyecto: “(…) el mundo de los afectos [léase hoy pasiones] constituye un universo particular desde donde logramos acercamientos subjetivos que permiten hilar y tejer desde el sentir, aquella manta que nos cobija permitiendo el calor fraterno (…) no es suficiente con una clara proyección política y fortaleza conceptual en los enfoques, perspectivas y horizontes, cuando se carece de la disposición para afrontar los contratiempos (…)”. Descubro que la lectura de las pasiones en los sujetos de los proyectos de educación popular, permite acercarnos a las profundidades de sus subjetividades, las pasiones son enraizamientos que vienen desde dentro y trascienden los estados emocionales. Las pasiones son tan radicales como las ideologías.

En PEIDSA recojo también los aprendizajes y las construcciones que me dejaron procesos anteriores en proyectos educativos de corte popular, producto de las reflexiones que me aporta el paso por la educación formal. Estos saberes se manifiestan en la pérdida del miedo a inventar, aquí la máxima del maestro Simón Rodríguez “inventamos o erramos” fue realidad, por ello en las búsquedas permanentes de referentes epistémicos, educativos y pedagógicos que dialogaran con los principios éticos y políticos de la educación popular, nos permitimos establecer conexiones con las pedagogías críticas norteamericanas y apropiaciones puntuales del pensamiento educativo Freiriano y desde allí apostar a la construcción de principios curriculares desde dónde soportar un plan de estudios. En la última fase del programa, acompañamos estas construcciones con aportes de las didácticas críticas.

Al perder el miedo, la experiencia vivida se manifestó y las búsquedas me permitieron nuevos horizontes para explorar, desafortunadamente en la última fase con las didácticas críticas no logré elementos de análisis, pues entramos al declive de la propuesta. Sin embargo reflexionando, pienso que aunque no son contradictorias, hoy no tendría en cuenta las construcciones de las pedagogías críticas del norte y tampoco incursionaría con las didácticas críticas en un proyecto de educación popular, en su lugar exploraría con Simón Rodríguez la apuesta política emancipadora y con Freire la propuesta pedagógica y didáctica. Dar curso a entrecruzar apuestas epistémicas–educativas en proyectos educativos populares, conforme a Rodríguez en el sentido de inventar: es una incitación a la emancipación; la lucha por la libertad inicia con los procesos de descolonización del pensamiento.

Quienes nos reconocemos en el ejercicio de la educación popular comunitaria, hacemos parte de una historia en insumisión, de ello hablan nuestras prácticas. Constituimos una ramificación de los proyectos de resistencia y emancipación, no somos los salvadores, no somos los iluminados, pero sí somos de alguna manera quienes desde nuestro saber y experiencia mantenemos viva la utopía y la esperanza. No somos un yo individual, somos sujetos en colectivo, de ahí la fuerza que tienen estos procesos.

En PEIDSA el asumirnos en colectivo, sin desconocer las individualidades, nos permitió caminar juntos durante dieciséis años, por ello cuando ya no pudimos ser más proyecto común, cuando la misma experiencia nos marcó el final del camino, sin nostalgias cerramos esta página de nuestra historia, dejamos los registros de nuestros pasos y cada quien tomó su sendero. Sin embrago el tiempo compartido fue suficiente para salvar los afectos, para no desconocernos cuando en algún lugar de ese caminar, nuestros pasos se entrecrucen temporalmente y poder ser por momentos compañeros de viaje. Una noche del mes de mayo la despedida se hizo realidad y yo me alejé para continuar por los lugares que había decidido visitar.

“Hay recuerdos muy amargos sobre ese tema, que es mejor no recordarlos”

Cristina Álvarez* era muy joven cuando ingresó a formar parte de un grupo armado en Colombia; pasó casi toda su juventud dentro de la organización. “La razón por la que ingresé fue por la falta de oportunidades y el aspecto monetario, las condiciones de vida donde residía no eran las mejores”, confiesa.

Las razones que llevan a estas mujeres a formar parte de los grupos armados son de diversa naturaleza. Algunas lo hacen porque se identifican con sus ideales, otras por curiosidad o por su descontento con la sociedad en la que viven y muchas otras son reclutadas en contra de su voluntad. Estas organizaciones están estructuradas jerárquicamente bajo relaciones de poder a partir de las cuales los individuos, en su interior, asumen distintos roles de autoridad y dominación, que no difieren mucho de los que existen fuera de ellas.

Cristina afirma que los deberes para los hombres y mujeres eran los mismos, en actividades como cargar estantillos, por ejemplo, pero no a la hora de dirigir un operativo. De hecho, Cristina recuerda que “una mujer, esposa de un comandante, les sugirió a los miembros de su frente cómo hacer el operativo y por dónde meterse, ya que las veces anteriores habían tenido hostigamientos en esa ruta, sin embargo, no la escucharon e hicieron lo contrario. Ese día se perdió toda una escuadra, y uno de los hombres que incluso se habían burlado, pisó una mina”.

En los últimos sesenta años, Colombia ha estado marcada por el conflicto armado, relacionado con las inequidades en la tenencia de la tierra, la ausencia del Estado para brindar: salud, educación y protección; la persecución a líderes sociales, la exclusión política, la corrupción, la minería ilegal, la ganadería extensiva y el narcotráfico.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación Nacional (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M19), las Autodefensas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Militares de Colombia, son varios de los grupos armados que han participado en el conflicto. Estos grupos han justificado el uso de la violencia por considerarla el único método para transformar la sociedad colombiana. La violencia y la lucha por el poder han marcado las dinámicas sociales y políticas hasta el día de hoy.
Según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) “De las 6 mil mujeres que integran las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional procastrista), el 54 por ciento son niñas, cuya edad oscila entre los 12 y los 17 años. El fenómeno se registra también en los grupos paramilitares como las Autodefensas Unidas de Colombia. Del total de mujeres que conforman las guerrillas, se estima igualmente que el núcleo mayoritario de adultas fluctúa entre los 18 y los 20 años”.

La incorporación de individuos a los grupos armados inicia con un proceso de socialización para memorizar códigos de guerra y adaptarse a una nueva vida. Tanto los hombres como las mujeres inicialmente deben desaprender las categorías que la sociedad les impuso y aprender unas nuevas para sobrevivir al interior de estas organizaciones; no obstante, debido al machismo que impera en su interior, la participación de las mujeres está sujeta a exigencias más complejas que a los hombres.

Para los hombres, su ingreso significa seguir reforzando categorías que la sociedad ya les había impuesto: la fuerza, el poder de decidir y la valentía. En el caso de las mujeres, factores como las relaciones de pareja, la sexualidad y la maternidad adquieren valores diferentes a tal punto, que deben modificar los referentes que históricamente se le han asignado. Según Cristina, “el trato hacía las mujeres era el mismo que al de un hombre, pero solo en aspectos de combate, entrenamientos y operativos. Porque a la hora de dar una opinión o ser escuchadas, no se les tenía en cuenta, el mando y poder solo era un asunto de los hombres” “Para ejecutar las mismas cosas que un hombre si somos iguales, porque cuando de participación se trata no somos tenidas en cuenta y eso es machismo”. Aunque los hombres y las mujeres cumplen labores comunes como cocinar, lavar loza y ropa, cargar leña e ir al combate, se reconoce que el machismo existe. Si bien las tareas asignadas son similares, no quiere decir que los roles y las relaciones de poder sean equitativos.

Esa supuesta “igualdad”, deja ver una distribución que se basa en una división sexual del trabajo, donde los hombres siguen teniendo el poder. Aunque las mujeres pueden cumplir las mismas funciones que los hombres, actividades como radista, enfermero o secretario son ocupaciones que los hombres no suelen escoger ya que creen que “no son para ellos”. Por tanto, las mujeres, respondiendo a esos códigos implícitos, se inclinan por esas actividades. “Las voces de mando, la mayoría eran hombres. En muy pocos casos eran las mujeres las que tenían el mando, solo en actividades de finanzas y enfermería, ahí si se respetaba las opiniones de ellas. Solo en casos especiales, como los ya mencionados”, afirma Cristina*.

La violencia que más ha afectado a las mujeres en el conflicto armado ha sido la violencia sexual; una práctica sistemática contra las niñas y mujeres que no solo se da en el marco del conflicto, sino también en medio de la convivencia familiar, laboral y social. Y es perpetrada de distintas maneras: tortura y mutilación, violación en presencia de miembros de la familia y la violación en grupo.
Cristina comenta que en el frente al que ella pertenecía no hubo violaciones, pero conoce testimonios de otros frentes donde sí ocurrieron. No obstante, “si una mujer decidía acostarse muy pronto con algún hombre del grupo, era cogida en la mala, entonces todo el tiempo ya le tocaban los trabajos más fuertes”. Y si una mujer quedaba embarazada, Cristina menciona que dependía del cargo y del tiempo lo que sucedía: “le daban licencia, saldría y lo tendría si era patrullera. Si pertenecían a la salud, como era el caso de Cristina ese tema si había que discutirlo muy bien, porque no se podía, ese era uno de los reglamentos; pero si tenía mucho tiempo en la organización lo dejaban tener”.

Las mujeres, al igual que muchos hombres, han tenido un papel activo en el conflicto y también en la construcción de paz. Sin embargo, es fundamental reflexionar sobre el estado de vulnerabilidad de las mujeres en un país patriarcal con escasas oportunidades para ellas. La mujer sigue vulnerada y subordinada en diferentes contextos.


* El nombre de la entrevistada ha sido modificado para proteger su identidad, al igual que se abstiene de nombrarse el grupo al que perteneció.

En Puerto Oculto la vida se conjuga en pasado. “Ese viejo hijueputa se tiró la región”, me dice Alfonso mientras vemos un potrero que el ojo no logra saber dónde termina. Esa inmensidad que hace 10 años era una ciénaga toda, zarandea la nostalgia. El Sur del Cesar era algo que ya no es.

Puerto Oculto, corregimiento de San Martín, Cesar, era el puerto pesquero más importante del departamento. Los campesinos que ahora hacen rebufar sus motocicletas por caminos polvorientos, se movilizaban en remo y con canalete por el extinto playón del Sapo y el playón La Culebra. El pescado abundaba. El pescador podía escogerlo, y hasta botarlo, en un par de horas pescaba más de 10 arrobas y en un día podía recibir 200.000 pesos. “Estás tierras eran una bendición. Había coroncoro, vizcaína. Ahorita lo único que se ve es la mojarrita; manatís, sábalo, ya no los hay”, se lamenta Carmen Carrascal, una mayora de Puerto Oculto.

Para destruir los playones del complejo cenagoso ubicado en la margen derecha del río Magdalena, primero desviaron sus afluentes. El Magdalena dejó de tributar sus aguas a la ciénaga mediante el método de inundación, y empezó a entrar de forma directa, a secarlo con su sedimento. “La ciénaga se mantenía porque no le entraba el río directo por la cabecera”, me explica Arrieta, otro viejo pez humano del corregimiento.

Pero con esto no les bastó. Los pudientes hermanos Tellez, los hermanos Navarro, y Alirio Díaz, jefe de finanzas del grupo paramilitar 'Héctor Julio Peinado Becerra' de las Autodefensas Unidas de Colombia, comandadas por Juan Francisco Prada Márquez, alias 'Juancho Prada', levantaron jarillones –que en la región son conocidos como murallas– para represar el agua y a la vez terminar de cortar su flujo natural. Para secar la ciénaga por completo, la inundaron de búfalos, animal desterrado de África por su tracción destructora y odiado en el sur del Cesar porque le encanta defecar en el agua y tragarse toda la vegetación que encuentre a su paso. “Hoy en día podemos ver que del 100% de nuestras ciénagas, el 90% ya no existen”, dice Liceth Camargo Carrascal, lideresa social de Puerto Oculto.

Después de secar la ciénaga, los terratenientes Navarro, Téllez, y Díaz cercaron el peladero, consiguieron falsos derechos de propiedad sobre un bien natural que no es vendible ni comprable, y luego sembraron sus monocultivos de arroz y palma de aceite. Según Teófilo Acuña, líder social del Coordinador Nacional Agrario y el Congreso de los Pueblos, el ecocidio ambiental inició en los años noventa, “pero se ha acelerado los últimos 10 años. Ya no son 500 hectáreas, sino 2.000 hectáreas mecanizadas”.

Al matar la ciénaga, muere toda manifestación de vida –humana o animal– que le habita. Tal crimen ambiental es una tecnificada modalidad de despojo, el germen del acaparamiento maniaco. Teófilo sospecha que los terratenientes, secundados por las autoridades que deberían investigarlos, están preparando el terreno para poner en marcha la extracción de hidrocarburos y los pilotos de fracking que el gobierno quiere implementar en San Martín y Puerto Wilches, Santander, que a pesar de pertenecer a distintos departamentos, son un solo corredor biológico y cultural. “Es una estrategia para sacar el ultimo pescador, el ultimo campesino. Cuando la tierra está en manos de Alirio Díaz, Álvaro Escobar, los Tellez y los Navarro, es más fácil negociar con ellos, que con más de 100 personas (…) La política agraria en este país no está diseñada para el campesino. Está diseñada para los intereses de las multinacionales, de los terratenientes. Y para hacer cumplir esa política, implementan todos los medios: masacres, asesinatos, desplazamiento. Es una política de la muerte, basada en la economía extractiva, y que va en contra de este modelo de la vida, basado en la economía propia, que va de la mano con el tema ambiental”.

Un campesino sin tierra es como un pez sin agua. El ciclón paramilitar que arrasó con el Cesar a finales de los 90's y principios de siglo, dejó más de 5.000 víctimas y miles de campesinos sin tierras. El terraje y las haciendas de más de 2.000 hectáreas se volvieron el común denominador en el departamento. Esas tierras arrebatas a sangre y fuego son las que desde hace 7 años están intentando recuperar los campesinos de Puerto Oculto y de otras zonas del departamento. El hambre, la negligencia gubernamental, y el lento avance de los más de 400 procesos de restitución de tierras, obligaron al campesinado a ocupar y “sembrar vida” en las tierras que fueron suyas; “porque el campesino produce vida cuando produce los alimentos”, dice Teófilo.

La comunidad recuperadora insiste en que no son invasores y que quiere desalambrar las enormes parcelas para recuperar metros de la economía propia que hasta hace unos años sustentaba su vida. “Entendemos que uno de los propósitos que se ha querido lograr con la violencia en el campo, es hacer que el campesinado dependa de si el gobierno garantiza o no ese mínimo vital que es la alimentación (…) Antes no había plata debajo de la almohada, pero había mucha comida. Esa era una de las grandes riquezas que no nos enseñaron a medir”, asegura Jorge Tafur, vocero de la Comisión de Interlocución del sur de Bolívar, sur del Cesar y sur de los santanderes, una confluencia política, reivindicativa, de denuncia y de apuesta por la permanencia digna en el territorio.

Limitar el derecho a trabajar la tierra, implica limitar el derecho al alimento. A medida que las recuperaciones avanzan, se diversifican los cultivos. Donde antes solo había arroz, ganadería, o potrero solo, ahora se siembra patilla, papaya, melón, maíz. La yuca y el plátano que hasta hace unos años llegaban desde Arauca, San Alberto o Bucaramanga, ahora brotan en los patios de las parcelas recuperadas. “El campesino lo que dice es: nosotros lo único que queremos es que nos devuelvan la tierra. El campesino teniendo la tierra, puede producir. Esa es la discusión que tenemos con el gobierno. Cuando nos dicen tenemos tales proyectos, nosotros le preguntamos qué hacemos con esos proyectos si no tenemos la tierra para eso. Qué hacemos con esos proyectos si no tenemos garantías para estar en el territorio”, asegura Teófilo Acuña.

 

La disputa en el sur del Cesar es por el alimento y por la conservación de lo “poquito que queda”. “Si decimos que el gobierno va salvar el planeta es una mentira. Porque con estos macroproyectos esto va ser un desierto. Donde quedarían las entidades locales y regionales que les corresponde el tema de lo ambiental. Si no somos las comunidades quienes hacemos algo, no esperemos que alguien más va venir a ayudarnos”, asegura Nelson Martínez, vocero y coordinador de la guardia campesina de la Comisión de Interlocución, compuesta por más de 40 procesos sociales y cuyo quehacer también incluye al nordeste y bajo cauca antioqueño.

La calamidad no solo es ambiental. El panorama de derechos humanos no es nada alentador. La fuerza pública, dicen los campesinos, está al servicio de los terratenientes, el paramilitarismo persiste en el territorio como babillas camufladas en el lecho del río, y las instituciones estatales son fortines de los victimarios, en el caso de San Martín, los familiares de 'Juancho Prada' están al frente de la Unidad de Victimas, la Personería, la Inspectoría de Policía, entre otras entidades.

El desamparo en el que se encuentra la región impresiona. “Es como si nadie viviera en este pueblo (…) Nosotros somos como un camello, entre más carga nos echan como que es mejor para nosotros”, asegura un campesino de Barranca de Lebrija, corregimiento de calles polvorientas y socioeconómicamente dependiente del río Lebrija.

La presidenta de la Junta de Acción Comunal dice que en Barranca de Lebrija la gente sobrevive con una sola comida al día. En éste corregimiento de Aguachica no hay alcantarillado ni servicios médicos. Y en los últimos diez años, un puñado de terratenientes desvió el río y desembarcaron un ejército de 9.000 búfalos. “Los búfalos están acabando todo. Nosotros dependemos de la pesca, y si nos quedamos sin pesca de qué va vivir la comunidad (…) Nosotros no tenemos futuro. Aquí no hay nada”, sentencia la presidenta.

“Yo tengo problema con los búfalos porque se me han comido la cosecha. Un día estaba sacando las reses para que no me dañaran los cultivos y de pronto me llegaron dos tipos armados a amenazarme, que me iban a matar porque estaba sacando el ganado. Me dijeron que tenía que cercar, y uno cerca el pedazo de tierra, y le dan machete a los alambres y le tiran el cerco al piso. Los manes venían a matarme, pero yo tenía una escopeta y ahí nos apuntamos. Me amenazaron, que la próxima vez que me encontraran me iban a matar. Qué hace uno ahí, toca andar con una escopeta al hombro y asustado porque no sabe cuándo lo van a matar. Los ganaderos de la vereda Bijagual tienen 400 reses y el playón es para ellos. Usted no puede tirar una cerca porque tiene que dejar que el ganado paste. Ellos si tienen su parcela donde siembran frijol y uno no puede sembrar nada”, se queja otro campesino del caserío.

A pesar del adverso contexto, los machetes y azadones del campesinado del Cesar están dispuestos a seguir recuperando. El 1 de abril, más de 10 familias del municipio de Aguas Blancas ocuparon predios de la ciénaga La Gorgona. La policía y el ejército intentaron desalojarlos en varias oportunidades. A pesar de que en el territorio había mujeres y niños, el 11 de abril fueron atacados con gases lacrimógenos, humillados, maltratados, y amenazados. Las autoridades no notificaron la orden de desalojo 10 días antes del operativo tal como lo establece la ley. Ese día fueron capturadas 4 personas que luego serían dejadas en libertad. “La verdad es que no dejo de pensar en mi pedacito de chicharrón. Y no dejo de pensar en la imagen del policía que me decía: esta sabroso este pedazo de chicharrón; y yo muerto de hambre”, cuenta uno de los recuperadores hostigados por la fuerza pública.

La Gorgona era un santuario biológico. Había “nubes de pisingos”, y se pescaba “buena barbona”, dicen los campesinos. La Gorgona abastecía los estómagos de cientos de pescadores y sus familias, no era de nadie porque era de todos. De aquellos años de bonanza solo queda el recuerdo y miles de hectáreas de tierra inutilizada.

La tierra que hoy ocupan y recuperan fue acaparada por Álvaro Escobar, un gamonal con nexos paramilitares que “se cree dueño del mundo”. “Él no quiere ver gente de Aguas Claras, él quisiera comprar Aguas Claras y volverla un saladero”, dice otro campesino recuperador. El método angurrioso de Escobar fue el mismo de los otros terratenientes: aprovechó la estela de desplazamiento, muerte y miedo del paramilitarismo, desvió el río, levantó murallas, pobló el terreno de búfalos, cercó la estepa, y contrató seguridad privada armada para controlar el ingreso a La Gorgona.

“Hace 8, 10 años, llegaba uno y al rato se llevaba el pescadito. Donde caminaba encontraba mata de plátano, yuca. Esto se ha vuelto inhóspito, no puede uno venir a pescar porque tiene su problema, porque dicen que está robando. [Escobar] puso 16 portones para que nadie se meta a la ribera del río –cuenta un campesino recuperador que conocía la ciénaga mejor que la palma de su mano y se movilizaba por ella con la libertad que se mueve por el patio de su casa–. Usted sabe que ahorita tenemos los derechos humanos que nos protegen. Pero el rico no tiene ningún derecho humano para el pobre. Si nos puede fregar, nos friegan, y no nos dejan ni trabajar. ¿Cuál es el monopolio que tenemos nosotros ahorita en el pueblo? Que estamos en una finca y tenemos que trabajar con el chantaje. Que no podemos esto, que nos podemos aquello, porque nos botan. Tenemos que aguantarnos el chantaje porque son los que nos pagan y nos dan el plato de comida para nuestros hijos (…) ¿Qué aspira el gobierno, que nuestros hijos se vuelvan delincuentes? ¿A qué aspiramos nosotros así como están las cosas? ¿Llorar a nuestros hijos en un ataúd, ver a nuestros hijos detrás de rejas? ¿Buscarle trabajo a la policía? (…) Si le dan trabajo a uno y lo viven chantajeando. El día menos pensado lo echan a uno, ni liquidación, ni prima, ni nada. Los derechos de nosotros los pobres se los guardan ellos.

El sudor de nuestro trabajo es beneficio para ellos, y nosotros qué. Pero cuando necesitan cualquier vaina, progreso para el bolsillo de ellos, ahí si estamos nosotros los pobres. Ahí si nos agarran como papa en tenedor, porque nosotros necesitamos la comida (…) La esperanza no hay que perderla. Por eso le dije a los muchachos: sigamos muchachos, metámonos que nosotros no estamos robando, no le estamos quitando nada a nadie, porque eso son playonales, eso no es de ellos (…) Aquí uno conseguía toda clase de animales, ya ni pescado. Esta trocha no era así de grande, esto era un caminito. Esto era un río grande, ahora parece una canal de desagüe. Hoy en día creo que está más limpio el río que el patio de mi casa, porque ni yerba tienen esos terraplenes. ¿Será que con el tiempo nos tocará ponernos a comer corozo como los marranos? Y el gobierno haga plata, y el rico guarde, y el pobre jodase...”.

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Yo no sé cuanta tierra necesita el hombre, pero hay unos cuantos que no saben cuanta tierra les sobra.

Entre el escándalo, el poder y el afán por la alternancia educativa

 

En una transmisión en vivo de la página de facebook del diputado Ferley Sierra, más conocido como 'El profe Ferley', quedó registrado que en pleno horario laboral en la Gobernación de Santander había cerca de 300 personas celebrando, al son de mariachis y con comida, el cumpleaños del gobernador. En el vídeo que obtuvo 415 mil reproducciones y que fue noticia nacional, aparecen los funcionarios disfrutando de la celebración sin respetar el distanciamiento social y el uso del tapabocas. Así como policías que hicieron caso omiso a las faltas en los protocolos de bioseguridad.

Ante esta situación, Ferley Sierra decide confrontar a Mauricio Aguilar Hurtado por hacer uso indebido de las instalaciones para celebrar su cumpleaños, a lo cual el gobernador le exige que sea respetuoso con la administración: “Aquí en lo que organizaron los funcionarios han respetado los protocolos de bioseguridad. No veo cual sea su interés por seguir irrespetando a un gobierno que lo ha respetado a usted, a querer enlodar y empañar lo que ha hecho esta administración. Yo si le pido señor diputado que sea un poco más respetuoso con los que lo eligieron y a quienes usted representa”, respondió Aguilar.

Tras el alcance que obtuvo el vídeo, días después, el gobernador en distintos medios respondió que el escándalo se trató de una eucaristía que realiza mensualmente y que al culminar, llegaron mariachis producto de un sabotaje planeado por la oposición a su gobierno. “Precisamente estamos investigando si fue un montaje el tema de los mariachis, no sabemos si fue un sabotaje que quisieron hacer durante la culminación de una eucaristía porque yo como siempre lo he demostrado soy un hombre de fe, un hombre de iglesia y de familia. Lo único que hago en mis tiempos libres es dedicarlo a mis hijas y a mi esposa”, expresó el mandatario. Además agregó que el área donde se celebró la misa es de más de 900 metros cuadrados y se realizó de manera voluntaria cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad. Esta declaración no concuerda con las imágenes que fueron grabadas por el diputado, donde no se respetaron medidas como evitar aglomeraciones, el distanciamiento social y el uso permanente del tapabocas.

Al analizar el discurso de Aguilar Hurtado, preocupa, por un lado, que al aceptar su error y justificarlo con la celebración de una eucaristía, el gobernador se escuda en la cultura conservadora y religiosa que se mantiene en el departamento. Esto sin tener en cuenta que Colombia es un estado laico y que semanas atrás, en Semana Santa, varias celebraciones tradicionales se hicieron virtuales para evitar la propagación del virus, un plan implementado por su misma administración. Por otro lado, quedó en evidencia que en el recinto de la gobernación había cerca de 300 personas adultas entre las que se encontraban funcionarios y familiares del gobernador quienes hicieron caso omiso a protocolos de bioseguridad.

Ahora, es insensato pedir que los estudiantes del departamento entren en alternancia en condiciones que no permiten el debido distanciamiento por el reducido tamaño de las aulas, donde en muchas instituciones no cuentan con agua potable y no llegan los insumos que la gobernación ha prometido. Si bajo las excelentes condiciones de quienes estuvieron en lo que se ha denominado 'la covid fiesta del gobernador' no se respetaron las medidas de bioseguridad, es imposible exigirlas con las graves fallas de las escuelas y colegios del departamento, en especial las rurales.


Para el Profe Ferley, las acciones del gobernador y los funcionarios fueron irresponsables, teniendo en cuenta que seguimos en pandemia y que cuatro días atrás de esta celebración, la gobernación había expedido decretos para evitar un tercer pico de contagios en el departamento. “Ahora el gobernador sale a decir que lo único que había era una misa. Señor gobernador, desde cuándo los curas utilizan sombrero mexicano y los monaguillos cantan rancheras en la misa. No sea mentiroso y no sea irresponsable”, afirmó el diputado.

¿Quién es Mauricio Aguilar Hurtado?
La llegada de Mauricio Aguilar a la Gobernación de Santander no fue una revelación. Su familia tiene trayectoria política y económica en el departamento. Hugo Heliodoro Aguilar, su padre, fue teniente coronel y político, y se desempeñó como Gobernador de Santander durante el período de 2004 a 2007. Es recordado porque en 1993 cuando era integrante del Bloque de Búsqueda contra el Narcotráfico, dio de baja a Pablo Escobar, jefe del Cártel de Medellín.

Para el año 2001 incursionó en la política, primero como diputado en la Asamblea del Departamento y años después como gobernador. Sin embargo, el 31 de enero de 2011 fue destituido e inhabilitado por la Procuraduría General de la Nación, para el ejercicio de cargos públicos por 20 años, al demostrarse que tuvo nexos con las Autodefensas Unidas de Colombia. Para julio del mismo año fue capturado cuando impulsaba a su hijo Richard Aguilar como candidato a la gobernación, cargo al que salió electo. En 2013 fue condenado a 9 años de prisión por el delito de concierto para delinquir por sus vínculos con el paramilitarismo durante su estadía en la Gobernación de Santander.

También se le impuso una multa de $6.337 millones que serían destinados a la reparación de las víctimas. En 2014 Aguilar manifestó su insolvencia económica para cumplir con el pago, y realizó un acuerdo con la Unidad para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas a un pago mensual de $500 mil. Insólitamente tres años más tarde, Hugo Aguilar fue descubierto manejando un convertible marca Porsche valuado en más de $350 millones.

En cuanto a Richard Aguilar, hermano de Mauricio Aguilar, se ha visto salpicado en escándalos de corrupción por entregar a dedo contratos durante su mandato como gobernador de Santander en el periodo 2012 a 2015. Este no es el primer escándalo en que se ha visto implicado el clan Aguilar. No obstante, pareciera que la justicia no fuese eficaz cuando se tratara de algún miembro de esta familia. Algunas semanas atrás, otro hecho suscitó indignación. A pesar de que Hugo Aguilar esté condenado por parapolítica, en el Parque Nacional Chicamocha se expone un busto en homenaje al exgobernador.

Condiciones de las instituciones educativas de Santander
El nuevo escándalo de esta administración es la presión que ha ejercido sobre los colegios públicos para iniciar la alternancia. Si bien, vimos que cerca de 300 funcionarios no respetaron el distanciamiento social y las aglomeraciones para celebrar el cumpleaños de Mauricio Aguilar Hurtado, es inconsecuente exigir que se cumplan estas medidas en instituciones educativas que no cuentan ni con la infraestructura, ni el personal que garantice la desinfección ni los elementos de bioseguridad. Aunque los docentes se opongan por la falta de garantías, han sido los alcaldes y las secretarías de educación quienes han acallado su voz.

Semanas atrás Víctor Camacho, alcalde de Barbosa, expresó que los docentes “se la estaban ganando sentados sin ir a trabajar”. También el gobernador dijo que “Algunos profesores no quieren salir de su zona de confort y quieren estar en sus fincas y parcelas y no quieren iniciar la alternancia”. No obstante, tales estigmatizaciones no tienen en cuenta las peticiones de los educadores de condiciones dignas y seguras para volver a las aulas presenciales.

Durante años los mandatarios han ignorado la pésima infraestructura de los colegios, situación que se agudizó en la pandemia. Este es el caso de las sedes rurales de la Institución Educativa Gallegos en Bolívar, Santander. La infraestructura de los recintos se encuentra en grave deterioro, sin baterías sanitarias y en muchos casos sin acceso a agua potable. A la fecha no ha llegado ni un antibacterial ni lavamanos portátil. También, han prescindido de contratar personal de aseo y vigilancia, lo cual impide su debido mantenimiento y seguridad. En Sabana de Torres, el Colegio Integrado Madre de la Esperanza ha sido robado en varias oportunidades. En la última de ellas, los ladrones se llevaron la fotocopiadora que ayudaba a los docentes con el material de aprendizaje que era entregado a los estudiantes.

Falta de garantías
Entre las condiciones mínimas para regreso a las aulas está la vacunación de docentes. A la fecha, sólo se está vacunando a la población mayor de 65 años que representa cerca del 16% de los docentes del país. Se espera que la tercera etapa de vacunación beneficie a todos los docentes de Colombia, situación que podría extenderse ante la incertidumbre que vive el país por la falta de la segunda dosis de la vacuna. A esto se suma que en la actualidad se está viviendo una crisis por la tercera ola de contagios. A nivel nacional la ocupación de camas UCI alcanzó el 80%, en ciudades como Bogotá se encuentra en un 90%, Medellín con el 99% y Barranquilla en el 90%. Para el caso de Bucaramanga y su Área Metropolitana, la ocupación se encuentra en el 92%, situación que no favorece el inicio de la alternancia programada para el 3 de mayo.

Garantías docentes para inicio de la alternancia
Las condiciones mínimas que pide el magisterio para iniciar la alternancia son: el acceso a la vacuna contra la covid-19; la adecuación física de los recintos educativos y elementos de bioseguridad garantizados de forma previa; la aprobación de una prima tecnológica pedagógica ante el aumento de los gastos en servicios públicos y de internet por el trabajo desde la virtualidad realizado por los educadores; la inclusión en la ARL y los riesgos laborales, lo cual contempla incluir la covid-19 como enfermedad laboral; la atención integral y oportuna en las EPS; y por último, que los docentes queden exentos de responsabilidades civiles y disciplinarias en caso de presentarse algún contagio y fallecimiento de un estudiante.

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