Victor de Currea-Lugo

Victor de Currea-Lugo

Wednesday, 13 November 2019 00:00

Para entender a los Kurdos en Siria

Todos recordamos al niño Alan Kurdi, nacido en la ciudad kurdo-siria de Kobane, pero poco sabemos de su pueblo: los kurdos. Son una comunidad distribuida principalmente entre Turquía, Siria, Irak e Irán. A ellos, la comunidad internacional les prometió un Estado en 1920, pero nunca les cumplieron. En esos mismos años, Turquía fue creada a partir de las ruinas del imperio Otomano y bajo el ideal de tener una sociedad homogénea, con una sola cultura y lengua.

Por esto, los kurdos nunca fueron aceptados como parte de Turquía, sus nombres fueron prohibidos, sus costumbres perseguidas y su identidad negada. En 1978, los kurdos decidieron crear una organización política llamada el PKK: Partido de los Trabajadores de Kurdistán. Esta organización intentó por varios años generar acciones políticas de reconocimiento, pero se estrellaron con una gran represión por parte de Turquía, con lo cual optaron, en 1984, por la lucha armada. Así me lo explicaron sus líderes hace pocos meses.

Luego de la caída de la Unión Soviética, el PKK replanteó sus paradigmas y optó por un modelo que no busca ya tener un Estado propio sino por hacerse un lugar digno dentro de los países donde los kurdos viven. Así las cosas, los kurdos le han apuntado a un modelo llamado “confederalismo democrático” que podemos resumir en una mezcla de democracia directa, feminismo y ecologismo, sin poner en duda las fronteras actuales. En Turquía, a pesar de las restricciones y la represión, se hicieron con más de 100 alcaldías.

La situación de los kurdos en los países vecinos tampoco era la mejor. En Siria, a los kurdos se les fue retirada la nacionalidad en 1962, perdiendo sus derechos. En Irak, en 1988, Sadam Husein asesinó a más de 180.000 kurdos, usando armas químicas entregadas por Estados Unidos. De hecho, en la ciudad de Suleymania hay un museo que recuerda a las víctimas mediante 180.000 pedacitos de espejo en los que, me decían, uno se puede mirar para ver si su alma es pura.

En el caso iraquí, la dirigencia kurda está bajo el control de dos apellidos: Talabani y Barzani, ambos acusados de corrupción y clientelismo. Ellos no ven con buenos ojos al PKK, ni tampoco a las fuerzas de resistencia de Siria, conocidas como Unidades de Protección Popular. Allí en Irak, luego de la caída de Sadam Husein, se estableció un gobierno federal para la zona kurda, con cierto grado de autonomía, pero en el cual los líderes mencionados han reproducido los mismos vicios de poder del pasado.

En Siria, la más frágil de las zonas, los kurdos se enfrentaron a la discriminación del gobierno de Bashar Al-Asad y a las atrocidades del Estado Islámico. Contrario a todo pronóstico, los kurdos no solo resistieron, sino que triunfaron en batallas épicas como la librada en la ciudad de Kobane. En esa zona, los kurdos y otros pueblos han venido construyendo en los últimos años un modelo de administración autónoma, que ha traído la tranquilidad al norte de Siria, e incluso ha alojado miles de refugiados de Irak y de desplazados de otras partes del país.

Hoy la guerra de Siria tiene tres zonas: una bajo control del gobierno, el norte bajo control de los kurdos, y una tercera zona donde continúan los enfrentamientos entre diferentes actores, entre ellos los residuos de los grupos radicales islamistas.

Como pude verlo hace pocos meses, hay decenas de campos de refugiados y desplazados, cuya administración kurda es bastante satisfactoria. Además, allí están las familias del Estado Islámico, mujeres y niños que no pueden ser acusados de lo que hayan hecho sus padres. También hay prisiones donde están bajo custodia miles de prisioneros del Estado Islámico.

Esa administración kurda en Siria es un “mal ejemplo” para los kurdos de otros Estados de la región y una gran preocupación para Turquía. Los turcos han bombardeado a los kurdos más allá de su territorio. Por ejemplo, en Irak, en el campo de refugiados de Makhmour, están vivas las huellas de las incursiones turcas.

Ahora, Turquía decide atacar el experimento kurdo de autonomía en Siria. No es cierto que allí haya bases terroristas; de hecho, fueron los kurdos los que derrotaron al terrorismo islamista para beneficio de toda la humanidad. Tampoco es cierto que desde allí se amenace a Turquía. Pero el odio turco a los kurdos, especialmente del actual presidente Erdogan, lo lleva a golpearlos en Siria.

La ofensiva empezó hace pocos días. Aunque, en rigor, es una ocupación de territorio sirio y un crimen de agresión, se dice que hubo una reunión entre servicios de inteligencia turcos y sirios, ya que ambos se benefician de una derrota kurda. De hecho, las mayores reservas de petróleo de Siria están en el norte, donde están los kurdos.

La zona ya es receptora de miles de desplazados y refugiados, por tanto, la propuesta de Erdogan de crear una “zona para que retornen los refugiados sirios” es una excusa. Cuando enfrentaron al Estado Islámico, muchos civiles kurdos y de otras comunidades fueron evacuados. Hoy, muchos de ellos piden armas. En caso de un caos en esa zona, se facilitaría la liberación de los miles de prisioneros del Estado Islámico y, por tanto, del reverdecer de este grupo.

Parece que la táctica kurda será llevar la guerra a Turquía, con la vieja fórmula de que la mejor defensa es el ataque. Por eso, hay unidades que han cruzado para atacar territorio turco y es de esperar que las tropas del PKK en Turquía hagan otro tanto.

Las protestas regionales y mundiales no son tanto a favor de los kurdos, como en contra de Turquía, quien juega a recuperar su liderazgo regional guiado por su nostalgia del imperio Otomano. Una parte de la izquierda mundial, que ha defendido al genocida gobierno de Siria, mira a los kurdos con desconfianza. Su argumento de que “los kurdos están con Estados Unidos” tiene varios errores: son algunos líderes kurdos de Irak los que tienen vínculos con Washington, no todos los kurdos. Además, en una guerra como la de Siria, donde estaba en juego su supervivencia, estos entraron en la coalición contra el Estado Islámico, como Bolívar, en su época, recibió apoyo del imperio británico.

Después de visitar los pueblos y cementerios del norte de Siria, es insostenible acusarlos de terrorismo. El sueño kurdo ya no pasa por un Estado independiente sino por nuevas relaciones sociales al interior de los Estados que habitan. Al igual que ante otras minorías, la comunidad internacional mide, estudia, espera y solo dará pasos para salvaguardar sus propios intereses.

“¿Qué crimen cometimos -oh madre- para morir dos veces una vez en la vida y otra en la muerte?”
M. Darwish

Palestina está ocupada por uno de los ejércitos más poderosos del mundo: el de Israel. Explicar su cotidianidad es muy complejo, tal vez esta carta, real, escrita desde allí, sirva para que entendamos lo que sufre el pueblo palestino cada vez que se enfrenta a un control militar, llamado allí checkpoint, usando la lengua del principal apoyo de Israel: los Estados Unidos.

 

Joaco, tú eres amante de los juegos. ¿Sabes lo que es un checkpoint? Es un juego pero en él no tienes que conquistar países como jugando al Risk, ni formar palabras como jugando al Scrabble. El juego tiene dos objetivos opuestos: el tuyo es pasar y el de ellos no dejarte. Como ves es sencillo. Y tiene solo una regla: el azar.

Puedes probar con las palabras: con buenos días, sí señor y por favor, entienda usted, mire le digo, cuando pueda, cómo no. Eso que te voy a contar fue cerca de Nablus. Tres heridos palestinos esperaban del otro lado del checkpoint; de éste lado estaba la ambulancia, los militares y un soldado israelí herido que fue atendido pero estaba muy grave para sobrevivir. Luego los de la ambulancia pidieron atender a los tres palestinos, pero no los dejaron. Los soldados caminaron hacia los heridos, les apuntaron con sus fusiles y los remataron en el suelo. Los de la ambulancia, del otro lado del checkpoint oyeron la respuesta después de los disparos: “ustedes ya no necesitan estar aquí, ya no hay pacientes que atender”. ¿Cruzar? Puede que sí, puede que no.

Puedes probar con argumentos la libre movilización de las personas, la ayuda humanitaria, la dignidad, los Convenios de Ginebra. Era una anciana como de ochenta, a lo mejor de más años, pero para mí casi todas las ancianas son de ochenta. Caminaba bajito, quiero decir doblando el cuerpo y andando como acompasada en el pasado. Pero llevaba una mano en la mejilla izquierda y un dolor en la carne, un dolor en las muelas. Y trataba de cruzar el checkpoint para llegar al odontólogo, y no hablaba hebreo y en su árabe rogaba que la dejaran pasar, y los soldados se reían y la imitaban y luego jugaban entre ellos al paciente y al dentista, y otra vez se burlaron y la gritaban, y pasaron los segundos y los minutos, pero ella no pasó y luego se volvió de nuevo caminando con su ritmo y su mano en la cara y el llanto en los ojos y la humillación en todo el cuerpo. ¿Cruzar? Puede que sí, puede que no.

Puedes probar con cartas y carnés. Mire usted, cuántas siglas tiene mi organización y cuántos carnés con fotos y letreros, cuántas cartas con sellos europeos, incluso puedes probar con tu pasaporte de colores. Un palestino esperó mucho tiempo pero el estómago no espera, mejor dicho la mierda no sabe de relojes. Y andando despacio se fue hasta los matorrales cercanos a la fila de coches, se bajó el pantalón y se puso a cagar cuando un disparo en la frente lo hizo caer de medio lado. ¿Cruzar? Puede que sí, puede que no.

Puedes probar con heridos y ambulancias. Mire usted, que estamos a pocos metros de la puerta del hospital más grande, que es cosa de minutos y se muere, que piense que podría ser usted. Una muchacha preciosa jugaba en la playa el domingo pasado, con sus curvas de cine y su sonrisa al aire, esa misma con uniforme me esperó días después en el checkpoint para jugar el juego este. No podía creer que fuera la misma de nalgas perfectas, pero su fusil me miraba y me preguntó por mis papeles. ¿Cruzar? Puede que sí, puede que no.

Puedes probar con terquedades. El derecho internacional humanitario, la comunidad internacional que ahora mismo duerme la siesta de la tarde, la prensa que podría llegar en este momento. Otra cosa es los checkpoints móviles, que persiguen a la gente y aparecen en forma de jeeps intempestivamente para repetir la misma ceremonia de control. Fue en Hebrón, la niña tenía tres días de nacida y estaba con su familia a solo 300 metros del hospital cuando aparecieron los checkpoints. Esperaron entre gritos e insultos pero cuando llegaron al hospital, después de esperar casi una hora y a solo 300 metros, ya sospecharás las consecuencias Joaco, sí, la niña se murió. ¿Cruzar? Puede que sí, puede que no.

Ellos pueden probar con sus fusiles y sus prohibiciones. Un niño recibió a algunas cuadras de mi casa en Palestina un disparo en el pecho, un tiro único y “limpio” dirían los expertos, un tiro que le partió de cuajo las costillas y el alma. El niño esperó en el suelo, cerca del checkpoint de Qalandya la llegada de alguna ayuda médica. Mientras gastaba sus últimos alientos oía a unos soldados que gritaban “stop-stop-stop” a la ambulancia que llegaba. Los dos enfermeros noruegos miraban y no podían comprender cómo el niño se apagaba de a poquitos cerca del checkpoint. Entre los gritos de otros palestinos, la impávida mirada de los militares y la espera inútil de ellos mismos. Cincuenta minutos después, el niño moría revolcándose cada vez más lento y más sin fuerzas entre su propia sangre.

Puedes probar con tu paciencia. Sí señor, espero, cómo no, a ver quién se cansa primero, a ver si no se aburren de verme bostezando en sus caras. Cerca de Nablus, el año pasado, un hombre se acomodó en lo alto de una montaña mirando al checkpoint y empuñando un arma vieja, de las usadas contra los británicos y con once balas, solo once. Acabó con la vida de nueve soldados y dos colonos que minutos antes gritaban en el checkpoint y manoteaban en hebreo y se burlaban de la gente en todos los idiomas. Un disparo por persona, cuando pasó la bulla, quedaron los cuerpos abandonados en el piso del área del checkpoint, un arma vieja abandonada en el alto de una montaña y el mito de un hombre que, solo, acabó con un checkpoint. ¿Cruzar? Puede que sí, puede que no.

Te decía que ellos pueden probar también con muchas cosas, casi con todas. Luego, con la boquilla de fusil cerca de tu cara te dicen “Have a nice day”, te lo dicen con “cara-de-checkpoint”, cosa que tienes que ver porque es intraducible. Y si quieres hacer la travesía a pie vas a sentirte violado, reducido al tamaño de tu pasaporte. Con la paciencia del tamaño de la fila, entrarás con otros indignados en el pasillo y a empujones; cosa que a mí me recordó cuando entraba de visita a las cárceles en Colombia, con la obligación de poner cara de culpable y además dar las gracias. Ven, Joaco, porque sé que te sobra corazón para entender, ven para enseñarte el olor del “servis” (el microbús palestino), ven a aprender el odio de los ojos de los soldados. Total, tú y yo, extranjeros, al final pasaremos.

*PhD, Profesor Universidad Nacional
@DeCurreaLugo

Wednesday, 02 November 2016 19:00

Las revueltas árabes y el Estado Islámico

En mayo de 2011, se dio la operación Lanza de Neptuno que consiguió abatir a Osama Bin Laden, la figura por antonomasia del terrorismo a nivel mundial. Yo estaba en Ammán, Jordania, y la reacción no tuvo mayor transcendencia, Bin Laden era una figura ajena a la realidad y al momento político que se vivía por esos días en Medio Oriente: las revueltas árabes.

La democracia había opacado el proyecto de Al Qaeda; la violencia y el radicalismo perdían su espacio político en Túnez, Egipto, Siria y Yemen. Incluso, la guerra en Libia era una acción multitudinaria y no un acto terrorista.

A lo largo de la región, las manifestaciones fueron brutalmente reprimidas por una serie de aparatos policiales (Egipto, Yemen; Bahréin) y en operaciones militares que impulsaron a la oposición a la violencia armada (Libia, Yemen, Siria).

Me decía Hassan Abu Hanieh, en Jordania, que: “al cerrarse el espacio político, Daesh el Estado Islámico triunfa al ofrecer un modelo para todos aquellos furiosos luego de la ocupación de Irak en 2003, con jerarquía y con capacidad de controlar territorio; las Revueltas Árabes no alimentaron al Estado Islámico sino que fue la contra-revuelta de parte de las elites”.

En donde se ha afianzado el Estado Islámico (Irak y Siria), el radicalismo musulmán triunfó a la hora de crear un vínculo directo entre el musulmán suní y el ciudadano excluido. Eso fue posible, fundamentalmente, por las políticas sectarias del gobierno sirio y su red clientelar alawi, así como por la política revanchista de Al-Maliki, quien fuera durante muchos años Primer Ministro de Irak.

En Irak, es justamente en el marco de las protestas pacíficas fallidas suníes contra Al-Maliki, que Daesh empieza su expansión en Ramadi y que concluye con la toma total de Faluya. Pero ni el gobierno, ni la ONU, examinan las causas de los actos violentos, sino que reducen todo a la lógica de la “guerra contra el terror”. Este apoyo de la ONU a Al-Maliki fue leída como la indiferencia del mundo frente al activismo pacifista en Irak.

Los islamistas, debido al fracaso de las revueltas y la frustración de la contra-revuelta, se presentan como una tercera opción. Fue ese cerrar la puerta al islam moderado, a salidas consensuadas y cualquier atisbo de democracia, lo que dio espacio al radicalismo. En palabras del analista político Marwan Shehadeh: “las Revueltas Árabes buscaron un proyecto de libertad que Occidente abandonó, dejando el espacio para que los extremismos se impusieran”.
Resumiendo, las Revueltas Árabes fueron una esperanza de democracia con agendas locales muy sólidas (y no fruto de una conspiración) y su fracaso alimentó precisamente al radicalismo islamista que hoy, ya sea como Al-Qaeda o como Daesh, hace presencia en la región. La conclusión es obvia: la cura para ese mal debe ir de la mano de la democracia y no de los bombardeos, sean de Estados Unidos o de Rusia.

* PhD /Profesor Universidad Nacional

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