Arturo Buitrago

Arturo Buitrago

…Yo me sueño un salón de clases con aire acondicionado, unos sofás, no más de esas sillas universitarias incomodas y torturadoras; no tener  esos tableros del siglo antepasado con tiza, tener unos profes conocedores del tema y que les entendamos fácil, que no suene el timbre cada hora y que llegue otro profe con una carreta bien diferente, parece como un desfile de modas donde los modelos son ellos mismos; los profes…

 

Escuchamos esto múltiples veces cuando le preguntamos a cualquier joven que vive 6 horas dentro del contexto escolar (Institución educativa) ¿cómo se sueña la escuela?; ya sea de la educación pública o privada; aunque cabe la aclaración que toda la educación es pública, en un colegio de pago de matrícula o mensualidad o gratuito.

Por ello, la educación parece estar siempre en los comentarios de pasillo de las universidades, de las alcaldías, en fin, de todos los estamentos; donde muchos grandes analistas la toman como la única forma de solucionar todas las problemáticas sociales que aquejan las sociedades y la única que es la culpable, al mismo tiempo, de todas las problemáticas sociales: “que esta persona no tuvo una buena educación”, “que le faltó más formación en la escuela”, “que no le enseñaron suficientes normas de urbanidad”. Son comentarios que rondan en todas partes. Es como si el sistema educativo fuera una varita mágica que solucionaría todos los problemas de las familias y de las sociedades; es como si olvidáramos que los sistemas cultural y político influyen también progresivamente y profundamente en la formación del individuo; y que el único culpable de que este modelo de sociedad esté como esté (desfragmentado, dividido e inhumano) es el maestro; ese que tiene el fundamental trabajo de la transmisión de la cultura a los pequeños o pequeñas que llegan a la escuela, como en muchos casos un centro de crianza, ya que los padres y madres no pueden ejercer esa función.

En conversaciones con maestros, ya sean directivos o docentes, ellos son consientes de la necesidad del cambio del sistema educativo y que ellos mismos están en primer orden en la lista de responsabilidades. Un coordinador de una institución oficial comentaba, y en su tono de voz con toda la seguridad del caso: “Sabemos exactamente lo que debemos cambiar; horarios, muchas clases, pedagogía y didáctica; pero aún hay una resistencia al cambio por parte de muchos de los docentes; muchos no se apoyan en las nuevas tecnologías; a los docentes les falta cambiar y mucho. Como decía Estanislao Zuleta, la educación es una olla de presión la que creemos que puede caberle de todo y ponerla en fuego alto a esperar que explote; así  está el sistema educativo”. Lo más paradójico es que los docentes manejan otra versión frente a las problemáticas del sistema: “El docente pasó a segundo plano; la profesionalización docente no existe y como docentes estamos mal pagos para la función tan importante que realizamos; nosotros somos los que en muchos casos cargamos todo en las instituciones educativas”. Si fuéramos al análisis y a ver cuál de las versiones tiene mayor validez en el momento de buscar culpables de una crisis dentro del sistema educativo que está generando caos dentro de las instituciones, altos índices de drogadicción, peleas entre estudiantes y docentes, poca motivación para la adquisición de conocimiento, el vivir el momento por parte de los estudiantes, alta deserción escolar, violencia dentro de las instituciones, siendo esta lista muy larga, deberíamos también conocer mejor qué dicen otras personas que no soportan esas 6 horas dentro de estos establecimientos, que no son docentes o directivos docentes (Rectores y Coordinadores)

“Esa lista de útiles (cuadernos-libros, etc) siempre a comienzos de año, para llevar una maleta, que le tiene que caber todos los días la mayoría de los cuadernos; hasta que en uno de estos días las maletas más finas se rompan, se les reviente la cargadera, se les daña el cierre;  sin poder volver a enmendar muchas veces tantos cuadernos y libros”. Esto decía un padre de familia al que se le preguntó ¿Qué piensa del colegio? Ante esta misma pregunta, un estudiante de 10º grado, en su forma tan particular de concebir el mundo, con una pinta muy particular, nos decía: “En un cuaderno podemos copiar todo, sólo es que por día  nos den una materia; es que muchas veces no sabemos qué nos enseñan, porque  en el mismo día hay tantos profes.”

“Clases de música, de baile, espacios lúdicos, contenidos en las materias más prácticos; yo reflexiono, ¿por qué los pobres vamos a seguir siendo pobres? Sencillo: la educación que se nos brinda es de pobres; y podemos tener la mejor infraestructura, como lo están haciendo en muchos municipios, pero si se sigue con el mismo modelo educativo del siglo XVII nada cambiará, pareciese que todo en el mundo hubiese evolucionado y el sistema educativo anquilosado”. Esto nos contaba un estudiante que cursa el último grado de bachillerato”.

Si muchos saben lo que esta ocurriendo, muchos lo sienten y padecen; si el Estado tiene la función social y legal obligatoria en la transformación de las estructuras y conoce las problemáticas actuales ¿qué ha hecho? ¿Esperar que se reviente el modelo educativo y cause más daños a los niños y niñas que allí están 6 horas de su vida al día?

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