Aceneth Cuarán y Alejandra Imbachí

Aceneth Cuarán y Alejandra Imbachí

Monday, 14 January 2019 00:00

La zozobra de un cafetero huilense

Hernando Caro ama el café tanto para degustarlo como para cultivarlo. El grano que desde pequeño su papá cultivó, es su sustento económico desde hace muchos años. Cada día se levanta al salir el sol y degusta el delicioso café que produce su finca. Allí mismo realizan el proceso de tostión y molienda, dejando a su paso el incomparable olor del café.

Durante años el café ha sido un producto representativo del país. El municipio de Pitalito Huila es reconocido a nivel nacional e internacional por generar este fruto apetecido por personas de todo el mundo. Aunque es un grano insignia, lastimosamente en Colombia hace muchos años no se brinda el apoyo necesario para cultivarlo, no hay garantías para los campesinos que, si quisieran vivir de este producto, quebrarían.


Después de beber su café, en tiempo de cosecha, don Hernando se dirige a su lugar de trabajo. Con el “coco” colgado a su cintura, recolecta grano por grano el producto por el cual es reconocida Colombia alrededor del mundo. A sus 52 años, este humilde campesino comparte su amor por este cultivo que anteriormente generaba los ingresos necesarios para el mercado semanal, con el paso de los años dejó de ser tan rentable.

Su finca está ubicada en la vereda La Palma, a 20 minutos del municipio de Pitalito. Hace 12 años habita este lugar. Según él, no vive allí porque le toca sino porque el campo es su vida y como cualquier trabajo este no debe hacerse improvisadamente, por ello estudió un Técnico en Producción Agrícola y Ecológica en el Sena y a partir de los conocimientos poder hacer de su amor un cultivo. Su jornada laboral, sin importar el clima, empieza a las seis y media de la mañana y termina a las seis de la tarde cuando el sol comienza a ocultarse, pues en tiempo de cosecha hay que recoger el café en el menor tiempo posible.

Cultivar café es una tarea compleja. La producción depende de muchos factores. Primero de la variedad, don Hernando anteriormente sembraba en su finca café caturro, su producción era quincenal pero fue afectada por la roya, una enfermedad que hace caer las hojas de las plantas. Por tal razón decidió cambiarlo a otras variedades como Castillo, Tambo y Tabi, los cuales dan una cosecha al año.

Como "se come todos los días del año", don Hernando decidió sembrar pitaya, pimentón, aguacate y limón Tahití. Aunque estos dos últimos cultivos aún no dan cosecha, él guarda la esperanza de que estos frutos le proveerán el dinero que necesita su hogar mientras el café no genera producción.

Otro factor que afecta la producción de café es el clima. Es necesario el verano para que haya cosecha abundante. Si no lo hay, la producción es baja. Además, los fertilizantes son costosos y el café es vendido a un precio muy bajo, allí radica el problema económico de los caficultores.

Según don Hernando, es irónico pensar que en otras partes del mundo el café es vendido a precios elevados, mientras el cultivador debe endeudarse para poder sostener su familia. El dinero se lo quedan las grandes industrias que venden el producto ya procesado en el exterior y el Gobierno no ofrece ayudas a los caficultores para que este negocio sea verdaderamente rentable.


Aunque don Hernando vive feliz en su territorio, para él es difícil económicamente sostener a su familia, pues el campo es maravilloso, sin embargo es costoso y poco rentable. Con la esperanza de que la situación mejore, don Hernando continúa recolectando las pepitas de este fruto que con tanto esfuerzo florece. Bebiendo mañana y tarde una tacita de café.

Monday, 17 December 2018 00:00

El sueño de una navidad en Venecia

Para Ruby Marcela la navidad es una época especial que inspira hermandad. “Las familias que tenían inconvenientes se abrazan, hay paz, unión, jugamos, compartimos, nos reunimos y es muy bonito”. La felicidad de Ruby inicia a mediados de noviembre, fecha en la que finaliza su colegio para reunirse con su comunidad en el barrio Venecia, en torno a la construcción de una de las cuadras mejor decoradas y más representativas en el mes de diciembre en Pitalito- Huila.

Ruby tiene 12 años y con una gran sonrisa en su rostro menciona que desde que tiene memoria, en su cuadra, diciembre siempre ha sido el mes más especial y de mayor unión. “Todos nos reunimos para la decoración y celebración. Es como si se fueran los problemas y todo gracias a la espera de la llegada del niño Jesús”.

Por su parte, Oscar Bolaños, quien se dedica a la carpintería y es considerado por sus vecinos como uno de los principales impulsores de la iniciativa, manifiesta que “Es común ver que en la ciudad la navidad se celebra de manera individual, cada uno se encierra en su casa y cada vez se pierde la tradición de unión, familiaridad y comunidad. Por eso nosotros quisimos hacer algo diferente, para no perder la valiosa costumbre de compartir con nuestros vecinos y niños, ya que la mayor parte del año estamos ocupados corriendo en nuestros quehaceres y a duras penas nos saludamos; la iniciativa surgió en 2012 y desde ahí hemos decorado en cinco ocasiones”.

En las cinco versiones, la cuadra ha sido decorada con materiales reciclables y cada año va cambiando. Detrás de este atractivo sector, hay un fuerte trabajo comunitario. “Nuestros tiempos son diferentes, así que nos organizamos de acuerdo a eso. Acostumbramos iniciar la decoración a finales de noviembre, nos reunimos a partir de las cuatro de la tarde con las amas de casa, niños y adultos que hayan. Sacamos todos los equipos hasta las puertas de nuestras casas, sintonizamos la misma emisora para ambientarnos con música de diciembre y a veces hasta olvidamos hacer la cena. Los vecinos se unen a medida que llegan de sus ocupaciones y estamos hasta las 11 o 12 de la noche pintando, decorando y demás. Aquí todos ponemos nuestro granito de arena”, manifiesta Yulieth.

Alrededor de la decoración, novena y expectativa de diciembre, cada integrante de la cuadra tiene un aporte y puesto especial. Ruby cuenta que ella y sus amiguitos son los más motivados con las diversas actividades, “como siempre es en material reciclable nosotros vamos a conseguir las tapas, tarros, lonas y lo que sea necesario para ayudar a decorar, también pintamos y damos ideas de cómo nos gustaría que fuera”. El alumbrado y la mayoría de la decoración está lista a partir del ocho de diciembre, día en que se reúnen para encender las velitas, compartir un vino y dar la bienvenida oficialmente al mes de diciembre. “Nuestra navidad es el reflejo del trabajo e ilusión de niños, madres, jóvenes y adultos que creemos en que la navidad en comunidad es lo mejor que nos puede suceder”, expresa José Ignacio López, habitante del sector.

El sueño de una navidad en Venecia es posible gracias a los vínculos que hay entre vecinos y la creencia de que la navidad ayuda a crear lazos sinceros y duraderos que contribuyen a una mejor sociedad.   

 

 

 

 

Esta actividad en el Valle de Laboyos, la puerta del Macizo colombiano, tiene la finalidad de generar cuidado por los entornos naturales de la zona rural del sur del Huila.

  

La región de sur del Huila se caracteriza por sus ecosistemas estratégicos en biodiversidad y riqueza en fuentes hídricas, como tener a su paso el río más importante del país, el río Magdalena, que atraviesa de norte a sur el departamento del Huila. En él convergen importantes afluentes como el río Guarapas, que está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y su cuenca tiene un recorrido de 71 kilómetros que nace en el municipio de Palestina y desemboca en Pitalito en la vereda Criollo.

Como iniciativa de recuperación y preservación a las fuentes hídricas, en especial a la cuenca del río Guarapas, nació la Fundación Vida al Río en el año 2015, organización sin fines de lucro que busca marcar la diferencia en el municipio por su labor de cuidado al medio ambiente. Su espacio de trabajo está enfocado en el corregimiento Charguayaco, conocido como la puerta de entrada a la Reserva Natural Serranía de Peñas Blancas, un ecosistema estratégico en el sur del Huila que está conformado por 32.973 hectáreas comprendidas entre los municipios de Pitalito, Timaná, Acevedo, Altamira, Palestina y Suaza.

Dentro de los proyectos de la Fundación Vida al Río está Charguayaco Ecoturístico Café y Color; su propósito es la conservación ambiental y el reconocimiento de la importancia del lugar para la comunidad y el planeta. Entre las actividades desarrolladas están las campañas de arborización, recuperación de senderos ecológicos, embellecimiento de las casas, realización de murales dentro del caserío para que sea más agradable la visita a la zona, cine bajo las estrellas, campañas de salud y celebración de ‘San Pedrito’, fiesta tradicional colombiana.

La iniciativa no solo comprende la descontaminación de las fuentes hídricas, sino que se proyecta en la zona sur del Huila como un polo en ecoturismo sostenible, junto a organizaciones públicas y privadas que los han apoyado. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA se unió dando capacitaciones para preparar a la comunidad en este nuevo proceso ambiental.

“Creemos que la gente puede apuntarle a una nueva actividad que no sea solamente el cultivo del café, sino que sea sostenible y que se pueda mostrar su zona como una zona de reserva y de actividad ecoturística, al mismo tiempo que se pueda ir preservando lo que hemos aprendido y enseñado”, afirma Dora Lucía Ruiz, representante legal de la Fundación.

Gracias al trabajo en equipo unieron fuerzas con la comunidad y durante un año y medio han llevado grupos de 15 a 20 personas por los senderos ecológicos para el avistamiento de aves y especies representativas de la Serranía como el mono aullador, el mono maicero y el roble negro, especie endémica de la Cordillera de los Andes registrada en cinco localidades a nivel nacional. En cada visita se preparan jóvenes que participan como intérpretes locales y guías profesionales, quienes relatan la parte histórica y ancestral del lugar, siempre con el objetivo de la conservación ambiental.

Los intérpretes locales son un grupo de voluntarios de 40 niños y jóvenes ‘Guardianes del Turismo y Patrimonio Nacional’ con edades entre los 7 y 17 años, que son capacitados y todos los sábados reciben enseñanzas del reconocimiento de los bienes tangibles e intangibles que tienen dentro de su entorno, y de especies de flora y fauna, para que de esta manera puedan generar sentido de pertenencia por su territorio. Hasta el momento, han logrado graduar a dos promociones como guías locales.

El ecoturismo también se extiende a adultos mayores en el proyecto Club de los 60, donde realizan tardes de esparcimiento y enseñanza en el manejo de los residuos sólidos y la reutilización de materiales para productos del hogar o venta en ferias ambientales. Con la integración de niños, jóvenes y adultos siguen labrando su camino de conservación ambiental y mejoramiento de la calidad de vida mediante su eje central que es la sensibilización para el rescate del medio ambiente.

 

 

Pachakuti”, es un proceso etno-educativo para el fortalecimiento de la cultura ancestral en Pitalito Huila

Pacha traduce espacio-tiempo y kuti retorno. Pachakuti, retorno al tiempo y espacio, que es la conexión entre la comunidad, el cosmos y el hombre; traduce el retorno a la tierra, a la autonomía, a la familia y tradición. Por eso Pachakuti es el nombre que lleva una propuesta de educación que surgió en el 2013 por iniciativa de gobernadores de tres comunidades indígenas: Yanacona, Rumiyako e Intiyacta, que se encuentran en zona rural del municipio de Pitalito, Huila.

El modelo educativo inspirador

Este proyecto educativo ha buscado impactar de forma concreta a través de simbologías; por ejemplo, desde la ruptura de la construcción de aulas en cuadrícula, que ponen en la parte delantera un sujeto que tiene el control sobre los demás. Por eso Pachakuti inició su proyecto Churu-wasi, que traduce casa en espiral, y que consiste en la construcción de aulas en forma de espiral, en representación del mambeo de la palabra, que guarda relación al ritual del mambeo de coca, en el que la comunidad se sienta en torno al fuego.

Yovany, politólogo y filósofo egresado de la Universidad del Cauca, y voluntario en este proyecto desde el 2013, considera que la forma circular de la construcción de aulas les permite mirarse a la cara, sin un poder o fuerza dominante, por eso el nivel del escritorio es el mismo de todos. Él la llama “la apuesta pedagógica del tú a tú”.  

Dentro de los componentes educativos hay otro que tiene gran relevancia y es la recuperación del Runashimi, lengua originaria de la comunidad. El Runa traduce hombre, y Shimi lengua – “La lengua del hombre”. Dentro del proyecto consideran que la lengua no es importante solo por la lengua o distinción, sino que van más allá. Para ellos la lengua es la que enseña de la manera más hermosa la historia y evolución de las comunidades. Del Runashimi, Yovany destaca la palabra Ayllu, que es familia y a la vez comunidad, pues para los Incas un hijo no es propiedad privada, sino que es un ser comunitario.

Otro de los aspectos fundamentales de este modelo educativo es que no está regido por un Proyecto Educativo Institucional, como normalmente lo hacen las instituciones, sino que, como en otras comunidades indígenas, en Pachakuti se habla del Proyecto Educativo Comunitario (PEC). Así, una vez se oficializó la institución ante el Ministerio de Educación, y la secretaría de Educación emitió el acta de legalidad para que Pachakuti pudiera ser o pertenecer a una institución educativa indígena, los gestores de este proyecto empezaron a buscar el agente diferenciador.

Al respecto, Yovany explica que no es solo por la estética, sino por las formas pertinentes a la educación indígena. Así, dentro del PEC se trabaja por proyectos de investigación, específicamente en cinco que tienen como eje fundamental la Pachamama, en donde el docente es acompañante del proceso. Desde ahí cambian las dinámicas, pues el PEI funciona a través de cátedra y el docente tiene un papel protagónico en el proceso. 

Mientras que en la educación occidental, como ellos la llaman, se manejan alrededor de 12 áreas de trabajo, en Pachakuti se manejan cinco: Literatura y pensamiento crítico, que tiene dentro de sus temáticas lenguaje y filosofía, en los que se enfatiza en lectura crítica, gramática, en temas propios y el análisis del  contexto, para tener una visión crítica de la realidad; Interculturalidad y gobernabilidad, donde tratan temas relacionados a derechos humanos, La Colonia, Derecho mayor, ética y valores; Arte y expresión del espíritu, que incluye artística y educación  física; Yupana, que guarda relación con trigonometría, cálculo, estadística; y finalmente Chakra, que trabaja biología, física y química: la interacción entre el hombre, el cosmos y lo productivo.

 

Niños institución Pachakuti y su proyecto productivo de siembra

 

El mundo no es perfecto, la perfección es un ideal

El contexto rural del municipio de Pitalito, en el que crece la institución, es muy complejo. El estudiante no tiene mucha proyección, y su familia en ocasiones cree que el único futuro de sus hijos está en el manejo de la tierra, además existe una programación mental que hace tener la idea de la educación lineal, lo que genera poca autonomía en los estudiantes.

Dentro del proceso educativo tienen claro que el estudiante debe ser integral. Yovany meciona que como docentes no lo saben todo, pero ha sido el espíritu de investigación lo que los ha hecho avanzar. Para algunos docentes, durante el proceso también ha sido difícil dejar a un lado la educación lineal de la que han sido resultado.

Por otro lado, la comunidad Yanacona ha reducido su visión a una individual dejando a un lado su esencia. Por eso el proyecto educativo Pachakuti es una apuesta por recuperar la cultura Yanacona y mostrar otros posibles futuros a jóvenes de la comunidad. De cuatro promociones hay doce egresados, de ellos hay una joven estudiando artes plásticas en la universidad, y dos con proyección de estudiar. “Lo que queremos es que los estudiantes retornen a la comunidad una vez hayan salido de su formación profesional, que entiendan el valor y riqueza que poseen, no queremos que los jóvenes sientan vergüenza por sus costumbres y creencias. Por eso la apuesta del proyecto es tan grande e incluyente”, menciona Yovany.

 

 

 

 

Friday, 02 November 2018 00:00

Más allá de la noche

Cuando el reloj marca las 5:30 de la tarde la ciudad se prepara para la rutina, ambientada por los ruidos de los automóviles. Luces de color rojo y amarillo inundan el centro de la localidad. Se siente el agitado ritmo como señal de regreso a casa después de largas jornadas de trabajo. Mientras tanto, cuando el sol empieza a esconder su rostro, Agueda López se dispone a iniciar su trayecto como 'escobita'.

Ella, con una sonrisa genuina y espontánea, caracterizada por sus rasgos oporapeños, deja al descubierto la felicidad que rodea su alma. Con sus ojos claros y brillantes percibe en las noches la tranquilidad, o afán de la ciudad, mientras realiza sus labores junto a 12 mujeres y un hombre, distribuidos en el interior del municipio de Pitalito, Huila.

Llega el ocaso y Agueda se pone su overol color azul oscuro, que en la parte inferior lleva dos cintas reflectivas que le permiten ser visible frente a cualquier fondo. Portarlas puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Sus zapatos bajos y oscuros la acompañarán a recorrer un camino que espera por ser relucido. Se ajusta su gorra y acomoda un tapabocas que solo deja ver su tranquila mirada.

Acompañada de una mochila pequeña colgada sobre su espalda donde guarda las bolsas plásticas, y una escoba hecha con bejucos secos y un tubo plástico, emprende a pie su recorrido desde el barrio Villa del Prado hasta la carrera segunda del centro. Mientras saluda a sus compañeros de trabajo observa a su alrededor la basura que algunas personas han dejado en el suelo durante el día, y como de costumbre, desde su rol de coordinadora, organiza su equipo y lo distribuye en todo el centro del municipio. Entre ellos una mujer particular, doña Dioselina, quien a sus 70 años barre y con vivacidad levanta carretas llenas de bolsas de basura. “Hay que darle la oportunidad porque uno no sabe cuándo me toque a mí, que no me quieran dar trabajo”, comenta Agueda.

Se oye el ir y venir del roce de su escoba con las calles. Hojas de color otoño descienden de las grandes ramas de los árboles, y mientras barre el impetuoso viento se convierte en su mayor rival.

–La ciudad a ninguna hora está quieta–, dice mientras amontona unas cuantas hojas combinadas con bolsas de alimentos.

Barre, limpia y recoge. Cruza cada una de las calles de la zona central del municipio, se detiene para dar un respiro, limpiar su sudor y continuar su labor. A su vez supervisa el trabajo de sus compañeras que se encuentran unas cuadras más adelante. Agueda las reúne para firmar asistencia y empieza a entablar una amena conversación sobre los quehaceres del día. En medio del momento ella dice algunas ocurrencias para que el tiempo pase rápido. “Conmigo viven contentas, uno el rato se la pasa chévere”, afirma con una sonrisa.

Con temor recuerda una noche mientras se encontraba barriendo y de momento vio caer un hombre muerto. Sintió miedo. Una persona se acercó y le dijo: “usted no ha visto nada”. También, con alegría en su rostro llegan a su pensamiento bonitas experiencias con su equipo de trabajo, como cuando celebran el mes del amor y la amistad. En una oportunidad visitaron el Parque Acuático de Playa Juncal en Palermo, Huila, y disfrutaron de los termales en el municipio de Rivera.

Desde su rol como mujer protectora siempre está pendiente de amparar a sus compañeras para que los habitantes de la calle no las molesten. Menciona que en alguna ocasión se enfrentó con uno de ellos porque tenía la costumbre de robar las bolsas que les suministraba la empresa para recoger la basura.

Agueda afirma que gracias a su trabajo como escobita ha logrado darle el estudio a sus cuatro hijos. El mayor es auxiliar contable, el segundo es conductor, su tercera hija es psicóloga y su hijo menor cursa actualmente sexto semestre de Derecho. Se siente feliz de brindarles la oportunidad de estudiar. Oportunidad que ella no tuvo debido a la situación económica que vivía su madre. Como hermana mayor debió trabajar desde temprana edad para colaborar con los gastos de su casa y ayudar a sus hermanos. Sin embargo, en el 2012, gracias al proyecto de gobierno en alfabetización para adultos 'Viva la Letra Viva' logró graduarse como bachiller, en el mismo año que lo hizo su hijo menor.

Mientras las escobitas trabajan, en el lugar se percibe la inseguridad. Los domingos, cada 15 días, su jornada inicia a las 2 de la mañana. “Solamente Dios nos cuida”, dice mientras recoge unas hojas en el parque principal. Expresa que le duele ver cómo en Pitalito se está dañando la juventud, y que desde su percepción no es culpa del Estado porque los padres tienen la responsabilidad de infundir valores desde temprana edad. A pesar de la situación que viven los jóvenes sumergidos en el consumo de alucinógenos, Agueda conserva la esperanza de una ciudad mejor, con más oportunidades, dado que “es una ciudad bonita, progresiva y de gente muy amable”.   

 Desde el año 1994 inició su trabajo como escobita. Antes se dedicaba a lavar ropa y a hacer limpieza en casas de familia. En otro tiempo se ocupó en la recolección de café. Junto a su esposo de 49 años, maestro de construcción, logró formar a sus hijos, que hoy la llaman desde la capital del país para estar pendientes de ella.

–Doña Agueda, ¿cuál es su mayor sueño? –, preguntamos.  

Sin dudar, en un instante responde que es poder ver a su hijo graduado como abogado, “me doy por bien servida”, afirma satisfecha. “Los años van pasando, uno se va sintiendo cansado”. Pero con el proyecto de terminar su casa de dos plantas, que durante 22 años ha estado construyendo junto a su familia, a sus 52 años toma su carrito y herramientas para salir a trabajar cada noche. “Ahí vamos haciendo, poco a poco”.

Cuando uno estudia en una sede de una universidad pública con déficit presupuestal, como todas las universidades públicas del país, se convierte en un reto hacer cumplir esa bandera de campaña de los gobiernos nacionales llamada: educación gratuita y de calidad. La falta de recursos la convierten en la universidad “PLATANO” porque plata no hay y es la respuesta ante cualquier solicitud que hacemos.

Hoy funcionamos con un presupuesto de hace 25 años, sin tener en cuenta que las condiciones económicas y sociales han cambiado: la universidad atiende a tres veces la población que atendía en 1993; la infraestructura se ha deteriorado o no es adecuada para el número de estudiantes; hay disminución de profesores de planta en las instituciones; las iniciativas de investigación se limitan porque rara vez reciben recursos, siendo esta una de las cualidades principales de la universidad, y no hay dinero para bienestar universitario y así dar mejores condiciones a estudiantes que deben considerarse como prioridad. Otra preocupación latente es el programa Ser Pilo Paga, que funciona con recursos de la universidad pública, pues se estima que con lo que sostienen a 40.000 estudiantes de Ser Pilo Paga en universidades privadas, en las universidades públicas podrían sostenerse a 500.000 estudiantes.

Como resultado a la serie de circunstancias negativas y que pasan por encima de nuestros derechos, el 10 de octubre vivimos una de las marchas multitudinarias de la historia colombiana. La educación superior en el país está colapsada y mientras tanto el Gobierno anuncia más recursos al Ministerio de Defensa; esto hizo que nos uniéramos en una sola voz, y nos movilizáramos tanto en ciudades principales como en pequeños municipios.

Mediante un comunicado, un vocero de esta movilización afirmó que “la educación es la herramienta fundamental para zanjar la abismal desigualdad social, moral e intelectual de la nación. El Movimiento Estudiantil colombiano, nutrido de sueños, vuelve a manifestarse por medio de procesos de organización, movilización y articulación a nivel nacional”.

Las problemáticas nos han hecho entender la importancia de la educación pública y el riesgo en que está, por eso defendemos el derecho a la educación que por ahora parece un privilegio de pocos. Se calcula que alrededor de un millón de personas marchamos en el país en una sola voz, las 32 universidades públicas estábamos en las calles, exigiendo garantías para la educación superior colombiana. Las movilizaciones responden a un déficit en la educación pública, que se estima en 3,2 billones de pesos en funcionamiento y 15 billones en infraestructura, de acuerdo con el Sistema Universitario Estatal (SUE). 

Las movilizaciones fueron convocadas y organizadas a través de asambleas universitarias; también el “voz a voz” fue un factor clave, y las redes sociales hicieron un gran aporte, pues a través de WhatsApp, Facebook y mensajes de correo electrónico se motivó a los estudiantes de diferentes universidades y a la comunidad en general a la participación en la marcha. Hay algo claro para la comunidad estudiantil de la universidad pública colombiana, y es que si bien la marcha mostró la inconformidad con las políticas educativas del Gobierno nacional, por delante tenemos grandes desafíos en la defensa de la educación superior pública, gratuita y de calidad.

 

 

El símbolo de la muerte se hizo presente en la marcha por la universidad pública

 

 En Pitalito Huila cerca de 800 personas se unieron en la movilización por la educación superior.

Jóvenes de Pitalito hicieron un llamado al gobierno nacional para exigir garantías en la educación pública.

Asociaciones y sindicatos se unieron por la defensa de la educación pública.

 

En medio de las dificultades que atraviesan algunos sectores agrícolas colombianos, surgen personajes que defienden la tierra y autonomía de comunidades rurales.

Era febrero de 2016. Luego de cumplir una jornada de trabajo que había iniciado a las 5:00 a.m., y acompañado de un extenuante sol de mediodía, Ismael Vásquez llegó a su casa con la satisfacción de haber organizado parte de sus cultivos de café. La inquietud rondaba en su cabeza; desde hacía año y medio esperaba una anunciada visita que podía cambiar la vida de 17 familias campesinas, pues representaba la posibilidad de apoyo económico para sus proyectos agrícolas.

Almorzó, se puso su sombrero suaceño que lo acompaña en los momentos especiales, y luego caminando se dirigió al sitio de encuentro acordado con los funcionarios, quienes traerían consigo la respuesta sobre el proyecto presentado a la Cumbre Agraria. En medio de algunos de sus vecinos, una temperatura cálida, y un ambiente de intriga, les confirmaron que su proyecto había sido aprobado, y que en adelante tendrían un año para su ejecución. Ese día, Ismael reafirmó que la mejor sensación era esa, la de poder servirle a su comunidad. 

Ismael es un agricultor de 55 años, amante de la naturaleza, del trabajo y de la producción agrícola, natal de la inspección de San Pedro de Florencia Caquetá, de padres campesinos oriundos del mismo departamento. Es el mayor en una familia de ocho hijos conformada por tres hombres y cinco mujeres. Desde los 17 años ha estado relacionado con el liderazgo; muestra de ello es su participación en la Unión de Jóvenes Patriotas, donde el propósito era la instrucción y capacitación política; fue presidente de juntas de acción comunal y debido a muchas circunstancias llegó en el año 2000 al municipio de Timaná.

Unos de los sucesos sociales que más han marcado a Ismael, fueron los paros realizados en 2013 y 2014 por gremios cafeteros del Huila, de los que él fue partícipe. Estas movilizaciones campesinas se llevaron a cabo, según narra el mismo Ismael, debido a la carencia de apoyo estatal para el sector cafetero que cruzaba dificultades respecto a los precios de insumos para la producción, bajos pagos en la venta de café y labradores endeudados con entidades bancarias, porque los resultados económicos  debido a la crisis no eran los esperados.

Luego de estas y varias manifestaciones, y el sinsabor por un Gobierno que poco atendió las peticiones, se promovió la organización comunitaria para lograr mejores proyectos y garantizar el cumplimiento de los mismos. A través de la invitación voz a voz con vecinos y conocidos, se reunieron 18 campesinos y campesinas pertenecientes a veredas del municipio de Timaná y crearon en el año 2014 la Asociación de Trabajadores Campesinos del Huila (ATCH) seccional Timaná

En la junta directiva estaba Ismael Vásquez como presidente, además Hernán Darío Herrera como secretario, Diego Marín como tesorero y Mildreth Caviedes Mejía como representante de Derechos Humanos. Entre las prioridades de la organización, Ismael destaca la defensa del territorio campesino, el fortalecimiento político - económico del sector, la exigencia al gobierno departamental y local para el acompañamiento técnico, productivo y de comercialización de productos agrarios.

Por eso, uno de los logros más representativos de la organización ha sido la inclusión al proyecto nacional Cumbre Agraria, que surgió precisamente de los paros campesinos de 2013 y 2014, pues este permitió que 17 familias de ATCH seccional Timaná recibieran capacitaciones, herramientas agrícolas, semillas y acompañamiento. En la actualidad, los cultivos de café, banano y caña que surgieron de este proyecto están en etapa productiva.

“Representamos posibilidades para el mejoramiento de la calidad de vida, hay representación y credibilidad en lo que hemos logrado, eso me impulsa porque siempre hay alguna problemática por la cual trabajar”

Ismael cuenta que desde la asociación han posibilitado el mejoramiento de la calidad de vida, hay una representación y credibilidad en lo que han logrado, y esta es su motivación pues considera que siempre hay alguna problemática por la cual trabajar. Se han financiado y mantenido en la lucha a través de la venta de novillas, pollos, bazares, tamales y otras actividades. Consideran que recibir algún tipo de financiación de partidos políticos podría cambiar los intereses de la organización o ser utilizados negativamente.

En cuanto a decisiones electorales manifiesta que “la afinidad política es individual. Somos liberales, conservadores de cualquier partido, siempre buscamos ponernos de acuerdo, hablamos, debatimos y cada uno da su punto de vista frente al suceso político, la mayoría de votos gana; dentro de la asociación se maneja la democracia y pluralismo y cuando apoyamos algún candidato lo hacemos por acuerdo”.

Actualmente en ATCH hay 140 asociados, 60 mujeres y 80 hombres en edades de 14 y 78 años, la población es jornalera, pequeños o medianos agricultores. “Nuestro distintivo es un escudo que representa la tierra, la familia campesina y nuestros cultivos. Hemos organizado para tener manillas tejidas, chalecos y busos con los cuales nos identificamos como ATCH seccional Timaná”

“El dinero es importante pero no lo es todo, porque sin dinero he ido a muchas partes, he conocido muchas personas y gozo de tranquilidad. Valiosas son las personas y el trabajo por  sus necesidades”

La prioridad de Ismael dentro de la organización es ubicar agricultores en terrenos propios para garantizar calidad de vida a ellos y sus familias, también continuar la gestión para la baja de tasas de créditos en el Banco Agrario. Ellos se reúnen en asambleas cada tres o cuatro meses, y si hay algún proyecto cercano o en ejecución cada mes o cada 20 días. Han proyectado la celebración del día del campesino como  muestra y reconocimiento a su labor; así mismo, educar en siembra y aprovechamiento de terrenos para varios cultivos, porque el monocultivo cafetero, a pesar de brindar estabilidad económica en ciertas épocas, ha hecho que muchos labradores dejen a un lado la práctica de policultivos.

Ismael pretende que el poco dinero que da el café no se gaste en las tiendas o en el “Fruver”, que en las parcelas haya un poco de café, plátano, cebolla, cilantro, guayaba, zanahoria, naranja, mandarina… que aprovechen los terrenos y cada día aprendan más sobre la linda labor de ser labradores de su tierra.

Visita y análisis de terrenos para siembra de café, banano o caña.

Entrega de abonos a beneficiario del proyecto Cumbre Agraria.

Agricultor Timanense en su proceso de siembra cafetera

Agricultor timanense e ingeniero agricola, acompañante del proceso de siembra y producción.

Acompañamiento en proyecto productivo a mujeres.

 

 

Tuesday, 04 September 2018 00:00

Pitalandia, un destino artístico por descubrir

Este espacio, construido hace un siglo por la familia Flórez Correa, ha permitido desde hace cuatro años un reencuentro con el arte y la arqueología del sur del país, reflejadas en sus coloridos cuadros, máscaras de rostros indígenas y plantas que brindan un ambiente de tranquilidad.

Al sur del departamento del Huila se encuentra Pitalito o el ‘Valle de Laboyos’. Este municipio de economía agrícola, destacado por su calidad en producción cafetera, gente amable y territorio bañado por aguas del río Magdalena, está ubicado a solo 45 minutos de San Agustín, Capital Arqueológica de Colombia. Además, es un centro de conexión entre departamentos ricos culturalmente como Caquetá, Putumayo y Cauca.

Allí, en medio de la rutina, el afán por lo cotidiano y lo habitual, surgió un espacio inspirador para artistas, un punto de encuentro para aquellos amantes del arte y que ven en él la posibilidad de transformar la sociedad: Pitalandia, residencia para artistas y espacio independiente (Pita: alusivo a la planta / Landia: relacionado con un programa de televisión llamado animalandia que mostraba la fauna y flora del mundo).

Nació en el año 2015 como iniciativa de Rafael Flórez, egresado de la facultad de artes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, y quien ha dispuesto su trabajo como una incubadora de artistas preocupados por la innovación y el rescate de la cultura desde el arte contemporáneo. Rafael es un hombre alto, de piel clara, enérgico, cordial, y su gesto representativo es una sonrisa. En sus narraciones refleja un profundo amor por el arte, sentimiento que heredó de su madre, profesora de español y psicóloga. A pesar de vivir quince años en la ciudad de Bogotá, en la que se formó académicamente, sus experiencias y conocimientos artísticos lo llevaron a creer que Pitalito era un lugar de artistas de cuna, y que era necesario crear un espacio en el que se ayudara a concebir oportunidades para niños y jóvenes, y que permitiera ver otra cara del municipio.

Desde hace cuatro años se han construido tejidos culturales, y con ellos nuevos espacios de integración que trascienden las barreras locales; una de las iniciativas es traer artistas con proyección nacional e internacional como Miguel Kuán, Wilson Díaz Polanco y María Isabel Rueda. Un ejemplo fue el Primer Encuentro del Alto Magdalena, Arte Contemporáneo y Arqueología (ARCA) realizado en abril del 2018, en el que se exhibieron piezas arqueológicas coleccionadas por la docente y coleccionista Fabiola Peña, y las cerámicas de Cecilia Vargas, una mujer aguerrida por la cultura del municipio con la creación de piezas artísticas de la chiva y la danta de montaña.

A su labor se han unido curiosos jóvenes y docentes de distintas instituciones educativas como la Winnipeg, San Juan de Laboyos y el Humberto Muñoz Ordoñez, quienes con el deseo de cultivar una semilla de creatividad participan en talleres de apreciación del paisaje y construcción de identidad colectiva; así se forman las futuras generaciones en espacios alternativos desde pequeños territorios y que se figuran como una apuesta por destacar el arte contemporáneo y arqueología de la región Surcolombiana.

Aura Cristina, joven de 18 años, laboyana, estudiante del Sena y fiel admiradora del arte, ha sido muy inquieta, desde pequeña se ha interesado por las expresiones artísticas. Inicialmente relacionaba el arte únicamente con pintura y dibujos, con el tiempo se relacionó con personas que le permitieron crear una amplia visión, luego hizo parte de talleres realizados por artistas de la mano de Pitalandia y asegura que este lugar “ha dejado en mí la semilla de reconocer lo nuestro, ver la historia y entender cómo todo está conectado con el presente, es ver el arte como algo tangible y un sueño posible de alcanzar. Somos ricos porque tenemos prehistoria, lo que falta es potencializar y crear cultura de valor y reconocimiento. Pitalandia es encontrar un lugar en el que moldeo ese ser artístico dentro de mí, es mi sinónimo de no conformismo, es ir más allá en búsqueda de las máximas expresiones”.

A pesar de las limitaciones económicas que oscurecen el panorama artístico, Pitalandia es un lugar especial para visitar. De manera voluntaria ha recibido aportes para salir adelante con el proyecto que carga en sus hombros el sueño de artistas que muestren al país y al mundo la riqueza histórica del territorio, para así lograr convertirse en la “Puerta Arqueológica del Sur”, como lo expresa Rafael.

Como ejemplo de apoyo está Silvia Vásquez, diseñadora gráfica y catedrática universitaria, quien se ha incorporado con el propósito de contribuir al reconocimiento de espacios que fomentan los talentos y el potencial de la región. “Es muy importante que los procesos educativos estén de la mano siempre del arte y Pitalandia es un espacio de reencuentro con nuestra identidad y que nos permite hacer región desde nuestro escenario”, afirma Silvia.

Pitalandia busca seguir aportando socialmente en la formación cultural del municipio, quiere romper la centralización del arte a nivel nacional que se queda en las élites de las grandes capitales, y sobre todo crear la visión que el arte hace parte de las comunidades. Buscan que niños y jóvenes de clases populares sean protagonistas de la transformación social y puedan conocer, entender y enamorarse de su contexto y representarlo artísticamente, para mostrar su identidad cultural a nivel nacional e internacional.

 

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