Carlos Roa

Carlos Roa

De las 10.362 concesiones mineras otorgadas por la Agencia Nacional de Minería, Boyacá concentra en su territorio 1.825, casi el 20% de las concesiones del país, seguido por Antioquia (1.379), Cundinamarca (1.062), Norte de Santander (839), Santander (699) y Tolima (617). Vale la pena resaltar esta concentración de concesiones en la región andina por tratarse justamente de la zona más densamente poblada del país.

Antioquia, Boyacá y Cundinamarca son los departamentos con el mayor número de municipios, y la minería está asociada a las dinámicas de consumo de las poblaciones. La explotación minera en Boyacá ha implicado, más que una relación armónica entre el consumo de la población y las posibilidades poblacionales y tecnológicas de explotación, la perpetuación de relaciones de dominación sobre el trabajo minero a través de diferentes formas de gobierno y de articulación al modo de producción.

De las concesiones del suelo boyacense, casi la mitad están destinadas para la explotación de carbón, seguidas por arcilla, esmeralda, material de construcción, caliza, arena, mineral de hierro, caliza metalúrgica y roca fosfórica.

La distribución de la explotación minera no se da de la misma forma en todo el departamento. Existen municipios en los cuales se ha concentrado la explotación minera, resaltando de lejos Sogamoso y sus alrededores.

Si tomamos la distribución de las concesiones de carbón en relación con los municipios, encontramos que ésta se concentra en los municipios de Sogamoso, Tópaga, Corrales, Socha, Socotá, Paipa, Tasco, Gámeza, Sativasur y Mongua.

La explotación de carbón: de la alfarería artesanal al mercado energético
Aunque parezca obvio, la primera condición para la consolidación de una región minera es que haya minerales. Es decir, que existan las formaciones del suelo necesarias para soportar la cantidad y frecuencia de explotación que los grupos le demanden.
De acuerdo con el tipo de conformación geológica y sus posibilidades materiales, sugiere que otras culturas, relacionadas mediante otros modos de producción, hicieron usos diferentes de estos minerales.

Para el caso del carbón, existen vestigios de la explotación de carbón en la provincia de Sugamuxi mediante el método de cámaras y pilares por parte de indígenas nativos, quienes posiblemente lo utilizaban para la cocción de la arcilla y de utensilios, y taparon las minas para evitar que fueran halladas por los españoles. El carbón hacía parte también de un entramado de minerales que se intercambiaban entre los pueblos de la época, como la arcilla para la construcción de las viviendas, la orfebrería, y la sal. Hacia mediados del siglo XIX, el carbón era utilizado para la cocina doméstica y se incorporaba ya en la herrería y la producción de cal.

Pero es en el siglo XX cuando la explotación de carbón, articulada en un primer momento a los procesos de producción locales, pasa a articularse con los procesos nacionales de intercambio de mercancías.

La minería del departamento de Boyacá fue subsidiaria de la construcción del ferrocarril del nordeste que conectaba Bogotá y Sogamoso. La producción carbonífera alimentó gran parte de la combustión de las locomotoras. El ciclo de las locomotoras, aunque corto, dejó una red de trabajos relacionados con la explotación de carbón que se articuló, no sin contratiempos para los trabajadores, con la puesta en marcha de la Planta Siderúrgica de Paz del Río que empezó a funcionar en 1954.

Con la siderúrgica, el carbón encontró un nuevo uso que comprendía cambios profundos en la estructura productiva del país, pues pasó a hacer con el carbón, en su forma coque, parte del proceso de la producción de acero nacional.

Adicionalmente, a finales de esa década se construyen los proyectos termoeléctricos, que empiezan a funcionar en la década de 1960, alimentados por las minas circunvecinas de Paipa y Duitama.

Sin embargo, entre 1960 y el actual período, existieron cambios sustanciales en la explotación y trabajo sobre el carbón señalados por los trabajadores. En primer lugar, la creación de una industria siderúrgica con plantas asociadas, como la de fosfatos entre otras, conllevó la conformación de una estructura laboral mediada por un salario, con centros conglomerados urbanos de trabajo como Sogamoso y sus alrededores y con la posibilidad efectiva de sindicalización que esto implicó.

El auge sindical estuvo marcado también por la posguerra y el papel de la empresa en la construcción de industria propia o de proteccionismo, impulsado en los países del sur mientras los países del norte reconstruían a Europa y tenían nuevamente la capacidad de cooptar los mercados con el pleno de sus fuerzas productivas.

Así, Acerías Paz del Río fue la empresa de Boyacá hasta los tiempos de la apertura económica decretada por el gobierno de César Gaviria y la penosa década de 1990, en la cual la empresa pasó incluso por la figura de concordato para el pago de sus deudas. En el año 2007, el 51,3% de la empresa fue vendida a la brasileña Votorantim, centrando su actividad en la comercialización del carbón y generando la pérdida para el país de una palanca para la transformación industrial.

Alcances ambientales y propuestas desde el movimiento
Poco se ha dicho sobre las afectaciones que la economía del carbón ha tenido sobre las cuencas de los ríos que nutren los valles del Magdalena y la Orinoquía. Instalada en las partes altas, la empresa Paz del Río obtuvo una concesión de aguas sobre la laguna de Tota que solamente fue revisada hasta 1980. Por su parte, toda la operación de Termosochagota, que entra en operación en 1990, se erige sobre la cuenca alta del río Chicamocha, de la misma forma que lo hace Paz del Río.

Las consecuencias que sobre la población ha tenido esta explotación minera desmedida sobre el valle de Sogamoso se evidencian en las familias que habitan municipios como Nobsa y sus alrededores, aquejados por enfermedades respiratorias prolongadas que afectan varias generaciones de las familias. Además, el abastecimiento de carbón ha sido monopolizado por intermediarios que, apoyados en una actividad ancestral de los campesinos de la región, alimentan a bajo costo uno de los centros de producción de carbón más grandes del país a costa de los socavones en los páramos.

Las empresas, aparte de la construcción de viviendas y de infraestructura, han dado lugar a la explotación de minerales en los márgenes de los ríos que fluyen entre Boyacá y Casanare, que también alimentan las actividades propias de la economía petrolera. Por otra parte, como se ha pretendido mostrar, se trata de actividades con raíces históricas articuladas a la dinámica del capital durante décadas.

La vocación minera del departamento de Boyacá y la vocación petrolera del departamento de Casanare, no son designios de Dios, sino que hacen parte de la manera como se articula la propuesta de un país con una estructura económica dependiente al capital internacional, jerarquizado además entre sus regiones.
Por eso, entre las propuestas del movimiento del Centro Oriente, está, basados en el Plan de Vida, la idea marco de un equilibrio regional con la cuenca de la Orinoquía, que parta del reconocimiento de la economía campesina y de las posibilidades de las ciudades para el avance de propuestas productivas desde los diferentes sectores de trabajadores.

En este ejercicio, se ha propuesto reconocer las posibilidades de gestión propia de los bienes de uso colectivo como el agua, la salud, la educación y los servicios públicos. A partir de allí, se propone una necesaria racionalización de la producción de minería e hidrocarburos, pues estos no pueden ser la base para el mercado internacional a costa del deterioro ambiental y social del país.

Producir lo necesario, avanzar en la sustitución de las formas de producción con gestión popular y en equilibrio con la naturaleza. Para ello, la renta de las actividades mineras y petroleras debe pasar a manos de los trabajadores y en beneficio del conjunto de la población. Se deben respetar ecosistemas y corredores estratégicos del agua: páramos, bosques alto andinos, ríos, lagunas y cuencas. Estas hacen parte de las propuestas del movimiento social en Boyacá y Casanare, y por las cuales los líderes sociales han sido asesinados y encarcelados. Pero también estas siguen siendo las razones por las cuales el movimiento se articula día a día para continuar.

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