Olimpo Cárdenas Delgado

Olimpo Cárdenas Delgado

A mediados de Julio de 2009 se llevó a cabo una audiencia pública en la ciudad de Medellín convocada por el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes,  Germán Reyes. Asistieron entre otras personalidades la senadora Gloría Inés Ramírez, el director de la policía de Medellín, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y representantes de las ONG defensoras de Derechos Humanos. La audiencia se centró en las denuncias de las víctimas de los delitos de estado y las ONG señalaron con gran valor a los responsables. Ese día hablamos con Gloria Inés Ramírez, a quien la Corte Suprema de Justicia le había dictado fallo inhibitorio por la investigación de Farcpolítica.

 

ntes de hablar con Gloria Inés Ramírez, Periferia estuvo atendiendo los informes y denuncias de las personas que allí participaron. Siguen siendo muy graves los hechos que se presentan y que los medios masivos de comunicación omiten o minimizan como, por ejemplo, la ola de homicidios en la ciudad de Medellín, estos se han disparado y han sido “despachados” por las autoridades como simples refriegas entre bandas emergentes. Uno de los casos más aberrantes es el de Itagüi, en donde el número de víctimas a manos de sicarios y pandillas al servicio del narcotráfico y de la llamada oficina de Envigado, que se trasladaron a esa zona, siguen en aumento al 25 de mayo de este año los asesinatos sumaban 70. En junio se encontró una fosa común con dos cuerpos y, al parecer, existen más fosas. También fueron desplazadas 110 personas del sector de la Esperanza. Al parecer, paramilitares desmovilizados también hacen de las suyas. Según, la ONG Corporación Nueva Gente, a sus integrantes los vienen señalando, persiguiendo y amenazando por hacer las denuncias y señalar a los agentes de la fuerza pública como posibles responsables de permitir y participar en los crímenes.

Otra denuncia más grave aun la hizo la Corporación Jurídica Libertad, señalando con cifras concretas que son ya 2046 procesos de víctimas de los mal llamados falsos positivos (asesinatos) a manos de miembros de la fuerza pública; estos procesos son llevados por la unidad nacional de derechos humanos. También denunciaron la grave situación que viven los defensores de derechos humanos y los miembros de organizaciones sociales porque, cada vez en mayor cantidad, son judicializados y llevados a las guarniciones militares en donde funcionan fiscales delegados, los cuales están absolutamente parcializados y acusan a los dirigentes de participar en grupos ilegales armados. Esta conducta, afirma la Corporación Jurídica Libertad, es inaudita, la existencia de fiscalías dentro de los batallones le quita seriedad e independencia a ese organismo. Recientemente fueron 12 integrantes de las más respetadas ONG de derechos humanos y dirigentes reconocidos en Antioquia los llevados a la IV Brigada del ejército, con sede en Medellín, a rendir indagatoria. Allí se les sindicó de pertenecer a las FARC; a  Winston Gallego, de la Corporación Sumapaz, lo capturaron sin mediar siquiera una orden judicial.

Varias cifras que destacó la Corporación Jurídica causarían risa, a no ser porque lo que se dice en ellas es referido a muertes de seres humanos. Al parecer las cuentas de los organismos de seguridad del Estado y del gobierno mismo y las fuerzas militares están despelotadas. Según cifras oficiales, el número de desmovilizados de los grupos armados ilegales asciende a 15.209, capturados son 33.489 y abatidos en combate 12.000, esto da un total de 60.698 miembros de los grupos ilegales, entre paras y guerrilleros; o sea que según estas cifras en Colombia ya no hay guerrillas ni grupos paramilitares, porque según los datos del mismo gobierno, antes de Uribe se hablaba de unos 12 mil guerrilleros de las FARC, unos dos mil del ELN y unos 11 mil paramilitares, mal sumados nos dan 25 mil, ¿será que los otros 35 mil son falsos positivos, serán ciudadanos de esos que los familiares no conocen su paradero, o será simplemente que la guerra la está ganado el gobierno gracias a las estadísticas y a la labor encomiable de los medios masivos de comunicación? Otro dato, también oficial, es que las guerrillas le han causado 4.054 bajas al ejército, le han herido 9.636 uniformados y las minas le han causado daño a otros 4.164, o sea que la fuerza pública ha recibido la nada positiva suma de 17.854 golpes militares en su contra. Menos mal que estos hechos ocurren, según el gobierno, en un país en donde no hay conflicto armado.

Hablando con Gloria Inés Ramírez
Gloria nació en Filadelfia, Caldas, y desde los 15 años dedicó su vida a la lucha social  en el campo de la salud, la vivienda y especialmente en el sector de la educación. Aunque nació allí, su vida sentimental y política la desarrolló en Pereira. Fue presidenta de la Federación Colombiana de educadores, FECODE, y obtuvo la mayor votación en las elecciones de la CUT nacional, por lo cual fue elegida en el ejecutivo de esa central obrera. Ha sido perseguida, amenazada y asilada política. En el 2007 fue elegida senadora de la república. Sin duda alguna, una mujer con mucha formación e independencia política. Como presidenta de la comisión de paz del senado asistió a la audiencia pública de derechos humanos en Medellín y nos concedió esta entrevista:

A propósito del tema de las ejecuciones extrajudiciales, falsos positivos y en fin asesinatos a manos de la fuerzas armadas colombianas, denunciadas en esta audiencia ¿qué nos puede decir?
“Las ejecuciones han sido corroboradas por la presencia del relator especial de las Naciones Unidas para este caso y una conclusión dice que estas no son espontáneas, ni casos aislados de unos cuantos mandos militares, sino que ha sido una práctica sistematizada; encontró que hay un gran compromiso de las Fuerzas Armadas, es decir hay un proceso de doctrina y una política de compensaciones que en última instancia ha llevado a esta práctica de violación de Derechos Humanos. Igualmente está el informe sobre las desapariciones forzadas que se ha venido incrementando en Colombia en los últimos años y que es una práctica que tenemos que desterrar. De ahí la importancia de ponerle fin al conflicto, reconociéndolo, pero sobre todo entendiendo que no es a través de la guerra,  sino a través del diálogo y la negociación política que se pueden resolver. Hoy hay 21 conflictos  en el mundo y están todos en una mesa de negociación, ¿por qué Colombia no?”.

Frente al tema del conflicto armado que vive nuestro país y la existencia de la guerrilla de las FARC y el ELN que han cumplido 45 años de su fundación, en julio de 2009,  ¿qué se discute en el congreso  y que piensa usted?
“Acerca de las políticas de paz en un país donde existen estos actores armados hay como dos reflexiones que yo hago: lo primero es que si uno quiere hacer un análisis sobre el tema debe tener en cuenta el referente histórico y yo he encontrado que el uso de las armas ha estado presente en la política siempre en nuestro país, desde allí hay que empezar a hacer el análisis; y lo segundo es que hay dos concepciones totalmente distintas sobre cómo parar la guerra, la una desde el punto de vista de la pacificación, por la fuerza, por la vía de las armas, por la vía de la jurisprudencia de la guerra; y la otra por la salida negociada, dialogada y política. Por eso las metodologías son contrapuestas. Sin embargo, todos los integrantes de la comisión de paz del Senado de la República coincidimos en que hay que trabajar hacia el acuerdo humanitario, que no logra erradicar el conflicto, pero si humanizar el mismo, por ejemplo hay que desterrar la práctica del secuestro, de la desaparición forzada, hay que dignificar las condiciones de los presos en las cárceles, tenemos que acabar con el reclutamiento de niñas y niños, con la estigmatización de los defensores de derechos humanos y líderes sociales y con la satanización de los campos universitarios y mucho más, y a este proceso lo hemos llamado de campaña por una pedagogía hacia el acuerdo humanitario”.

Frente al proceso de la entrega de secuestrados por parte de las FARC y la mediación de Piedad Córdoba, ¿que opina?
“Bueno, estamos en ese proceso. Colombianos y colombianas por la paz lo ha dicho públicamente, hay un proceso de interlocución que ha jugado de manera importante en lograr que muchas personas regresen al seno de sus familias, pero también hay que decir que esa decisión hoy está en manos del presidente de la república. Es importante que se haya reconocido la participación de Piedad Córdoba y el presidente debe hacer una reunión con ella para establecer los procedimientos y teniendo eso resuelto se podrá trabajar en la liberación de estas personas con mucha seguridad”.

Volviendo al tema de la audiencia. ¿Como presidenta de la comisión de paz del senado qué va a hacer con la información recibida en esta audiencia pública?
“Lo que nosotros hacemos es lo que nos corresponde constitucionalmente: llevar estas informaciones a las plenarias del senado y a cada una de las comisiones, pero además hacerlas conocer de los estamentos institucionales como la Vicepresidencia de la República, el Ministerio del Interior, el Ministerio de la Defensa, la Fiscalía, y también denunciar nacional e internacionalmente. Frente a la persecución a dirigentes sociales y defensores de derechos humanos que se lleva a cabo por la fiscalía delegada en la IV Brigada, eso hay que visibilizarlo. La gran preocupación es que la fiscalía funcione dentro de la Brigada, eso hay que frenarlo porque se pierde la autonomía; la fiscalía no debe funcionar allí. Imagínense un juez o un fiscal impartiendo justicia desde las instalaciones de una brigada, lo que sienten las personas allí dentro es miedo y eso le quita seriedad e imparcialidad a sus decisiones y no les da garantías a los imputados, no hay independencia, por ello en el senado vamos a solicitar que las fiscalías salgan de las guarniciones militares”.

También la senadora dijo que hay que condenar la ley de víctimas, porque no hay un proceso de reparación tal como exigen los estándares internacionales. “Nosotros pensamos que hubo una burla a las víctimas y por ello insistiremos en presentar un nuevo proyecto para que se armonice con el sistema de Naciones Unidas, que respete los derechos humanos. La ley del gobierno ya fue sancionada por Uribe y es más una ley a favor de los victimarios”.

Saliéndonos un poco del tema ¿Qué pasa con las bases gringas?
“Lo que quiso hacer Uribe fue canjear TLC por las bases militares en Colombia. Lo que habíamos temido cuando Ecuador sacó la base de Manta y denunciamos era que el gobierno venía negociando ese tema con Estados Unidos y no nos equivocamos. Hoy es claro que este gobierno, sobre la base del engaño y la mentira, pisotea la soberanía y por ello le daremos un debate en el Congreso de la República y yo, como vocera del Polo Democrático lo haré con la facultad del control político”.

No podemos pasar por alto el tema de la Farcpolítica ¿De qué era que la acusaban?
“A mi se me señaló de muchas cosas, como ser la ideóloga de las FARC, la amante de Raúl Reyes, de ser la que les buscaba las finanzas a las FARC, de haber estado en una cantidad de países que yo jamás he visitado; es decir, hubo toda una estigmatización y señalamiento que por fortuna después de una investigación exhaustiva la Corte Suprema de Justicia ha dejado sin piso a través de un fallo inhibitorio porque hay inexistencia de un delito. Lo que queda claro es que hay una actitud malvada de la fiscalía, como lo he dicho desde el principio, porque los fiscales, de manera perversa, preseleccionaron a través de un buscador de un computador los dos nombres de las senadoras Piedad Córdoba y Gloria Inés Ramírez y no colocaron los 102 nombres de los senadores de la república. Esto demuestra que había un prejuicio que por ser mujeres de izquierda y estar inmersas en un proceso de paz, entonces seguramente estábamos articuladas a las FARC y que, como siempre lo han manifestado la derecha de este país, la izquierda está unida a la guerrilla”.

“Yo pienso que esto ha quedado claro para el país, por eso decimos que quienes somos luchadores sociales, sindicalistas y, en mi caso, que he sido una defensora férrea de los derechos a la salud, a la educación, entonces somos perseguidas. De todas maneras seguiremos haciendo lo mismo con transparencia y públicamente pondremos nuestros puntos de vista. Siempre dije que asumiría los efectos políticos de mis acciones políticas, incluido si toca un carcelazo porque tengo claros mis principios y la conciencia de lo que he hecho y seguiré haciendo, porque creo que el país se merece un destino distinto”.

Finalmente, ¿Qué opina de la consulta interna del Polo del 27 de septiembre de 2009?
“El PDA está en un proceso muy importante de debate ideológico. Estamos con tres precandidaturas: la del doctor Carlos Gaviria, Gustavo Petro y Lucio, el periodista de Cartagena. Indudablemente las reglas que tenemos es que el que gane todos lo apoyaremos, la verdad es que esperamos que se cumplan esas reglas y yo personalmente estoy apoyando la campaña de Carlos Gaviria Díaz,  que es un hombre que representa la transparencia, la honestidad, pero sobre todo la claridad de sus postulados; es un hombre que no hace conciliaciones con la derecha, que plantea no hacer sectarismos en la izquierda, pero sí claramente trabajar sin ambigüedades con una propuesta de gobierno desde las mayorías populares y al servicio de ellas”.

Esa frase es común escucharla en foros, cursillos y talleres de formación sindical o eventos de denuncia sobre violación de derechos humanos, aunque parece un poco exagerada, no lo es. Son innumerables los casos en donde al día siguiente de la creación de un sindicato, a sus fundadores los están esperando en la puerta de la empresa con la carta de despido en la mano. Si el sindicato supera la dura prueba de notificar su nacimiento al ministerio y a la empresa, se enfrenta enseguida al tortuoso camino del chantaje, la amenaza, la persecución, el escarnio y también al despido. Para la muestra una historia reciente.

 

Tuesday, 24 February 2009 16:08

Venezuela: Revolución o involución

 

Hace dos o tres años escribimos un artículo para Periferia en donde hacíamos elogios del proceso revolucionario venezolano, pero al mismo tiempo señalábamos las grandes fisuras que presentaba. Deseábamos que a estas alturas la mayoría de ellas se hubieran superado, pero no ha sido así.

Monday, 26 January 2009 15:32

Hay derecho para avergonzarnos

Todo coincidió en estos últimos días. Primero un amigo me prestó un pequeño libro titulado “1928 la masacre en las bananeras”, que dedica sus páginas a los discursos de denuncia de Jorge Eliécer Gaitan en el Congreso de la República, a partir del 3 de septiembre de 1929, meses después de cometidos los horrendos hechos. Después otro amigo me dijo que en el Museo de Antioquia había una exposición de caricaturas de Ricardo Rendón, caricaturista de principios del siglo 20, y una de ellas se titulaba “La huida de Cortés Vargas”, o sea el general, jefe cívico y militar, que ordenó a sus subalternos disparar sobre miles de hombres, mujeres y niños que dormían o descansaban en la plaza de Cienaga Magdalena, la madrugada del 6 de diciembre de 1928 y que protestaban mediante una huelga contra la United Fruit Company. La lectura del libro y la observación de la caricatura me despertaron una sensación de rabia y tristeza, de incomodidad con la actitud histórica de la oligarquía y los militares colombianos. Por eso quise compartir estas reflexiones.

El seis de diciembre de 2008 se conmemoraron 80 años de la vil masacre de los y las trabajadoras de las bananeras en el departamento del Magdalena; sin embargo, muy pocos en el país realizamos actos académicos, políticos o culturales para recordar estos hechos. Los medios guardaron silencio, los partidos políticos también y el gobierno por supuesto ni se inmutó. La primera reflexión es que en este país existe tal falta de ética y de sensibilidad que hasta los muertos juegan el papel maniqueo que les asigna la política y la ideología. Un acontecimiento de este talante histórico debería ser conmemorado por toda la nación, siempre dentro del ánimo de no repetirlo jamás.  De manera que esta sociedad justifica unos crímenes y excusa otros.

De ese execrable crimen cometido contra humildes obreros no hubo condenados, muy a pesar que Jorge Eliécer Gaitan señaló con nombre propio y pruebas documentales, después de una ardua investigación en la zona, al gerente de la Fruit Company, al general Cortés Vargas, al capitán Luis F. Luna, al capitán Linero, al capitán Julio Garavito,  al subteniente Alfredo Castilla, al coronel Díaz, al teniente Uribe, al ministro de guerra Ignacio Rengifo y a muchos militares y autoridades civiles que fueron vistos el 6 de diciembre y los días siguientes asesinar a sangre fría a campesinos de la región por el delito de participar en la huelga, aunque muchos de ellos ni siquiera lo habían hecho. Hoy, ochenta años más tarde, yo he visto las declaraciones de los paramilitares confesar el descuartizamiento con motosierra y las macabras sesiones de entrenamiento y graduación y declarar la vinculación y apoyo de mandos de la fuerza pública y hasta altos funcionarios del gobierno y tampoco, como hace 80 años, han condenado a nadie por estas causas. La impunidad es una constante histórica.

Jorge Eliécer Gaitán, asesinado años después por la oligarquía bipartidista, había denunciado que eran cientos, quizás miles los inmolados a manos del ejército y bajo las órdenes de la United Fruit Company, empresa norteamericana que les pagaba con jugosas sumas de dinero, víveres, licor y vivienda a los militares y demás autoridades con tal que actuaran siempre en su beneficio. Sin embargo, los periódicos de la época informaron que habían sido sólo nueve los muertos. Hasta el embajador norteamericano de ese entonces en un informe a su gobierno comentaba que eran más de 1000 los muertos en la masacre, y los testimonios populares señalaban que pasaban incluso de tres mil. Los medios, sin embargo, que estaban al servicio del gobierno “godo” de Miguel Abadía Méndez, difundieron la versión de los militares. ¡Qué curioso! Los medios masivos tampoco han cambiado, y hoy, igual que entonces, callan o vociferan noticias de acuerdo con la conveniencia del gobierno, especialmente aquellas en donde la sevicia, la tortura y la desaparición son cometidas por agentes del estado.

Cuenta o mejor denuncia Jorge Eliécer Gaitán que en la medida que sus pruebas comprometían a altos miembros del gobierno y de la cúpula militar y prometían hacerse más directas e implicar a más políticos y miembros de la fuerza pública, los congresistas de la bancada de gobierno, o sea los conservadores, se retiraban del recinto para dejar sin quórum la sesión, y así mismo los miembros del Partido Liberal oficialista, también los del Partido Comunista. Estos últimos, según dijo Gaitán, por celos. Sí, los celos de no ser ellos quienes denunciaban como les correspondía. También resulta curioso que esa práctica después de ocho décadas no haya cambiado. El año antepasado y el pasado, los representantes uribistas, todos, liberales y godos, se salieron del Congreso cuando las víctimas de los crímenes de Estado denunciaban en ese recinto a los militares y otros agentes del Estado, así mismo lo hicieron ante los desplazados y también cuando Piedad o Petro u otro político de oposición denuncia casos de corrupción o participación criminal del gobierno o sus seguidores. O cuando cursa un proyecto de ley que beneficia al pueblo o a las minorías étnicas y culturales.

Los generales de la patria siempre le han huido a sus responsabilidades cuando de masacres y villanías se trata; se ponen firmes antes las órdenes del imperio o “ponen su rodilla en tierra” ante el extranjero usurpador. También lo hacen los políticos y los ricos; aunque en oportunidades ni siquiera tienen que huir, simplemente son cobijados por el manto de la impunidad, ese manto que tienden los medios y que arropa la memoria encogida de los colombianos.

El dolor más grande uno lo siente al saber a sus compatriotas embriagados por el aroma autoritario y atrasado de quienes ejecutan el poder político. Da vergüenza, pero no deja de ser un gran contraste que tengamos gente tan buena y también otra tan perversa. Dejemos que Gaitán lo diga mejor: “En Colombia sucede un fenómeno curioso. Como pueblo Colombia es uno de los países de la más bella euritmia espiritual; los hombres todos sienten aquí colectivamente sus deberes, los postulados de la honradez; pero desgraciadamente  hay hombres capaces de todas las claudicaciones; de las actividades individuales hay derecho para avergonzarse”.
Monday, 26 January 2009 15:27

La otra versión de DMG

Me invitaron al Jardín Botánico de Medellín un sábado de diciembre de 2008 para que conociera otra versión del caso DMG. En una de sus bellas instalaciones se encontraba un grupo de más o menos 50 personas que vestían camisetas con la consigna “DMG dejen trabajar” y estaban dirigidos por una joven que les hablaba de manera vehemente. Todos querían hablar al mismo tiempo y ella trataba de organizar las intervenciones.

Mary, como se llama la joven, les increpó por la reducida presencia y les exigió hacer todos los esfuerzos para traer más gente a la próxima reunión. Habló sobre los últimos acontecimientos en el cierre de DMG y la suerte de sus recursos. Entre los presentes se escuchaban comentarios contra el presidente Uribe y en el ambiente había rabia, rebeldía y desazón. También se sentía unión y compañerismo, de hecho el grupo se había reunido también para vender entre si comestibles a manera de bazar y con ese dinero recaudado ayudar a solventar su precaria situación económica. Alguien pidió que hicieran una recolecta para darle un aporte a Mary, quien destinaba todo su tiempo a la causa de los clientes de DMG y desde que habían cerrado esta empresa ella no recibía un peso, estaba endeudada con el arriendo y no tenía ni con qué mercar. La recolecta se hizo en medio de una actitud solidaria y afectiva con Mary. Ella era la indicada para contarle a Periferia su versión sobre DMG.

Habitantes de las comunidades pobres de Medellín y la Red de Organizaciones Comunitarias de esta ciudad, entre otras organizaciones, han venido realizando desde hace años actividades de movilización alrededor de las necesidades básicas de la gente de los barrios. La desconexión de los servicios públicos domiciliarios a manos de las Empresas Públicas de Medellín han sido sus principales temas de denuncia.  Hoy sus iniciativas las llevan a convocar un Foro Social en Medellín, como camino para la construcción de movimineto popular.

 

Cada año, en octubre, realizan el festival comunitario por la vida, que según sus organizadores “desde su primera versión y hasta la fecha, se ha caracterizado por mantener el interés de mostrar los efectos negativos que el neoliberalismo, la privatización, la pobreza y la vulneración de los derechos humanos han causado en los sectores históricamente excluidos”. Y en estas iniciativas cabe resaltar la creatividad y la energía con la que se movilizan estas comunidades; comparsas, chirimías, disfraces, danzas, pintura y toda clase de propaganda acompañan su particular forma de protesta.

Sin embargo, estas comunidades han venido reflexionando frente a varios aspectos de la protesta, de los contenidos y de los resultados de la misma. ¿Qué carácter deben tener las marchas, a quién se quiere impactar, cuál es la convicción de la gente que se moviliza, qué quieren sentir con la protesta? Por esta razón vienen discutiendo la necesidad de darle forma de proceso a sus iniciativas de movilización y protesta. De allí surgió la idea para este año, más exactamente entre octubre 27 y noviembre 1 de 2008, de realizar “El Foro Social Medellín, otra ciudad es posible sin miseria ni exclusión”

Los organizadores afirman que “El Foro Social es una propuesta que le plantea la Red de Organizaciones Comunitarias (ROC) a la ciudad, a las organizaciones y a las comunidades para empezar una apuesta amplia de construcción de movimiento popular hacia el cambio social”. Esta iniciativa tiene su idea principal en la propuesta de “reforma urbana y reflexión sobre sectores populares” que se llevó a Caracas al Foro Social Mundial realizado en enero de 2006.

Eran varias las reflexiones que se planteaban en esa propuesta, una de ellas era que desde los sectores populares no se podía seguir aceptando que la agenda de trabajo o movilización la impusieran las organizaciones o movimientos a la gente de los barrios; otro aspecto era la división temática de una problemática integral: la pobreza. Es decir, en primera instancia las comunidades y las organizaciones consideran que la agenda debe nacer con la misma gente y desde la comunidad. Por otro lado, debe existir un objetivo central que unifique todas las iniciativas de protesta y confrontación, en este caso la pobreza.

“Es que la gente de los barrios se puso a pensar que los que tienen problemas con la educación, el hambre, la vivienda, la salud, el empleo, los servicios públicos, siempre son los mismos, es decir la gente más pobre. Y, sin embargo, cada uno organiza su protesta particular. Entonces hay que juntar todas esas protestas y unificar la pelea. El Foro no debe ser solo un evento académico, debe servir para conversar, para investigar, para denunciar, para movilizar”, manifiesta una de las organizadoras de la iniciativa.

En este mismo sentido, Janet, una habitante de la Mano de Dios, se cuestiona: “Nosotros no ayudamos a la comunidad, somos la comunidad misma. Hemos considerado equivocado que a nuestra comunidad todo llega por partes. Cada cual pelea por su lado y existe gente que hace parte de varias organizaciones y movimientos al mismo tiempo. Conversando con otras comunidades de Bogotá surge la idea que hay que juntar las problemáticas y salir concientemente a movilizarse”. Según esta líder comunitaria, la propuesta no debe girar tanto alrededor de las organizaciones, sino de la comunidad, de la gente y sus problemas cotidianos. “Por ejemplo, en mi barrio, la gente está cocinando agua con arroz para alimentar a sus niños, otros van a la plaza de mercado (mayorista) a recoger comida que votan, es decir sobrados. Es importante encontrarnos y escucharnos con otra gente porque los testimonios de otras comunidades son más importantes que los grandes análisis de los académicos”. La gente quiere protestar de otras maneras, decir y hacer lo que se le de la gana frente a su situación particular y diaria, porque en las marchas la gente se cansó de escuchar siempre lo mismo: “Uribe Paraco”  y otras cosas por el estilo.

Estas manifestaciones espontáneas de los habitantes de los barrios populares de Medellín dan cuenta de una corriente popular autocrítica, que se cuestiona y que está pensando en priorizar la construcción de un movimiento popular que nazca desde los sentimientos que a la gente le genera tanta miseria y exclusión. La misma comunidad viene recogiendo entre los habitantes de sus barrios una pequeña encuesta con preguntas básicas de carácter socio económico. Por ejemplo, si la plata le alcanza para hacer mercado, pagar arriendo, comprar vestido, cómo están de empleo, de salud; es decir, lo que a la gente le interesa resolver de su vida a diario. A partir de esta pequeña encuesta la gente queda inscrita para participar en el Foro y todas las actividades que se programarán.

Así como esta iniciativa, vienen caminando otras con la misma filosofía de colocar los intereses y problemáticas del pueblo por encima de todo y generar movimiento. Es importante participar y apoyar la movilización y hacer parte de los cambios que requiere la ciudad y la nación entera.

¿Cómo  vincularse a esta propuesta?
La Red de Organizaciones Comunitarias (ROC), ha decidido promover un espacio denominado Asamblea de Organizaciones y Movimientos en desarrollo del Foro Social 2008, en el cual se pretende que participen todas las organizaciones sociales de Medellín y otros municipios de Antioquia interesados en vincularse a esta iniciativa. Inicialmente, este espacio de articulación política se está llevando a cabo todos los viernes a las 4:00 p.m. en la sede de la Corporación Talentos.
(Confirmación del lugar de reunión en los correos This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it., This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

Friday, 06 February 2009 15:49

Una tragedia ocultada

Esa parte de la costa chilena que vio fraguarse una sublevación de la marina meses antes del golpe de estado en 1973, es el mismo Valparaíso que en 1908 vio nacer a Salvador Allende o “el Chicho”, como era conocido de niño entre sus familiares y amigos. Cuentan algunos de los amigos que compartieron allí la infancia con Allende, que este solía compartir con un lustrabotas anarquista que influyó mucho en su primeras ideas; de él recogió esa tradición de tantos inmigrantes europeos que llegaron al sur del continente a fines del siglo XIX y principios del XX.

 

“En Medellín no hay paramilitarismo sino una sensación de paramilitarismo”, manifestó hace poco el secretario de gobierno de Medellín, Jesús Ramírez. Esta opinión la comparte el alcalde Alonso Salazar y la compartía el alcalde anterior Sergio Fajardo, este último incluso negaba la existencia del fenómeno y colocaba a la comuna trece en casi todas sus conversaciones, como ejemplo de pacificación para Colombia y el mundo. Sin embargo, en la cotidianidad de los barrios de Medellín se vivía y se vive otra cosa. El paramilitarismo totalmente organizado en “oficinas” sigue controlando las plazas mayorista y minorista, cobrando las vacunas, eso sí muy respetuosamente, y controlándolo todo, hasta la administración de la justicia en los barrios: Ellos les parten las piernas contra los andenes a los jóvenes delincuentes que cometen sus fechorías contra la comunidad.

Por supuesto, en la comuna trece las cosas andan de mal en peor. Doña Astrid*, una habitante de La Independencia II, en donde vive desde hace más de 20 años, nos cuenta: “Yo tenía 9 hijos, pero las milicias me mataron dos, hace 12 años; uno de 17 años y al año siguiente me mataron otro de la misma edad. Cuatro estudian en primaria y bachillerato, o mejor, estudiaban porque ya no pueden ir al colegio porque los tienen amenazados de que los matan por ser de este barrio. Es que toda esta zona está manejada por bandas y como cada banda maneja un territorio, entonces los de un barrio no podemos movernos para el otro. Los otros tres hijos trabajan en lo que puedan, cuidando carros o lo que salga. Yo lavo ropa o hago otros oficios domésticos, pero cuando uno dice que vive en la comuna trece a veces no le dan trabajo”. Esto último me lo cuenta la señora después de preguntarle por qué no se van de un barrio tan violento, si no le da miedo de que les maten a los otros hijos. Es claro que no tienen a dónde ir, ni con qué sobrevivir, lo único que tienen es una humilde casa.

Además, hace poco los paras o las bandas, porque ella dice que no sabe si son paras o simplemente bandas de delincuentes juveniles, a pesar que los conoce desde que eran niños, le iban a matar a otro hijo porque según ellos les habían dicho que era simpatizante de la guerrilla. El joven había tenido que esconderse cuatro meses para ver si lo dejaban en paz y ella misma enfrentárseles con la autoridad de una señora mayor que los había visto crecer, recriminarlos por querer arrebatarle otro hijo, cuando a los otros dos la guerrilla los había matado por paracos o por ser delincuentes. Ahora en el barrio no habían milicias, ni vestigios de guerrilla, ¿entonces por qué lo querían matar? Finalmente los jóvenes lo dejaron quieto, pero amenazado y bajo vigilancia.

Y continúa contando doña Astrid: “Esto por acá esta muy peligroso y se puso peor con la matada del duro del otro barrio de arriba, un tal Felipe. Entonces ahora están en guerra y al que le pise el territorio al otro lo van matando. Ellos viven agarrados por el dominio sobre el negocio de las drogas, las armas y seguramente las vacunas, aunque eso no me consta. Todo el mundo sabe cuáles son las casas donde venden la droga y quién manda sobre el negocio. Hasta los soldados se sientan a fumar marihuana con los de las bandas y la policía conoce y sabe todo y no hacen nada; eso sí, hay toque de queda después de las siete de la noche, nadie puede salir a la calle”.

Finalmente doña Astrid le contó a Periferia que el asesinato de sus dos hijos sólo lo pudo denunciar hace dos años ante la alcaldía para que lo incluyeran en los procesos de la ley de Justicia y Paz. Desde entonces la han tenido visitando la Defensoría del Pueblo cada rato para que busque entre una cantidad de listas con cientos de nombres que ella por su poca visión casi no puede leer. Allí supuestamente debe aparecer el caso de sus hijos para asignarle un abogado. Esto aun no ha pasado, quién sabe si pasará.

El caso de Flor y su pequeño Arnold*
Pero más indignante, doloroso y hasta repugnante resulta el caso de Flor*, o mejor el de su pequeño Arnold, de 12 años de edad. Ellos viven hace un poco más de 11 años en la Independencia II, entre la Torre y el 20 de Julio, en la comuna trece. Arnold es el mayor de cinco hijos de una joven madre que al igual que doña Astrid vive de cualquier trabajo ocasional.

Flor recuerda: “Hace como 12 años a mi papá lo mataron las milicias. Él estaba arreglando un carro y bajaron y lo mataron, según mi mamá fue porque cada que ellos pasaban pidiendo colaboración el nunca les quiso dar nada. Hace seis años fue la operación Orión y en medio del agarrón entre los paras y los milicianos pusieron una bomba y ahí mataron a una hermanita mía y a un poco de gente. Dicen que fueron las milicias. Con la operación Orión llegaron los militares y era muy claro para toda la comunidad que ellos y la policía apoyaban a los paracos, como la gente andaba enojada con las milicias les pareció bien que los apoyaran. Luego de la operación Orión se militarizó la zona totalmente y se creó un fenómeno y era que las jovencitas del barrio se la pasaban con los soldados y se establecieron toda clase de relaciones. Al poco tiempo empezaron a crearse las bandas, una en La Torre, una en El Salado, en el  20 de Julio, en todo lado”.

Efectivamente, a partir de los jóvenes que quedaron desmovilizados de las organizaciones paramilitares que manejaban la zona se empezaron a crear bandas territoriales por cada barrio. Al parecer el fenómeno se da porque estos exparas a los que les dan una suma de dinero siempre y cuando estudien, fueron dejados a su suerte y ni estudiaron ni nada, se dedicaron a lo que saben hacer, la guerra. “Ahí fue cuando empezaron mis mayores sufrimientos porque yo tengo un hijo ahí de doce años, en esas bandas. A él me lo tienen de carrito, o sea llevando droga para arriba y para abajo, a que haga inteligencia. Además, él carga armas porque no lo requisan los militares. Ahora el sábado mataron a uno de los duros, un tal Felipe, y las cosas se pusieron muy duras. Yo no sé si esos niños y muchachos sean de los mismos paracos porque yo conozco muchos de ellos desde pequeñitos y les pregunto porque hacen tanto mal y ellos dicen que hay que acabar con todo lo que huela a milicia, que hay que darles piso, pero ellos también atracan en otros barrios y matan por contrato”.

De todas maneras, aunque ya no hay milicias es extraño que niños de tan solo 10 y 12 años que son reclutados por las bandas hayan desarrollado un odio casi enfermizo contra los milicianos a pesar de no haber nacido cuando las confrontaciones más duras se dieron en la zona; es decir, cuando ninguno de ellos vivió en carne propia los desmanes de estos grupos. Ante esto Flor nos manifiesta: “Es que los mayores de las bandas son los que fueron maltratados por las milicias, entonces ellos han reclutado a los niños para que les sirvan en sus labores de inteligencia para poder enfrentar mejor a las bandas enemigas, ellos les han metido en la cabeza a estos niños todo el odio que tienen con las milicias, como ya no hay milicias entonces buscan a familiares o excompañeras de los milicianos o a cualquiera que se sepa que tuvo alguna relación con ellos y los matan”.

Y continúa su relato: “El caso de mi hijo es terrible. Él vivía con su papá en otro barrio de la comuna nororiental, pero el papá no lo soportó y dijo que se le había salido de las manos, entonces hace cinco años me lo devolvió, tenía 7 años. Yo lo metí a estudiar y sólo terminó segundo de primaria y lo sacaron porque su disciplina era tenaz, hacía lo que se le daba la gana y lo mismo en la casa. Hasta que por ahí me dijeron que pilas, que estaba tirando vicio. Cuando empezó apenas tenía 10 años de edad, efectivamente llegaba a la casa trabado y traté de apretarlo pero me trataba mal; él ya andaba con la banda y en oportunidades no iba a la casa en todo el día. Él tiraba vicio con otros niños de la misma edad; traté de internarlo y no se dejó. Ahora él ya se va con la banda a atracar y a hacer vueltas con armas. Él en oportunidades se pone a llorar y me dice que lo ayude y yo lo aparto un poco de todo esto, pero regresa y me dice que él no puede dejarlos, que es que los milicianos fueron muy malos y que hay que acabarlos; definitivamente no sé qué hacer con él”.

Volvemos a indagar sobre el papel de las autoridades y encontramos la misma respuesta de doña Astrid, por allá no se hace presente la alcaldía ni el bienestar familiar; solo presencia militar. Los soldados fuman vicio con los muchachos, la policía ve todo y allí nadie hace nada. Le preguntamos también la razón por la cual no se va del barrio para otro lado y la respuesta es la misma: “si yo fuera sola lo haría, pero es que yo tengo cinco hijos y no tengo cómo pagar arriendo en otro lado. Además, Arnold me dice que él no se va conmigo y que además él tiene una casa de la banda donde se puede quedar. Yo estoy en una sin salida acá, todos los fines de semana matan jóvenes de las bandas y ya me han dicho que a mi hijo lo tienen en la mira porque él se hay vuelto uno de los duros, como dicen ellos, él ya probó finura, es decir ya mató gente”.

La hermana Rosa
La hermana Rosa del convento de las Lauritas de Belencito fue quien angustiada nos acercó a estas personas para hablar de su problema, para difundirlo. Ella es un apoyo moral y material para toda esta gente, todos los días llegan al centro religioso cantidades de niños y jóvenes y se “confiesan” con ella. Dice la hermana Rosa: “Tengo un grupo como de 25, yo les pregunto por qué se drogan tanto y ellos me dicen que para no sentir, sentir qué me pregunto, debe ser para no sentir miedo, para no enfrentar la realidad. Yo le he dicho a Arnold que se deje ayudar, que si los de la banda le pagan con unos zapatos o una camisa que yo se los regalo, pero me he enterado que a él le pagan con droga. He hablado con la alcaldía, con bienestar familiar y ninguno presenta soluciones. Yo creo que se hacen los de las gafas, los de la alcaldía creen que la solución es meter mas policía sabiendo que los policías conocen todo y son cómplices. Este país está descompuesto. Yo tengo una hermana que tiene una tiendita en la Toma por el barrio Caicedo, en estos días la llamó un tipo a extorsionarla a nombre del grupo “limpieza social por Medellín”, le pidió 500 mil pesos en medicamentos o mercado; un señor llamó a la policía y al gaula y lo entretuvo en la línea para que lo agarraran pero cuando la policía contestó le preguntó que si era que tenían detenido al extorsionista, ¡imagínese! Yo lo que creo es que esos grupos mal llamados de limpieza social van a empezar nuevamente a matar jóvenes por todo Medellín”.

Friday, 09 January 2009 14:20

El dulce sabor de la huelga

En Medellín estuvo “gancho”, así le dicen a José Rusbel, un cortero del ingenio Providencia, denunciando en casi todas las organizaciones sociales, las universidades y otros escenarios de esta ciudad, la miserable explotación a la que son sometidos miles de corteros de caña en el Valle del Cauca y el hambre que estaban aguantando sus familias por cuenta de la insensibilidad de los poderosos dueños del negocio del azúcar y el etanol en Colombia. Tanto nos impactó su situación, que de inmediato nos reunimos en Asamblea general con los jóvenes de la Escuela de Formación Popular, para organizar comisiones a los barrios y a las organizaciones sociales y recolectar solidaridad en especie o en efectivo.

 

Aunque era puente festivo eso no importó, los de artes llevaron sus tambores y su clarinete, armaron su chirimía y se fueron en convite con los de comunicación popular y economía política a visitar las zonas que habían definido previamente. Otras comisiones hicieron boletines informativos y cartas pidiendo solidaridad. Las oficinas de la Red Juvenil y Periferia sirvieron de centros de acopio; esto se hizo en cuestión de tres días y el resultado fue satisfactorio, casi 800 mil pesos en efectivo y por lo menos media tonelada en alimentos.

El viaje al Valle del Cauca
Todos queríamos ir a entregar la solidaridad personalmente, palpar la problemática y realizar el trabajo periodístico. Entre otras cosas, para quitar el velo que tienden los medios masivos sobre estos acontecimientos que tocaban directamente los intereses del poderoso Ardila Lulle, dueño no sólo del azúcar, y del etanol que le revuelven a la gasolina en todo el país, sino del canal RCN.

Sin embargo, sólo pudimos viajar tres del equipo de comunicación popular Gerson, Andrés y yo. Empacamos cámaras fotográfica y de video, grabadoras y otros detalles necesarios para recoger las impresiones sobre la movilización de los corteros y la de los indígenas que llegarían ese fin de semana a Cali. Así que a las 9:30 de la noche nos montamos en un S-26 de Expreso Palmira que nos llevó hasta esa ciudad en poco menos de 8 horas. Llegamos a las 5:30 a.m. aproximadamente y nos dirigimos a la sede de Sinaltrainal Palmira. Grata sorpresa, todos estaban despiertos y listos para reunirse a organizar la información y la ración de alimentos que llevarían a los trabajadores de los ocho ingenios, Manuelita, Tumaco, Providencia, Riopaila, Incauca, Risaralda, Pichichí y Central Castilla.

Las Primeras Impresiones
“Las cosas no son tan fáciles”, dijo Páez, dirigente nacional de Sinaltrainal, el sindicato de la industria de alimentos más grande del país. “Mantener cerca de 18 mil corteros cuesta aproximadamente 8 millones de pesos diarios y si a eso se le suma la crítica situación de sus familias, se torna más grave. Si no fuera por la solidaridad tan grande no sería posible atender logísticamente este conflicto. Además, los dueños de los ingenios y el gobierno están encima a toda hora tratando de dividir a los corteros, les ofrecen cosas para que regresen al trabajo. Sin embargo, tenemos un espacio colectivo para discutir y organizar las tareas con las otras organizaciones sindicales, la CUT Valle y el movimiento 14 de junio, que surgió a partir de la audiencia programada para esa fecha por los corteros”.

A esa misma hora, las noticias “oficiales” daban cuenta de la detención de siete activistas del movimiento huelguístico, cinco de ellos corteros y dos asesores del senador Alexander López. Según la fiscalía, deberían responder por más de cinco cargos, entre los que se destacaba el concierto para delinquir. En menos de 15 días la fiscalía tenía, según ellos, méritos suficientes para ordenar la captura de estos reconocidos activistas sindicales y sociales, situación por demás sospechosa conociendo la lentitud de la justicia en Colombia. Además de cínico y descarado, comentábamos, era evidente el complot entre el gobierno que había rumorado infiltraciones de las Farc para deslegitimar el movimiento, los dueños de los ingenios que pedían a gritos la mano dura del gobierno, los organismos de seguridad del Estado que hostigaron todo el tiempo a los huelguistas y, como siempre, los grandes medios que ocultaban el fondo y los objetivos de la protesta, o simplemente se dedicaban a dar la versión de Asocaña y el Ministro de la Protección Social.

Llegamos a los ingenios azucareros

Por fortuna la “malparidez” se nos quitó tan sólo 10 minutos después, cuando encontramos los primeros cambuches de los corteros, en La Rita. Allí estaban cerca de 20 corteros al frente de la entrada de una de las haciendas. Se acercaron un poco desconfiados, pero al conocer las razones de nuestra presencia nos hicieron parte del grupo y nos impregnaron con su optimismo y sus lecciones de dignidad. “Aquí nos quedamos hasta que nos solucionen los problemas. Es que uno trabaja de domingo a domingo, casi 12 horas diarias y en oportunidades ni siquiera alcanzamos el mínimo. Ninguno de nosotros puede disfrutar un fin de semana con la familia, por falta de plata y de tiempo”, nos comentó uno de ellos. Los demás cerraron círculo a nuestro alrededor, la mayoría eran negros, pero no vallecaucanos sino del Cauca, de Guapi. Ahí nos enteramos que la caña no la cortan los vallunos sino los caucanos y los nariñenses y en menor proporción los paisas. Es un trabajo demasiado fuerte y agotador, eso se puede notar en las manos, los cuerpos y los semblantes de los corteros.

A unos cien metros de la Rita se encuentra uno de los ingenios más grandes y, seguramente, el que tiene a los trabajadores mejor organizados, Manuelita. Allí no eran 20 los corteros, eran cerca de 300 y nos dijeron que adentro había varios grupos con la misma cantidad. Tenían improvisadas cocinas con sus humeantes fogones, habían construido su cancha de voleibol, una caseta para distribuir los alimentos, una sección en donde guardaban el agua, tenían televisores que sólo funcionaban en la noche, cuando llegaba el fluido eléctrico, casi todos tenían colgado al cuello un radio de esos antiguos, la infaltable pañoleta roja y la cubierta con uno o dos pesados machetes, su herramienta. Por doquier se encontraban corteros labrando delicadamente la madera, haciendo utensilios y artesanías para vender; otros elaboraban chinchorros para pescar en un río un tanto retirado del campamento. Nos observaron serios, con la mirada que pregunta ¿Y ustedes quiénes son? No era para menos, la fuerza pública y agentes de civil hostigaban permanentemente los campamentos con cualquier excusa. De nuevo sería Diego, dirigente de Sinaltrainal, quien nos presentaría con la gente, de ahí en adelante seríamos centro de atención de los huelguistas.

Es increíble la fe que la gente le tiene a los medios. Aunque nosotros éramos un pequeño y desconocido equipo de comunicadores, ellos se arremolinaron a nuestro alrededor. Ellos creen que podemos resolver el problema, despertar a la sociedad y mostrarle con objetividad lo que está pasando, la justeza de su protesta, y así debería ser. Se acercan con ilusión y hablan incansablemente de sus penurias laborales, de sus empobrecidas vidas y también de sus acciones heroicas, como aquella en donde los “valientes” escuadrones antidisturbios Esmad, huyeron despavoridos ante la presencia de 300 corteros que levantaban en sus poderosos brazos su herramienta, ahora convertida en arma para cobrar justicia por la golpiza propinada a un cortero indefenso. Los Esmad jamás regresaron.

El problema es, eso les dijimos, que los grandes medios hacen parte de un acuerdo detestable con los más poderosos, que tienen idiotizados a la inmensa mayoría de colombianos y que es prácticamente imposible convencerlos de la obligación ética que tienen de informar la verdad. Les dijimos que, sin embargo, nosotros tenemos la convicción y estamos haciendo, como ellos, todo el esfuerzo para que esto cambie. Que su lucha ya es, gracias a los medios alternativos, un acontecimiento nacional y mundial.

La solidaridad ha sido la culpable
La presencia de nacionales y extranjeros en los campamentos llevando solidaridad moral y efectiva era permanente. De hecho varios extranjeros fueron deportados por orden del cuestionado DAS, pero esta medida logró más bien la difusión del conflicto; las condiciones de esclavitud de los corteros se supo por todo el mundo. Hicieron presencia los camioneros denunciando que el gobierno les había incumplido los acuerdos recientemente firmados y que por tanto una nueva movilización sería inminente; la misma historia repitieron los de Asonal Judicial; los indígenas informaron que su lucha ya no era sólo por tierras y por el incumplimiento de los acuerdos, sino por la dignidad y contra la estigmatización a la que los sometió el presidente Uribe. Llegaron de Pereira los del sindicato de los servicios públicos, Sintraemsdes, de Buenaventura los estibadores portuarios que enfrentan una situación similar de explotación. Decenas, cientos de personas pasaron por los campamentos con toneladas de alimentos, informando, denunciando, enterándose de la situación y comprometiéndose con los corteros y sus familias. La solidaridad ha sido la culpable de que los corteros hayan resistido y tocado las fibras de la sociedad colombiana.

Intrusos en los campamentos

El 24 de octubre fue un día agitado. Bajo un inclemente sol caleño participamos en el paro nacional convocado por las centrales obreras, realizamos varias entrevistas y en la tarde, bastante agotados, nos fuimos a quedar en el campamento con los corteros. Esa noche seríamos testigos de la incomodidad que les causaba a las fuerzas de seguridad de los ingenios y a la policía la presencia de visitantes en los campamentos. ¿Quiénes son ustedes, de dónde vienen, para dónde van, cuántos son? Fueron las preguntas de los policías que nos abordaron pasadas las 9 de la noche. Su actitud autoritaria se fue desvaneciendo cuando se enteraron que éramos periodistas, además los corteros les dejaron claro que en su campamento la seguridad era de su exclusiva responsabilidad, no de la policía.

El episodio abrió paso a la confabulación, a la camaradería alimentada con la complicidad de la noche, nos hizo sentir dueños de la situación y más seguros que antes. De las conversaciones surgieron intereses, necesidades; había que concretar una visita a Pradera, municipio en el que viven la mayoría de corteros de Manuelita y de otros ingenios y, por supuesto, sus esposas e hijos. Al día siguiente, a las siete de la mañana, nos montamos a un bus de propiedad de los corteros, que nos llevó en media hora a Pradera. Estos buses se los hicieron comprar, los mismos que los convencieron de la conformación de las cooperativas que hoy los tienen jodidos; son de ellos, pero las cláusulas de los contratos les prohíben utilizarlos en otros menesteres diferentes a trasladar a los corteros desde y hacia los lugares de corte y sus sitios de residencia.

Llegamos a Pradera con José “Melao”, nuestro guía en pradera. Él lleva 20 años trabajando como cortero y aunque no tuvo estudio, su sabiduría e inteligencia desborda, también la de su esposa Myriam. Ella nos dejó con la boca abierta, acababa de llegar de Bogotá, estaba sin dormir, pero nos atendió con gran amabilidad y disposición. “Nos hemos organizado con las demás esposas e hijas y familiares de los corteros- nos dijo- . A mí, junto con 11 mujeres más nos invitaron a Bogotá para que denunciáramos la problemática de nuestros esposos y la nuestra. Hemos pedido solidaridad por todo el Valle y por todo el país. La economía de este departamento está afectada por la intransigencia de los dueños de los ingenios y el gobierno, ellos son tan orgullosos que prefieren perder plata antes que resolver el problema. Por eso nosotras los apoyamos y estamos dispuestas a pedir limosna si es necesario para que nuestros compañeros puedan resistir la huelga”.

La conversación con Miryan nos sorprendió, nos llenó de vergüenza y a la vez de admiración y fortaleza, la misma que necesitaríamos para desplazarnos por el barrio y ser testigos de la miseria en la que viven hacinados los niños y las niñas familiares de los corteros. La mayoría pagan arriendo, otros tienen sus casas propias, todas en obra negra y a punto de que los bancos se las arrebaten. Nos tocó ver las tarifas descaradas que pagan por servicios públicos, en Pradera el estrato uno equivale al estrato tres o cuatro de Medellín. Nos pusimos a hacer las cuentas con las familias y es materialmente imposible que los ingresos de los corteros puedan garantizar una vida más o menos digna. De hecho, lo que más nos conmovió fue el comentario generalizado de los niños y niñas, que no recordaban la última vez que habían disfrutado de un helado, de una salida al parque un domingo con sus padres.

Las pequeñas tiendas que algunas familias han colocado como medio de sobrevivencia están quebradas porque los principales clientes son ellos mismos, los corteros. También las panaderías, los supermercados y toda clase de negocios de Pradera y de los otros municipios del Valle reciben el brutal coletazo de la problemática del azúcar. El presidente de Asocaña reconoce que las pérdidas ascienden a más 160 mil millones de pesos, aun así no cederán porque cuentan con el apoyo del gobierno y las fuerzas militares para estrangular los sueños de los obreros de la caña, de los esclavos modernos.

Al cierre de la presente edición los corteros llevaban 57 días de huelga. Las condiciones materiales obligaron a los trabajadores de cuatro de los ocho ingenios a firmar un acuerdo con el que mejoraron un poco sus ingresos, aunque sus condiciones laborales no mejoraron sustancialmente. Por ello los demás ingenios, entre ellos Manuelita, siguen en la lucha. El sistema de contratación por medio de cooperativas, corazón del modelo de explotación, aun sigue vivo. También sigue viva la convicción de los corteros y sus familias. Esta huelga fue la muestra gratis de lo que la dignidad de los obreros es capaz. Que tiemblen los explotadores.

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