Gearoid O Loingsigh

Gearoid O Loingsigh

Saturday, 16 February 2019 00:00

Machuca: la empresa también lo hizo

El 19 de diciembre 2018, la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia anunció que la empresa Ocensa también tiene responsabilidad en los hechos que enlutaron al pueblo de Machuca el 18 de octubre de 1998, luego de un atentado contra el oleoducto perpetrado por el ELN, que dejó un saldo de 84 personas muertas y decenas de heridos.

El fallo se veía venir. La Corte Suprema ya había condenado al ELN por dolo eventual, es decir, que el resultado del atentado era previsible para los guerrilleros, y no les importó, por el contrario, decidieron seguir con su acción siendo conscientes de los posibles resultados. En mi libro Machuca, publicado en 2017, argumenté que no era tan cierto, pues entre los muertos y afectados había familiares y conocidos de los guerrilleros que pusieron la carga explosiva, y es poco probable que alguien asumiera la muerte de sus familiares tan ligeramente.

En octubre del año pasado se hizo una ceremonia para conmemorar los veinte años de la tragedia. Duque participó, pero fue algo de muy bajo perfil. Dada la crisis en la mesa de negociación con el ELN, esperaba que el gobierno fuera lanza en ristre contra esta guerrilla y diera más publicidad al tema. No lo hicieron. Lo más probable es que Duque sabía que iban a condenar a la empresa petrolera dos meses después y quedaría mal hacer mucha publicidad sobre el tema. En últimas, optaron por no decir nada sobre la empresa, asumiendo un silencio que continuaría incluso con la publicación del fallo pocos días antes de navidad, y que así muriera de una vez la discusión.

La culpa de la empresa tiene que ver, entre otras cosas, con la ubicación del tubo y la falta de previsión y capacidad de respuesta ante los hechos, algo que también argumenté en el libro. Ahora toca volver a mirar la cuestión de las responsabilidades penales. En el libro sustenté que el ELN era responsable por homicidio culposo, y no doloso como afirmó la Corte. Este fallo de la Sala Civil pone el fallo anterior bajo la lupa una vez más. Pero su relevancia está en que relaciona directamente a los servidores públicos y a la empresa petrolera.

Si parte del problema radica en la ubicación del tubo y la falta de prevención: ¿Quién decidió poner el tubo en ese lugar? ¿Quién redactó el Plan de Contingencia de la empresa? Ninguna de esas decisiones cumplía con las normas colombianas ni con las establecidas a nivel mundial. Por todo ello cabe preguntarse, ¿cuáles funcionarios de Ocensa serán juzgados? Y teniendo en cuenta que el Estado avaló en todo momento la actuación de la empresa, ¿cuáles funcionarios estatales serán juzgados por su responsabilidad en este homicidio culposo?

Es de resaltar que a pesar de la recomendación de la autoridad ambiental, Corantioquia, de mover el tubo o una parte significativa del pueblo, este sigue en el mismo lugar, y la tragedia, por ende, puede repetirse inclusive por un accidente. También es de anotar que el puesto de salud de Machuca y de muchos pueblos cercanos a los oleoductos no tienen la capacidad de lidiar con otra tragedia de esa naturaleza; y que la carretera, aunque ha mejorado un poco, sigue siendo muy deficiente si se tiene en cuenta que la demora en llegar ambulancias fue un factor clave en el fallecimiento de víctimas con quemaduras graves.

Ahora, 20 años después, el Estado no ha tomado las medidas necesarias para responder a semejante tragedia, y Machuca y otros pueblos del país son proclives a repetir la tragedia ocurrida en octubre del 98. Ni el Estado ni la empresa cumplen con las mejoras prácticas a nivel internacional.

La empresa nunca quiso aceptar su responsabilidad en los hechos, y obligó a las víctimas a luchar durante 20 años para conseguir algo de justicia. Vale recordar que el ELN reconoció su responsabilidad a los tres días del atentado, luego de haberla negado inicialmente debido a información falsa suministrada por el comandante en la zona, alias Julián, quien luego pasó a las filas de las FARC y murió en combate.

Por otro lado, si uno mira el fallo, unas de las razones por las cueles llegó a la Sala de Casación, tiene que ver con los montos otorgados en un fallo anterior, y ahora que han aumentado los montos, debemos tener claro que son irrisorios.

No sé qué opinan las víctimas, pero si uno mira las ganancias de la empresa, que anuncia en su página web que para el año 2023 proyecta generar una utilidad operacional de 1.500 millones de dólares, y las compara con las sumas miserables que la Corte dio a las víctimas, solo se puede concluir, en medio de una tristeza, que el Estado y la empresa siguen burlándose de ellas. Las víctimas fueron útiles para sustentar el discurso del Gobierno contra el ELN, pero no lo son ahora, veinte años después de la tragedia, que tanto la empresa como el Estado deben reconocer su responsabilidad

Wednesday, 22 July 2009 14:33

La verdadera solidaridad

Hace 25 años un grupo de once trabajadores de una cadena de supermercados en Irlanda hicieron historia. El 19 de julio de 1984, la cajera Mary Manning del supermercado Dunnes Stores, en pleno centro de Dublin tomó una decisión que marcaría su vida y la de 10 trabajadores más.

El sindicato IDATU, que agrupaba a los trabajadores de los sectores de administración privada, comercio y bares, aprobó una moción en su congreso anual de oponerse al régimen racista de Sud África y sumarse al boicot internacional de dicho país. El boicot lo había reivindicado, desde tiempo atrás, el Congreso Nacional Africano, cuyo máximo dirigente, Nelson Mandela, se encontraba en la cárcel de la Isla Robben.

Esa mañana una mujer se acercó a la caja de Mary Manning. Entre los productos que llevaba en el cesto había naranjas de la marca Outspan, la entonces infame marca racista de Sud África. Mary Manning informó al cliente que en solidaridad con la lucha del pueblo de Sud África y en cumplimiento de lo aprobado en el congreso sindical, ella no podía procesar el producto. Enseguida la despidieron y diez trabajadores más se declararon en huelga. Poco sabían que su huelga duraría tres años.

Los huelguistas de Dunnes, como se conocían, recibieron el apoyo de su sindicato, pero la burocracia sindical en Irlanda no hizo nada efectivo para respaldar a IDATU y sus afiliados. Durante tres años los huelguistas de Dunnes fueron abandonados. Sin embargo, la huelga tenía mucho apoyo entre el pueblo irlandés. Rápidamente, ciudadanos comunes y corrientes bajaban al supermercado para ayudar en el piquete. Por las mañanas, cuando se hacían las entregas de productos, grupos de simpatizantes intentaban bloquear el acceso de los camiones. La actitud de la burocracia era de esperar. En Gran Bretaña varios sindicatos se opusieron al boicot alegando la pérdida de puestos de trabajo, aun en el caso de empresas que exportaban equipos a las fuerzas de seguridad, equipos que se usaban para reprimir y matar a los negros.

Años más tarde los trabajadores de Coca Cola en Colombia, a través del sindicato Sinaltrainal, harían una llamada al boicot. La actitud de la burocracia sindical fuera de Colombia era muy parecida a la que tomaron con los huelguistas irlandeses. Dijeron que Coca Cola era inocente, que el boicot no tenía apoyo entre los sindicatos colombianos y, como en tiempos de antes, el boicot afectaría el empleo en la empresa. La ONG de los sindicatos Irlandeses y Británicos, Justice For Colombia (Justicia por Colombia) se movilizó para contraatacar el boicot. Utilizaron los mismos argumentos que la empresa, hasta la última coma. Alegaron que estaban protegiendo las fuentes de empleo en Coca Cola y el boicot y la demanda judicial que se presentó en los EE.UU. era un atentado con los intereses de los trabajadores. Cuando Coca Cola, en medio de una reestructuración, cerró a varias de sus plantas, despidiendo a los trabajadores, los sindicatos les agradecieron las nuevas inversiones en plantas de alta tecnología, donde para el colmo no había sindicatos.

Los huelguistas de Dunnes recibieron mucho apoyo de sindicatos de base en todo el mundo y su huelga coincidía temporalmente con la huelga general de los mineros británicos, quienes se encontraban en una pelea contra el gobierno de Margaret Thatcher. Era común ver mineros británicos haciendo colectas en la calle en apoyo a su huelga. Los mismos mineros a veces hacían presencia en el piquete del supermercado. Eran muestras de la solidaridad de clase y de lucha. Ellos entendían que luchaban contra un enemigo común.

El apoyo a la huelga era tal que muchas cadenas de supermercados entraron en contacto con el sindicato para informarles que tenían la intención de no vender más productos sud áfricanos, una vez agotadas las existencias. Dicho de otra manera, el boicot se hizo efectivo al poco rato. La Asamblea General de la ONU invitó al huelgista Karen Gearon a hablar ante la plenaria de dicho organismo. Fue la primera vez que un sindicalista pudo hacerlo. El resultado de esa huelga fue que el boicot se hizo efectivo y el debate frente al régimen racista se elevó a un debate público entre la población del país. Las lecciones para Colombia son claras.

Aquí, la solidaridad se entiende muchas veces como limosna, como proyectito de alguna ONG, como Justice For Colombia. No se entiende como solidaridad política, como lucha común contra un enemigo común. Cuando Justice For Colombia montó una campaña contra Sinaltrainal no dejó en ningún momento de seguir financiando proyectos sindicales en este país. Pero, ¿eso es solidaridad? ¿Se puede decir que una ONG sindical que hace campaña a favor de una multinacional es solidaria? Me temo que no.

Los trabajadores irlandeses en Dunnes Stores mostraron el verdadero significado de la palabra solidaridad. Cuando se declararon en huelga no pedían un aumento de sueldo, ni mejores condiciones de trabajo. Solo pidieron el derecho de no ser cómplice con el régimen racista. Permanecieron tres años en huelga por algo que no les beneficiaba a ellos directamente. Eso sí es solidaridad.

A la luz de esa huelga histórica, ¿qué significa solidaridad con Colombia? La respuesta no es fácil, pues ya no existen las mismas condiciones de lucha ni allá, ni acá. Irlanda y demás países han cambiado, precisamente por las derrotas sufridas por su clase obrera, derrotas facilitadas en casi todos los casos por la burocracia sindical, cuando no instigadas por ella. Por ejemplo, Irlanda ya es un país racista. En un referendo popular se quitó el derecho a los hijos de inmigrantes nacidos en el país de recibir la nacionalidad. Sus leyes de inmigración son de las más restrictivas de Europa.

El horizonte es algo deprimente en ese sentido y quizás por eso es más difícil argumentar contra la supuesta 'solidaridad' de la burocracia sindical. Empero, es por eso más necesario que nunca una solidaridad de clase, una solidaridad entre los que luchan. Hace 25 años, desafiando una poderosa cadena (como decir Éxito u Olimpica en Colombia) y la burocracia sindical, once trabajadores demostraron que si la pelea es peleando, la solidaridad con esa pelea es también peleando. Eso contrasta con la solidaridad de torcidos como Justice For Colombia, quienes se atrevieron a decir que estarían dispuestos a financiar a Sinaltrainal pero no se podía usar la plata para criticar a Coca Cola.

El éxito e impacto de la huelga contra el apartheid se debía a que el movimiento contra el régimen de Sud África era grande. Como movimiento exigía el fin del régimen. No entraba en diálogo con él ni hacia lobby ni hablaba con los gobiernos etc, tal como hacen las ONG hoy en día frente a Colombia. Pero apoyaba la lucha de los negros sin titubeos. No entraba en debates inútiles sobre la moralidad de la insurgencia sino siempre planteaba la inmoralidad del régimen. Era una pelea política contra un régimen, no una pelea para interlocutar con él. En Colombia es necesario construir algo parecido. Demorará tiempo y no será fácil y se perderán los proyectos de las ONG, pero al largo plazo la búsqueda de la solidaridad de los que luchan en Europa y los EE.UU. será de gran ayuda. Para construir un mundo nuevo la única solidaridad que cuenta es la de clase. Al fin, los gobiernos europeos solo actúan por presión de su propia población y no por voluntad propia.
Thursday, 19 March 2009 09:39

Los biocombustibles: ¿raíz de todo mal?

Los biocombustibles: ¿raíz de todo mal?

 

Existen mucho mitos acerca de los biocombustibles: que son la raíz de todo mal en el agro colombiano; que el hambre en el mundo se debe en su mayor parte a esos cultivos y si no fuera por los biocombustibles todo estaría bien en el campo colombiano y no existiría hambre en el mundo o por lo menos habría una tasa menor de malnutrición. Nada más lejos de la verdad.

 

Qué son los biocombustibles?
Para entender el papel de los biocombustibles debemos definirlos. Tal como su nombre nos indica son fuentes de energía procedente de plantas, o sea son biomasa convertida en energía. Su nombre de bio no tiene nada que ver con un supuesto beneficio ecológico, sino con el origen de la fuente de energía, la biomasa, es decir material orgánico originado en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía, según la Real Academia. Así, se ve que no se reduce a una sola planta como la palma africana, sino que casi cualquier planta podría ser un biocombustible y lo que decide si se usa como tal es la cantidad de azúcar que se puede extraer o la cantidad de aceite que se puede producir. Hay dos tipos de biocombustibles: bioetanol, que es un derivado de azúcar extraído de caña de azúcar, yuca, maíz, etc; y el biodiesel, producido a partir del fruto de la palma africana o el jatrofa, una planta que crece en zonas áridas y con la cual se está experimentando en África y Asia.

El argumento contra estos cultivos es que desplazan la producción de pancoger y así aumentan la dependencia del país en alimentos importados. Una simple mirada al panorama de los cultivos de palma demuestra que efectivamente hay más palma hoy en día que hace unos años. En Colombia hay unas 360.000 hectáreas de palma africana, comparado con unas 127,000 en 1996. Muchas de las nuevas plantaciones se encuentran en el Magdalena Medio, donde gracias al USAID y a la Unión Europea estos cultivos han desplazado a los cultivos de pancoger ( No sobra decir que tanto los gringos como los europeos lo hicieron a través de las ONG, en particular el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio y su otrora jefe único Francisco de Roux). Sin embargo, sigo afirmando que los biocombustibles no son la raíz del problema.

El blanco es el modelo económico
Sin embargo, no se pueden mirar estos cultivos fuera del contexto de un modelo económico y agrícola que se viene implantando en Colombia por lo menos desde 1992, cuando al presidente César Gaviria se le ocurrió regalarnos la infame apertura económica ( y más de un acto legislativo que favorecía a los paramilitares, algo que se olvida en el debate actual de posibles alianzas para las elecciones de 2010). Tampoco se puede mirar a un solo país. Para entender lo que ocurre en el agro colombiano debemos tener referentes internacionales, pues el fenómeno es internacional. Y, por lo demás, la destrucción del agro colombiano no es nueva.

En los años cincuenta del siglo pasado, el gobierno norteamericano, en aras de combatir el comunismo y aumentar sus exportaciones, dio inicio a su Food Aid Programme (Ayuda de alimentos). El gobierno colombiano se inscribió en el programa para recibir 'ayuda' en la forma de trigo. La producción nacional de trigo se colapsó y nunca más se recuperó. Tanto que hoy día Colombia importa más de 1.260.000 toneladas de trigo cada año. Aunque Colombia ya no recibe tanta ayuda de alimentos, otros países de la región siguen siendo grandes receptores de esa mal llamada 'ayuda'. Entre el 2002 y 2006 los EE.UU. 'donaron' 2.000.000 de toneladas de cereales a la región. Los principales 'beneficiarios' de dicha ayuda fueron Bolivia, El Salvador, Nicaragua, Ecuador, Guatemala y Haití. Todos son países pobres, pero a la vez más que capaces de producir sus propios alimentos, sobretodo los cereales. No lo hacen por la falta de voluntad política y por dedicar sus tierras a otros cultivos, entre ellos los biocombustibles, pero no solo eso.

Por ejemplo, en 1984 Guatemala exportó 127,247 toneladas de café verde (es decir sin procesar y sin valor agregado) y 320,934 toneladas de bananos. Ya para el año 2004 sus exportaciones de dichos cultivos ascendieron a 208,490 y 1,058,161 toneladas respectivamente. Un aumento de 64% en el caso del café y de 800% en el caso del banano. La mayor parte de este aumento ocurrió entre 1994 y 2004 y en casi el mismo lapso de tiempo (1995-2005) Guatemala aumentó sus importaciones de maíz blanco desde 1,841 a 54,716,833 toneladas, pero solo empieza su programa de biocombustibles en el 2002. Sin lugar a dudas, Guatemala notará los efectos de ese programa, pero el daño al agro ya estaba hecho.

El problema no es de un cultivo determinado, como la palma africana o el azúcar, sino de un modelo productivo. En ese sentido hay que entender las relaciones de poder en el agro a nivel mundial. No cuesta convencer a nadie que los EE.UU. tienen un gran poderío y eso se ve en conflictos alrededor del mundo. Cualquier persona con un mínimo de sentido común puede reconocer la depredación imperialista en Irak y que el petróleo es la principal razón para la invasión. Los EE.UU. no tienen ningún interés en llevar la democracia a Irak sino en llevar el petróleo a los EE.UU. En el agro funciona algo parecido sin los tanques, los bombardeos y la tortura. Prefieren, para el caso, las oligarquías corruptas, los sobornos y las amenazas comerciales. Funciona, pues no faltan lacayos al estilo del ex ministro de Agricultura Felipe Arias dispuestos a entregar la producción agrícola a intereses extranjeros tanto de los EE.UU. como de Europa.

Los EE.UU. dominan la producción agrícola en el mundo. Las tres quintas partes de sus tierras bajo cultivos están dedicadas a la producción de apenas ocho cultivos: arroz, algodón, trigo, maíz, avena, cebada, sorgo y soya y además es responsable por 20% de la producción mundial de carne de res. Representa poco más de 17% de la producción mundial de granos y sus competidores más cercanos son China, con 18%, y la India, con poco más de 10% ( Colombia solo representa 0,19% de la producción mundial). Sin embargo, estos dos países producen para su propio consumo y no para exportar como los EE.UU, que tiene una producción altamente especializada y concentrada en manos de unas cuantas empresas, entre ellas Cargill, cuyos activos en Venezuela fueron nacionalizados por el gobierno de Chávez. Estas empresas a la vez son beneficiarias de subsidios por parte de los gobiernos de los EE.UU. y Europa.

Los subsidios no son menores. Entre 1995 y 2004 una sola empresa del sector arrocero, Rice Foods Inc., recibió 533 millones de dólares en subsidios. En el 2004, una empresa alemana, Grupo Sudzucker, recibió 94 millones de euros. Entre los grandes receptores de subsidios en Europa se encuentran los parásitos de la familia real inglesa y Banque Credit Agricole, e inclusive una multinacional del talante de Nestlé. Los campesinos, incluso muchas empresas medianas, no pueden competir con semejantes subsidios y las redes de distribución que controlan estas empresas, que pueden por ello vender sus productos por debajo del precio de costo y tener una ganancia jugosa a la vez. Por ejemplo, Cargill puede exportar su arroz a un precio 20% inferior al costo de producción y aun así ganar dinero. En vez de luchar contra este modelo, los Felipe Arias y los Uribe del mundo decidieron dejarse cooptar y entregar la producción agrícola del país.

En el documento Apuesta Exportadora del actual gobierno, se vislumbra su visión del campo colombiano. Un campo dedicado al agro negocio y sin campesinos. Elabora dicho documento un listado de 10 renglones del campo que son prioritarios para ellos. Para sorpresa de nadie, el primer renglón es la palma africana. Pero el plan del gobierno incluye caucho, cacao, maderas, café y además cultivos de pancoger como espárragos, ají, brócoli, entre otras hortalizas. La inclusión por parte del Estado de cultivos como el ají nos debe indicar que el problema no es cual cultivo siembra sino el modelo de producción.

Muchos campesinos colombianos tienen algo de cacao o café. Lo cultivan para su propio consumo o venta en el mercado nacional/local. Pero en la Apuesta Exportadora el gobierno propone expandir los cultivos de cacao y café. Empero, estos cultivos de pancoger no son para el mercado local, ni siquiera nacional. Estos cultivos son financiados principalmente por la Unión Europea y los créditos se dan solo en el caso de que los campesinos hayan firmado un convenio con una empresa del sector que los pueda comercializar, o sea exportar. El gobierno ya no da créditos para otros cultivos. El ají, cebolla, espárragos, cacao etc. van desplazando a otros cultivos de pancoger que no tienen acogida en Europa o los EE.UU. Al final de cuentas, el consumidor europeo y gringo quiere ají, mango, freijoa, marañon etc., pero no le importa la yuca (salvo como fuente de bioetanol). El problema como vemos no es el cultivo sino la finalidad de la producción.

Haití
Haití es uno de los países más pobres del continente y buen ejemplo de lo que nos espera. Su economía es la más liberalizada, es decir, la más entregada al capital extranjero. En 1986-87 abolió las restricciones sobre las cuotas de importaciones de ciertos alimentos y en 1995 abolió por completo los aranceles aduaneros para la mayoría de los alimentos importados, con la excepción de maíz. Hoy día el maíz es el único cultivo que no proviene en su mayor parte de fuera.

Antes de 1986, Haití era autosuficiente en muchos de los productos de la canasta familiar. Lo que cambió fue la política del Estado. Apostó a la exportación de productos exóticos y la importación de productos básicos. El país sigue siendo pobre después de tan desafortunado experimento, pero lo que debemos recordar es que no había un biocombustible por medio. Los biocombustibles llegaron a Haití muchos años después, cuando el lacayo brasileño del imperialismo, Lula Da Silva, decidió expandir su emporio a Haití y montar plantas de bioetanol fomentando un aumento en las tierras con vocación azucarera en este, el país más pobre de la región. Lula les dio plantas para fabricar gasolina para los gringos y les quitó la comida de sus bocas (gracias compañero).

México
Quizás sea México un ejemplo más cerca de la realidad colombiana. En fin, Colombia no es como Haití, es un país algo más rico y el gobierno Colombiano nunca ha desafiado al Tío Sam como lo hizo Haití en los años noventa (eso sí, pobre pero con algo más de dignidad que la burguesía colombiana que solo piensa en como arrodillarse). Antes de entrar en vigor el tratado de libre comercio con los EE.UU. y Canadá, México era autosuficiente en sus alimentos básicos. Pero una vez entrada en vigor el TLCAN los precios del maíz cayeron en un 48% y se abolieron los aranceles con un costo al erario público de dos millardos de dólares en ingresos perdidos. Si en los años ochenta por cada 10 kilos de arroz consumidos en México, 1,7 provenía del exterior ya para 1998, 5,3 kilos de cada diez venía de fuera y 3,5 kilos de trigo por cada 10. Diez años después las importaciones de maíz se duplicaron y ni un solo biocombustible por medio, solo una política de especialización en cultivos exóticos en el marco de un acuerdo de libre comercio.

La dimensión del problema de los Biocombustibles
Empero, esto no significa que los biocombustibles no sean un factor en la pérdida de seguridad y soberanía alimentaria, sino que solo son un factor más. Si no hubiese palma africana, el problema sería de otro cultivo pero no de otra índole. Por eso es el modelo quien debe ser el blanco de nuestros ataques, pues en Colombia hemos vivido bonanzas de café, cacao, fique, y ahora palma y azúcar para producir combustible. Solo son los últimos enlaces en una larga cadena de esclavitud del campo, pero como enlaces en esa cadena no dejan de preocuparnos.

Colombia ha aumentado las tierras dedicadas a estos cultivos, pero no es el único país en hacerlo. Si el modelo es el problema y no el cultivo, el modelo se reproduce en varios países y Colombia es solo un ejemplo más, aunque debemos reconocer que en el caso de los biocombustibles Colombia junto con Brasil es un país líder en el sector y además promueve la expansión de estos cultivos en la región. Ha donado plantas procesadoras de biocombustibles a El Salvador, Honduras y Guatemala. Brasil ha invertido en plantas en Haití y Guatemala para así exportar a Europa pagando cero arancel. No hay gobierno alguno en América Latina que se oponga a los biocombustibles, ni siquiera Venezuela o Bolivia. Ecuador aprobó una ley en 2004 declarando los biocombustibles de interés nacional y tiene más de 205,000 hectáreas de palma y pretende llegar a los 350,000 ha. Colombia tiene unos 360,000 ha. y pretende llegar a 3.5 millones de ha. Sin lugar a dudas, los biocombustibles son un factor muy preocupante en la crisis alimentaria, pero solo un factor.

Todos los gobiernos quieren emular el modelo mexicano y firmar un tratado de libre comercio con los EE.UU. y Europa (Colombia esta negociando un TLC con Europa en la actualidad). Sin embargo, las elites no esperaron a que se llegara a un acuerdo para implementar el modelo. En los años ochenta Colombia gozaba de una autosuficiencia en la mayoría de sus alimentos, siendo el trigo la notable excepción. Ya para 1994, en plena apertura económica, el país importaba 1,043,524 toneladas de maíz y en el 2004 esta cifra casi se duplicó a 1,909,354 toneladas. En el caso de trigo las importaciones aumentaron de 849,457 a 1,265,783 toneladas en el mismo lapso; y en 1994 ya estaba importando masivas cantidades de alimentos. No hacia falta un acuerdo de libre comercio.

Friday, 06 February 2009 15:45

Democratas: Ovejas o lobos?

En el mes de septiembre pasado apareció un artículo en El Espectador lamentando la decisión de los gobiernos de Venezuela y Bolivia de expulsar a los embajadores de los EE.UU.  Es de esperar que dicho periódico critique a esos gobiernos, pero el artículo es firmado por nadie más y nadie menos que Adam Isaacson, del Centre for International Policy (CIP). Tanto Isaacson como el CIP son conocidos por sus denuncias del Plan Colombia y las violaciones de derechos humanos en Colombia. Quizás su declaración haya sorprendido a más de uno. Según Isaacson, la actitud de ambos gobiernos fortalecerá la campaña presidencial del ultra derechista John McCain y resultará en una mano dura contra América Latina. La tesis de Isaacson es problemática, supone que los 'indiecitos' del sur deben guardar silencio para no molestar a los liberales del norte y que Obama representa una alternativa para América Latina.

 

La idea de que la llegada al poder de la derecha es culpa de los pobres no es nueva.  Ha sido el argumento histórico de los socio- demócratas que no hay que pedir demasiado para no enojar a los elementos más recalcitrantes de la burguesía. En los años 60, cuando los negros exigieron sus derechos civiles salieron voces liberales advirtiéndoles que había que ser más moderados para no molestar a la derecha. El argumento es básicamente que si uno pide demasiado los liberales no podrán acceder a sus demandas y las exigencias provocarán una respuesta de la derecha. O sea, la culpa es de la víctima por no guardar silencio y aceptar su lugar en la sociedad. Según este modo de ver el mundo, la victoria de Reagan en 1980 fue culpa de los Sandinistas por osar en 1979 derrocar al dictador, y aliado gringo, Somoza.

Empero, ¿realmente se puede afirmar que las acciones de Chávez y Evo influyan en las elecciones presidenciales de los EE.UU.? Quizás sí, quizás no. Lo que sí sabemos es que a lo largo de su historia los norteamericanos siempre han elegido gobiernos reaccionarios.  No hay ni uno solo que no lo haya sido. A los liberales les gusta decir que Roosevelt era distinto, pero encarceló a miles de orientales en campos de concentración durante la segunda guerra mundial; o Kennedy, bajo cuyo mando murieron los primeros soldados gringos en Vietnam y empezó el bloqueo a Cuba. Según ellos, los demócratas son distintos.

Pues no se nota mucho. Ambos partidos son capitalistas y entre Obama y McCain las diferencias son de estilo y no de fondo. La reacción a la crisis financiera lo hace evidente y muestra que Obama no representa un cambio para la clase obrera norteamericana. Tanto Obama como McCain aprobaron un rescate para los bancos, mientras la gente pobre que no puede pagar su hipoteca pierden sus casas. No nos debe sorprender.  Entidades financieras como Citigroup y Goldman Sachs son grandes donantes al Partido Democrático. Entre 1989 y el 2008, Goldman Sachs hizo donaciones políticas por el monto de más de 29 millones de dólares. El 49% de esas donaciones fueron a parar a las arcas de los demócratas. En la contienda actual, McCain solo supera a Obama por donaciones en los sectores de Agrinegocios, Energía y Construcción. El sector financiero apoya a Obama.

Sin lugar a dudas, ambos candidatos son capitalistas, pero ¿será como insinúa Isaacson que Obama y los demócratas son menos imperialistas? La historia nos sugiere que no. Los demócratas han apoyado o instigado directamente a todas las aventuras imperialistas de los EE.UU. Y los colombianos deben recordar que fueron los demócratas bajo Bill Clinton quienes nos dieron el Plan Colombia, y si uno quiere saber qué tan nefasto fue el Plan Colombia solo tiene que leer los artículos del propio Isaacson.

Las declaraciones de Obama no nos dan ningún motivo para estar tranquilos sobre el porvenir. Quiere enviar unos 10.000 soldados más a Afganistán, donde él cree está la verdadera guerra contra el terrorismo. Aunque seguramente Obama tendría otro estilo y consultaría más con los países imperialistas de Europa, no piensa abandonar del todo la política de Bush. Pakistán ha sido un aliado incondicional de los EE.UU. durante muchos años y les facilitó el adiestramiento de miles de combatientes islámicos para luchar contra la ocupación soviética de Afganistán; hoy esos mismos grupos luchan contra los EE.UU. con el apoyo de sectores de los servicios secretos de Pakistán, quienes fueron los encargados de suministrarles lo que necesitaban en la lucha con los rusos.  Es lo que la CIA llama Blowback, las consecuencias no intencionales de una acción donde uno hace algo como crear un grupo armado con un fin y luego ese mismo grupo vuelve en contra de su creador y amo. Pero en el mejor estilo de Bush, Obama tiene la solución: “La amenaza más grande a la seguridad es en las regiones tribales de Pakistán donde se entrenan los terroristas y los insurgentes golpean a Afganistán… No podemos tolerar un santuario terrorista y como presidente no lo haré… Necesitamos más tropas, más helicópteros, más satélites… en la región fronteriza de Afganistán.  Y debemos ser claros si Pakistán no quiere o no puede actuar, mataremos blancos terroristas de alto nivel como Bin Laden si los tenemos en la mira.”

Por si acaso alguien duda de cómo lo hará y la poca diferencia con Bush, Obama lo dejó bien claro inclusive para liberales como Isaacson: “No dudaré en usar la fuerza, unilateralmente si hace falta, para proteger al pueblo norteamericano o nuestros intereses vitales cuando nos atacan o hay una amenaza inminente”. No hay ninguna diferencia con las guerras preventivas de Bush.

No hay ninguna razón para creer que los demócratas serán democráticos y respetarán los derechos de los pueblos. El bloqueo a Cuba es un bloqueo de los demócratas. Fue Kennedy quien instauró el bloqueo y  fue el gobierno de Clinton (otro icono demócrata) quien endureció el bloqueo con la Ley Helms Burton. Obama ha declarado que él mantendrá el bloqueo como mecanismo de presión sobre el régimen. Y aunque ha favorecido el levantamiento de algunas restricciones, fue claro: el objetivo es un cambio de régimen.

El Sr. Isaacson no tiene por que preocuparse. Tanto él como el CIP tendrán mucho trabajo, cuando Obama sea presidente, denunciando las violaciones de derechos humanos y las agresiones de los EE.UU. Las ilusiones que algunos tienen en los demócratas y la política de moderación en pro de no provocar una reacción de la ultra derecha ha costado al mundo millones de muertes y la prolongación de conflictos, internos e internacionales. Los 'indiecitos' de Chavez y Evo nos hacen un favor, dicen a los liberales y a la ultra derecha gringa que América Latina no está dispuesta a ser siervo de nadie. Es más importante, a largo plazo, que los pueblos enfrenten y venzan al imperialismo que decidir cuál de los dos candidatos capitalistas, el de Goldman Sachs o el de Drummond, es el presidente del imperio.

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