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La permacultura en Antioquia está ganando campo

 

“Este cuento se está regando de buena manera por muchas partes del país  y esa es la intención”

En compañía de Yuliet, Yanet, Ferney y Alejandro, el primero de enero molimos caña en una montaña de la vereda El Popo, del municipio de Alejandría. Usamos como motor nuestras manos y el sol fue testigo del delicioso guarapo que saboreamos esa tarde. Aunque Harold no estaba ese día, fue él quien meses antes consiguió la máquina artesanal, y junto a unos amigos la instaló en la cima de su finca, con el fin de empezar a producir el dulce. La caña que sembró un año antes, daba cosecha en medio de piñas, árboles de aguacates, zapotes, guanábanos y papayos.

“Mano de Sol es un espacio que estamos construyendo para promover la evolución de la vida; quisimos hacer este complemento en el nombre, porque consideramos que el sol es un camino de luz hacia la búsqueda de la verdad, promotor de vida; y la mano es manifestación de fortaleza del hombre”, dice Harold Urrea, al tiempo que atiza el fogón de leña para hervir agua de panela. “Aquí hay una pequeña reserva de cinco hectáreas. Buscamos reparar el daño que se hizo. Aquí hubo un potrero de más de ochenta años. Ya llevamos más de cinco años en este proceso. Al inicio solo había grama, y ya tenemos bosque y muchas especies nativas plantadas, estamos trabajando en algunas huertas y en unas construcciones amigables con el medio ambiente, utilizando elementos locales como la madera y el barro. Este espacio busca que las personas se reconozcan en una especie de regreso a ese origen un poco salvaje pero esencial, lleno de magia y contenido espiritual. Aquí seguimos un parámetro fundamental que es la permacultura, es decir, la cultura de lo permanente, de lo que no hay que cambiar”.

La permacultura es un sistema de vida holística (es decir, que busca comprender las cosas desde su totalidad) donde confluye el cuidado de la naturaleza a través de la optimización de sus recursos; el arte como factor de integración social y conexión espiritual, la agricultura orgánica y otros aspectos que buscan hacer diversa e integral la rutina humana. “En Mano de Sol queremos consolidar una Eco-aldea donde varias familias puedan vivir y colaborarse mutuamente en las labores necesarias para mantener el sistema permacultural. Invitamos por diferentes medios a personas para que encuentren conexión con el aire, el agua, el fuego y la tierra, para que vean que sí es posible vivir en una sociedad más sostenible” dice Harold. Allí se hacen eventos puntuales con grupos que quieren aprender y disfrutar. Un sendero ecológico a la orilla de la quebrada y en medio del bosque, donde se aprecian cascadas, charcos, especies animales y vegetales es uno de los atractivos favoritos de Mano de Sol.


La justicia y la igualdad son pilares fundamentales en la estructura social de Mano de Sol. “Sentimos que en una comunidad uno no puede ser más rico que otro, la abundancia debe ser repartida y todos trabajamos por igual, en la medida de lo posible. Otro pilar permacultural es ver a la naturaleza como un ejemplo. En el bosque no hay competencia; un árbol suelta sus hojas y beneficia a otras plantas y hay una correlación donde todos los seres se colaboran mutuamente. El bien común debe ser más importante que el bien individual”.

Milton Herrera es un permacultor que abandonó la universidad porque se dio cuenta que esta no apoyaba la soberanía alimentaria, sino más bien la industria de los agroquímicos. En la actualidad, Milton trabaja con Alma Yoga, una organización en la que coordina procesos de agricultura orgánica en la vereda El Arenal del municipio de San Rafael. En este municipio, también es el cofundador de Savia Orgánicos, una bio-fábrica encargada de producir bio-fertilizantes. “La bio-fábrica fue creada hace unos años con el objetivo de satisfacer la demanda de productos de este tipo. Si queremos que el campesino siembre orgánico, debemos ofrecerle alternativas. La empresa está arrancando y ya empieza a posicionarse en el mercado. Allí también capacitamos a las personas para que aprendan a elaborar los productos”. Milton es un empoderado de la permacultura y siente que “debemos cambiar nuestro chip y transformar los sistemas de vida”.

Milton y Harold son viejos amigos que se han encargado de promover la permacultura en la región. Darío Gómez los conoce y ha compartido muchos saberes con ellos. Darío es un maestro jubilado que decidió unirse a la agricultura orgánica sintiendo que “no es una alternativa de vida, sino la única alternativa de vida si el ser humano quiere prorrogar más la existencia. Hoy en día los recursos naturales se convirtieron en una fábrica de billetes. La agricultura orgánica la hemos ido asumiendo muchos amigos de la región del Oriente antioqueño y del país, con el fin de promover el cuidado del medio ambiente y de la salud humana”.

Después de caminar diez minutos bajo un sendero de árboles medianos, se llega a Maporita, la finca de Darío Gómez, ubicada estratégicamente entre las veredas Piedras y La Pava del municipio de Alejandría, y Camas, de San Rafael. En la entrada de Maporita hay un teatro al aire libre, visitado frecuentemente por aves y mamíferos comunes de la zona. Allí se han realizado eventos de permacultura con campesinos de la región y muestras artísticas que promueven la identidad. “Desde hace cinco años tomé la decisión de unirme a este camino al lado de mi familia por lo que fui aprendiendo con el tiempo y por el legado de mis padres que siempre sembraron sin agroquímicos. En Maporita elaboramos bio-fertilizantes para fortalecer las especies frutales y hortícolas que allí tenemos, y para mejorar la microbiología del suelo” afirma Darío.

Entre 2016 y 2017, Darío, en compañía de otros amigos y representados por la Asociación Pachamama del municipio de San Rafael, gestionaron varios proyectos donde pudieron capacitar a más de cien familias de la región en aspectos permaculturales. “Para el 2018 nos soñamos otras cien familias de siete u ocho municipios del Oriente de Antioquia trabajando en la permacultura”, dice Gómez.

Aunque los impactos deben ser globales, Darío tiene claro que si desde las pequeñas comunidades no se trabaja como es debido, será difícil. Por eso están unidos en una red conformada por familias de Granada, San Carlos, San Rafael, San Roque, Concepción, Santo Domingo y Alejandría, trabajando en pro de la permacultura.

Así como en Alejandría y en San Rafael, en otros municipios de Antioquia se adelantan procesos relacionados con la permacultura. En Entrerríos, Natalia y Andrés alimentan ovejas y cabras con pastos orgánicos, al tiempo que elaboran artesanías; en el Cármen de Viboral, la organización Hojarasca siembra y vende hortalizas orgánicas; en Sonsón, Luis Suaza dejó de usar agroquímicos, tiene éxitos con la agricultura orgánica y produce miel de abeja. En este mismo municipio la organización Arcoíris enseña a los niños de las escuelas rurales buenas prácticas agrícolas, a través del teatro y la lúdica.

Harold dice “la idea no es alejarse y olvidarse del mundo y dejar que la sociedad siga destruyendo la naturaleza, sino más bien compartir con otros seres y entender que todos somos hijos de la tierra y que el valor de este proceso está en guiar y dejarse guiar. Darío Gómez siente que “este cuento se está regando de buena manera por muchas partes del país y esa es la intención”. De otro lado, Milton afirma que “si no empezamos ayer, aún hay tiempo, si empezamos hoy, excelente, pero si dejamos para mañana, puede ser tarde”.

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Acerca del Autor

Sebastián Yarce Gil