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La votación en contra del fracking en Fusagasugá, Cundinamarca, fue contundente: el 99, 18% de las personas rechazó la explotación de hidrocarburos en las inmediaciones del páramo de Sumapaz. A la pregunta ¿Está usted de acuerdo que en el municipio de Fusagasugá se realicen actividades de exploración, perforación y producción de hidrocarburos, fracking y minería a gran escala? 39.175 personas dijeron no. Solo 202 respaldaron la iniciativa. 

Si bien el censo electoral para la consulta era de 104.538 ciudadanos, el umbral estimado en 34.846 votantes se superó con creces, por lo que el mandato público se dirige a rechazar la explotación de recursos del subsuelo. Y no es una decisión menor. En efecto, de acuerdo con la senadora del Partido Verde, Angélica Lozano, el páramo de Sumapaz es el más grande del mundo y provee de agua potable al 15% de la población colombiana.

De hecho, es la principal fuente de agua para Bogotá y sus municipios aledaños, de ahí que la consulta puede pasar a la historia como una manifestación de la soberanía popular por evitar la explotación irresponsable y la contaminación de una de las fuentes hídricas más importantes del país.  

                                                                                    

El Gobierno insiste

No obstante lo anterior, el fracking está nuevamente en el centro del debate en Colombia. A pesar de la decisión democrática tomada en Fusagasugá que se suma a otras experiencias similares en Boyacá y Tolima, el presidente de Ecopetrol, Felipe Bayón, anunció la realización de una prueba piloto en 2019 con el fin de evaluar junto con “la academia, las comunidades, los ambientalistas, entre otros sectores, los impactos y beneficios que traería al país esta técnica de explotación de hidrocarburos”.

El plan piloto que se llevará a cabo en las inmediaciones de Barrancabermeja en un área de 150 kilómetros por un lado y 60 kilómetros por otro. Puede incluir otros siete departamentos además de Santander.

De acuerdo con el alto funcionario, las reservas petroleras del país dan un margen de autosuficiencia por seis años, razón por la cual, las exploraciones en el Magdalena Medio podrían triplicar las reservas entre 2000 y 7000 millones de barriles. Sin embargo, los riesgos ambientales de la fracturación hidráulica son latentes por lo que el presidente de la compañía petrolera ha sido enfático al afirmar que: “nosotros no vamos a poner a competir el petróleo y el agua, si en algún momento pensáramos que alguna de nuestras operaciones tuviera impactos en el agua, pues no la realizaríamos ya que tenemos un total compromiso con el cuidado del medio ambiente”. A pesar de estas declaraciones, lo cierto es que los negocios en el gobierno Duque ocupan el primer lugar, por lo cual, en caso de encontrar las fuentes necesarias, Ecopetrol no dudará en sacrificar el medio ambiente en favor de los capitales extranjeros. Amanecerá y veremos.

Es tal el afán del primer mandatario por aumentar las reservas de hidrocarburos que su administración ha llegado a hablar de “fracking responsable”. Este disparate, como lo dijo el gobernador de Boyacá,  Carlos Andrés Amaya, “es como decirle a una mujer que la van a violar responsablemente”. Aunque el símil puede ser chocante, no falta a la verdad, pues hay pruebas científicas rigurosas de diversas universidades del mundo que han demostrado que la fractura hidráulica genera impactos graves al medio ambiente como la contaminación de fuentes de agua potable y afectación a la fertilidad de la tierra.

No hay evidencias que demuestren lo contrario, es decir, que como lo asegura la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, se pueda emplear esta técnica de “manera responsable y sostenible”. ¿Cómo puede perforarse la tierra, llenarla de peligrosos químicos y aumentar el riesgo sísmico de manera responsable? Si países como Francia, Alemania e incluso varios estados de Estados Unidos han prohibido esta forma de explotación, ¿por qué Colombia sigue empeñada en realizar pruebas de este tipo? La respuesta tiene que ver con la poca independencia que tiene el gobierno de Iván Duque respecto a los grandes empresarios que financiaron su campaña. De ahí radica la importancia de la resistencia civil para evitar este tipo de decisiones.    

 

El golpe de la Corte

Por si no fuera suficiente con esta compleja situación, la Corte Constitucional tumbó una decisión del Tribunal Contencioso Administrativo del Meta respecto a una consulta popular que permitió frenar la extracción de petróleo en Cumaral a cargo de la multinacional Monsarovar Energy.

El alto tribunal impuso, a través de su fallo, límites a las consultas populares, con lo cual, este mecanismo de participación no podrá vetar en el futuro las actividades relacionadas con la extracción de petróleo y minerales. Dicho de otro modo, la Corte Constitucional despojó de la única herramienta jurídica que tenían las comunidades para la protección de sus derechos y dejó el camino expedito para que las multinacionales puedan retomar sus actividades económicas.

Desde el gobierno nacional y en particular, desde el Ministerio de Minas y Energía se ha celebrado la decisión como una “señal importante para la seguridad jurídica del sector (minero-energético), y para fortalecer el diálogo y la participación ciudadana”. Pero, ¿de qué diálogo y de qué participación habla la ministra? Si todas las manifestaciones de la soberanía popular son vulneradas, ¿qué alternativas tienen las poblaciones afectadas?

Esta circunstancia tiene en vilo no sólo la consulta desarrollada en Fusagasugá, sino diversas movilizaciones populares que se encaminan a limitar las acciones perjudiciales de las compañías petroleras.

El gobierno neoconservador de Iván Duque que está controlado por el polémico ex presidente Álvaro Uribe Vélez y por los grupos económicos más recalcitrantes del país, no tiene en su agenda la protección de los derechos de las poblaciones vulnerables ni mucho menos la defensa de las cuestiones medioambientales. Así quedó demostrado con su decisión de conformar una “comisión de expertos” que se encargará de determinar los impactos del fracking en Colombia, así como la regulación normativa con la que se cuenta para atenuar los posibles riesgos de la aplicación de esta técnica.

Sin embargo, como lo manifestó el ex contralor Edgardo Maya, “ante la perspectiva de agotamiento de algunos recursos naturales no renovables se están buscando opciones desesperadas para las cuales el país no está lo suficientemente preparado para mitigar los riesgos y las afectaciones en recursos muy vulnerables e indispensables para la vida y la continuidad del desarrollo económico de nuestro país”.

 

¿Qué viene ahora?

Desde esta perspectiva, 2019 será un año complejo para las comunidades que han luchado en contra de la minería y la explotación petrolera. La fracturación hidráulica causa daños considerables a la tierra y es una fuente de contaminación permanente de acuíferos y otras reservas de agua potable.

Si se toma en consideración el bloqueo legal al que estarán expuestos estos sectores por la decisión de la Corte Constitucional, es probable que existan movilizaciones sociales como el recordado Paro Agrario Campesino de 2013 o las recientes protestas estudiantiles. Es claro que las comunidades tendrán que salir a las calles a defender sus derechos de la intransigencia del gobierno central.

Es por ello que surge la necesidad de preguntarse ¿qué alternativas tienen los sectores de oposición para evitar la llegada definitiva del fracking a Colombia? El primer acto simbólico ya se llevó a cabo con la recolección de 100.000 firmas por parte de la Alianza Colombia Libre de Fracking, que fueron presentadas ante el Congreso Nacional con el fin de mostrar el respaldo popular al proyecto de ley sobre la prohibición definitiva de esta técnica en el país. Sin embargo, el cabildeo será complicado debido a que el gobierno cuenta con un importante número de congresistas que bloquearán todas las iniciativas promovidas desde los grupos alternativos.

Una luz al final del túnel fue la reciente decisión del Consejo de Estado que mediante una resolución suspendió provisionalmente los actos administrativos que permitían al gobierno fijar los criterios de exploración y explotación de hidrocarburos en yacimientos no convencionales. El tribunal aseguró que “la autorización en Colombia de la técnica de estimulación hidráulica puede conllevar un daño potencial o riesgo al medio ambiente y a la salud humana, cuya gravedad e irreversibilidad se cimienta en la posible insuficiencia de las medidas adoptadas”. 

En tal sentido, la decisión de la Comisión Tercera del Consejo de Estado respaldó a los sectores que promueven la protección del medio ambiente y el principio de precaución, toda vez que no se conocen con precisión las supuestas ventajas del fracturamiento hidráulico. De respetar la decisión de la rama judicial, el gobierno tendría que buscar alternativas para potenciar la “economía naranja” pues el fracking sería inviable en el país.

Por otra parte, la resistencia debe dirigirse hacia grupos de presión conservadores para quienes toda manifestación popular en contra de la minería y el fracking hacen parte de una estrategia del “fundamentalismo ambiental”.

Desde esta óptica, cualquier intento de negocio en el ámbito minero-energético está “secuestrado” por los grupos ambientalistas que se oponen y mediante el lobby internacional han afectado significativamente a esta industria. Sin embargo, ¿cómo no criticar a un sector que genera relaciones de inequidad, monopolios y severos daños al medioambiente? No es una cuestión de fundamentalismo sino de realidad. Aquí están en juego dos modelos de país: uno que promueve el uso sostenible y responsable de los recursos y que está favor de los procesos de integración social, y un modelo enquistado en el poder que tiene como prioridad el establecimiento de negocios y multinacionales bajo el paraguas de “la inversión extranjera” que no es otra cosa que la imposición de una visión economicista de las relaciones sociales.

Hernando Caro ama el café tanto para degustarlo como para cultivarlo. El grano que desde pequeño su papá cultivó, es su sustento económico desde hace muchos años. Cada día se levanta al salir el sol y degusta el delicioso café que produce su finca. Allí mismo realizan el proceso de tostión y molienda, dejando a su paso el incomparable olor del café.

Durante años el café ha sido un producto representativo del país. El municipio de Pitalito Huila es reconocido a nivel nacional e internacional por generar este fruto apetecido por personas de todo el mundo. Aunque es un grano insignia, lastimosamente en Colombia hace muchos años no se brinda el apoyo necesario para cultivarlo, no hay garantías para los campesinos que, si quisieran vivir de este producto, quebrarían.


Después de beber su café, en tiempo de cosecha, don Hernando se dirige a su lugar de trabajo. Con el “coco” colgado a su cintura, recolecta grano por grano el producto por el cual es reconocida Colombia alrededor del mundo. A sus 52 años, este humilde campesino comparte su amor por este cultivo que anteriormente generaba los ingresos necesarios para el mercado semanal, con el paso de los años dejó de ser tan rentable.

Su finca está ubicada en la vereda La Palma, a 20 minutos del municipio de Pitalito. Hace 12 años habita este lugar. Según él, no vive allí porque le toca sino porque el campo es su vida y como cualquier trabajo este no debe hacerse improvisadamente, por ello estudió un Técnico en Producción Agrícola y Ecológica en el Sena y a partir de los conocimientos poder hacer de su amor un cultivo. Su jornada laboral, sin importar el clima, empieza a las seis y media de la mañana y termina a las seis de la tarde cuando el sol comienza a ocultarse, pues en tiempo de cosecha hay que recoger el café en el menor tiempo posible.

Cultivar café es una tarea compleja. La producción depende de muchos factores. Primero de la variedad, don Hernando anteriormente sembraba en su finca café caturro, su producción era quincenal pero fue afectada por la roya, una enfermedad que hace caer las hojas de las plantas. Por tal razón decidió cambiarlo a otras variedades como Castillo, Tambo y Tabi, los cuales dan una cosecha al año.

Como "se come todos los días del año", don Hernando decidió sembrar pitaya, pimentón, aguacate y limón Tahití. Aunque estos dos últimos cultivos aún no dan cosecha, él guarda la esperanza de que estos frutos le proveerán el dinero que necesita su hogar mientras el café no genera producción.

Otro factor que afecta la producción de café es el clima. Es necesario el verano para que haya cosecha abundante. Si no lo hay, la producción es baja. Además, los fertilizantes son costosos y el café es vendido a un precio muy bajo, allí radica el problema económico de los caficultores.

Según don Hernando, es irónico pensar que en otras partes del mundo el café es vendido a precios elevados, mientras el cultivador debe endeudarse para poder sostener su familia. El dinero se lo quedan las grandes industrias que venden el producto ya procesado en el exterior y el Gobierno no ofrece ayudas a los caficultores para que este negocio sea verdaderamente rentable.


Aunque don Hernando vive feliz en su territorio, para él es difícil económicamente sostener a su familia, pues el campo es maravilloso, sin embargo es costoso y poco rentable. Con la esperanza de que la situación mejore, don Hernando continúa recolectando las pepitas de este fruto que con tanto esfuerzo florece. Bebiendo mañana y tarde una tacita de café.

Durante el año 2017 y finalizando el 2018, se revelaron los fuertes casos de corrupción que existen en este sector del país. Entre estos, el de Sandra Paola Hurtado, investigada por irregularidades en la contratación de acueductos, vías terciarias y jardines infantiles. También resultaron implicados varios alcaldes de Armenia, su capital, como Luz Piedad Valencia y Carlos Mario Álvarez, por la contratación irregular de las obras de valorización en la ciudad. Y el pasado 6 de enero se conoció, a través  de la Misión de Observación Electoral (MOE), que cuatro municipios –Filandia, Pijao, Armenia, Montenegro-, y la Gobernación, entregaron contratos a personas naturales y jurídicas que habían apoyado candidatos en época electoral. Según la MOE, “el valor de los contratos adjudicados equivale a 91,66 veces más del dinero donado en campaña”. En últimas, este organismo, ante las graves situaciones de corrupción, hizo un llamado a las veedurías ciudadanas, y a la sociedad del Quindío, para que ejerzan control social en aras a hacer más trasparente la función pública.  

 

Hay que usar las herramientas

Seguramente usted como ciudadano y parte de una comunidad ha sentido molestia e indignación ante ciertas acciones y medidas emprendidas por el gobierno nacional y local, y se ha preguntado si es posible tomar acciones que permitan evitar la corrupción. Teniendo en cuenta que las entidades encargadas no muestran resultados, y que la clase política cada vez se acostumbra más a las malas mañas.

Pues bien. Sepa usted que a través de la  Ley 850 de 1992, podrá juntarse con otros ciudadanos y legitimar esa necesidad a través de la “Veeduría Ciudadana”. Podrá exigir abiertamente y vigilar las acciones administrativas y el desarrollo de políticas públicas. Adicionalmente, sepa que la Ley 1712 del año 2014, lo respaldará siempre en el libre acceso a la información.

No solo se necesita conformar una veeduría con otros ciudadanos, igual de preocupados y críticos como usted, para ejercer control social. De manera individual también se puede, con el objetivo de visibilizar las necesidades reales de la comunidad e identificar así prioridades en la inversión de los recursos.

 

Las iniciativas han funcionado

En el Departamento del Quindío existen varias experiencias. Cada una pone el dedo sobre la llaga en sectores distintos: ambiental, administración local y departamental, políticas públicas, planes de desarrollo, y  Esquemas de Ordenamiento Territorial (EOT). Todas ellas han tenido hallazgos importantes que han sido denunciados públicamente y por los cuales han recibido amenazas.

La Veeduría Conciencia Ciudadana en La Tebaida, descubrió y socializó con la comunidad la ejecución de un endeudamiento para realizar una inequitativa reestratificación socioeconómica que aumentaría el costo de los servicios públicos domiciliarios. Recordando la fuerte crisis económica en la que se encuentra sumida la comunidad luego del terremoto de 1999, debido a los malos manejos administrativos, el desempleo, el aumento de la delincuencia común y el narcomenudeo como una de las principales fuentes de ingreso de cientos de familias, en los barrios más alejados del casco urbano central, los que fueron construidos luego del desastre natural, no cuentan con los recursos suficientes para realizar su pago.

En el año 2011 ocurrió el primer intento de aumento, lo que desató la furia de la ciudadanía tebaidense, que salió a las calles, protestó frente a la Alcaldía y establecimientos comerciales, para finalmente saquear y destruir la casa del alcalde.

Otra iniciativa de veeduría es la “Mesa Ciudadana” del municipio de Salento. Está conformada por miembros de las organizaciones sociales y entidades como la Fundación Bareque, la Personería Ciudadana, la Unidad de Victimas, y la Red de Acueductos Veredales de Salento. Su misión es proteger el patrimonio cultural y ambiental ante la amenaza de la Megamineria. En Salento hacen presencia multinacionales como Smurfit Kappa, una empresa presente hace más de cinco años en este municipio y a quien se le culpa la sequía de algunos afluentes hídricos por la su siembra de eucalipto y pino.

También se lucha contra el turismo desmedido, a través de la puesta en marcha de la actualización del Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT), para evitar la venta de bienes públicos y consolidar  medidas ante el turismo depredador.

Sus denuncias públicas han permitido la visibilización de las afectaciones ambientales propias del turismo, como la disminución de bosque de palma de cera, o la disminución de la población del loro Oregiamarillo, hoy en vía de extinción. Además, el mal manejo de basuras, los problemas de movilidad, y la disminución del recurso hídrico en el municipio. Así como la socialización de títulos y concesiones para explotación de minería a gran escala, como parte de un megaproyecto compartido con el municipio del Tolima: La Colosa.

Córdoba por su parte, ejerce la veeduría al interior de su gremio e impulsa reformas importantes en la Federación Nacional de Cafeteros, buscando disminuir el salario a los altos funcionarios, por su desproporción frente a los problemas en la calidad de vida de los caficultores colombianos, que son quienes garantizan la producción.

Otro gran ejemplo se encuentra en la ciudad de Armenia. Allá está la Fundación Contacto Social, que ha permitido, entre otras cosas, el reconocimiento de la población LGBTI durante los últimos seis años, luchando por garantizar sus derechos y prevenir el VIH. Además de su trabajo en instituciones educativas, uno de sus mayores avances, y su participación en el ciclo de cine municipal, “Cine bajo las estrellas”, permitiendo visibilizar, a través de este arte, la lucha contra la discriminación y el maltrato.

De la misma manera ACJ-YMCA Quindío, del municipio de Circasia, vela por la correcta implementación de la política pública juvenil, por medio de la presentación de un plan de acción y presupuesto. Pero sobre todo, su objetivo es motivar a otros jóvenes a realizar control social.  

Lo que demuestran estas organizaciones es el posible empoderamiento ciudadano, y la importancia del sentido de pertenencia y de la lucha por salvaguardar los intereses colectivos de sus territorios, ante las actuaciones desmedidas del Estado y de ciertas organizaciones con fines públicos, que en el desarrollo de sus funciones no miden las consecuencias de sus decisiones y desconocen los diversos sectores de la población.

En Colombia existe una Red Nacional de Veedurías, como muestra de la necesidad de la ciudadanía de ejercer control político sobre la clase dirigente, que ha demostrado que está carcomida por la corrupción.

Lo primero es organizarse con otros ciudadanos, trazar unos objetivos comunes y unas líneas de trabajo. No le niego que los dolores de cabeza serán muchos, y que deberá aprender y emprender acciones contundentes. Pero le aseguro que con un trabajo juicio creará un camino que lleve a la efectiva lucha por la satisfacción de las necesidades de la comunidad. Ejercerá un control efectivo y riguroso sobre la administración del Estado, y sobre el sector privado. Cuiadará los recursos económicos que tanto peligran en las manos de los corruptos. Y podrá proponer maneras de ejecutar y gobernar que sean alternativas y eficaces; maneras que aquellos que gobiernan, cegados por el dinero, no ven; pero que usted podrá construir y proponer.

Durante la charla, la nutricionista compartió consejos sobre qué hábitos eran saludables y qué alimentos debían consumirse para prevenir problemas de salud. Entre los consejos que arrojó, mencionó que el sobrepeso provoca enfermedades cardiovasculares en hombres y mujeres. La gente barrigona es más propensa a sufrir del corazón, el colesterol, la sangre, el hígado, entre otros órganos del cuerpo. Casualmente la mayoría de asistentes eran barrigones. 

El alimento es uno de los sectores que más ha sufrido los efectos de la guerra económica contra la República Bolivariana de Venezuela. Alguna gente de mi país se jacta de vivir en un paraíso por el simple hecho de tener supermercados repletos de todo tipo de productos, aunque esa gente no gane un sueldo digno que le permita comprar la mayoría de esos productos. La comida es un factor de orgullo cuando se compara con la “miseria” de los ‘chamos y chamas’. Encontramos verduras, frutas, granos, pollo, pescado, carne de vaca en plazas de mercado, en supermercados y en los semáforos. Me atrevo a decir que no faltará el paisano o la paisana que con la barriga al aire la exponga como un factor de riqueza y abundancia.

Pero desde la charla de la nutricionista, sumado al compartir con el campesinado colombiano, me surgió la duda de si nos alimentamos bien, teniendo en cuenta que los gorditos y gorditas abundan en pueblos y ciudades, sobre todo después de obtener un trabajo de oficina. Consultando encontré algunos alimentos que potencialmente producen cáncer, por lo que al final de leer este artículo te aconsejo que revises tu nevera y replantees el lugar dónde compras la comida por si encuentras alguna que enferme.

Los más conocidos son los transgénicos. Organismos genéticamente modificados que son cultivados con productos químicos nocivos para la salud humana y la naturaleza. Entre ellos se destacan la soja y el maíz. Los embutidos, salchichas, y mortadelas poseen conservantes que las hacen ver deliciosas y en buen estado. Estas carnes procesadas son ricas en nitrito y nitrato de sodio, causantes del cáncer de colon. Aunque son inofensivas, las palomitas compradas para cocinarse en microondas son un coctel de células cancerígenas e infertilidad; si las buscas con sabor a mantequilla son peores porque el sabor lo produce el diacetilo, causante de graves enfermedades pulmonares.

Las gaseosas, sodas, refrescos y bebidas de dieta, contienen altas cantidades de azúcar, colorantes, químicos, aditivos que acidifican el cuerpo y alimentan las células cancerígenas. No hay como el jugo natural, la fruta o el agua para refrescarse. La harina y azúcar refinados es otra opción para una muerte silenciosa y lenta. Ponle atención a las frutas y vegetales que compras en el supermercado porque estas en su mayoría son bañadas con pesticidas que terminan en tu cuerpo al comerlas. Después de este dato, deje de comer y regalar fresas. 

Ningún comercial de comidas y bebidas previene de estos efectos, las multinacionales de insumos agrícolas no impulsan campañas de prevención del cáncer ni de otras enfermedades causadas por sus productos. La importación de alimentos en Colombia y en el resto de países latinoamericanos no cesa, al contrario, aumenta, asfixiando la economía campesina local y envenenando nuestras comunidades. 

A pesar de esto, la agroecología, practica promotora de alternativas de economía digna que produzcan verduras, frutas y animales libres de agrotóxicos, toma un nuevo aire entre el campesinado. Aunque esto no se promociona en supermercados de cadena, este tipo de alimentos existen y pueden ser aprovechados si se averiguan los puntos de venta. El camino es largo y culebrero si queremos que la economía campesina se sustente con la agroecología. Un campesino de Nariño, departamento que limita con Ecuador, me dijo que la mayoría de alimento de las familias campesinas es comprado en el pueblo y no cultivado en sus propias fincas. La situación de Nariño no es ajena a la del resto del país.

Hoy en día el hábito de alimentarse adecuadamente es un acto de total rechazo al estilo de vida impuesta por las multinacionales de la comida. Así que si sigue pensando que tener la barriga grande es un símbolo de poder, vive engañado y, peor aún, está poniendo en riesgo su salud. No volví a ver a los barrigones de la charla aquella, ojalá algún día la ropa les quede grande.

El autor es miembro del Coordinador Nacional Agrario - Colombia

Esta actividad en el Valle de Laboyos, la puerta del Macizo colombiano, tiene la finalidad de generar cuidado por los entornos naturales de la zona rural del sur del Huila.

  

La región de sur del Huila se caracteriza por sus ecosistemas estratégicos en biodiversidad y riqueza en fuentes hídricas, como tener a su paso el río más importante del país, el río Magdalena, que atraviesa de norte a sur el departamento del Huila. En él convergen importantes afluentes como el río Guarapas, que está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y su cuenca tiene un recorrido de 71 kilómetros que nace en el municipio de Palestina y desemboca en Pitalito en la vereda Criollo.

Como iniciativa de recuperación y preservación a las fuentes hídricas, en especial a la cuenca del río Guarapas, nació la Fundación Vida al Río en el año 2015, organización sin fines de lucro que busca marcar la diferencia en el municipio por su labor de cuidado al medio ambiente. Su espacio de trabajo está enfocado en el corregimiento Charguayaco, conocido como la puerta de entrada a la Reserva Natural Serranía de Peñas Blancas, un ecosistema estratégico en el sur del Huila que está conformado por 32.973 hectáreas comprendidas entre los municipios de Pitalito, Timaná, Acevedo, Altamira, Palestina y Suaza.

Dentro de los proyectos de la Fundación Vida al Río está Charguayaco Ecoturístico Café y Color; su propósito es la conservación ambiental y el reconocimiento de la importancia del lugar para la comunidad y el planeta. Entre las actividades desarrolladas están las campañas de arborización, recuperación de senderos ecológicos, embellecimiento de las casas, realización de murales dentro del caserío para que sea más agradable la visita a la zona, cine bajo las estrellas, campañas de salud y celebración de ‘San Pedrito’, fiesta tradicional colombiana.

La iniciativa no solo comprende la descontaminación de las fuentes hídricas, sino que se proyecta en la zona sur del Huila como un polo en ecoturismo sostenible, junto a organizaciones públicas y privadas que los han apoyado. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA se unió dando capacitaciones para preparar a la comunidad en este nuevo proceso ambiental.

“Creemos que la gente puede apuntarle a una nueva actividad que no sea solamente el cultivo del café, sino que sea sostenible y que se pueda mostrar su zona como una zona de reserva y de actividad ecoturística, al mismo tiempo que se pueda ir preservando lo que hemos aprendido y enseñado”, afirma Dora Lucía Ruiz, representante legal de la Fundación.

Gracias al trabajo en equipo unieron fuerzas con la comunidad y durante un año y medio han llevado grupos de 15 a 20 personas por los senderos ecológicos para el avistamiento de aves y especies representativas de la Serranía como el mono aullador, el mono maicero y el roble negro, especie endémica de la Cordillera de los Andes registrada en cinco localidades a nivel nacional. En cada visita se preparan jóvenes que participan como intérpretes locales y guías profesionales, quienes relatan la parte histórica y ancestral del lugar, siempre con el objetivo de la conservación ambiental.

Los intérpretes locales son un grupo de voluntarios de 40 niños y jóvenes ‘Guardianes del Turismo y Patrimonio Nacional’ con edades entre los 7 y 17 años, que son capacitados y todos los sábados reciben enseñanzas del reconocimiento de los bienes tangibles e intangibles que tienen dentro de su entorno, y de especies de flora y fauna, para que de esta manera puedan generar sentido de pertenencia por su territorio. Hasta el momento, han logrado graduar a dos promociones como guías locales.

El ecoturismo también se extiende a adultos mayores en el proyecto Club de los 60, donde realizan tardes de esparcimiento y enseñanza en el manejo de los residuos sólidos y la reutilización de materiales para productos del hogar o venta en ferias ambientales. Con la integración de niños, jóvenes y adultos siguen labrando su camino de conservación ambiental y mejoramiento de la calidad de vida mediante su eje central que es la sensibilización para el rescate del medio ambiente.

 

Desde el 2011 no se presentaban movilizaciones tan concurridas como las que hemos visto las últimas semanas en el país, a causa de la lucha por la educación pública. La cuestión actual la iniciaron los profesores, afectados directamente por las medidas estatales.

Quienes presenciamos en los años anteriores las movilizaciones que tuvieron menor repercusión (porque solo eran de estudiantes tratando de resolver sus problemas), vemos en esta ocasión, con mucho asombro, cómo muchas de las dependencias de las universidades, entre departamentos y facultades, han invitado a asistir a todas las asambleas y a participar de las marchas y demás actividades de protesta. Un hecho muy paradójico, cuando anteriormente estas mismas dependencias se mostraban totalmente en contra de cualquier tipo de mecanismo para reivindicar los derechos que se consideraran vulnerados.

Aquellas veces, los rectores amenazaban con la cancelación del semestre cuando se llevaba tan solo una semana de paro, y trataban de estancar la acción de los estudiantes de diferentes maneras. En esta ocasión la cancelación de semestre fue un fantasma que atemorizó a incautos, pues no tenían en cuenta que la colaboración de la administración de las universidades hacía muy poco probable la cancelación, al menos en etapas iniciales del proceso. Muchos de los profesores, en aquellas ocasiones pasadas, con argumentos muy escuetos, deslegitimaban la posición crítica de los estudiantes, llamándolos “mamertos” (desvirtuando la significación inicial de esta palabra), extremistas, apresurados, influenciados por ideologías trasnochadas, etcétera.

Tal vez las opiniones de aquellos profesores apáticos fueron, en realidad, la forma que encontraron para defender su vergüenza por no participar en dichos acontecimientos, por no dar ejemplo y sumarse a las justas reivindicaciones estudiantiles o populares. Aquellas opiniones apáticas se revelan como un síntoma de su síndrome de pies planos que les ha impedido conectar el pensamiento con sus pies, para ponerlo a caminar y hacerlo real.

Ahora las corrientes de las circunstancias, objetivamente materiales, los une y se encuentran cara a cara ante quienes criticaban, y se reconocen en ellos, se identifican y empiezan a luchar por lo mismo. Aunque quién sabe si sea un fenómeno solo de coyuntura…

También han visto su error algunos de los estudiantes apáticos, que otros estudiantes han llamado “impedidos” por su falta de compromiso social, y se han dado cuenta de lo que significa la palabra reivindicación. Han visto que protestar no se hace por el gusto de perder clases, por capricho, porque les encanta el desorden o cosas de ese tipo. Sino que se trata de una necesidad a la que los ha llevado la negativa del Gobierno al no cumplir con lo que mínimamente debe en una democracia: el derecho a la educación.

Esta ocasión especial permitió a los profesores descubrirse como obreros, porque son igual que los demás trabajadores, porque tienen igual dignidad a la que muestran los trabajadores de una fábrica cuando hacen una protesta, y aunque tengan un privilegio que se manifiesta en una cantidad superior de dinero en su cuenta bancaria, igualmente sus derechos son vulnerables. La lucha se ha desatado debido a que sus salarios sufrieron una afectación en términos de ingresos monetarios, concretamente con la Reforma Tributaria de 2016 les quitaron alrededor de 1.5 salarios por año (teniendo en cuenta que son 12 salarios por año) y con la amenaza de reformar el Decreto 1279 de 2002, se preveía que ese recorte subiera a 2.5 salarios por año.

Aunque las motivaciones de las movilizaciones giraron en torno a la lucha por la calidad de la educación superior en el país, esta calidad está asociada con los derechos laborales de los profesores, asociados con su dignidad como docentes, y sus malas condiciones laborales se reflejan en su calidad de vida, sin la cual no pueden ejercer un buen desempeño en su rol educativo.

Qué triste si después de estas generosas jornadas, en que derramaron al menos sudor, vuelven a criticar a quienes les están enseñando a que se respeten sus derechos.

El subsuelo de la Revolución Bolivariana

Por Atilio Borón

 

Prólogo del libro Diario urgente de Venezuela escrito por Marco Teruggi

 

Cronistas y estudiosos de las revoluciones, casi invariablemente, concentran el foco de sus análisis en los movimientos, tensiones y conflictos que se producen en las alturas del Estado: el gobierno, el partido gobernante, los opositores, el imperialismo, “la embajada”, los grandes medios concentrados, las organizaciones corporativas de la burguesía, etcétera. Pocos son los que se internan en las profundidades de los procesos revolucionarios, explorando el sustrato popular que los sostiene, yendo a la búsqueda de actores anónimos que se encuentran en el subsuelo profundo, escuchando sus quejas pero también tomando nota de las razones por las que con sus afanes y luchas cotidianas hacen que la revolución no se venga abajo.

Si un mérito tiene –aparte de muchos otros– este libro del sociólogo y militante revolucionario argentino Marco Teruggi es precisamente ese. Ser un diario, una bitácora del día a día de una revolución. Decir, como lo hace en el remate del día 89 de su larga travesía, “lo que no se cuenta en las historias de las revoluciones, los acontecimientos que cambian el curso de la historia”.

Justamente, ese decir que viene “desde abajo” es lo que convierte a su libro en una obra excepcional y fascinante, que ilumina no solo aspectos por largo tiempo ocultos en la sombra de la experiencia bolivariana sino también cuestiones que, con distintos matices, se han presentado en muchos otros países. Aporta un vívido retrato de la vida cotidiana en la Venezuela Bolivariana sometida al ataque implacable del imperio y también a la ineptitud de muchos de sus burócratas y al cáncer de la corrupción. Se trata de una crónica escrita desde la necesidad de preservar las conquistas de la revolución y narrada con una inusual maestría y, por momentos, con mucha poesía.

A través de sus páginas la lectora o el lector se internarán en las raíces del proceso iniciado por el Comandante Chávez interpelando, como éste lo hizo en vida, a las mujeres y hombres del pueblo, a la masa plebeya tradicionalmente explotada, oprimida y despreciada por la cual Chávez ofrendó su vida. Y este pueblo le respondió –y todavía le responde– reafirmando su fe en la revolución, su confianza en la revolución, su necesidad de revolución. Pero también muestra una diáfana consciencia de sus yerros, sus distorsiones, sus promesas incumplidas; consciencia también de la corrupción que anida en las entrañas de los aparatos estatales y que justifica, por enésima vez, aquella repetida consigna del Comandante: “¡Comuna o nada!”.

La revolución contada por el pueblo chavista produce, en la obra de Teruggi, una crónica vívida y lacerante. A lo largo de más de dos años recogió testimonios de aquellos cuyas voces jamás se escuchan, combinadas con agudas observaciones de los modos de vida y actitudes de las opulentas clases dominantes del Este de Caracas y cuyas fortunas y privilegios han sobrevivido –“¡por ahora!”, como de nuevo diría Chávez– al vendaval revolucionario. Recorrió ciudades grandes y también pequeñas aldeas campesinas; trajinó por las calles y barrios populares y por inhóspitos caminos rurales, compartiendo de la mañana a la noche los  ingentes esfuerzos del pueblo chavista para salvar a la revolución de la inepcia y la corrupción que caracteriza a una parte de sus dirigentes, tan prestos a exhibirse por las calles de Venezuela con la franela “roja-rojita” como para entrar en todo tipo de transa con los contrabandistas (“bachaqueros”) y los empresarios fugadólares y acaparadores.

Teruggi fue testigo y compañero en la lucha de los pobres de la ciudad y el campo frente a los interminables sacrificios que le impone la agresión estadounidense. Pero como allí se explica, no basta con el imperialismo para comprender la causa de los sufrimientos populares. Esta conclusión aparece con nitidez en innumerables conversaciones con la gente de pueblo. El criminal accionar de aquel es evidente, pero también lo es que su eficacia se acrecienta exponencialmente por un mortífero combo de corrupción oficial, ineptitud en el manejo de la política económica, la labor de un invisible pero letal ejército de paramilitares y narcos –invasores promovidos y protegidos por Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos desde Colombia– y grupos mafiosos que pululan por toda Venezuela, la conspiración del empresariado que alimenta sin cesar el “bachaqueo” y hace de la desaparición programada de productos de primera necesidad, sobre todo alimentos y medicinas, fuente de fenomenales ganancias y enormes sufrimientos para la población.

La estrategia de desgaste del  imperialismo y sus lacayos locales es clara y transparente, como ya lo advierte nuestro autor en el día 3 de su jornada: “Hacer de cada acto del cotidiano una batalla, llevar el conflicto a los barrios, empujar a los pobres a especular sobre los pobres, a acusar al gobierno, votar contra el gobierno, desandar lo que es el chavismo, una experiencia popular de organización, politización y movilización”.

Gracias a las agudas capacidades de nuestro autor como analista, observador y participante en la lucha cotidiana por la sobrevivencia de la revolución, la crónica transmite una inmediatez pocas veces vista en este tipo de ensayos. Por eso, su libro es una atrapante radiografía en movimiento tomada muy de cerca, codo a codo, con el noble y bravo pueblo bolivariano que, pese a la frustración que le provoca la exasperante demora –¿o la impotencia?– oficial para resolver sus demandas más urgentes, el temor que le inspiran los  paramilitares y las mafias y los nefastos resultados de un proceso de progresiva erosión de los lazos sociales espoleados por la escasez y las necesidades insatisfechas se empeña heroicamente en salvar la revolución amenazada.

Lo que registra en su incisivo y desgarrador relato –minucioso, exento de hipérboles y grandiosa retórica– es la tragedia de un proceso revolucionario acosado sin pausa por poderosos enemigos internos en connivencia con otros que desde el exterior –los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, principalmente– conspiran para producir la “solución final” al desafío que lanzara Hugo Rafael Chávez Frías aquel diciembre de 1998 cuando fuera elegido presidente de la Cuarta República, luego de lo cual Venezuela, y toda América Latina, cambiarían para siempre.

La mirada de nuestro autor es la de un militante revolucionario que procura con este excepcional documento contribuir al rescate de una revolución amenazada como nunca antes. La gravedad de la situación no puede ni debe ser soslayada. El proyecto emancipatorio de Chávez está herido, y para repararlo habrá que contar con una inusual combinación de lucidez política, eficacia de la gestión gubernamental y ataque resuelto y sin cuartel contra quienes desde dentro, a veces disimulados dentro del chavismo y en otras ocasiones abiertamente desde fuera de él, laboran incansablemente para liquidar el más radical y significativo proceso revolucionario puesto en marcha desde la Revolución Cubana.

Pero junto a una crítica radical, imprescindible para la salud de la revolución, Teruggi exuda en su texto la pétrea solidez de la base social del chavismo, su conmovedora fidelidad al legado del Comandante Eterno que le enseñó a su pueblo que el chavismo es la “redención de los pobres por sus propias manos”.

La derrota o una indigna capitulación serían el preámbulo de una matanza. Nuestras revoluciones, agrego, han sido generosas con sus enemigos. Chávez no disolvió la Corte Suprema que, luego del fallido golpe del 11 de abril de 2002, estableció arteramente que lo que se había producido había sido “un vacío de poder”. Salvador Allende respetó puntillosamente una Constitución oligárquica y las corruptas instituciones de una república que había sido pensada para una minoría. Lula respetó con fidelidad la dictadura mediática de la Red O Globo, pensando que con ello se ganaría sino el apoyo por lo menos la neutralidad de los bandidos que la dirigían.

Esto lo está pagando con la escandalosa sentencia que lo envió a la cárcel un juez que es asiduo participante en los cursos de “goodpractices” que organiza Washington para instruir a sus peones y le costó nada menos que la destitución de Dilma Rousseff. No puede haber duda alguna en el sentido de que una eventual derrota de la Revolución Bolivariana desencadenaría una represalia salvaje, que hundiría al país en un baño de sangre. Pensar en una transición “a la Moncloa”, como algunos politólogos del imperio y sus acólitos latinoamericanos aseguran, es una criminal engañifa. La transición hacia el “post-chavismo”, si llegara a producirse (y espero que no), se inspiraría más en la matanza sufrida por los comuneros con la derrota de la Comuna de París en 1871 o con las fuerzas de Gadaffi en Libia en 2011. Al revés de nosotros, la burguesía y el imperio son implacables: carecen de límites morales, son inescrupulosos y no perdonan.

Como toda clase dominante, matar a los rebeldes, insurrectos, revoltosos, desobedientes es algo constitutivo de su ADN. Decíamos en un viejo texto de nuestra autoría que en Nuestra América aun las más tímidas reformas desencadenan sangrientas contrarrevoluciones. Y, de producirse tan desafortunado desenlace, Venezuela no sería la excepción a esa regla1.

Teruggi, como muchos que compartimos a grandes rasgos su visión, propone salvar la revolución antes de que sea demasiado tarde. No es un académico neutro, un cronista impasible ni un enemigo de la revolución sino todo lo contrario. Es un hombre profundamente identificado (como también lo es el autor de estas líneas) con la nobleza y el patriótico latinoamericanismo del proyecto emancipatorio de Chávez y que cree que la revolución solo podrá ser rescatada de su parálisis mediante una discusión democrática, horizontal, comprometida, del pueblo chavista con sus principales dirigentes y funcionarios estatales para que, movilizados y organizados, se libre una impostergable guerra sin cuartel contra los agentes internos del imperialismo y la reacción: los corruptos dentro y fuera del gobierno, la oposición sediciosa y violenta, los paramilitares, las mafias y los empresarios deshonestos, todos coludidos para derrotar a la revolución.

A lo largo de las páginas de este libro queda demostrado que ésta, como tantas otras que relampaguearon en la historia, solo podrá ser salvada si profundiza el curso de acción, si el gobierno escucha de verdad al pueblo y actúa en consecuencia. Solo un nuevo impulso revolucionario –plebeyo, “desde abajo”, arrollador– podrá salvar a la revolución.

Porque, como lo dijera tantas veces Fidel en relación a la experiencia cubana, “el peor error que hemos cometido fue creer que alguien sabía cómo se hacía una revolución”. Y nadie lo sabe. Los libretos y los talmúdicos manuales esgrimidos sin cesar por los “sedicentes doctores de la revolución” –esos que viven de apostrofar a Maduro, a Evo, a todo liderazgo popular y son ciegos ante los designios del imperialismo– jamás fueron los inspiradores de las auténticas revoluciones. Lo que se requiere es una apelación a la sabiduría popular que se cristaliza en las organizaciones sociales del campo y la ciudad, a ese núcleo duro “chavista hasta la muerte”, ese subsuelo granítico al que nos referíamos en el título de estas páginas que preserva en sus entrañas el futuro de la revolución bolivariana amparado en las dos millones de viviendas otorgadas a los pobres de las ciudades y el campo en los últimos seis años, un record inigualado a nivel mundial.

El gobierno de Nicolás Maduro está sometido a un implacable acoso que ha producido una suerte de parálisis  administrativa de su gobierno. Y no se trata de culpar al Presidente por esto, porque la inmensidad y el carácter multifacético de los ataques han logrado colocar al gobierno bolivariano en una postura reactiva, defensiva. Tiene que parar los golpes de afuera y las traiciones y capitulaciones de adentro; los planes de enemigos cada vez más empeñados no solo en dar vía libre a la contrarrevolución sino inclusive a acabar con su vida.

Bajo esas condiciones gobernar se convierte en un esfuerzo titánico y, en honor a la verdad, hay que reconocer que hasta ahora el presidente obrero ha sabido capear un tremendo temporal. Pero en los últimos tiempos su capacidad para seguir neutralizando las arremetidas en su contra se ha visto debilitada por la demorada –en realidad, ¡muy demorada!– rectificación del rumbo económico y la falta de un combate a fondo contra la corrupción (exigida una y cien veces en los diálogos de Teruggi con la gente de pueblo) ligada con la mafia, los paramilitares y el empresariado y cuyo accionar desangra día a día la legitimidad de la revolución.

Un ejemplo de los tantos lo ofrece en su crónica cuando dice que: “Llega el camión de alimentos, la tensión es grande. El desabastecimiento provoca angustia, miedo, rabia, presiona sobre el pecho y la mesa. Descargan las bolsas para contarlas y organizar la repartición según el censo hecho por el Clap. Debería ser una por casa, pueden ser más debido al hacinamiento, es decir varias familias en una vivienda. Problema: se esperaban 144 bolsas, llegaron 97, desaparecieron 47 en el camino”.

La verdad siempre es revolucionaria, decía Gramsci. Y Teruggi no hace otra cosa que exponer, con el inmenso amor por esa maravillosa tierra bolivariana “que me hizo suyo”, como dice en otro pasaje de su libro (como nos hizo suyos a tantos otros, agregaría yo) esa dolorosa verdad. Con la esperanza de la pronta resolución del problema que con ella se denuncia.

La corrupción es un cáncer que destruye los procesos revolucionarios. Es un mal endémico en el mundo actual, que se manifiesta bajo diferentes ropajes pero existe y actúa por doquier. Ni el Vaticano está a salvo de ese flagelo. A veces la impotencia de los gobiernos agiganta su impacto; en algunos casos se trata de negligencia, en otros de complicidad. Toda revolución lleva en su seno las semillas de la contrarrevolución, y la radiografía que nos muestra nuestro autor devela con enceguecedora claridad esta ley de todas las revoluciones. Fidel, una vez más, advirtió a los cubanos que su revolución sería indestructible desde afuera pero podría sucumbir ante los estragos de la corrupción.

El rentismo petrolero, el fenomenal desequilibrio de los precios relativos (comenzando por el absurdo precio de la gasolina, ahora mínimamente atenuado) y la ruptura de la integración social producida por el “sálvese quien pueda” en la infinidad de colas formadas por la interminable búsqueda de alimentos y medicinas –que o bien son objeto de acaparamiento mafioso-empresarial o que, cuando aparecen, lo hacen con precios exorbitantes por la llamada “hiperinflación inducida”– son todos factores que potencian las tendencias al “bachaqueo” y con éste a la corrupción de funcionarios civiles y militares.

No obstante, como bien señala nuestro autor, pese a esta desafortunada situación, el intervencionismo norteamericano no ha podido todavía reclutar a ningún sector significativo de las fuerzas armadas para que se abalancen sobre el Palacio de Miraflores y pongan fin al gobierno de Maduro. Tampoco pudo convencer a la mayoría del pueblo que abandone la convocatoria que le hiciera Chávez, porque aquél sabe, o presiente, que quienes hoy posan de sinceros y progresistas demócratas son una banda siniestra que, en caso de ser gobierno, sembrarían horror y muerte en Venezuela.

La lealtad popular al chavismo habla del profundo calado que tiene en las clases populares, tanto más significativo si se repara en la desesperación de Washington por poner fin a la Revolución Bolivariana y, con   ello, asestar un golpe mortal a los procesos progresistas o de izquierda que todavía sobreviven en algunos países de la región; o sembrar el desánimo en las fuerzas que bajo diferentes condiciones luchan por construir un mundo mejor. Por todas las razones antes aducidas es que damos una cálida bienvenida a este libro, llamado a ser un importante aporte a la lucha por la continuidad de la Revolución Bolivariana.

En el día 40 de su diario, Teruggi escribe, con palabras que hago enteramente mías, que “cualquier crítica, polémica que pueda darse, nunca deberá olvidar a quien se enfrenta: al imperialismo norteamericano y a sus ejecutores nacionales que tejen planes donde mueren chicos llamados Bryan, se incendian instituciones, se busca la confrontación civil, se intenta un quiebre democrático. Venezuela debe ser defendida, las dudas, incertidumbres, resueltas dentro del chavismo. No existe nada por fuera. Perder no es una opción”. Palabras sabias que debemos extender a procesos similares, sometidos por igual a la brutal injerencia del imperialismo y sus sórdidos aliados locales.

Lo que está ocurriendo últimamente en Nicaragua es parte de lo mismo, como lo es el continuo ataque al que está sometido Evo en Bolivia y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador. Como lo estuvo Rafael Correa, vilmente traicionado por un personaje salido de algunas de las más lúgubres y bizarras tragedias narradas por William Shakespeare. Seremos fieles al legado de Chávez, de Fidel, del Che, de Allende, de tantas y tantos patriotas latinoamericanos de hoy y de ayer que lucharon a brazo partido contra la mayor y más criminal superpotencia jamás conocida en la historia de la humanidad. Y este libro nos ayuda a entender por qué.

Buenos Aires, 31 de agosto de 2018.

 

1. Cf. Estado, capitalismo y democracia en América Latina (Buenos Aires: CLACSO, 2003), pp. 196-205.

*Atilio Boron (Buenos Aires, 1943) es politólogo y sociólogo. Investigador superior del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Argentina (Conicet). Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Director del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia) del Centro Cultural de la Cooperación.

 

Pachakuti”, es un proceso etno-educativo para el fortalecimiento de la cultura ancestral en Pitalito Huila

Pacha traduce espacio-tiempo y kuti retorno. Pachakuti, retorno al tiempo y espacio, que es la conexión entre la comunidad, el cosmos y el hombre; traduce el retorno a la tierra, a la autonomía, a la familia y tradición. Por eso Pachakuti es el nombre que lleva una propuesta de educación que surgió en el 2013 por iniciativa de gobernadores de tres comunidades indígenas: Yanacona, Rumiyako e Intiyacta, que se encuentran en zona rural del municipio de Pitalito, Huila.

El modelo educativo inspirador

Este proyecto educativo ha buscado impactar de forma concreta a través de simbologías; por ejemplo, desde la ruptura de la construcción de aulas en cuadrícula, que ponen en la parte delantera un sujeto que tiene el control sobre los demás. Por eso Pachakuti inició su proyecto Churu-wasi, que traduce casa en espiral, y que consiste en la construcción de aulas en forma de espiral, en representación del mambeo de la palabra, que guarda relación al ritual del mambeo de coca, en el que la comunidad se sienta en torno al fuego.

Yovany, politólogo y filósofo egresado de la Universidad del Cauca, y voluntario en este proyecto desde el 2013, considera que la forma circular de la construcción de aulas les permite mirarse a la cara, sin un poder o fuerza dominante, por eso el nivel del escritorio es el mismo de todos. Él la llama “la apuesta pedagógica del tú a tú”.  

Dentro de los componentes educativos hay otro que tiene gran relevancia y es la recuperación del Runashimi, lengua originaria de la comunidad. El Runa traduce hombre, y Shimi lengua – “La lengua del hombre”. Dentro del proyecto consideran que la lengua no es importante solo por la lengua o distinción, sino que van más allá. Para ellos la lengua es la que enseña de la manera más hermosa la historia y evolución de las comunidades. Del Runashimi, Yovany destaca la palabra Ayllu, que es familia y a la vez comunidad, pues para los Incas un hijo no es propiedad privada, sino que es un ser comunitario.

Otro de los aspectos fundamentales de este modelo educativo es que no está regido por un Proyecto Educativo Institucional, como normalmente lo hacen las instituciones, sino que, como en otras comunidades indígenas, en Pachakuti se habla del Proyecto Educativo Comunitario (PEC). Así, una vez se oficializó la institución ante el Ministerio de Educación, y la secretaría de Educación emitió el acta de legalidad para que Pachakuti pudiera ser o pertenecer a una institución educativa indígena, los gestores de este proyecto empezaron a buscar el agente diferenciador.

Al respecto, Yovany explica que no es solo por la estética, sino por las formas pertinentes a la educación indígena. Así, dentro del PEC se trabaja por proyectos de investigación, específicamente en cinco que tienen como eje fundamental la Pachamama, en donde el docente es acompañante del proceso. Desde ahí cambian las dinámicas, pues el PEI funciona a través de cátedra y el docente tiene un papel protagónico en el proceso. 

Mientras que en la educación occidental, como ellos la llaman, se manejan alrededor de 12 áreas de trabajo, en Pachakuti se manejan cinco: Literatura y pensamiento crítico, que tiene dentro de sus temáticas lenguaje y filosofía, en los que se enfatiza en lectura crítica, gramática, en temas propios y el análisis del  contexto, para tener una visión crítica de la realidad; Interculturalidad y gobernabilidad, donde tratan temas relacionados a derechos humanos, La Colonia, Derecho mayor, ética y valores; Arte y expresión del espíritu, que incluye artística y educación  física; Yupana, que guarda relación con trigonometría, cálculo, estadística; y finalmente Chakra, que trabaja biología, física y química: la interacción entre el hombre, el cosmos y lo productivo.

 

Niños institución Pachakuti y su proyecto productivo de siembra

 

El mundo no es perfecto, la perfección es un ideal

El contexto rural del municipio de Pitalito, en el que crece la institución, es muy complejo. El estudiante no tiene mucha proyección, y su familia en ocasiones cree que el único futuro de sus hijos está en el manejo de la tierra, además existe una programación mental que hace tener la idea de la educación lineal, lo que genera poca autonomía en los estudiantes.

Dentro del proceso educativo tienen claro que el estudiante debe ser integral. Yovany meciona que como docentes no lo saben todo, pero ha sido el espíritu de investigación lo que los ha hecho avanzar. Para algunos docentes, durante el proceso también ha sido difícil dejar a un lado la educación lineal de la que han sido resultado.

Por otro lado, la comunidad Yanacona ha reducido su visión a una individual dejando a un lado su esencia. Por eso el proyecto educativo Pachakuti es una apuesta por recuperar la cultura Yanacona y mostrar otros posibles futuros a jóvenes de la comunidad. De cuatro promociones hay doce egresados, de ellos hay una joven estudiando artes plásticas en la universidad, y dos con proyección de estudiar. “Lo que queremos es que los estudiantes retornen a la comunidad una vez hayan salido de su formación profesional, que entiendan el valor y riqueza que poseen, no queremos que los jóvenes sientan vergüenza por sus costumbres y creencias. Por eso la apuesta del proyecto es tan grande e incluyente”, menciona Yovany.

 

 

 

 

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