Natalia Andrea Peña Chacón

Natalia Andrea Peña Chacón

Son las 6:20 de la mañana. Bayron Andrés Quinayas se despierta como de costumbre para empezar su jornada escolar. Luego de organizar su cama, se viste. Mientras, su mamá Tirza Quinayas le organiza el café y el pan para que desayune. Se sienta, se alimenta y a eso de las 6:50 se dirige a su colegio. Bayron vive en el Cabildo Intillagta que fue asentado hace 16 años en la vereda Cabuyal del Cedro. Ahí mismo está la Institución Educativa PachaKuti, sede Yachaiwasi –Casa del conocimiento–, construida hace seis años. Entre sonrisas, saluda a sus compañeros, compañeras, profesores y profesoras. El colegio cuenta con pocos salones de ladrillo y cemento, está construido entre montañas y árboles. Hay salones en tablas, y otros en guadua y tejas de zinc, como en el que está Bayron.

Bayron es un joven de 14 años, tiene cuatro hermanos, él es el penúltimo. Su piel es morena y su sonrisa blanca. Es extrovertido, cariñoso e inteligente. Sus profesores dicen que es un chico pilo, comprometido y muy solidario. La relación con sus compañeros y compañeras es buena. Hace aproximadamente un mes fue postulado para ser el gobernador estudiantil de su colegio, espacio que ganó con 64 votos. Hoy hace parte de la directiva estudiantil, conformada por gobernador, vicegobernador, secretaria y tesorera, un equipo que –explica él–, busca trabajar por su colegio, profesores, profesoras y estudiantes. Cuando estaba en cuarto de primaria también lo fue.

Son las 9:40 a.m., la hora de salir al descanso. Los niños y niñas corren, unos van a la tienda y otros van a la cocina por un tinto y maíz, pero Bayron se dirige a su casa a comer. A las 10:00 a.m. ingresa de nuevo a clases, esta vez en la Biblioteca Kusi Kilkakatina que significa “Leer con alegría”. Allí inicia la clase de lenguaje y filosofía, orientada por el profesor Carlos Julio Bolaños Ordóñez. Dentro de la biblioteca hay aproximadamente 15 estudiantes de grado octavo y noveno, es un solo grupo. Como en todo salón de clase, hay unos que atienden lo que dice el profesor o sus compañeros (porque están en exposiciones), y otros que solo se ríen y murmuran.

Actualmente, la sede Yachaiwasi cuenta con seis profesores y aproximadamente 115 estudiantes. Las asignaturas están trabajadas mediante proyectos y reciben los nombres de interculturalidad y gobernabilidad (ciencias sociales y geografía), lenguaje y filosofía, chagra (ciencias naturales), arte y expresión del espíritu (artística), yupana (ciencias exactas) y runa shimi (lengua nativa). Bayron cuenta que cada una de ellas maneja sus propios enfoques y que lo que más le gusta es que permiten que los temas sean de libre elección, la educación de su comunidad no es impositiva y es muy práctica. Mientras sus compañeras terminan de exponer, una de las niñas que se encuentra en el público le informa al profesor que ya son las 12 p.m. y que tienen hambre. Todos y todas se dirigen al restaurante escolar, donde les dan la comida y comparten con el resto de la comunidad.

En la cancha hay niños y niñas jugando microfútbol, otros corren, gritan, cantan y algunos están en sus celulares al lado de la biblioteca, el único lugar con acceso a internet. Bayron, aunque no tiene celular, está sentado en el muro que queda afuera de la biblioteca, charla con uno de sus compañeros más cercanos y con quien más hace trabajos. Miran la hora y a eso de las 12:20 p.m. corren apresurados al restaurante. No recordaban que ya casi su descanso terminaba y debían volver a la clase. A la 12:30 p.m. arrancan otra vez las exposiciones con mapas conceptuales que dibujan en el tablero, otras con apoyos en diapositivas y otras sencillamente charladas y guiadas por apuntes del cuaderno. Allí se habla de la colonización, la historia del imperialismo y los burgueses que han hecho que los pueblos indígenas desaparezcan. Esta historia no es narrada como en las aulas de la educación tradicional, donde niños y niñas se disfrazan para representar a La Niña, La Pinta y la Santamaría. Aquí cuentan esa historia en el que los pueblos indígenas se volvieron más resistentes y perseverantes por la defensa de su cultura y de su territorio. Octavo y noveno están en exposición, pero décimo y once inician su clase de voleibol. Arman los equipos y empieza el juego. La profesora lleva el puntaje, marca su cuaderno mientras los chicos y chicas gritan y ríen de lo bien que juegan unos y de lo mal que lo hacen otros.

Bayron cuenta que la educación de su colegio le gusta mucho, dice que llegó a estudiar en tercero de primaria, cuando tenía ocho años de edad. Al principio fue complicado, le daba pena porque era un colegio indígena, pero gracias al profesor Lino Hernando –rector del colegio–, aprendió a amar su cultura. Él nació en el Cauca, su madre también es nativa de esas tierras, pertenecía a un cabildo. Cuando llegaron al Huila estuvieron en Bruselas, un corregimiento de Pitalito, allí Bayron inició sus estudios en la I. E. José Eustasio Rivera, pero cuando su mamá supo que estaba el Cabildo Intillagta no dudó en llegar. Así es como ahora Bayron, en grado noveno, sigue siendo parte de la I.E. Pachakuti, sede Yachaiwasi.

Bayron ama su educación, porque le enseñan a querer, valorar y respetar los derechos de los indígenas. En el colegio existe el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), con el que buscan relacionar a cada persona con la investigación enfocada en el respeto de su cultura. La educación propia no es un capricho, la Constitución Política de Colombia la ampara como un derecho de los pueblos indígenas en sus artículos 7 y 10 donde reconoce la diversidad y los lenguajes de los grupos étnicos como oficiales en sus territorios. Los temas se hacen con libertad, los profesores no los imponen y siempre buscan fortalecer su identidad y memoria. “Siempre se hacen los trabajos porque les gusta y no porque toque y así rinde más, el aprendizaje es diferente”, dice Bayron mientras sonríe, y agrega que le ayuda a salir de la categoría de alumno, que significa “un ser sin luz”, para volverse un estudiante.

La tarde está fresca, la brisa mueve las hojas de los árboles y el pasto de las montañas, empieza a caer la lluvia y los estudiantes salen de sus salones. Las clases terminan. Recogen la malla y el balón de la cancha, y en la biblioteca organizan sillas, libros, computadores, y el televisor. Bayron y su amigo hacen el aseo, barren, trapean, recogen sillas y luego de terminar, todo vuelve a su sitio, porque a las dos de la tarde inicia un curso sobre manicure y pedicure. Los cursos que dictan suelen hacerse en la biblioteca, el único lugar con el espacio suficiente, donde se guardan adecuadamente las herramientas.

Bayron se dirige a su casa, saluda a su mamá y a sus hermanos, organiza los cuadernos y revisa las tareas para el otro día. Tiene una pasión por escribir poemas, por expresar a través del papel y del lápiz esas cosas que con su boca no puede. Los poetas lo envuelven fácilmente y se pregunta cómo hacen para escribir cada palabra. El amor a la poesía se lo debe al profesor Yovani Delgado, uno de los profesores que más le agradan. Aunque antes se dejaba llevar por comentarios como “el profesor es aburrido”, ahora dice que no es así. Gracias al profesor Yovani sabe que cada palabra o pensamiento que tenga, lo puede llevar directo a su cuaderno, y luego leer otros autores para perfeccionar sus poemas. Bayron admite que le da pereza leer historia o textos para las tareas, pero que si se trata de poesía, es otra cuestión, así como hablar de la música. Él es apasionado por el arte.

Después de haber terminado sus tareas, Bayron sale a jugar con sus amigos un deporte que práctica en motos y se llama stun. Son aproximadamente las 5:00 de la tarde y la lluvia se pone un poco más tensa. A eso de las 6:00 p.m., Bayron vuelve a su casa para organizar lo que necesita para iniciar un nuevo día escolar.

 

En el Putumayo, la Minga Indígena no ha terminado. Ya se cumplen aproximadamente dos meses de unión y resistencia, desde que bastones, banderas y plegarias se convirtieron en el arma de los pueblos indígenas para enfrentar cualquier amenaza y reclamar sus derechos.

Aunque la minga cumple 46 días, sus antecedentes se remontan al 2010, cuando gracias al liderazgo de José Homero Mutumbajoy, del resguardo Inga de Tunguillo, las comunidades se alzaron contra la violencia. La minga resurgió en el 2012 y se consolidó en el Resguardo de Condagua, donde llegaron a acuerdos con el Gobierno nacional que hasta el momento han sido incumplidos; por eso renació la “Minga de Resistencia”, un movimiento que hoy busca la creación de mesas de diálogo que permitan resolver las problemáticas en materia de territorio, derechos humanos, consulta previa, cultivos ilícitos, seguridad de líderes y lideresas, entre otros.

Los guardianes

En medio de la vía que desde Pitalito conduce al departamento del Putumayo, a 18 kilómetros de la ciudad de Mocoa, está la vereda Yunguillo, donde este proceso de resistencia ha tenido lugar. Sobre su carretera, se encuentran aproximadamente 200 personas que conforman la “Guardia Indígena”, es decir, los encargados del cuidado de la comunidad.  

Entre bastones y filas, la guardia visualiza a las personas que transitan su territorio, pero además da a conocer los motivos de esta movilización a los conductores de camiones, volquetas, carros, buses y motos por medio de volantes y de sus voces.

La cultura y la ancestralidad para muchos tienen poca importancia, pero para los pueblos indígenas siguen siendo vigentes. Los Cofán, Awá, Pastos, Inga, Yanacona, Coreguaje, Kamentsá, Siona, Kichwa, Murú, Emberas, Pijaos y Kiyasingas, buscan fortalecerlas en sus niños y niñas, y es por eso que en la Guardia Indígena se puede participar desde los siete años hasta los 150. En Putumayo son aproximadamente 700 participantes, de los cuales hacen presencia 200, acompañados por su bastón de mando. Su chaleco posee el nombre del pueblo al cual pertenecen y sus cintas identifican los colores de su bandera.  

La Guardia Indígena “es la parte fundamental del equipo humano para apoyar a las autoridades con el proceso de protección del territorio. Es la autoridad que protege los lugares sagrados, la parte espiritual de nuestros Mayores, las cordilleras donde nace el agua, la medicina, las montañas. Ese es el valor de ser guardia dentro de las mingas”, añade Luis Jansasoy Quinchoa, coordinador del grupo Cuidadores de la Madre Tierra. A su lado está Sinaida Yucurujaca, una mujer guardiana. Ella muestra la importancia de su rol dentro de la familia, dice que ser guardiana es una manera de mostrar la equidad, de apoyarse mutuamente con el hombre, y que ellas también son capaces de cuidar a su comunidad.

La comitiva de la Minga

Entre kioscos y senderos está reunida otra parte de la familia. Unos descansan mientras sigue su turno en la guardia, los otros organizan la comida y la bebida para sus compañeros y compañeras. En la hoguera hay una olla grande, la denominada “olla india”, mujeres y hombres preparan los ingredientes, pican la papa, la yuca y otros cargan el agua, porque se encuentra en un tubo a unos seis metros de la carretera.  

Cuando el almuerzo está listo, Luis hace el llamado. “El fisco -nombre que le dan al alimento- ya está para que pasen primero”, les dice a las mujeres. Luego, el grupo de “los “tigres” se dirige a la hoguera, y así sucesivamente va avanzando la comitiva indígena. Un hombre alegre, risueño y amigable es quien sirve la comida. Con un plato sopero saca el alimento de la olla para servirlo a las demás personas.

Se escuchan risas y chistes mientras comparten la comida: “Ya vienen los antimotines, para que les guarden la comida”, haciendo referencia a lo sucedido el lunes 29 de abril, cuando fueron atacados por el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD). El arroz se acabó y los últimos de la guardia esperan. Unas 12 personas rodean la hoguera esperando el arroz, y otras más, pendientes por si se podía repetir. La comida en la minga es otro de los temas para recordar el trabajo en equipo. Siempre se acompañan mientras se alimentan. Entre adultos, niños y niñas, se mandan razones y así llegan al kiosco por el “fisco”.

El lugar sagrado, el lugar espiritual

A cinco minutos de la vía nacional, está ubicado el resguardo Condagua. “Este espacio particular es un resguardo tradicional, sagrado, que le pertenece a los Inga. Siempre buscamos un espacio de territorio propio, es aquí donde está la armonía, la espiritualidad y el ejercicio de la territorialidad”, expresa Mary Rojas, hija del pueblo Pastos, mientras el sol empieza a salir y los niños y niñas juegan descalzos en medio del barro.  

Al lado izquierdo del territorio, está la tienda Samuych Suma Samay –Bienvenidos a la casa de la sabiduría– de don Ramiro Silvino Chindoy, médico ancestral, quien da el conocimiento espiritual por medio de la medicina de la ayahuasca o yagé, al comenzar algún evento. Ramiro cuenta que en cada reunión busca orientar el pensamiento, darle amor a la palabra junto a la ayuda de los abuelos y la medicina, para que todos lleguen a un equilibrio y así se pueda tener unidad en la minga.

Mientras sonríe y muestra sus dientes blancos, dice que la toma del yagé también es importante, pues por medio de ella se brinda apoyo a los hermanos que están al frente para fortalecer cada comunidad. En su casa construida en madera hay una habitación con todas sus plántulas, bebidas, piedras y demás elementos. Allí hay una silla con forma de cama, y un ventanal para visualizar el horizonte, adornado con árboles, montañas y animales. Ramiro narra la historia y el uso de cada una de las plantas presentes. “Estas son las que permiten la armonización”, dice. Cuando reciben los ataques del ESMAD, se encarga de ayudar a eliminar todo el gas tóxico dejado por los gases lacrimógenos; por medio de alguna bebida para vomitar inicia la limpieza. La medicina “es la unidad de pensamiento de la Minga de Resistencia”.

Frente a la casa de Ramiro hay un salón comunal, ahí se reúnen gobernadores y autoridades de la Organización Zonal Indígena del Putumayo (OZIP), y representantes del gobierno de la ciudad de Mocoa. Está presente la Defensoría del Pueblo. La comunidad da a conocer las agresiones recibidas y presentan los cartuchos con los que fueron agredidos varios indígenas. Los funcionarios mencionan las denuncias recibidas y manifiestan que los indígenas han atacado con disparos a los del ESMAD, acción refutada por los y las gobernadoras. La “única arma física ha sido el bastón”, dicen.

Mientras cae la noche en el resguardo Condagua y la reunión continúa, la guardia empieza a llegar, se sientan alrededor del salón, en una cancha de barro con poca iluminación. Entre los murmullos se escuchan personas que hablan sobre la reunión con delegados del Gobierno nacional para alcanzar un acuerdo frente a las falencias presentadas y por la defensa de su territorio. Pero una vez más, y por quinta vez en estos dos meses, el gobierno dejó la silla vacía.  

Lo que inició en una clase de español de la Institución Educativa Caguancito, poco tiempo después se convirtió en un espacio autónomo de la juventud rural de este corregimiento. Aproximadamente 18 jóvenes integran hoy los Colectivos Juveniles de Comunicación Rural, divididos en dos espacios: Colectivo Recolectores de Historias y Voces del campo. La iniciativa ha tenido el acompañamiento de la Asociación Cultural y Ambientalista del Sur (ACAS), y también ha recibido apoyo por parte del Ministerio de Cultura y la Pastoral Social, en el marco de los proyectos de Construcción de Paz e Incidencia.

Este proceso ha sido fortalecido desde formatos audiovisuales y radiales en los que se muestra la importancia del cuidado de la naturaleza, el tiempo libre en el colegio, las problemáticas de su territorio, la falta de oportunidades por la corrupción, la poca cobertura del sistema de educación, y sobre todo, un manejo sobre los hechos trascendentales que se dan en el país y que involucran a toda la comunidad, como lo fue el caso del proceso de paz y la reforma rural integral.

Una juventud que quiere ser escuchada
Los miembros de estos colectivos son todos estudiantes de bachillerato, algunos están en octavo y otros en el grado 11, tres son menores de 14 años, y los demás en su mayoría tienen 16. Ellos son instruidos por José Rafael Rodríguez, a quien los chicos lo llaman con cariño y aprecio “Rafa”. Él es la persona que les ha brindado acompañamiento desde el año 2016 y el que ha tenido la tarea del “rebusque” para lograr conseguir la dotación de ACAS, así como la financiación de sus proyectos y la de los equipos como portátiles y grabadoras digitales para realizar sus procesos de producción y edición de los contenidos radiales y audiovisuales.

Angie Cristina Acosta pertenece al Colectivo Voces Rurales, es una joven que ha participado de este espacio desde el año 2016, y expresa que “nosotros también pensamos, opinamos y podemos hacer grandes aportes a la comunidad, nos pensamos como representantes de los jóvenes pero no solo de aquellos de la ruralidad, sino también de la zona urbana, porque tenemos la misma capacidad que cualquier joven”, y resalta que este tipo de procesos genera nuevos puntos de encuentro con sus amigos diferentes al colegio, y que son espacios para conocer y aprender.

Por su parte, Breiner Yefrei Torrres pertenece al Colectivo Recolectores de Historias, y ve el trabajo como uno de los pocos espacios que tienen para ser escuchados, para preparase para un futuro. Invita a la juventud a que despierte, a que se cuestione y recupere la curiosidad para resolver sus propios interrogantes.

De igual forma, Yinni Lizeth Vela Murcia lleva cuatro meses en el colectivo y, sin importar el tiempo, reconoce el valor que tiene el hecho de ser parte de este proceso: “Es importante porque en la mayoría de lugares que uno va tocan temas políticos y creen que un joven no tiene derecho a opinar sobre algo, porque la gente piensa que nosotros debemos estar enfocados en el televisor, en redes sociales, por eso es importante que decidan elegirnos o estar involucrados en este espacio para ser reconocidos”.

Expandir la familia juvenil es el deseo de todos sus integrantes, sin embargo, no es la única meta propuesta. Existe un deseo profundo y sincero de ser reconocidos y apoyados por actores locales como las instituciones gubernamentales. Por eso pretenden crear espacios de socialización con la Junta de Acción Comunal del corregimiento, con concejales y el alcalde Edgar Bonilla Ramírez, con el fin de presentarles su trabajo y coordinar algunas acciones, sin perder su identidad y autonomía como proceso juvenil. Ellos quieren ser escuchados, poder contar con un espacio en la radio y uno físico propio, donde puedan continuar adelantando sus iniciativas y proyectos con sus respectivas dotaciones.

Creaciones técnicas
Frente a los procesos audiovisuales que han venido realizando, tienen la iniciativa de crear nuevos espacios de contenidos como la transmisión en vivo de algunos programas. De igual forma, pretenden una mejora en temas de acceso a la conectividad para cerrar poco a poco las brechas sobre las TIC, pero con un trasfondo más político, que permita observar, cuestionar y contribuir al mejoramiento de los diferentes procesos de comunicación y al mismo tiempo a fortalecer el territorio y la identidad juvenil.
Por su parte, la juventud rural busca la reivindicación de sus realidades y expresiones mediante procesos propios, ya que “la juventud rural se puede definir como una generación de luchadores que está tratando de sacar adelante lo que llevaron sus antepasados y ancestros, mejorarlo porque aquí es muy precario”, manifiesta Breiner Torres.

La juventud rural debe ser apoyada por diferentes herramientas tanto tecnológicas como culturales y sociales, que permitan fortalecer las características de su territorio. Con un fuerte mensaje para la comunidad en general, dicen que tienen claridades frente a sus capacidades y en estos tres años de trabajo han demostrado que pueden hablar de paz y reconciliación, adelantar noticieros, abordar asuntos como la urbanización del campo y expedir sus propios productos rurales radiales.

Han logrado consolidar en la comunicación una estrategia capaz de generar empatía en la juventud, de ser un espacio alternativo de encuentro y diálogo colectivo, y una herramienta que permite cuestionarse aquello que dicen los medios corporativos y especial para abordar los asuntos de la comunidad de forma pedagógica y participativa, por este motivo la comunicación es el elemento fundamental en la libertad académica y social.

Finalmente, son estos los procesos que requieren continuidad y ser acompañados respetando sus particularidades, para permitir que se creen más, que más jóvenes ocupen su tiempo libre en actividades alternativas y comunitarias, y que dicho ejercicio comunicativo permita fortalecer la identidad juvenil y el tejido social de las comunidades. Estos desafíos son grandes y requieren tiempo, pero ACAS y los Colectivos Juveniles de Comunicación Rural son un ejemplo de constancia y disciplina que muestra que todo vale la pena.

San Agustín es un municipio del Huila reconocido por su historia artesanal y arqueológica, y declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1995. Algunos de sus habitantes se han dedicado a conservar y transmitir sus prácticas ancestrales para el fortalecimiento de su identidad cultural. Esta región arqueológica no solo es habitada por sus nativos, pues cantidad de extranjeros se reconocen como hijos adoptivos de ella.

El 14 de abril se dio apertura a la “XIX Feria Artesanal un espacio de arte, naturaleza y espiritualidad”, denominado así por la Secretaría de Cultura. Durante su inicio se homenajearon a maestros artesanos que han dedicado sus vidas a este oficio; la señora Dolores Urbano Muñoz, José Guillermo Urbano Urbano y Rubén Darío Morad Gómez.

La organización y ejecución de este evento está a cargo de la Secretaría de Cultura, Turismo y Deporte, quien se articula a la Parroquia municipal, en cabeza del párroco Oscar Javier Vargas, para hacer la programación y el desarrollo de la Feria Artesanal. Sin embargo, algunos artesanos se encuentras insatisfechos con esta decisión, pues consideran que se han encargado de pregonar la religión católica por encima de sus prácticas artesanales.

La noche del martes 16 de abril se llevó a cabo una presentación teatral en la que niños y niñas portaban vestuarios alusivos a las imágenes de los santos de la religión católica. “Se ha mezclado un poco de religiosidad en el tema. Se ha experimentado con grupos de teatro y de niños que hacen su mejor esfuerzo, pero no están acorde al contexto de la feria que es artesanal, sin estar ligada a ninguna religión”, declaró el artesano de pirograbados, Brayan Alexis Rubiano Buendía.

Por la misma línea se manifestó Darwin Fidel Prieto, artesano de lutería: “Yo no digo que ser católico sea malo, yo digo es que las cosas deben tener su identidad y un sentido de pertenencia, y esto acá no se ve. Sencillamente se le ha dado mucha potestad. Esto parece que fueran los años 50, 60 y 70 donde el obispo es el presidente y el padre era el alcalde del pueblo”.

La secretaria de cultura del municipio, Adriana Catherine Adarmes, explicó que “se tuvo en cuenta el turismo religioso por la semana mayor o semana santa para todos los cristianos y la máxima influencia de personas”.  

“La feria esta bonita, pero la feria no es 100% artesanal, eso es lo que se ha podido evidenciar, lo que uno mira como artesano.”, declaró Matías Gastón Blanco Marino, artesano argentino e hijo adoptivo de San Agustín desde hace dos años. Esta aseveración la hace en crítica por los llamados ´revendedores´ que han ocupado gran espacio de esta Feria Artesanal.

 

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El punto de encuentro está en la Plaza Cívica. Cuenta con 90 stands o casetas aproximadamente. Cada uno de estos se dio por sorteo de balotas, según la Secretaria de Cultura. A pesar de ello, los artesanos dieron otra versión sobre el método de repartición. “Se canceló y por orden de pago fueron asignando el puesto”, declaró Daniela Sofía Muñoz. El equipo de Periferia Prensa Alternativa, preguntó si se había hecho algún sorteo para la asignación del puesto, y al respuesta fue la misma: fue por orden de pago.

Por otro lado, algunos artesanos se han sentido excluidos por la ubicación de su caseta, porque para llegar a ellos hay que pasar por una tarima que limita con escombros, bolardos, tubos y con muy poca iluminación. Darwin Prieto indicó: “El espacio está lleno de escombros, la tarima impide que la gente pase, hay dos bolardos y un tubo que prácticamente funcionan de cerco. El circuito de stands está organizado para que la gente de una vuelta y prosiga, eso es gravísimo porque hay sectores donde la gente no va a llegar y las personas no van a hacer ni siquiera para pagar el stand”.

Como si fuera poco, por la falta de organización no se tuvieron en cuenta las prácticas de los participantes respecto al uso de las plazoletas, pues entre las artesanías también están los alimentos, las bebidas y la venta de plantas. Faiber Alfonso Huesaco, vendedor de comidas, afirmó: “Hubiese sido bueno que estuvieran por sector, que queden separas comidas, artesanías o lo que tengan las personas para vender”.

 

¿A quién beneficia la Feria?

Más allá de temas de organización e infraestructura, lo que ha mostrado esta XIX Feria Artesanal es un clientelismo por parte de algunos locatarios. Darwin Fidel, dice: “La artesanía agustiniana no se está viendo, no se está sintiendo. Hay intereses políticos que no permiten que haya una muestra integral de lo que es la artesanía. Es un problema tenaz de fondo, la mala organización, las roscas y los círculos alimentados por la política y los intereses familiares. Esto es una dura crítica que se hace a la organización de esta feria”.

De igual manera, Matías Blanco, lo manifestó al equipo de Periferia Prensa Alternativa: “Segundo Cerón es un concejal de acá, y la mayoría de artesanos son familiares, que cuando hay reuniones llaman a otros familiares, entonces ganan la mayoría de los que “tienen” que ganar, ese ha sido el inconveniente”. Blando no fue el único en denunciar los interesas a favor del concejal. “Un sobrino del concejal Cerón, obtuvo un puesto como “Maestro de Artesanos” y él no lo es”, manifestaron.

De este modo, consultamos con la Secretaria de Cultura qué relación había entre el concejal y el evento. Su respuesta, en vez de ser esclarecedora, siembra dudas sobre la relación que hay entre la Administración municipal, y los concejales, encargados naturales de hacerle control político. “El concejal Segundo Cerón es artesano y tiene a toda su familia que es artesana y pertenece a la administración municipal. Por su puesto, hace parte de la administración municipal y hace parte de la organización por ser artesano”, manifestó la funcionaria.   

Los espacios de participación que buscan el fortalecimiento de la identidad cultural del municipio de San Agustín, se han ido anclando a temas políticos, económicos y con un alto grado de influencia de la iglesia católica. La Feria Artesanal se convirtió en fuente económica para las entidades estatales y de regocijo de la parroquia municipal.

Saturday, 16 March 2019 00:00

¿Cómo defiendo mi territorio?

El jueves 14 de marzo, en el marco de la conmemoración del día Internacional en contra de las represas, diferentes actores sociales que luchan por defender el territorio participaron en el Encuentro Campesino realizado en el municipio de Oporapa, Huila.

Esta integración tuvo como eje fundamental las preguntas: ¿qué es defender el territorio? Y ¿soy defensor del territorio? De las cuales surgieron respuestas que conllevan a promover la movilización social por aquellas problemáticas que afectan a cada comunidad, pero también a entender que el cuidado del territorio se da desde el pensar y actuar de cada persona que habita el planeta y que desde esta perspectiva se puede luchar contra cualquier proyecto que ponga en riesgo el bienestar del ambiente y el ser.

La actividad organizada por la Asociación Social No a las Represas en el Territorio (ASONARET) contó con la participación de aproximadamente 150 personas entre líderes sociales, alcaldes, concejales y organizaciones como Plataforma Sur, sindicatos de PJA y campesinos. De igual forma, estuvieron presentes diferentes delegados de los municipios del sur del departamento como Pitalito, Acevedo, Salado Blanco, Elías e Isnos, y dos grupos de investigación de la Universidad Surcolombiana, Insurgentes de la ciudad de Neiva y Comunicando Sur de Pitalito.

El Encuentro Campesino, aunque es una fecha de conmemoración, busca principalmente resaltar la fuerza campesina, apoyarla y fortalecerla, así lo dijo Robinson Sánchez, presidente de AZONARET, quien además recalcó la importancia que tienen estos espacios.

Durante el desarrollo de la actividad, intervinieron Lorena Gómez, funcionaria de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM),  y  Oscar Andrés Hernández Bolaños, integrante del grupo Defensores del Territorio del Sur del departamento del Huila, ambos explicaron las razones por las que resulta imprescindible saber los tramites administrativos y legales de las gobernanzas participativas, las competencias de los Concejos Municipales y las herramientas que están al servicio de la ciudadanía pero que no se utilizan por desconocimiento.

 “Es importante tener incidencia en los procesos de ordenamiento territorial, no solamente en los documentos de planes básicos y esquemas, sino de lo que habita alrededor de ellas como lo son los cuidados de las áreas protegidas, que tienen categoría de Parques Regionales Naturales y de los Distritos de Manejo Integrado que actualmente se están construyendo y definiendo sus planes de manejo. Esas incidencias deben tener un blindaje real para ejercer una protección definitiva en torno a la administración de los suelos de los territorios de las reversas ambientales, para que repercutan de manera directa en el resto del territorio de las entidades territoriales, por ello es primordial que la gente participe. Esto constituye un renglón primordial en lo que tiene que ser la lucha y la defensa del territorio acompañada por la movilización social”, manifestó Oscar Hernández.

Otro aspecto fundamental de estos encuentros que se han realizado desde el año 2015 en Oporapa, es el hecho de participar como municipios en la implementación de propuestas y tareas que fortalezcan cada una de las organizaciones, Juntas de Acción Comunal y actores organizados y no organizados que quieren proteger su territorio, pues como lo afirmó José Herney Trujillo, líder comunitario, “el territorio es nuestro, entonces lo nuestro tenemos que defenderlo”.

Asimismo, Tatiana Salamanca, asistente al encuentro, aseguró que: “Considero que es importante defender el territorio por ciertos aspectos: primero el ambiental, ya que el Huila cuenta con grandes reservas y además tiene el río Magdalena que es uno de los más importantes del país, y si dejamos que multinacionales intervengan con el fin de realizar proyectos de extractivismo o minero energético empezaremos a ver cómo afecta el clima, las tierras fértiles ya no serán productivas, y la contaminación será abundante. Ahí surgiría una crisis social, puesto que nuestros campesinos se verán afectados en cuanto al desarrollo económico en el sistema agrícola y por ende toda la comunidad estará afectada, porque ellos son quiénes nos dan el alimento. También es un tema cultural porque si somos obligados a despojar los lugares en donde vivimos, estaríamos acabando con cierta cultural, ya que el lugar donde vivimos no es solo el pedacito de tierra, sino dónde hemos creado costumbres”

Finalmente, para cerrar el evento, los participantes enviaron un mensaje de resistencia y apoyo a la minga indígena que lucha por sus derechos sociales y ambientales en el suroccidente del país.

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