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En el barrio nos vemos, Juli

Por  Blandine Juchs

"¡Siempre adelante en defensa de la alegría y la esperanza, en el barrio nos vemos!", así firma Julián Gil los comunicados y mensaje que publica con regularidad desde que está preso en la Cárcel La Picota de Bogotá hace más de 730 días.

Julián Gil es uno de los líderes sociales que son víctimas de montajes judiciales por parte de la Fiscalía General de la Nación, que vincula reconocidos líderes sociales con hechos atribuidos a la insurgencia armada de Colombia. La criminalización es una estrategia utilizada contra el liderazgo social, busca deslegitimar mediáticamente, calumniar y en algunos casos judicializar o hasta asesinar a quienes denuncian el estado actual de las cosas.

El proceso judicial de Julián ya venía sufriendo numerosas dilaciones por parte de la Fiscalía, quien niega a la defensa el acceso a pruebas esenciales, por ejemplo el testimonio completo de la única persona que lo vincula como autor intelectual de un atentado frustrado. La fiscal se opuso también a que la defensa de Julián tuviera acceso a su propio registro de llamada en los tiempos que sucedieron los hechos por los que se le acusa, y así poder comprobar que no tuvo nada que ver con quien lo acusa.

La defensa de Julián tuvo que recurrir a la figura de la tutela para acceder a las pruebas. Es uno de los tantos ejemplos de dilación de la justicia colombiana. La pandemia y su efecto en las cárceles empeoró la situación, el sistema de justicia colombiano autorizó el sistema de audiencia totalmente virtual, lo que no ofrece las mínimas garantías al debido proceso. Además de los problemas de conexión, no permite la comunicación entre defendidos y defensores, mientras que si permite que la Fiscalía haga las suyas con los testigos que en la tranquilidad de su casa pueden arreglar sus testimonios. Más grave aún, la cárcel no ofrece las garantías para que los presos puedan salir de sus patios y llegar a las salas de audiencia virtual con mínimas condiciones de bioseguridad. Por ejemplo teniendo la posibilidad de lavarse las manos al regresar al patio. 

El Movimiento Nacional Carcelario viene denunciando, aproximadamente desde el 19 de marzo, como empeoraron las ya terribles condiciones en las cárceles de Colombia. El hacinamiento es del 154%. La población privada de la libertad supera las 124.000 personas que sufren con regularidad todo tipo de pandemias y el inminente riesgo de muerte.

A pesar de estas adversidades, Julián se ha mantenido coherente en su labor de líder social, y se ha empeñado en defender los derechos de la población recluida durante estos dos años. Ha destacado por adelantar procesos de formación en Derechos Humanos con distintas ONG’s, profesores universitarios y procesos sociales que han participado de cátedras y cursos para la población carcelaria.

El caso de Julián es uno de los tantos que han colmado las cárceles en el marco de una política criminal empecinada en que es el castigo social la única forma de dar solución a los problemas sociales, políticos y económicos, sin plantear siquiera verdaderas soluciones a los problemas estructurales que los generan. La actual pandemia ha puesto ante los ojos del mundo la absurda estrategia con la que embutimos a miles de seres humanos para no tener que resolver los problemas de fondo, privando de justicia a las mismas víctimas, puesto que la cárcel nunca garantizará el derecho a la no repetición.

A lo largo de estos 2 años Julián ha publicado numerosos artículos en medios alternativos sobre la cárcel como proyecto de-socializador, y denuncias y alertas tempranas por violaciones a los derechos humanos de las personas privadas de la libertad. Julián ha demostrado que desde la cárcel se sigue luchando, como lo destacaron sus amigos, familiares y los procesos populares que los acompañaron durante el fin de semana en que se conmemoró su detención.

El Proceso Popular Quinua, conjuntamente con la Casa Claret de Bosa, hicieron un nuevo mural reivindicando a Julián, los miembros de la parroquia organizaron una misa virtual (https://www.youtube.com/watch?v=Ar7rULANZ5Q&feature=youtu.be) el domingo 7 de junio, en la cual destacaron el trabajo de Julián a lo largo de su vida, en los procesos juveniles, el acompañamiento a víctimas en varios departamentos del país y su papel en el Congreso de los Pueblos en los últimos años. El Proceso Popular Quinua en entrevista con Contagio Radio hizo un balance de estos dos años, en esta resaltaron que lejos de desmantelar el trabajo, la detención de Julián, en medio del dolor, permitió expandir el trabajo, implicar a la gente de la parroquia en la ayuda a los presos y muchas otras actividades.

Al no poder reunirse, dadas las condiciones actual los país, amigos y gente comprometida con el caso fueron publicando mensajes en redes sociales (https://www.facebook.com/EnElBarrioNosVemosJuli/), además de los pronunciamientos públicos de varias organizaciones latinoamericanas. En uno de sus mensajes a quienes lo apoyan, Julián manifestó que todos los sufrimiento que hoy padece con su familia, la injusticia y la arbitrariedad que pusieron la vida de su madre en peligro de muerte, y el dolor de no poder ver cómo crecen sus sobrinos con los cuales compartía techo, son los sufrimientos que sufren miles en todo el mundo y en gran parte de Colombia. Julián también alentó a sus seres cercanos a no desistir en la búsqueda de un mundo justo, desde las acciones cotidianas como las redes de recolección de tapabocas y útiles de aseo para las personas privadas de la libertad, las actividades culturales y educativas en el barrio.

"Siempre adelante en defensa de la alegría y la esperanza, en el barrio nos vemos, Juli".

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