slider

FLAKO PANDEMIA

10/03/2020 0 comment
El patriarcado ha sido la forma de organización social que nos da la autoridad ...
10/03/2020 0 comment
Tenía 17 años, estaba a punto de terminar el bachillerato, quería estudiar ...
10/03/2020 0 comment
Cuando la misión espacial rusa Vostok 6 fue lanzada en 1963, en plena Guerra ...

Flor de Adversidad: Nora Henao Castrillón

Me gusta pensar en el lugar particular en que me ha puesto la historia, estas líneas las escribo como una hija que ha logrado entender que sus padres, y en un sentido especial, la madre, no ha sido solo para mí. Ella ha estado ahí para muchas otras personas como una guía, como una mano amiga dispuesta a ayudar en la búsqueda de un rumbo hacia la dignidad individual y colectiva.

Nora Henao nació en el seno de una familia campesina del municipio de Liborina, Antioquia. En el año de 1960 migró hacia Medellín sumándose a las primeras grandes oleadas de expansión del valle, abriéndose paso en una ciudad que apenas se formaba, en el borde urbano de Santo Domingo. Fue una niñez marcada por la precariedad ¿Qué oportunidades para crecer podría brindar una ciudad que ayer como hoy intenta ocultar la vida de los marginados? La respuesta es simple: Para esta niña-mujer estudiar no era necesario ni lógico, habría que buscar un futuro con un hombre que la sustentara o encontrar un trabajo de labores domésticas en las grandes casas de las señoras.

Animada por los programas de radio que hablaban de mundos más allá de estas montañas, y por una necesidad de aprender y seguir sus estudios, mi madre rompió ese espejo. Cada puerta cerrada encaminaba sus pasos en busca de otra oportunidad, de manos amigas y hermanas que la ayudaran a continuar su formación. Fue así como subiendo la loma a pie llegó a ser normalista en la Normal Femenina La Anunciación, lugar donde aprendió el oficio que la dimensionó de por vida, identificando su espíritu y potencia con ser Maestra. Han sido muchas las generaciones de niños y niñas que encontraron en ella un lugar cálido para aprender, sentir y crecer a pesar de los difíciles contextos en los que se desarrollan.


En su juventud llega a trabajar al Bajo Cauca, un lugar golpeado por la violencia, la pobreza y el surgimiento del narcotráfico. Allí encontró como ligar sus conocimientos al desarrollo social de la mano del movimiento político ¡A Luchar!. Enseñando más allá de la escuela, emprendió procesos de acompañamiento y alfabetización para las comunidades veredales y ribereñas, en su mayoría madres cabeza de familia. Participó en la construcción de vías y la fundación de barrios como “La Lucha” en el municipio de Tarazá. Allí comprende la importancia de cultivar la resistencia, el pensamiento crítico y la educación como motor de evolución de una sociedad que en ese entonces se movilizaba hacia la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

Nora, mi madre, recuerda a ADIDA como su gran escuela de formación política. Su labor como delegada sindical comenzó con pasos cotidianos hacia caminos veredales para visitar a sus colegas, llevando las noticias de las últimas coyunturas a los profesores y comunidades, concientizándolos de la importancia de organizarse en colectividades para lograr la conquista de los derechos. Nora se convirtió en un puente de comunicación entre lo rural y la ciudad. Estos pasos que la generación de maestros a la que pertenece mi madre anduvo, permitieron que esta organización llegara a ser uno de los sindicatos más grandes de Latinoamérica.

Sin embargo, encontraba allí una incongruencia. ¿Cómo era posible que una organización en la que el 80 % eran mujeres fuera dirigida exclusivamente por hombres? Con esta pregunta fue acercándose a círculos de estudio y pensamiento feminista. Recuerda este tiempo de su vida como una ruptura que le permitió entender el por qué de las imposiciones y barreras que le había tocado superar y que veía repetirse en sus alumnas. Eran conversaciones que, de la mano de los debates de la liberación del cuerpo y la sexualidad de las mujeres que abundaban entre las académicas, hablaban de cómo empoderar a la mujer trabajadora, a la cuidadora, a la campesina, a la ausente... Se trataba entonces de poner la palabra de las mujeres en el centro del debate público, como un germen que reclama la equidad, la igualdad de oportunidades y la capacidad de incidir política y económicamente en los territorios. De ahí surgió el Movimiento Popular de Mujeres como una articulación de pensamiento que la llevó de nuevo al trabajo con las comunidades marginales de Medellín. Se generaron espacios de formación política y comunitaria para las mujeres de barrios como El Triunfo, Progresar, Castilla, Zamora y Manrique en los que se pensaban las posibilidades que la nueva apertura democrática abría para el crecimiento de las mujeres y sus territorios. Todos estos aprendizajes la llevaron a presentar como ponente, junto con un grupo de mujeres de todo el país, la coyuntura colombiana en el 1° Encuentro Internacional de Solidaridad entre Mujeres de 1998, compartiendo con lideresas de todos los continentes en la ciudad de La Habana – Cuba.

El tiempo era álgido. La década de los 80 movilizó nuestro pensamiento sin precedentes y de esto mi madre fue testigo y partícipe, como lo fue también de la arremetida violenta del Estado contra las organizaciones sociales en las siguientes dos décadas. Muchas fueron asesinadas, detenidas o exiliadas, lo que llevó a la desarticulación de ¡A Luchar! y del MPM. Nora, que seguía en pie junto con otras lideresas, se dedicaron a la atención de las presas políticas y sus familias, acompañando su formación y sustento. La violencia significó un aislamiento del que solo se recuperaron con el tiempo y el silencio, cuando las sobrevivientes decidieron apostarle a la conformación de propuestas como Poder y Unidad Popular y la Confluencia de Mujeres para la Acción Pública como espacios de participación y formación democrática. Es desde esta experiencia que Nora se vincula a la secretaría departamental de la mujer del Polo Democrático Alternativo, lugar que sigue cultivando hasta el día de hoy.

Ahora nos sentamos en nuestra mesa y miramos lo andado. Entendiendo todo lo conquistado ¿Por qué parece que el patriarcado aún nos atrapa con un velo, a veces sutil, a veces asfixiante? Como si, aunque seamos capaces, el poder todavía nos es ajeno. Habría que cultivar aún más la voluntad de decisión e independencia, dice ella, pero también, habría que reconocernos en el dolor, ponerlo en debate y tejer con esas fibras sensibles la reconstrucción de nuestra sociedad. De mi madre he aprendido que el valor de lo que transformamos ahora cobra sentido en el futuro, por eso es necesario decidir nuestro papel en la historia. Llevo conmigo la frase de un poster colgado en la biblioteca de mi casa cuando estaba niña, sobreviviente al genocidio político, que entre muchos colores recitaba “Podrán cortar las flores, pero jamás detendrán la primavera”.

Share this article

Más en esta categoría: « En espera de una decisión

Acerca del Autor

Valentina González

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.