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El arte de vivir en el campo: habitando resistencias campesinas en el Oriente antioqueño

El camino
Esa mañana habíamos madrugado desde el pueblo para llegar a la vereda El Plan. La chiva nos llevó hasta un sitio conocido como La Playa, en la vereda Villeta Florida, llamado así por estar ubicado en las orillas del río La Paloma, el cual atraviesa gran parte del territorio del municipio de Argelia de María, “Parcela Inmortal de Antioquia”, ubicado en el suroriente de este departamento.

Subimos bajo un cielo nublado por una montaña pendiente, paso tras paso, con la respiración agitada, hasta que llegamos a El Chingalé, el punto medio del trayecto, donde comienza la travesía para bajar hasta la escuela, que era nuestro destino. En El Chingalé hicimos un paro en el camino, que nos permitió fijar en la memoria algunas artes de vivir en el campo, que nos asombran mientras abrimos nuestros sentidos al recorrer el territorio y conversar con la compañera o el compañero con el que se anda.

Rápidamente notamos algo singular. En este lugar hay palos de calabazas, frutos con los que viejitos hacían los tarritos para cargar la bogadera y para hacer chicha, poniéndola a fermentar en los recipientes que hacían con su cáscara -contaba Doña Nelly, vecina de la vereda Villeta-. Varias voces hacían comentarios que aprobaban y complementaban esta información. Mientras descansábamos en El Chingalé a la sombra de los árboles y al calor de la conversación, esperamos a cuatro que se habían quedado atrás y se estaban demorando. Cuando llegaron, hablamos sobre otros usos que pueden tener las calabazas, que no eran solo cáscara sino también el interior y las carnosidades que allí guardan, que se usan en remedios para la tos y los resfriados.

Seguimos el camino, y andando fuimos aprendiendo de otras artes secretas para vivir en el campo. Ese día todos nos asombramos cuando Doña Nelly nos enseñó un truco que aprendió de su mamá: ella anda con altamisa en el bolsillo para no cansarse mientras camina; además, mantiene cultivos de esta planta en la huerta porque protege de las malas energías, lo ideal sería tenerla alrededor de toda la casa.

Esta técnica para caminar, basada en el uso de la planta medicinal, nos recordó otra que aprendimos de Doña Crusalba, vecina de la vereda argelina de Tabanales.
Cuando caminábamos con ella por su vereda, nos contó que andar la hacía feliz, porque cuando andaba todo se ponía en movimiento en el cuerpo, la sangre y el corazón. Mientras más se caminase era más fácil andar cada día más lejos, llegar a nuevos lugares sin cansarse. Y hablaba de las visitas que le hacía a su hija cuando vivía en una vereda lejana, a la vez que presumía, con orgullo, de su capacidad de aguante y resistencia para caminar que había logrado andando por las veredas, una tras otra, hasta perder la cuenta.

No solo andaba mucho, sino que trabajaba más, cogía café y hacía de todo porque su esposo estaba muy enfermo y casi no podía laborar. En su pensamiento, caminar estaba cargado de sentidos como la felicidad, el movimiento y la libertad; libertad que brinda habitar el campo, pues libera el movimiento y la vista de los límites que les impone la expansión de la ciudad, al reducir los movimientos con largas filas de carros, tumultos de personas y edificios hacinados que recortan la visión del horizonte.

Si la altamisa es un amuleto para no cansarse mientras se camina, el otro secreto es andar mucho, poner en movimiento el cuerpo, la sangre y el corazón, una, tras otra vez, para ampliar la capacidad de aguante y resistencia que nos permitan seguir caminando la palabra por muchos años más. Estas son las enseñanzas de las compañeras que van adelante, así debemos caminar.

Volviendo a aquella mañana, mientras caminábamos en dirección a la vereda de destino, pasamos por varios tramos en los que había caminos construidos con piedras detalladamente encajadas. Inevitablemente, en ocasiones como estas, algunos nos preguntamos quiénes habrán construido estos caminos. ¿Habrán sido indígenas? ¿Habrán sido labradores de antaño? ¿O campesinos? Doña Nelly dijo que ella había trabajado arreglando caminos como éstos, con personas que eran “muy baquianas” para este oficio, o sea que tenían mucho talento. Falta saber dónde aprenderían este oficio, desde cuándo, qué variaciones puede haber tenido en el tiempo.


Los actuales campesinos y campesinas usan estos caminos para bajar sus cargas de café a lomo de mula hasta descargarlas en la chiva, que las transporta hasta la cooperativa de la Federación de Cafeteros o a otras comercializadoras y compradoras del grano. Según Alfredo, el compañero con el que caminábamos, los caminos de las veredas lejanas de Argelia eran así como esos, todos de piedra. Así sucede también en otros rincones del sur de Antioquia, como aquellos que se orientan más al occidente, donde hay reconocidos caminos prehispánicos.

El motivo: resistiendo a las hidroeléctricas
Nos dirigíamos a la vereda El Plan, como parte de un proceso de resistencia frente a la inminente construcción de las “Pequeñas” Centrales Hidroeléctricas PCH Paloma II (Argelia II), PCH Paloma III, PCH Paloma IV y Argelia, que de desarrollarse afectarían a las veredas Rancho Largo, San Luis, El Zancudo, El Oro, La Plata, La Arboleda, La Quiebra, Villeta Florida, El Plan, Yarumal, San Pablo, La Paloma, El Guadual, El Pital, El Recreo y San Agustín. Las últimas tres PCH mencionadas ya cuentan con licencia ambiental otorgada por parte de CORNARE a la Empresa de Generación y Promoción de Energía de Antioquia S.A. E.S.P. GEN+.

Varias de estas comunidades manifiestan que no se les ha consultado ni socializado sobre estos proyectos hidroeléctricos, ni se ha tenido en cuenta lo que piensan y sienten frente al futuro de su territorio y sus ríos La Paloma, San Julián, Rionegrito, Tigre, Pozos y Chamberry, entre otros de la cuenca del río Samaná Sur.

La imposición de estos proyectos desconoce los saberes y prácticas que estas comunidades han desarrollado en relación con sus ríos, como la agricultura, la pesca, la ganadería, la minería artesanal, la extracción de material de playa y otras formas de sustento, así como el conocimiento de las especies de fauna y flora, la infraestructura comunitaria que han construido a su alrededor y las actividades de integración y recreación comunitaria, por ejemplo la tradicional “tirada de charco” y la preparación y el consumo del sancocho en familia y vecindad.

Saberes campesinos: entre el desconocimiento y la reivindicación
Los encuentros que hemos realizado en sitios como La Playa y El Plan, han tenido como objetivo conocer qué piensan y sienten las comunidades campesinas sobre su territorio y sus ríos, contribuyendo con su autorreconocimiento, valoración y visibilización frente aquellos que les ignoran y menosprecian como ignorantes e iletrados, que no saben lo que es el “desarrollo”; tal como pregonan los “salvadores” ingenieros paisas y sus “civilizadores” proyectos hidroeléctricos, con la complacencia de la Corporación “Autónoma” Regional CORNARE y las artimañas jurídicas que ésta usa para desconocer el saber campesino y entregar sus ríos al capital privado.

Una forma de enfrentar la ignorancia atrevida de las compañías energéticas y CORNARE frente a las comunidades campesinas del Oriente antioqueño, podría ser confrontando su prepotencia con otro saber supuestamente “experto”. Veamos, por ejemplo, la forma en que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH, dependencia estatal, emite un concepto sobre lo campesino en Colombia:

“El campesino es un sujeto intercultural e histórico, con memorias, saberes y prácticas. Estas constituyen formas de cultura campesina, establecidas sobre la vida familiar, vecinal -para producir alimentos, bienes comunes y materias primas- y comunitaria multiactiva, vinculada a su vez con la tierra e integrada con la naturaleza y el territorio. El campesino es un sujeto situado en las zonas rurales y las cabeceras municipales asociadas a aquellas, el cual posee diversas formas de tenencia de la tierra y de organización, para garantizar el autoconsumo y la producción de excedentes con los que participa en el mercado local, regional y nacional”.

Si debatimos desde las reglas de juego impuestas por los despojadores, contamos con un argumento autorizado que nos dice que los campesinos y campesinas sí tienen saberes y cultura, que está estrechamente vinculada con la tierra, la naturaleza y el territorio. Por ende, los proyectos hidroeléctricos, en vez de traer el mencionado “progreso”, afectan esa cultura campesina y los vínculos que teje con bienes comunes como los ríos y otros ecosistemas donde el campesinado produce y reproduce su vida, mientras provee alimentos y servicios que son consumidos desde su vereda hasta el mundo entero.

Sin embargo, la intención de este artículo no es quedarnos con la voz de los llamados “expertos”, sino escuchar las voces campesinas que nos hablan de las historias y nos dibujan otros mapas de sus ríos y de sus vivideros.

Historias y mapas sobre el río y el vividero
En la jerga campesina que se escucha en las veredas y los caminos del Oriente antioqueño, es más común hablar de vividero que de territorio, palabra asociada a valores como la vecindad, la solidaridad, la ayuda mutua, los espacios de encuentro y trabajo comunitario. En investigaciones desarrolladas desde la Asociación Campesina de Antioquia –ACA-, hemos encontrado que el vividero se entiende como aquel espacio de disfrute, seguridad, certidumbre y bienestar.

A continuación, queremos explorar algunas historias y mapas en los que las comunidades campesinas compartieron sus sentidos sobre el vividero y los ríos que lo conforman; porque el agua es vida, como se repite frecuentemente cuando preguntamos: ¿qué significa el río para usted? Estos relatos se intercambiaron como parte de la acción local realizada en el municipio de Argelia, en la vereda Villeta Florida, el 28 de noviembre de 2020, en el marco del XII Festival del Agua “Las aguas, venas de nuestro territorio”, realizado de manera descentralizada por parte del Movimiento Social Por la Vida y La Defensa Del Territorio (MOVETE) en el año 2020.

“El río ha bajado mucho, primero había más agua, porque ya destaparon mucho las fuentes de las cañadas. Pa' mí eso es una historia que de verdad es preocupante… Cuidemos mucho el agua, que de verdad, detrás de eso es que estamos, supuestamente que le van a hacer unas hidroeléctricas pa' arriba, pa' la parte alta, aquí en lo bajo también, es algo que va a acabar de perjudicar el agua, va a acabar de destruir la potencia de las aguas, de los ríos, de las fincas, pa' mi pues creo que es una historia muy importante, que empecemos a ir reaccionando y a cuidala…” (Jose Weimer Alzate, habitante vereda El Plan, Argelia, 28 de noviembre de 2020).

“Yo no tengo muchas historias que contar, pero sí he visto pues vivencias en el río, no solo en este río sino en muchos ríos. Cuando yo estaba pequeño, uno bajaba al río y los ríos eran muy serenos, los ríos no eran tan caudalosos, los ríos tenían demasiada agua y al haber mucha agua ni se siente mucho el ruido, ni se ven tanto las piedras, y lo más bonito pa' nosotros, que [nos] dicen dizque los pescadores, a nosotros nos ha gustado pescar, y bajar uno y asomase y pódese escoger entre diez o quince pescados, el que más le parezca a uno, es una cosa muy bonita. Ahora uno baja y le toca escoger una piedrita pa' ponese a curosiala porque ya los pescaditos se acabaron. Entonces de verdad que es una historia maluca y desagradable. Pero en estos momentos gracias a Dios contamos todavía con el agua corriendo libremente por el caudal, aunque poquita, pero está corriendo, tenemos que unirnos y no permitir que de pronto nos la acaben de desaparecer porque con las talaciones de bosques y con estos proyectos minero energéticos que quieren meternos a nuestra región, ahí sí de verdad que nos van a quedar solamente las piedras, las poquitas arenitas que hay en el agua, entonces luchemos por eso y por defender nuestro territorio, porque, como lo decíamos antes, el agua es vida” (Arturo Ocampo, habitante vereda El Pital, Argelia, 28 de noviembre de 2020).

Terminó de hablar Don Arturo y se oyeron los aplausos de los vecinos y vecinas de diferentes veredas reunidos en La Playa, a la orilla del río La Paloma, que se escuchaba al fondo. Así su fuerza ya no sea la de antes, por las actividades humanas que le han debilitado, las comunidades luchan para mantenerlo con vida y corriendo con libertad, para que no les queden solo las piedras y la arena. Se apagaron los aplausos; comenzó el silencio y lo interrumpió con sabias palabras, Verónica, la anfitriona del espacio que administra el negocio donde estábamos reunidos. Ella nos contó la historia del río, intercalada con su historia de vida.

“Bueno, el río tiene muchos significados. Para mí fue vida y fue muerte también. Acá en un paseo cuando estaba en noveno de bachillerato, murió una compañera, más sin embargo yo por mucho tiempo no volví, no por eso, sino que yo me fui a estudiar y casi no volví a Argelia, no porque no la quisiera, siempre la llevé en mi corazón, me fui a formar profesionalmente, tuve la oportunidad de ejercer otras profesiones […], pero yo siempre quise volver al pueblo, quizás a esta vereda. […] Regresé otra vez ya a instalarme totalmente acá a la finca, queremos hacer muchos proyectos no solamente en beneficio económico sino también social y en cuestión del río como cuenca principal de Argelia. De todas maneras, sí ha cambiado mucho, porque primero tenía un caudal más abundante, la ribera era mucho más poblada en vegetación, el agua era quizás de una coloración más diferente, peces sí, yo las últimas veces que venía solo hay unos pequeñitos que no alcanzan pues a nada, más sin embargo aquí estamos y con la mejor actitud de todas y luchando por todos los derechos del río y como comunidad” (Verónica, habitante vereda Villeta Florida, Argelia, 28 de noviembre de 2020).

Los aplausos volvieron a sonar y las palabras de esta mujer resonaron en nuestras cabezas. El río tiene muchos significados, es vida y es muerte. Los ríos, cuando crecen, son capaces de llevarse las vacas que los padres regalan a sus hijas en sus cumpleaños, de meterse a las casas creando perjuicios y de acabar con la vida de seres queridos que se han ahogado en ellos por descuido. Pero no es la culpa de los ríos, solo es el ciclo de la vida y la muerte, que corre libre como sus aguas, sin ser detenido ni represado.

Las comunidades quieren defender estos ciclos del agua, las tramas de vida donde se tejen todas las relaciones, los trabajos y los descansos. Además de las historias, los campesinos y campesinas, adultos, jóvenes, niños y niñas, dibujaron mapas donde plasmaron ese tejido de relaciones alrededor de los ríos, que se hilan desde el páramo y se desenrollan hasta el río Samaná, integrando diferentes especies de peces, animales de finca, aves silvestres, insectos, con los cultivos de plátano, frijol, maíz, cacao, café y caña; las casas y las infraestructuras.

 

Siguiendo con las narraciones de los diferentes grupos poblacionales que participaron de la acción local del Festival, queremos resaltar los relatos de los niños y las niñas que,5 entre risas y pena nos explicaron su dibujo:

 

“Acá hicimos dos arbolitos, el río San Julián, el río La Paloma y el río El Tigre, un puente, las casas, el páramo, una huerta, el sol, un burro, un niño saltando al río para bañarse”. Luego las y los jóvenes compartieron: “este es el río La Paloma, el principal, hicimos a la familia, que nos reunimos a hacer sancochos en la quebrada; la importancia del río, no debemos dejar que se lleven los recursos”.


Las mujeres campesinas agregaron: “Esta es una vegetación con árboles, con pinos, aquí está el río La Paloma, aquí está Argelia, río San Julián, el puente de madera y el puente que están haciendo nuevo, la casa de acá donde estamos, aquí están los animales que tenemos en nuestras casas, aquí está una vegetación y está la mariposa, están las abejas, aquí tienen la casita, este es el chupaflor, que va a chupar las flores, esta es la olla con el sancocho, que la gente pues por ahí se iba de vez en cuando, por ahí al río cuando no está [crecido]… esta es la rana que no falta por ahí, o el sapo, el perro -es que está muy criao-, esta es la piscina, que está allá arriba, esto es sembrado de frijol, sembrao de plátano, sembrao de cacao, de maíz, de todo lo que cultivan por aquí. Esta ardilla se está comiendo el cacao, se lo está comiendo y no está dejando nada. El perro pa' cuidar la casa, no los ve, vea, mire. Y esos son los pescados que hay en el [río]… el pataló, los cuchos, los capitanes y el bocachico. Esta es una casita que hay por allí arriba, los gallinazos que no falten, las nubes, vea, todo, la iglesia de Argelia, el río y la carretera, vea…”.

Y los hombres adultos expresaron: “nosotros aquí tratamos de identificar el río, con sus respectivas veredas y algunos de los animales y productos para el consumo humano que allí se pueden tener. Aparte de eso también identificamos que en nuestro territorio hay muchas variedades de arborización, hay diferentes variedades de animales como serpientes, animales salvajes como conejos, guaguas, estos tales lobos perrunos, bueno, cantidad de animales […]. También tratamos de identificar en algunas veredas la cantidad de habitantes por vereda, el nacimiento de las quebradas, algunas fuentes de agua, algunas riquezas en el río como son los peces y de pronto también los puntos para nosotros extraer materiales. Es muy interesante eso, todo lo que tenemos, porque ya CORNARE va a pedir el significado de por qué estamos rechazando las microcentrales, entonces la significancia es que nosotros vivimos de esas fuentes de agua, todos los animales viven de esa agua, lo que es el ganado también bebe de esas aguas… Eso es pues lo que pusimos ahí, la significancia de lo que nos trae la naturaleza”.

Defensa del territorio: una urgencia histórica frente a la crisis civilizatoria
Lo que los campesinos y campesinas nos enseñan es una fuerte conciencia histórica y geográfica en relación con la trama de la vida, el agua, la tierra, los animales, los alimentos y los diferentes vínculos humanos y ambientales. La defensa del territorio no es algo que competa sólo a la lucha campesina, pero conmemorar esta lucha es un llamado a la unidad de todas las luchas por superar la crisis civilizatoria que amenaza la vida entera, buscando alternativas que pongan en el centro el cuidado de la vida, el agua, los alimentos, la tierra, los animales y las semillas, y rediseñan nuevas formas de relacionarnos con la energía, los conocimientos y la economía. Necesitamos un nuevo proyecto de sociedad, que ya prefiguran en el habitar cotidiano algunas artes campesinas de vivir en el campo.

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