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Ser Mujer en un grupo armado

“Hay recuerdos muy amargos sobre ese tema, que es mejor no recordarlos”

Cristina Álvarez* era muy joven cuando ingresó a formar parte de un grupo armado en Colombia; pasó casi toda su juventud dentro de la organización. “La razón por la que ingresé fue por la falta de oportunidades y el aspecto monetario, las condiciones de vida donde residía no eran las mejores”, confiesa.

Las razones que llevan a estas mujeres a formar parte de los grupos armados son de diversa naturaleza. Algunas lo hacen porque se identifican con sus ideales, otras por curiosidad o por su descontento con la sociedad en la que viven y muchas otras son reclutadas en contra de su voluntad. Estas organizaciones están estructuradas jerárquicamente bajo relaciones de poder a partir de las cuales los individuos, en su interior, asumen distintos roles de autoridad y dominación, que no difieren mucho de los que existen fuera de ellas.

Cristina afirma que los deberes para los hombres y mujeres eran los mismos, en actividades como cargar estantillos, por ejemplo, pero no a la hora de dirigir un operativo. De hecho, Cristina recuerda que “una mujer, esposa de un comandante, les sugirió a los miembros de su frente cómo hacer el operativo y por dónde meterse, ya que las veces anteriores habían tenido hostigamientos en esa ruta, sin embargo, no la escucharon e hicieron lo contrario. Ese día se perdió toda una escuadra, y uno de los hombres que incluso se habían burlado, pisó una mina”.

En los últimos sesenta años, Colombia ha estado marcada por el conflicto armado, relacionado con las inequidades en la tenencia de la tierra, la ausencia del Estado para brindar: salud, educación y protección; la persecución a líderes sociales, la exclusión política, la corrupción, la minería ilegal, la ganadería extensiva y el narcotráfico.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación Nacional (EPL), el Movimiento 19 de Abril (M19), las Autodefensas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Militares de Colombia, son varios de los grupos armados que han participado en el conflicto. Estos grupos han justificado el uso de la violencia por considerarla el único método para transformar la sociedad colombiana. La violencia y la lucha por el poder han marcado las dinámicas sociales y políticas hasta el día de hoy.
Según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) “De las 6 mil mujeres que integran las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional procastrista), el 54 por ciento son niñas, cuya edad oscila entre los 12 y los 17 años. El fenómeno se registra también en los grupos paramilitares como las Autodefensas Unidas de Colombia. Del total de mujeres que conforman las guerrillas, se estima igualmente que el núcleo mayoritario de adultas fluctúa entre los 18 y los 20 años”.

La incorporación de individuos a los grupos armados inicia con un proceso de socialización para memorizar códigos de guerra y adaptarse a una nueva vida. Tanto los hombres como las mujeres inicialmente deben desaprender las categorías que la sociedad les impuso y aprender unas nuevas para sobrevivir al interior de estas organizaciones; no obstante, debido al machismo que impera en su interior, la participación de las mujeres está sujeta a exigencias más complejas que a los hombres.

Para los hombres, su ingreso significa seguir reforzando categorías que la sociedad ya les había impuesto: la fuerza, el poder de decidir y la valentía. En el caso de las mujeres, factores como las relaciones de pareja, la sexualidad y la maternidad adquieren valores diferentes a tal punto, que deben modificar los referentes que históricamente se le han asignado. Según Cristina, “el trato hacía las mujeres era el mismo que al de un hombre, pero solo en aspectos de combate, entrenamientos y operativos. Porque a la hora de dar una opinión o ser escuchadas, no se les tenía en cuenta, el mando y poder solo era un asunto de los hombres” “Para ejecutar las mismas cosas que un hombre si somos iguales, porque cuando de participación se trata no somos tenidas en cuenta y eso es machismo”. Aunque los hombres y las mujeres cumplen labores comunes como cocinar, lavar loza y ropa, cargar leña e ir al combate, se reconoce que el machismo existe. Si bien las tareas asignadas son similares, no quiere decir que los roles y las relaciones de poder sean equitativos.

Esa supuesta “igualdad”, deja ver una distribución que se basa en una división sexual del trabajo, donde los hombres siguen teniendo el poder. Aunque las mujeres pueden cumplir las mismas funciones que los hombres, actividades como radista, enfermero o secretario son ocupaciones que los hombres no suelen escoger ya que creen que “no son para ellos”. Por tanto, las mujeres, respondiendo a esos códigos implícitos, se inclinan por esas actividades. “Las voces de mando, la mayoría eran hombres. En muy pocos casos eran las mujeres las que tenían el mando, solo en actividades de finanzas y enfermería, ahí si se respetaba las opiniones de ellas. Solo en casos especiales, como los ya mencionados”, afirma Cristina*.

La violencia que más ha afectado a las mujeres en el conflicto armado ha sido la violencia sexual; una práctica sistemática contra las niñas y mujeres que no solo se da en el marco del conflicto, sino también en medio de la convivencia familiar, laboral y social. Y es perpetrada de distintas maneras: tortura y mutilación, violación en presencia de miembros de la familia y la violación en grupo.
Cristina comenta que en el frente al que ella pertenecía no hubo violaciones, pero conoce testimonios de otros frentes donde sí ocurrieron. No obstante, “si una mujer decidía acostarse muy pronto con algún hombre del grupo, era cogida en la mala, entonces todo el tiempo ya le tocaban los trabajos más fuertes”. Y si una mujer quedaba embarazada, Cristina menciona que dependía del cargo y del tiempo lo que sucedía: “le daban licencia, saldría y lo tendría si era patrullera. Si pertenecían a la salud, como era el caso de Cristina ese tema si había que discutirlo muy bien, porque no se podía, ese era uno de los reglamentos; pero si tenía mucho tiempo en la organización lo dejaban tener”.

Las mujeres, al igual que muchos hombres, han tenido un papel activo en el conflicto y también en la construcción de paz. Sin embargo, es fundamental reflexionar sobre el estado de vulnerabilidad de las mujeres en un país patriarcal con escasas oportunidades para ellas. La mujer sigue vulnerada y subordinada en diferentes contextos.


* El nombre de la entrevistada ha sido modificado para proteger su identidad, al igual que se abstiene de nombrarse el grupo al que perteneció.

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