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¡Le bajo el salalio malica!

Por Wilmar Harley Castillo Amorocho*

Ya anda mucha gente indignada en las redes sociales, disparando desde sus trincheras virtuales frases con carga de resignación, odio y pereza frente a los dos acontecimientos que mueven la política diaria y nacional. Por un lado, la derrota del primer partido de la sele ante Japón 2-1, con la expulsión de Carlos Sánchez a los tres minutos de juego por evitar un posible gol (que finalmente sí fue gol); por el otro lado, el aplazamiento en el Senado del debate de la ley de procedimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz.

Alrededor del partido en Saransk, pues la rabia patriota ha despertado en aquellos colombianos que se identifican con sacar siempre la buena cara del país ante el mundo. Guillermo Cárdenas, junto a los hinchas que entraron guaro al estadio camuflado en unos binoculares fueron blanco de las críticas por su comportamiento nada ético en Rusia. Al caído caerle, la sele perdió con 10 jugadores y de paso salen estos youtubers criollos reluciendo lo “avivatos” de los colombianos.

Pero esto me preocupa por un asunto reciente. Porque los 10 millones que escogieron a Duque (espero que un porcentaje mayoritario no haya sido por la magia votarum registradurum) a conciencia ¿entran en la corriente avispada del ser colombiano? Porque hay 10.000 razones para pensar seriamente la inclinación política hacia el Centro Democrático, sin contar los muertos de El Aro a manos de paramilitares, mientras el innombrable fue gobernador. Una hoja de vida tan despulida no habla bien de un referente público. La ñapa, ¿hará parte de ese avispamiento criollo querer ser testigo contra Uribe, siendo consciente de que amanecerá muerto? Cosas del altísimo.

Habrá que recordar también el consejito de Alberto Carrasquilla (exministro de Hacienda en el régimen del innombrable, y recientemente nombrado jefe de la comisión de empalme de Duque con el gobierno Santos) cuando fue consultor privado, de bajar el salario mínimo, porque “Cerca del 30% de la población colombiana, gana por debajo del salario mínimo legal y si se le añaden los cargos de los parafiscales, esta proporción aumenta notoriamente. Entonces, ¿para qué aumentamos esta brecha subiendo más el salario, si ni siquiera se garantiza que el promedio en el que está el salario en este momento, alcance para subsanar las necesidades básicas?”.

Además, un pensador del progreso económico nacional de este nivel (según registra la revista Voces, cuando estalló el escándalo de los papales de Panamá, el exministro apareció como accionista de la sociedad de Panamá, Navemby Invesments Group INC, en donde figuraría con un 33% de las acciones, desde el 2001 y ahora maneja el fondo de inversión Konfigura Capital), ha propuesto privatizar los fondos de compensación y el SENA ¿cómo les quedó el ojo?

Con este tipo de gente haciendo política económica, me queda más claro el tipo de avispados que hay en el país, porque de ahí para atrás las políticas en general no fueron las más beneficiosas y todavía sufrimos los estragos de otras imposiciones: Ley 100, falsas desmovilizaciones paramilitares, representantes a la cámara vinculados con el paramilitarismo, etc., sin contar lo que viene en los próximos cuatro años.

Con lo más reprochable que puede ser el comportamiento de los compatriotas en Saransk, nos podríamos ver reflejados en esos videos con un guion más o menos así: Duque: nos van a jodel. Pueblo: Nos van a jodel. Duque: muy bien, ahora: Nos van a bajal el salalio. Pueblo: Nos van a bajal el salalio. Duque: ¡muy bien pueblito!

 

*Secretaría de Comunicación y Formación. Coordinador Nacional Agrario

Solidario, responsable, puntual, alegre, soñador, divertido y muy amoroso con todas las personas que lo rodean. Así describen sus amigos, compañeros y familiares a Julián Andrés Gil Reyes, Secretario técnico e integrante de la Comisión internacional del Congreso de los Pueblos.

A sus 31 años, Julián se ha destacado por su entrega al movimiento social, su rol activo y su liderazgo para trabajar, especialmente, con jóvenes y campesinos en el marco de procesos formativos: “le encanta trabajar en los equipos metodológicos, siempre le oímos decir que la formación es uno de los escenarios que nos permiten la transformación social”, expresa una de sus compañeras de trabajo.

Julián inició su vida de líder social en el 2006 como voluntario en los misioneros Claretianos, convencido de que el amor al prójimo aplicado desde la teología de la liberación permite hacer verdaderos cambios sociales. Por eso, en el 2008, desde la Corporación Claretiana su trabajo fue acompañar y compartir su amor con las comunidades de veredas y corregimientos de Boyacá y Casanare.

“Acompañaba y dinamizaba peregrinaciones como la del Páramo de la Sarna y Jornadas de la memoria, en especial aquellas de su interés, como las realizadas en Sogamoso – Boyacá, en memoria de Norman Pérez Bello, claretiano asesinado por el Estado colombiano”, relatan quienes lo conocen desde entonces. Para esa época, Julián dedicaba también su tiempo a estudiar Filosofía en la Universidad Pedagógica Nacional, de donde es egresado.  

En la Universidad, participó y motivó espacios como el colectivo Praxis Filosófica. Como líder juvenil ha sido activo en procesos como la Asociación Nacional de Jóvenes y Estudiantes de Colombia – ANJECO, y desde su barrio ayudó a crear un proceso que se llamó Biblioteca Popular La María, que luego en Bosa, al sur de Bogotá, tomaría el nombre de Movimiento Juvenil y Popular Quinua: “allí ayudó a fundar el programa radial Lunes Otra Vez, y el Preicfes Vamos por la U Pública”, puntualizan sus compañeros de este movimiento.

Actualmente, como integrante de la Comisión Internacional del Congreso de los Pueblos se ha encargado de llevar y tejer las luchas populares de Colombia contra el servicio militar obligatorio, por la educación pública y en defensa de los territorios, con las luchas de otros países. Ha conformado y liderado plataformas internacionales como Juventud en Lucha.  

Como Secretario técnico es reconocido por aportarle dinamismo al Congreso de los Pueblos. Por eso, afirman sus compañeros, su rol es sumamente importante porque más que técnico ha sido político. Su compromiso ha estado ligado con la sistematización y organización de la información de todo el proceso; con garantizar su sostenibilidad y desde la autogestión poder dotar de todo lo necesario al Congreso de los Pueblos para su acción política. En ese sentido, ha sido fundamental la relación construida con otros escenarios, como las agencias de Cooperación Internacional que apoyan y trabajan con el Congreso de los Pueblos.

Julián, ese compañero y amigo comprometido, ese tío amoroso, ese hijo y hermano excepcional, como todos lo han descrito, se enfrenta a un proceso judicial, luego de ser detenido el pasado miércoles 6 de junio en la sede del Congreso de los Pueblos, en Bogotá. “No tenemos duda de que cualquier cargo que pretendan imputarle será una calumnia a su nombre y su trabajo como líder social. Los tiempos de paz para este país vienen plagados de ataque al movimiento social; mientras tanto, nosotrxs seguimos defendiendo nuestras ideas y sueños”, expresó públicamente el Movimiento Quinua.

El Congreso de los Pueblos, por su parte, ha denunciado estas detenciones irregulares, entendiendo estas como una estrategia de judicialización y criminalización, por parte del Estado colombiano, para desarticular las organizaciones sociales e impedir el constitucional derecho a la protesta y al desarrollo de los principios democráticos. “Hoy nos enfrentamos a los señalamientos falsos contra él, pero de nuevo y como seguramente él lo diría si fuera otra persona en su lugar: no nos van a arrebatar la posibilidad de seguir soñando y luchando”.

Después de los resultados de las elecciones del pasado domingo la cumbre invitó a los candidatos y partidos alternativos a un pacto para superar la guerra y la desigualdad social

En una misiva dirigida este miércoles a los líderes, sectores sociales y partidos políticos del país, La Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, surgida a raíz del paro agrario del 2013 manifestó la necesidad de “promover un pacto liderado por diversos sectores sociales, políticos, económicos, étnicos, religiosos, para generar un ambiente más comprometido con la paz y el buen vivir”.

Este llamado a la unidad se da después de que en la primera vuelta presidencial los partidos alternativos lograran más de 9 millones de votos, y de que por primera vez en la historia de Colombia pasara a segunda vuelta un candidato de izquierda, como lo es el exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

Por esto la Cumbre, que aglutina a diferentes expresiones del movimiento social, propuso un diálogo constructivo entre las tres propuestas y programas representados por la Colombia Humana con Gustavo Petro y Ángela María Robledo, la Coalición Colombia con Sergio Fajardo y Claudia López, y  el partido Liberal con Humberto de la Calle y Clara López. Según ellos el objetivo debe ser construir en conjunto unas propuestas básicas “para que la vida sea el eje principal de la dignidad de los hombres y mujeres que luchan por un país en paz y con democracia plena”

De igual manera manifestaron la importancia de que este pacto defienda el cumplimiento de los acuerdos del Estado con los diferentes sectores sociales,  alcanzados a través de la movilización en los últimos años, así como con la implementación de los acuerdos con las FARC y los avances de los diálogos de paz entre el gobierno y el ELN. “Hagamos realidad la unidad desde la diversidad, seamos una sola voz que retumbe en las ciudades y campos, hagamos real la consigna el pueblo unido jamás será vencido” Puntualiza la carta.

Esta carta se da en el momento en que continúan tejiéndose las alianzas de cada candidatura para la segunda vuelta presidencial. En este momento se encuentran deliberando los partidos que hacen parte de la Coalición Colombia, El Polo Democrático y la Alianza Verde, algunos sectores de cada partido ya han dejado ver sus afinidades con el candidato de la Colombia Humana.

Por otra parte, en la campaña del candidato de la derecha, Iván Duque, continúan llegando apoyos de los partidos tradicionales que resultaron derrotados el domingo, así Cambio Radical, el Partido Conservador y el Partido Liberal, en cabeza de César Gaviria, ya manifestaron su adhesión a la campaña en la cual se encuentran los ex presidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe Vélez.

Lea aquí la carta completa: Carta de unidad

En vísperas de las elecciones presidenciales del próximo domingo, la campaña de Sergio Fajardo, la llamada Coalición Colombia, da pedalazos desesperados –para utilizar la metáfora de su candidato- por alcanzar un premio de montaña que nunca han tenido cerca y que ya no están en condiciones de conseguir. Sin embargo, además de las diatribas –muy propias del “todo vale” porque, como dicen ellos, “¡se puede!”- de Claudia López, cabalgan sobre un argumentario que, a falta de un mayor empuje de Humberto De la Calle, ha conseguido seducir a importantes sectores de opinión, representantes de las clases medias y medias-altas urbanas, relativamente cómodas/relativamente incómodas con el statu quo, a las que el uribismo les produce aversión.

Pero tal argumentario, a diferencia de lo que sucede con campañas como las de Iván Duque o Gustavo Petro, es de una fragilidad tal que a sus defensores, sus gregarios, se les ve incómodos, faltos de originalidad y atrapados en contradicciones irresolubles. Tienen el cuerpo, a horcajadas, sobre el caballito de acero, pero el espíritu político e intelectual extraviado: unos porque, como Jorge Enrique Robledo y el sector del Polo que representa, atacaron de forma inmisericorde la gestión gubernamental del “Crespo”, al punto de señalar –muy sustentadamente por cierto- que “La Antioquia más educada de Fajardo” era una “farsa”, que este “representaba el gatopardismo: que todo cambie para que todo siga igual” y que, como dijo el difundo Rodrigo Saldarriaga “no había nada peor que un neoliberal honrado”; y otros porque, como los líderes liberales de opinión, se enfrentaron al hecho de que la candidatura de De la Calle había nacido muerta y no les quedó más remedio que plegarse a un candidato que está a años luz de aquél en los atributos que se espera de un jefe de gobierno y de Estado: lucidez, criterio y conocimiento, tanto del país, como de las instituciones. Se trata, en fin, para unos y otros, de un candidato que no los entusiasma y que los hace sonrojarse cuando figura en los debates públicos. A la única que se le ve rozagante haciéndole campaña al “Crespo” es a Claudia López, tan enérgica y voluntariosa como cuando repetía el mismo libreto, ¡exactamente el mismo!, pero en defensa de la candidatura presidencial de Enrique Peñalosa.

Más allá de todo esto, el punto en el que quiero concentrarme es en el argumentario, en la narrativa política del fajardismo, la narrativa de la “remontada”: un relato con serios problemas lógicos y políticos, lo cual es grave si tenemos en cuenta que, justamente, el candidato es, de un lado, matemático especializado en lógica y, de otro, un político con más de 18 años de experiencia en la vida pública. Decía Antonio Gramsci que al adversario político había que atacarlo políticamente en su lado más débil, e intelectualmente en su lado más fuerte. El “Crespo” pierde a dos bandas. Veamos.

  1. La falacia lógica: Fajardo es el único candidato que puede derrotar a Duque en segunda vuelta

En este punto los fajardistas van demasiado rápido, omitiendo pasos en el razonamiento y dando por descontadas premisas sin las cuales su edificio conceptual se derrumba. Aquí cifran sus esperanzas en las encuestas, no obstante estas en sí mismas son problemáticas, de allí el sablazo que Humberto de la Calle le asestó a Fajardo: “un profesor invita a votar por propuestas no por encuestas”. Pero aun asumiendo las encuestas como ciertas, los gregarios del “Crespo” se toman unos atrevimientos inferenciales que harían llorar a cualquier estadístico.

Toda su estratagema se reduce a concluir que, al ser Fajardo el candidato que menos resistencia genera  o que mayor favorabilidad tiene, es el candidato que le ganaría “al que dijo Uribe” en segunda vuelta. Es como si yo concluyera que por ser James Rodríguez el hombre con mayor favorabilidad en la opinión pública o “Don José”, el señor del escándalo reciente, el que más ternura inspira, habría que votar por uno u otro, puesto que serían los únicos capaces de ganarle a Duque en segunda vuelta. La cuestión es que la favorabilidad o la buena imagen no eligen presidente, por eso es que ninguna encuesta lo ubica a él en segunda vuelta, es así de simple. Digámoslo de otra manera: estoy seguro que mi abuelita tendría más favorabilidad que Fajardo, pero nadie la elegiría para presidenta. No se puede homologar la intención de voto con el índice de rechazo o de favorabilidad, por eso se trata de mediciones distintas y por eso ni Don José, ni James Rodríguez ni me abuelita darían un brinco en una competencia por la presidencia de Colombia.

Pero el asunto se vuelve aún más problemático si se considera que los fajardistas prefiguran su fantasía soslayando la condición sine qua non de su posibilidad: ubicarse en el primer o segundo lugar en la intención de voto (no en la “favorabilidad”, ojo). Puesto que su punto de partida son las encuestas, lo primero que habría que reafirmar es que todas las encuestas señalan que, más allá del margen de error, Fajardo está por fuera de segunda vuelta, no le alcanza. Pero para ir más allá de la medición estadística, también habría que decir que en el terreno de las estructuras políticas y económicas que sostienen su candidatura, el panorama no es más alentador, pues sus principales aliados o no están con él completamente o están en otras orillas: las bases del Polo Democrático están con Petro, buena parte del Partido Verde también, y el Grupo Empresarial Antioqueño, la base económica del éxito político de Fajardo, eligió el caballo que más tira, Iván Duque.

En síntesis, al matemático no lo acompañan las matemáticas, ni la estadística, ni la lógica. Sus alianzas no son consistentes, sus socios históricos lo han abandonado y tampoco ha logrado congregar a su alrededor procesos sociales o luchas históricas que vean en él a su legítimo representante. Fajardo puede despertar empatía en una joven estudiante de Bogotá, pero no en un campesino del Catatumbo, en un poblador de Tumaco o en una indígena de Leticia. No le habla a la Colombia profunda. Así, más que ganarle a Duque, estaría cerca de repetir la gesta de Antanas Mockus: perder contra el uribismo, 2 a 1 en primera vuelta, y 3 a 1 en segunda.

  1. La falacia política: Fajardo es el hombre ponderado y justo que, en el centro de los extremos, nos podrá conducir al futuro

Atribulados por su incapacidad de formular lineamientos programáticos consecuentes con los problemas y las injusticias históricas que ha soportado este país, los gregarios del team Fajardo han tenido que mover el pedal sobre el pavimento de la pospolítica. Esto es, el viejo cuento de un centro político, alejado de los extremos ideológicos, que gestiona y administra la vida pública con criterios exlusivamente técnico-gerenciales. Una negación de la política tan paradójica como el famoso consejo del General Francisco Franco a uno de sus periodistas afines “usted mejor haga como yo y no se meta en política”.

Ni izquierda ni derecha, ni capitalismo ni socialismo, ni fu ni fa, mejor el centro. A esto, en su momento, le denominaron la “tercera vía”, fue apuntalada por Tony Blair en Europa y prohijada, en el contexto colombiano, nada más y nada menos que por Juan Manuel Santos. Y la tal “tercera vía” representó, como lo denunció la politóloga Chantal Mouffe, el colapso de la socialdemocracia europea y su disolución en el proyecto de la globalización de signo neoliberal. Por esto es que, según la anécdota, cuando a Margaret Thatcher, madre política del neoliberalismo, le preguntaron cuál había sido su mayor logro en la vida pública, esta respondió sin dudarlo: Tony Blair. Esto equivaldría, guardadas proporciones, a que esa pregunta se la hicieran a Álvaro Uribe y este respondiera, sin dudarlo: Sergio Fajardo. En otras palabras, equivaldría a que fuera cierto el caballo de troya o el gatopardismo que otrora vieran Jorge Enrique Robledo y sus seguidores en el “Crespo”.

La actual coyuntura electoral y la falta de imaginación del fajardismo, han obligado a sus gregarios a desempolvar esa vieja narrativa, aderezándola con nuevos epítetos. Así es que han descubierto, después de un gran esfuerzo intelectual, que el problema de los candidatos con mayor opción para llegar a la presidencia es que uno representa al populismo de derecha y el otro al populismo de izquierda, y que lo que se necesita es un hombre moderado, como lo sugiriera recientemente el profesor César Rodríguez Garativo. Se trata, pues, de la estrategia retórica del justo medio que es, en el fondo, una falacia argumentativa: busca posicionar un argumento, no por sus cualidades lógicas, sino por el hecho de ser, al fin y al cabo, salomónico. O sea, Fajardo es bueno, no por su lectura histórica de la sociedad y del conflicto político colombiano, ni por sus propuestas para transformarlo, sino porque es un hombre que no se muestra exaltado, ni en sus maneras ni en su horizonte programático.

En esa estratagema de mostrar a Petro como un extremista irredento, algunos, como Héctor Abad Faciolince, han hecho directamente el ridículo, al intentar mostrar que “Petro es chavista”, replicando las tesis del uribismo y soslayando, de un solo plumazo, la profunda discusión de economía y ecología política que Petro ha puesto sobre la mesa al hablar, basado en Jeremy Rifkin, de la “tercera revolución industrial”, es decir, de la necesidad urgente que tenemos como especie de instaurar un modelo económico y político radicalmente diferente al venezolano.

También han hecho un esfuerzo importante por vendernos a un Petro ególatra, megalómano y soberbio. ¿Qué dirían entonces si se enteraran de que el celebrado profe Mockus se casó montado en un elefante en cautiverio con el pellejo pintado para la ocasión? ¿O si supieran que Fajardo desoyó a las comunidades desplazadas por Hidroituango y, como lo denunciaran la Corporación Jurídica Libertad y el Movimiento Ríos Vivos, les echó al ESMAD cuando protestaban pacíficamente contra el expolio? ¿O si descubrieran que el “Crespo” hizo lo propio ordenando el ingreso del ESMAD a la Universidad de Antioquia en abierto desprecio de las solicitudes de profesores y  de estudiantes, así como del principio constitucional de la autonomía universitaria?

Si se enteran, seguramente se les cae la ecuación porque, a diferencia de lo que hubiera hecho un buen matemático, no han tenido en cuenta todos los factores. Han obviado, para no ir más allá, que Gustavo Petro, desde el 2017, cuando figuraba de último en las encuestas, insistió una y otra vez a Humberto de la Calle y a Sergio Fajardo, en la necesidad de una coalición amplia y plural para derrotar a las élites tradicionales. Pero el jefe de De la Calle, César Gaviria, lo prohibió;  y el “Crespo” en el que, supongo, debe ser visto como un gesto de humildad y ponderación, se negó sistemáticamente.

En ese esfuerzo denodado de satanizar a Petro, también nos han querido inocular la idea de que Petro es extremista y que, como los extremos se juntan, se parece a Uribe. Así, sin empacho alguno, han puesto en un mismo plano al defensor de la Constitución de 1991 y a uno de sus mayores detractores; al que denunció la parapolítica, poniendo en riesgo su vida con la de su familia, y al que la agenció; al que denunció los falsos positivos y al que los legitimó; al que ha denunciado desde los 90 los más grandes escándalos de corrupción del país y al que se ha usufructuado de los mismos. La cuadratura del círculo, imposibilidad matemática que los seguidores del matemático se empeñan en sostener.

Epílogo: votar por Petro y abrir las sendas de la democratización en Colombia

Como buen académico, tendría que ocultar el hecho de que soy partidario del programa de la Colombia Humana para convencer a mi audiencia de que soy un analista objetivo y desinteresado. Pero no es el caso. Casi ni soy académico y tampoco soy “bueno”, así que no me avergüenza advertir que he hecho campaña activa en favor de la candidatura de Gustavo Petro y que por ello en mis consideraciones se entremezclan la razón, la emoción y la experiencia directa. Con esto en mente, y haciéndole frente al problema que he planteado en este artículo, ofrezco unas últimas líneas.

En medio de un panorama político predecible como el colombiano, Gustavo Petro irrumpió logrando canalizar procesos históricos de descontento en el marco de un discurso moderno y visionario que recoge lo mejor de la tradición progresista del país. Con ello modificó decisivamente el tablero político nacional y facilitó nuevos alineamientos de las fuerzas alternativas en torno a un programa de gobierno centrado en un imperativo socio-político: la democratización de la sociedad colombiana en todos los frentes: la economía, el saber, la salud, la educación y la política misma.

Sin embargo, algunos, particularmente los gregarios del team Fajardo, han querido ver en la candidatura de Gustavo Petro, un liderazgo que incita al odio y a la polarización de la sociedad colombiana. Y aunque yo he podido ver cosas que ellos no han podido, en realidad me pregunto si se trata tanto de poder como de querer. Porque aunque yo, directamente, me he reunido con personas desconocidas a repartir periódicos, pintar telas, hacer videos, hablar de política, cargar pendones, perifonear con megáfono, organizar reuniones, trabajar en equipo, desfilar con chirimías, participar en marchas, recorrer barrios, llenar la plaza pública; aunque yo, decía, haya hecho esto y otras cosas más en el marco de la campaña, me cuesta creer que ellos no lo hayan visto en mi ciudad como en otros muchos rincones del país y que, viéndolo, no hayan concluido que la mayor incitación de la campaña de la Colombia Humana, ha tenido que ver con una de las emociones políticas fundamentales: la esperanza. Puedo entender que no comulguen con las ideas de justicia social, ambiental y de género que constan en el programa, pero no puedo aceptar que lo que vean en las plazas públicas abarrotadas por gente de a pie, con carteles y símbolos artesanales -y sólo porque quisieron, no porque les pagaron- sea la expresión del odio y la polarización. Esto, viniendo de sectores de “centro”, sólo puede entenderse, como me lo explicaba una amiga, por un cierto republicanismo hostil a los sectores populares: hostil, en último término, a la democracia.

Pero nosotros sí celebramos el despertar de la esperanza y de las nuevas ciudadanías en el panorama político colombiano. Celebramos que el conflicto político pueda aflorar en las plazas y no en la selva, y celebramos que en este proyecto democrático coincidamos con fuerzas políticas y sociales históricas que ven sus luchas representadas en el proyecto de la Colombia Humana: La Organización Nacional Indígena de Colombia, el Proceso de Comunidades Negras, La Federación Colombiana de Educadores, la Central Unitaria de Trabajadores, las Autoridades Indígenas de Colombia, La Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados, la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana, el Movimiento Cimarrón,  la Mesa Nacional de Víctimas, La Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo, la Federación Nacional de Estudiantes Universitarios, el Congreso de los Pueblos, Marcha Patriótica, y otras muchas expresiones políticas y sociales.

Celebramos también que este proyecto de país sea abanderado por liderazgos como los de Francia Márquez, César Pachón o Feliciano Valencia, que pueden no ser Rodolfo Llinás, Pirry o La Pulla, pero son representantes, respectivamente, del mundo afro, campesino e indígena, que han luchado, resistido y comprendido las injusticias desde los territorios, no desde los escritorios, los laboratorios o las salas de redacción. A ellos los celebramos, así como al Programa de la Colombia Humana, un proyecto democrático que, como ningún otro, le ha logrado hablar a la Colombia profunda, al país real.

Por esta convicción que nos ha volcado al mundo de la política a quienes no le pertenecíamos, invitamos a los liberales colombianos y a los autodenominados sectores de “centro” a ser generosos y responsables con el momento histórico, a atreverse, al menos esta vez, a jugársela por un cambio certero representado por una propuesta que le ha devuelto la esperanza a los sectores democráticos alternativos del país.

Sabemos que Petro no es ningún mesías ni nos va a salvar de nada. Sabemos que es sólo un líder, que hoy está, pero que mañana no estará. Sabemos que va a ser difícil, muy difícil, que tendremos contratiempos, sufriremos ataques, y nos equivocaremos muchas veces en el camino. Nadaremos contra la corriente. Es la naturaleza de todo proceso de cambio social. Pero también sabemos, y lo sabemos más que nada, que ningún líder político que amenace remover las más hondas causas de la injusticia social en Colombia, va a ser tratado con benevolencia por las élites que han regentado el poder. Sabemos que nadie que se proponga transformar en serio este país, va a ser elogiado por los grandes medios de comunicación o bendecido con el don de la “gobernabilidad”. Nadie que se entregue a la lucha contra la injusticia va a salir intacto. Lo sabemos porque conocemos la historia de Jorge Eliécer Gaitán, de Jaime Pardo Leal, de Bernardo Jaramillo Ossa, de Luis Carlos Galán y de Carlos Pizarro Leongómez.

Lo sabemos porque estamos viviendo la historia de Gustavo Petro, que también es nuestra historia. ¡Y la vamos a defender!

 @gonzagalindodel

 

 

En medio de consignas como “¡Vamos pueblo carajo, el agua se defiende carajo!”, la comunidad del municipio de El Peñón, Santander, se movilizó el día 21 de mayo de manera pacífica ante el proceso de socialización que adelanta la empresa minera Geo-Cooper. Sin embargo, este acto fue interrumpido cuando dos motociclistas fueron estrellados por un miembro de la Policía Nacional, según argumentan los presentes.

Todo inició en la mañana del 21 de mayo cuando la comunidad peñonera identificó que tres miembros de la empresa Geo-Cooper -la cual tiene adjudicado un título minero para explorar y explotar en más de mil hectáreas del municipio rural de El Peñón-, se movilizaron acompañados por agentes de la Policía y Personería Municipal a tres de las veredas donde tiene influencia este proyecto extractivo: Robles, Tendidos y La Hondura.

Para la comunidad, iniciar un proceso de socialización del título minero sin concertar con entidades locales y comunidad, es un desconocimiento del proyecto de acuerdo 004 del 2018 mediante el cual se prohíbe cualquier tipo de actividad extractiva que afecte el patrimonio ecológico de El Peñón. Por eso, empezar a “socializar a la brava” y a través de un “puerta a puerta”, en lugar de hacerlo de manera colectiva, fue el argumento para que la comunidad decidiera hacer una movilización pacífica en horas de la tarde de ese mismo día, 21 de mayo. El recorrido planeado fue desde el casco urbano hasta las inmediaciones de la vereda Tendidos, donde se encontraban los trabajadores de dicha empresa, Policía Nacional y la secretaria de Personería Municipal.

Sin embargo, durante la manifestación, un uniformado que manejaba el vehículo oficial atropelló, al parecer de manera intencionada, a dos de los manifestantes quienes se encontraban en motocicletas. Estos no sufrieron daño alguno, pero sus automotores sí; este confuso hecho llevó a que surgieran pequeños brotes de violencia que fueron solventados con prontitud.

Con la Policía Nacional se había llegado al acuerdo que los tres sujetos foráneos al municipio y pertenecientes a Geo-Cooper irían a la estación para que se realizara el respectivo registro de lo sucedido durante el día, especialmente con nombres y documentos personales, ya que se negaron a presentarse ante la comunidad y a exponer cuáles eran las intenciones en El Peñón, pero “unos huyeron como delincuentes” dicen integrantes de la comunidad, lo que desencadenó más confrontación.

Finalmente, la movilización se disolvió, pero miembros del Comité Ambiental denuncian que están siendo amedrentados por agentes de Policía, ya que incluso han recibido llamadas desde la Escuela de Policía Rafael Reyes anunciando que conocen a los líderes que están generando procesos de protesta. No pueden recurrir a Personería Municipal, pues aseguran que por sus comportamientos está sesgada a favor de la empresa minera, además durante la manifestación el personero brilló por su ausencia.

Cabe resaltar que a través de una consulta popular esta comunidad ha intentado decir No a la minería, pero múltiples factores han bloqueado este ejercicio de participación, como la aparente falta de recursos según manifestó el Ministerio de Hacienda, así como un reciente fallo de tutela por el Consejo de Estado Radicación Número: 11001-03-15-000-2017-02516-01, que deja sin efectos la sentencia por la cual se aprobó dicha consulta.

 

Durante el tercer día la misión de verificación humanitaria del Catatumbo visitó el corregimiento de San Pablo, del municipio de Teorama. A medida que la comisión de verificación recorre las trochas de la región la deuda social del Estado Colombiano se hace más evidente. En la reunión llevada a cabo en el colegio del municipio, la comunidad le manifestó a la comisión y organizaciones acompañantes las necesidades insatisfechas por el Estado colombiano en materia de salud, educación e infraestructura.

 

 

Cinco detonaciones ambientaron el segundo día de verificación de la Misión Humanitaria por la Vida, la Reconciliación y la Paz del Catatumbo. A las explosiones ocurridas a menos de 20 metros de la población civil, entre ellos estudiantes que salían de la escuela, se sumaron ráfagas de fusil que desataron el temor en la vereda Mesitas del municipio de Hacarí.

El hostigamiento que confirma la vigencia del conflicto en la zona, comenzó a las 12:55 del medio día justo cuando más de 150 personas compartían un almuerzo comunitario. Aún no hay certeza de las intenciones, ni los involucrados en el hecho, lo que aumenta la zozobra adherida a los integrantes de la misión y la comunidad que se encuentra en medio del conflicto armado entre el ELN y el EPL; en medio de un conflicto que no le pertenece.  

Horas antes del hecho, la misión visitó el refugio humanitario de la vereda Villanueva donde confluyen alrededor de 33 familias de esta y otras veredas de San Calixto. Los voceros de la comunidad manifestaron varias preocupaciones, entre ellas la proliferación de enfermedades estomacales, la escasez de alimentos, las afectaciones psicosociales, la presencia de minas cerca a las escuelas, y, por supuesto, las pesadillas por el trueno de los fusiles.

¨No sabemos porque se están enfrentando ellos. No somos culpables pero estamos llevando del bulto. No vamos a levantar el refugio porque tenemos miedo de caer entre la confrontación o pisar una mina¨, declaró uno de los lideres.

Las necesidades y exigencias en el refugio de Mesitas, donde están ubicadas alrededor de 100  personas, son similares. En el momento que la misión se disponía a continuar su camino rumbo a Teorama, ocurrió otra explosión que anunció la llegada de nuevas ráfagas. Aunque la tensión llegó a su punto más álgido, sorprende la naturalización del conflicto entre los habitantes. Los cuales manifestaron que este es el pan de cada día.

La comisión por la Vida, la Reconciliación, y la Paz del Catatumbo ha exigido que tanto el ELN como el EPL se pronuncien sobre lo sucedido. A pesar del condenable suceso la misión mantiene la convicción de continuar su recorrido y recoger propuestas para lograr de una vez por todas el silencio de los fusiles en el Catatumbo.

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