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Esta actividad en el Valle de Laboyos, la puerta del Macizo colombiano, tiene la finalidad de generar cuidado por los entornos naturales de la zona rural del sur del Huila.

  

La región de sur del Huila se caracteriza por sus ecosistemas estratégicos en biodiversidad y riqueza en fuentes hídricas, como tener a su paso el río más importante del país, el río Magdalena, que atraviesa de norte a sur el departamento del Huila. En él convergen importantes afluentes como el río Guarapas, que está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y su cuenca tiene un recorrido de 71 kilómetros que nace en el municipio de Palestina y desemboca en Pitalito en la vereda Criollo.

Como iniciativa de recuperación y preservación a las fuentes hídricas, en especial a la cuenca del río Guarapas, nació la Fundación Vida al Río en el año 2015, organización sin fines de lucro que busca marcar la diferencia en el municipio por su labor de cuidado al medio ambiente. Su espacio de trabajo está enfocado en el corregimiento Charguayaco, conocido como la puerta de entrada a la Reserva Natural Serranía de Peñas Blancas, un ecosistema estratégico en el sur del Huila que está conformado por 32.973 hectáreas comprendidas entre los municipios de Pitalito, Timaná, Acevedo, Altamira, Palestina y Suaza.

Dentro de los proyectos de la Fundación Vida al Río está Charguayaco Ecoturístico Café y Color; su propósito es la conservación ambiental y el reconocimiento de la importancia del lugar para la comunidad y el planeta. Entre las actividades desarrolladas están las campañas de arborización, recuperación de senderos ecológicos, embellecimiento de las casas, realización de murales dentro del caserío para que sea más agradable la visita a la zona, cine bajo las estrellas, campañas de salud y celebración de ‘San Pedrito’, fiesta tradicional colombiana.

La iniciativa no solo comprende la descontaminación de las fuentes hídricas, sino que se proyecta en la zona sur del Huila como un polo en ecoturismo sostenible, junto a organizaciones públicas y privadas que los han apoyado. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA se unió dando capacitaciones para preparar a la comunidad en este nuevo proceso ambiental.

“Creemos que la gente puede apuntarle a una nueva actividad que no sea solamente el cultivo del café, sino que sea sostenible y que se pueda mostrar su zona como una zona de reserva y de actividad ecoturística, al mismo tiempo que se pueda ir preservando lo que hemos aprendido y enseñado”, afirma Dora Lucía Ruiz, representante legal de la Fundación.

Gracias al trabajo en equipo unieron fuerzas con la comunidad y durante un año y medio han llevado grupos de 15 a 20 personas por los senderos ecológicos para el avistamiento de aves y especies representativas de la Serranía como el mono aullador, el mono maicero y el roble negro, especie endémica de la Cordillera de los Andes registrada en cinco localidades a nivel nacional. En cada visita se preparan jóvenes que participan como intérpretes locales y guías profesionales, quienes relatan la parte histórica y ancestral del lugar, siempre con el objetivo de la conservación ambiental.

Los intérpretes locales son un grupo de voluntarios de 40 niños y jóvenes ‘Guardianes del Turismo y Patrimonio Nacional’ con edades entre los 7 y 17 años, que son capacitados y todos los sábados reciben enseñanzas del reconocimiento de los bienes tangibles e intangibles que tienen dentro de su entorno, y de especies de flora y fauna, para que de esta manera puedan generar sentido de pertenencia por su territorio. Hasta el momento, han logrado graduar a dos promociones como guías locales.

El ecoturismo también se extiende a adultos mayores en el proyecto Club de los 60, donde realizan tardes de esparcimiento y enseñanza en el manejo de los residuos sólidos y la reutilización de materiales para productos del hogar o venta en ferias ambientales. Con la integración de niños, jóvenes y adultos siguen labrando su camino de conservación ambiental y mejoramiento de la calidad de vida mediante su eje central que es la sensibilización para el rescate del medio ambiente.

 

Desde el 2011 no se presentaban movilizaciones tan concurridas como las que hemos visto las últimas semanas en el país, a causa de la lucha por la educación pública. La cuestión actual la iniciaron los profesores, afectados directamente por las medidas estatales.

Quienes presenciamos en los años anteriores las movilizaciones que tuvieron menor repercusión (porque solo eran de estudiantes tratando de resolver sus problemas), vemos en esta ocasión, con mucho asombro, cómo muchas de las dependencias de las universidades, entre departamentos y facultades, han invitado a asistir a todas las asambleas y a participar de las marchas y demás actividades de protesta. Un hecho muy paradójico, cuando anteriormente estas mismas dependencias se mostraban totalmente en contra de cualquier tipo de mecanismo para reivindicar los derechos que se consideraran vulnerados.

Aquellas veces, los rectores amenazaban con la cancelación del semestre cuando se llevaba tan solo una semana de paro, y trataban de estancar la acción de los estudiantes de diferentes maneras. En esta ocasión la cancelación de semestre fue un fantasma que atemorizó a incautos, pues no tenían en cuenta que la colaboración de la administración de las universidades hacía muy poco probable la cancelación, al menos en etapas iniciales del proceso. Muchos de los profesores, en aquellas ocasiones pasadas, con argumentos muy escuetos, deslegitimaban la posición crítica de los estudiantes, llamándolos “mamertos” (desvirtuando la significación inicial de esta palabra), extremistas, apresurados, influenciados por ideologías trasnochadas, etcétera.

Tal vez las opiniones de aquellos profesores apáticos fueron, en realidad, la forma que encontraron para defender su vergüenza por no participar en dichos acontecimientos, por no dar ejemplo y sumarse a las justas reivindicaciones estudiantiles o populares. Aquellas opiniones apáticas se revelan como un síntoma de su síndrome de pies planos que les ha impedido conectar el pensamiento con sus pies, para ponerlo a caminar y hacerlo real.

Ahora las corrientes de las circunstancias, objetivamente materiales, los une y se encuentran cara a cara ante quienes criticaban, y se reconocen en ellos, se identifican y empiezan a luchar por lo mismo. Aunque quién sabe si sea un fenómeno solo de coyuntura…

También han visto su error algunos de los estudiantes apáticos, que otros estudiantes han llamado “impedidos” por su falta de compromiso social, y se han dado cuenta de lo que significa la palabra reivindicación. Han visto que protestar no se hace por el gusto de perder clases, por capricho, porque les encanta el desorden o cosas de ese tipo. Sino que se trata de una necesidad a la que los ha llevado la negativa del Gobierno al no cumplir con lo que mínimamente debe en una democracia: el derecho a la educación.

Esta ocasión especial permitió a los profesores descubrirse como obreros, porque son igual que los demás trabajadores, porque tienen igual dignidad a la que muestran los trabajadores de una fábrica cuando hacen una protesta, y aunque tengan un privilegio que se manifiesta en una cantidad superior de dinero en su cuenta bancaria, igualmente sus derechos son vulnerables. La lucha se ha desatado debido a que sus salarios sufrieron una afectación en términos de ingresos monetarios, concretamente con la Reforma Tributaria de 2016 les quitaron alrededor de 1.5 salarios por año (teniendo en cuenta que son 12 salarios por año) y con la amenaza de reformar el Decreto 1279 de 2002, se preveía que ese recorte subiera a 2.5 salarios por año.

Aunque las motivaciones de las movilizaciones giraron en torno a la lucha por la calidad de la educación superior en el país, esta calidad está asociada con los derechos laborales de los profesores, asociados con su dignidad como docentes, y sus malas condiciones laborales se reflejan en su calidad de vida, sin la cual no pueden ejercer un buen desempeño en su rol educativo.

Qué triste si después de estas generosas jornadas, en que derramaron al menos sudor, vuelven a criticar a quienes les están enseñando a que se respeten sus derechos.

El subsuelo de la Revolución Bolivariana

Por Atilio Borón

 

Prólogo del libro Diario urgente de Venezuela escrito por Marco Teruggi

 

Cronistas y estudiosos de las revoluciones, casi invariablemente, concentran el foco de sus análisis en los movimientos, tensiones y conflictos que se producen en las alturas del Estado: el gobierno, el partido gobernante, los opositores, el imperialismo, “la embajada”, los grandes medios concentrados, las organizaciones corporativas de la burguesía, etcétera. Pocos son los que se internan en las profundidades de los procesos revolucionarios, explorando el sustrato popular que los sostiene, yendo a la búsqueda de actores anónimos que se encuentran en el subsuelo profundo, escuchando sus quejas pero también tomando nota de las razones por las que con sus afanes y luchas cotidianas hacen que la revolución no se venga abajo.

Si un mérito tiene –aparte de muchos otros– este libro del sociólogo y militante revolucionario argentino Marco Teruggi es precisamente ese. Ser un diario, una bitácora del día a día de una revolución. Decir, como lo hace en el remate del día 89 de su larga travesía, “lo que no se cuenta en las historias de las revoluciones, los acontecimientos que cambian el curso de la historia”.

Justamente, ese decir que viene “desde abajo” es lo que convierte a su libro en una obra excepcional y fascinante, que ilumina no solo aspectos por largo tiempo ocultos en la sombra de la experiencia bolivariana sino también cuestiones que, con distintos matices, se han presentado en muchos otros países. Aporta un vívido retrato de la vida cotidiana en la Venezuela Bolivariana sometida al ataque implacable del imperio y también a la ineptitud de muchos de sus burócratas y al cáncer de la corrupción. Se trata de una crónica escrita desde la necesidad de preservar las conquistas de la revolución y narrada con una inusual maestría y, por momentos, con mucha poesía.

A través de sus páginas la lectora o el lector se internarán en las raíces del proceso iniciado por el Comandante Chávez interpelando, como éste lo hizo en vida, a las mujeres y hombres del pueblo, a la masa plebeya tradicionalmente explotada, oprimida y despreciada por la cual Chávez ofrendó su vida. Y este pueblo le respondió –y todavía le responde– reafirmando su fe en la revolución, su confianza en la revolución, su necesidad de revolución. Pero también muestra una diáfana consciencia de sus yerros, sus distorsiones, sus promesas incumplidas; consciencia también de la corrupción que anida en las entrañas de los aparatos estatales y que justifica, por enésima vez, aquella repetida consigna del Comandante: “¡Comuna o nada!”.

La revolución contada por el pueblo chavista produce, en la obra de Teruggi, una crónica vívida y lacerante. A lo largo de más de dos años recogió testimonios de aquellos cuyas voces jamás se escuchan, combinadas con agudas observaciones de los modos de vida y actitudes de las opulentas clases dominantes del Este de Caracas y cuyas fortunas y privilegios han sobrevivido –“¡por ahora!”, como de nuevo diría Chávez– al vendaval revolucionario. Recorrió ciudades grandes y también pequeñas aldeas campesinas; trajinó por las calles y barrios populares y por inhóspitos caminos rurales, compartiendo de la mañana a la noche los  ingentes esfuerzos del pueblo chavista para salvar a la revolución de la inepcia y la corrupción que caracteriza a una parte de sus dirigentes, tan prestos a exhibirse por las calles de Venezuela con la franela “roja-rojita” como para entrar en todo tipo de transa con los contrabandistas (“bachaqueros”) y los empresarios fugadólares y acaparadores.

Teruggi fue testigo y compañero en la lucha de los pobres de la ciudad y el campo frente a los interminables sacrificios que le impone la agresión estadounidense. Pero como allí se explica, no basta con el imperialismo para comprender la causa de los sufrimientos populares. Esta conclusión aparece con nitidez en innumerables conversaciones con la gente de pueblo. El criminal accionar de aquel es evidente, pero también lo es que su eficacia se acrecienta exponencialmente por un mortífero combo de corrupción oficial, ineptitud en el manejo de la política económica, la labor de un invisible pero letal ejército de paramilitares y narcos –invasores promovidos y protegidos por Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos desde Colombia– y grupos mafiosos que pululan por toda Venezuela, la conspiración del empresariado que alimenta sin cesar el “bachaqueo” y hace de la desaparición programada de productos de primera necesidad, sobre todo alimentos y medicinas, fuente de fenomenales ganancias y enormes sufrimientos para la población.

La estrategia de desgaste del  imperialismo y sus lacayos locales es clara y transparente, como ya lo advierte nuestro autor en el día 3 de su jornada: “Hacer de cada acto del cotidiano una batalla, llevar el conflicto a los barrios, empujar a los pobres a especular sobre los pobres, a acusar al gobierno, votar contra el gobierno, desandar lo que es el chavismo, una experiencia popular de organización, politización y movilización”.

Gracias a las agudas capacidades de nuestro autor como analista, observador y participante en la lucha cotidiana por la sobrevivencia de la revolución, la crónica transmite una inmediatez pocas veces vista en este tipo de ensayos. Por eso, su libro es una atrapante radiografía en movimiento tomada muy de cerca, codo a codo, con el noble y bravo pueblo bolivariano que, pese a la frustración que le provoca la exasperante demora –¿o la impotencia?– oficial para resolver sus demandas más urgentes, el temor que le inspiran los  paramilitares y las mafias y los nefastos resultados de un proceso de progresiva erosión de los lazos sociales espoleados por la escasez y las necesidades insatisfechas se empeña heroicamente en salvar la revolución amenazada.

Lo que registra en su incisivo y desgarrador relato –minucioso, exento de hipérboles y grandiosa retórica– es la tragedia de un proceso revolucionario acosado sin pausa por poderosos enemigos internos en connivencia con otros que desde el exterior –los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, principalmente– conspiran para producir la “solución final” al desafío que lanzara Hugo Rafael Chávez Frías aquel diciembre de 1998 cuando fuera elegido presidente de la Cuarta República, luego de lo cual Venezuela, y toda América Latina, cambiarían para siempre.

La mirada de nuestro autor es la de un militante revolucionario que procura con este excepcional documento contribuir al rescate de una revolución amenazada como nunca antes. La gravedad de la situación no puede ni debe ser soslayada. El proyecto emancipatorio de Chávez está herido, y para repararlo habrá que contar con una inusual combinación de lucidez política, eficacia de la gestión gubernamental y ataque resuelto y sin cuartel contra quienes desde dentro, a veces disimulados dentro del chavismo y en otras ocasiones abiertamente desde fuera de él, laboran incansablemente para liquidar el más radical y significativo proceso revolucionario puesto en marcha desde la Revolución Cubana.

Pero junto a una crítica radical, imprescindible para la salud de la revolución, Teruggi exuda en su texto la pétrea solidez de la base social del chavismo, su conmovedora fidelidad al legado del Comandante Eterno que le enseñó a su pueblo que el chavismo es la “redención de los pobres por sus propias manos”.

La derrota o una indigna capitulación serían el preámbulo de una matanza. Nuestras revoluciones, agrego, han sido generosas con sus enemigos. Chávez no disolvió la Corte Suprema que, luego del fallido golpe del 11 de abril de 2002, estableció arteramente que lo que se había producido había sido “un vacío de poder”. Salvador Allende respetó puntillosamente una Constitución oligárquica y las corruptas instituciones de una república que había sido pensada para una minoría. Lula respetó con fidelidad la dictadura mediática de la Red O Globo, pensando que con ello se ganaría sino el apoyo por lo menos la neutralidad de los bandidos que la dirigían.

Esto lo está pagando con la escandalosa sentencia que lo envió a la cárcel un juez que es asiduo participante en los cursos de “goodpractices” que organiza Washington para instruir a sus peones y le costó nada menos que la destitución de Dilma Rousseff. No puede haber duda alguna en el sentido de que una eventual derrota de la Revolución Bolivariana desencadenaría una represalia salvaje, que hundiría al país en un baño de sangre. Pensar en una transición “a la Moncloa”, como algunos politólogos del imperio y sus acólitos latinoamericanos aseguran, es una criminal engañifa. La transición hacia el “post-chavismo”, si llegara a producirse (y espero que no), se inspiraría más en la matanza sufrida por los comuneros con la derrota de la Comuna de París en 1871 o con las fuerzas de Gadaffi en Libia en 2011. Al revés de nosotros, la burguesía y el imperio son implacables: carecen de límites morales, son inescrupulosos y no perdonan.

Como toda clase dominante, matar a los rebeldes, insurrectos, revoltosos, desobedientes es algo constitutivo de su ADN. Decíamos en un viejo texto de nuestra autoría que en Nuestra América aun las más tímidas reformas desencadenan sangrientas contrarrevoluciones. Y, de producirse tan desafortunado desenlace, Venezuela no sería la excepción a esa regla1.

Teruggi, como muchos que compartimos a grandes rasgos su visión, propone salvar la revolución antes de que sea demasiado tarde. No es un académico neutro, un cronista impasible ni un enemigo de la revolución sino todo lo contrario. Es un hombre profundamente identificado (como también lo es el autor de estas líneas) con la nobleza y el patriótico latinoamericanismo del proyecto emancipatorio de Chávez y que cree que la revolución solo podrá ser rescatada de su parálisis mediante una discusión democrática, horizontal, comprometida, del pueblo chavista con sus principales dirigentes y funcionarios estatales para que, movilizados y organizados, se libre una impostergable guerra sin cuartel contra los agentes internos del imperialismo y la reacción: los corruptos dentro y fuera del gobierno, la oposición sediciosa y violenta, los paramilitares, las mafias y los empresarios deshonestos, todos coludidos para derrotar a la revolución.

A lo largo de las páginas de este libro queda demostrado que ésta, como tantas otras que relampaguearon en la historia, solo podrá ser salvada si profundiza el curso de acción, si el gobierno escucha de verdad al pueblo y actúa en consecuencia. Solo un nuevo impulso revolucionario –plebeyo, “desde abajo”, arrollador– podrá salvar a la revolución.

Porque, como lo dijera tantas veces Fidel en relación a la experiencia cubana, “el peor error que hemos cometido fue creer que alguien sabía cómo se hacía una revolución”. Y nadie lo sabe. Los libretos y los talmúdicos manuales esgrimidos sin cesar por los “sedicentes doctores de la revolución” –esos que viven de apostrofar a Maduro, a Evo, a todo liderazgo popular y son ciegos ante los designios del imperialismo– jamás fueron los inspiradores de las auténticas revoluciones. Lo que se requiere es una apelación a la sabiduría popular que se cristaliza en las organizaciones sociales del campo y la ciudad, a ese núcleo duro “chavista hasta la muerte”, ese subsuelo granítico al que nos referíamos en el título de estas páginas que preserva en sus entrañas el futuro de la revolución bolivariana amparado en las dos millones de viviendas otorgadas a los pobres de las ciudades y el campo en los últimos seis años, un record inigualado a nivel mundial.

El gobierno de Nicolás Maduro está sometido a un implacable acoso que ha producido una suerte de parálisis  administrativa de su gobierno. Y no se trata de culpar al Presidente por esto, porque la inmensidad y el carácter multifacético de los ataques han logrado colocar al gobierno bolivariano en una postura reactiva, defensiva. Tiene que parar los golpes de afuera y las traiciones y capitulaciones de adentro; los planes de enemigos cada vez más empeñados no solo en dar vía libre a la contrarrevolución sino inclusive a acabar con su vida.

Bajo esas condiciones gobernar se convierte en un esfuerzo titánico y, en honor a la verdad, hay que reconocer que hasta ahora el presidente obrero ha sabido capear un tremendo temporal. Pero en los últimos tiempos su capacidad para seguir neutralizando las arremetidas en su contra se ha visto debilitada por la demorada –en realidad, ¡muy demorada!– rectificación del rumbo económico y la falta de un combate a fondo contra la corrupción (exigida una y cien veces en los diálogos de Teruggi con la gente de pueblo) ligada con la mafia, los paramilitares y el empresariado y cuyo accionar desangra día a día la legitimidad de la revolución.

Un ejemplo de los tantos lo ofrece en su crónica cuando dice que: “Llega el camión de alimentos, la tensión es grande. El desabastecimiento provoca angustia, miedo, rabia, presiona sobre el pecho y la mesa. Descargan las bolsas para contarlas y organizar la repartición según el censo hecho por el Clap. Debería ser una por casa, pueden ser más debido al hacinamiento, es decir varias familias en una vivienda. Problema: se esperaban 144 bolsas, llegaron 97, desaparecieron 47 en el camino”.

La verdad siempre es revolucionaria, decía Gramsci. Y Teruggi no hace otra cosa que exponer, con el inmenso amor por esa maravillosa tierra bolivariana “que me hizo suyo”, como dice en otro pasaje de su libro (como nos hizo suyos a tantos otros, agregaría yo) esa dolorosa verdad. Con la esperanza de la pronta resolución del problema que con ella se denuncia.

La corrupción es un cáncer que destruye los procesos revolucionarios. Es un mal endémico en el mundo actual, que se manifiesta bajo diferentes ropajes pero existe y actúa por doquier. Ni el Vaticano está a salvo de ese flagelo. A veces la impotencia de los gobiernos agiganta su impacto; en algunos casos se trata de negligencia, en otros de complicidad. Toda revolución lleva en su seno las semillas de la contrarrevolución, y la radiografía que nos muestra nuestro autor devela con enceguecedora claridad esta ley de todas las revoluciones. Fidel, una vez más, advirtió a los cubanos que su revolución sería indestructible desde afuera pero podría sucumbir ante los estragos de la corrupción.

El rentismo petrolero, el fenomenal desequilibrio de los precios relativos (comenzando por el absurdo precio de la gasolina, ahora mínimamente atenuado) y la ruptura de la integración social producida por el “sálvese quien pueda” en la infinidad de colas formadas por la interminable búsqueda de alimentos y medicinas –que o bien son objeto de acaparamiento mafioso-empresarial o que, cuando aparecen, lo hacen con precios exorbitantes por la llamada “hiperinflación inducida”– son todos factores que potencian las tendencias al “bachaqueo” y con éste a la corrupción de funcionarios civiles y militares.

No obstante, como bien señala nuestro autor, pese a esta desafortunada situación, el intervencionismo norteamericano no ha podido todavía reclutar a ningún sector significativo de las fuerzas armadas para que se abalancen sobre el Palacio de Miraflores y pongan fin al gobierno de Maduro. Tampoco pudo convencer a la mayoría del pueblo que abandone la convocatoria que le hiciera Chávez, porque aquél sabe, o presiente, que quienes hoy posan de sinceros y progresistas demócratas son una banda siniestra que, en caso de ser gobierno, sembrarían horror y muerte en Venezuela.

La lealtad popular al chavismo habla del profundo calado que tiene en las clases populares, tanto más significativo si se repara en la desesperación de Washington por poner fin a la Revolución Bolivariana y, con   ello, asestar un golpe mortal a los procesos progresistas o de izquierda que todavía sobreviven en algunos países de la región; o sembrar el desánimo en las fuerzas que bajo diferentes condiciones luchan por construir un mundo mejor. Por todas las razones antes aducidas es que damos una cálida bienvenida a este libro, llamado a ser un importante aporte a la lucha por la continuidad de la Revolución Bolivariana.

En el día 40 de su diario, Teruggi escribe, con palabras que hago enteramente mías, que “cualquier crítica, polémica que pueda darse, nunca deberá olvidar a quien se enfrenta: al imperialismo norteamericano y a sus ejecutores nacionales que tejen planes donde mueren chicos llamados Bryan, se incendian instituciones, se busca la confrontación civil, se intenta un quiebre democrático. Venezuela debe ser defendida, las dudas, incertidumbres, resueltas dentro del chavismo. No existe nada por fuera. Perder no es una opción”. Palabras sabias que debemos extender a procesos similares, sometidos por igual a la brutal injerencia del imperialismo y sus sórdidos aliados locales.

Lo que está ocurriendo últimamente en Nicaragua es parte de lo mismo, como lo es el continuo ataque al que está sometido Evo en Bolivia y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador. Como lo estuvo Rafael Correa, vilmente traicionado por un personaje salido de algunas de las más lúgubres y bizarras tragedias narradas por William Shakespeare. Seremos fieles al legado de Chávez, de Fidel, del Che, de Allende, de tantas y tantos patriotas latinoamericanos de hoy y de ayer que lucharon a brazo partido contra la mayor y más criminal superpotencia jamás conocida en la historia de la humanidad. Y este libro nos ayuda a entender por qué.

Buenos Aires, 31 de agosto de 2018.

 

1. Cf. Estado, capitalismo y democracia en América Latina (Buenos Aires: CLACSO, 2003), pp. 196-205.

*Atilio Boron (Buenos Aires, 1943) es politólogo y sociólogo. Investigador superior del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Argentina (Conicet). Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Director del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia) del Centro Cultural de la Cooperación.

 

Pachakuti”, es un proceso etno-educativo para el fortalecimiento de la cultura ancestral en Pitalito Huila

Pacha traduce espacio-tiempo y kuti retorno. Pachakuti, retorno al tiempo y espacio, que es la conexión entre la comunidad, el cosmos y el hombre; traduce el retorno a la tierra, a la autonomía, a la familia y tradición. Por eso Pachakuti es el nombre que lleva una propuesta de educación que surgió en el 2013 por iniciativa de gobernadores de tres comunidades indígenas: Yanacona, Rumiyako e Intiyacta, que se encuentran en zona rural del municipio de Pitalito, Huila.

El modelo educativo inspirador

Este proyecto educativo ha buscado impactar de forma concreta a través de simbologías; por ejemplo, desde la ruptura de la construcción de aulas en cuadrícula, que ponen en la parte delantera un sujeto que tiene el control sobre los demás. Por eso Pachakuti inició su proyecto Churu-wasi, que traduce casa en espiral, y que consiste en la construcción de aulas en forma de espiral, en representación del mambeo de la palabra, que guarda relación al ritual del mambeo de coca, en el que la comunidad se sienta en torno al fuego.

Yovany, politólogo y filósofo egresado de la Universidad del Cauca, y voluntario en este proyecto desde el 2013, considera que la forma circular de la construcción de aulas les permite mirarse a la cara, sin un poder o fuerza dominante, por eso el nivel del escritorio es el mismo de todos. Él la llama “la apuesta pedagógica del tú a tú”.  

Dentro de los componentes educativos hay otro que tiene gran relevancia y es la recuperación del Runashimi, lengua originaria de la comunidad. El Runa traduce hombre, y Shimi lengua – “La lengua del hombre”. Dentro del proyecto consideran que la lengua no es importante solo por la lengua o distinción, sino que van más allá. Para ellos la lengua es la que enseña de la manera más hermosa la historia y evolución de las comunidades. Del Runashimi, Yovany destaca la palabra Ayllu, que es familia y a la vez comunidad, pues para los Incas un hijo no es propiedad privada, sino que es un ser comunitario.

Otro de los aspectos fundamentales de este modelo educativo es que no está regido por un Proyecto Educativo Institucional, como normalmente lo hacen las instituciones, sino que, como en otras comunidades indígenas, en Pachakuti se habla del Proyecto Educativo Comunitario (PEC). Así, una vez se oficializó la institución ante el Ministerio de Educación, y la secretaría de Educación emitió el acta de legalidad para que Pachakuti pudiera ser o pertenecer a una institución educativa indígena, los gestores de este proyecto empezaron a buscar el agente diferenciador.

Al respecto, Yovany explica que no es solo por la estética, sino por las formas pertinentes a la educación indígena. Así, dentro del PEC se trabaja por proyectos de investigación, específicamente en cinco que tienen como eje fundamental la Pachamama, en donde el docente es acompañante del proceso. Desde ahí cambian las dinámicas, pues el PEI funciona a través de cátedra y el docente tiene un papel protagónico en el proceso. 

Mientras que en la educación occidental, como ellos la llaman, se manejan alrededor de 12 áreas de trabajo, en Pachakuti se manejan cinco: Literatura y pensamiento crítico, que tiene dentro de sus temáticas lenguaje y filosofía, en los que se enfatiza en lectura crítica, gramática, en temas propios y el análisis del  contexto, para tener una visión crítica de la realidad; Interculturalidad y gobernabilidad, donde tratan temas relacionados a derechos humanos, La Colonia, Derecho mayor, ética y valores; Arte y expresión del espíritu, que incluye artística y educación  física; Yupana, que guarda relación con trigonometría, cálculo, estadística; y finalmente Chakra, que trabaja biología, física y química: la interacción entre el hombre, el cosmos y lo productivo.

 

Niños institución Pachakuti y su proyecto productivo de siembra

 

El mundo no es perfecto, la perfección es un ideal

El contexto rural del municipio de Pitalito, en el que crece la institución, es muy complejo. El estudiante no tiene mucha proyección, y su familia en ocasiones cree que el único futuro de sus hijos está en el manejo de la tierra, además existe una programación mental que hace tener la idea de la educación lineal, lo que genera poca autonomía en los estudiantes.

Dentro del proceso educativo tienen claro que el estudiante debe ser integral. Yovany meciona que como docentes no lo saben todo, pero ha sido el espíritu de investigación lo que los ha hecho avanzar. Para algunos docentes, durante el proceso también ha sido difícil dejar a un lado la educación lineal de la que han sido resultado.

Por otro lado, la comunidad Yanacona ha reducido su visión a una individual dejando a un lado su esencia. Por eso el proyecto educativo Pachakuti es una apuesta por recuperar la cultura Yanacona y mostrar otros posibles futuros a jóvenes de la comunidad. De cuatro promociones hay doce egresados, de ellos hay una joven estudiando artes plásticas en la universidad, y dos con proyección de estudiar. “Lo que queremos es que los estudiantes retornen a la comunidad una vez hayan salido de su formación profesional, que entiendan el valor y riqueza que poseen, no queremos que los jóvenes sientan vergüenza por sus costumbres y creencias. Por eso la apuesta del proyecto es tan grande e incluyente”, menciona Yovany.

 

 

 

 

Elementos de nuestro contexto social y político, como el conflicto armado o la pobreza, entre otros, han marcado notoriamente la manera en que las comunidades en los territorios vivimos la época navideña. Es por eso que en Periferia nos hemos propuesto publicar una edición que nos acompañe durante esta navidad, con el objetivo de resignificar esta época en la que, a pesar de las carencias, se crean también tejidos de solidaridades y alegrías.  

Para este propósito, convocamos a fotógrafos, periodistas y escritores a que nos ayuden a narrar la “Navidad en la periferia”, con contenidos recopilados de años anteriores o de las semanas previas a la navidad de este año (debido a que la publicación impresa se realizará el 1 de diciembre). Buscamos:

 

  • Fotografía acorde al tema para la portada de la Edición 145 de Periferia, acompañada del lugar en el que fue tomada y el autor o autora. No debe traer logos ni marcas de agua, los créditos se darán en la bandera de edición. Tamaño: encuadrable en 20 cm x 23 cm. Resolución: 300 ppp. Fecha límite de envío: 29 de noviembre.

 

  • Fotografías acordes al tema para la creación de un fotoreportaje colectivo, acompañadas de una breve descripción y autor o autora. Resolución: 300 ppp. Fecha límite de envío: 29 de noviembre.

 

  • Microhistorias periodísticas que narren algún aspecto de la navidad en la periferia, debidamente firmadas con el nombre del autor o autora. Extensión: 500 palabras. Fecha límite de envío: 25 de noviembre.  

 

Los contenidos deberán ser enviados al correo This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it., por medio del cual también se notificará a los autores de las fotografías y microhistorias seleccionadas, quienes recibirán como reconocimiento un libro “Crónicas de la Periferia” y una “Agenda Periferia 2019”, además de cinco ejemplares de la Edición 145.

 

Derechos de autor

La Corporación Periferia es una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es visibilizar las luchas y apuestas de las comunidades en la Periferia. El propósito de esta convocatoria no es comercial.  Los autores de los contenidos seleccionados aceptan ceder a Periferia –de manera no exclusiva- el derecho de uso y reproducción de los contenidos. El derecho de uso que asume Periferia sobre los contenidos no enajena la propiedad patrimonial e intelectual de los autores y su campo de acción está limitado para fines educativos y sociales. Periferia se compromete a reconocer los respectivos créditos de los autores cuando los contenidos sean publicados.

 

“Más allá de riqueza, queremos vida”, “el agua es de la vida, no del capital”, con estas y otras premisas inició el sábado 27 de octubre el X Festival del Agua en San Francisco, Antioquia. Integrantes de procesos sociales de 13 municipios del Oriente antioqueño, internacionalistas, y delegados de otras regiones del país realizaron en horas de la mañana un acto simbólico al borde de la autopista Medellín-Bogotá para exigir el respeto al sentir y a la permanencia de las comunidades en el territorio.

Además, los asistentes marcharon hasta La Piñuela. Allí rindieron un homenaje a los líderes asesinados en la región, “porque la memoria es el alma de los que no están”. Al medio día las aguas del río Santo Domingo y un sancocho de leña refrescaron los ánimos de las más de 500 personas que asistieron al evento convocado por el Movimiento Social por la Vida y la Defensa del Territorio (Movete).

En la tarde se realizaron recorridos temáticos por San Francisco para visibilizar las problemáticas socioambientales y las propuestas alternativas al modelo de desarrollo extractivo. Entre ellas destacó la visita a la vereda Pailania, uno de los sitios más turísticos del municipio. La llegada masiva de turistas que traían más desechos que beneficios económicos a la zona, motivó a varios adultos a ingeniarse una manera de hacer del río una fuente de recursos, y a la vez promover su cuidado y conservación. “Favorece a los que tienen negocio, y en el tema de medioambiente nos conviene a todos porque el agua no la podemos acabar”, aseguró Ediberto Mesa.

Los asistentes también recorrieron las orillas del río Santo Domingo, donde actualmente planean construir una microcentral que ha despertado el rechazo de la comunidad. Al respecto, Ancizar Morales sostuvo que: “San Francisco está en una zona propensa a movimientos en maza, nosotros decimos: “como se les ocurre que a San Francisco le vamos hacer un fondaje y una represa”. Lo otro es que muchos conocemos la realidad de San Carlos, las vías son pésimas, la energía sigue siendo la más cara, lo mismo que Sonsón, tienen hidroeléctricas pegadas al municipio, eso hace que muchos de nosotros como campesinos nos demos la pelea y digamos que eso no es desarrollo”.

Al mismo tiempo, los asistentes conocieron cómo los jóvenes reivindican la cultura campesina en la vereda El Pajuí. Aquí, gracias al apoyo de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA), nació Producciones El Retorno con la necesidad de retratar aquellas historias relacionadas con el conflicto armado. Actualmente este proceso ha transversalizado otros aspectos como la cultura y la memoria. Así surge la Escuela de Creación Documental conformada por jóvenes de diferentes veredas que buscan por medio del arte resistir y permanecer en el territorio. Según Andrés Nava, integrante de El Retorno, el principio fundamental de ellos es hacer obras de teatro, fotografía, y producciones audiovisuales que reflejen “la mirada de nosotros los jóvenes campesinos que sentimos, vivimos, y creamos historias propias en las cuales se unen los lazos comunitarios fragmentados por la guerra”.

Los participantes también visitaron los acueductos comunitarios, los circuitos económicos impulsados por mujeres, y otras experiencias de soberanía alimentaria. El primer día del festival cerró con una marcha carnaval y con un acto cultural. El segundo día, en la casa de la cultura, se desarrolló una plenaria para socializar las reflexiones que surgieron de los recorridos. Las demás subregiones del Oriente antioqueño tuvieron la oportunidad de compartir sus propuestas alternativas al desarrollo. Y para dar cierre a la décima versión del festival se leyó la declaración política en el parque principal.

Son diez años de lucha y defensa de la vida y el agua. Un legado de resistencia histórica dada por las comunidades del Oriente antioqueño que hace diez años heredó el Movete.

Las condiciones políticas, sociales y económicas que ha desatado el gobierno de Juan Orlando Hernández y los grupos delictivos, impulsaron a miles de personas a salir con lo puesto en busca de una mejor vida.

 

Miles de personas iniciaron el sábado una caminata para salir del país centroamericano gobernado por Juan Orlando Hernández. Comenzaron en la central interurbana de autobuses de la norteña ciudad de San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante, y se dirigieron por la carretera hacia la frontera con Guatemala, a la ciudad de Agua Caliente.

Decidieron migrar en masa para sortear los peligros del trayecto. Muchos no saben bien a qué van, pero dicen que en Honduras no se pueden quedar porque no tienen trabajo, alimento ni un futuro para sus hijos e hijas.

Juan Orlando Hernández, el actual presidente de Honduras en su segundo período, es duramente criticado por llegar al cargo con presunto fraude electoral, por subir un 18% la energía eléctrica, por las constantes alzas en combustibles, en el gas y en la canasta básica de alimentos. La falta de empleo, las malas condiciones de trabajo y los bajos salarios agudizan la situación.

La violencia es otro de los factores que impulsó a las personas a migrar. Según el Observatorio de la Violencia de Honduras, de enero del año 2010 al 2018, se registran 26.403 muertes violentas de la niñez y juventud. Y el 98% de estos no sobrepasan los 30 años. Los universitarios no se escapan de esta ola de violencia, al menos 114 jóvenes han sido asesinados.

Las imágenes son alarmantes. Una delegada de la Cruz Roja que se dirigió a la frontera señaló que ni en la guerra en Nicaragua ni en los conflictos de El Salvador se vio tanto movimiento de personas. Muchos van con sus niños y niñas, sin pasaportes, pues dicen que “solo los ricos tienen”, van sin equipaje, se suben a autos, a buses repletos. Se habla de entre dos mil y cinco mil personas. Y es que se han ido sumando en la caminata luego de enterarse por la prensa o por conocidos.

En un comunicado Guatemala anunció este lunes que no dejará ingresar a su territorio a los miles de hondureños si no cumplen con los requisitos legales. "Guatemala no promueve ni respalda la migración irregular en ninguna de sus formas, por lo tanto rechaza los movimientos organizados con fines ilícitos y que tergiversen la figura de un derecho humano, como es la migración para fines particulares", indicó el Instituto Guatemalteco de Migración (IGM).

Sin embargo, luego de bloquear por horas el paso de los migrantes en frontera, los dejaron pasar por las incesantes protestas, la alta aglomeración de personas y problemas de salud de algunas de ellas debido al hambre, la sed y las largas horas de caminata.

Hay quienes esperan solicitar asilo en México, mientras que para otros el destino final es Estados Unidos. Dicho país ya señaló oficialmente que están “seriamente preocupados por la caravana de migrantes que viaja al norte desde Honduras, con falsas promesas de ingresar a los Estados Unidos hechas por aquellos que buscan explotar a sus compatriotas. Los Estados Unidos hace cumplir vigorosamente sus leyes de inmigración”.

Cuando uno estudia en una sede de una universidad pública con déficit presupuestal, como todas las universidades públicas del país, se convierte en un reto hacer cumplir esa bandera de campaña de los gobiernos nacionales llamada: educación gratuita y de calidad. La falta de recursos la convierten en la universidad “PLATANO” porque plata no hay y es la respuesta ante cualquier solicitud que hacemos.

Hoy funcionamos con un presupuesto de hace 25 años, sin tener en cuenta que las condiciones económicas y sociales han cambiado: la universidad atiende a tres veces la población que atendía en 1993; la infraestructura se ha deteriorado o no es adecuada para el número de estudiantes; hay disminución de profesores de planta en las instituciones; las iniciativas de investigación se limitan porque rara vez reciben recursos, siendo esta una de las cualidades principales de la universidad, y no hay dinero para bienestar universitario y así dar mejores condiciones a estudiantes que deben considerarse como prioridad. Otra preocupación latente es el programa Ser Pilo Paga, que funciona con recursos de la universidad pública, pues se estima que con lo que sostienen a 40.000 estudiantes de Ser Pilo Paga en universidades privadas, en las universidades públicas podrían sostenerse a 500.000 estudiantes.

Como resultado a la serie de circunstancias negativas y que pasan por encima de nuestros derechos, el 10 de octubre vivimos una de las marchas multitudinarias de la historia colombiana. La educación superior en el país está colapsada y mientras tanto el Gobierno anuncia más recursos al Ministerio de Defensa; esto hizo que nos uniéramos en una sola voz, y nos movilizáramos tanto en ciudades principales como en pequeños municipios.

Mediante un comunicado, un vocero de esta movilización afirmó que “la educación es la herramienta fundamental para zanjar la abismal desigualdad social, moral e intelectual de la nación. El Movimiento Estudiantil colombiano, nutrido de sueños, vuelve a manifestarse por medio de procesos de organización, movilización y articulación a nivel nacional”.

Las problemáticas nos han hecho entender la importancia de la educación pública y el riesgo en que está, por eso defendemos el derecho a la educación que por ahora parece un privilegio de pocos. Se calcula que alrededor de un millón de personas marchamos en el país en una sola voz, las 32 universidades públicas estábamos en las calles, exigiendo garantías para la educación superior colombiana. Las movilizaciones responden a un déficit en la educación pública, que se estima en 3,2 billones de pesos en funcionamiento y 15 billones en infraestructura, de acuerdo con el Sistema Universitario Estatal (SUE). 

Las movilizaciones fueron convocadas y organizadas a través de asambleas universitarias; también el “voz a voz” fue un factor clave, y las redes sociales hicieron un gran aporte, pues a través de WhatsApp, Facebook y mensajes de correo electrónico se motivó a los estudiantes de diferentes universidades y a la comunidad en general a la participación en la marcha. Hay algo claro para la comunidad estudiantil de la universidad pública colombiana, y es que si bien la marcha mostró la inconformidad con las políticas educativas del Gobierno nacional, por delante tenemos grandes desafíos en la defensa de la educación superior pública, gratuita y de calidad.

 

 

El símbolo de la muerte se hizo presente en la marcha por la universidad pública

 

 En Pitalito Huila cerca de 800 personas se unieron en la movilización por la educación superior.

Jóvenes de Pitalito hicieron un llamado al gobierno nacional para exigir garantías en la educación pública.

Asociaciones y sindicatos se unieron por la defensa de la educación pública.

 

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