slider

FLAKO PANDEMIA

10/03/2020 0 comment
El patriarcado ha sido la forma de organización social que nos da la autoridad ...
10/03/2020 0 comment
Tenía 17 años, estaba a punto de terminar el bachillerato, quería estudiar ...
10/03/2020 0 comment
Cuando la misión espacial rusa Vostok 6 fue lanzada en 1963, en plena Guerra ...

(11)

Me gusta pensar en el lugar particular en que me ha puesto la historia, estas líneas las escribo como una hija que ha logrado entender que sus padres, y en un sentido especial, la madre, no ha sido solo para mí. Ella ha estado ahí para muchas otras personas como una guía, como una mano amiga dispuesta a ayudar en la búsqueda de un rumbo hacia la dignidad individual y colectiva.

Nora Henao nació en el seno de una familia campesina del municipio de Liborina, Antioquia. En el año de 1960 migró hacia Medellín sumándose a las primeras grandes oleadas de expansión del valle, abriéndose paso en una ciudad que apenas se formaba, en el borde urbano de Santo Domingo. Fue una niñez marcada por la precariedad ¿Qué oportunidades para crecer podría brindar una ciudad que ayer como hoy intenta ocultar la vida de los marginados? La respuesta es simple: Para esta niña-mujer estudiar no era necesario ni lógico, habría que buscar un futuro con un hombre que la sustentara o encontrar un trabajo de labores domésticas en las grandes casas de las señoras.

Animada por los programas de radio que hablaban de mundos más allá de estas montañas, y por una necesidad de aprender y seguir sus estudios, mi madre rompió ese espejo. Cada puerta cerrada encaminaba sus pasos en busca de otra oportunidad, de manos amigas y hermanas que la ayudaran a continuar su formación. Fue así como subiendo la loma a pie llegó a ser normalista en la Normal Femenina La Anunciación, lugar donde aprendió el oficio que la dimensionó de por vida, identificando su espíritu y potencia con ser Maestra. Han sido muchas las generaciones de niños y niñas que encontraron en ella un lugar cálido para aprender, sentir y crecer a pesar de los difíciles contextos en los que se desarrollan.


En su juventud llega a trabajar al Bajo Cauca, un lugar golpeado por la violencia, la pobreza y el surgimiento del narcotráfico. Allí encontró como ligar sus conocimientos al desarrollo social de la mano del movimiento político ¡A Luchar!. Enseñando más allá de la escuela, emprendió procesos de acompañamiento y alfabetización para las comunidades veredales y ribereñas, en su mayoría madres cabeza de familia. Participó en la construcción de vías y la fundación de barrios como “La Lucha” en el municipio de Tarazá. Allí comprende la importancia de cultivar la resistencia, el pensamiento crítico y la educación como motor de evolución de una sociedad que en ese entonces se movilizaba hacia la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

Nora, mi madre, recuerda a ADIDA como su gran escuela de formación política. Su labor como delegada sindical comenzó con pasos cotidianos hacia caminos veredales para visitar a sus colegas, llevando las noticias de las últimas coyunturas a los profesores y comunidades, concientizándolos de la importancia de organizarse en colectividades para lograr la conquista de los derechos. Nora se convirtió en un puente de comunicación entre lo rural y la ciudad. Estos pasos que la generación de maestros a la que pertenece mi madre anduvo, permitieron que esta organización llegara a ser uno de los sindicatos más grandes de Latinoamérica.

Sin embargo, encontraba allí una incongruencia. ¿Cómo era posible que una organización en la que el 80 % eran mujeres fuera dirigida exclusivamente por hombres? Con esta pregunta fue acercándose a círculos de estudio y pensamiento feminista. Recuerda este tiempo de su vida como una ruptura que le permitió entender el por qué de las imposiciones y barreras que le había tocado superar y que veía repetirse en sus alumnas. Eran conversaciones que, de la mano de los debates de la liberación del cuerpo y la sexualidad de las mujeres que abundaban entre las académicas, hablaban de cómo empoderar a la mujer trabajadora, a la cuidadora, a la campesina, a la ausente... Se trataba entonces de poner la palabra de las mujeres en el centro del debate público, como un germen que reclama la equidad, la igualdad de oportunidades y la capacidad de incidir política y económicamente en los territorios. De ahí surgió el Movimiento Popular de Mujeres como una articulación de pensamiento que la llevó de nuevo al trabajo con las comunidades marginales de Medellín. Se generaron espacios de formación política y comunitaria para las mujeres de barrios como El Triunfo, Progresar, Castilla, Zamora y Manrique en los que se pensaban las posibilidades que la nueva apertura democrática abría para el crecimiento de las mujeres y sus territorios. Todos estos aprendizajes la llevaron a presentar como ponente, junto con un grupo de mujeres de todo el país, la coyuntura colombiana en el 1° Encuentro Internacional de Solidaridad entre Mujeres de 1998, compartiendo con lideresas de todos los continentes en la ciudad de La Habana – Cuba.

El tiempo era álgido. La década de los 80 movilizó nuestro pensamiento sin precedentes y de esto mi madre fue testigo y partícipe, como lo fue también de la arremetida violenta del Estado contra las organizaciones sociales en las siguientes dos décadas. Muchas fueron asesinadas, detenidas o exiliadas, lo que llevó a la desarticulación de ¡A Luchar! y del MPM. Nora, que seguía en pie junto con otras lideresas, se dedicaron a la atención de las presas políticas y sus familias, acompañando su formación y sustento. La violencia significó un aislamiento del que solo se recuperaron con el tiempo y el silencio, cuando las sobrevivientes decidieron apostarle a la conformación de propuestas como Poder y Unidad Popular y la Confluencia de Mujeres para la Acción Pública como espacios de participación y formación democrática. Es desde esta experiencia que Nora se vincula a la secretaría departamental de la mujer del Polo Democrático Alternativo, lugar que sigue cultivando hasta el día de hoy.

Ahora nos sentamos en nuestra mesa y miramos lo andado. Entendiendo todo lo conquistado ¿Por qué parece que el patriarcado aún nos atrapa con un velo, a veces sutil, a veces asfixiante? Como si, aunque seamos capaces, el poder todavía nos es ajeno. Habría que cultivar aún más la voluntad de decisión e independencia, dice ella, pero también, habría que reconocernos en el dolor, ponerlo en debate y tejer con esas fibras sensibles la reconstrucción de nuestra sociedad. De mi madre he aprendido que el valor de lo que transformamos ahora cobra sentido en el futuro, por eso es necesario decidir nuestro papel en la historia. Llevo conmigo la frase de un poster colgado en la biblioteca de mi casa cuando estaba niña, sobreviviente al genocidio político, que entre muchos colores recitaba “Podrán cortar las flores, pero jamás detendrán la primavera”.

En espera de una decisión

El pasado 25 de septiembre de 2020, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales – ANLA, visitó el municipio de Támesis, dentro del itinerario de su segunda visita al Suroeste Antioqueño. Su objetivo era escuchar a los actores sociales, que rechazan el proyecto Quebradona de la multinacional Anglo Gold Ashanti, como exigencia de ley, teniendo en cuenta la presentación del Estudio de Impacto Ambiental – EIA, realizado a finales del año 2019 por dicha multinacional.

Se sintieron las voces de la Iglesia a través de su obispo de la diócesis de Jericó, las mujeres y los hombres campesinos, los jóvenes, las niñas y los niños, las comunidades ancestrales, las diversas organizaciones sociales y ambientalistas (Coa, Codeate), los acueductos comunitarios, Juntas de Acción Comunal, las mujeres, los gremios productivos, las corporaciones, los académicos, los técnicos, el Concejo y la Administración Municipal, los aliados de los diferentes partidos políticos, las ONG y la población en general.

En ese ejercicio político de argumentar nuestro querer, de construir propuestas, de soñar un Territorio para todas y todos, conviene resaltar algunos aspectos que fueron evidentes. Primero, la diversidad de opiniones que se encontraron en un objetivo común: rechazo unánime al proyecto Quebradona. No fue necesario resaltar las posturas políticas partidistas, ni señalar las posibles voces de quienes no comparten sus principios. Primó el respeto. Lo segundo, fue el contenido técnico y científico de las voces pronunciadas y una mirada holística que contrasta con la visión tecnócrata y mal intencionada de la minera, quien sólo tiene en cuenta la visión corta de los geólogos y los economistas, a los que únicamente les interesa las ganancias que dejará el negocio, sin importar los inminentes impactos socioambientales. Hubo argumentación científica, que tal vez estaba oculta por la contraparte. Una vez más se pudo demostrar que quienes realmente conocemos el territorio, somos quienes lo habitamos. Lo tercero, fue la sensación evidente de trabajo conjunto y concertado entre las organizaciones sociales y ambientalistas con el Concejo y la Administración Municipal. Esto impacta positivamente el posicionamiento que debemos tener ante los entes nacionales.

Todas estas voces fueron representadas por expresiones artísticas de los jóvenes que, desde el Parque Principal, escenario natural de quienes hacemos resistencia, coreaban las consignas de: Agro sí, mina no; fuera Anglo Gold Ashanti del Suroeste. Sus danzas, sus ritmos, sus consignas, le advirtieron a los asistentes la importancia del sentido de identidad y pertenencia con lo nuestro, con la tierra que pisamos, con la larga historia de nuestros mayores, quienes labraron estas montañas y lograron construir el tejido social que hemos heredado.

La Anglo Gold Ashanti siempre ha argumentado que el proyecto Quebradona no afecta el territorio del municipio de Támesis, evadiendo el gran rechazo que sus habitantes tienen por la actividad minera. Pero cuando evidenciamos el área geográfica de dicho proyecto, los principales afectados son los habitantes de la zona norte de dicho municipio, impactando sus acueductos comunitarios y su tejido social. Hecho que se pudo demostrar a la ANLA.

Frente a tan contundentes argumentos, la ANLA, analiza el Estudio de Impacto Ambiental – EIA, presentado por la Multinacional Minera, encontrando 174 inconsistencias, las cuales remitió a dicha empresa, dándole un plazo de cumplimiento de dos meses. Por supuesto que la Anglo Gold Ashanti le dio respuesta, pero sin la debida rigurosidad técnica y científica que exige la ley, ya que si no fueron capaces de hacerlo en 14 años de estudio, mucho menos en tan reducido plazo.

Adicionalmente la Secretaría de Minas de la Gobernación de Antioquia, mediante resolución 2020060126890 del 30 de noviembre de 2020 realizó un total de 547 requerimientos enfocados en los vacíos y deficiencias del Plan de Trabajos y Obras – PTO definido por la ley 685 de 2001. Este requisito se constituye como componente fundamental previo al inicio de la actividad extractiva.

Posteriormente, Corantioquia sanciona a Anglo Gold Ashanti por la suma de 288 millones de pesos, ya que en mayo de 2011 perforó un pozo de 650 metros de profundidad a 15 metros del cauce de una quebrada, ocupando su zona de protección. Debido a esta perforación, apareció un flujo de agua que no existía, equivalente a 172 metros cúbicos por día, que afectó la quebrada Fea.

Cinco meses después de tan importante evento y con los antecedentes ya enunciados, los habitantes de estos municipios, nos encontramos en espera de una decisión negativa respecto a la Licencia Ambiental por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales – ANLA. Han sido múltiples la voces de rechazo a este proyecto, Organizaciones sociales y ambientalistas, Concejos municipales, algunas Administraciones Municipales, representantes de Corporaciones públicas (Senadores, Representantes a la Cámara, Diputados), partidos políticos, La Iglesia Católica, gremios económicos, educadores, académicos, artistas, personajes de la farándula, escritores, medios de comunicación social, entre muchos otros. Cada vez se suman más voces de rechazo.

El Suroeste empieza a despertar y a comprender que las empresas transnacionales sólo buscan desarraigarnos y despojarnos de todo aquello que históricamente hemos construido y por tanto nos pertenece.

Alternativas de consumo que son más amigables y responsables con el medio ambiente como la compra de ropa de segunda mano, también conocida como “pulgueros de ropa”, logran intervenir de manera positiva las afectaciones ambientales del planeta y la mano de obra barata que genera el Fast Fashion; tendencia de las cadenas de moda para llegar a altas producciones de ropa, y sacar de manera rápida diseños que capturen las tendencias de moda actuales.

En las tiendas de ropa Fast Fashion ya no existe la práctica de crear colecciones de ropa según las preferencias de los compradores por las épocas del año; actualmente la industria textil ha acelerado considerablemente, pues cada vez es más corto el tiempo entre la fabricación y la disponibilidad del producto en el mercado. Se trata ahora de sacar ropa barata de usar y tirar en masa; la aparición de incontables colecciones al año genera el sentimiento de estar pasados de moda, y eso provoca que las personas sigan consumiendo sin medir el impacto ambiental que esto genera.

Por eso, una de las estrategias más poderosas del Fast Fashion son las “microtemporadas”, concepto relacionado con las habilidades de las marcas para captar más rápido los gustos de los consumidores, lanzando productos más baratos que empujan a las personas a seguir las tendencias de moda. Así, sí a alguien le gusta una prenda, su mejor opción será comprarla antes de que se agote y pierda la oportunidad de tenerla. Esa sensación de escasez lleva a las personas a otorgar un mayor valor al producto y adquirirlo, comprando solo para estar a la moda.

¿Qué hay detrás del Fast Fashion?
La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, después del petróleo. Las fábricas textiles, de la mayoría de países donde se produce ropa, arrojan las aguas residuales directamente a los ríos, sin realizar algún tipo de tratamiento. Estas aguas contienen plomo, mercurio y arsénico, entre otras sustancias químicas, todas perjudiciales para los ecosistemas acuáticos. Si un animal ingiere estas aguas, por ejemplo, se afecta toda la cadena alimenticia, y eso incluye a los seres humanos que forman parte de la misma.

A esto se suma el hecho de que, en su afán de reducir costos, las fábricas textiles usan materiales de baja calidad sin atributos sustentables. En su lugar, utilizan fibras sintéticas como el poliéster, el nailon, el rayón o el acrílico, derivadas del petróleo; los mismos polímeros que se usan para la fabricación de envases desechables. La situación es de dimensiones descomunales pues al lavar una prenda sintética se liberan aproximadamente 700.000 microfibras al agua. El plástico que las compone no es biodegradable, y puede tardar hasta 200 años en descomponerse.

Es más, las fibras derivadas del petróleo requieren más energía que las fibras naturales. La industria textil produce el 10 % de las emisiones mundiales de CO2, y cantidad de gases de efecto invernadero. En parte porque en países como China, Bangladés o India se fabrica la mayoría de esta ropa, y al ser países que usan esencialmente combustibles como el carbón, incrementan las emisiones de carbono. Jaime Navarrete, activista del colectivo Globo Verde, lo explica así: “estos países se convierten por su mano de obra barata en lugares donde empresas estadounidenses y europeas van a abrir sus sedes y a poner a trabajar, sirviéndose de la flexibilidad y la falta de regulación para este tema que afecta prioritariamente al medio ambiente”.

Alternativas conscientes con el medio ambiente
Los “pulgueros de ropa” o “ropa de segunda mano”, se convierten en una excelente alternativa de responsabilidad con nuestro medio ambiente. Hace aproximadamente 20 años comprar ropa de segunda era mal visto, antihigiénico, debido a los prejuicios de clase que se le atribuían. Además, se creía que los destinatarios de estas prendas eran las personas de bajos recursos. Sin embargo, esta práctica ha venido creciendo, y se ha convertido en una alternativa de consumo responsable y de conciencia ambiental.

Al dar segundas oportunidades a estas prendas se evita que terminen desechadas rápidamente. Es una forma de alargar su ciclo de uso, reutilizar y reciclar, así disminuyen los índices de contaminación y la huella de carbono. Marcela Sánchez, creadora del proyecto El Pulguero de Mar, nos dice que: “Al comprar estas prendas se está aportando a dejar de consumir esa moda rápida, se aporta también al medio ambiente y a lo local, generando así una economía solidaria; comprarle al que está al lado y no a aquellas empresas que siguen reproduciendo practicas capitalistas”. Además, se crea una economía circular, ya que vuelven a ingresar al mercado bienes que no necesitaron gasto de materiales y recursos, pero si generan desarrollo económico.

Para Luisa Duarte, creadora del proyecto El Baúl de Pacha, comprar ropa de segunda mano y normalizar este mercado, va de la mano con el impacto social que se genera. Pues, además de reducir las afectaciones ambientales, “se estaría rechazando la explotación laboral de aquellas textileras, ya que por lo general en aquellos países que producen moda rápida, la mano de obra es barata por la pobreza y los derechos humanos no son una prioridad”.

Por último, el mercado de ropa de segunda mano es una alternativa que se ha incrementado con la emergencia sanitaria, debido a que muchas personas por la situación económica lo han visto como una opción de sustento. Es importante entender que los “pulgueros de ropa” fomentan un consumo consciente y responsable.

El Señor Caído con máscara antiesmog
Girardota es un pueblito al norte del Valle de Aburrá, elevado sobre una falda a orillas del río Medellín. Allí viajan peregrinos de todas partes del país en busca de un milagro del Señor Caído o a pagar una promesa por un milagro cumplido. Cualquiera que llegue de Medellín tendría que pasar primero por una construcción más alta que la torre de la iglesia: la chimenea amarilla de la empresa de pinturas, hoy llamada Ferro. Lo que nadie podía imaginarse era que esa chimenea es más representativa que la torre de la Catedral Nuestra Señora del Rosario y que al Señor Caído habría que agregarle un tanque de oxígeno y una máscara anti smog. Ese Cristo ha caído, no por el dolor de los látigos, sino por la asfixia.

El slogan del pueblo es “Girardota centro de fe y progreso”, progreso que se podría medir en chimeneas, pues hay más de 200. Y varias canteras, de las que se extrae material de playa y se escapa una inmensa nube de polvo que las amas de casa y los asmáticos, griposos, alérgicos, niños y ancianos más vulnerables respiran todos los días.

Aspecto desde el cielo
Con todo y lo imponentes que pueden llegar a ser las montañas que rodean el pueblo, Girardota no es un lugar bonito ni tranquilo para vivir. No es bonito pues quienes viven en las montañas lo que ven es una serie de canteras y fábricas cuya área supera la del pueblo y compite con el ruidoso aparataje de la industria.

Una cantera, la de Agregados, comienza al norte del pueblo y diariamente los vientos que vienen de Barbosa lo arrastran contra el casco urbano de Girardota. Como la cuenca se cierra al sur del municipio en el límite con Copacabana y en dicha zona están las canteras de Procopal, si al viento le da por devolverse, como suele ocurrir, el pueblo tampoco se libra de las nubes de polvo que proviene del sur. El resultado en el aire es una mezcla de polvo y partículas producto de la quema de carbón de empresas como Enka o Ferro, sumado a otros gases de efecto invernadero y precursores de Material Particulado, además del producto de las emisiones vehiculares.

El aire de Girardota es un vertedero de emisiones, a la entrada del pueblo debería decir: Zona de Alta Contaminación Atmosférica, use máscara, abandonad toda esperanza. Antes de la pandemia ya era recomendable que llevásemos máscaras.

Una cosa es en el día y otra en la noche. El pueblo está en el fondo del valle, sobre el lado oriental del río, en la falda de la montaña. Cientos de personas viven en las montañas alrededor del pueblo, yo he vivido en una de ellas, en la vereda Juan Cojo, donde el aire es limpio. Desde allí, pasada la media noche, sobre todo dos chimeneas, la de Ferro y la de Enka, empiezan a emitir una humareda gris oscura que con la luz del pueblo adquiere una tonalidad azafrán y que lentamente va cubriendo el pueblo. Una hora después no se ve ni la línea de lámparas de la autopista norte y la emblemática torre de la Catedral se oculta tras la capa de gases tóxicos. Una hora o dos después la nube comienza a dispersarse dejando claro el origen de la emisión. Quien observa el fenómeno no desea estar allá abajo, lo peor es que esa nube en el pueblo puede pasar desapercibida.

Averiguando por estas emisiones nocturnas un trabajador de Enka me dijo alguna vez que la misma termoelécritca a carbón (construida en el 2013) no era tan contaminante como la otra central a carbón que tienen allí hace tiempo, la C-30, cuya emisión es más oscura.

“Llamamos al Área”
Mientras esto ocurría, ¿qué hacían los políticos del pueblo? Es una pregunta fácil de responder: no lo suficiente. Aunque la cuestión ambiental es el primer renglón en los debates de campañas políticas desde hace años.

Durante años los políticos han sido temerosos de tocar a la industria contaminante o a las empresas que explotan material de playa. Hasta bien entrado el siglo XXI, los alcaldes no conocían las competencias que brindaba la Ley 99 de 1993 en la materia. Hasta hace pocos años, cuando el problema se fue haciendo más evidente y el blog de periodismo ambiental y político Chimenea Informativa lo tomó como énfasis, notando que los políticos eran más agentes de la empresa privada que protectores de los bienes comunes. Cosa que fue cambiando a nuestros ojos. No era raro que cada empresa grande tuviera también su político que la defendiera en el concejo municipal. Después, los políticos locales como Vladimir Jaramillo o Diego Agudelo comenzaron a amenazar la industria, “cerrar por lo menos cinco empresas” se animó a decir Jaramillo. Y Agudelo no escatimó recursos en contratar un sistema de monitoreo propio para saber con certeza qué hay en la nube.

No se puede decir que la cuestión ambiental estaba inédita en la política local. Había sido tocada por algunos acuerdos desarrollados por un grupo político hoy extinto a la cabeza del ex concejal y médico liberal Carlos Congote, tales como el acuerdo 35 de diciembre de 2001, cuya idea era crear una agenda ambiental en busca de promover normas necesarias para “el control, la preservación y defensa del patrimonio ecológico del Municipio”, donde se incluía proteger el aire. Sabían de qué íbamos a estar hablando veinte años después. Crean por ejemplo la mesa ambiental, para integrarse al sistema nacional ambiental. Años después, mediante el acuerdo 022 de 2015 se crea en Girardota la Política Pública de Prevención, Mitigación y Adaptación del Cambio Climático, el asunto estuvo en la agenda de las últimas administraciones locales. Y contenía incluso la sugerencia de un Plan de Descontaminación Local.

No obstante, quienes hemos seguido de cerca la política girardotana durante los últimos años, notamos que quienes llegaban al poder se limitaban a repetir lo que les dijeran en la materia las autoridades ambientales. Una vez asistí a una presentación en el concejo sobre la contaminación atmosférica en Girardota a cargo de Corantioquia. Alcé la mano y les pregunté cuántas fuentes de emisión tenían en su jurisdicción, pues son la autoridad ambiental para la zona rural. No lo sabían. Igual ignorancia de las particularidades locales se le notaba al Área Metropolitana.

Quejas y más quejas y más quejas
Cuando el municipio era administrado por la gobernación y no había elecciones populares, un grupo de ciudadanos se rebeló contra la contaminación atmosférica, era el año 1979. Lograron interesar al ministerio de salud y a la prensa regional (Periódico El Mundo, 26 de junio de 1979), pero no detener el aumento de la contaminación.

Cuando se posicionó el primer alcalde de elección popular, tras la nueva constitución política, sus quejas lograron llegar a los mismos folios donde reposan las licencias ambientales en el Área Metropolitana. Allá están en el papel las quejas de barrios como el Juan XXIII, vecino de la empresa Ferro, no solo por las emisiones, sino también por los ruidos nocturnos, los daños al río y los fuertes olores. La norma exige medir también el ruido, en Girardota el ruido siempre sobrepasa la norma, sobre todo en las horas de la noche.

Apenas una carretera separa la zona industrial del casco urbano, y con Juan XXIII se afectan también los barrios Caballo Blanco- La Florida, Monte Carlo y La Ceiba. Cuando un líder brotaba de estos barrios y empezaba a quejarse, las empresas lo contratan y ya dentro, lo hacían cómplice.

El actual alcalde de pueblo como decía, es también ambientalista. Hoy tiene que presentar ante el Consejo de Estado, junto al Área Metropolitana y Corantioquia, un plan de descontaminación solo para Girardota, dice que lo hace por cuenta propia y bien podría estar haciéndolo sólo guiado por el acuerdo 022 de 2015. Y por la inercia ambientalista que nos ha traído hasta aquí y que, no ha servido para limpiar el aire de Girardota todavía.
Si el alcalde rebelde metropolitano (conservador) Diego Agudelo no quisiera hacer nada de eso, igual lo tendría que hacer obligado por una acción popular presentada en 2018 por el movimiento Más Conciencia fallada apenas en noviembre de 2020. Fue escrita por la redacción de Chimenea Informativa, conformada por el abogado Cristian Zapata, el licenciado en filosofía Sergio Henao, el psicólogo Felipe Ospina, el politólogo Carlos Orlas, el ingeniero y empresario Pedro Hoyos y el periodista Mauricio Hoyos.

Las pretensiones de dicha acción fueron negadas siempre por el Tribunal Administrativo de Antioquía, que parecía más interesado en defender los intereses de los demandados. No le importaron esos intereses al Consejo de Estado, máximo tribunal administrativo colombiano, ante quienes ya no era posible apelar.

Con base en la sentencia, los habitantes de la vereda El totumo de Girardota se animaron a presentar otra acción popular contra la empresa Procopal, que tiene las canteras al sur oriente del pueblo. Alegan que no los dejan dormir las explosiones que hacen noche y día, no aguantan el polvo y la inestabilidad que ha generado su actividad en el terreno.

La lucha por el ambiente en Girardota apenas parece estar comenzando. Despertando del letargo del saqueo y el estropeo de nuestros bienes más comunes.

En las arenas bailan los remolinos
El sol juega en el brillo del pedregal
Y prendido a la magia de los caminos
El arriero va, el arriero va
Atahualpa Yupanqui

Los megaproyectos de infraestructura en Colombia aún se ubican en un proceso de modernización, pues en términos de infraestructura física el país es considerablemente «atrasado», y si hacemos una radiografía del campo colombiano, encontramos que la dotación de bienes y servicios es precaria y que todos los índices de calidad de vida son peores para los campesinos. Además de las difíciles condiciones de accesibilidad de muchos territorios y las pocas y deterioradas vías de carácter nacional, se vienen adelantando una serie de proyectos en términos de conexión vial -pues somos un país desconectado territorialmente-; que, lejos de buscar el desarrollo rural, está configurando una serie de abusos sobre los territorios campesinos, desconociendo derechos adquiridos y la compleja realidad de vulnerabilidad y victimización producto del conflicto armado interno.

Este es el caso de la construcción del Túnel Guillermo Gaviria Echeverri por parte del Consorcio Antioquia al Mar, una mega obra de infraestructura vial que busca crear el túnel más extenso de América Latina, con 9,8 kilómetros, entre los municipios de Giraldo y Cañasgordas, al occidente antioqueño. Sin embargo, desde la fase de preconstrucción (2017), que corresponde a la gestión predial y socialización de la obra, se han manifestado una serie de conflictos de orden social y territorial que parecen escalar con cada fase del proyecto.

La gestión predial entendida como «el proceso conducente a obtener la titularidad y disponibilidad del predio a favor de la Gobernación de Antioquia», ha estado signada, en el relacionamiento de los profesionales a cargo con la comunidad, por la coacción, la amenaza de expropiación, y por ofertas de compra irrisorias, muy por debajo del valor real del mercado, que desconocen, en primer lugar, la relación que tiene el campesino con la tierra, que no es exclusivamente una relación material, sino cultural, social, política y ambiental.

En el marco de esta relación se crean lazos afectivos, arraigo y sentido de comunidad, sin embargo, la aplicabilidad parcial de cierta normatividad ha dado lugar al desconocimiento de estas realidades sociológicas que de acuerdo a condiciones de vulnerabilidad generan factores de compensación socioeconómica, como se afirma explícitamente en la Resolución 545 de 2008, por la cual se definen los instrumentos de gestión social aplicables a proyectos de infraestructura, no obstante, en muchos casos ni se reconocen estas condiciones de vulnerabilidad, ni se han implementado como corresponde.

Algunos pobladores y campesinos han caracterizado esta fase, que aún no termina, como desplazamiento forzado, pues las dos figuras que contempla la ley para adquirir predios por utilidad pública es la expropiación y la enajenación voluntaria, bien por vía administrativa o judicial, pero sin lugar a la negación por parte del propietario o poseedor y mucho menos capacidad de negociación. El asunto más problemático de esta fase, es que en la mayoría de los casos, el monto recibido por los predios no permite a los campesinos tener las condiciones que antes tenían, por el contrario, el proyecto parece pauperizar su calidad de vida, vale la pena señalar que la alta informalidad en los títulos de propiedad en la región ha sido utilizada por el Consorcio para acelerar los procesos de expropiación, sin antes entrar a hacer un proceso de clarificación de derechos de propiedad rural, como lo establece la ley.

Ahora que se lleva a cabo la fase de construcción hay una disputa permanente por el impacto ambiental que está generando la obra en las comunidades cercanas. La contaminación atmosférica y las fuentes de agua, el ruido permanente de volquetas y maquinaria amarilla, el daño a la infraestructura particular y comunitaria por el paso constante de maquinaria pesada, la disposición inadecuada de material producto de la excavación, el trabajo hasta altas horas de la noche o madrugada interrumpiendo la horas de descanso de los pobladores, el cambio de vocación productiva de la región, y el incumplimiento de lo contenido en el Plan de Manejo Ambiental en su integralidad, son algunos de los puntos cruciales en una situación que, más que una disputa es un proceso de resistencia por parte de las comunidades, señalando además que hasta la fecha, todos los compromisos pactados con el Consorcio referentes a estos temas han sido incumplidos.

Este conflicto es claramente un conflicto de carácter estructural, en donde el modelo de desarrollo contemplado por el Estado colombiano se impone a las comunidades, en tanto no hubo nunca un proceso de consulta sino meramente de socialización, pero también es un conflicto donde se ha agudizado la afectación a las comunidades por negligencia de los entes de control y de las autoridades ambientales. Por último, cabe decir que la comunidad cansada y tras agotar el conducto regular y las vías de derecho, optó por la protesta social y pacífica, acudiendo a un plantón frente al portal salida de la obra, (Cañasgordas) desde donde se estableció un pliego de exigencias, entre ellas la presencia de funcionarios con capacidad de decisión. Resultado de esta acción se creó una Mesa permanente de seguimiento al proyecto, hasta el momento, la mesa parece ser un instrumento dilatorio del Consorcio, pues el pliego de exigencias sigue intacto.

“Me llaman rapero terrorista por rapear contra el verdadero terrorismo de aquellos que acumulan lujos a consta de la miseria ajena” Pablo Hasél

El rapero Pablo Hasél ha sido encerrado inconstitucionalmente por el Estado español el pasado martes 15 de febrero de 2021, por reiterar a la monarquía la presencia de Franco en sus prácticas de una política fascista que desde 1978 junto con el nacionalismo burgués y una izquierda socialdemócrata (que de izquierda solo tiene nombre), estructuraron la actual monarquía democrática constitucional, que gobierna a España en miles de contradicciones como la que sucedió con Hasél.

No solo le pasó a Hasél. En el año 2018, el rapero Valtònyc fue condenado a 3 años de cárcel por la Sala II del Tribunal Supremo, que con contundencia, al igual que Hasél, demostraron a la sociedad española la decadencia de las estructuras del Estado monárquico.

Los actos políticos irracionales de una monarquía parlamentaria donde un rey asesinaba elefantes, parece conservar prácticas de la época franquista como la abolición de los partidos políticos y sindicatos, la liquidación de derechos humanos incluyendo el de libertad de expresión, pues la España actual parece seguir conservando estas prácticas no al cerrar partidos políticos y sindicatos directamente, si no al encerrar pensamientos políticos diferentes y sobre todo, liquidar un derecho básico de su constitución política como la libertad de expresión.

Hasél posteó unas horas antes de su encarcelamiento, el siguiente tweet: “Tuits por los que van a encarcelarme en unos minutos u horas. Literalmente por explicar la realidad. Mañana puedes ser tú.”

Pero el Estado Español al igual que muchos de sus cofrades latinoamericanos serviles de Estados Unidos, silencian la voz de las victimas del desahucio, que desde el año 2013 ha dejado a más de 125.719 familias sin hogar y según las cifras de Statista (2020), el desempleo, la libertad de prensa, el abuso policial, la violencia racial, xenófoba y machista ha aumentado considerablemente y mantienen en vigencia las élites conservadoras ultraderechistas de España y que además, es denunciada diariamente no solo por artistas, sino por defensores de derechos humanos en todo el mundo.

El cinismo de esta monarquía parlamentaria se hace evidente en sus acciones contradictorias, como la manifestación realizada el sábado 13 de febrero de 2021 por neonazis españoles en la conmemoración a los soldados caídos de la División Azul en defensa del proyecto Franquista y NAZI, ¿Allí sí cabe la libertad de expresión? A esto debe agregarse que el parlamento y la monarquía se negó a votar en positivo a favor de la Resolución de la Asamblea General el 31 de diciembre de 2020 al “Llamamiento mundial para la adopción de medidas concretas para la eliminación total del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia”, al igual que la Resolución de la Asamblea General el 16 de diciembre de 2020, para “Combatir la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que contribuyen a exacerbar las formas contemporáneas de racismo”, ahora cabe la pregunta de Hasél ¿Quién es el terrorista?

La actuación del Estado español contra Hasél deja en paradoja el artículo 20 de la Constitución Española, donde expone que es un derecho fundamental “expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.” Este acontecimiento solo le da la razón a Hasél cuando en una de sus canciones expresan que “si no respetan su tramposa constitución, mucho menos respetarán los derechos civiles de los ciudadanos.”

Hasél ha sido un activista internacional, pone de pendiente que mientras denuncia la injusticia por medio de canciones, otros ganan el premio nobel de paz; mientras otros financian y apoyan guerras imperialistas él ha sido condenado por ejercer su derecho constitucional de expresar aquello que le duele. No en vano la poesía ha sido uno de sus principales recursos para representar la injusticia que genera un Estado como el español. En su evolución musical ha logrado conectar su sufrimiento emocional expresado en sus primeras poesías, con el sufrimiento social que provoca este sistema económico internacional, apelando que incluso el amor y la forma como aprendemos a amar, depende del sistema político que muchas veces con las frustraciones que nos genera nos enseña a odiar.

El encarcelamiento de Hasél es un atentado no solamente contra la libertad de expresión en España, sino contra el artículo 19 de la Declaración Universal De Los Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Allí se aprueba que el arte como denuncia es más revolucionario que los mecanismos de miedo y terror que usan los estados, y sus aliados armados ilegales para frenar la contundente denuncia ante la injusticia, que ya se vivió y se sigue viviendo en Colombia con Jaime Hernando Garzón Forero, que hizo del humor la mayor crítica al cinismo de Estado, al igual que con cientos de artistas, académicos, defensores de derechos humanos y periodistas que son amenazados, perseguidos y asesinados.

Como es evidente, esta práctica cínica del Estado español es común en sus copartidarios de la misma política internacional, en algunos casos más agudos. No solo incorpora al Estado y sus gobernantes en prácticas de violencia contra los pensamientos disidentes, sino que logran dividir a la población en un Estado paramilitar que combate a los propios ciudadanos que piensan diferente. En el caso colombiano, la fragmentación del Estado a causa del ejercicio ilegal de muchas organizaciones armadas para el control territorial de ciertas zonas del país, aumenta sin duda alguna la impunidad y los desmanes contra la población civil.

Este antecedente pone en cuestión la responsabilidad que deben asumir los Estados en la vulneración de derechos internacionales que los gobiernos camuflan con democracia sus dictaduras, en el que el arte se ha convertido en un arma contra la violencia que hoy impide a Hasél y a muchos artistas a nivel mundial expresarse políticamente como derecho fundamental.

La dictadura científica acaba de empezar / La dictadura final se acaba de instaurar /

Gobierno mundial, reducción poblacional / Nuevo orden mundial, nueva era feudal [...]

No me cobren por exhalar / No me maten por respirar
(La Dictadura Científica, Los Niños Estelares, 2009)

El celular que lleva con usted es una herramienta/aparato de vigilancia con acceso a patrones de comportamiento. Este es el resultado de combinar grandes desarrollos en la elaboración de tecnologías y sistemas de información con un poder económico que nunca deja de crecer. Un tipo de extractivismo en crecimiento, que se ha evidenciado aún más durante la pandemia generada por el Covid 19.

A finales del 2020, WhatsApp anunció que cerca de 2000 millones de personas usaban la aplicación, cifra que puede alterarse después del anuncio sobre las nuevas políticas de privacidad, que apareció en los celulares de quienes habitamos este lado del mundo, y generó una instalación masiva de otra aplicación de mensajería, Telegram que para mediados del mes de enero alcanzó 500 millones de usuarios. En proporción menor también se instaló la aplicación Signal. Los motivos de las nuevas instalaciones y la crítica hacia WhatsApp encierran un conflicto sobre la privacidad en internet.

La privacidad física o virtual, es un espacio donde cada uno puede decidir quién entra o no. Además, es un derecho y su defensa tiene vigencia en la actualidad, sobre todo si se considera el control y la vigilancia ejercidos a través del mecanismo de estado de emergencia, declarado por los gobiernos en ocasión de la propagación del Covid 19.

Internet es un intercambio complejo de datos de todo tipo, entre ellos, nuestros datos personales que nos identifican y nos hacen identificables, algunos se relacionan con el sistema que usamos para la conexión: el operador, los navegadores, los contenidos que se comparten, etc., otros son propios de cada persona: nombre, número de ID, dirección de residencia, intereses, gustos, relaciones personales, etc.

La vulneración de la privacidad en internet es tan compleja que no se sabe muy bien si un gusto adquirido proviene especialmente de la voluntad, o de la manipulación del mercadeo a la que nos sometemos cada vez que un sitio en el que se navega, sugiere u ofrece la posibilidad de adquirir algo. En el fondo, hay un actor multinacional y estadounidense, que mercantiliza la información que la gente provee para usar las aplicaciones: Facebook.

En el 2014, Facebook compró WhatsApp. Es notorio el cambio respecto al uso que va adquiriendo. Lo que antes era un servicio de mensajería instantánea ha ido tomando usos de red social a través de sus estados, llamadas y videollamadas, y alojamiento de información común a través de grupos que varían desde lo social hasta lo laboral. En 2020, el aislamiento obligatorio agudizó más el uso que se hace de esta aplicación para la comunicación en todos los ámbitos de la vida.

Con este crecimiento en el uso de servicios de mensajería, se necesita reflexión y análisis de alternativas, de manera conjunta, partiendo de las relaciones más particulares con las personas que se vive y se frecuenta.

Las políticas de privacidad, sobre todo en relación al uso de datos para conectarse con otras aplicaciones tienen algo de viejo y algo de nuevo. Es cuento viejo el uso de los datos para campañas políticas y estrategias de manipulación; ya se había evidenciado en 2018 cuando se comprobó que Facebook vendió los datos de 50 millones de usuarios en Estados Unidos. En este caso, o bien se hizo caso omiso, o bien los usuarios migraron a Instagram, que adoptó las mismas políticas de mercadeo después de que Facebook lo comprara. Mark Zuckerberg dueño de todo (Facebook, WhatsApp e Instagram) ofreció disculpas y la noticia quedó en el olvido. Lo nuevo tiene que ver con un nuevo servicio de WhatsApp, llamado WhatsApp Business, que tiene como propósito conectar la información de los usuarios con las empresas, de modo que la compra y venta sea cada vez más efectiva. Así, estas políticas flexibilizan más, el uso de los datos por parte de empresas. Tal vez, porque ya lo hacía, Facebook ha querido legalizar su negocio de la información pidiendo que aceptemos sus aparentes nuevas políticas.

La nueva administración de los Estados Unidos ha prometido revisar las políticas de regulación de empresas de mensajería y redes sociales, entre ellas, Facebook, pues se prevé un riesgo de monopolizar la información.

Facebook es tu carpeta digital / Dile adiós a tu privacidad / Cámaras aquí, cámaras allá /

Cámaras alante cámaras atrás / Amenazas confabuladas / Pandemias orquestadas /

Desastres no tan naturales / En mercados artificiales
(La Dictadura Científica, Los Niños Estelares, 2009)

>>Herramienta/aparato de vigilancia<<
Las cámaras de 'seguridad' que se instalan en cualquier lugar, sea abierto o cerrado, cumplen una función de vigilancia, recogen información gráfica/temporal en una calidad estándar que permite identificar personas y movimientos. El celular también tiene instalada una de estas cámaras que le permite recoger información de ubicación, audio e información a través de servicios de aplicaciones como WhatsApp.

>>Patrones de comportamiento<<
Cuando se extrae información de un celular se guarda en un alojamiento virtual donde es posible, a través de programación, establecer qué relación tiene su información, su huella, con las demás informaciones, demás huellas, que generan las demás herramientas o aparatos que hay en el mundo, de allí se pueden determinar patrones o tendencias que se ajustan al modo de vida de cada habitante del mundo, y sugerir qué hará cualquier día a cualquier hora.

>>Elaboración de tecnologías<<
Para solucionar una dificultad o expresar una idea, la humanidad ha creado técnicas que combinadas de múltiples maneras generan un mecanismo, una máquina. Un machete es un producto tecnológico tanto como lo es un dispositivo bluetooth o el sitio web de este periódico. En la actualidad hay centros de estudio donde se desarrollan diariamente nuevos sistemas, máquinas, artefactos, que en los últimos años se han acercado a tener inteligencia propia, artificial. Que haya un sistema de inteligencia artificial soberano parece la meta de estos centros en la actualidad. Este viraje en la creación de conocimiento es lamentable: del conocimiento para beneficio de la comunidad, se pasa al conocimiento para control de la comunidad, aún a pesar de su bienestar.

>>Sistemas de información<<
La información es generada por personas. Cada día aportamos a la elaboración de una gran base de datos, la big data, que puede traducirse como la gran base de datos. Toda información que no tiene protección en internet, es alojada por distintos sistemas que la recopilan, analizan y que probablemente es gestionada como un producto a diferentes empresas.

>>Poder económico<<
El poder económico es El Poder. Lo detentan los dueños de las empresas que extraen información de las personas y los compradores de esa información. Se desestabiliza cuando pierde capacidad de vigilancia y venta.

>>Extractivismos<<
Conjunto de prácticas hegemónicas de saqueo de bienes comunes, materiales y culturales, y de ecosistemas naturales, a través de la privatización y la explotación. Aplica para todos los sistemas económicos del mundo en que alguna vez se ha pronunciado -en rechazo o en defensa- la palabra globalización.

¿Qué hacer?
En Colombia, la mayoría de personas usamos operadores prepago, que nos permiten adquirir paquetes de datos y navegación con servicio gratuito de Facebook y Whatsapp. Por limitaciones económicas, no podemos acceder a planes pospago. Esto es una primer limitante, ya que atraviesa la economía de todos y la efectividad en la comunicación.

Otra limitante es la falta de formación cultural alrededor del mundo digital, parecería que este es un saber que solo le pertenece a quienes pasan por la academia y en consecuencia las personas pagan por trámites que deben realizarse a través de la computadora, pero que no saben manipular.

Para elegir cuál servicio de mensajería usar o dejar de usar, es necesario reconocer que ninguna aplicación es infalible. Todas están sujetas a filtraciones de seguridad, y el negocio de algunas, como se ha demostrado con Facebook, consiste en recoger la mayor cantidad de datos de las personas para organizar esta información y venderla a intereses políticos y económicos. Además, es importante preguntarse sobre la extracción de datos que el servicio de mensajería recopila a través de la conexión a internet.

La discusión que abrió el anuncio de Whatsapp iniciando el año sobre las políticas de privacidad en internet y la aceptación de términos y condiciones, aparecen cada vez que se instala una nueva aplicación o se adquiere cualquier servicio, es la letra menuda que avisa sobre el uso de los datos, justo la misma información que no se lee. En la atención que se le preste a estos anuncios y el modo cómo se configuren los dispositivos estará cifrada la posibilidad de menguar un poco el acceso a la vida privada que pretenden estas grandes empresas.

 

Algunas recomendaciones para quienes llegan a Telegram podrían ser:

1. Tomar tiempo para conocer más del servicio que se ofrece y compartir esta información con las personas más cercanas.
2. Ir a la sección de ajustes, en la opción de privacidad y seguridad, elegir verificación en dos pasos, allí se puede crear una contraseña. Esta acción protege la cuenta en caso de que se sufra el robo del código de verificación que recibimos al instalar.
3. En la misma opción de privacidad y seguridad será necesario hacer ajustes de acuerdo a las necesidades e intereses de cada persona, por ejemplo, el código de bloqueo fortalece la seguridad en caso de que alguien acceda a su dispositivo. Como en todos los servicios de mensajería o red social que usemos, es importante revisar periódicamente sitios de ingreso y dispositivos conectados, de modo que coincidan con nuestra actividad.

Para Signal podría tenerse en cuenta:
1. En la sección de ajustes, opción datos y almacenamiento, se puede gestionar almacenamiento, allí se ofrecen opciones de tiempo para preservar los mensajes.
2. En la opción de privacidad se pueden hacer ajustes sobre la pantalla que restringe por ejemplo sus capturas y se asegura a través de un pin/contraseña.
3. A través de Signal se pueden cifrar los mensajes de texto enlazando la aplicación con el celular en la sección SMS y MMS de ajustes.

El uso de nombres alternativos, y el respeto por la privacidad de las personas con las que interactuamos son un complemento para disminuir la vigilancia que se ejerce a diario a través de estos medios.

El extractivismo, tal como sucede con los minerales y el agua, parece tener libertades solo en Latinoamérica y el Caribe, su negocio consiste en usurpar nuestros territorios, cuerpos e información, con el objetivo de convertirlo en dinero a favor de las llamadas potencias. Su alcance parece imparable, pero esto es una falsa verdad. En la actualidad existen sistemas libres y de código abierto que permiten el estudio y seguimiento por parte de cualquier persona.

Mención especial, y de mayor elaboración merece el conocimiento del software libre y de código abierto, la posibilidad de adaptar dispositivos que usamos, como computadoras y celulares, a las necesidades que se tienen geográfica y usualmente. Esta posibilidad ofrece el estudio y la distribución de sistemas que permiten hacerlo de manera libre y sin el objetivo de extraer datos. En este ámbito se defienden la libertad de usar, estudiar, distribuir y mejorar.

Hasta mayo Whatsapp seguirá usando las políticas actuales, mientras tanto será necesario salirle al paso, alborotar el avispero, y empezar a estudiar y usar nuevas redes de comunicación que creen tejido social y liberen antes que controlen.

El himno del Consejo Regional Indígena del Cauca es una tonada bailable. Una consigna, una ley de origen musicalizada. “Pa' delante compañeros, dispuestos a resistir, defender nuestros derechos, así nos toque morir […] compañeros han caído, pero no nos vencerán, porque por cada indio muerto, otros miles nacerán”, dicen un par de estrofas. El himno del CRIC no habla del CRIC, exalta y honra a la Guardia Indígena, la que según el mayor Pablo Tatay es “un baluarte para tratar de salvar la vida”.

La Guardia supervisa quien sale y quien entra al evento. Hace ronda y revisa que estén durmiendo a la hora indicada. Diseña y levanta los cambuches. Transporta madera, tanques y víveres. Reprende cuando se sobrecostea un producto, se vende algo que no es “propio”, se fuma marihuana, o se defeca donde no está permitido. Evita que suban a la tarima más personas de la cuenta. Mete en la jaula al comunero indisciplinado y desobediente, y juetea al soldado o policía que se infiltra en la reunión o la celebración. Los guardias son los primeros que se levantan y los últimos que se acuestan.
Hace 50 años los llamaban vigías. Eran quienes subían a la parte más alta de la montaña, y con el cacho alertaban a los recuperadores de tierra cuando se acercaba la policía o 'los pájaros', los mercenarios políticos del partido Conservador en aquella época. Descalzos y con azada en mano, decenas de indígenas invadieron las tierras que usufructuaban los gamonales del departamento hasta hacerlas suyas nuevamente. Por cada hectárea recuperada, recuperaban un metro de dignidad. También sembraron alimento y se emanciparon del terraje, un impuesto colonial que obligaba al indio a cambiar su trabajo por el derecho a vivir, comer, y trabajar una parcela.

De esas primeras azadas brotó el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), una de las muchas organizaciones sociales que florecieron en el siglo XX, pero una de las pocas que sobrevivió a la despiadada guerra colombiana. El 24 de febrero de 1971 fue su bautizó formal en La Susana, resguardo Tacueyó, municipio de Toribio; pero el origen, proclama el CRIC, es más antiguo y profundo.

En la raíz del árbol genealógico sobresale La Cacica Gaitana, la primera prócer del movimiento indígena del Cauca. En 1583, la Gaitana y el Cacique Pigoanza juntaron 20.000 indígenas paeces, pijaos y yalcones para enfrentar la sangrienta campaña colonizadora. Antes de que los colonos españoles asaltaran el departamento en el siglo XVI, se calcula que en la provincia de Popayán –hoy ciudad capital del Cauca– vivían 60.000 indígenas de 24 pueblos. De Popayán a Ibagué, es decir, por toda la cordillera central, los alzamientos indígenas continuaron hasta casi un siglo después. El armamento de los conquistadores inclinaría la balanza a su favor.

En la memoria del indio caucano también ocupa un lugar especial Manuel Quintín Lame. En las primeras décadas de 1800, el país gritó independencia y expidió leyes que en teoría favorecían a los pueblos indígenas, pero que en la práctica entregaron a terratenientes criollos las tierras despojadas por los españoles. Quintín Lame se opuso al terraje, consolidó los cabildos indígenas como centro de autoridad y base de la organización indígena, y participó de la rebelión que les arrebató la tierra a los gamonales. “Porque yo me opuse a obedecer a lo injusto, a lo inocuo, a lo absurdo; pues yo miré como cosa santa y heroica el no acatar a la injusticia y la inequidad, aun cuando llevase la firma del más temible juez colombiano […] Llegará ese día en que la legislación indígena será encaminada rápidamente a formar su tribunal y destruirá la envidia y el error que ejecutaron a sabiendas y con conocimiento de causa los señores aristocráticos, que sin justicia y sin caridad nos han hecho desterrar por medio de leyes subversivas”, predicaba Manuel. Él y la Gaitana son responsables de que hoy en el Cauca la desobediencia no sea considerada un delito.

 

***


“El Ejército recibe órdenes, la Policía recibe órdenes, nosotros no recibimos órdenes, respondemos a un favor […] cuando yo grito no quiero que escuchen mis órdenes, quiero que escuchen mi voz”, me dijo Vicente, una voz de autoridad al interior de la Guardia Indígena del resguardo Pueblo Nuevo, que hace parte del territorio ancestral Sa´th Tama Kiwe –ubicado en Caldono– donde se realizó la conmemoración de los 50 años de vida del CRIC.

Una vez constituido el CRIC, esas alarmas humanas de la recuperación de tierras llamadas vigías, pasaron a ser guardias cívicas encargadas de ejercer control en las fiestas, las asambleas y las mingas. Portaban un brazalete verde y rojo en el brazo que simbolizaba la riqueza natural del territorio y los mártires del pueblo indígena. A partir de los noventa, la Guardia adquirió su actual nombre y su carácter político y reivindicativo. Hasta hace unos años, me contó Andrés, a los comuneros les daba pereza y vergüenza ponerse el chaleco de la guardia. Hoy es símbolo nacional de autodeterminación y un orgullo para el indígena caucano.

“Hay un lema en el movimiento: se dice que todos somos Guardias desde que nacemos. Como se inculca desde muy pequeño el cuidado por el territorio, uno podría decir que pertenece a la guardia desde que está en el vientre de la madre”, me explicó Andrés Ascue, otro joven guardia del Resguardo Pueblo Nuevo. La Guardia está integrada por miles de ancianos, niños, jóvenes, hombres y mujeres. Lucen chalecos negros, verdes o azules. Algunos usan gorra, otros boina negra. Hay quienes llevan terciada una mochila del Atlético Nacional o mochilas con figuras geométricas de colores tierreros. Casi todos tienen tres extremidades superiores porque en la cintura o en el pecho siempre llevan su machete.

La Guardia es un símbolo hecho de muchos otros símbolos, Robert Molina, poblador del resguardo Kokonuko y coordinador de la Guardia, me contó que: “Nuestras autoridades espirituales nos dan un bastón de autoridad. Un bastón que representa la orientación, el direccionamiento político de nuestra comunidad para poder pervivir y autoprotegernos nosotros mismos. El bastón de la Guardia indígena es diferente al de nuestras autoridades. El de nosotros es de chonta o de madera, pero sin anillos. Los bastones siempre llevan la cinta roja y verde, las cintas de otros colores representan la cosmovisión de cada pueblo”.

La formación de los guardias comienza en la escuela, sin embargo, no hay una edad, ni unas aptitudes físicas o psíquicas establecidas para hacer parte de ella, la consciencia y la voluntad son los únicos requisitos: “La guardia es un espacio de encuentro de pensamientos afines al interés por cuidar el territorio –me explicó Andrés–. No hay una estructura que diga que tienes que ser de esta manera para ser guardia, lo importante es tener claro que el territorio se debe defender y se debe cuidar a como dé lugar”.

Así como la Guardia ganó reconocimiento dentro y fuera del Cauca con el pasar de los años, los colombianos tienen percepciones erradas de ella. El joven Andrés y el experimentado Robert dejan claro, antes que nada, que la Guardia no fue concebida como un grupo de choque, que no apoyan a grupos de derecha ni tampoco de izquierda, que no son los “tirapiedras” que bloquean la vía Panamericana y que la confrontación es la “última medida que se toma”. También admiten que donde hay más de dos es natural que existan diferencias. La Guardia –como el CRIC– es “una familia extensa” conformada por 10 pueblos indígenas y 126 cabildos, por tanto no está exenta de tensiones. “Son procesos políticos, y en la política siempre va haber una tensión –me confesó Andrés–. Esa tensión es la que en este proceso se debe ir solucionando. Obviamente hay rivalidades, es el carácter del ser humano que siempre va estar ahí. Esa es una de las visiones erradas, pensar que los indígenas viven abrazados como hermanitos; no, porque también somos personas y también hay intereses”.

Quien entra a la Guardia, lo hace consciente de que eso le pude costar la vida; pues al fin y al cabo vivir en el Cauca es un oficio de alto riesgo. En 2020 Indepaz documentó 91 masacres en todo el país, 14 de ellas cometidas en el departamento. A pesar de las cifras, la boca de Edith Ester Ulchur, quien desde hace 20 años es Guardia del territorio ancestral Ampiule, ubicado en Silvia, nunca ha pronunciado la palabra miedo: “No hay temor. Uno cuando se mete a esto, va decidido. Nosotros hemos dicho que hay que dar la vida por nuestro territorio, por nuestros compañeros, por nuestros hijos”.

 

***


El CRIC resume su designio político y su horizonte de vida en cuatro máximas complementarias: unidad, tierra, cultura y autonomía. Rosalba Pai, indígena Awa y gobernadora del resguardo La Brava, ubicado en Tumaco, me lo tradujo así: “La política del mundo occidental es dura porque es una política que juega con la vida de los demás, y también un engaño. Los indígenas no nos podemos confundir. Yo entiendo política occidental, pero no la aplico a mi comunidad porque yo sé que mi gente se va confundir. La política cultural indígena es algo sagrado, y la política occidental es del cogollo pa´ arriba. La de nosotros es desde la raíz, desde las aguas que corren, los peces, las plantas, desde abajo vamos subiendo y nos fortalecemos”.

Los 50 años del CRIC –y toda la sangre que ha costado– no han sido en vano. No está terminado, pero en el Cauca avanza firme la movilización de la conciencia y la construcción de un Estado nación dentro del Estado colombiano. Los indios que no tenían tierra, ni derechos, solo un azadón y la dignidad mancillada, hoy tienen universidad propia, Instituciones Prestadoras de Salud propias, un sistema de gobierno y de justicia propio, mecanismos de protección propios, resguardos legalmente constituidos, cerveza, café, arroz, ungüentos, vino, tejidos, cantos, ritos, lenguas, todo propio.

Cuando el indígena caucano no tenía nada, comprendió que lo tenía todo: su espiritualidad y su saber ancestral. Sabiduría que no encuentra –ni necesita- justificación de la razón ni de la ciencia porque es aprendida en el vientre de la madre tierra, “la gran pedagoga”. “Yo no estudié sino hasta cuarto de primaria, la universidad que tengo es el caminar […] En el tiempo de antes la escuela eran las tres Tulpas donde se sentaban los abuelos y los mayores a enseñarles a sus nietos y tataranietos”, me dijo Marcial, autoridad mayor del resguardo ancestral Caquiona, ubicado en la bota caucana, zona fronteriza que separa al Cauca del Putumayo. “Después de muchos viajes, me di cuenta que el conocimiento está en el solar de la casa”, dijo más tarde en su ponencia el líder Alcibíades Escue en los 50 años del CRIC.

50 años son motivo de festejo, y oportuno momento de introspección. “Nuestros mayores nos dejaron tierra, ¿nosotros qué vamos a dejar?”, preguntaba un mayor en la conmemoración. En Sa´th Tama Kiwe hubo danza, chirrincho, mucha tambora. También preguntas incómodas y necesarias que la familia extensa del CRIC debe atender si quiere seguir tejiendo unidad y gozar de la misma vitalidad dentro de 50 años. Respecto al problema de los cultivos de uso ilícito no existe consenso, ni alternativa clara. Las sustancias psicoactivas y la cultural del consumo entorpecen el relevo generacional y contaminan el legado de los mayores. La dirigencia que capitanea el barco presenta síntomas de burocratización y verticalidad; dirigencia que antes se formaba en la Tulpa al regazo de los mayores, y que hoy se forma en la Universidad del Cauca o la Universidad del Valle. La manutención económica todavía depende, en gran medida, de recursos estatales. Son reiterativas las situaciones en las que los comuneros incurren en comportamientos machistas, especialmente cuando se toman unos chirrinchos de más. También hay integrantes de la familia que se sienten injustamente menospreciados.

Son 50 años de un camino milenario. El fin es tan profundo como su origen. En el Cauca no se conforman con otra hectárea de tierra, una ley, o la sentencia de un juez, juran luchar “hasta que se apague el sol”. No es ambición, es justicia propia. “Los psicólogos dirán que estamos locos, pero los cuerdos están acabando con el planeta”, me dijo Vicente. Son los movimientos sociales como el CRIC y las personas que los componen, quienes determinan una época, aunque no podamos entenderlo ni percibirlo. El indio, con justa razón, aún siente desconfianza del autodenominado “blanco” y en cuestión de segundos levanta una muralla con su lengua, cientos de siglos después perdura la “malicia indígena”. Pero al final se impondrá su generosidad y su nobleza con la que arroparan en su casa a la humanidad entera.

La historia de los pueblos indígenas del Cauca tiene forma de espiral violenta. La hostilidad se volvió habitual, “casi natural”. En la época de la conquista los obligaron a maldecirse por ser indígenas. A Marcos Avirama lo encarcelaron en 1979, y al resto de la dirigencia del CRIC los señalaron de hacer parte del M19. Hace unos años paralizaron la vía panamericana durante un mes y el Ejercitó echó veneno en el tanque de agua que los abastecía. La Policía y el Ejército fueron cómplices de la masacre de 21 indígenas Nasa en Caloto, en 1991. Esas y otras tantas modalidades de violencia mataron el miedo del indio que hoy muestra con honor el cráter que dejó en la frente una recalzada disparada por el Esmad. En el Cauca el “maíz nace fecundo” porque –como me dijo Vicente– “jamás nos podemos arrodillar ante nadie, es la disciplina ancestral y biológica de nosotros”.

Page 1 of 2

Nosotros

Periferia es un grupo de amigos y amigas comprometidos con la transformación de esta sociedad, a través de la comunicación popular y alternativa en todo el territorio colombiano.

 

Por ello comprendemos que la construcción de una sociedad mejor es un proceso que no se agota nunca, y sabemos qué tanto avanzamos en él en la medida en que las comunidades organizadas fluyan como protagonista. Es en este terreno donde cobra siempre importancia la comunicación popular.

Litografía Periferia

 

Ubicación

 

 

Medellín - Antioquia - Colombia

Calle 50 #46-36 of. 504

(4) 231 08 42

periferiaprensaalternativa@gmail.com

Apoye la Prensa Alternativa y Popular

o también puede acercarse a nuestra oficina principal en la ciudad de Medellín, Edificio Furatena (calle 50 #46 - 36, oficina 504) y por su aporte solidario reciba un ejemplar del periódico Periferia y un libro de Crónicas de la Periferia.