Tribunales populares de Cuba

Después de la revolución cubana se crearon los Tribunales Populares. Hoy en Cuba existen muchos Tribunales Populares, y se realizan en cualquier casa de cualquier barrio. Acerca de este sistema de juicio popular, una campaña mediática difundió a escala mundial que los Tribunales Populares eran instrumentos para juzgar  contrarrevolucionarios, sentenciándolos a morir fusilados ante un “paredón”; esta fue la propaganda del gobierno estadounidense para mostrar al mundo la crueldad de un gobierno “intolerante y represivo”, que sometía a juicio sin derecho a defensa.{jcomments on}

En esta ocasión estamos publicando la experiencia vivida por Asdrúbal Mendoza, una de las muchas personas que han visitado recientemente esta Isla del Caribe. Relata Asdrúbal que esa noche del juicio entró a una casa con un espacioso corredor entorno a un jardincito que sirvió de salón. Algunos asientos se ocuparon por niños que, desde temprana edad despiertan valores y respeto por los derechos ciudadanos.

Una señora de tez negra, cabello blanco, un señor mulato, también canoso y una señora gorda y muy blanca, ocuparon el estrado. Era el pleito de dos mujeres. Una mujer casada acusaba a otra divorciada de haberla encontrado besándose con su marido. “Mentira, estaba en la casa de ellos porque llegué a pedir prestada una botella de aceite, y el marido me hizo pasar a la cocina haciéndome creer que estaba con su esposa, y allí me quiso forzar y luché por soltarme de él”.

“No”, decía la otra, “se estaba dejando besar y se soltó cuando los sorprendí”. “Mentira -volvió decir la divorciada -, “el marido no la quiere, le es infiel y enamora a todas las mujeres, entre ellas a mí, pero nunca he aceptado, eso lo sabe todo el vecindario”. La juez también juzgaba el pleito que había tenido en el mismo edificio, donde habían tenido que desapartarlas otras vecinas. “Estaba hablando pacíficamente con esta vecina” - respondió la divorciada-, cuando la otra le gritó puta desde la escalera. “Puta no le dijo sino cuando se estaban agarrando del pelo”, decía la esposa. Varias vecinas rindieron sus testimonios contradictorios, y el pleito que hubo en la puerta del apartamento se volvía cada vez más embrollado, y los ánimos se caldeaban hasta tal punto que ya decían libremente ante el jurado la palabra puta. Recuerdo que el jurado tocó el timbre varias veces porque las mujeres estaban a punto de agarrarse del cabello otra vez.

El jurado se retiró a deliberar y media hora más tarde regresó y dictó el fallo. Todos de pie. La señora gorda blanca leyó la sentencia. Absolutoria para la mujer casada, condenatoria para la divorciada. La pena que se le impuso a esta última fue en primer lugar una amonestación. La señora dejó de leer el papel y acto seguido hizo la amonestación: le dijo que el jurado no juzga con respecto a su vida privada, la cual según el testimonio de personas vecinas ha sido siempre intachable, una mujer de elevada estatura moral y que no deseaba arrojar la más leve duda sobre su honra. Pero la considera culpable de imprudencia, pues cuando una mujer va a pedir prestado algo a una vecina y encuentra que ésta no está, sino que está sólo su marido, debe abstenerse de entrar para evitar las habladurías del vecindario y la sospecha de la esposa. La otra sanción impuesta por el jurado fue la de continuar la escuela. El jurado había constatado que sólo había llegado a tercer grado de primaria, quedando en la obligación de presentar sus calificaciones mensuales ante ese tribunal. Aplausos. Yo quedé perplejo ante esta sentencia: ¿Cómo te parece? La castigaron enviándola a la escuela.

Los Tribunales Populares juzgan los delitos menores, que en el código anterior a la Revolución eran llamados delitos de policía, y eran sancionados con multas o seis meses de cárcel. Los delitos mayores se juzgan en el Juzgado del Crimen, y los delitos políticos - o delitos contra la Revolución- se juzgan también en un tribunal especial.

Las penas de los Tribunales Populares suelen ser una amonestación pública o, en ciertos casos, trabajo en una granja. Y sólo en casos muy extremos, la cárcel. Los jueces de los Tribunales Populares son elegidos por el pueblo en asamblea en cada barrio, y después de electos se les da un curso de un mes. El nivel que se requiere es de sexto grado como mínimo, y deben ser jueces en el lugar donde viven. El trabajo que realizan no es remunerado, sino que lo hacen en las horas libres y es estrictamente voluntario. Muchos otros juicios como estos se celebran en muchas partes de la Habana todos los jueves por la noche. Hay juicios que se celebran en plena calle. Estos Tribunales Populares, además de resolver los pequeños conflictos de las comunidades, son muy educativos para el pueblo, y el pueblo asiste a ellos con gusto, como a una obra de teatro.

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