La lucha ya no es contra el agua

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En el suroccidente de Bogotá hay un colectivo ambiental empeñado en salvar lo que queda de un humedal. Un pleito jurídico y el desconocimiento de la comunidad son los obstáculos que enfrentan.

Este domingo de junio, Diana Castro madrugó con algunos compañeros a pintar un mural que reta la realidad. Sus letras dicen “Bienvenidxs al espejo sur- Humedal La Vaca”, y se refieren a un potrero de dos hectáreas que divide cuatro barrios distintos. La mitad del terreno está ocupada por un parqueadero de busetas y camiones, por dos casas de reciente construcción, por una licorera y por una gallera que tiene aspecto de cambuche. La otra mitad son montículos de tierra cubiertos de pasto, un arrume de estivas de madera, varios montones de basura y dos ranchos hechos con tejas de lata.

El lado del mural, sobre la pared de una casa esquinera, pertenece al barrio Villa de la Torre. Luego siguen, girando en contra de las manecillas del reloj, Villa Nelly, Villa Andrea y Villa Emilia. Las vías que separan las casas del potrero están sin pavimentar y se convierten en barrizales con cada aguacero. Las casas están en su mayoría hechas de bloque rústico y miradas en conjunto tienen un estilo disparejo, pues algunas tienen un piso, otras dos, otras tres. Todos estos barrios nacieron a inicios de los años noventa con la urbanización ilegal de un humedal llamado La Vaca.

Esto último lo cuenta Diana Castro, joven de 19 años, vecina del espejo sur y líder del Colectivo Simbiótica, una organización social que trabaja por visibilizar los conflictos ambientales en la localidad de Kennedy, en el suroccidente de Bogotá.

-Antes de eso –continúa Castro-, este humedal tenía 25 hectáreas que comprendían desde la parte posterior de Corabastos hasta la avenida Villavicencio. Ahora solo quedan nueve hectáreas divididas así: siete hectáreas en el espejo norte y dos en el espejo sur.

Jorge Reina, funcionario de la Secretaría de Gobierno y vecino del humedal, explica que en 1996 la alcaldía de Antanas Mockus intentó un plan de recuperación del humedal que implicaba el reasentamiento de los catorce barrios que se habían formado luchando contra el agua. Reina recuerda que el lote de su tío era un charco y él colaboró rellenándolo con escombros que traían en volquetas. Luego sonríe cuando se acuerda de que siempre tenía que haber alguien en el lote porque podían llegar dos o tres personas diariamente reclamando la propiedad de ese mismo terreno.

Dora Cubillos fue desplazada de Coscuez, Boyacá, y fue una de las primeras habitantes del barrio el Amparo, cerca al espejo norte del humedal La Vaca. Cubillos lideró la oposición de los habitantes de ese sector ante la iniciativa de la alcaldía. Como resultado de la negociación, el plan se redujo a recuperar los únicos dos espacios del humedal que faltaban por urbanizar. Así, mediante el Acuerdo 035 de 1999 el Concejo de Bogotá declaró el uso residencial del suelo que ya estaba construido y ordenó conservar el restante para restaurar el ecosistema del humedal original.

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Mientras pintan el mural, algunos niños de los colegios cercanos colaboran en la jornada de limpieza del humedal. Cuentan también con la ayuda de una retroexcavadora pequeña que reduce el esfuerzo. Mientras anuda una bolsa negra llena de basura, Ceballos cuenta que la intervención estatal empezó en el espejo norte. Se reubicaron once familias que vivían en malas condiciones y se desalojaron algunas otras que llegaron a asentarse buscando posteriores beneficios económicos. Para 2008 el proceso ya estaba bastante adelantado en esa parte del humedal, pero en el sur las cosas iban por otro rumbo.

A pesar de que ese terreno ya aparecía como humedal en el Plan de Ordenamiento territorial, hay unas fotos de un acto de campaña de octubre 2007 que muestran al candidato al Concejo Orlando Parada junto con uno de los urbanizadores ilegales de este sector, llamado Gilberanio Méndez. Reina afirma que en esa reunión política, que se realizó en el humedal, el candidato prometió lotear ese terreno para construcción de vivienda. Cierto o no, el hecho es que desde ese momento empezó un litigio jurídico que hoy enfrenta al distrito con una familia de apellido Sánchez.

Este dato es confirmado por Andrés Salazar, gestor de la Secretaría de Ambiente en la localidad de Kennedy. Salazar se encuentra presente en la actividad y dice que esa entidad apoya esta “forma de apropiación social y ambiental de los territorios del agua y de la estructura ecológica principal de la ciudad”. Luego de las palabras de protocolo, reconoce que se trata de un proceso jurídico complejo porque la familia Sánchez alega propiedad sobre el terreno del humedal y eso está entorpeciendo su recuperación.
Le pregunto a Diana Castro si su organización ha tenido algún contacto con la familia Sánchez. Me responde que no porque ellos son peligrosos. Por eso dejan que las instituciones distritales se encarguen de ese asunto y mientras tanto ellos se dedican al trabajo con la comunidad.

-¿Qué piensa la gente del barrio sobre este humedal?

-La mayoría dice que rellenen, o que hagan un parque, o que construyan, pero que quiten esto porque genera muchos problemas de seguridad.

-¿Ustedes qué les dicen?

-Pues que este es un espacio muy importante, aunque ahora eso no sea evidente. Aparte de los valores ecológicos que tienen este tipo de ecosistemas, los humedales sirven como esponjas para retener el agua durante el invierno. Mejor dicho, este humedal ayuda a que no se inunden estos barrios.

-¿Cómo hacen para no desanimarse viendo que el terreno está ocupado por ese parqueadero y por las viviendas?

-Personalmente, sueño con ver algún día este terreno convertido en un verdadero humedal. La gente me dice que es una idea estúpida y loca, pero poco a poco van a tomar conciencia de la importancia de que sea así. Igual no basta con esta actividad, hay que seguir presionando para que la gente no piense que fue una cosa de cuatro loquitos recogiendo basura un domingo en la mañana.

 

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Esteban Montaño

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