Guerra de las convivir en el corazón de Medellín

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Era una tarde calurosa, como las últimas que se han vivido en Medellín, pero a esa hora ya empezaba a bajar un poco el calor y en Barrio Triste, un sector de mecánicos y ebanistas, la gente se asomaba a las aceras de los negocios y los talleres para refrescarse un poco. En una esas alguien, de no se sabe dónde, arrojó una granada contra la carpintería Madecaldos, cerca a la estación Cisneros del Metro, y desapareció. Eran las cuatro y cinco de la tarde, del jueves 10 de junio. A esa hora se paró el reloj interior de dos carpinteros, uno de 65 años y otro de 79; de una joven ama de casa, y un mecánico. Los tres primeros fueron recuperados en el hospital. El mecánico no pudo aguantar.

La policía dice, sin dar mayores explicaciones, que el atentado fue una retaliación por otro atentado que se había realizado el fin de semana anterior en el sector el Raudal, que dejó 30 heridos y una mujer muerta. Según las autoridades, esto se enmarca en el enfrentamiento entre combos por el control de las plazas de microtráfico. Pero, según una investigación que vienen realizando desde tiempo atrás la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social- Corpades y la agencia de prensa Análisis Urbano, la situación es más compleja y tiene que ver con la lucha al interior de las Convivir que operan en la Comuna 10, es decir, el centro de la ciudad, por el control territorial y no solo por las plazas de microtráfico. Es, según Fernando Quijano, director de Corpades y coordinador de la investigación, una especie de guerra fría al interior de las Convivir, por debajo del pacto del fusil. “En esta guerra fría los Urabeños y la Oficina de Envigado siguen negociando, pero por debajo dejan que la guerra entre sus mandos medios siga fluyendo. Todo es negado, desde luego, por la institucionalidad”.

¿Qué es lo que hay en juego?
El pacto del fusil fue un acuerdo entre los Urabeños y la Oficina de Envigado, que durante los últimos años han estado disputándose el control territorial de la ciudad. El acuerdo se realizó a mediados del año pasado y en él estas estructuras criminales se repartieron el control territorial, financiero y militar de Medellín y sus alrededores. Pero, según Quijano, uno de los puntos que más controversias generó y que al parecer no quedó plenamente resuelto, fue el control del centro y con él de todos los negocios que allí se mueven.
Lo que pasa es que en la dinámica del centro se mueven muchos negocio legales e ilegales; entre estos últimos están la prostitución, el juego ilegal, el tráfico de drogas, el tema del contrabando. Y para todo ello hay vacunas. Hace unos años, ETESA, la empresa que regula todos los negocios de apuestas y juegos de azar, intentó desarrollar su propia investigación para indagar por qué más de cinco mil negocios de maquinitas tragamonedas en el centro no estaban pagando impuestos. Y encontraron que buena parte de esos negocios funcionan ilegalmente, no pagaban impuestos pero sí pagaban una vacuna y no sólo a las Convivir sino también a miembros de la institucionalidad. Los investigadores fueron asesinados.

Son muchos los componentes que se mueven en la dinámica de las finanzas criminales en la ciudad y todos ellos están controlados por las Convivir. ¿Cuánto les genera eso de ingresos? Quijano ensaya un cálculo elemental para dar una muestra de la magnitud del asunto. “Si fuera cierto que son 25 mil venteros informales, entre tres y cinco mil más están legalizados; además de 30 mil comerciantes organizados. Esto daría entre 58 y 60 mil negocios que deben pagar como mínimo 40 mil pesos de vacunas semanales a la Convivir: más de 2.300 millones de pesos mensuales”. Pero no todos pagan 40 mil pesos; esa es apenas la cuota que tiene que pagar la chasita que está ubicada en alguna de las esquinas más escondidas; no es lo mismo que paga la carnicería, o la heladería o la discoteca. Donde haya más movimiento se paga más.

Además, las Convivir controlan prácticamente toda la comuna 10, y las cifras que acabamos de mencionar se concentran realmente en el centro de la ciudad. Si miráramos las cifras que pueden arrojar para estas estructuras criminales las vacunas a todos los negocios de la comuna 10, el cálculo anterior se quedaría en pañales. Se calcula que sólo en Barrio Triste pueden funcionar unos 800 negocios y unos 700 mecánicos, cada uno pagando vacunas superiores a los 40 mil pesos semanales. Habría que pensar en cuánto le produce de ganancias a estas Convivir el control del Chagualo, de Barbacoas, El Hueco, La Minorista, Guayaquil, la Bayadera para tener una dimensión más aproximada de lo que esto significa.

Por lo demás, estamos haciendo el cálculo apenas de los negocios legales, aunque informales muchos de ellos. El dinero grueso se mueve en los negocios ilegales, amparados 100% en la criminalidad. El microtráfico de drogas y de armas, por ejemplo, no les arroja dinero solo en forma de vacunas, sino que buena parte de estos negocios son controlados directamente por las Convivir.

Quien controla la comuna 10, controla media ciudad. Un millón de personas aproximadamente circula a diario por el centro y todo el transporte tiene que llegar hasta allí. Pero hasta ahora ese control estaba en manos de las Convivir, que son esencialmente organizaciones de la Oficina. En el pacto del fusil que se firmó entre los Urabeños y la Oficina el año pasado, se mantuvo dicho control en manos de estos últimos, aunque con mucha discusión por parte de los Urabeños, que hoy no están dispuestos a dejar las cosas así y vienen reclamando una tajada más grande del negocio.

Hay organizaciones de la Oficina que oficialmente han estado ingresando en las filas de los Urabeños, algunas Convivir han sido compradas o influenciaron a sus jefes, también han ido ocupando los lugares vacíos o se les han metido a los otros a la fuerza. “Tenemos indicios –cuenta Quijano- que en el viaducto del Metro los Urabeños están ganando presencia, igual que en el Parque San Antonio. Los alrededores de la Fiscalía, por la Torre Diplomática, es un sector controlado casi exclusivamente por el Bloque Sierra de las Autofensas Gaitanistas de Colombia, una organización de los Urabeños”.

Y allí donde las cosas no están servidas, simplemente han mandado a su gente a pelear. “Hace poco bajó un bus de Aranjuez con unos 28 hombres armados a reforzar la guerra en Barrio Triste; todo el mundo parece haberse dado cuenta menos la policía. Sabemos que se ha estado moviendo fusilería desde la comuna ocho hacia el centro y que los jefes como alias Watson, el Cucho, Alias, Falla y otros, están moviendo armamento entre sectores para un nuevo posicionamiento”.

Y se está desarrollando una cacería de Convivir, porque al ser infiltradas muchas de ellas por los mismos urabeños, la guerra se está desarrollando al interior de ellas mismas también. Los están cazando a la entrada de Moravia, llegando a Lovaina o en Aranjuez. “Estamos como en la época del viejo oeste, donde todo el que quiere le pone precio a la cabeza de su enemigo. Ya circulan los panfletos donde Monín paga 100 millones de pesos por la cabeza de alias Diadema. Y este a la vez hizo lo propio por la cabeza de Monín y de alias Gabrielito. Y la institución les hace el juego y ofrece otros 20 millones por cada uno de ellos”.

Pero va a empezar en Medellín la Feria de las Flores, que son alegría, paz y derroche. Según Quijano, lo más probable es que ahora la institucionalidad presione un nuevo pacto, o al menos una tregua, entre Urabeños y la Oficina para garantizar la paz y la tranquilidad a los turistas y a los rumberos paisas. Esto puede servir para una renegociación interna en el que se reparta de nuevo el control territorial y se reestructure el mapa criminal de la ciudad, al menos por una temporada. “Es que el pacto del fusil que se firmó el año pasado –explica Quijano- no es el primero ni el último donde la ilegalidad pacta y la institucionalidad permite. De hecho en momentos, por no decir siempre, mete la mano. Y es que en últimas los pactos le dan imagen a la institucionalidad, le permiten decir que hubo reducción de homicidios, de robos, etc. Aunque ello sea como admitir que la tranquilidad la garantizan los grupos armados ilegales”.

Además, según Quijano, en este nuevo pacto, que intentaría un reacomodo de las fuerzas criminales en la comuna 10, la institucionalidad va a presionar para que dicho reacomodo le sirva a los planes de reorganización del centro. “Recuerde que para el centro hay planes importantes; esta ciudad va camino a ser la ciudad de la diversión, la ciudad de los negocios, la ciudad del poder. Y en ese sentido hay que tener contentos a todos y darle una organizadita al negocio. Un nuevo pacto dentro del pacto les conviene a los que quieren cambiarle la imagen al centro, pero no va a cambiar ni la vacunada ni el control ni la desaparición ni la tortura ni todo lo que hacen al interior de las Convivir. Hay una gente que va a quedar muy feliz, pues estas guerras pueden servir para afinar estrategias de control, para quitar a los indeseables”.

Entre tanto, seguirá la guerra graneadita, donde la mayoría de los muertos son inocentes, como ocurrió en los atentados de Barrio Triste y el Raudal.

¿Hay un cartel de oficiales?
Las Convivir que funcionan hoy en el centro de Medellín son en buena medida las mismas que impulsó Álvaro Uribe Vélez cuando era gobernador de Antioquia, como cooperativas de vigilancia y seguridad privada al servicio de negociantes y empresarios, que ejercían su función en espacios públicos de la ciudad. Estas cooperativas fueron denunciadas por varias organizaciones defensoras de derechos humanos como una forma de legalizar y legitimar el paramilitarismo urbano, y sus denuncias encontraron eco. En 1997 la Corte Constitucional declaró inconstitucional la existencia de las Convivir. Pero no por ello dejaron de existir y operar en Medellín; es más, su accionar se ha extendido y fortalecido en los últimos años.

“Las Convivir ya están en Barbosa- nos cuenta Quijano-. Operan por Prado Centro, están llegando a Manrique, se mueven por los alrededores de la Corporación Universitaria Luis Amigó, justo al lado de la Cuarta Brigada del Ejército. Y uno tiene que preguntarse cómo es posible que en vez de haberse desmantelado hayan crecido tanto después de ser declaradas ilegales, qué sector de la institucionalidad las ha protegido entonces. Ahí estaría el juicio político a la administración de esta ciudad y, desde luego, para los comandantes de la Policía Metropolitana”.

La investigación desarrollada por el centro de Investigaciones de Corpades evidencia que hay, efectivamente, un personal importante de la policía presuntamente vinculado a las Convivir. “Desde luego, no hablamos de toda la institución, pero no podemos negar que hay un sector importante vinculado ahí. Podemos hablar por ejemplo de un coronel activo; un capitán del Gaula de la Policía sirve como enlace, e incluso parece que controla la plaza móvil de la heroína, lo cual arroja muchísimo dinero. También se menciona a un sargento que está vinculado a la SIJIN y de un intendente, entre muchos que tienen una vinculación más grande. Alias don Omar, por ejemplo, es un exsargento de la Policía que tenía nomina paralela al parecer con la Convivir de la Candelaria. Nos encontramos a don Pedro, un hombre tan poderoso que se han enfrentado a la Oficina de Envigado y no les ha pagado, pero lo más grave es que hay serios indicios de que está protegido por la SIJIN, y eso le da otra connotación al asunto”.

Eso quiere decir que acá en el centro no solo tenemos Convivir; también hay bandas que están vinculadas con los urabeños, con la Oficina de envigado. E incluso podría existir un grupo de oficiales de la Policía que tienen sus propias bandas y están manejando sus propios negocios. “Esto indica –insiste Quijano- que, aunque a los comandantes les moleste, sí existe el cartel de los oficiales, un sector de la institucionalidad que no deja que la lucha contra el crimen sea real, que termine ayudándole a la ciudad y desmantelando paramilitares y mafia”.

Ello puede explicar, por ejemplo, que a pesar de estar el Comando de la Policía Metropolitana a una cuadra del Parque San Antonio y a una cuadra del Parque San Ignacio, se residencien allí dos de las más poderosas organizaciones de las Convivir, que operan a plena luz del día y a la vista de todos, a pesar de todas las cámaras y toda la inteligencia, sin que pase nada. Igual pasa en los alrededores de la Alpujarra. Entre miércoles y domingo entra al Hueco, según Quijano, todo el contrabando que se mueve en la comuna 10. “Entonces uno sabe para qué sirven las Convivir y la protección oficial. ¿Cómo es posible que desde el piso 12 de los edificios de la Alpujarra, donde están la gobernación y la alcaldía, no ven lo que ocurre apenas a unos pasos?”

Hace pocos días, a raíz del atentado en Madecaldos, el comandante de la Policía Metropolitana decía que se iban a tomar Barrio Triste. Esto a Quijano, le sonó a chiste: “¿Acaso no tenían allí todo el control? Pues allí existe desde hace tiempo una de las estaciones de policía más grandes de la ciudad, la estación 300. ¿Por qué no se toman toda la ciudad? ¿Por qué mejor no desmantelan las 35 Convivir que hay en la comuna 10. Ellos saben dónde están, porque además nosotros les hemos dibujado el mapa, y saben cómo operan”.

Fernando Quijano asegura que la pervivencia de las Convivir en Medellín no se explica por la simple complicidad de los patrulleros, pues estos no tienen capacidad de incidencia a ese nivel. Ningún patrullero puede por su voluntad desmantelar una plaza de vicio, ni ninguna otra estructura criminal. “Y además, ¿sabe qué le pasa a un patrullero que se atreve, no a denunciar siquiera sino simplemente a desobedecer la orden de proteger a los delincuentes? Uno puede revisar las estadísticas y ver cómo coincide esto con los traslados al Cauca, al Putumayo, al Guainía. Todo esto lo digo para advertir que hoy lo único que desmonta a las Convivir es la voluntad política, una decisión de Estado”.

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