Río Sogamoso D.E.P.: desemboque en paz

rio sogamoso

Su nombre es la españolización de las palabras Sua mox que significan “morada del sol”. Es el río grande y majestuoso del Sogamoso, morada del Dios Sol y de muchos peces que por décadas y siglos han alimentado al pueblo de puerto Sogamoso y demás visitantes que aprovechan sus tiempos libres para admirar su majestuosidad y belleza en actividades de paseo como la pesca o el baño con su tradicional sancocho. El río es padre de todos estos pobladores ribereños que se han criado, generación tras generación, con el sustento que les da, ya sea con la pesquería o la agricultura.

En la historia colombiana también fue este río sustento de muchas tribus indígenas, y del mismo Ejército Libertador, que, tras el cansancio y la escasez alimentaria que prosiguieron a la batalla del Pantano de Vargas, decidió acampar en sus orillas para que éste le proveyera sus magníficos y preciados recursos sin pedir nada a cambio, más que la libertad para esa majestuosidad e imponencia de su caudal.

Hoy, mucho tiempo después, ha llegado hasta esta morada de los dioses, el mal encarnado en el hombre capitalista bajo el nombre de ISAGEN, que ha traído hasta aquí la idea absurda de construir una hidroeléctrica para el beneficio de extranjeros. Sin contar que estos extranjeros ya han hecho suficiente daño en los alrededores del río a través de sus actividades “turísticas”, causando un gran daño ambiental a la madre tierra y a la población ribereña, pues con ellos han traído males como la drogadicción, la prostitución y los hurtos. Sobre todo han traído con sus ambiciones a los mercenarios paramilitares que asesinan a dirigentes populares y sindicales que luchan por la dignidad del río y la del pueblo. Así, las tierras de la zona han quedado devastadas por la sequía que causa mortandad de animales y cosechas, enfermedades humanas y, sobre todo, males al patrimonio natural de la humanidad.

La comunidad vecina de este río ha tenido que soportar el conflicto armado, desplazamientos forzosos y gobiernos altamente corruptos. Muchos de sus habitantes se habían instalado allí en armonía con nuestro hermano y padre río, el Sugamuxi (Sogamoso), lejos del tráfago de la gran ciudad donde reinan el egoísmo y el interés por el dinero. En los alrededores de Sugamuxi el pescador truequeaba sus productos con el agricultor y viceversa. Con la llegada de ISAGEN y sus proyectos de materializar un progreso más próximo a los sueños contaminados de la ciudad todo esto está cambiando.

El proyecto, tal como lo describe la misma empresa, consiste en la utilización de las aguas del río Sogamoso en la generación de energía eléctrica mediante la construcción de una presa y una casa de máquinas con tres unidades de generación. Con 820 MW de capacidad instalada y una generación media anual de 5.056 GWh-año, será una de las cinco centrales más grandes del país, que incrementará la producción de energía en un 50% y pondrá en el mercado enérgico el 10% de la energía que consume el país en un año. La futura Central se encuentra ubicada en Santander, en el cañón donde el río Sogamoso cruza la Serranía de La Paz, 75 km aguas arriba de su desembocadura en el río Magdalena y 62 km aguas abajo de la confluencia de los ríos Suárez y Chicamocha.

La presa y el embalse están en jurisdicción de los municipios de Girón, Betulia, Zapatoca, Los Santos y San Vicente de Chucurí, que junto con los municipios de Barrancabermeja, Puerto Wilches y Sabana de Torres, ubicados aguas abajo del sitio de presa, conforman el área de influencia del proyecto. Pero lo que no ven estos negociantes de la naturaleza es el gran daño que están causando a todo el ambiente, sin pensar en una posible catástrofe que podría ocasionarse si se llega a reventar esa represa. Y sobre todo no tienen en cuenta que el agua es para la vida, no para la muerte.

Las comunidades de la vereda Sogamoso se encuentran hoy preocupadas por las altas temperaturas que está provocando el embalse, lo que ocasiona disminución de las cuencas hidrográficas y nacimientos de agua ubicadas en territorios de las comunidades.

Además, la construcción del proyecto y la tala de bosques para ello está provocando desplazamiento acelerado de animales salvajes hacia los lugares donde habita y trabaja la gente. Se ha identificado presencia de pumas, tigrillos, marranos chácharos, tinajos, chiguieros, ardilla, mico careto, mono cotudo, picuro. Y aves como chachivos, pericos, churicas, cochas, tulcán, siéntaro papayero. La comunidad se siente en riesgo permanente de ser mordida por las serpientes que se están desplazando y reubicando.

Como si fuera poco, las comunidades ribereñas perdieron unas de las mejores tierras para cultivar yuca, plátano, maíz y otros productos que eran comercializados en los sectores poblados como la Playa, Cascajera y otros puntos ubicados sobre el río Sogamoso. Y como consecuencia de esto, a los habitantes de la Playa y la Cascajera, en el margen del Río Sogamoso, se les han incrementado los costos de la canasta familiar. Ahora dependen de los camiones verduleros que vienen de la ciudad de Bucaramanga.

Sugamuxi era el nombre con el que los chibchas nombraban este río, y significaba también en su lengua el Encubierto o Desaparecido, porque representaba en la Tierra a Bochica o Idacansas, profeta y legislador celestial, fundador de la civilización de los chibchas. Y efectivamente, el Sugamuxi está desapareciendo y no en encubierto, sino en público, a plena luz del día, por el interés sucio de un gobierno corrupto y unos capitalistas voraces.

Me acuerdo que algunos años atrás se veía la majestuosidad del cauce del río. Con cautela yo cruzaba el puente y con mucho respeto admiraba sus caudales, que bañaban sus dos riberas y mucho más allá, con sus crecientes, lavaba y fertilizaba todas aquellas zonas planas a su alrededor y abastecía de agua a las bestias y plantaciones de toda la comunidad ribereña. Hoy, lamentablemente, damos por perdido el río, lo damos por muerto con este acuacidio y ecocidio.

Es triste ver cómo el campesino se resigna a perder sus tierras con la esperanza de una reubicación que el gobierno les dará (jmm, con este gobierno quién sabe cuándo), con unas llamadas “parcelas comunitarias” o algo similar, como dice don José, un humilde campesino de la zona. Ni siquiera se les repondrá el total de sus tierras sino una parte y, además, las tendrán que compartir. Con eso no estoy diciendo que sea malo compartir, sino que, como dice el dicho: cada quien tiene su forma de matar las pulgas. De esto lo único que se generará son odios y discordias, pues en este caso la propiedad colectiva no surge de la consolidación del trabajo comunitario y de la solidaridad sino de la imposición arbitraria.

Pero nuestras comunidades, al igual que los yariguíes en su tiempo, mantienen sus ideales en pie. Desde el 28 de abril de 2014 las comunidades afectadas se mantienen en reunión permanente exigiendo a ISAGEN que cumpla con la ley, que reconozca a los afectados aguas abajo, que haga las compensaciones que debe hacer. Porque el daño causado al rio, a la naturaleza y a los pobladores no tiene precio. El canto que anima la protesta, como preámbulo a la lucha más larga, recoge la consigna de defensa de la comunidad y del ambiente al mismo tiempo: “Allá arriba en aquel alto, donde nace la quebrada, había un pueblo muy bonito y el agua nunca faltaba. Pero un hombre irresponsable (ISAGEN-Gobierno) tumbó el monte y represó, ya no hay pájaros ni leña, el río se secó. La gente al verse sin agua, a la protesta recurrió, los medios se dieron cuenta, pero casi no les importó, y el gobierno tampoco volvió ni solución tampoco nos dio”.

 

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