De mordiscos y otros delitos. A propósito del mundial

mordiscos

Creo que todos vimos el mordisco del jugador uruguayo Luis Suárez durante el partido de su selección contra el equipo italiano. La jugada, para los que veíamos el partido en directo, pasó desapercibida, pareció un codazo del italiano contra el uruguayo, pero no, con la repetición en cámara lenta pudimos ver la jugada real. El jugador italiano mostraba su hombro al árbitro buscando evidenciar algo que parecía increíble.

Pero este escrito no es para narrar el hecho. Lo que propongo es una discusión sobre las reacciones mundiales formales y no formales contra el jugador. En este sentido, lo primero que quiero proponer es la discusión sobre la utilización de la tecnología para el dictamen de jugadas, posterior a los partidos.

Yo me declaro amante del fútbol, lo jugué en mi juventud y temprana adultez, ahora mis rodillas no me dan para tanto, pero sigo en las tribunas de los estadios cada ocho días. Uno de los elementos más encantadores que a mi parecer tiene el fútbol es que todavía permite el error humano. El error de los jugadores y el error obviamente de los árbitros. Estos últimos son cuatro, encargados de hacer cumplir las normas del juego y hasta ahora las cosas que pasaban en la cancha digamos que se quedaban ahí; si ninguno de los jueces veía la falta al reglamento era solo algo para comentar sin ir más allá. Así hemos sido beneficiados y perjudicados muchos en la historia del fútbol. Es así de simple, hay que comprender que el error es parte de nosotros, que podemos equivocarnos y que eso hace parte también del juego.

Podríamos preguntarnos qué sería del gran Diego Maradona si el árbitro hubiese visto la mano con la que hizo el gol a los ingleses en el mundial de México en 1986; pero no la vio, para fortuna de los argentinos, del fútbol y de él. Hoy en Argentina existe una iglesia maradoniana. Esto lo traigo a presente pues al uruguayo Suárez se le condenó, no por la observación de alguno de los 4 árbitros del terreno de juego, sino por la utilización del video posterior al partido.

Pensemos de nuevo en Maradona: si le hubiesen aplicado el video, no habrían ganado en el mundial de fútbol a Inglaterra, que para los argentinos fue la revancha de la masacre de las Malvinas por parte del gobierno de Margaret Thatcher. Con este gol se sintieron al menos un poco vengados, deportivamente, pero vengados. El partido lo hubieran anulado, o el gol y el campeón de 1986 hubiese sido otro, no Argentina.

Detrás de esto lo que hay es la concepción de perfección de la tecnología frente a la comprensión del error humano, con el que hasta ahora se ha jugado el fútbol. Es entonces el enfrentamiento entre el error humano y la perfección de la tecnología. Esa misma que nos imponen todos los días para vigilar las ciudades, para controlarnos a todos; es la ciudad y la sociedad del control -ahora el fútbol-, de la vigilancia frente a la sociedad donde pueden pasar cosas que el Estado no sepa, o no pueda controlar. Es la necesidad de control total de las acciones lo que está en juego. Sé que algunos dirán que soy muy exagerado, pero de pequeños cambios está llena la globalización, el neoliberalismo y la sociedad de control.

Lo segundo tiene que ver con la sanción y lo que consideramos al parecer la falta más grave cometida por un futbolista en la historia reciente: a Suárez lo condenaron como el peor delincuente, hasta le prohibieron la entrada a los estadios. Eso es digno de execrables bandidos, que por otra parte entran a los estadios en el mundo sin que la FIFA diga lo contrario.

En mi posición, que es el segundo elemento que pongo en discusión, lo de Suárez no era para una sanción tan drástica. En caso de que el juez hubiese visto la mordida le hubiera sacado roja, acaso le hubieran dado 2 fechas de sanción y listo, creo que todos hubieran quedado tranquilos. Pero no, 9 fechas de suspensión, 4 meses sin entrar a un estadio de fútbol ni como espectador o hincha, es totalmente descomunal.

Lo que considero es que puede ser más grave para el fútbol la simulación premeditada de una falta por parte de un jugador y así engañar al juez, a los contrarios y al mundo entero y que esta simulación termine en un penalti que cambie el resultado de un partido. Lo que estoy haciendo realmente es la descripción del segundo gol de Holanda contra los mexicanos. El penalti con que perdieron el partido fue una falta simulada por Robben, el jugador Holandés que aceptó luego que el engaño es parte de su forma de juego. Preguntémonos qué sintió todo México cuando fueron eliminados. Con esta acción de engaño, además premeditada, se le hizo daño no sólo a un jugador, sino a todo un país, que perdió la oportunidad de continuar en el mundial.

La respuesta de la FIFA y de la “opinión pública” o del público en general no fue la exigencia del retiro del jugador holandés; es más, no tuvo ninguna sanción, ni una simple tarjeta amarilla. Con esto quiero evidenciar por lo menos la doble moral de quienes piden la hoguera para el uruguayo pero se hicieron los locos y se quedaron callados con lo del holandés. Al parecer tiene razón el presidente Mujica cuando dice que le cobran el hecho de que los derechos económicos de la televisación uruguaya no es significativa para la FIFA, para el negocio del fútbol, por eso le cobran con todo al jugador.

Considero que el engaño también hace parte del ser humano, se engaña para sobrevivir; pero también hace parte del juego, del fútbol. El fútbol es engaño, se trata de engañar al rival, a los arqueros contrarios, una finta, un amague, una pared, o la famosa “bicicleta” en los picaos de barrio. El cambio táctico de un planteamiento inicial es también un intento de engaño, el cobro de un penalti es siempre otro intento de engaño. También se juega a no dejarse engañar, en eso consiste el juego.

Pero entonces, ¿por qué somos tan permisivos con el engaño, si se quiere manejar desde ese purismo moral en que caemos siempre al convertirnos en jueces? ¿Por qué una jugada del partido debe ser condenada pero el engaño al árbitro y a todo el mundo no se debe penalizar?

Finalmente, creo que tanto el engaño como el error hacen parte del juego que llamamos fútbol, y me parece que el camino que está comenzando la FIFA de las sanciones posteriores a los partidos va a convertir esa maravilla creadora, explosiva, libre, espontánea en una más de las acciones de control de la actual multinacional más grande del mundo que sumisamente implementan los países en los torneos locales.

En defensa del uruguayo debo repetir lo que dice Mujica: al muchacho le cobran las carencias con que creció en los barrios humildes de Montevideo, la FIFA no perdona a un muchacho que quizá creció con tantos problemas sin resolver, que en este caso se evidencian de esa forma, a punta de mordiscos.

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